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domingo 11 de enero de 2009

En suelo firme

Post Escriptum: de vivir en África a la vuelta a suelo firme. El puerto de Santa María 11 Enero 2009
Haber vivido en África un año entero y continuado sin contar las visitas al Magreb durante bastantes temporadas que sumadas supondrían otro medio año nos ha dado una perspectiva diferente de la vida humana. Sabíamos que el mundo humano era imperfecto pero no sospechábamos que pudiera serlo tanto. Desde lejos, desde la Europa reconfortante, África era/es el continente de los atrasos, de las masas dolientes, de los que sufren, de los que no tenían nada que llevarse a la boca, de los que sufrían persecuciones e injusticias, de las victimidades por catástrofes y enfermedades, de los genocidios fratricidas, de las divisiones territoriales hechas con tiralíneas. Desde su interior probado de cerca, desde el África misma, África es/era un conjunto de países dados al parasitismo, al caos desorganizativo, a los extremos radicales entre pobreza y riqueza, de la adhesión a las tradiciones animistas, de la auto mentira sobre sus recursos y verdades, de las burocratadas y las corrupciones, de los conflictos armados, de los gobiernos inestables y de la sumisión de los pueblos a sus dirigentes políticos.
Si Marruecos es un punto y aparte viniendo de Mauritania dentro de África, llegar a Europa por territorio hispano era volver a pisar suelo firme despues de una especie de naufragio. Naufragio es la palabra más representativa. Vivir en África es estar permanentemente en la hipótesis de la inseguridad. La inseguridad africana es algo continuo, no por la gente en si misma sino por sus modelos políticos y por sus inercias. Lo peor de África es la metodología de control que sabotea su propio desarrollo. Un transportista de un camión se ve esquilmado por todos los extorsionadores en todos los stop douane con los que se va encontrando según el criterio de cada extorsionador, como nos contó en Senegal el camionero que llevaba té Lipton a Mali procedente de Gambia. Las primeras victimas de los planteamientos gobernantes son los mismos africanos. Toda la queja que nos tocó hacer por la discriminación selectiva sufrida por los viajeros blancos es incomparablemente menor a la que le toca padecer durante toda la vida a los nativos. Un africano sensible y crítico solo puede experimentar vergüenza por su país y por su gente que no sabe salir de sus atascos.
La égida en la que están empeñados los pueblos africanos en buscar un futuro en Europa es totalmente infundada. Mientras Europa se queja por su crisis económica, el aumento de sus trabajadores en paro, el cierre de empresas y los salarios insuficientes, los africanos ostentando la máxima capacidad para no enterarse del asunto siguen viéndola como la meca paradisiaca en la que labrarse un futuro. Arriesgan su vida para hacer un viaje de ida en condiciones deplorables, en el que le porcentaje de menores no para de crecer, y uno de pronto-vuelta pagado en avión por el gobierno español. África tiene muchos lugares que colmarían de felicidad a sus gentes si no se pusieran en función de la entrada de divisas del europeo teledirigido. Un africano se distingue por cuatro frases –o palabras- características: nous n’ avons pas de moyens, pas de probleme, cadeau y oui. Dicen o responden sí en la mayoría de situaciones aunque no te entiendan, te dan una seguridad verbal para lo que les consultas aunque no tengan la menor idea de resolver una cuestión planteada y juegan al rol de los perdedores porque supuestamente así inspiran compasión y generan ayudas. El blanco suele caer en las tres trampas. No es hasta pasado un cierto tiempo que se les puede discutir la inexactitud de sus respuestas. No es que haya una mala intencionalidad deliberada detrás de ellas, por lo general lo que concurre es un voluntarismo un tanto infantilista, unas ganas de complacer y una limitación idiomática. A la víctima poco le consuela serlo por haber confiado en una ayuda imposible o por una manipulación fraudulenta. Despues de una enorme cantidad de anécdotas en las que has sido confundido por informaciones o actuaciones incorrectas, la buena fe del nativo no compensa su negligencia. Los europeos encuentran en África la deferencia y el saludo que casi está completamente extinguido en Europa. Es posible que sea un continente en el que unos residuos de humanismo hagan creer en el espejismo del potencial humano para la fraternidad. Despues de hurgar en las intenciones reales del contacto humano: el de las transacciones comerciales o el de recibir ayudas se termina por dudar de que esa fraternidad sea mayor. La comunicación con el desconocido es tan fácil y rápida como puesta en evidencia sus dificultades para profundizarla. Claro que despues de un viaje largo quedan muchas anécdotas y gestos de personas buenas, quedan abundantes fotos y toda una memoria que para asegurarla tiene su apoyo escrito. Lo peor de África son sus tradiciones que llevan a los africanos a ponerse en situaciones físicas de riesgo y a unos estados que se apuntalan con actitudes aterrorizantes.
Teníamos un año para vivir África y es lo que hemos hecho cambiando la intensidad de visita y temiendo que tras cada frontera se iban a reproducir los comportamientos anunciados en el país anterior.
Venir como visitantes por unos países cuya modernidad está por hacer en muchos aspectos y con una silla de ruedas mostraba una decisión por nuestra parte propia de exploraciones. La verdad es que fue una exploración para la que no estuvimos a la altura. La silla de ruedas fue más un símbolo que un instrumento eficaz. Aun asi los paseos que hicimos por los lugares menos preparados para hacerlos hacían de espectáculo del momento, generaban una cierta admiración. Éramos los héroes atrevidos del momento. Nadie nos cuestionó nunca nuestro derecho a desplazarnos por no tener unas condiciones físicas estupendas-todo un detalle- en un continente que no está preparado para heroicidades. Es posible que tuviéramos que pasar por los requisitos Camel antes de atreveros a hacerlos, ir con un coche mas preparado, con mejor equipo y con más personas. A juzgar por los paseos dados, no muchos más de cien, nuestras piernas fueron sustituidas por los neumáticos de nuestro vehículo. Todo eso queda lejos. Al dia siguiente de volver África era ya un pasado del que nos librábamos. Recuperamos las certezas, al menos las jurídicas, del suelo firme europeo. España no es el mejor país del mundo pero tampoco el peor. Por el momento es el que nos sentimos más cómodos. Podriamos decir que sus tesituras, sus mentalidades y sus problemas son conocidos. Un año después, a la vuelta, visitamos a unas mismas personas y compartimos comidas y celebraciones. No tuvimos la sensación de haber estado todo un año separados de nuestros ambientes. Habíamos conseguido lo que queríamos: ser los observadores de situaciones informativamente manipuladas y desembarazarnos de las obligaciones solidarias por ser más ricos o tener más poder adquisitivo. Europa no era ni sería el paraíso terrenal pero las reglas de juego social eran más soportables y predecibles.

Presentación. Otra ventana Indiscreta

El Puerto de Santa María 11 enero 2008
Este es un libro de crónica empezado dos meses antes de un viaje por el Oeste de África que dedicamos en el 2008. Como en cualquier otro libro cada capítulo cuenta con que han sido leídos los anteriores, con lo que referencias o menciones que puedan parecer incompletas han sido previamente relatadas. Ciertamente, hay dosieres de artículos que cada uno se puede leer en el orden que se prefiera y sin ser necesaria la lectura de los otros. Pero este no es el caso que nos ocupa. Lo aconsejable en un libro es empezar leyéndolo en la primera página y terminándolo en la última. Reconocemos que en un mundo en el que la característica principal de sus ciudadanos es que no tienen tiempo (o el que lo tiene lo dedica a otras actividades que le resulten más estimulativas que la lectura) se está configurando un perfil de lectores que planean sobre los libros sin meterse en ellos. Con sus ojos de buenos cuberos emitirán veredictos y juicios, a veces, más que radicales, crueles; aunque cuando se les pregunte un por qué no sabrán mencionar las cosas concretas que no entienden o no les gustan o, señalándolas, no habrán reparado en otros aspectos. Son las lecturas en zigzag o en diagonal alejadas de la lectura tradicional, la lineal-longitudinal, que no ha podido superada por ninguna otra ni las facultades telépatas son tantas como para poder pasar a otras formas mas avanzadas, En la blogosfera actual también se da una curiosidad añadida de los últimos tiempos modernos postchaplinianos: hay gente que escribe, que cree que lo que dice es supe interesante y que sin embargo no lee dedicando un tácito desprecio a lo escrito por los demás.
Los ecos de la Net que hacen distintos tipos de canales televisivos buscan los blogs de noticias o que contengan informaciones destacables. Es difícil que éste sea elegido para salir en pantalla puesto que todo lo que propone es una disertación de viaje conforme lo hemos ido haciendo. Para nuestra propia sorpresa hicimos un viaje que no teníamos inicialmente previsto: desistimos de hacer una carrera de gestiones cruzando fronteras para hacer más vida doméstica y tranquila en unas cuantas ciudades y lugares vividos. Renunciamos a la proeza multiquilométrica para detenernos en la cotidianeidad. Posiblemente nuestro plan inicial de ir con una furgo-camper por un continente con una red viaria deplorable, una minusvalía severa de uno de nosotros y una silla de ruedas manual fue mas voluntarista que planeada. Presumimos que las dificultades las iríamos resolviendo sobre la marcha y que las informaciones que nos faltaba sobre peligros y burocratadas los iríamos averiguando sobre el terreno.
La extensión de todo este libro está abierto a los distintos tipos potenciales de lectores: a los que leen planeando, a los que leen desde la primera palabra hasta la última, a los que solo miran a los fotos, a los que hacen comentarios elogiosos, a los que hacen comentarios muy negativos y encima no dan el nombre, a los que se aburren al comprobar que pueden haber párrafos más largos que una página, a los que buscan información sobre los países que hemos recorrido, a los amantes de la geografía, a los amantes de interioridades, a los amantes de la filosofía, a los viajeros en globo y especialmente a los que siéndolo nunca tuvieron la oportunidad de subir en alguno. Y está dedicado sobre todo a los viajeros y a los quieren reflexionar sobre otro punto de vista sobre África desacreditando la bondad blanca de misioneros y oenegeros y últimamente de árabes, chinos y japoneses.
Nuestro agradecimiento mayúsculo a todas las personas que han sido citadas incluidas las que no compartimos entente o credo sin ellas no hubiera habido crónica. Que nos perdonen las que metemos dentro de la ironía, sin humor no es posible enfrentarlo todo. No es un libro de viajes en el sentido de proezas geográficas sino un libro por la vida, la nuestra, que a ratos pasa por los asientos quietos y a ratos por las carreteras.
Hemos dedicado unos cientos de miles de palabras a decir lo que hemos visto pero también lo que somos. De la lupa de veinte aumentos aquí no se salva ni dios: nuestras arrugas también son mostradas y no solo las de otros.
Nos gusta la vida cómoda pero no hasta el punto de que nos moleste incomodarnos para conocer otras formas de vida y tratar unas veces desde la prosa y en ultima instancia desde el verso con lo que nos vamos encontrando, es decir con quienes hemos ido contactando. Todas las vidas son novelas por mucho que creamos que son algo absolutamente único o extraordinario, y todas las personas son/somos personajes por mucho que nos creamos estar por encima de las vicisitudes ordinarias. Nosotros somos personajes que hemos querido hacer de autores y buscarle el revés de las cosas sin dejarnos de reír cuando la ironía es el único recurso subsistencial. Nos reímos de las situaciones, pero nos gusta cambiar la proposición y decir que nos reímos con los que nos dan motivo para ello y desde lugares de la comicidad. De, con, desde…no solamente son coordenadas también somos los sujetos que hemos sido hechos de tiempo y espacio a parte de un óvulo y un esperamtozo y supuestamente un rato de placer y de amor de nuestros procreators.
Este es un libro que además de hacer una crónica fraccionaria y sesgada de un viaje también hace la crónica de si mismo. Nuevos estilos de redacción llevan al metatema aún antes de agotar el tema. Cada vez que hablamos de lo que somos y lo que pintamos introducimos cuñas que escapan a lo que hacemos y por donde vamos. Demasiadas palabras para decir que las escribimos desde tal lugar o tal otro. Para los amantes telegráficos también hay una dedicatoria: consultad la fecha a pie de cada capitulo para saber el lugar en el que estábamos y punto, aunque el estar no es lo que mas distingue al ser y, hasta nuevo aviso, nosotros nos seguimos creyendo seres, no por ninguna pertenencia a una raza especial sino porque nos da la gana de ser nosotros mismos independientemente de si estamos en tales o cuales latitudes y longitudes.
Inevitablemente al hacer una crónica toca valorar situaciones y personas. El reportero independiente no llama por teléfono al citado que sale en su crónica para preguntarle si está de acuerdo con la línea que le dedica con substantivos y adjetivos determinados. De hacerlo, la mayor parte del trabajo seria llamar a uno y a otro y en todo caso el resultado del trabajo no tendría nada que ver con un reportaje, seria mas bien una declaración conjunta y consignada. Nos habría agradado que nuestros cronigrafíados se enzarzaran en peleas lingüísticas con nosotros de no estar de acuerdo con el retrato con los que hemos representado. No ha sido así aunque siempre hemos dado el site para que pudieran consultarlo. Probablemente una crónica colgada en un blog que reciba cada dia las objeciones de los propios personajes daría lugar a un segundo libro en paralelo y seria toda una aventura literaria. Tal vez lo consigamos en otra ocasión. Sin duda hablar de gente francófona en castellano ha dificultado las cosas en este sentido. Por lo que hemos opinado públicamente estamos expuestos a ser muy criticados, aunque hasta ahora no nos ha llegado ninguna cita para la lapidación. Puestos a decir cosas feas todo el mundo las dice aunque por lo general todo el mundo las calle como compostura de etiqueta. Sacha Guitry fue muy ocurrente al decir lo siguiente “si los que hablan mal de mi supieran exactamente lo que yo pienso de ellos todavía hablarían peor”. A pesar de algunos retratos irónicos nuestra analiticidad ha llegado tan lejos en forma de filo de navaja como ha podido con lo cual en lugar de ser lapidados a tomatazos lo seriamos con un cargamento de adoquines al estilo nigeriano de acuerdo con la ley sharia.
Todas las miradas a lo ajeno son indiscretas, una crónica que no se quede en la performance también. Si además destapa los propios trapos sucios tenemos función doble.
Un viaje existencial es una crónica-análisis que proporciona un punto de vista distinto del África doliente y retrasada. No retrata tato un continente de miserias como uno de oportunismos en el que o están exentos los racismos nativos frente al extranjero. Los famosos padecimientos de hambrunas y enfermedades son un tanto discutibles y por encima de todos sus males, la desidia, la negligencia y la corrupción están detrás directa o indirectamente de cada problema concreto y de cada macro problema. La discusión a las conductas es una constante también a las nuestras en calidad de observadores ambulantes. Es el típico texto que no puede hacer amigos ni generar simpatías. Desbanca la tesis hegemonista de la solidaridad a ultranza y propone que el sentimiento de culpa de los blancos, directamente nutrida por su criticable pasado colonialista, sea autocríticamente desentimentalizado. El blanco-padrino cargado de ayudas y de un altruista inveterado genera procesos contrarios al levantamiento autónomo de las economías locales. Esa es la paradoja de la solidaridad cuando se vuelve en contra de los solidarizados por mucho que calme las conciencias beatas de los solidarios. Este es un eje troncal del libro, aunque ese no era su objetivo sino el de ponernos a prueba como viajeros sabáticos por un año, en nuestra convivencia un tanto bohemia y alejada de los discursos europeos. Los ecos de la crisis financiera del 2008, anunciada desde años anteriores y que seguiría posteriormente no nos afectaron psicológica ni económicamente por el momento. Vivir en Europa significa someterse a un envoltorio de incertidumbres distintas a vivir en África. En Europa hay muchas historias echadas a perder, en África se siguen modelos externos para echar a perder sus extensiones ricas y bellas. La solidaridad industrial a escala masiva es una forma de neocolonialismo e injerencia en asuntos internas que afectan a la dignidad étnica por un lado e indirectamente ayudan al parasitismo social. Una interpretación dura para un continente del que se sigue recibiendo noticias de conflictos, muertes, estadísticas infladas de hambrunas pero también de unas élites poderosas indispuestas a resolver las endemias de sus pueblos. Un viaje Existencial es un libro que puede servir para exculpar a quien no hace nada a favor de esta parte de África, mas atrasada comparativamente a la oriental y para reflexionar sobre el victimismo blanco ante los atrasos del subdesarrollo. El subdesarrollo es la tesis demagógica de los poderosos locales para implorar ayudas sin auto organizar sus recursos. No hay ayuda posible a quien no quiere ayudarse a si mismo. Este tipo de crítica no significa negar la solidaridad en otras latitudes y de otras formas. Aún en las condiciones más extremas ayudar con los productos materiales a quienes necesitan asistencia sanitaria o alimentaria solo son medidas provisionales y puntuales. La ayuda material es inevitablemente siempre coyuntural si no apunta a las soluciones estructurales que no pueden ser definitivamente sólidas sin modificar profundamente planteamiento de vida y de gobierno.

domingo 4 de enero de 2009

El Robo

El robo: corolario para una historia no exenta de victimidad. Benzú 31 de diciembre 2008
Empezaba nuestro último capítulo de una historia que para otras lecturas podríamos habernos evitado. Una historia no tiene porque llevarte a hipótesis muy distintas de antes de hacerla. A veces te las confirma como sería en nuestro caso. Ninguna historia empieza con una experiencia cero y cuando termina tampoco lo hace con el top numérico que la agote. La experiencia personal anterior apuesta por la manera en que será vivida la próxima. Venir a vivir a África una temporada nos hizo más realistas de sus verdades y menos pavos por lo que hace a sus interpretaciones dominantes sobre el continente subdesarrollado. No abanderaríamos ninguna campaña por restablecer verdades (¿restablecer? Las verdades no suele ser los parámetros más establecidos sino que lo son sus contrarios). Que cada pío, solidario, voluntario creyera en lo que quisiera.
Este diciembre era especialmente frío (no lo recordaba de otros diciembres pasados en Marruecos). Dormimos con las puertas delanteras cuyo seguro no cerraba gracias al diseñador y a la plaisenterie del gendarme que nos paró. Con una cincha de lado a lado dado el cierre roto de una de las puertas No fue hasta la mañana siguiente que nos reinstalamos en la misma cafetería para desayunar y escribir que no echamos a faltar el ordenador de Vic. Los enfrentamientos convivenciales entre nosotros dos reducían nuestra capacidad de atención. Vic puede hacer la gran discusión por detalles absurdos (el pot de nuit de los dos privatizado para ella) y afectar una situación en la que desatendemos tato ella como yo otras cosas importantes. Su ordenador no estaba en el lugar en el que solíamos dejarlo (encastado entre los dos asientos). Por un momento pesé en la posibilidad que su ordenador se quedara en el carro de compra del Marjane, donde entramos con los dos ordenadores y las bolsas personales. Pensé en eso porque en una ocasión en un Lidl tras una compra de comida en Algeciras olvidé un par de latas de cerveza sin darme cuenta en uno de esos carros que inmediatamente las recogió u tipo que pasaba por ahí y que tenia aspecto de necesitarlas más que nosotros. La conciencia de este lapsus era más alarmante que la perdida concreta resultante del mismo. Pero, no, no pudo ser eso. Eche un par de ojeadas al carro despues de sacar las bolsas de compra y lso ordenadores y nuestras bolsas personales; una al separarlo de la furgo y otra al reunirlo con el lugar donde están todos concentrados. Además siempre miro a mis espaldas como criterio fijo cuando dejo una cosa o me levanto de un asiento o un espacio en el que he estado. Todo indicaba que lo quitaron del lugar guardado entre los dos asientos la misma noche que vimos la puerta abierta y que yo creí olvidada. Si bien el candado de la puerta corredera lateral estaba puesto no puedo asegurar que cerrara los seguros de las puertas delanteras (alguna noche durante este año había olvidado hacerlo. Hace años en Skopje dormimos estacionados en la calle toda, una noche con las llaves puestas en la cerradura exterior) Me pregunté si los vecinos autistas no lo eran tanto y no perdieron el tiempo. Eso explicaría que se fueran sospechosamente a mitad de la noche y hacerlo por ladrones a la escapada no por asustadizos de nuestra presencia, Avergonzado por nuestros errores no tuve ningún motivo para celebrar mi aniversario. Las desavenencias con Vic crecían considerablemente por sus errores y por los míos, por no poder tolerar yo sus broncas continuas ni ella mis observaciones (que también consideraba broncas).Sabíamos que nos arriesgábamos al deterioro de nuestra relación por ese intensivo de convivencia tan largo. Con este tercer ordenador robado era el tercero que perdíamos desde que teníamos alguno y el segundo quitado de la furgo o éramos muy ricos o contribuíamos involuntariamente a la alegría de otros a nuestra costa. ¿Qué clase de códigos tienen en sus subterfugios los ladrones para justificar sus actos? Demasiados errores para poderlos tomar a broma y contarlos como si no hubiera pasado nada. Ella, además, no había tenido la precaución de hacer copia de sus originales. Teníamos decidido a principios del siguiente años, comprarnos otro mejor para ella y yo usar el suyo de unas 12 pulgadas y mucho mejor que el mío con un precio que lo doblaba. Esa perspectiva de compra no atenuó el sentimiento de estúpidos. Perdíamos ambos, ella y yo. Yo iba a heredar el suyo dado que el mío tenia ya un exceso de sobreuso (la tecla ene ya se había perforado y en mis palabras con ene ese signo tenia que ser repasado). Ella no usaba el suyo a diario, por eso no advertimos la desaparición hasta dos días después. Esta perdida demostraba que los peores enemigos éramos nosotros mismos y no todos los demás asaltadores de caminos. Esa era nuestra lección: quienes nos crearon más incordios durante los meses precedentes no nos crearon tantas pérdidas como las sufridas en el país, supuestamente más seguro, Marruecos, y en todo caso con mayor cuota de turismo. Fuera de Agadir dirección Esssaouira elegimos ese lugar para pasar la noche por no encontrar las explanadas de campings libres. De habernos metido en el camping recintado y custodiado que descartamos por o identificar aquel ambiente probablemente no habríamos sufrido esa pérdida y solo habríamos gastado 80dh frente a los 1100e del ordenador. Además estaba por ver si no habíamos perdido otros objetos robados. En el estuche del ordenata también había el cable para descargar la memoria de la cámara digital, lo cual en principio quedaría paralizada de no encontrar un cable sustituto. Vic había decidido guardarla ella por no fiarse de mi custodia en mi bolsa de manuscritos (el objeto más celosamente guardado despues de mi ordenador y mi cabeza). En Saint Louis descarté comprar un portátil Fujitsu que habría obtenido por 200e. Quien lo vendía se molestó porque le pregunté si había sido robado. Con lo sucedido ahora el exceso de confianza tanto de Vic como mía nos ponía al descubierto lso restos de idealismo ante la vida que nos hacia un flaco favor. Yo reactualizaría mi lista de robos sufridos durante toda la vida (alrededor de una docena y media) y ambos repasaríamos nuestros criterios de autoprotección que a la vista estaba que no funcionaban. Nos habíamos dicho revisarnos el uno al otro nuestros objetos y bolsas y verificar los detalles de la furgo. A partir de la acumulación de mis ays por no encontrar una cosa u otra desistimos de las revisiones rigurosas.
Como siempre, la experiencia del robo reactualizaba filosóficamente la reflexión sobre pérdidas y restas. Mi mejor teoría sobre la adversidad y sus enseñanzas ayudó más bien poco a recuperar mi felicidad. Lo que era evidente es que cada robo superaba la cuantía de pérdidas del anterior. Eso también era un indicativo de que nos sobraban recursos que otros decían apoderarse de ellos. Luego entonces el ruido de bolsas de plástico que despertó a Vic en la noche de autos no fue la falsa alarma que creímos de cinchas de los bidones movidas por el viento (no hacía viento) sino por una mano intrusa tratando de llevarse algo más nuestro. Siempre que paso por la experiencia del robo me siento doblemente estúpido con nuestra banderita de pace y nuestros carteles de amor universal. ¿Qué le haría a un ladrón si lo pillara in fraganti? ¿Decirle, no lo vuelvas a hacer, niño-malo? ¿Cortarle la mano? Una vez me dijeron que Arabia Saudí era el país más seguro del mundo porque alguien podía dejar olvidado un maletín en algún lugar público, volver al cabo de varias horas y encontrarlo in situ sin que nadie se lo hubiera llevado. En una ocasión dejé olvidada mi chaqueta con mi cartera con dinero en el respaldo de la silla en la que había estado sentado en un bar en Ripoll. Unas cuantas horas después, cuando ya había cruzado la frontera con Francia, advertí el olvido y regresé sobre mis pasos. Recuperé la chaqueta sin que nadie la hubiera tocado. Un premio a favor de los parroquianos de aquel lugar. Algo parecido me pasó al menos tres veces con la misma cámara fotográfica de las de antes de la era digital dejándola en el respaldo de la silla (en un restaurant chino en el Médano, en otro restaurant de Sant Cebriá de Vallalta y en otra ocasión más volví sobre mis pasos cuando deje una cafetería atiborrada de gente en Sitges para recuperarla también dejada en la misma forma que las otras). Eso da un perfil de lasitud o de déficit de auto vigilancia. Hubiera preferido otro perfil de dotación y afirmar: nunca jamás he olvidado nada, he perdido nada y nadie me ha robado nada. Ya no sé que es peor si ser victima de una pérdida por negligencia personal o serlo por robo a mano armado secuestrado en casa ay cortándote en pedacitos (primero un dedo, despues la oreja, luego un tajo en la nariz y asi sucesivamente hasta quedarte solo con la boca y la legua para seguirle diciendo a tu criminal: he dicho no, no y mil veces no) para que le des el pin de tus tarjetas de crédito. A mis propios lapsus de olvido he de añadir los de Vic. Somos dos a los que bastaría poner alguien a seguir para ir recogiendo lo que pierden o se dejan robar. Desde siempre le reprochaba a Vic que es un agujero permanente en su bolsillo y no muestra tener mucho cuidado con el control del dinero o las matrículas de cursos pero la verdad es que ambos hacemos un buen equipo para ganar el guiness de robos y pérdidas.
La cuestión es que el robo de este ordenador os llevaría a declararlo para tratar de que el seguro de la visa nos lo cubriera. Ya sabíamos que el del coche no lo hacía por la experiencia de robo del anterior del mismo coste que éste. Eso alteraría los planes inmediatos. Yo debería continuar el año próximo con mi hp viendo como las letras seguirían despintándose y perforándose y Vic al menos dejaría de jugar a los solitarios. Tras cada robo el sentimiento de inseguridad crece algo más, los dispositivos de autoprotección deben aumentar algo más y las conductas personales quedan modificadas siempre en virtud de la hipótesis de victimidad. La tesis de un futuro mudo de paz, seguro y fraterno, fiable y tranquilo volvía a alejarse más de mi perspectiva de campo. Para cuando nos hubiéramos restablecido sentimentalmente de esta perdida Vic, que estuvo llorando de importancia, me diría que hay que confiar en lso demás, que la gente es buena y que no se puede vivir la biografía desde el drama, y yo, yo, le diría que no, que la gente no es buena sino que construye protocolos y semblantes para darte el pego de que lo es, que no se puede confiar en ella, que la desconfianza es la pandemia más universal de todas y que una biografía intensa es inevitablemente dramática, especialmente cuando dejas abiertas tus puertas (tanto en el sentido metafórico como literal). De hecho cada vez que cierras candados, pones cancelas, levantas muros, pones alarmas, cambias las puertas por unas de planchas metálicas, pones dobles cerraduras y ves aumentar tu manojo de llaves, estas demostrando que el mundo sigue en guerra. Eso ya lo dijo Hobbes que acusó de hipócritas a aquellos que se sorprendían por su filosofía desesperada ante la condición humana. Les vio a decir que alababan una condición potencial inexistente mientras al mismo tiempo nadie se fiaba de nadie encerrándose e sus casas y cerrándolas a cal y canto al salir de ellas.
Toda historia aventurera que se precie necesita al menos un robo de envergadura. Siempre habrá alguien que nos dirá que es mejor eso que no haber salido físicamente perjudicados. De acuerdo con lo que pienso cualquier historia que se pueda contar, por llena de adversidades que haya estado, es siempre mejor que no tener boca en vivo para contar ninguna.
El signo de esta pérdida afectó la última semana del año. En Esssaouira solo nos detuvimos unos minutos para tomar un baño tras superar la franja de algas. Al tipo del parking con un talonario tratando de que le pagáramos le dije que solo iba a tomar una ducha en cinco minutos y que nos íbamos. No insistió en cobrarnos aunque resistiéndose a hacernos ese gran favor, repitió una de esas frases que una voz en eco siempre te repite en todos los escenarios: "en la vida no hay nada gratis, se paga por todo". En el parking un gran cartel decía que no podían estacionar campers. Esssaouira es una ciudad que nos gusta. La idea que e principio teníamos de comprar más cajas de madera de tuya en el barrio de artesanos tal como hiciéramos otras veces en el pasado, no la llevamos a cabo. Volvimos sobre nuestros pasos a 7 kms para tomar el desvío de la costa y reseguir para el norte. Nos detuvimos en Oualidia para usar un establecimiento chic que anunciaba internet wifi y seguir con nuestros ordenadores, no, perdón, con mi ordenador. Empecé a escribir todo esto para sacarme el demonio del cuerpo, el mal estar, saber que tocaba integrar la experiencia y seguir para adelante, mañana sería otro día y lo más importante pese a todo era la memoria biológica de uno y no todo lo que pudiera contener una memoria digital.
Retomamos la ruta hasta El Jadida, una de las ciudades más bonitas del Atlántico africano. Recordamos la ultima vez que estuvimos aquí dos años atrás. Vic no pudo hacer su práctica de clarinete aquel dia ni el resto del viaje, estando al principio de su carrera de clarinetista, porque el instrumento se cayó accidentalmente rompiéndose la boquilla. Pensé al evocar eso y otros adversos que se presentificaron que tenía motivos sobrados para fundar un club de los desgraciados, en el que a la postre fuera el socio que le tocara pagar más por la patente de la idea. Vic me dice que no cotara que ella y que en todo caso montaría un club oponente. Si hay alguien que quiera comentar y comparar su lista de infortunios con los nuestros para esto sí puedo dar citas al amanecer frente a una taza de té humeante y unas pastas crujientes. El paseo marítimo de El Jadida es largo y usado. En las formas de andar, los vestidos ceñidos de las chicas más jóvenes, las parejas abrazadas o tocándose sabes que esta es un África distinta.
Decidimos pasar la noche en esta ocasión en el paseo eligiendo hacerlo delante de un hotel Ibis. Un francés de otro autocaravana nos dijo que nos podría echar la policía por nuestra propia seguridad. A pesar de la advertencia decidimos quedaros. La policía que vio nuestras intenciones o dijo nada, esperó hacerlo pasada la 1 de la noche. No hay (había) ningún señal de prohibición. La policía más civilizada no deja de cumplir con el rol de hacer de perros de su amo. Para el mánager del Ibis que alguien se instalara frente a su hotel sin pagar los 440dh por pasar la noche y aprovechándose de su iluminaria y de su guarda le resultaría demasiado provocativo. Ibis pasaría a ingresar la lista de nombres con que no querría tener nada que ver en el futuro. Probablemente nunca alquilaría en el futuro ninguna de sus habitaciones en ciudad alguna. Eso no era resultado de un frio y rencoroso cálculo sino de algo más natural: una interiorización simple de asociar este nombre a su presión contra los caravanieri por aparcar una noche en un espacio público. Eso me recordó que en una ocasión en una estación de carburante de la Shell no admitieron servirnos por no aceptar nuestra tarjeta de crédito perfectamente válido. No recuerdo el país. El caso es que en aquel tiempo solo admitían tarjetas de pago emitidas por la misma cadena. Este detalle unido a la lectura de críticas que circulaban de la Shell fue suficiente para que no eligiera una gasolinera con la concha para ir a repostar a no ser que fuera inevitable. Ojalá eso fuera resultado de mi vengatividad. Es algo más rutinario: descartar unos nombres y marcas en mi relación de consumidor lo mismo que lo hago con otros productos envasados que me defraudaron tras probarlos.
Nos trasladamos de madrugado hasta la siguiente población, Azemmour, para pasar el resto de la noche. Al amanecer buscamos otro bar-despacho mientras nos dejamos mimar por las imágenes de buceos y animales marinos de Animaux, un canal francés. Comentamos que las personas que se dedican a la etología deben ser incomparablemente más felices que las que nos dedicamos a la sociología o a la psicología. Las ciencias naturales son más gratificantes para el observador que las ciencias sociales para el analista que encima cree ir de protagonista de acontecimientos.
Marruecos muestra una actividad laboral que no hemos visto en lso otros países al sur. La escolarización es notoria, la actividad callejera empieza temprano y es voluptuosa. Los aparcacoches y los individuos que viven de guardar lugares de estacionamiento públicos son un pequeño gran ejército.
Vic me dijo que su club se llamaría Los Optimistas Empedernidos y que el mío seria de Los optimistas mal informados. Me sugirió algunos nombres de reparto como posibles socios dentro de mi cantera de amistades. Un repaso somero de ellas arrojar. En nuestros ratos tontos y para descargaros de tensiones y otras roñas hablábamos de chorradas como ésta.
Seguimos ruteando para el norte tranquilamente, ahora disponíamos de tiempo. Pasamos una noche en Assilah dando una vuelta allegar por la explanada del aparcadero de autocaravanieris donde el grupo mafioso local quiso sacarnos 50dh para estacionar sobre el barro. Ni siquiera comentamos nada y nos echamos a reír para enfado de los oportunistas de turno, este tipo de gente que nada mas verte llegar con tu vehículo salta como saltamontes tratando de apoderarse de tu ingenuidad. Nos trasladamos ante el hospital donde pasamos tranquilamente la noche tras hablar con los guardeses del garito de custodia. Al día siguiente proseguimos hasta Tánger donde relocalizamos la calle (una de las peores de la ciudad que siguen sin arreglar, con el asfalto muy degradado y muy empinada. Consejo para los vecinos: tener un 4x4) en la que el padre de Vic compró un pequeño terreno en la época en que estuvieron viviendo en la ciudad. Íbamos a ver si el oso, (según esa disposición a la metáfora de Alfonso), seguía en posición de ser cazado o había alguien que ya lo había hecho por su cuenta. Se halla en un barrio que está muy degradado y muy húmedo en el que el terreno esta escasamente valorado por esa doble circunstancia a pesar de que hay levantadas unas cuantas mansiones.
Dos eneros atrás estuvimos haciendo gestiones por dos días en organismos para el titre de propieté y conocer el estado legal del terreno así como las posibilidades del mercado local para comprarlo (oferta del momento: 300dh el metro cuadrado. En un momento en que el metro cuadrado en el centro de la ciudad superaba los 10mil dh). El contacto con la burocracia marroquí no tuvo desperdicio pagando por cada papel, es decir por cada fotocopia. Algún funcionario disculpó sus monsergas burocráticas justificando que las habían aprendido de los españoles. Conseguimos un par de posibles compradores y un par de intermediarios. Uno de aquellos un farmacéutico que estuvo interesado durante mucho tiempo enviando notas por email. Vic subscribió una cesión de poderes a Alfonso, el experto en jurídica de la familia, en una reunión de hermanos en la que decidieron que de los tramites para la venta se ocuparían él y Rafael. Vic es la mejor hermana, cuñada, compañera, hija, madre, amiga, colega, camarada, socio que una persona pueda tener e este mundo. Por mi parte cuando me enteré de esa conclusión con la que no estuve de acuerdo seguí los consejos del manual del perfecto cuñado y ese sentimiento quedó en el silencio. Solo vaticiné que ese terreno seguiría sin ser vendido diez años después de esa reunión. ¿Y despues de esa cifra de tiempo a quien le interesaría su venta cuando todos ya seríamos viejos? Tampoco era tan importante. Tal vez algún sobrino con ansias arabistas retomara la historia y montara un container en el terreno y se fuera a vivir allí para edificarse su torre de vigía del mundo, debería ser alta, puesto que el terreno seguiría estado en una vaguada, el espacio ideal para autoencierros, mimetismos con el terreo y sueños húmedos.
A la salida de Tánger nos instalamos en un restaurant para comer y enchufar el ordenata. La elección de nuestros establecimientos pasa primero por averiguar si hay una toma de electricidad, despues `por si es posible usarla y en tercer lugar por encargar las consumiciones. En el norte de Marruecos mucha gente habla castellano y hay ya muchos vehículos circulantes de nativos con matriculas españolas. Tras comer y cenar en el mismo sitio reemprendimos la ruta de noche hasta Martil donde ya habíamos estado el penúltimo dia de diciembre pasado. Contábamos tal vez en encontrar a Lucia y pasar el cambio de año cosa que desistimos de hacer el año anterior por las muchas escaleras hasta su apartamento y por la perspectiva de una velada con humo.
Estacionamos en el mismo lugar junto al mar y pasamos una noche apacible. A la mañana siguiente el motor no arrancó tal como ya nos pasó en Boujdour tras una noche fría tal como fue también ésta pero en esta ocasión hacer el puente con la batería de otro coche no sirvió para arrancarlo. Mientras se quedó instalada Vic en el salón de Thé Glacier au coin de la corniche yo fui a buscar un lugar donde comprar tarjetas magnéticas para llamar al numero de socorro de Race. 30 dhs de gasto y tras tres tentativas de teléfonos sin funcionar al cuarto pude coordinar con el corresponsal de la cía. de seguro en Casablanca que nos viniera a buscar una grúa. Pasé por el edificio donde vivía Lucia si o había cambiado de dirección. La puerta de la escalera estaba cerrada, era muy temprano y no recordaba el número de timbre de su puerta, así que no llamé.
El conductor de la grúa no siguió nuestras indicaciones y nos llevó al representante de Renault que nos dijo, algo que ya sabíamos, que no se podía ocupar de nuestro vehículo por no tener competencia. Luego fuimos hasta un taller de Service Fiat en Hassan II que ya conocíamos de dos diciembres atrás cuando vinimos en otros viaje de navidades a Marruecos y trajimos estropeada la puerta lateral cuyo cierre se estropea sistemáticamente que es tratada de abrir al mismo tiempo por dentro y por fuera. En esta ocasión también íbamos a venir a este taller por ese mismo asunto porque un policía de carretera le dio a la empuñadura de la puerta de mi lado al mismo tiempo que yo la accionaba por dentro. Esto se arregló espontáneamente en Assilah encontrándola reparada a la mañana siguiente tras manipular varias veces los dos cierres de seguro de las dos puertas.
Tras la peripecia de llegar a este Fiat Service el chef de atelier nos dijo que desde hacia algo mas de medio año no tenían la autorización de ocuparse del Fiat y que si se trataba de una reparación grave no podría asumirla. Namadi el hombre del taller que se ocupó de nosotros, dijo que el aparato de diagnóstico no señalaba fallas eléctricas. A los 4 inyectores llegaba el gasoil. El problema tal vez era la bomba. Una bomba nueva con el supuesto electrovan que no era tal sino un auto regulador de presión costaba unos 200000dh.(otro precio de referencia que nos dio el chef de taller fue de 9000dh) Con este precio se podía comprar una furgo usada nueva. De ser ese el problema quedaría la opción de comprar la pieza en un lugar de desguace.
Desde Casablanca el corresponsal de Race llamó para interesarse por nuestra situación. De no resolver la cuestión aquí, el siguiente paso era volver a llamar una grúa para que nos remolcara hasta otro taller. El cambio de año que nos esperaba tenía la pinta de que iba a ser muy divertido. Llegó la hora de cierre del taller y los overos empujaron nuestro vehículo para dejarlo mejor posicionado. Fue la peor ubicación de todas las pernoctaciones que hicimos. Los traseros de dos edificios altos llenos de parabólicas nos miraban. Un gran foco de una obra en el descampado proyectaba la silueta de la furgo en la pared del taller. Supuse que en la obra habría un guarda. Me encontré con un chico joven que por gestos le indiqué que íbamos a pasar la noche ahí y que echara un par de ojeadas por si acaso. Seguramente no lo iba a hacer pero esto nos proporcionaba un argumento de seguridad. Vic durmió si problemas o mejor dicho durmió todo lo que la dejé dormir porque yo tuve insomnio intermitente. No teníamos la menor idea de si al día siguiente quedaría resuelto el tema.Otoman, otro mecánico distinto al del dia anterior vino a apiadarse de nosotros. Durante toda la noche la batería se había estado recargada pero todos sabíamos que el problema no era de batería. El paso siguiente a dar fue substituir la válvula reguladora de presión (la que está unida a la bomba de alimentación y que los senegaleses llama electrovan) por otra idéntica de otro vehículo para ver si marchaba. Eureka. Funcionó. Solo que en lugar de probar una de las furgo bóxer que estaban en el taller con el mismo tipo de motor Peugeot 406 o 407 ya enviaron directamente a un desguace a uno de los muchachos para comprar la substituta sin consultarnos.1400dh de esto mas 360 de mano de obra (en realidad no pasó de 1 hora de tiempo real de trabajo aunque entre una intervención de 10 minutos y la siguiente de otros tantos pasaran horas). Lo pagamos a gusto. Volver a escuchar el sonido de arranque tras darle a la llave de contacto fue como escuchar las trompetas del Edén. Volvíamos a tener movimiento, libertad de movimiento, libertad. Al guardia civil que le advertí que no se asustara del caos de nuestra furgo (la silla de ruedas, dos de lso cuatro bidones dentro de la furgo, las latas de gasoil, polvo incrustado por todas partes) no insistió en una revisión. Le anunciamos a él de estar contentos de volver a pisar tierra firme. Contra nuestros pronósticos salir de Marruecos no costó tanto como otras veces. Sus procedimientos o eran más ágiles o no había tanta gente haciendo cola. De Tetuán a Sebta volvimos a comprobar la modernidad acelerada de sus ciudades. M’ Diq o Fnideq se habían convertido en ciudades de lujo cuando años atrás era la viva imagen del subdesarrollo o del bálsamo del submundo. Desde Sebta llamamos a Puerto Santa María anunciando que estábamos a punto de cruzar tan pronto consiguiéramos el pasaje de ferry al mejor precio.
Llegamos costeando hasta Benzú y nos instalamos en un bar con una fantástica vista envuelto por los rugidos del mar. Le pedimos al dueño que nos dejara usar la toma eléctrica. Para eso desplegué nuestra bobina de cable para conectarla al vestíbulo y poder trabajar desde la mesa de interior de la sala de no fumadores a falta de enchufes.
Ahora que había pasado un año parecía que fue ayer que lo comenzamos. El salto al 2009 lo mismo que el 2008 lo pasaríamos solos. El 1 de enero del 2008 empezó encontrándonos dormidos junto al mercado de Larache. Para el siguiente no buscaríamos ningún cotillón en el que darnos besos con desconocidos deseándonos felicidades para el nuevo año. 2009, ¡uauh! eso sonaba a cifra grande. Nuestro viaje existencial continuaría bajo otras formas que esperábamos no pasaran por tantos mecánicos, por tantas gestiones aduaneras y por tantos policías. En cuanto a la furgo no habíamos recuperado por completo la confianza. Deberían pasar miles de quilómetros sin darnos huevos sustos para hacerlo. Por de pronto habíamos decidido pegarle un cartel menos político y más comercial: Se Vende.

domingo 21 de diciembre de 2008

Las maquinas y nosotros

Nuackchott 17 desembre 2008
Hubo un tiempo en que se desconocían las máquinas. La gente andaba o se desplazaba con asnos y caballos, el sentido del tiempo era otro. Alguien descubrió la rueda, la misma naturaleza había proporcionado su forma. Observó que una rueda está inscrita en las formas esféricas de los objetos vegetales. Todo lo que tuvo que hacer fue trasladar a un formato manipulable. La rueda dio lugar al carro y éste abrió un infinito campo de posibilidades sobre la máquina. Milenios después aparecieron locomotoras y vehículos a motor. A estos se les llamó automóviles. Automóvil es una palaba inadecuada para una máquina pero es la que ha prevalecido. Podía haberse llamado motormóvil o algo parecido. El único automóvil es aquel que se genera la fuerza de propulsión a si mismo. Un ser humano, lo mismo que un pato o un cangrejo son distintas formas auto-móviles, pero dado que la palabra inadecuada se ha internacionalizado de tal manera, cuando se menciona todo el mundo piensa en coches, Su contribución al maquinismo fue también quitándole de paso a un significante en exclusiva que tenia el ser humano. No solo se apoderó de la palabra también del rol del amo. La máquina que venía a prestar un servicio para facilitar la vida humana pasó a tomar el relevo de la voluntad humana en su programa de vida. A partir de su existencia la vida natural ya no volvería a ser tan fácil como antes. Gracias a los vehículos sus chóferes hacen transportes y ven sus trabajos enormemente facilitados, pero también toda la organización dela vida depende de ellos. He pasado muchos años de mi vida sin coche pero desde que uso vehículos reconozco que no sabría vivir sin uno. La sola idea de tomar taxis y buses o trenes ya me marea, claro que conducir por atolladeros urbanos no es que me haga muy feliz. La misma relación de dependencia tengo con otras máquinas, tales como los ordenadores. Si saco las cuentas llevo más tiempo de mi vida con manuscritos y mecanografías que no con digitografías. Accedí a ordenadores regularmente cuando ya estaba casi en los 40. Ahora antes de los 15 cumplidos los púber tienen ordenadores, los bachilleres los usan para sus trabajos y los universitarios pueden llevárselos al aula para tomar directamente allí los apuntes (supongo que lo están haciendo) y superar la antigua pose escoliólita de toma apuntes a mano. La relación hombre-máquina viene siendo reflexionada por la sociología desde hace mucho. Por muy crítica que haya sido su ensayística el proceso es irreversible. El maquinismo nos mecaniza. El salto del mortero al túrmix ya supuso un descalabro para las imágenes domésticas. Antes lo había sido el del caldero en la chimenea a la cocina de gas. Cada nuevo adelantado supuso una pérdida de antiguas formas, ni pocas de ellas muy caseras y entrañables.
Durante nuestro viaje venimos teniendo problemas con nuestras dos máquinas principales: el vehículo a motor y el ordenador. No son pocos los disgustos ocasionados por el uno y por el otro. Otras maquinas más simples, como la silla de ruedas, sin motor, ni batería ni sofisticación alguna, no nos ha creado ningún problema a pesar del terreno accidentado donde la hemos metido. Veamos que recuerde: la cocina de gas tampoco, el mobiliario de la furgo tampoco, los libros tampoco, bueno sí (alguno se ha deslomado por un encolamiento deficiente del fabricante y por el exceso de calor también). ؟Bolis, rotuladores? Perfectos, ninguna falla. ؟Papel, blocs, libretas, ropa? Bien, bien, gracias por preguntar. ؟Sandalias? Ahí he de reconocer que la falta de pegamento despegan las suelas. Me ha pasado con un par de ellas. Las que utilizo ahora (chancletas de las más baratas) van muy bien. Todo eso me lleva a una fabulosa conclusión epistémica: cuanto más complejo es un artilugio más variables concurren en su mecanismo y mayores posibilidades de errores concurren. Cuando el aparato se desactiva el chequeo de las causas se puede prolongar hasta el amanecer (de no sé que día). Para quien no tiene formación técnica o escasa entrar en ese berenjenal es lo peor que le puede pasar. Los problemas con el ordenador y sus desconfiguraciones espontáneas para las conexiones a internet los hemos ido resolviendo sobre la marcha. Los problemas con la furgo han sido completamente distintos. De un primer aviso en enero pasado de una pequeña raja en el parabrisas que, alarmados, nos llevó a llamar a la mamá RACC (ojalá nuestros problemas con el coche fueran de ese tipo) estamos sujetos al ultimo de posible suciedad dentro del depósito por el gasoil de baja calidad e incluso con la sospecha de agua mezclada en los dos bidones que cargué en la ultima gasolinera antes de salir de Gambia. Elegí lo que nunca hay que elegir en ruta: un poste de suministro al aire libre sin cubierta protegido de las lluvias. El agua se puede mezclar con el combustible por filtraciones no voluntarias por las instalaciones mal hechas. Eso también pasa en Europa. El taxista que nos devolvió a casa después de una entrevista radiofónica nos habló precisamente que le había sucedido en una estación de servicio de una red y marca importante. Otra posibilidad es que los inyectores estén sucios y haya que cambiarlos dificultando el suministro de gasoil al motor. Bosch, el establecimiento en el que hicimos el diagnóstico, en la zona donde están los concesionarios y los talleres de las grandes marcas (todos menos el de Fiat, aunque Afco tiene su representación solo tiene el nombre de su representación) tampoco nos deslumbró con un criterio de reparación: debíamos dejar la furgo 24 horas a 8000 cefas la hora y revisarlo todo. Envié varios sos a mecánicos. El del taller al que acude Mise, el del taller al que acude Almu, también a Rafa, nuestro hombre de Difisa de Sabadell. Este fue el único con varias pronto-respuestas que nos dio varias ideas de lo que podía estar pasándole al motor. Hablando con otros mecánicos: los de Top Pneu, donde por cierto trabajan dos canarios Víctor y Carlos amplifiqué mi perspectiva de la cuestión. En Top Pneu entramos para arreglar un pinchazo (otro palillo astilla calvado) y cambiar la rueda con que lo había substituido. Quedamos en pasar al dia siguiente para que un mecánico evaluara la situación y de paso pagar los 5000 cefas del pinchazo vulcanizado. No lo hicimos por temor a la nueva tanda de stops de la pasma. Le dejamos a deber esa cantidad. Habíamos ido el dia anterior en Bosch donde sacaron el neumático pinchado pero que aguantaba la presión, por otro de reserva pero con el dibujo de la goma bastante gastado. Bosh, esa importante empresa que vende coches de alta gama, no pudo resolver ese agujerito de nada por no tener el kit con la T y los cauchos de reparación. Nada más poner esta rueda la vibración del volante que nos alarmó tanto en Togo volvió a aparecer. Ahora todo cuadraba. El maestro de taller en aquel país al que le felicité (،ingenuo y precipitado de mí! sin duda por las enormes ganas que tenia de encontrar gent com cal que se dice en catalán) por la supuesta reparación que hizo de una pieza de la transmisión, la rotula, es decir, que le dio un par de martillazos tras 8 horas de trabajo, no arregló nada aunque sí ocasionó desperfectos tal como quedó documentado en su momento. Lo que recuperó la estabilidad al coche fue el cambio de neumático y solo eso. En el sufrirésmetro que estoy dispuesto a inventar habrá que recoger algún grado de sufrimiento sutil en relación a estar a merced de mecánicos. Con la información de unos y de los otros he llegado a comprender a nuestra furgo. Despues de tantas carreteras rotas, traquetreos y gasoil de pésima calidad la máquina, que tiene su sensibilidad y estoy por decir que su corasonsito se está quejado diciéndonos: no puedo más, dejadme respirar, quiero carreteras de verdad, luz, amabilidad, suelos ciertos, sopas de buen tragar. El problema no es la máquina sino el hombre, en este caso nosotros, maltratándola. Ya sabíamos que no veníamos con el mejor de los vehículos pero tampoco supusimos que fallara tan pronto. El viaje del año pasado a Georgía marchó correctamente a pesar de recorrer no pocos quilómetros por las peores carreteras del planeta. Pero tanto sobreesfuerzo por lo inadecuado pudo convertir durante este año africano a la suite-furgo de la que estábamos orgullosos en una suite sobre ruedas paradas.
En la zona de concesionarios y talleres importantes no pudimos sacar gran cosa en claro. Calculamos los riesgos con la información tenida y decidimos salir de Dakar dirección Saint Louis. Cargamos más de 70 litros de agua potable para retrasar nuestra esqueletización prevista en el desierto si nos íbamos a quedar en pana: la perspectiva de estar clavados ahí, junto a tantas reses pudriéndose en las cunetas, o dejaba de tener su encanto cinefílico. Propuse a una amiga que cuando cruzara el Sahara en el futuro, al pasar por la zona de nuestra desaparición tirara una flor por la ventanilla y recitara al viento un responso escrito expresamente.
En Dakar moverse con la furgo era arriesgado. Policía que nos veía hacia el gesto de pararnos o nos paraba. Llegué a la conclusión que lo mejor era no hacerlo. Despues de la experiencia del de Thies, todos los policías africanos sin excepción son para eludirlos. El problema es que sabiendo su actitud de darle al pito frenéticamente y parando sin causa legal para hacerlo (sin ninguna transgresión de tráfico) cualquier contacto policial solo puede ser desagradable. Mientras África tenga esas policías ningún europeo debería ayudar a ningún gobierno africano. Lo seguiré repitiendo.
En la embajada mauritana no aceptaron poner el visado en mi pasaporte con todas las páginas repletas de visas. Tuve que pedir una prolongación en la embajada española. Conchita Pardos, que en un principio expuso dudas para hacerlo, fue diligente y lo tenía listo al día siguiente. Costó 11mil cefas que valió la pena invertir. Alberto, su colega, que nos atedió amablemente en agosto a propósito de la renovación del permiso de conducir, os saludó. De él recordábamos un detalle brillante, había aprendido catalán aunque era de origen de otra región de España. En los ratos de espera con el policía de puerta nos contó que vivían en un hotel y que podían suspender su tiempo de permanencia e ese destino a voluntad propia también alió el tema de las oenegés. Incluso él opinaba que hay muchos Con esa prolongación flamante (uno definitivo no lo pueden hacer en la embajada salvo para residentes) en la otra embajada una tipa joven con música cristiana beatífica puesta en su ordenador pero bronqueando a un anciano solicitante de alguna credencial que le faltaba algún detalle, me dio los dos pasaportes tamponados librándome de 40mil cefas de nuestros fondos.
Redocumentados y con el icono-alarma del panel de la furgo a ratos apagado y a ratos encendido pudo relajarme algo despues de unas 3 noches insómnicas durmiendo muy poco. Vic consiguió del director del Sacré Coeur una reducción considerable pagando 5000 cefas por días por nuestro despacho-apartamento en lugar de los 7000 pactados y aceptando el pago en euros, de tal manera que nos librábamos de volver al centro para acudir a un cajero bancario y así reducir encontronazos con la pasma de cruces y rotondas.
Sisé, uno de los guardeses de noche, me recordaba cada vez que me veía que le comprara una botella de vino que de alguna manera acepté hacerlo pero que no me dio tiempo de comprar. A fin de cuentas era quien nos cuidaba la casita rodante.
En un restaurantito cercano, un fast food con una larga lista de bocadillos pero que solo permitir optar por 3, junto a otro igual de minúsculo de pret a porter, vimos una leyenda que decía algo así como: tú eres lo que llevas puesto. Cuando llegó la propietaria con su vehículo flamante y su vestido ídem hablamos de que eso no era cierto, que nosotros íbamos con nuestras peores prendas de vestir y yo con chancletas, y todo el mundo nos confundía con ricos. En aquellos momentos una manada de críos bien vestidos y bien nutridos nos venia a decir que no habían comido, Seguimos comiendo de lo nuestro sin compartirlo con ellos. Es posible que desde la sensiblería europea y desde la perspectiva de los gritos de socorro para ayudar a los necesitados eso no se entienda. África no pasa hambre, o al menos no la pasa en ninguno de los lugares donde hemos estado. Recientemente el dato de la hambruna en el mundo ha aumentado. Se habla de 862millones de personas, 178millones, niños. Pero ya estamos acostumbrados a la variabilidad de esa cifra y a su conveniente explotación no diré que para conciencia sino para que la gente suelte pasta. Hay dos discusiones a hacer a las cifras de este tipo: una sobre la fiabilidad de la fuente emisora estadística. No existe una oficina como observatorio internacional que lo haga, sino un centro de cálculo que suma todas las cifras aportadas no verificadas. Conociendo las formas gubernamentales de funcionamiento de los países atrasados lo menos fiable de sus informaciones son los números que aportan no ya sobre este tema sino sobre cualquier otro. Un segundo punto sobre el tema es que las posibilidades materiales para la agricultura existen (ya vimos las campañas que se hacían en el Sahel sobre ello) otro asunto es que el trabajo para explotarlas falle. A menudo al plantear estas cuestiones a los nativos dicen que para trabajar por salarios indignos es mejor no hacerlo. Existe un problema grave con las leyes y con los contratos. Hay gente que trabaja y que no recibe su sueldo y eso se puede prolongar durante meses, pero los recursos potenciales siguen estando ahí: bosques, espacios abiertos, mar, para trabajar en ellos. Hay algo del africano que nos cuadra menos que nunca: su lasitud. Los banners pidiendo ayudas con consignas como ،apadrina! son discutibles. En el contrato de la CCONG para la que hicimos (tontos de nosotros) la colaboración del transporte de cajas sanitarias, es de tal magnitud la lista de colaboración, que en lugar de ser una contribución al desarrollo tienen la potestad para ser el desarrollo mismo. Un tema a revisar a escala internacional es el parámetro de cooperación y desarrollo por su conversión en la práctica de sustitución de los trabajos locales de los lugareños.
Rafa (de Difisa), que trabaja en el almacén, nos dio valiosas ideas consultadas al mecánico del taller sobre la impotencia de nuestra furgo. Los 4 inyectores oxidados y la trampilla para acceder al depósito. Nos recomendó que no hiciéramos los 6000 kms que teníamos por delante hasta volver a estar en terreno seguro (،Oh Europa, primer mundo!). Pero ؟qué otra cosa podíamos hacer si no arriesgarnos? Por su lado Paloma Sales nos dijo que en Marruecos podíamos contar con asistencia técnica del RACE. Dakar-Agadir iban a ser, si llegaban a ser recorridos en esas condiciones, los kilómetros más inseguros de toda mi vida.
Salimos de Dakar de madrugada para evitar el tráfico de Rufiski y los controles. Despues de equivocarnos en un par de tentativas para tomar la ruta correcta desde la autopista nueva, seguimos por su proyecto en construcción aprovechándonos del poco tráfico. Stop policial a la entrada de Thies. Aquí se retorna la ruta hacia el norte, para Saint Louis, después de salir del cabo de la capital. Para estar seguros que seguíamos la ruta correcta hacia el norte el lunazo de la luna llena nos estuvo acompañando a la izquierda de nuestro sentido de marcha. Cuando amaneció por la derecha la coexistencia por una hora de luna y dia naciente fue un espectáculo del que solo tomamos dos fotos por falta de batería en la cámara digital. Durante el camino, el ay continuo de quedarnos clavados de nuevo reapareció. No fue hasta llegar a Saint Louis unos 260 kms después, y ralentizar la marcha que la potencia volvió a fallar. La primera desconexión de motor fue ante el famoso puente de hierro. Por un momento lo atribuí a mi propia exageración interpretativa confundiéndolo con dejar de apretar el acelerador pues venia haciendo con el pie desnudo. Un rato después el vehículo deja de andar. Preguntamos a un hombre con un taller que sin hacer pruebas de arrancar o acelerar dijo que era un problema de la bomba y que esto lo arreglaba en 3hymedia. Despues de discutirle el precio y aceptar que hiciera su intervención, el hombre, que tiene un almacén de suministros, sencillamente dejó pasar las horas sin ponerse manos al asunto. Tampoco estaba tan claro que fuera problema de la bomba. Un rato despues dijo que la reparación era cosa de una sola hora pero siguió sin hacernos el menor caso a pesar de insistirle varias veces. Entretanto buscamos otro mecánico al que seguimos hasta Elton, una estación de combustible, con el cartel de Bosch, donde nos volvieron a pasar el mismo diagnóstico, que ya nos pasaran en Dakar antes, de los errores para repararlos, según ellos, desde el mismo ordenador. El programa hizo un chequeo del motor y señaló la existencia de 8 errores: desde el código de la llave equivocado, (el actual filón de tragedia empezó con eso) a la falta de corriente de los 4 inyectores, a la válvula de regulación de la presión del gasoil inadecuada a problemas con el tubo de escape. El programa, desde el ordenador, puede dar la orden de eliminar los errores poniéndolos a cero, tras lo cual la lucecita del icono de aviso de los problemas queda borrada. El mecánico sin ensuciarse las manos nos dijo que estaba todo resuelto. Le dijimos que no, que el problema reaparecería al poco rato como así fue. Ese mecánico se violentó con nuestra oposición a pagar una reparación que no había sido hecha y sin revisar el circuito. Ya me cayó mal desde el momento en que se molestó al ponerme a comprobar a su lado como hacia el diagnostico desde el ordenador, con ese programa el Logicel, diciéndome el muy capullo que a los operarios no se les tenía que molestar. Volvimos al taller, donde El Hadji Majete Dioup y Amadou Ndiaye, se enfrentaban por primera vez a un motor como el de la Fiat Ducato 11 2.0 JTD, un diesel EDC 15 C7. Yo trabajé con ellos aplicando aire a presión a todas las terminales eléctricas y contactos. Se desmontó otra vez el electrovan y descartamos de desmontar la bomba, aunque sí sacamos los dos tubitos y metimos aire en el interior de la misma para intentar arreglar algún posible desperfecto de su interior. Después de todo esto, y especialmente a partir de lo último, uno de los síntomas, el de la demora de unos segundos del motor en parar después de la desconexión de la llave, desapareció. Recuperamos la potencia pero con el ay en el cuerpo más en el mío que en el de Victoria que durante el proceso pudo ir a comerse tranquilamente una pizza a un pequeño y cuco local y luego ocupar asiento de butaca en primera fila en el taller durante la revisión de componentes físicos que no la reparación. Por mi parte apenas estaba con ganas de negociar la ganga de un ordenador portátil de la fujitsu siemens que un africano vendía por unos 250e Estábamos en una tesitura compleja: de un lado tenia la seguridad de que la avería reaparecía despues de unos cuantos kms, de otro malgastar ese margen de kms dado vueltas por la zona quedándonos dentro del país significaba desaprovechar la oportunidad de llegar a Nuackchott, al fin y al cabo a distancia de otra etapa parecida a la de Dakar-Saint Louis. El primer rato que estuvimos en Elton tuvimos una fuerte discusión por querernos hacer pagar por el borrado de los defectos desde el ordenador, cosa que finalmente hicimos, otros 20mil cefas tirados, aún asegurándoles que la reparación no estaba hecha. En el segundo rato de trabajo compartido nos hicimos amigos delos dos mecánicos, en el fondo nuestros posibles salvadores. Para llegar hasta su taller,(una de esas naves junto a la estación de repostación) nuestra furgo se detuvo unas 15 veces para recorrer un trayecto de 1 km, con la consiguiente incomprensión de los otros chóferes de la via pública que creían que nos complacía bloquearles el paso sin entender que pudiéramos tener una avería no parando de claxonearnos y gritarnos (el mundo real es éste, el de la calle, no el de los noticieros, y ese mundo real de la calle es tan duro que dan ganas de llorar). Despues de esta revisión que no reparación, fuimos a buscar recursos. Entramos en el recinto católico de Notre Dame. Vic se ocupó de la gestión de pedir acogida. El abbé Jean Louis no puso ningún problema. Yo estaba psíquicamente tan extenuado que dormí dentro de la furgo hasta anochecer. Mi pesadilla era un argumento simple pero obsesivo: conducía un vehículo que no permitía ser arrancado.
En Saint Louis, con los plazos de tiempo de estancia en el país, límite del seguro, el tiempo de visa mauritana ya consumiéndose sin haber entrado en el país (por esa afición que tienen las embajadas mauritanas a poner la fecha de inicio de visa la del dia de su solicitud y no la del dia de la llegada a su país) empezamos a barajar distintas hipótesis: desde arriesgarnos en la carretera y pedir que alguien nos remolcara en la próxima parada que tuviéramos a pedir que viniera alguien de España a remolcarnos a otras opciones como regalar o tratar de vender nuestras pertenencias y volver en avión. Por si habíamos querido aventuras ahí la teníamos servida. Definición de aventura: no tener ni puñetera idea de cuales van a ser tus siguientes pasos y estar a merced de eventualidades y factores que no controlas. Conducir un vehículo que sabes que se puede quedar parado en cualquier momento produce un efecto estresante que no recuerdo haber experimentado nunca antes, ni siquiera con los coches más cascados que tuve (un GS, un Renault 8). Vic me decía que ahora era ya mayor y por eso me afectaba más. Los sacerdotes nos informaron de un establecimiento que podria arreglarnos la avería. Por el momento lo que podíamos hacer era descansar todo el domingo y esperar al lunes para una nueva consulta con mi lista de Ps (P1671m PO404, PO191,PO201, PO202, PO203,PO204, U1600, nomenclaturas de las averías. Esta lista aumentaría en el siguiente paso por el programa). El problema de la avería es que no estaba localizada. No había una pieza concreta verificada que estuviera estropeada que pedir a Europa para cambiarla. Por otra parte desmontar la bomba o el tubo de distribución del gasóleo a los cuatro inyectores requería un dominio para el que de momento no habíamos encontrado ningún mecánico que lo garantizara. Todavía, en otro estado de carreteras arriesgarnos a hacer un recorrido de una tirada es posible que el motor aguantara. En África, con los continuos stops policíacos y los baches, el problema técnico inicial se agravaba considerablemente. Estábamos jugando a la ruleta con el número equivocado. Suponíamos que todo eso podía ser motivo de relato en el futuro si salíamos bien parados del asunto. Un problema nunca es un problema tan grave si lo puedes contar algún dia y reírte del mismo. Pero mientras sucede es como salir a escena sin tener el guión aprendido y sentir que haces un ridículo espantoso. Filosóficamente, de las adversidades se hacen grandes construcciones; psicológicamente, quedas hecho polvo cuando el panorama de las incertidumbres supera la tenencia de segurizantes. Necesitábamos amigos en Saint Louis para intentar compartir con alguien el viaje al menos hasta Nuackchott con alguien para que nos remolcara en caso de problema (esa era otra hipótesis). Seguía flipando. Mientras pasábamos por lo nuestro la gente que venia a pedirnos pasta o lo que fuera goteaba a nuestro alrededor. Incluso uno de esos tipos con una de esas llaves para bloquear ruedas con cepos vino a pedirnos que pagáramos por estacionar frente al primer taller en el que su dueño dijo de arreglarnos la cosa y luego no movió un dedo. Ante detalles solidarios como esos finalmente decides claudicar no por el hecho de pagar sino por creer en la gente. En el Elton, la segunda rueda de recambio, la de cubierta gastada, aquella que venia con un quinto tornillo mal puesto desde que habíamos comprado el vehículo y que tantos problemas nos creó para sacarlo del agujero roscado, al pedir ser equilibrada Dioup dijo que era imposible. Aún así la conservamos sobre el techo por lo que pudiera pasar. Mas vale conducir con una rueda desequilibrada hasta la posibilidad de su substitución que no poder conducir por no tenerla. Ese no era el principal de nuestros problemas. Ojalá los problemas de la locomoción fueran mecánicos, incluso como los de la transmisión a las ruedas y los soufflés con la grasa agujereados. Algo reparable frente a los misterios del circuito eléctrico.
Seguía asistiendo a esas clases puntuales de mi curso de mecánica del automóvil para las que no tenía la menor gana. Una máquina, un coche, lo mismo que un organismo vivo, tiene sus circuitos, sus partes, sus piezas, su ensamblaje, sus sinergias. Basta que falle una cosa para que se vaya complicando todo lo demás. Quizás con los primeros avisos del panel de iconos en Tambacounda debíamos haber tomado la decisión de volver para Cádiz en lugar de seguir para el sur hasta Gabú. Decirlo unos cuantos meses después cuando ya tal vez era tarde no tenia el menor sentido, salvo el testimonio de una decisión no tomada. Si todo esto nos estuviera pasando a bordo de un vehículo viejo y empleado para el viaje con la intención de abandonarlo o venderlo cuando fallara y volver en avión el impasse no hubiera generado ninguna ausencia de perspectiva inmediata y ninguna ansiedad. En la furgo teníamos mucho equipaje (encima la Corá, un voluminoso y delicado objeto). De todos modos renunciar a la furgo había que pensar en que estábamos obligados a su devolución a España para no perder la caución bancaria de unos 5000 euros que subscribimos con RACE para el carnet de passage. La lectura de todos los elementos de la cuestión en una lista era extenuante. Hablar con uso y con otros sobre toda la trama me hacía ponerme en el lugar de la furgo y sus complicaciones para andar como le toca a andar a una máquina. Amadou descartó totalmente que el problema fuera de los inyectores ya que en ese caso el motor marcharía a trompicones. No sabíamos el final de esta historia pero sí su desenlace y las causas colaterales a todas estas dificultades por llevar un vehículo con déficits, que desconocíamos, por topografías duras.
Todo se resumía a cuestiones de dineros y pagos. Otra visita a un cajero de CBAO para sacar otros 50mil cefas y enfrentar el pago de una reparación que no era tal. Al cajero accedí despues de que los dos guardeses uniformados se quedaran extrañados que preguntara directamente por su ubicación sin saludarles ("d’ abord, bon jour"). Mi mente estaba en otra parte como para estos detalles aunque siempre saludo con la cantinela en cuestión. Tras sacar el dinero de los dos guardeses el que no dijo nada y estaba sentado como los hacían los pugilistas en su rincón del cuadrilátero de cuerdas puso unos ojos como platos al oírme per no contesto a mi pregunta de si había cajero, el otro que sí me indicó donde fue el autor de la frase anterior entre paréntesis. Vivir para aprender.
Vic conseguía dormir, yo escribía sobre esos problemas para crear la ficción de sentirme por encima de ellos. Luego también me desconecté por la via de la cama intentando dormir la mayor cantidad de horas posible. La mente descansada sería la mejor aliado para enfrentarlo todo ؟todo?, bueno casi todo. No podía sucumbir al desasosiego. Vic enfrentaba la situación leyendo una novela histórica, jugando al solitario o haciendo un autodefinido. Si hay una persona tranquila, ésta es ella.
África no dejaba de sorprendernos. El periplo de la factura en Bosh de Dakar no tuvo desperdicio. Debí ir como cliente al almacén a comprar un filtro de gasoil de recambio. Esto generó una factura distinta a la del diagnóstico por ordenador. Con ambas fui acompañado hasta el establecimiento de al lado, el de la Citroën para pagarlas. Las facturas eran casi dossiers con arias hojas que se iban quedando en los distintos sitios incluyendo un volante en la puerta de entrada de la nave-taller. Antes, para acceder hasta aquí había que responder a un montón de preguntas del guardés vigilante que rellenaba un cuestionario y otras tantas a la salida con el de otro guardés. Ahí donde hay más modernidad africana, también hay más complicación y ralentí. Siguen copiando la forma externa pero no la función.
Acompañados por Etienne, fuimos hasta un representante de la Peugeot (nuestro motor es Peugeot aunque la casa del coche es Fiat) que dijo tener ordenes de no poder tocar otras marcas (algo aparecido ya nos había pasado en Lomé). Nos reenvió hasta otro lugar con un flamante cartel (comandancia de marina) para encontrarme el mismo mecánico que nos condujo hasta Elton y al que le dimos en mano 30500cefas dos días atrás. En principio se negó a echarle una mirada al vehículo porque no entraba en su recinto (una explanada cualquiera junto a un edificio en ruinas y con un tallercito de 4 metros de fondo u dos de ancho con montones de chatarra. Decidimos sacar la bomba de inyección y el filtro (sumergidos en el depósito). En el filtro aparecieron un par de gotas de agua y un poco de suciedad, tampoco tanta como para explicar el problema. Esta bomba funcionaba perfectamente bien. Tras reinstalarla cambiamos el filtro de gasoil. Todo eso con un mínimo de herramientas, hasta el puto que para desenroscar este filtro tuvimos que utilizar un cordón duro nuestro a modo de abrazadera. Supervisé todas las operaciones: cada tornillo, cada movimiento de brazos, cada detalle, cada guiño de ojo, cada observación. Por supuesto tampoco tenían llave inglesa y usamos la de nuestra pequeña y paupérrima cajita de herramientas. Recordé al francés que conocimos a la entrada del desierto en Marruecos y nos regaló una cincha que transportaba un carromato taller detrás de su autocaravanning. El hombre-tipo ideal para venir a África.
Yo ya tenía la decisión tomada que a un mecánico no se le puede sacar el ojo de encima. En el mejor de los casos que arreglara una cosa estropeaba otra como también sucedió en esta ocasión dejando de funcionar el indicador de carga. El mismo dia por la tarde, de uno de los muchos cazadores de blancos dejé que viniera Ibrahim a recogerme con su moto, una mobylette (en realidad la marca era piaggio) para llevarme hasta un supuesto albergue que era suyo, pero que luego no lo era, donde había varias auto caravanas de extranjeros estacionadas. Me pareció raro por esa referencia a la pluralidad pero acepté acompañarlo. Antes fuimos a ver otros dos mecánicos: Mustafá que volvió a la hipótesis de la bomba de alimentación estropeada pero que para intervenir antes había que aplicar un tensiómetro (un manómetro) para medir su presión. Me envió a Omair que supuestamente lo tenía. Una vez localizado este no tenia el tensiómetro pero sí el ordenador dentro de su oficina-taller caótico con otro programa de diagnóstico (el Autodat) en el que -para agregar un poco más de sal a la salsa de toda esa historia- no venía nuestra marca o no la supo localizar. Tanto el uno como el otro me inspiraron confianza pero este ofreció hacer el diagnostico por ordenador (para nosotros sería la tercera vez), asegurándole que esos programas no lo detectan todo y que todo nuestro circuito había sido revisado a excepción de la bomba de alimentación. Despues de ese par de visitas, a bordo de la mobylette, en realidad una piaggio, de Ibrahim con medio culo mío fuera de asiento y abrazándolo por la cintura fuimos hasta el auberge Ocean junto al hotel Dior, lejísimos, en la isla de los pescadores, donde supuestamente habría los caravanieri. Por el camino cambiamos de piaggio por otra peor y en la carretera hasta el albergue se paró en seco. ؟por qué no se me ocurriría tomar un taxi? En el albergue ni rastro de autocaravannings pero sí hubo uno que se había ido este medio dia. A quien sí conocí fue a una pareja Elena y Nacho de Asturias, que habían cruzado por la frontera de Rosso, viajaban con una cama-car y querían pasar unos meses en África (venían sin el carnet de passage y para cruzar esa frontera les quisieron sacar 150e que al final quedaron en 50). Siempre comentando la misma historia: cambian los escenarios y los personajes pero el esquema situacional es el mismo siendo los negros los cazadores y los blancos los cazados. Por la mañana durante la reparación habíamos conocido a Miriam y José que habían venido en avión con una remesa turística. Estos, a diferencia de la otra pareja un tanto amantes de la ayuda solidaria. Por todo el recorrido con Ibrahim en las condiciones que lo hicimos (،nunca más, lo juro!) le di regalos (las socorridas gafas de sol en celofán pero que vienen rotas) y le pagué el combustible pero me pidió el doble. No se lo regateé aunque pagué la carrera más cara que si la hubiera hecho en taxi (؟qué me dices de la emoción, cara al vent, reviviendo la voz de Raimon, olor a pescado podrido, viaje turístico de aventura por las dos islas, con un rato incluso para negociar con un vendedor comprar los pequeños djambée, 1500 francos en Dakar, y aquí 15mil unidad?). Al dia siguiente este Ibrahim me trajo un hombre que me ofrecía toda clase de ayuda.
-Mira tu eres un busnessman. Tu no has venido aquí para ayudarme si no para obtener tu propio beneficio. Sobre esta base si la reconoces aceptaré tu honestidad y podemos hablar, si sigues con el otro moco no quiero perder un segundo más contigo.
Eso lo recolocó. Después de un rato de hablar acepté que me llamara por teléfono alguien, que el contactara, y que hiciera la misma ruta al norte, con nosotros en un vehículo potente para ir en caravana. Ibrahim insistió en volver luego para seguir dando vueltas.
-No, por favor, con una vuelta ya tuve suficiente.
La tenacidad africana no tiene límites. Tienen el tiempo que si bien es una ventaja para quien lo tiene no lo es tanto para quien lo gestiona de otro modo (nosotros) y no está para malgastarlo con el ultimo que se sube a bordo de tu biografía.
Con nuestros tres anfitriones cada uno haciendo su trabajo y bastante despegados los unos de los otros, sin demasiada comunicación, nos pareció, entre ellos (Jean Louis se sentó a la mesa con dos auriculares puestos porque seguía un programa de radio) compartimos una comida en la que hablamos del camino de Compostela, de los mecánicos africanos y de las amantis, quizás las únicas que tienen más claro que nadie en toda esta historia que la vida pasa por comerse al congénere. En la paroise Notre Dame, nos sentimos como en nuestra propia casa (bueno el colchón de 8cms sobre barras de madera con un inter-espaciado de vacío no fue lo mejor). Usamos su despacho para acceder a internet y la sala de la habitación para cambiar de registro viendo un par de pelis y poniéndonos al dia de los fríos europeos. Aquí volvimos a la ducha fría notando que estaba realmente fría.
Vic y yo, como si el mundo se pudiera estar hundiendo, seguíamos con nuestras grabaciones de poesía, mi armónica armoniqueando (armoniquear es otro neologismo de Vic) y acompañando a su voz, y cruzando los dedos para que el futuro inmediato nos fuera favorable. Al dia siguiente de limpiar un filtro y cambiar el otro, tras esperar el reposo del vehículo todas las horas de la noche, sabía que nada más arrancarlo advertiría si el síntoma de la disfunción motora persistía. No me refiero al simple indicador rojo, sino al sonido al arrancar. Eureka, nada más arrancar el motor adquirió potencia de inmediato, tampoco hubo los segundos de más para parar el motor que seguía en acción. Eso no significaba ninguna garantía pero me dio algo más de confianza para tratar de hacer la siguiente etapa hasta Nuackchott. Tuve que tomarme todo el revés: como si estuviera matriculado en un curso de mecánica a la fuerza pagando lecciones prácticas supercaras. Una máquina tiene su lógica como todo. No es un ser vivo pero como si lo fuera, hay que tratarla así. En ese como si lo fuera debe estar la clave de todo. No se entra a operar a saco para mantener entretenido al usuario con la cara pasmada poniéndose en manos del (supuesto) experto, sino que hay que evaluar la situación. Los modernos motores eléctricos son más complejos. ،Qué tiempos aquellos en los que la mecánica elemental de un 2cv, un 850, un GS incluso, te permitía arremangarte y resolver el asunto! No, no es que fuera un experto en nada de eso, pero nunca antes había sufrido estrés porque un coche me hubiera fallado. Claro que me pude permitir el lujazo de abandonar un par de coches sin que sufriera por ello, además de motos. Vic me critica mi exceso de paternalismo hacia ella y que mi tensión es en parte debido a eso, la otra parte es porque remite al psico-cuadro dramático de la autora de mis días, de la cual es amiga. La furgo constituye otro asunto. Es nuestro símbolo, nuestro batiscafo de superficie, un nautilus con ruedas, nuestras piernas, nuestra libertad de movimiento, además de nuestro transporte de todo lo que llevamos de equipo y mobiliario. La perspectiva de volver sin él, algo que contemplamos, a parte del descalabro económico (la caución bancaria de 5000 euros y su posible venta muy por debajo del precio real) representaba un ataque a nuestro esquema mental, que por mucho que estuviera abierto a todas las posibilidades, en el fondo no contaba con que ésta fuera posible. Ramón, ante uno de nuestros emails de socorro, estaba pronto-dispuesto a venirnos a rescatar solo que su coche no tenia bola (nuestra tampoco para amarrarse a una). Íbamos a echar la moneda al aire y a ver lo que pasaba. Tal vez, despues de toda esa experiencia yo me atreviera con la mecánica de nuestro otro coche o de otros del futuro. Dados los tiempos que corren en que los coches de trinca salen erróneos en un porcentaje al final de la línea de montaje tampoco creo que con cuatro conocimientos estuviera dispuesto a dedicar mi tiempo a eso. El vehículo en pana hizo que no disfrutáramos de Saint Louis. No visitamos el segundo parque-reserva, así considerado, en una época en que llega toda una variedad de pájaros, tampoco que fuéramos por la cité a pasear y a mezclarnos con otros blancos para hablar de lo mal que está África o de lo perdido que anda el ser humano. La verdad es que la imagen tan estandarizada de parejas de extranjeros o de minúsculos grupos moviéndose por zonas turísticas, deteniéndose en las tiendas de souvenirs es una performance tan universal que uno termina por inferir algo increíblemente extraordinario: la gente hace miles de kms a todas las partes del mundo para terminar haciendo la misma conducta y entreteniéndose en toda esa barrera de souvenirs sin mezclarse con la sociedad real. Vic compara este comportamiento como el de los cerdos ante los comederos que se abocan sin pensárselo dos veces (como lo dice en francés, couchons, no suena tan mal). No, si ya no éramos turistas en enero todavía lo éramos menos en diciembre. Todo lo que hice fue cruzar varias veces el famoso puente de hierro que vino de Europa y que las reparaciones de mantenimiento han sido también europeos. El suelo es de tubos cuadrangulares de metal con unos socavones impresionantes (África es experta en socavones, incluso los tiene en las planchas de metal de los firmes).Por lo demás si me preguntan sobre las efemérides africanas no sabré citar ninguna, aunque algo parecido me pasaría si me las preguntaran de mi propio país.
Alejandro Othegy, de Radio Vallekas, una radio libre cuya página web está muy bien organizada, que seguía nuestro bloc, nos propuso radiar en un par de fechas el cuento Toubab de Vic y que pusimos en soporte audio. Ironizábamos que nos esperaba un futuro artístico en alguna parte pero primero debíamos salvar nuestros intereses más materiales y volver a terreno seguro, sanos y salvos. Claro que había que ser muy optimista para pensar que Europa era segura cuando seguían matando a gente de 16 años con un disparo de los que matan. Los campos de batallas estaban servidos: fuegos reales y enfrentamientos con la policía. La misma historia de siempre. ؟Dónde estaba la cultura democrática de los últimos 30 años? Lo que estaba claro es el alto voltaje de indisposición social. Quemar coches y oficinas nunca resolvió gran cosa. Lo sabe el historiador con más cates en su carrera universitaria, también el revolucionario mas torpe para el análisis social, pero la descontención popular necesita pegar a petates o a lo que sea. Eso no resuelve nada pero sirve para precalentamientos y gimnasias alternativas, también para que todos digamos, el mundo está mal, mal, mal, verdaderamente mal. Vivir en Saint Louis, vivir en Barcelona, podria significar exactamente lo mismo con un chute de relativismo pero no, mejor dejar cada cosa en su sitio y no hacer tanta teoría con calzador de que todo es lo mismo, quedaba decir de meter a cada uno devuelto a su lugar.
Se acercaba final de año y una eficiente y puntual agente bancaria de Abacus nos informaba de los intereses anuales de nuestro depósito en su plan de ahorro (más de 2mil euros que podrían compensar todos los agujeros y errores de pérdidas sufridos últimamente). Hablando de sufrir en un relato imaginario el sufrirésmetro empecé a concebirlo como una especie de arco por el que
Etienne, paciente, me acompaño al comisariat, en frente de la parroquia, para hacer un trámite del que veníamos hablando desde hacia meses: declarar la pérdida o robo del permiso de conducir, para al menos parar a próximos extorsionadores con algún papelajo a falta de cinta americana con que sellar labios. La anécdota de esa visita no tuvo desperdicio. El mostrador alzado de obra en el vestíbulo, copia del estilo de los usados por Scotlad Yard, hacia el atestado: un certificat de declaration de perte. Ese documento, como todos los documentos, tenia que llevar un timbre de 100fr que Etienne, previsor y conocedor de la idiosincrasia ya traía en su bolsillo de la camisa. Con el papelito fuimos a un primer despacho a poner un tampón, luego a uno segundo a poner una firma. El hombre de la firma era un hombre a un pitillo pegado del que no se soltó en ningún momento. El procedimiento fue más diligente de lo que esperaba. Etienne es conocido y eso facilitó las cosas lo mismo que el dia que fuimos al taller acompañados por él que a la primera rotonda, primer policía, con su pito nos paró y al verlo nos dejó continuar sin pedirnos nada. El rato del vestíbulo en el comisariat, una celda de paredes de barrotes a la vista de todo el mundo contenía los detenidos de la noche. Mientras hacíamos nuestra diligencia trajeron algún otro esposado. La escena le parecía natural a todo el mundo aunque eso violara los derechos humanos.
Las comidas con los 3 padres fueron enfamiliadas. Filomena, cariñosa, no volvía hasta su casa hasta despues de que hubiéramos cenado todos, los gastos de cocina eran escrupulosamente apuntados en una libreta, su pequeña hija Elene que la acompañaba en la cocina cuando estaba cansada dormía sobre dos taburetes juntos, recogida, ajena a todo, hecha un nudo recogido.
Los días de Saint Louis o tuve la menor gana de ir de visitas culturales o de compras o de paseo. Vic insistió para que saliéramos, una y otra vez, hasta que lo hicimos: silla de ruedas sobre arena y baches hasta el puesto más cercano de cacahuetes (compramos todas las micro bolsas de 25 cefas hasta dejar sin existencias a la pequeña cacahuetería). En ese puto decidimos volver a nuestro alojamiento sin haber recorrido siquiera medio quilómetro. Yo me deslomé en el intento y Vic se dio cuenta del absurdo de ese frenesí de ir a buscar cacahuetes diciéndome que volviéramos cuando ya estábamos en la calle. Han sido pocos los paseos con la silla rodante de este año que fueran agradables y ninguno sobre suelos mínimamente aceptables. Evidentemente el subtítulo de este libro "un viaje sobre ruedas" pasó a tener bastante de demagógico. No se puede venir a África con una silla de ruedas y creer que el mundo te abre paso y te rinde homenaje. Con las comidas con los curas introdujimos algunas conversaciones. Creen que la critica feroz de la sociedad francesa al catolicismo (u país que al menos los edificios de las iglesias son patrimonio del estado) permite la pujanza del islamismo pero también reconocieron que los primeros tiempos de introducción del catolicismo los blanco chantajeaban a los nuevos adeptos no dejándoles comulgar si el dia anterior habían practicado sus danzas.
La noche antes de dejar Saint Louis probé el arranque de motor que daba señal de potencia pero advertir una nueva señal: una macha de gasoil en el suelo e la vertical del filtro. Por la mañana del último día compartimos el desayuno y nos hicimos fotos. Cruzamos los dedos y arrancamos. No pasamos a ver al mecánico que desmontó la bomba de inyección y estropeó al recolocarla el indicador de carga ؟para qué? ؟Para dejar que estropeara otra cosa? En África aprendí a relativizar no cumplir la palabra dada en una cultura donde impera el oui irresponsable para todo y el pas de probleme afirmado desde la ignorancia.
Decidimos erróneamente cruzar por Diama. Los 50 kms de pista asegurados se convirtieron en 120, 35 de los cuales equivocados por no encontrar señalizada la ruta para Nuackchott. Con la incertidumbre de que el vehículo se nos parara durante el camino por pérdida de potencia y con más de 30 kms de pista con vadenes o cambios de rasante a causa de las dunas, (una de las cuales estuvimos a punto de embarrancar y nos vino de medio metro más no hacerlo) que frenaban la velocidad confundiéndolo con el problema de inyección de gasoil de las semanas anteriores. Una vez alcanzada la carretera asfalta, tras recorrer 160 kms despues y pasar 7 controles policiales llegamos a la paroise católica de Nuackchott. El padre Victor que conocimos en Keur Moussa nos había invitado. Una vez instalados en la habitación, limpia y confortable, nos dijo que el alojamiento costaba 20e por persona y día pero que si dados nuestros problemas no podíamos contribuir él asumiría esta suma. Comentamos de compartir la mesa con ellos por la compañía y la comunicación. Vino a decirnos que la comida no estaba prevista para nosotros y que no era posible. Un católico se parece a otro lo mismo que dos pájaros de distintas especies a juzgar por la enorme diferencia entre ellos, la que hay entre los curas de Saint Louis (Jean Louis Coly, Bruno Kane y Etienne Sarr) y los de la paroise de Nuackchott era una más entre tantas. En esta había dos blancos franceses (pere Jean, et pere German) y algunas monjas españolas que vinieron para no perderse la misa de ese día. A los blancos no mostraron mucho interés en compartir la mesa.
Nuackchott era solo una etapa. Lo duro estaba por llegar. La idea era hacer en una etapa única el salto hasta Marruecos, donde, en principio, estaríamos salvados porque al menos tendríamos asistencia técnica del RACC o el RACE si nos pasaba algo. El plan era no desviarnos para Nuadibú y mucho menos para Chinguetti (los más de 100 kms malgastados entre la pista del parque Diawlig y otra mas de 30 kms en obras, sin un solo obrero a la vista, los podíamos haber dedicado para esta histórica ciudad, pero mi energía estaba a cero y mis deseos de continuar viendo mudo también. Desplegué el ordenador sobre la mesa de la nueva habitación, que superaba los dos dormitorios anteriores usados, para contarle todo el asunto y completar el capítulo a falta de un hombro en el que llorar.
No puedo decir que me sienta traicionado por las máquinas porque ellas son las primeras que sufren conmigo sometiéndolas a un sobreesfuerzo para el que no fueron diseñadas, pero eso no quita la sensación de ir vendido con ellas tras pasar por la experiencia de fallos como los que tuvimos. Para recuperar la confianza con la furgo, tendrían que pasar miles de kilómetros rodando perfectamente.
Al menos salir a la calle, a la carretera, genera más detalles en directo para reportar del mundo y más palabras con qué hacerlo.

lunes 15 de diciembre de 2008

El Tabaski

Dakar, 12 de diciembre

Veronique es católica y tiene 16 años. Todavía no es mayor de edad y estudia en el Liceo de Dakar. Su padre es musulmán y su madre católica-cristiana. Cuando empezaron a tener uso de razón, sus hermanos eligieron, cada uno ser musulmán o católico: Mohamed, el mayor, estudia informática en la universidad de Dakar, y es musulmán; Hammed, de 14 años, está en un colegio privado católico, pero se siente musulmán como su padre y su abuelo al que le tiene pasión y admiración; le considera un sabio pues le hace más fácil la comprensión del libro sagrado - el Corán – que cada fin de semana lee con otros niños en la madrasa. Las hermanas de Veronique – Christine, casada con un europeo y Claude, estudiante de económicas en la universidad de Dakar- como su madre, decidieron decantarse por el catolicismo. En casa no se discute de religión, consideran que Dios es único y lo de menos es cómo se llame o como se le adore, lo más importante es tener unida a la familia. Cada uno de ellos, al nacer, tuvieron un nombre propio en la lengua Wolof, pero cuando decidieron ser musulmanes o católicos, añadieron otro nombre. Sin embargo, siempre dicen primero su nombre Wolof, para señalar a qué familia originaria pertenecen, y después el nuevo nombre con los apellidos.

Su padre, Mohamed ha seguido la tradición familiar, es joyero y tiene varias tiendas por la ciudad; hoy vuelve contento a casa: ha conseguido un buen ejemplar de cordero. El día cinco de diciembre, sábado, partirá toda la familia a casa de sus parientes en Kaolak. Allí tienen una gran casa con un amplio patio donde podrá pastar relajado el animal. Su vivienda en Dakar no tiene patio, es un gran apartamento y, allí no se pueden tener bestias.

Madame Marie Louise compró telas de Mali para toda la familia, son telas de una prestancia y un brillo especial que dan un aspecto muy elegante. A cada uno de sus miembros, el sastre le confeccionó un traje: a los hombres y muchachos, pantalón y casaca haciendo juego; a las mujeres, un vestido ajustado y con una pieza sobrante para usarla de chal o de tocado en la cabeza.

El día 8 matará el cordero un profesional contratado por la familia. El inocente morirá desangrado por un machete sagrado y mirando a la Meca. Todos los participantes ese día van de estreno riguroso, y los hombres se rapan el pelo al cero en señal de renovación y pureza.

El 8, día del Tabasqui, Los más jóvenes tienen resaca porque arrastran juerga de tres días con fanfarrias por la calle y alcohol casero fermentando frutas del país. Desde la mañana todo es alegría y jaleo en los hogares. El imán extiende su bendición especial para el momento y el matarife procede con el cordero. Todos participan del despiece y asado, las mujeres han preparado sabrosos postres y deliciosos zumos de frutas fermentadas. La fiesta y los combites duran casi tres días y, lo que sobre del copiosos banquete, se destinará a los pobres.

Los abuelos están muy contentos porque han realizado el gran sueño de su vida: ir a la Meca. Han terminado el viaje llamado: el Hach, como muchos musulmanes que han tenido los medios económicos para hacerlo. Antes de la gran comilona, todos los varones acuden a orar a la mezquita bien aseados y perfumados. Recitan unos versículos que sólo cantan durante las dos fiestas mayores del año y los enterramientos. Los fieles cantan y cantan hasta que el Imán dirige la oración que – excepcionalmente- se encabeza con siete tkabir (decir : Allahu akbar). Después de unas palabras de saludo por parte del imán a los miembros de la comunidad presentes, se disuelve la reunión y los asistentes se besan en señal de hermanamiento y se felicitan por la fiesta.

- ¿Qué es el Hach, abuelo?- pregunta su nieto pequeño Hammed.
- Es el viaje para encontrarnos a nosotros mismos, es un viaje al fondo de uno mismo al comienzo de la vida: cuentan, que, en el valle desértico de Arafat, se reunieron Adan y Eva después de haber vagado por el planeta 200 años cuando fueron expulsados del Paraíso. Además, es un viaje al final de los tiempos: borrada toda señal de identificación, cada ser humano anónimo, confundido en la multitud, vive el momento del encuentro.
- ¿Por qué matamos a un cordero este día?- sigue preguntando el pequeño
- Cuentan, que el profeta cristiano Abraham, que en el Corán es Ibrahim, debía sacrificar a su hijo de nombre Isaac según los cristianos y que nosotros llamamos Ismael, para mostrar su total sumisión a Dios. Pero, justo en el momento crucial, Dios paró su brazo y le ordeno matar en su lugar, a un cordero. Dios sólo quería probar su fe. Desde entonces, se prohibieron los sacrificios humanos como ofrendas divinas.

A esta fiesta también la llamamos Id Kabir o la fiesta del sacrificio (Aid Helada). Marca el fin de la peregrinación anual a la Meca y celebra el establecimiento de la ley que protege la vida humana y la fusión del ser puro del hombre con sus anhelos de perfección.

- ¿Siempre se celebra el mismo día?
- No, es móvil, depende del día décimo del mes lunar del Dualhuya.
- ¿Qué representa el agua?
- Tanto en el banquete de la fiesta, como antes de asistir a los rezos, tenemos que limpiar profundamente nuestro cuerpo y, especialmente nuestras manos y pies. Cada creyente bebe del agua de la vida, se esponja con ella y recapitula sus actos y sus intenciones para impregnarse de las nobles cualidades de Ibrahim, a quien se le conoce entre nosotros como “el amigo íntimo de Allah” porque sus miembros físicos y sus facultades están impregnados de lo Absoluto, de Allah. Dejarse atravesar por Él como el cauce de un río por el agua y llenarse de Su designio hasta la identificación.

Después de casi una semana de festejos, todos vuelven a sus actividades diarias. Sin embargo, M.Louise no descansa y está haciendo los preparativos de la fiesta de Navidad cristiana. Quiere que la noche del nacimiento de Jesucristo, el día de Nochebuena, tenga el mismo brillo que la fiesta del Tabasqui. Ha encargado el pavo que comerán en esa cena. En su casa no hay ningún adorno que anuncie la celebración cristiana, pero, con sus hijas, irá a comprar los regalos de “Papá Noel” para sus hermanos, para ellas mismas, y para sus amigos que pondrán al lado de un pequeño mango que tiene plantado en la gran terraza del apartamento. El día de Navidad vendrán los hermanos y padres de M.Louise a compartir la comida familiar.

En la televisión explican que judíos y musulmanes se matan por el territorio en Jerusalén, también que en EEUU, los musulmanes son considerados sospechosos de terrorismo y que, en Sudán, los cristianos son atacados por el gobierno. El mundo parece enfrentado entre infieles y creyentes mientras que, todavía, en algunos países africanos, las familias siguen unidas sin preguntarse a qué Dios adoras.

lunes 8 de diciembre de 2008

Diciembre, un mes sentimental

Los tres chateando
Nani Bermúdez en el chat, una de nuestras incondicionales.

Jes divirtiéndose en el chat con la web-cam.


Con las chicas del restaurante de Dakar









Dakar,7 de diciembre

Este mes, para mí es uno de los más emotivos del año. El día catorce, y con veinte años de diferencia, murieron mis padres. El día ocho es el santo de mi madre y ella organizaba una fiesta todos los años donde nos acogía a todos; pero, llegamos a ser tan numerosos, que al final tuvo que alquilar un recinto para dar cabida a tanto hijo, yerno, nuera, nietos y biznietos. Cuando ella nos dejó, sus nietos, 38 en total más sus respectivos novios, cónyuges, hijos, organizaron los que se llamó: la primada. Cada año, el 8 de diciembre se encontraban en un local solicitado para la ocasión donde, todos los que podían, asistían a la cena. En los postres se elegía a los dos primos del año: entre los más mayores y entre los más pequeños. A media noche, los padres venían a recoger a los menores de catorce años, con gran disgusto de estos adolescentes que querían seguir la juerga con sus primos mayores. Los tíos no podían asistir, sólo estábamos exentos Ignacio y yo que somos los tíos más pequeños y nos consideran “primos”. Lo interesante del asunto era el ingenio que derramaban los organizadores que, rotativamente, tomaban la antorcha para sorprender a los demás anualmente. Recuerdo con especial cariño aquel concurso de logos “Alés” que se convirtió en una camiseta llena de todas las propuestas impresas porque el premio al mejor quedó “desierto”. Como este periódico encuentro tuvo tanto furor, se añadieron los primos de los primos con sus respectivos/as parejas e hijos. Pasados unos cuantos años, todos hemos ido creciendo y situándonos en la vida. La vida privada de cada uno empezó a ser más importante y fue prácticamente imposible continuar con estos encuentros. Pero, una vez más, el ingenio renació en ellos y crearon un espacio en un site llamado “familia Alés”. Los interesados acudimos como moscas y, de esa manera, volvemos a estar interconectados sin renunciar a nuestros quehaceres.

Otro acontecimiento que me atrae de este mes es que el 25 nació Jes, sus padres, tan emocionados estaban de su llegada al mundo, que no supieron encontrar otro nombre que el del que estaba en el santoral de esa noche: la del 24 al 25 . Así que yo, cada año, celebro su buena nueva en la intimidad, sin bombillas ni artificios. En este año, he añadido otro evento sentimental más en mi corazón: el hijo de Jes fue padre y, por lo tanto fuimos abuelos de una preciosa niña llamada Lola y que nació el día 2 de diciembre.

Aquí, en DAKAR, viviremos una celebración musulmana tan importante o más que las navidades de los cristianos, en Senegal le llaman el TABASKI. Es la fiesta del cordero, la fiesta del sacrificio – Aid El Adha -, la fiesta mayor de su calendario musulmán. Conmemoran la historia de Abraham obligado por Dios a matar a su hijo para probar su fe. Dios, una vez comprobada la fortaleza de su fe en él, le mandó parar y, en su lugar ofrecerle un sacrificio matando a un cordero. Aunque, oficialmente la fiesta es el mismo día 8, desde la semana antes el mundo musulmán está de lo más ajetreado. Las calles se habilitan para la cantidad de corderos que se exponen a la venta. Nos dicen que no conviene salir a la calle en coche porque los policías te paran por cualquier motivo con el fin de pedirte dinero para poder comprar su cordero; porque, sea rico , o sea pobre, todo musulmán está obligado a tener un cordero ese día; y, si vive en la ciudad, además ha de contratar a un matarife especializado. Así que llevamos una semana sin mover la furgo por si acaso. Las chicas que regenta el pequeño restaurante donde vamos cada día a comer, a pie, nos informan que desde el lunes 8 de diciembre hasta el 14 todos los establecimientos musulmanes estarán cerrados; aquí, en la escuela católica y privada donde estamos alojados, no tendrán clase hasta el jueves desde hoy viernes 5. Así que, casi todo el país, mayoría musulmán, se paraliza toda una semana. La alternativa que nos queda es comer en un Fast Food que hay un poco más lejos y posponer nuestras gestiones para conseguir el visado de Mauritania y llevar la furgoneta a la Fiat para que revisen el problema de Inyección.

Hay días que las calles parecen manicomios con gentes vestidas de mil colores, encaramadas a los pequeños buses cantando a voz en grito. Parece la noche de fin de año, pero cada día y a todas horas. No creo que sea un buen momento para discutir con un musulmán convencido. Las bebidas caseras fermentadas les producen estados de euforia similares al alcohol. Además, el fin de semana del 8 es cuando regresan de la Meca todos los que han peregrinado ese año, con lo cual las ciudades se completarán con más exaltados. La verdad, me gustaría mirar por un agujerito cómo lo celebra una familia cualquiera, no creo que consigamos tener esa oportunidad.

Por lo demás, nuestra existencia prosigue tan apacible como siempre en esta especie de suit con wiffi incluido; aunque interrumpida cada vez que los alumnos llegan, salen de sus clases en el mismo pasillo que el nuestro, o tiene un recreo. Su algarabía hace que tengamos que interrumpir nuestras grabaciones de poesía o de canciones, o tengamos que esperar a que las aulas se vacíen parara no molestar trabajando con el clarinete; afortunadamente, la korá suena tan suave como un arpa y no molesta a nadie. Después de nuestros deberes con la literatura y la música, nos ponemos a chatear con familiares y amigos o navegamos por el espacio internáutico.

Nuestras mentes están ya más en Europa que en África, el cansancio físico y psíquico, después de tantas emociones y vivencias, se hace notar en nuestro espíritu. Parece que nos está llegando la hora de centrarnos en un lugar y repasar toda nuestra experiencia.

Toubab

Bruno con la toubab Vic
Compañeros de clase de Bruno

Bruno con su nuevo uniforme


Bruno con su padre



Bruno con el toubab Jes




TUBAB Keur Moussa, Senegal, 26 de noviembre de 2008

Fada-Bruno es un niño gambiano que vive con sus padres y hermanastros en el recinto de un colegio. Es el preferido de su padre, un profesor de matemáticas de primaria. Su madre está demasiado atareada con sus otros seis hijos, incluyendo el bebé, Louis-David, siempre colgado en su espalda y de naturaleza enfermiza.

Con sus tres años cumplidos, en su vida ha visto a un blanco, un Tubab. ¡Tubab, bubab! grita cuando nos ve. Yo le digo: tubab no, my name is Vic. Él me mira entornando la cabeza con ojos de intriga, como hacen los perros cuando escuchan algo que les sorprende, sin comprender una palabra de lo que le digo.

Todavía es pequeño para ir al colegio y no conoce el inglés. Su lengua es el wolof, y a las personas de piel blanca las llaman TUBAB. Mientras sus hermanos están en la escuela o ayudan en casa, él se divierte con los insectos y corretea detrás de las cabras que tiene la familia. A veces, cuando nadie se da cuenta, se escapa a ver a su padre en su oficina de director. Francis, hace que se enfada, lo coge en brazos amorosamente y lo devuelve al hogar.

Nosotros, somos una pareja tubab que pasa una temporada con la familia. Bruno nos saluda cada mañana con su “good morning” a media lengua y recién aprendido. Hasta las cuatro de la tarde él es el rey de la casa y ríe continuamente con cualquier cosa que le pase: un saltamontes que se pose en su hombro desnudo ¡plaf!, una hormiguita que le hace cosquillas en su culito al aire ¡ja,ja,ja,je,je,je!, un escarabajo que estruja con sus deditos ¡crash...!Pero, con los mosquitos, eso es otra cosa, le pican ¡Ay! Y, se rasca tan fuerte, que le sale sangre. Uno de estos malditos insectos le inyectó el virus de la malaria, la fiebre y el malestar hicieron que su madre le llevara al médico junto con su hermanito Louis que también sufría del mismo mal. Tres días de pastillas y, Bruno se repuso como si nada hubiera pasado, en cambio Louis todavía arrastró la fiebre durante algún tiempo.

Bruno es muy simpático y alegre cuando no están sus otros hermanos, nos viene a ver y a tocar. A tocar sí, porque somos una especie rara para él, nuestra piel es blanca y de diferente textura porque no está todo el día al aire, como la de él, que le encanta ir desnudo todo el día.; nuestro pelo es más frágil y no está ensortijado como el de su madre y hermanas que se hacen trencitas para domesticarlo un poco. A él le han pelado al cero con la máquina como es costumbre en su ambiente, casi todos los hombres se afeitan la cabeza, excepto los artistas o los taliban que van de rastas cantando canciones por la calle y pidiendo limosna para su marabú. Como digo, le encanta también probar lo que comemos y escuchar nuestra música cuando tocamos el clarinete o la armónica. Se acurruca de vez en cuando en nuestro regazo, su madre ya no le acuna y todavía necesita muchos abrazos que su familia no tiene costumbre de dar.

Pero, cuando vuelven sus hermanos de clase todo cambia, Bruno no para de lloriquear y llamar a su padre, se siente destronado y muy desgraciado. Acude a nuestros brazos para buscar el consuelo. ¡Tubab, tubab!

Hasta que, un día, un feliz día, a Bruno le pusieron un bonito uniforme: pantalones, camisa con un escudo bordado en el bolsillo y botitas de tela; ¡todo a estrenar y no heredado de sus hermanos! Fue el mejor momento de su historia personal: ¡iba al cole como sus hermanos! Allí, había decenas de niños de su edad: del mismo tamaño y balbuceando las palabras al mejor de los estilos Bruno-Fada. La clase era amplia y cada uno tenía su sitio y su bata de rayas, no como en su casa que nunca se sabe donde encontrar los zapatos o los calcetines, o se duerme donde a uno le viene bien: sea sobre una estera en el porche, sea sobre la alfombra del salón, donde los grandes sofases de colores oscuros hacen juego con la inmensa pantalla de televisión para ver fútbol.

Pero, lo que no le gusta demasiado de su experiencia escolar es lo que los mayores llaman DISCIPLINA. Disciplina es ponerse uno detrás de otro cuando quieres conseguir lo que todos quieren y esperar tu turno, como por ejemplo la leche de media mañana con su bocadillo de mantequilla tan bueno ¡mmmmmmmmmmmmmmm!; disciplina es levantarse todos a la vez y decir ¡buenos dííías señorita!!! cuando entra su joven profesora en clase, o cuando entra cualquier otro adulto o adulta; disciplina es cantar el himno nacional todos los días, y de pié, al empezar las clases.

Los compañeros y compañeras de clase ya sabían algunas palabras del cuerpo humano en inglés porque Bruno se matriculó tarde. La profesora les dibujó en la pizarra a una niña y todos iban cantando las partes que señalaba con una gran vara. A Bruno le chiflaba eso de cantar en esa nueva lengua y de escenificar movimientos:¡Arriba! ¡UP! y todos con las manos en alto, ¡Abajooo!¡DAWN! y todos con las manos hacia abajo; ¡de pieee! ¡STAND UP!y todos se levantaban del pupitre haciendo un gran estruendo y riendo a carcajadas; ¡sentados! ¡SEAT DAWN! y todos a la vez caían de culo en su asiento como si de tambores se tratara. Después de estas agotadoras sesiones, en el recreo jugaban a contarse cosas y a descubrir los escondrijos más peligrosos del patio, especialidad en la que Bruno se convirtió en líder.

Cada día, a las tres de la tarde, su madre le va a buscar al jardín de infancia, y por el camino no para de contar las cosas nuevas que ha visto por el patio. Su madre insiste en preguntarle:¿Cómo se dice mano en inglés? y otras partes del cuerpo, pero Bruno continúa relatando su apasionante aventura con una hormiga muy grande que intentó obligarla a sentarse y a levantarse cuando él se lo pedía. ¡La hormiga nunca me hace caso, mamá!

Un buen día, uno de los más deliciosos de nuestra estancia en Gambia, Bruno nos vino a despertar con las siguientes palabras: Good morning, Jes and Vic!, How are you? . Aquel momento marcó una nueva era en nuestra comunicación: Nosotros le enseñábamos palabras en inglés y él nos las traducía al wolof.

Nota: Este relato está inspirado en hechos reales, todos los personajes y lugares existen y certifico que la experiencia la viví casi en su totalidad. Este cuento lo hemos escenificado en audio. Todoas las personas interesadas en obtenerlo que se dirijan a este blog.

La Vida Casera

Dakar 8 diciembre 2008
Cuando alguien menciona una palabrota como la de que estamos de vacaciones o nos estamos pegando la vida padre o cosas parecidas, sonreímos. También cuando se nos mete en categorías definitorias (de alta definición, claro) como que hemos venido a África a estar con los negritos junto a baobabs, dado que sus fuentes emisoras suelen ser de desconocedoras de ambas palabras, también sonreímos. Cuando alguien nos dice si el desierto llega hasta Dakar, sonreímos. Cuando alguien nos dice que en Senegal se pasa hambre, seguimos sonriendo. Con todas esas primicias nos vamos a un restaurante y entre bocados de chawarma o pizza vegetariana masticamos los comentarios ajenos como parte del lote de entradas de la vida. Un viaje existencial incluye el recorrido pro los comentarios ajenos. Si viajar es ir a campo ajeno; pasar por los comentarios de los demás, aunque no te muevas de tu lugarcito, también es viajar. En Dakar, segunda visita, seguimos con la práctica que ya hicimos la primera vez, la de la vida casera. Ni siquiera visitamos el centro, ya lo hicimos. La habitación alquilada, en realidad un apartamento, a 7000cefas dia y nuestra rutina diaria de grabaciones, música, elaboraciones nos daba más aspecto de currantes que de exploradores. Los ratos de calle eran los menos. Vic tenía que recordarme que tenía hambre para salir. Yo apelaba a gorduras y exceso de kilogramos para no hacerlo o demorarlo. Ella amenazaba con ir sola hasta el restaurantito más próximo, arriesgándose a ser atropellada en el primer paso cebra, yo le pedía que me dejara terminar lo que estaba escribiendo y luego salíamos. De alguna manera, salir a comer sin haber hecho los deberes de la mañana era como faltar a clase, hacer ovillos de mi mismo, no estar actualizado. Por otro lado mis consideraciones sobre la comida por adicción más que por necesidad me tenían anclado en uno de mis galimatías sin salida: si comer es una adicción y terminas con ella también puedes terminar con toda tu carcasa. ¿Sí o no? Nuestra dieta en Dakar no fue de las más entusiastas. Dejamos el ritual del té para no perder tiempo usando la cocina en la planta superior y pasábamos la mañana con cuatro cacahuetes y dos plátanos. En esta ocasión los arashids venían sin arena Luego, a la hora del protesto estomacal, salíamos a comer para reintegrarnos antes de dos horas a nuestro mundo. Al menos particular, cada día un poco más alejado de la ciudad y de los grandes desastres ajenos. La inercia de hacer vida casera nos venía saliendo en todas partes desde bastantes meses atrás. ¿Contacto con el mundo exterior? ¡Sí, el justo y necesario!. A menor contacto con ese mundo, menor cantidad de cosas a contar: ni referencia de gentes o nuevos personajes, ni curiosidades urbanas, ni elementos susceptibles de ser recogidos por una guía turística, ni nasti de plasti. Todo lo que el viajero descontactado puede contar es lo bien que se está en su habitación, el panorama que se ve desde sus ventanas o su propio viaje interior. Nosotros ni siquiera podíamos dar muchos detalles de estos, nuestras cuatro ventanas dando al patio y más allá a la carretera estaban ensombrecidas por la vegetación. Al anochecer el maullido de un gato no sabíamos interpretarlo si como saludo o demanda de comida. Alguna vez el gato se metió dentro del pabellón y recorrió las aulas. Aulas con los asientos desbaratos, sucias, pero funcionales. Los profesores impartían clases con buenas voces y con las puertas abiertas. En la tarima de uno de ellos vi como estaba pegado un diagrama con los nombres por parejas en los asientos de pupitres. La educación pasa por la territorialización y el binomio de clase (compañero/a de pupitre) por una especie de tándem autodefensivo ante la clase entera. Siempre sospeché que no se podían dar clases de ética o de valores sobre la libertad, en la enseñanza media con esa clase de fijaciones al territorio. El Sacré Coeur en periodo lectivo es todo un boom de vitalidad. El recinto sirve para otras actividades extraacadémicas como el futbol o la música. Los grades autobuses Renault ocupan varios lugares, ocupado, uno de ellos, el de paso de viandantes teniéndolo que sortear como podíamos con la silla de ruedas. En un par de puntos del recinto mujeres con sus cacerolas y sus cosas venían vender tentesenpié a la muchachada, también en las puertas. Los mejores días en esa ubicación residencial fueron los fines de semana cuando la estudiantada estaba fuera, aún así un grupo de scouts también vino, con sus pañuelos, uniformes y signos distintivos, también con su pito, pero sin nada a ver con las estridencias de la troupe paramilitar que tuvimos que sufrir en Kaolack.
En África fuimos aprendiendo que sus verdades están en la cotidianeidad y no en las visitas relámpago de las autoridades y que ha ido siendo en el trato del tú a tú con el tendero, con el barman, con el taxista, con el guardián, lo que nos ha dado la estadística social de la realidad por encima de los grandes números que daba la prensa. Siempre había sospechado de la fiabilidad de algunas de esas cifras tan impactantes (muerte, enfermedad, hambre), dado el imposible crédito incondicional a conceder a las fuentes que informan venían hinchadas. El argumento del subdesarrollo se ha venido elaborando como constructo lacrimógenos para que los más poderosos de la tierra se apiadaran de los más débiles.
Hacíamos pues vida casera, con nuestros asuntos, los mismos que podríamos hacer también en cualquier otra parte del mundo. Conforme iba avanzando el año estaba más claro que vinimos a vivir a África no a recorrerla ni a hacer de vehículos mensajeros de sus necesidades sino a explorar las nuestras propias y a reconciliarnos con nuestros límites existenciales, tanto los de la edad como los físicos, tanto los de nuestra solidaridad relativa como los de nuestra individualidad autoafirmada. Al vivirla como residentes nos fuimos encontrando con otras verdades. Los africanos más seguros de su futuro y de su relación interhumana con gente de otros países eran los que se preocupaban menos de nuestra presencia, por tanto, los más indiferentes, aproximándose pues más al estilo europeo del trato. Hacer vida de barrio tiene la ventaja de que al segundo día solo te interrumpe la gente que ignora de lo que vas. Al tercer dia podíamos hacer nuestro recorrido con la wheel chair-cross por las calles de arena y piedras y fragmentos de asfalto hasta el restaurantito o el bar o la panadería sin que nadie nos molestara. La vida ordinaria en una capital como Dakar no tenía nada de particular en el sentido africano: algunas de sus imágenes que los primeros meses del año nos hubieran sorprendido como la de un tipo andando rápido por la calle sosteniendo en una sola mano una columna de al menos 20 bandejas con dos docenas y medio cada una con aplomo y que bien podría ganar un puesto de honor en ese programa de la televisión francesa que muestra curiosidades circenses nos parecían ya ordinarias. Nuestro tendero preferido al que le comprábamos los plátanos (mandarinas a 1400cefas kilo, no) colocado sin apenas luz junto a una alcantarilla y que siempre tenía una palabra de amabilidad, era una estampa razonable; los baches y arenas continuas, el taxista que dejó un pasajero y arrancó sin mirar enfrente y que estuvo a punto de tocarnos, todo eso es lo más normal. Dakar: una ciudad más del mundo urbano, caótica y ruidosa, en la que el solo recorrido por una calle, la de Liberté, arteria y nombre de nuestro distrito, ponía en evidencia lo territorialista que es la gente y lo poco que abandona los diez metros cuadrados contados de delante de su casa o de su establecimiento. Nuestras preocupaciones ya no eran enterarnos de cada historión ni la gente venia con su carta a los reyes magos nada más vernos (por otra parte la existencia de nuestro alijo de gomas de borrar, las que regalábamos simbólicamente también para borrar la realidad actual y construir otra, no nos constaba que hubieran borrado la suciedad de las calles y de los malos). Dakar es una ciudad en la que hay bastantes blancos, cada cual mirando en frente y como toda gran ciudad tiene su densidad anónima y sus problemas coexistenciales. Una ciudad se parece a otra como una gota de agua a otra. Las gotas de agua pertenecen a duchas, grifos, charcos, acequias, alcantarillas. El clasificatorio de las ciudades también sigue una taxonomía parecida. Las mejores son las más limpias y con una organización lógica del territorio, las peores las que arrastran suciedades y no arreglan los agujeros. No propondremos a Dakar como la ciudad más bonita o que más méritos haga en su mejora, pero camino de Chez Joe descubrimos una placa triangular de peligro anunciando el paso cebra (despintado y casi imperceptible como todos) con lucecitas intermitentes y una plaquita solar de alimentación eléctrica. Todo un detalle. Amparados con ella parábamos coches para cruzar. Yo, empujando como siempre y Vic levantando el brazo para parar a los conductores frenetizados por su rally particular. De tarde en tarde nos constaban accidentes, no en mayor cantidad que en otras ciudades o países más desarrollados pero eso no era un asunto que nos afectara demasiado. No más que la muerte a manos de la policía de un manifestante con cóctel molotov. Una vida mano sigue valiendo menos que la de un escaparate tanto en Grecia como en cualquier otra parte del mundo. Los únicos que siguen pudiendo jugar con humos y balas son los autorizados oficialmente a matar.
La vida casera en el Sacré Coeur con conexión directa con España y otras partes con nuestros amigos nos hizo más cotidiana la cosa. Seguíamos perteneciendo más a Europa a África quedando la emisión de bonos de la condición ideológica de apátridas para conversaciones ácratas. Hemos conocido algunos europeos que vienen viviendo desde media vida atrás en África. Si duda, abnegados héroes.

Cada mes el cargo fijo en la misma fecha de 300 euros en nuestra cuenta bancaria (que no habíamos consultado los meses anteriores a Serekunda) no sabíamos si atribuirlos a un desfalcador profesional o a nuestra propia negligencia como clientes. Vic no se acordaba de haber dado ningún tipo de orden de pago aplazado pero Vic es el mejor cliente de las tarjetas de crédito jamás registrada por toda la historia bancaria. Un millón de Vics repartidas por el mundo capitalista serían el mejor antídoto a cualquier amenaza de crisis financiera. Si no sabe la distancia que hay entre una ciudad u otra o entre una cifra millonaria y una de decimales, tampoco sabe lo que hace con ellas (las tarjetas digo): agujero permanentemente descosido en el bolsillo de los dineros. Toda cifra es un criptograma. No hay nadie que no se pelee por los números, en particular si éstos indican cantidades económicas. Ella es la única excepción planetaria que conozco. Mientras tenga liquidez para vivir y para vivir bien, cualquier fuga de dinero poco importa. Yo soy todo lo contrario. Me discuto por un céntimo con quien me lo saca sin tener autorización y si no me parto la cara con el programa bancario que me ha hecho la sisa es porque ya no concedo duelos de gladiador en ningún parque público. Desde que conozco a Vic, la poderosa atracción por militar en las columnas de los números rojos revuelve los algoritmos de la economía casera y me inquieta. Pero su capacidad angélica para vivir la vida sin sufrir por las agresiones e incomprensiones recibidas la tienen en mi más alta estima. Averiguamos con el contacto por email que los únicos responsables de nuestras fugas de dinero éramos nosotros: habiendo dado la orden de pago aplazado de los gastos realizados con tarjeta. Puesto que estos fueron alrededor de los 2700 antes de dejar España, su pago aplazado implicó una buena cantidad de meses de este año. Pago aplazado significa que el 16 o más por ciento de interés se va multiplicando por tantos meses de demora como haya, además de los 30 de coste anual de mantenimiento de las tarjetas. Mientras e África nos discutíamos por 100 cefas en nuestros cuarteles seguimos estando desprotegidos. La culpa era nuestra y solo nuestra. Lo cierto es que la suma por los pagos de la baca de la furgo (para poder cargar las cajas del trasporte solidario), un ordenador portátil, la caja de medicinas que compramos,.. ascendió a aquella cifra, pero al menos el de ser siseados por algún atracador electrónico se disipó. Hasta que no volviéramos a España no íbamos a poder ser en orden todo ese asunto tratando de controlar más a nuestro banco y sobre todo nuestros hábitos de gastos.

La descripción de la vida es que te lleva a auscultarlo todo: los ritmos externos y el tictac de tu interioridad. Escribirlo, sí, que no explicarlo siempre. Estamos rodeados de sucesos que no entendemos y cuestionados por nuestras propias ineptitudes. Desde la distancia de los asuntos domésticos no puedes hacer nada. Alguien que viaje tiene un sinónimo ad hoc -para los sedentarios que se quedan forrando sus cuarteles- como el de libertino que se desentiende de lo que dejara en sus abandonadas latitudes. Como viajeros nos permitimos el lujo de hacer nuestro viaje sin tener que ir a la oficina a cumplir con las existencias del departamento de ventas o a aguantar las presiones atmosféricas y otras. Viajar significa para observadores poco neutrales ser rico. No es cierto pero muchos oteantes con sus telescopios de hojalata creen eso. En todo caso el nuestro en curso lo iniciamos con su garantía económica pero no con todas las condiciones arregladas. Es así que pagamos los seguros hispanos de dos automóviles que no pudimos dar de baja o por dos teléfonos y una cobertura de internet que no usamos. Toda una exhibición de despilfarro de recursos, pero bueno el dinero es solo dinero y mientras sirva a alguien para dar de comer a sus hijos salir del submundo de las alcantarillas, tampoco nos dejará en el absoluto decomiso.

Diciembre empezó con la mejor noticia del año: el nacimiento de Lola. Habemus filius de filius (¿se dice así?)y eso me convierte en el abuelo del año sin quitarle el mérito de la abuelidad a otros congéneres. ¡Una niña de 4kilos 100¡ Hacedle un hueco, viene a compartir el planeta con los demás. No sabe donde se ha metido pero ya nos ocuparemos quienes la queremos que lo pase lo mejor posible. Tuve que pedirle a mi amiga FinaO durante una conversación por msn que llamara a Isaac para que se enterara de la situación. Sabíamos que el parto estaba previsto para diciembre. Ella lo llamó estando en el hospital. Al dia siguiente o a los dos días él me envió las primeras fotos de Lola, que Vic colgó enseguida en el Face Book del la familia MAlés. La abuelidad hace que todo lo demás pase a un segundo plano. Te da una patriarcalidad, repasas lo que recuerdas de la teoría de la evolución, te sientes solidario con todo el mundo, haces u guiño de complicidad a los desconocidos, saludas a las abuelas de la calle como si fueran parte de tu clan, pasas a admirar al propio Abraham y te das cuenta que estas mas unido a la especie humana de lo que creías. Tener una nieta significará también esperar en el mundo de los vivos algunas décadas más a ver como crece y, al menos, asistir a la tenencia de su primer hijo, pero sin presuponerlo ni condicionar biografía alguna ¡que conste!
En el Sacré coeur las voces de los profesores dando clases con puertas de sus aulas abiertas o los ruidacos de los alumnos en los intervalos entre clase nos acompañaron como sonidos de fondo. También flotaban nuestros sonidos en el espacio (clarinete, armónica y la voz catando de Vic).Salíamos lo justo o no salíamos. El ordenador era nuestra vida. El apetito nos llevaba hasta el boliche más cercano de dos hermanastras Fatu que no nos discriminaban con los precios. Nos sentábamos de cara a la pared usando un tablero a modo de mesa. Yo hacia mi itinerario previo: compra de bananas y cacahuetes (persistiendo a 25 francos la micro bolsita, uno de los detalles representativos del Senegal actual) en el puesto del vendedor que me preguntaba la cantinela habitual, ça va les affairs de la journé? Y en otra tienda la Coca-Cola de litro fría para acompañarla en la comida en el pequeño. Luego nos reintegrábamos al despacho. Con nuestros compañeros de cara a la pared en el chiringuito unas veces hablábamos y otras también. Alguien nos contó que un dia espontáneamente la ciudad se rebeló de un modo descentralizado, por barrios, ante tanto caos de país, y que el ejército intervino pero que dio orden de no disparar para que los soldaros no se opusieran a la orden ya que podían matar a familiares. El entusiasmo del chico contándolo (es raro que alguien confíe en desconocidos con esa clase de informaciones) ni siquiera lo tomamos como un indicador de conciencia política o de capacidad para organizar el futuro. El hecho de que en innumerables sitios del planeta haya razones objetivas poderosas para levantamientos de protesta no significa que esos levantamientos termine engendrando organizaciones sociales mejores. Por lo general se ventilan con represiones brutales y con un periodo de silencio posterior de unos cuantos años. Todo lo que hace el poder ante ellos es recordar que sus súbditos un día pueden asaltarlos y comérselos sin patatas fritas pero otro asunto muy distinto es la capacidad alternativa de organizar algo mejor y ante esa hipótesis tal vez aflojan un poco el expolio y la presión social.
Atraídos por la música de Ismeël Lô, Tabajone, que coocida de la banda musical de Todo sobre mi madre de Almodóvar,descubrimos un local donde tomar cerveza, Le bureau des combattants. Nany’ s. Combatiente es un substantivo que suena a mayor (combatir por la paz, la libertad, la justicia y sus tantos etcéteras) claro que hay nombres parecidos en Europa que se refiere a clubes de lo antiguos legionarios y otros individuos que forraron sus biografías haciendo daño al prójimo, en las colonias de las metrópolis o donde fuera, pero a diferencia de Kaolack mi vida cervecera pasó a un grado ínfimo. La cerveza es un placer para la época de calor y una bebida ordinaria con el cambio estacional. En nuestras dos camas (colchones mejores que el colchón asesino de la primera noche) pusimos ya mantas por primera vez y yo dejaba que el agua caliente de la ducha me mimara durante un buen rato. Baffour se fue demorando en dar noticias. En una carta pasada al inglés con la ayuda del Google traslater le informamos de nuestros planes inmediatos y de nuestro límite de estancia en Senegal.
La vida casera tenía eso, no demasiado que contar aunque sí mucho mas vida personal que hacer. Los chats con Nani, con Ter, con FinaO, con Cristina Echánove, con Almu,… creaban la curiosa sensación de estar rodeados con gente en nuestro salón despacho. No teníamos mucha anécdota que contar pero nos vivíamos más intensamente en nuestra privacidad.

martes 2 de diciembre de 2008

Dakar bis.

Pero, ¿saben arreglar la avería?

Con Fr, Francois
Con Marie Helene
Con Soeur Claud Marie, nuestra cocinera particular y su menú
Dakar 1diciembre2008
Marie Helene vino con las cervezas frías a la hostellerie. Tenía las llaves, no le preguntamos porque. No pudo venir el domingo anterior porque su hermano dio varias vueltas de campana con el coche en la carretera desde Tambacounda, la peor del país llena de agujeros. Al parecer la culpa no fue suya, pero su acompañante se fracturó el cráneo y murió al no llevar el cinturón de seguridad puesto. Fue llamada urgentemente por su familia para ir a ocuparse de lo que derivara de eso a pesar de que no él salvo la vida sin hacerse daño.
La invitamos a pasar, quería conocer a Victoria. Dentro de sus primeras preguntas, creo que fue la primera, es que si estábamos casados. Marie Helene no lo está porque no ha encontrado al hombre de su vida. Ella atendió a nuestra explicación sobre el hecho de que en Europa no es poca la gente que vive emparejada sin estar casada y que ésta no es una condición tan relevante, que el matrimonio era una gestión de tipo legal y no un indicativo amoroso, y que en todo caso no es una condición por la que allá se pregunte tanto. Luego repensándolo para mí, la verdad es que esa explicación no representa la Europa mayoritaria. Los europeos, como en todas partes, siguen preguntándose también por eso, el estado civil, para poder fichar al otro lo antes posible como candidato o no a una posible relación. Por otro lado, para mucha gente el estar o no casados todavía sigue siendo un motivo para enviarte al ostracismo o estigmatizarte con la marca del pecado o incluso para desheredarte. Vic y yo disponemos de un curioso y jugoso anecdotario aunque afortunadamente escueto por el lado de su familia por no estar casados como el de pedírsenos extravagancias tales como dormir en habitaciones separadas para no dar mal ejemplo a la parentela surgente de la siguiente generación, osease los niños, que a su debido momento en la edad pre adulta, a la hora de seguir la llamada de la carne, hicieron algunos lo mismo que nosotros. Para nuestra óptica no sabemos de la gente conocida quienes están casados y quienes no, yo solo lo sé de aquellas parejas contadas a las que fui a sus bodas. No es el dato más relevante de nadie y mucho menos el dato a significar en una primera conversación.
En la hôtellerie, categoría de chalet residencial que permitía la máxima tranquilidad con la compañía de los pájaros reunidos en congresos de sonidos y pocas interrupciones humanas tuvimos que enfrentarnos a una colonia residual de mosquitos, concentrados todos, eso sí, en el cuartito del wc. Advertido el frere Eduard de la cuestión el mismo día nos hizo llegar por Cristophe, el guardés de los recintos monacales, un spry que no acabó con ellos pero cambiaron de posición concentrándose sobre la cesta para dejar la ropa de cama usada. Al menos durante el sagrado acto de la meditación en el uvecé quedábamos a salvo de sus picaduras. Inevitablemente los mosquitos forman parte de la disertación africana por mucho que a ratos suponga que han sido enviados al pasado. Desconozco sus reflexiones, supongo que el derecho a la vida que en su registro se reclama toda especie, pasan por alto las molestias que nos puedan ocasionar. El derecho a la vida: interesante tema convertido en extraordinaria cantera por innumerables literaturas. Tema, al fin, que filosóficamente revela como internamente antitético: el derecho a la vida de unos pasa por obligar a morir a otros. El derecho a la vida se traduce en ocasiones por la lucha a muerte, por la destrucción ajena. La medicina que protege la vida humana -o ese al menos es el propósito hipocrático- implica la destrucción de otras formas de vida: hongos, parásitos, virus, bacterias,..que se oponen a la anterior. Aunque hay algunos puristas que llevan un pañuelo en la boca por no matar por descuido algún insecto volador (no me refiero a los nipones que se lo ponen durante sus resfriados para no contagiar a sus vecinos sino a una secta religiosa) el solo hecho de vivir implica la destrucción de otras expresiones de vida. Toda la política de nutrición está basada en la muerte industrial a gran escala. Dejemos eso porque si vivir significa matar a otros se nos convierte en cómplices de muertes inocentes y esta no es una forma de empezar un capítulo de nada por el desasosiego que pudiera generar.
Nuestros días tranquilos en l’ hôtellerie fueron compartidos por soeur Claude Catherine, de Benin, en transición a convertirse en benedictina. Se ocupó de ir a buscar hortalizas y huevos. En seguida demostró que le gustaba comer bien haciendo honores a lo de “vives como un cura”. En todo caso estaba más preocupada por esas cuestiones materiales que nosotros mismos. Pagamos a precio de oro las cuatro cosas que compró. El siguiente encargo para dos microquesos de cabra a 1000cefas uno, vino sin ellos pero gasto el total del billete de 5mil en otras cosas. No le reclamamos la vuelta. Compartimos la mesa y las conversaciones. Ella asistía a los oficios religiosos puntualmente. Nos permitió que no creyéramos en ninguna religión siempre que aceptáramos al dios-padre creador de todas las cosas. La conversación no prosperó más allá de eso. Es más suculento con cualquiera hablar de otros asuntos no teologales. Aquella noche Vic tuvo un curioso sueño en el que llegábamos a algún lugar de África con un animal grande, una especie de dragón, en la puerta de un establecimiento donde había un conferenciante en el interior hablando en español correcto de ese bicho. Tan pronto ella manifestó una discrepancia el conferenciante dejó de comprenderla idiomáticamente aunque cortésmente hiciera como si la entendiera. En el mismo sueño, un grupo familiar al completo perseguía a un autobús para que se detuviera y les devolviera a una chica, un miembro de la familia.
No pude interpretar la conexión entre una escena y la otra pero sí los materiales suculentos de ambas para catadores de inconscientes particulares y coleccionistas oníricos como yo.
Cuando nos toca hacer convivencias puntuales con otra gente es cuando más en evidencia se pone lo distintos que somos y en qué clase de ritmos tan distintos nos hemos metido. La gente normal se levanta y sale a la calle. Eso es crucial. Es el momento del día estelar: la verificación de que el mundo sigue ahí, de que los escenarios están puestos y la gente los ocupa con sus ajetreos. Nosotros no hacemos eso. Bueno, yo no lo hago desde hace años, Vic, desde que se jubiló se incorporó a este esquema. La calle es para después, para el atardecer, para después de los deberes hechos, y no todos los días. No renuncio ni siquiera a media hora de ordenador para ir a buscar los buñuelos frescos del día o las bananas. Si no hay una cosa en la despensa para preparar el desayuno o la comida hay otra. Unos centímetros cuadrados de espesura en el Microsoft pueden más que las regularidades del mundo exterior. Cuando nos preguntan si hemos visitado Goré y decimos que no, la gente se sorprende. Es como ir a Barcelona y no visitar la Sagrada Familia. Tenemos la sensación de saber las cosas, al menos las que se refieren a los obligados itinerarios turísticos, antes de conocerlas. La historia del embalaje de esclavos camino de sus vidas explotadas y de servidumbres es una historia sabida.
La gente anormativa como nosotros (déjeseme usar la palabra ordinaria para el caso: la gente anormal) vamos con nuestro chip existencial endógeno. El viaje existencial es un viaje intracelular en lugar de geográfico, un viaje por las ideas y los sentimientos en lugar de por los cromos y los salones. Es así que un buscador de todas las informaciones sobre África oeste encontrará en nuestro reportaje una actitud de vida no una oficina de datos. Nos iba pudiendo más nuestro nuevo programa de actividad que no la visita a jefes locales, reyes tribales, exploraciones de instalaciones solidarias. Nos complacía más un rato de charla con algún vecino o visitante, o ser visitantes nosotros de alguno de ellos, que no los ritos o dar conferencias. (Ya tuvimos suficiente con las dadas a principios de año). Fuimos hasta la casa de Marie Helene, en el barrio católico, a tomar una flag in situ y a comprar otras. M.Helene no estaba pero sí dos de sus hermanas que hablaron con nosotros expresando su deseo de encontrar un blanco para casarse. Tema que raya la obsesión. Nos contaron la historia de una vecina que se casó con un belga y se había ido a vivir a Europa donde él no era un practicante fervoroso como ella. Esas mujeres no necesitan para nada su príncipe enlatado y tienen un buen nivel de vida: una casa con un patio que ya querríamos tenerlo para nosotros a pesar de estar ubicado en una localidad no rica. Como suele pasar, la gente vive en el infradesarrollo sí, pero no en el material sino en el de los valores, en el mental.
En Senegal la vida de barrio puede ser tan divertida y pletórica como en cualquier otra parte. Vida de barrio u hogareña significa disminuir variables, riesgos, imprevisibles, extorsionadores y agentes varios de las molestias todas. Eso no te deja completamente a salvo. Mientras estábamos comiendo un dia sentí un impresionante pinchazo justo al lado del pezón izquierdo. Fue como si una aguja me hubiera atravesado. Por un momento tuve que recapitular acerca de lo que sé de los infartos: no, no es ahí donde duele, sino cerca del esternón. Al cabo de un rato apareció la señal de una picadura, en realidad una mordida, tal vez fuera de una avispa. En el comedor había una pequeña colonia con una docena de celdillas enganchada de una de las puertas. De alguna manera algún bicho que no vi se metió dentro de mi camisa holgada y decidió morderme o tal vez decirme hola a su manera. La cuestión es que me enseñó que uno no puede estar a salvo ni siquiera en su propio comedor. La otra fauna coexistente: dragones y bichos voladores múltiples no crean ningún problema. En la inmediatez de cada recinto y/o alojamiento aprendemos que hay muchos más significados de las cosas de los que tenemos capacidad para entender. Ahí en el patio un árbol con dos o tres troncos juntos, en realidad un árbol siamés cruje de tal manera por su balanceo movido por el viento que emite unos extraños sonidos. En última instancia todo es lenguaje y sólo falta receptores con capacidad de escucha para entenderlo.
Claude no era una mujer de letras y así lo declaró: solo tenía dos ocupaciones al dia, ocuparse de la logística de la subsistencia (buscar y traer comida) y cumplir con los oficios religiosos. Daba lugar a una de esas situaciones que de prolongarse mucho tiempo, la parte currante se queja de la otra por no ocuparse de la despensa o la cocina. Por otra parte, la convivencia, inevitablemente, protocoliza unos ritos sociales que alteran los ritmos privados por lo que hace a dedicaciones etéreas, artísticas o cualesquiera que sean de quienes pertenezcan/pertenezcamos al club de los flipados.
Afortunadamente, desde la época dorada de la prejubilación, hay tiempo para todo y se puede leer, escribir, grabar, guisar y hacer sobremesas. Aunque desde mi infancia desarrollé una animadversión particular a empezar los días teniendo por máxima preocupación –que ocupaba un buen rato de las conversaciones de las mañanas- lo que se iba a comer durante ese día. Los humanos son/somos animales de costumbres. Unos se acostumbran a una noción existencial de supervivencia y otros a una cruzada teórica para gladiar con todos los por qués que vengan a dar la lata. Se dice de los humanos que son los animales mejor dotados para el aprendizaje. Lo dudo. En todo caso habría que verificar al detalle tal afirmación en comparación a otros animales. Hay estudios que demuestran que durante los primeros años un bebé chimpancé aprende tan más rápido que un bebé humano, luego aquel se queda notoriamente atrasado (quizás porque sabe lo que le espera y prefiere no seguir adelante con el conocimiento humano). Los macacos japoneses y sus baños en aguas calientes demuestran conductas adquiridas, por tanto aprendizaje y cultura. La isla de Kosima en Japón ha permitido teorizar la idea de cultura animal. Los chimpancés son nuestros parientes más cercanos. La primatología ha estudiado su comportamiento hilarante con chillidos y movimientos cuando hay tormentas o efectos atmosféricos. Alguien ha sugerido que pueda ser el principio de la religión. No dudo una estrecha conexión entre ansiedad subjetiva ante acontecimientos monstruosos y extraños y adhesión a instancias en creencias de lo superior que puedan salvar lo inferior. Por este lado la inferioridad humana se autoconsolida sin ocuparse de su evolución para superior miedos e incongruencias.
Nuestros días (segunda parte) en la hôtellerie fueron contados. En lugar de las 7 noches que habíamos calculado para llegar el 1ro de diciembre, lunes, a Dakar, nos quedamos cinco. Marie André, el frere al cargo, destacado en el mundo del habla por sus monosílabos: ok y no, nos vino a recordar que ya debíamos haber dejado el establecimiento el día anterior. En efecto su email nos había indicado un intervalo de estancia entre dos fechas claras. Por alguna razón que se nos escapa las normas conventuales no facilitan la convivencia entre los usuarios de sus recursos a pesar de que los ratos con soeur Claude Catherine nos los llevaríamos bien posicionados en nuestra memoria. Dedujimos que hay monjes que el voto de la obediencia no les debe resultar nada costoso porque son mentalmente serviles y no preguntan el por qué de las cosas. Tampoco olvidamos que ese servilismo convirtió a unos monjes en carceleros y asesinos de gente como Jeanne d’ Arc. Nosotros tampoco tratamos de desmontarle el chiringuito mental diciéndole que iba contra toda lógica no podernos quedarnos dos noches mas durmiendo en nuestra furgo dentro del recinto, ya que eso no creaba ningún disturbio a nadie. Tal vez podría habernos dado la razón pero en última instancia era solo un machaca que tenia que cumplir las órdenes recibidas. Un monasterio nunca deja ser una propiedad privada con un amo que controla las puertas y las cerraduras. Con nuestro programa de vida de los dos últimos meses, la preocupación diaria además de encontrar una ubicación donde pasar la noche y asearnos, se extendía a la de encontrar una mesa de trabajo y una toma eléctrica.
Nuestra contradicción, suficientemente antedicha en otros capítulos, es el de ser usuarios de espacios religiosos sin tener nada que ver con religión alguna. Es una contradicción más grave y compleja de lo que suena a primera vista. Hay otra anterior de la que forma parte: la contradicción de la vida es la de hacerlo dentro de un mundo cuya versión dominante es altamente insatisfactoria. Tal vez sería mejor, por meras razones viajeras, hacerse de un equipo u otra, siguiendo el slogan de dejar la neutralidad y tomar partido. En las movedizas arenas de la política se decía que se podía estar en contra de un partido u otro pero no de la política dejando de participar en los asuntos sociales. En los oratorios de las religiones se puede aceptar estar en otra distinta pero no en ninguna.
En nuestras visitas a los recintos religiosos en unas ocasiones hablamos y en otras no. Hasta ahora no ha surgido ningún verdadero debate teologal o filosófico con nadie. Una equidistancia protocolaria nos mantiene a salvo los unos de los otros. No somos nosotros precisamente quienes eludiríamos los temas sino que presumimos siempre que son temas que mueven energías embarazosas y dejan saldos de emociones adversos, especialmente cuando la sala donde estás esta llena de cuadros religiosos, como ese ultimo comedor de la hôtellerie en que a un palmo de la cara de un Cristo crucificado, desnudo y sudoroso está la cara de una mujer, (debe representar una de las Marías), con actitud devota, manos juntas pero a punto de beso de boca, por no citar cruces e iconos de madres de dios con niñojesuses –con cara de viejo por cierto: nota para el pintor- repartidos por todas partes.
Cargaremos con la crítica de utilitaristas por ambas contradicciones: la de usuarios infraestructurales y la de vivientes mundanos. Pero las religiones hay que tomarlas como parte de la cultura y de lo que hay. La cuestión es que en torno a las grandes iglesias han surgido otros movimientos menores, socialmente críticos: cristianos agnósticos, cristianos por el socialismo, cristianos progresistas, movimientos de base, senderistas de Compostela…También la densa y compleja historia de las religiones ha dado cuenta de hasta que atrocidades puede llegar el ser humano, no solo por lo que hace a quemas de disidentes y potros de tortura por orden inquisitorial sino por curiosas trifurcas entre corrientes incompatibles. Si tuviera que ser un converso, saltando del a teísmo a la credulidad, ante no aceptar la tesitura de un mártir pediría que se me concediera el favor de elegir una religión a mi antojo. A ver, a ver, que propones –me preguntarían los del Gran Tribunal del Espíritu-. Había pensado en hacerme Ebionita
[1] o si eso no es aceptado por antiquísimo, Dowieista[2] que queda más cerca temporalmente hablando. Si no fuera porque las referencias están documentados a uno se le hace difícil creer en que el ser humanos haya llegado a organizarse entorno a presupuestos como los de estas dos religiones pero la adhesión al cromo de una o de otro sería tanto como ridiculizar a las actuales que tal vez hayan superado aquellas en la forma pero no el fondo substancial. Dowie, un enfermo mental, un paranoideo, consiguió el liderazgo de unos cuantos crédulos. No era el primer caso ni sería el último. El loco a diferencia del cuerdo suele poner en coyunturas históricas el arrebato y la decisión que le falta a la mayoría de gente viendo en su verbo inflado una capacidad de la que en realidad carece y la verdad de un credo que en realidad no se demuestra.
Hemos dejado de ser críticos activos de las religiones. Es una crítica agotada y que agota, aunque cuando el itinerario biográfico nos lleva a acercarnos a una u otra en activo no podemos por menos que comentar lo que nos parece. El problema de hacer crónica del itinerario que sigues es que si callas lo que piensas, sencillamente haces otra cosa que no es una crónica: escribes para complacer a quien quiere confirmar su visión a priori de los sitios sin haber estado en ellos. Hablar de los lugares donde estas, de donde vas, de con quien te encuentras forma parte del diario de ruta del viajero pero por encima de todo esto hablar del viaje de tu pensamiento es más majestuoso.
Detrás nuestro hay muchos siglos trabados con el dedo culpabilizador contra quienes existimos sin permiso de nadie. La obra de Ezequiel, profeta judío del –VI, está en los libros proféticos del antiguo Testamento. Representa la situación espiritual de su pueblo, Israel, en el principio de su exilio en Babilonia. Habla del castigo de dios destinado a la idolatría, de la caída de Jerusalén, de los pecados y de la restauración. La llamada idolatría entonces no era más que la competencia. La imposición de un solo dios ha sido la obsesión de las religiones principales, gracias a ello la disertación de la pluralidad que esta/ría en la base de un desarrollo fructífero de la humanidad sigue muy bloqueada.
Pero la unicidad total siempre fue un camelo. Periódicamente ideas distintas, algunas dando lugar a otras religiones, hablaron de dualismo, de contrarios, de desenlaces conflictivos, de diversidad. El dualismo ha estado presente en religiones y en movimientos sectarios que creen en una doble divinidad, la del bien y la del mal. La religión de Zoroastro es una de las mas representativas, también el desarrollo maniqueísta, que alcanzaron su máximo esplendor en Occidente con el catarismo. Me replanteo si ante preguntas directas de por que no asisto a los servicios religiosos en lugar de acudir a mi confesa doble condición de apóstata y ateo, no sería mejor declararme zoroastrista, seguidor zen o practicante del Pilates (bueno, todo suena, aunque esta técnica corporal no tenga nada que ver con ningún credo). Para redondear la respuesta podría decir que solo reconozco un maestro, a Eckart, que priorizó la experiencia a la famosa instancia del Verbo en mayúscula. Karlfried Graf Dürckheim
[3] , seguidor del Maestro Eckart, dijo no haber discutido nunca los problemas teológicos sino que se ocupaba de la experiencia religiosa. Lo que llamaba religiosidad viviente. Por tanto, del ritmo, de la marcha, del proceso, de la ascesis que permitían una experiencia tal. No sé muy bien lo que significa eso pero sí valoro sobremanera la experiencia como fuente primaria de conocimiento. Tuvo la ocurrencia de elegir el zen como la rama que toca más directamente el fundamento de la vida religiosa. De Daisetz Suzuki contó que no quería ser considerado un maestro zen, es decir un conductor de almas, sino más bien un filósofo o un sabio. Del zen se habla menos de lo que se practica. Graf tiene una buena frase, que hago mía, dijo que “el ser esencial está mas allá de todas las condiciones”. Es el modo individualizado con que se presenta el ser universal. Es el encuentro con la oposición del yo condicionado. De esta visita en las últimas líneas al divagatorio lo que más claro me queda es que las religiones que más han avanzado son aquellas, como el budismo o el budismo zen que no lo fueron, sino que partieron de presupuestos filosóficos aunque sus seguidores terminarán por idolatrarlos.
Dejamos el recinto tras la llegada de los nuevos usuarios que contra lo que nos había dicho Marie André solo usarían las dos habitaciones libres sin necesidad de la nuestra. Comprendimos perfectamente los monosílabos y la escueta prosa del monje que lo dejaba en la laguna de ser agua poco clara. Él, como tantos otros, sabrá como puede conciliar su tesis de la bondad con la insuficiente falta de acogida a los forasteros. Hicimos los preparativos de salida sin saber muy bien donde íbamos a pasar las noches del findesemana. Saqué de uno de los bidones el edredón y la colcha, las noches ya no estaban para dormirlas a pelo. Repuse 20 litros de gasoil de una de las garrafas al depósito y arranqué el coche. Pocos metros despues, ya fuera del recinto de la hôtellerie, el motor de la furgo falló, (mucho furgo-suite pero motor kk barata). Pérdida de potencia total y desconexión del encendido. Repetición de la jugada y lo mismo. Con la inercia llegamos hasta las puertas del monasterio, medio kilómetro más abajo. El icono encendido intermitentemente en Kaolack nos pasaba factura. El libro de explicaciones del coche no dejaba ninguna duda al aire. De persistir con el problema de la inyección podría quedar dañado el motor. Máxime llamó a frere Lazare para ver si podía arreglarnos algo. Volvimos a sacar el filtro de gasoil para re-lavarlo aunque era evidente que ya estaba limpio (nada a ver con el anterior absolutamente grasiento y negro), el chico también revisó los tubos de ida y retorno del gasoil hasta la bomba. Todo bien. De nuevo arrancamos el motor pero a la menor aceleración se paraba y la lucecita (otro icono para las pesadillas) continuaba encendida. Recordamos que supuestamente teníamos una cobertura internacional de seguro. Llamamos al RACC que nos informó que solo cubría la asistencia técnica en los países del mediterráneo y en el resto la sanitaria. Llamamos al RACE que nos dijeron los mismo que solo cubría los países ribereños del mediterráneo. ¿Entonces porque nos hicimos socios del RACE si ya lo éramos del RACC si no había ninguna ampliación de cobertura? Creímos recordar que nos hicimos tanto para reducir la cuota del carnet de passage como por una póliza con más prestaciones. Reviso un recordatorio telegráfico del año pasado y no menciona nada de una mejor cobertura. Dado que en nuestras cabezas anida(ba)n varios nidos de pajaritos es posible que no nos enterábamos de lo que realmente contratábamos. Tras hacer el ridículo con esas dos llamadas a las que desde la cabina de Jean Paul, el encargado de tienda y el frere implacable en los precios, no accedía por no tener un contador, accedimos a su propuesta de avisar al mecánico lugareño, del famoso km, 50 Lugar de cruce entre la carretera que va a Keur Moussa y las otras localidades hasta el mar y la nacional que va de Kaolack a Dakar. Este vino sin sus herramientas. Echó una ojeada y no entendió nada de mi explicación. Revisó lo mismo que habíamos revisado el día anterior. Tras todo eso tocó por casualidad el cable conectado al electrovan, una pieza de la bomba de inyección, y el acelerador cobró el máximo de potencia, la lucecita de la pesadilla se apagó. Di una vuelta de un par de cientos de metros para verificar que tenia fuerza. Sobrepagamos 15mil cefas por ese minuto de hallazgo y una hora de sondeo estéril. Volvíamos a recuperar la libertad de movimiento (¿alguien lo había puesto en duda? Sí, ¡yo! Los stops de cualquier clase los tomo como una ejecución ante un pelotón de fusilamiento de tipos bostezando.) Estuvimos un rato de prácticas sociales esperando a que la misa terminara para despedirnos de los monjes que nos habían ayudado. Nos enteramos por cierto que Máxime es un trapense en stage con los benedictinos mucho más laxos que aquellos. Nuestros carteles de pizarra en dos o 3 idiomas pararon a algunos feligreses y otros que acompañaban a los anteriores. Uno de ellos, Amadou Mbodj, un senegalés residente en Barcelona no sorprendió con su castellano perfecto y su catalán. Hablamos a tres lenguas durante un rato mientras esperábamos a Frederika Wirzigmann la alemana con la que comparte casa en el paseo colon de Barna y por la que no paga nada. También nos presentó a Begoña Iriondo, una vasca barcelonáutica, encantadoras las dos. Quedamos en llamarnos el año próximo. Pagamos religiosamente por todo, lo que usamos y no usamos en Keur Moussa, sobrepagándolo.
Hablamos con otra gente. Un tipo muy curioso que se identificó como bretón del norte cuando le dijimos que éramos de la Catalunya sud. Nos metió dentro de un alucinante discurso en el que se declaraba celta, maquis y prisionero (luego aclararía que era de la vida). Nos dijo que su descendía ya alcanzaba al tercer nieto pero que no dejaría Senegal para ir a visitarlo. (dentro de su paranoia discursiva yo entendí que iba por su tercer miedo, lo cual como frase, aunque fuera fruto de mi lapsus auditivo, no quedaba tan mal para un intérprete original de situaciones personales como él). Despues de despedirse media docena de veces y darnos la mano otras tantas se fue con su cromo a otra parte.
Nos hicimos fotos con Marie Helene que vino a traernos un regalo de araschids y por separado con su hermana Ivenne. Quedamos en que les enviaríamos saludos desde España. Nuestro aire triunfal se desvaneció unos minutos después cuando el motor volvió a fallar, tal vez por el traquetreo de la carretera agujereada. Meter la furgo en el taller del mecánico que nos atendió fue una odisea, sacarlo también. Cruzamos los dedos, pasamos la caravana habitual de todo Rufisqui y llegamos a Dakar, con la consiguiente parada por el camino de la policía al ver el coche extranjero y bocata de cardinale para sus presiones. Al decirle al guripa que estábamos en Keur Moussa con los benedictinos nos dejaron continuar sin verificar ningún papel.
En Dakar fuimos directamente al mismo establecimiento donde nos alojamos la anterior vez. Mientras esperábamos al gestionaire, el guardés de dia, un licenciado universitario en inglés, nos organizó una mesa junto a su garito para que pudiéramos comer de lo nuestro. Fui a por bananas y galletas al mismo vendedor de calle al que le solíamos comprar eso durante la otra estancia en Dakar. Encontramos a un Paul Jacques mucho más relajado que la anterior vez y nos facilitó una habitación, la última del pasillo en la planta superior ya que al ser domingo no disponía de las llaves del despacho de informática que usamos la anterior vez en la planta baja en el mismo pabellón. Solo pasaríamos una noche en el piso de arriba para trasladarnos al dia siguiente a la otra habitación, en la que ya nos habíamos alojado. Subí todo lo necesario, también fui a por la Corá, a parir de este momento, nuestro extra pesado en los trasiegos que todavía nos esperaban.
Pude consultar el correo electrónico. Sin noticias de Baffour, por quien estábamos preocupaos despues de dos semanas de no disponer de internet. Algunas notas ansiosas de FinaO que quiso interpretar mis ausencias de respuesta con mi ruptura de amistad o casi (la ansiedad no es un trastorno leve) y la falta de noticias de otras personas que esperaba. En la cocina comunitaria del pabellón coincidí con Hannah y Marek Wroblewski, una pareja e polacos leyendo con afán ejemplares de principios de mes del Polska. Metropolia Warzawskay de la Gazeta Wyborcza.Pl. Habían venido hasta Marruecos con Ray Air por uno 125e los dos y de Tánger a Dakar por carretera en transporte público o autostop. Me dijeron que no tenían casa y habían guardado sus cosas en casa de la familia y se dedicaban a viajar.
Antes de empiltrarnos, Vic y yo retomamos nuestro programa de grabación. Dada que la habitación, de dos camas, no había sido arreglada todavía por ser finde semana, compartimos la cama no usada: el peor colchón de muelles de la historia senegalesa Un colchón pensado para ensartar a su huésped. Ya sabíamos de la inaceptable propuesta de los colchones del establecimiento pero no habíamos llegado al extremo de sospechar de sus muelles como armas homicidas. Me desperté de madrugada y se la dejé entera a Vic, yo me trasladé a la cocina con el ordenador. Quedaban por hacer los últimos manotazos de este viaje literario.
Tal como teníamos el coche, mi último resto de confianza en él se evaporó por completo. Por si fuera poco al desatornillar el electrovan, la pieza, al parecer, de nuestros quebraderos de cabeza, uno de los dos tornillos parecía haber sido sacado con anterioridad, es decir dentro de los 4500 kms con qué compramos el vehículo. Mis pensamientos no publicables para el concesionario que nos lo vendió se recrudecieron. Vic, una optimista incorregible, opinaba que podíamos estar contentos con el resultado que nos estaba dando y que había esperado peores adversidades viajeras, incluyendo atracadores a camperos. Cruzar el desierto conduciendo un coche del que no estás seguro no es la mejor opción. Por si fuera poca la operación tabaski se había puesto en marcha: cuantiosos puntos en la vía pública con cabras u ovejas esperando en la antesala del corredor de la muerte aguardaban a ser vaciados con su venta. Nos habían advertido que no se nos ocurriera salir con el coche en las fechas próximas al 8 de diciembre para quitarnos de encima posibles extorsionadores añadidos a los que ya habitualmente nos tocaba sufrir.
Recuperamos la habitación de agosto pasado: cuarto de baño completo para nosotros y salón despacho. En la planta baja unas tres aulas abarrotadas nos recordaron la vida feliz de los estudiantes. El ruter enganchado en la pared del pasillo nos dio cobertura suficiente. Aunque como es habitual, tuvimos que deshacernos del norton en un ordenador y gestionar las redes inalámbricas en el otro eliminando las anteriores coberturas de otros espacios para tener una conexión fluida. Tal como se ha puesto internet y la política de intrusión sistemática que sigue Windows, antes de que lo adviertas te han cargado tu ordenador con un montón de actualizaciones y de softs que no te sirven. Tenemos más problemas con esos bien intencionados que nos quieren proteger de troyanos e intrusos, generando conflictos de soft que no con quienes envían virus intencionalmente. La cuestión es que la libertad privada del consumidor no queda respetada y hay programas que se activan sin ser solicitados redunda todo eso en bloqueos del aparato, disminución de la velocidad, pérdida de función y malestar propia por la condición de víctima que te hacen reestrenar. Con todo el Messenger del msn nos permitiría algunas conversaciones en castellano y catalán con parentela y amigos de las Españas, y la consulta del Hotmail nos pondría al dia de algunas fatalidades (cargos regulares de 300 euros en nuestra libreta bancaria con una tarjeta que no usábamos, entre otras noticias del mundo de afuera)
Estar ocupando esa habitación en pleno curso escolar nos iba a proporcionar más contacto social aunque más interrupciones.

[1] Los Ebionitas fueron los seguidores de Epifanio de Ebion en el II. Caracterizados por su adhesión a la ley mosaica estricta. Fue un movimiento judeo cristiano que, siguiendo la ley de la naturaleza de las bifurcaciones o multiforcaciones de los troncos de los árboles dando lugar a sus copas, tuvo dos fracciones: los que observaban la ley sin imponérsela nadie y los que exigían de todos los cristianos la circuncisión viendo en Jesús el nazareno un hombre puro. Se caracterizaron por la no admisión del antiguo testamento y el rechazo de las epístolas de san Pablo en el nuevo.
[2] Dowieismo, fundada en 1894 por Juan Alejandro Dowie (1847-1907) un escocés que se creyó ser el Elías Restaurador, cuya venida había sido anunciada por Malaquías y confirmada por Marcos, Lucas y Mateo. Fundó la Ciudad de Sión a orillas del lago Michigan. Fue depuesto por sus alumnos por inmoralidad y robo.

[3] El centro del Ser. Recopilacion de Jacques Castermane. Luciérnaga Barcelona 1997

lunes 1 de diciembre de 2008

En La Soledad creativa

Puerta de la discordia con su bolsa para las cervezas
Korás, el de la dercha es el nuestro
Pared de la habitación en K.Moussa

Visitante de nuestra casita en K.Moussa
Keur Moussa 23 noviembre2008
Recomendación táctica: venir a África con fotocopias a color del permiso de conducir, en caso de urgencia siempre se puede huir del policía extorsionador a cuya exigencia de dárselo te hayas doblegado para quitarte pasta o regalos. Segunda recomendación reforzar el parabrisas por si no hay otro remedio que atropellarlo. ¿Apología de la violencia? No, ninguna, libertad de movimiento, Todo este comentario queda en un jeje para dejarlo con la mayor dote de ironía posible. Que cada cual elija el pedal correspondiente ante el asaltante armado de diligencias, el de freno o el del acelerador. Ter una compañera de Mesinia[1], que sigue un poco el blog me dijo en uno de esos ratos de cobertura de wifi y que me saludó con sus saludos variados que habría que ver lo que decían los africanos de lo que decíamos. No entendí a que se refería. Decimos muchas cosas y no existe un ellos unitario haciendo un congreso para ponerse de acuerdo en un dictamen sobre lo que decimos. Unos meses antes ya me dijo que si quería ligar debía deshacerme de mi barba porque con ella no me jamaría un rosco. No me consta que los europeos vengan a África a ligar tanto, ni las titis africanas que buscan toubabs para casarse (deseo del que nos han informado bastantes) se corresponda a una táctica plan de flirt o disposición amorosa. Es una propuesta tan fría como preguntar qué hora es. ¿Buscas un blanco para casarte? Luego entonces no te interesa en absoluto la persona que encierra este blanco. Es lo mismo que desear que te toque el número de la lotería o algo parecido.
En Keur Moussa nos sentimos a salvo. A falta de sociedad recreativa nos queda la soledad creativa. Pasamos una noche en el callejón de chez Mimí. Sentimiento de seguridad absoluto. Por la mañana a una chica del vecindario, Anastasia, 26 años y 6 críos, le pedí usar su ducha, es decir, un reservado de cañas, sin ningún sumidero y con un balde de agua. Ningún problema. Pura ducha africana. Las localidades más pequeñas son más seguras. Nos reconoció gente y saludamos a quienes conocíamos: A Benoit, a Maxime, a Raymond, a una de las empleadas de Chez Mimí, a Marie André, e incluso a Jean Paul, el encargado de puertas, de la tienda y de la venta de korás del monasterio. En los monasterios la división de trabajo es estricta y no parece que sea rotatoria con fluidez. No hizo falta llegar a la revolución industrial y al boom de las manufacturas para comprobar la eficacia de la división del trabajo. La especialidad o el especialismo lleva siglos instalado en los haceres humanos. El caso es que los monjes la tienen muy consolidada. Compramos el Korá que habíamos apalabrado desde verano. Por aquel entonces habíamos acordado 850e. Despues de una sesión de regateo inflexible en uno de los paillotes de les parloir. Jean Paul nos había dicho que nos mantendría el precio a nuestro regreso pero al llegar ahora dijo que el precio había variado por exigencias del mercado. Me enfadé. (Últimamente me dejo enfadar más fácilmente). El incremento no era poca cosa: unos 150euros más. Si los 850 ya nos parecían mucho los casi 1000 nos supo a puñalada con cuchillo embadurnado de sal alquitranada. Le dije que no era honesto de su parte no mantener el precio y que solo Teníamos ese capital para la compra. La denominación de no honesto lo recolocó en su lugar. Aceptó la venta al precio pre acordado.
Fuimos al refectoire a compartir la comida para visitantes. Máxime, alguien especial, enseguida punteó en las cuerdas el sonido de Bienvenida Lola. Conocimos en un rato a Emmanuel Desiré Zeng Nzeng, un monje congolés que esa misma semana abandonaba, para regresar a su país, su vida de hombre sagrado por un antagonismo entre su preciosa voz de soprano, a pesar de ser hombre, y la no aceptación de la comunidad por su amor a la música. Increíble e inexplicable. Ese Emmanuel, en el video auto promocional de la abadía, ya se hacía eco de las dificultades convivenciales por sus distintas procedencias de varios países. El caso es que el hombre renunciaba a la vida monacal para dedicarse a la vida musical Nos dio a escuchar una composición de voz suya grabada en la memoria de su móvil: una voz aguda, altísima, perfectamente confundible con la de una voz femenina. Nos habría encantado conocerlo más y tratar de grabársela, pero eso quedó en un tal vez. Raymond nos ubicó en un emplazamiento de le bois des Manguiers para pasar el resto de la semana y trabajar. Nos abrió una de las habitaciones para usar la ducha y la toma eléctrica, Estuvimos de residentes solitarios y la puerta exterior del recinto cerrada y sin que nos diera la llave. Como que con Máxime convinimos en que nos ayudara a hacer el afinamiento de la Korá y este pidió una segunda kora para trabajar juntos, eso creo una discusión con Raymond el cual decía que teníamos la autorización de tocar la kora en el lugar donde nos alojábamos y que el permiso de eso tenia que pasar por el abad. La jerarquía monacal no tiene nada que envidiar a la de un ejército armado ¡Quién lo diría con la beatitud de sus cantos gregorianos y la dulzura de sus músicas cantadas! Les dejamos en su discusión no precisamente bajada de tono. Después Maxime dijo que a los senegaleses –él es de Benin- había que tratarles con dureza para que se mantuvieran dentro de su rol y no se inmiscuyeran en el de los demás.
Una vez ubicados y con la perspectiva de estar 6 días encerrados en el recinto, Raymond me facilitó el contacto a través de la linde de su terreno con Marie Helene, la mujer de una buvette más cercana. Convine con ella que nos trajera cada dia dos flags frías al anochecer hasta nuestro autoencierro voluntario.
A media tarde Vic y yo retomábamos nuestro quehacer con nuestro pequeño estudio de grabación ambulante. Por mi parte no paraba de asombrarme de su proverbial capacidad para musicar mis letras, casi nunca rimadas y con combinaciones de palabras no fáciles. Muy lentamente íbamos introduciendo formas expresivas: rap o declamaciones airadas, incluso empecé a confiar tímidamente en mi voz. Yo creí que nuestro proyecto en marcha de grabación había quitado a Vic de su afición a los solitarios pero descubrí que seguía jugando a esa cosa. El tiempo dedicado para la elaboración escrita nunca lo remontó a pesar de insistirle durante todo el año. Una nueva temporada de reclusión iría bien para ponernos al dia de nuestros trabajos pendientes. No tener la conexión a internet también tenía sus ventajas adicionales: poderte concentrar todo el día en lo tuyo sin tener que compartir tu tiempo de creatividad con saludos y conversaciones por el Messenger. Quedaba Baffour sin concretar. Mathilde se había puesto enferma y no pudo venir el findesemana que le propusimos. Tal como pintaban las cosas y las dificultades burocráticas para los permisos de entrada en España para los africanos, cruzaríamos el desierto el mes próximo sin él a bordo.
Al amohecer, una curiosa fauna venia a alojarse a nuestra habitación: amantis, orugas voladoras, otros bichos con alados. Esas orugas, mas que torpes y estrenando cuerpo no paraban de chocar conmigo. Para mi sorpresa, de los mosquitos missing. En Kaolack ya había llegado a una entente con ellos. Ni tela mosquitera ni repelentes, el ventilador giratorio de mesa a todo trapo los mantenía a raya. Si ellos no me pinchaban yo no hablaría mal de ellos en nuestro blog. Parece que aceptaron la propuesta. De todos modos Kaolack es una ciudad insalubre, Keur Moussa era más limpia y el clima ya parecía incompatible como moscas y mosquitas. Una amantis vino a morir a nuestra habitación. Las observé un rato, me pareció que esta clase de animales tienen algún tipo de lenguaje. No solo eso, no tienen el menor miedo ante monstruos de tamaño humano. Me pareció que se hizo la toilette al estilo de los gatos mojando con la boca sus patas delanteras y pasándoselas por la cara. También se ocupó de sus antenas. No se si lo invento pero pienso que fue lo ultimo que dejó de mover. Si fuera un financiero al que le sobrara el dinero pagaría una investigación hasta donde fuera necesario para avanzar en la investigación de los insectos. Se algo de las abejas y de las hormigas. ¿Qué discurso deben tener las amantis al respecto de las comilonas de sus partners? No me extrañaría que dijeran que eso sí es un acto de amor y no lo que hacemos los humanos los unos con los otros mintiéndonos constantemente. El problema de uan investigación de este tipo es que podria demostrar (intrigante hipótesis) que la inteligencia de los insectos podria ser mayor de la hasta ahora considerada y si no la han desarrollado en forma de ciencia aplicada es para no complicarse tanto la vida.
Me acosté tarde, un par de horas despues de que Vic estuviera empiltrada. La tranquilidad en les bois des manguiers, en medio de la extrema oscuridad, era absoluta. Por la mañana vino Máxime a despertarnos. Había dado un mensaje a Raymond para que fuéramos a una clase de korá con él al monasterio, mensaje que no recibimos (las pequeñas trifurcas entre los monjes se traducen en pequeños sabotajes mutuos. Ni me creeré que eso no deje secuelas en sus relaciones posteriores.) Quedamos para hacer esa práctica por la tarde. La complicación del traslado, con las dos korás, la lentitud de nuestros movimientos por subir y bajar de la furgo, tener que cambiar un autobús atravesado bloqueando el camino, con las llaves puestas, ningún conductor a la vista sin modo de poner la marcha atrás. Luego el cambio del refectoire a una de las paillotes del jardin des parloirs, el cambio de la furgo de un parking a otro fuera del recinto por orden de Jean Paul, nos dio la medida de la organización monacal, bastante más complicada de lo que a primera vista parecía. (No tengo la menor duda de que tanto exceso de oración disfunciona las sinapsis. Tampoco que esos espacios de oración sirven para congregar a los freres ante su máxima: dios, pero no ante sus contradicciones concretas para discutirlas y arreglarlas). A pesar de perder más de dos horas en los traslados conseguimos una útil en la que Máxime nos enseñó como afinar las cuerdas con la ayuda de un afinador electrónico. Vic está mas puesta en esto por las clases recibidas, yo tuve que hacer un sobre esfuerzo por hacer la traducción de las 7 notas de la escala diatónica a las 7 letras de abecedario dela forma internacional –en realidad anglosajona- de interpretarlas. (La regla mnemotécnica para acordarse de la equivalencia es muy sencilla. Las siete notas van de la A a la G empezando por La. Eso significa que un Do es un C. por tanto Do Re Mi Fa Sol la Si, se representan respectiva y correlativamente por C D E F G A B). Aprendimos que en la época de calor las cuerdas se tensan mas elevándose hasta un semitono y en las de frío ocurre al revés. Pusimos las cuerdas del nuestro a un semitono por debajo del que venía. Luego, en nuestra habitación, mientras yo estaba enganchado al ordenador, Vic acompañaba a la noche punteando acordes.
Íbamos a pasar el resto del mes en Keur Moussá, eso nos permitiría recuperar lo que sabíamos, lo poco que sabíamos del instrumento, y seguir con nuestro exuberante programa de creatividad. Teníamos los pies puestos en Senegal pero el ojo puesto en nuestro retorno. Escribimos una carta para Montse Castellví, la amiga de Vic y nuestra inquilina de casa, para conocer sus planes para el año próximo y poder ajustar así los nuestros a nuestro retorno. No teníamos una prisa especial para volver a nuestra localidad en Barnápolis. Podíamos quedarnos en Barcelona (Ramón nos había ofrecido su apartamento cerca de la calle Mandri), en Blanes (Paco Balcells, capitán náutico y amigo de Vic nos había ofrecido uno suyo en Blanes) o buscar otro sitio. Además, Vic y yo íbamos a pasar una temporada separados para descansar mutuamente de nuestra omnipresencialidad. Quizás temíamos que de volver inmediatamente a casa se nos pasaran otros varios años sin retomar nuestro proyecto de buscar un espacio más grande, que desde luego necesitábamos.
A la hora acordada para el día siguiente con Marie Helena, no vino con las cervezas ni nadie vino con ninguna noticia de porque. O al menos no vino hasta nuestro alojamiento No nos sorprendió, cualquier acuerdo con un africano, la muchas veces, es la hipótesis de la hipótesis de la hipótesis. Lo más normal es que no se cumpla nada según lo previsto. Eso es peligroso porque la informalidad puede ser contagiosa. Mientras los africanos no aprendan el valor de un acuerdo por simple que sea, África no saldrá jamás de su infradesarrollo. Bueno, menos cerveza, menos gasto y menos alcohol en el cuerpo. En última instancia, un incumplimiento de algo o de alguien siempre puede ser reciclado positivamente. De todos modos, al otro día dando una vuelta por el interior del recinto sí vi a la mujer al otro lado de la candela haciendo ruido para llamar mi atención. El día anterior sí había venido para cumplir con su encargo pero no pudo entrar por esa obsesión de los monjes de someterlo todo bajo llave. Me había precipitado en mi juicio de ella. Convine una manera para que no tuviera que esperar dejando las botellas dentro de uan bolsa colgada de la cuerda, la misma en la que yo dejaría los cascos vacíos. Le di 5000 cefas por adelantado.
Los días en el recinto discurrieron tranquilos. Por las mañanas los obreros asalariados de la abadía nos saludaban eufóricos. Nosotros trabajábamos en lo nuestro productivamente. ¿Vida rutinaria? Nada de eso, el aislamiento está lleno de acontecimientos: te permite observar al vida de las hormigas y de los insectos en general, (si alguien quiere hacer un curso de cooperativismo que empiece la primera clase observando la vida de las hormigas), la transformación de las imágenes con las distintas intensidades de luz a lo largo del día, el cambio de los olores desprendidos de la naturaleza. Por la noche los solos de algún chiflado voceando a Alá por megafonía nos proporcionaba algunas notas curiosas que bien podríamos trasladar a nuestra poética. Nos lamentamos de no haber registrado sonidos de folclores étnicos.
Nos quedamos instalados con las dos korás en la habitación pero una mañana vino Raymond a decirnos que Jean Paul no quería que se tocaran en el bois des manguiers. ¿Alguna explicación? Ninguna. Allá ellos con sus complicaciones y poca claridad. Probablemente la razón criptoesotérica de tal actitud es la de pensar que un instrumento tan diaconizado creado para la loanza de dios, dejarlo en manos de apóstatas puede molestar a la seigneuer y hacer que este se venga diluviando la zona con azufre ardiente. (¡No, azufre no!, ¿no lo podríamos dejar con un caldero de agua hirviendo?) Me acuerdo de Agustín Cabral, uno de lo compañeros de curso de la semana corta que hicimos de korá en el mismo lugar por verano, cuando decía que ellos se reunían para tocarlo para loar al señor, y eso lo decía con absoluta convicción, un hombre hecho y derecho. En cuantos a los cds de la casa que hemos escuchado su música bonita y sosegante no quita el contenido irracional de sus textos. Todo pasa por la obediencia incondicional a ese señor de la totalidad y a su único hijo, Jesús el crucificado, algo que ya puso en duda la misericordia de un padre todo poderoso que permitiera la atrocidad de tal sacrificio, punto de vista adelantado, por cierto, de MicheleAngelo, en una época en que los distintos papas al cargo del sillón de Pedro que le encargaran sus trabajos artísticos, censurarían.
Por la noche acompañados por una fauna de insectos que no molestaban tanto, nos dejábamos llevar por los planes como si fuéramos aún adolescentes ensoñados pensando en futuros estupendos. No sé como combiné unas cuantas notas con el clarinete que a ratos me parecía original y a ratos evocaba alguna otra canción conocida. Luego le añadí letras. Estrofas cortas de versos cortos, cinco o seis sílabas. La experiencia de acompañar a la música con letras creadas ad hoc para ella no tiene nada que ver con la poesía pre-escrita y cantada o musicada después. En aquella el texto se mete con calzador para qué encaje y el texto resultante es poco brillante. El caso es que al día siguiente Vic puso su voz a las estrofitas de Soy tú hombre (¿eso es un título? Pues sí). Habla de un hombre alejado de su mujer, entre solitario y posesivo reclamándole volverse a reunir. Fue un dia laborioso, Vic intentó un tango, que quedó en semitango para otro poema. Escuchamos a José Cano, a Martirio, a Rosario Flores y hasta Tomasa la Macanita (¡quién me lo iba a decir! yo que no fui mas allá de Gerena y de Loles y Manuel ¡olé, gitana!,…) –este último cd, regalado por Nani- para afinar el oído ante maestrías ajenas y rememorizar entonaciones. De Tomasa hay que decir, supongo que de todo el flamenco, el valor de sus poderosas voces con apenas acompañamiento musical y con la espontaneidad de introducir frases no cantadas, secas, cortas, directas a ventrículo derecho dando una vuelta por el centro del esternón. El flamenco es un lamento y el lamento de por sí ya es una música.
Nuestros compañeros de recinto, los empleados de los monjes dedicados a la agricultura estaban contentos con nuestra presencia, a pesar de aguantar una y otra vez las tentativas con el clarinete para librar la música de falsos pitidos. Uno de ellos nos trajo espontáneamente pepinos del huerto que nos regaló. Gesto que repetiría. El encargo a Raymond de los microquesos a 1000 cefas, excelentes, tardaría en llegar pero cuando lo hizo a pesar de la patina enmohecida, pura penicilina, todo fue para deslizarse por el paladar cuya finura aumenta considerable cuando sumas días eremíticos. La bolsa con las dos birras frías, casi heladas, de Marie Helene en la puerta de la verja las recogí según lo convenido. El pito de plástico que colgué para que nos avisara al dejarlas o no sonó o no lo oíamos. Ese ritual no duró mucho pero lo suficiente como para integrarlo en nuestra memoria. (definición de felicidad: dos flags frías tomadas al anochecer despues de un día cumplido y completo sin que el ordenador te haya saboteado y haya guardado de forma recuperable todo lo que le hayas confiado),
Llegó el frío. Los mosquitos desaparecieron o disminuyeron considerablemente no por el farol del pacto antedicho sino por razones de clima. Ya no dejábamos las dos ventanas correderas de la suite-furgo abiertas, por la noche nos empezamos a tapar con la sabana o con la colcha y a dormir con camiseta, era cuestión de ya sacar el edredón de uno de los bidones. No puedo decir que notara frio, antes lo advertí en las piernas de Vic y en el candado de cable acerado que usamos para la puerta que a menor temperatura se hace rígido, también, claro está, en el agua de la ducha.
Los días en el bois des manguiers pasaron apacibles. Al atardecer el monje encargado de los obreros agrícolas venía a supervisar lo que habían hecho durante la jornada. El domingo por la mañana tras la misa, cuatro beatas vinieron 4 minutos mal contados a decirle o pedirle algo a la virgen, es decir a la estatua de madera con oratorio junto a nuestro bungalow. El mejor espectáculo del recinto lo proporcionaban las hormigas con sus largas autopistas de varias docenas de metros con una actividad acompasada (aybo, aybó, al campo a trabajar, aybó, aybó, nana, naná, nana, naná, nana, naná…). Me encantaría estudiar su modo de comunicarse, tal vez aprendiera más que lo que llevo aprendiendo hasta ahora con el lenguaje humano.
Como que tuvimos bastantes horas libres y durante el fin de semana no vino –afortunadamente- un grupo de juvenilescos tal como estaba anunciado (los golpes de pito y los sucedáneos de ar de los scout del week end anterior en Kaolack todavía nos resonaban) me entretuve en inventar una letra tonta para una composición musical a armónica que Vic tildó de cursi y estúpida y que no era propia de mi poesía. Me defendí diciendo que la dramatización poética de la que hago gala bien puede ser compensada con letras tontas. El caso es que inventé La Primera Vez/Picardía Púber. El siguiente paso sería que Vic quisiera cantarla al día siguiente. Aceptó a regañadientes, al final nos repartimos las estrofas y debuté como cantante amuñecado ante la pantalla del ordenador.

Cuando estoy en un monasterio pienso en Umberto Eco y en su fértil imaginación. También pienso en Sean Connery. No puedo evitar imaginar a minutos perdidos las trifurcas internas que tienen. A fuerza de taparlo todo con la oración deben arrastrar las mismas contradicciones desde siglos, pero ¿quién es un viajero, además un viajero fatigado, para cuestionar las contradicciones ajenas? Bastante tiene con las propias. Dejar les bois des Manguiers y volver a la hotellerie sainte scholastique, donde ya estuvimos en la anterior ocasión, es como dejar una barriada pobre aunque tranquila para ascender a la clase media aún más tranquila. En la hotellerie dispusimos de un salón comedor y de una cocina y ocupamos una sola habitación, como la otra vez. Marie André nos dio las llaves sin acompañarnos. Política completamente diferente de este frere hotelliere, con respecto a las puertas del exterior cerradas o abiertas dejándolo a la responsabilidad de los usuarios. Saltamos de una ubicación a otra, de una habitación a otra, de una mesa a otra, de un ordenador al mismo ordenador. Por el camino me detuve en el dispensario contiguo, fundado por uno de los monjes benedictino fallecido hace pocas semanas y gestionado por las monjas de otra orden. Consulté a una por mis tres manchas en la parte baja de las piernas que Vic me había descubierto en Kaolack hacía semana y media y que me auto diagnostiqué como hongos. Desde entonces el auto tratamiento que había seguido primero con Clotrimazol (el famoso Canestén) y después con: Ketoconazole (Micozal) no minimizó su superficie. Soeur Marie Vincenne, no me aclaró si se trataba realmente de hongos. Me dio un par de pomadas de su propia fabricación: una de ellas con un compuesto de cortisona. Puesto que cruzo las piernas para dormir eso explicaría que la zona afectada de una pierna hubiera contaminado a la otra. Fue mi conjetura. Como siempre, el personal sanitario que no sabe de lo que le hablas, sonríe.
Durante todo el viaje no bajamos la guardia por lo que hacía a prevención sanitaria pero desde Lamin bebíamos el agua corriente del grifo sin filtrar, algo que combinábamos con la compra de bidones de agua de 10litros, mas barata que una botella de litro y medio tomada en un restaurant, pero que no siempre era fácil conseguir. Al establecimiento que íbamos a Kaolack a suministrarnos, el guardés le explicó su condición de viudo a Vic y le propuso sin más rodeos casarse con ella.(¡qué mono!). A pesar de nuestras precauciones higiénicas los dormitorios que venimos usando no siempre son excelentes. Toda clase de residentes de la naturaleza toman posesión de ellos con más derecho que nosotros. En el bois des Manguiers, una enorme araña, una sprinter, nos asustó a los dos. No tan grande como una tarántula pero con aspecto de más feroz. El mismo día una abeja chocó conmigo y antes de que advirtiera que lo era la chafé entre mis dos manos. A menudo se me ve, -como si se me estuviera mirando- dando palmas sonoras mientras escribo, generalmente con mala suerte: las moscas y los mosquitos son los seres alados más ágiles que existen. La abeja iba curioseando con las defensas bajadas. Ante su agonía tumbada en el suelo me sentí un estúpido. Pura ley de la selva. De hecho una abeja no ataca si no le haces daño, además todas las abejas son como la Abeja Maya y me caen simpáticas. Otro punto más en el temario de reflexión. ¿Por qué hay unos insectos de los que instintivamente te proteges y emocionalmente odias y otros te caen simpáticos? Jamás mataría intencionalmente a una amantis, a pesar de saber que es una maltratadora de cónyuge y una fratricida y en cambio no tengo el menor remordimiento en aplastar una araña con cara de pocos amigos, no digamos a los mosquis y a las moscas. No todas las arañas producen esa inquietud en su contra, las que están en su rincón de techo, en su telaraña, zampándose otros insectos, esas que tienen un microabdomen y unas largas partas, esas son sagradas y con ellas se puede coexistir pacíficamente. No creo ni siquiera que la aracnofobia sea considerada una patología pero en cambio la fobia a mascotas como perros o gatos sí. Lo dejo aquí. Que cada cual se pregunte y se responda por que hay animales que te caen tan mal de entrada y otros no. Lo mismo, si hace o no hace, que los seres humanos.
En la hotellerie Scholastique sospechamos que durante la semana que estuvimos en les bois, no había sido usado. El agua corriente en la cocina seguía sin funcionar tal como ya pasaba unos meses atrás. De los monjes no sacábamos las cosas muy en claro aunque creímos que no les apetecía tener huéspedes como nosotros, inequívocamente no practicantes religiosos y dedicados a su programa separado de quehaceres. Solo que esa presunción no fue confirmada ni nos fue declarada. No dudamos que pudieran sentirse utilizados por nuestra presencia o la de gente como nosotros que valoraba sus espacios como espacios de tranquilidad y de trabajo, no como puertas o encuentros con ningún misterio ni revelación.
Bien marido recorrer tantos miles de kilómetros para recluirse en sitios de los que salir poco y trabajar en lo nuestro carecía de toda lógica, aunque no me extrañaría que lo volviéramos a repetir. La lectura no era que habíamos venido a África para encontrar una vocación creativa sino que esa no la dejábamos de lado, fuera cual fueran las coordenadas en las que estuviéramos. No dudo que Vic y yo, como náufragos en el mar de las Antillas, en una balsa esperando un rescate hipotético, lo primero que haríamos al despertar sería dedicarnos a la poesía, recitarla o memorizarla, mientras con el dedo gordo de un pie y un hilo de pescar tratáramos de conseguir el desayuno. Pero eso sería una hipótesis más remota porque ella no dejaría de ser vegetariana aunque le fuera la vida al no renunciar a sus principios. Siempre nos quedaría la oportunidad de las huevas de esturión ¿alguien sabe si hay esturiones en aquella zona? Sospecho que no si son los rusos y las iraníes que se ocupan de su comercialización.
[1] El país de Msn, Messenger de mensajería isntantanea que se obtiene desde una cuenta de Hotmail o msn, y permite mantener conversaciones por escrito, verse envideo imagen y escuchar la voz.

El Mundo Nuestro de Cada día (ampliado)

Nuestra aula-despacho en la Maison d'Oevres en Kaolak
Con el francés Mnuma y la griega Vileta, dos Erasmus afincados en BCN, hablan un castellano casi perfecto. Becarios y de 23 y 22 añitos respectivamente. Hubo mucho feeling entre los cuatro.
Thiess 17 noviembre 2008

Cogimos cariño a Numa y Violeta. Besos con los dos a la despedida. Me quedé con su imagen ligera, poco equipaje, casi de pájaros levantando el vuelo, saliendo por el patio de la Maison des Oeuvres. Durante los días de convivencia se encontraron nuestras dos clases de discursos: los suyos, con la ilusión inmaculada aunque con anécdotas de las primeras adversidades biográficas (¿quién no las tiene?) en su modo de subsistencia en una comunidad convivencial dentro de un edificio ocupado en Barcelona, con la idea de que la gente de la generación nuestra a la hora de hacer balances histórico-sociales nos encontramos con las manos vacios; y los nuestros, con la ilusión nunca del todo perdida pero con la poesía, la mía, poniendo a parir cielos e infiernos y a los humanos y a sus tragedias e hipocresías navegando entre ellos, con el saber adelantándolos seguros de que no hay generación actual que esté superando los límites de la utopía de las generaciones precedentes. Compartimos varias horas de conversación y las mesas de un par de restaurants además de la del aula grande. Recogieron nuestras opiniones en una entrevista videográfica para alguna clase de reportaje o trabajo de curso de facultad. Iban para Bissau, interesados en la participación política popular en su perspectiva de futuro. Descerrajamos opiniones radicales: no, no hay participación política. Los marcos electorales suelen ser manipulados, la vida política callejera es nula o imperceptible. Por lo que se refería a las ongs nos posicionamos claramente en su contra como empresas que no ayudaban al desarrollo sino a la dependencia y que cada euro solidario iba en contra de África en lugar de ayudarla.
Seguimos con el ritmo de trabajar durante el dia y salir como gatos pardos por la noche para lo que terminó siendo nuestro rito de gatos nocturnos: una Flag, cuatro huevos duros y micro bolsitas de cacahuetes que consumíamos en la calle. Alguna de las veces Vic estaba ya acostada y yo hablaba desde la calle a través de la pace, la cortina, con ella. Eh ahí otro majadero, solitario redomado, hablándole a una furgoneta.
Para el sábado noche, dada la fiesta baile de la muchachada en el recinto católico, decidimos volverla a pasar ante l’ Alliance Franco Senegaleses donde los guardeses nos echaban a faltar. A la mañana siguiente
Mendo nuestro mecánico de la primera vez que vinimos a Kaolack, también Thierno, nos reconocieron y vinieron a saludarnos. Nos identifican y recuerdan más de lo que hacemos nosotros al revés. No hay duda de que somos nosotros: soy un blanco autoafirmado con barba blanca y pelos, cada día un poco más largos y no siempre peinados, Vic va con cuatro piernas y solemos estar cerca de la furgo. Moussa Colli, siempre tan apacible, sin ningún no en su oralidad. Le di una receta para su pequeña enferma mientras veíamos que la barra del pan malo, el pan de aire, pero mas apreciado que el otro denso, el tapalapa, desaparecía en nuestros dedos nada mas tocarlo. Propongo una redefinición o ampliación de la palabra espejismo: un pan que engaña a la vista por su tamaño, se reduce a una lámina fina al tocarlo y desaparece en la boca sin llegar al esófago con la primera saliva.
Julienne, la monitora de acción católica de la muchachada, tan pronto me tuvo ubicado no reapareció, cuando lo hizo para devolverme el único rotulador para escribir que me funcionaba nos redujo nuestras existencias de despensa con las que pasábamos el dia hasta la hora de la cena. Después de cuatro días tomamos una habitación desalojada en la planta baja del mismo recinto de la Maison des oeuvres de una sola cama habitada por algunas docenas de mosquitos. Estuvimos un rato acariciándonos en ella en la posición habitual de zigzag (los pies de uno junto a la cabeza de otro) que tomamos en camas pequeñas (también lo hacemos en la de la furgo). Me advirtió de unas manchas en la piel un poco más arriba de mis tobillos. Ya me había hablado de ello unos días atrás sin que yo me enterara. Ella dice que no la escucho cuando me habla. Sí, hay cosas que se me pasan por alto. Cuando estoy escribiendo al ordenador el mundo no existe. Podrían estar llegando los Hunos trotando a caballo o sufriendo un terremoto ligero de la escala 5 de Richter que no me enteraría, lo mismo que Pitágoras estaba enfrascado en algo mientras los soldados romanos lo asesinaban (tal vez no sea cierta exactamente esta versión de su muerte y en realidad no quiso huir ante su belicosa llegada para no atravesar un campo de habas, legumbre contra la que los pitagóricos se mostraron especialmente maníacos, pero no deja de ser un relato bonito). Bien, tengo otro problema añadido a la lista. En África no puedes dejar de autoobservarte continuamente. La humedad ambiental es tal que ataca por todos lados. Cuando desplegué unos taburetes de tres pies para nuestros invitados a té después de algunas semanas ya estaban completamente enmohecidos, cuando lo hice con los posaplatos, también. Tengo ganas de poder volver con la furgo-suite a España y dedicar unos días a limpiarla a fondo. La furgo es nuestro otro cuerpo. Cualquier detalle que le pase nos afecta: en el panel de los iconos, (el tablero de instrumentos) el candado de color calabaza es quien nos sigue dando paso al encendido. El otro icono en rojo que representa un motor y que indica una avería en el sistema de inyección ha vuelto a encenderse. Esos iconos son nuestros tótemes. La otra ocasión que dio la señal de alarma, lo resolvimos cambiando el filtro de aceite pero ahora parece que es debido a otra cosa. No descarto problemas mecánicos en la última etapa de nuestro viaje. No he recuperado la confianza a nuestra Fiat-ducato.

En nuestro alojamiento la cobertura wifi fue intermitente. No era una gentileza de la casa para los que estábamos en ella sino que operaba o no según las conveniencias de sus responsables. En los ratos en que funcionaba pude intercambiar unas cuantas notas de email a falta de poder hacer un dialogo por msn con el monje Máxime Montchebi para concretar otra visita al monasterio de Keur Moussa. Los emails anteriores enviados y recados dados a Jean Paul, el vendedor de korás y el encargado de la tienda, y al hotelier no fueron respondidos. Su fuga del mundo es tal que ni siquiera, al menos estos, contestan a las notas. Pude tener conversaciones por msn con gente querida del otro lado del Mediterráneo: Isaac, Misse, Isaac, Fina O y Almu. Mi universo confidencial se reduce a una pequeña lista. También con Ferhat de Akpinar, Turkia, con quien coincido a menudo y que tiene todos mis respetos como emigrante valiente (ha trabajado en Irlanda, ahora está en Argel en la construcción). El skype no lo uso. El msn tiene la ventaja de que puedes saludarte con gente, incluso mantener una conversación de horas, compaginándolo con el trabajo de tu escritorio digital, aunque, claro está, a un ritmo muy inferior.
Fuimos a cenar a chez Maty, donde ya habíamos ido con Violeta y Numa. Toda clase de agasajos de los empleados. Es un restaurant en el que todos van uniformados y con enormes tarjetas de plástico duro transparente colgando de sus camisas con el nombre y la ocupación: serveur, cuisinier,… Su modo de atendernos era apoyándose en nuestra mesa, prácticamente subiéndose encima. Nos hizo gracia la manera que tuvo un camarero al preguntarnos por ellos: et les enfants? Como si fueran nuestros hijos. A chez Maty fuimos otras veces al comprobar que superaba, sin lugar a dudas, los dos restaurants libaneses y era más barato. Sus empleados también eran más simpáticos (todo detalle cuenta). Uno de sus misterios era que la tortilla persillée era mas barata que la tortilla natural. (no todos los grandes misterios se quedan con el de la trinidad) .Es la misma clase de plato con el mismo acompañamiento (frites et salade) pero que en el caso de sin es 800cefas mas cara. Increíble pero cierto. Debería ser al revés. La tortilla con perejil es una ocurrencia excelente que te soborna y te hace olvidar los malos momentos del día. Biográficamente la descubrí en una de las primeras salidas de varios días fuera del hogar paterna en mi adolescencia. Por aquél entonces supe de los diseños más sencillos como este se pueden conseguir placeres extras. Al preguntarle a uno de los camareros si tenía la otra clase de pan en lugar del de aire se tronchó de risa. Nos dijo que oficialmente fabricar tapalapa estaba prohibido ya que todos los hornos de la ciudad son eléctricos y pueden fabricar el otro, ese que llamamos de aire. Las barras mas densas, y para mí verdadero pan, son propias de Bissau y Gambia o la Casamance, indicativos de otros atrasos. La comparación de las dos clases de pan es la que hay entre lo que se llama progreso y lo que se llama infradesarrollo. Si quieres comer pan bueno (no olvidemos que el pan es una de las primeras manufacturas que demostró el control del ser humano sobre los recursos alimentarios desde que descubrió el fuego) ninguna de las boulangeries de las metrópolis francesas te lo suministrará. Tienes que buscarlo en los lugares menos desarrollados. El hobs marroquí supera sobradamente a los europeos. La sana carcajada del camarero que se llevó hasta otra sala del establecimiento me había sumido en esa consideración ligada a los fracasos del desarrollo, mientras por la tele volvían a darnos cuenta del fervor popular de los luchadores de caxabal sobre la arena. Las gradas de los estadios se llenan de clientelas fervorosas, algunas franjas que deben implicar a cientos de espectadores con el mismo color de camiseta se mueven frenéticas y botan extasiadas ante la victoria del ídolo equis del que sean fans. Antes de empezar esos combates de 60 segundos escasos, cuyo vencedor es el que derriba al contrincante nada mas tocar el suelo con la espalda o con el pecho, hombres voluminosos bailan la danza preparatoria casi pretoriana. La forma de los dos combatientes sondeándose acechándose y tocándose mutuamente con las dos puntas de las manos antes de que uno decida atacar al otro es una curiosidad bioantropológica: tan pronto parecen amantis como primates. Sus cuerpos descomunales contrastan con los pequeños bultos que tiene en entrepiernas y se supone encierran sus penes envueltos (la famosa polla senegalesa queda en entredicho ante esos microbultos muy por debajo de los de los toreros ibéricos cuya excentricidad, la de los bultos me refiero no a la de ellos, -que también- prometen noches locas de pasión entre cornada y cornada), A propósito de la estética corporal africana, más la masculina que la femenina –aunque la opinión de al lado podrá opinar lo contrario- pone en entredicho todo el discurso del hambre y del subdesarrollo. Raramente se ve africanos practicando deporte o apuntándose a gimnasios o haciendo footing. Sí los hay desde luego y nos ha parecido encontrar una cierta conexión entre notas de desarrollo de un país e incorporaciones de esas imágenes de calle a la cultura corporal, pero no es lo más sobresaliente. De las dos o tres veces que hemos visto gente practicando footing por la calle, una fue en Toubacouta, y eran tres blancos (slips apretados y torsos desnudos, zapatillas tipo las de nike con destellos y marchas), raramente los africanos se ocupan de desarrollar sus bíceps, de hacer flexiones o de practicar atletismo, aunque en alguna parte deben hacer todo esto ya que todos los países compiten por los colores nacionales en estadios. A pesar de eso el cuerpo del africano es escultural. Incomprensible ya que con su dieta monoobsesiva e infra proteica los tiene en mejor forma que a los blancos supercargados de leches (en el sentido literal de la palabra) y sus derivados, carnes enlatadas y manjares muchos. He aquí un interesante tema de reflexión comparativa entre estéticas corporales: las de por un lado los cuerpos recargados y superproteicos y la de otros: los uni o minialimentados capaces de subirse a los podios de las olimpiadas puños en alto (fue en la de México) demostrando ya no recuerdo si pretendían el poder negro o la superioridad negra. No nos consta todavía que a las bellezas africanas masculinas les corresponda gran aventuras sexuales. Eso de las competiciones eróticas quedó en la Venecia de Casanova. En África el tradicional ocio africano debe incluir el de la sexualidad ociosa, básicamente dedicada a la reproducción de la especie (¡a follar que hay que repoblar el planeta antes de la inminente extinción de los dinosaurios, perdón de los humanoides) más que al placer por el placer.

En el patio de La maison des oeuvres una cuadrilla de mujeres barría las hojas caídas de los árboles y barría la arena. Job, el hombre de la puerta, acompañó hasta nuestra habitación a un chico o pariente de Thierno enviado por éste. Nos pidió si podíamos ayudarle porque quería ir a España. Yo le invité a pasar y a tomar té a pesar de que estábamos ocupados y no teníamos tiempo para él (quien sabe de lo lejos que venía para tentarnos como esperanza). Vic fue más radical que yo: no, no podemos ayudarte. Ella juzga que intercambiar direcciones y el solo hecho de hablar del tema es generar falsas expectativas. Es cierto. Cada vez que alguien expresa su deseo de ir a Europa está delirando. Ninguno de los países que hemos visitado está tan mal, es tan pobre o miserable (otro asunto es la mentira de las estadísticas comparativas que lo digan) como para que no pueda sobrevivir con una cierta holgura dentro. Quien quiere organizarse una vida de calidad en África, siendo nativo, puede hacerlo. A fuerza de ser vistos y encajados en nuestros hábitos cotidianos de monjes –monjes exentos de ritos y oraciones- el personal nos deja tranquilos. Es completamente distinto el extranjero de primer dia en un lugar que en los siguientes días en que se ha convertido en una figura incrustada. Por si alguien se equivoca con nosotros le descerrajamos el guión sobre la lucha por la vida desde los lugares origen y no para ir a trabajar esclavitudes no resueltas en los países ricos (entiéndase: ricos en productos industriales, pobres en salud y en otros valores humanos). En Kaolack nos fuimos quedando más de lo previsto. El hecho de hacer vida de habitación durante el dia en lo nuestro y salir de gatos pardos por la noche, camino del restaurant y de las flags (premios merecidos para el bohemio más lerdo), repetir nuestro itinerario, detenernos ante el carricoche del vendedor de plátanos (400cefas el kilo los senegaleses, 700 los de cote d Ivoire, más espectaculares pero no más sabrosos o nutritivos) y comprarle dos kilos sin descender de la cabina (única comida diurna junto al te), saludar a nuestro paso por delante de l’ Alliance a los guardeses y esquivar motoristas imprudentes, eso sí, pidiéndonos perdón, fuimos descubriendo que nosotros somos los más sedentarios de todos. El tiempo que estuvimos con la habitación de una sola cama para los dos en ese alojamiento vimos desfilar a mucha gente, la mayor parte de la cual pasaba una sola noche y seguía su camino. Parecía que habíamos dejado de ser viajeros para pasarles el testigo de serlo a otros. Estábamos preocupados por Baffour y el modo de localizarnos para ir a hacer las gestiones de embajada de su visado. Esto también nos hizo permanecer más tiempo de lo debido.
Yo, paulatinamente, dedicaba más tiempo al ordenador que a los libros de lectura. Vic me contaba las historia de Miguel Angel Buonarroti, la relación con su tiempo, los desprecios que recibiera de Leonardo y Rafael, resumiéndome dia a dia el libro
[1] de Irving Stone, su biógrafo, que estaba zampándose. Nuestros ratos de restaurant donde en poco más de una semana pasamos a ser los clientes del año (merecedores sin duda de una placa en el recibidor que diga: aquí vinieron a comer y beber fulanito y fulanita, para comer y beber lo mismo durante 7 noches seguidas en un año en que todavía la calle no estaba asfaltada. Nunca antes se vivió tanta fidelidad).Vale. Ningún problema. Las noches en chez Maty nos encontramos con una flota de personal a la espera. Las mismas caras, las mismas ubicaciones (la mujer de la caja detrás de un puestito con tarima en un rincón, la mujer de la silla de ruedas, con polio, con un tocado que nos recordó a Angela Davis, los camareros con sus nombres exhibidos y su simpatía el guardés de la puerta, longuilíneo, interminable, aguantando la puerta del auto aunque sigue aguantándose sola.
Con toda seguridad la cobertura wifi, a pesa de ser muy deficiente, nos tuvo clavados en ese alojamiento tanto tiempo. El contacto por email con parentela y amigos, también por msn, era un poderoso atractivo. Con Almu, fue con quien más hablé, una mujer orálica y exquisita con sus chats, culta y muy atractiva. Con Misse, poniéndome al día de los mimos recibidos de su nuevo amante. Con Isaac, que me dejaba con las conversaciones cortadas a pesar de tener todo el dia de oficina con internet conectado. Con Fina O, recién estrenada al planeta digital que la acompañé con algunas lecciones básicas de navegación soportándola en ese inminentismo en los chateros que se estrenan como tales. Puntualmente con Inma y Esther, nuestras sobrinas de Cádiz, y Manoli SanJuan su mamá.
Debíamos hacer gestiones con Orange, la empresa con la que teníamos contratado un pack de tarifa plana (internet 24 horas mas llamadas a un precio fijo muy aceptable) ya que muchas de las ultimas facturas venían con unos montos impresionantes muy por encima del contrato pagado pero navegar por internet no significa siempre poder entrar en todas las páginas y las de esta compañía se resistían a ser abiertos para presentar nuestra reclamación respectiva,
A éstas alturas del año teníamos muy claro que las fugas y perdidas de dinero las teníamos desde España más que por pérdidas o timos durante el viaje. Pero ese es otro capítulo para no dormir. En el mundo nuestro de cada día te comes los sapos a pelo, sin salsas ni aderezos, (no lo digo por la tortilla persillée, cuya propuesta gastronómica defenderé hasta la muerte) que no vienen siempre dados por la realidad inmediata de los días sino por las noticias de afuera o las alegrías de ver números rojos en tu cuenta bancaria gracias a ese mundo tan comercial en el que toser, exudar y otras necesidades fisiológicas está pasando ya por una factura domiciliada. Mientras nos quede humor para contarlo haremos de todo anécdota y de los obstáculos en nuestras ruedas humo.
Hemos hecho convivencias colaterales con hordas juvenilescas de acción católica y de scouts, estos últimos nos sorprendieron con su manu militari en la formación de sus círculos, el silbato continuo, las posiciones de firmes, y los golpes de voz unitarios de afirmación a las consignas dadas por los mandos.¡Uf! En suma, los futuros paramilitares. Estábamos ahí no los elegimos por compañía. La noticia que tenia del escultismo ya no era muy entusiasta. Cuando me tocó hacer el servicio militar obligatorio (subrayado lo de obligatorio, si no lo hubiera sido jamás se me hubiera ocurrido ir a perder el tiempo en hacerlo) coincidí con reclutas que procedían de esa niñez o pubertad llena de instrucciones, pues bien, formaban parte de los más fanáticos. Las COEs atraían dos clases de sujetos: los hispanos más patriotas y los que aun confiábamos en alguna clase de guerrillerismo para vencer una dictadura corrupta. Era el lugar donde aprovechar el tiempo aprendiendo escafandrismo, escalada y manejo de armas disparando a dianas(¡qué barbaridad! ¡En qué capulladas se llega a pensar a los veinte años!) Afortundamente ni aquellos tuvieron la oportunidad de vencer en sus reversiones de alzamientos nacionales posteriores ni nosotros tuvimos que pasar por ninguna experiencia de violencia armada. El pacifismo fue y sigue siendo la mejor solución para todos, al menos la que permite dejarte de historias y dejar la gran historia para los que hacen de la política carrera y tienen prisa para verse en titulares o cosas parecidas. Cuando veo a muchachadas que antes de lso 20 están ya haciendo saludos unitarios, gritos unitarios, cierres de filas, sloganes compactos, me aterra su perspectiva. Arrastrarán sus cerebros amasados puestos en la colada comunitaria -la de hacer de individuos-altavoces- hasta más allá de los 60.La libertad o la tolerancia incluye la de aceptar lo que otros hacen aunque no lo entiendas. En contrapartida Vic y yo vamos a nuestra bola, ensayando voces y sonidos, creyéndonos- como ilusioanarios que somos- que tenemos un gran legado que dejar y dando el aspecto de una pareja de excéntricos ajenos a los paramilitarismos circundantes. A uno de los muchachos que lo vimos cantando y bailando solo le grabamos la voz de una canción de su propia cosecha al ritmo hip hop. Actualmente me basta una muchachada espumosa, moviéndose dentro de un aula con las sillas de patas de hierro, sin amortiguar con tapones de goma, (¿tanto cuesta poner eso?) para que eso me ponga frenético, no digamos poniendo sus caras al sol y obedeciendo órdenes. Quedo completamente aterrorizado.
Mientras con la voz de Vic íbamos explorando el Rap, una aproximación al cante jondo, una saeta (en realidad una antisaeta a juzgar por su contenido) y yo acompañándola al clarinete en una de sus canciones, el mundo de afuera seguía sin asfaltar, seguía sin hacer. Apareció una chica francesa con top de tirantitos y con prisas, apenas intercambiamos dos frases nos dejó con la tercera en la boca, supusimos que vino a por alojamiento pero luego no volvimos a verla. Después de pasar una semana y media en Maison des Oeuvres (lugar de múltiples actividades y con un poco de comunicación con el abbé Ernest, vecino y cómplice, trabajador ambulante que iba a dar misas a localidades lejanas, según nos contó, afable, nada a ver con el otro, tocaba cambiar de lugar. Pasé por el cajero del CBAO otra vez. Le pedí 150mil cefas más. En el papelito-recibo no hubo ninguna nota junto al monto impreso algo así como: gastas demasiado tío, o podrías sacar más, contigo no hacemos negocio. Pagamos un total de 43mil cefas por usar un espacio en condiciones bastante limitadas. A la hora de hacerlo en el libro de registros de una clientela, de hecho numerosa, nuestra llegada estaba consigna con deux blanches. Job el encargado de esto ni siquiera se le ocurrió poner nuestros nombres a pesar de habérselos dicho. (todo un detalle de catolicismo de la gestión). A Rafael solo le dije que queríamos pagar para irnos pero no nos despedimos de él. Nos fuimos de Kaolack sin pasar de nuevo por el espacio artesanal a pesar de haber sacado dinero de más para comprar una pulsera de plata y más awalés. Tampoco por el estudio de grabación de Bass para ir a probar nuestras últimas grabaciones. Saltar de Kaolack a KeurMoussa pasando por Fatick y Thies y por una pista de 20 kms que podíamos habernos evitado tomando la ruta directa asfaltada no puede dejar de consignarse. Como si fueran resortes de plomo cada poli que nos veía hacia el gesto de pararnos o de hecho nos paraba. Tuvimos que sobornar a dos controles. Nos quedamos sin una armónica (no la que suelo usar sino una china, chafada y que no conseguía altos y que ya había decido desprenderme de ella) y sin varias gomas de borrar y bolis para el segundo extorsionador. Este, una masa de 120 kilos de ignorancia estaba parando coches en el carrefour más importante de Thiess, donde hay un cuadrilátero de plaza. El lugar está mal señalizado (como tantos otros sitios en África, en los que de pronto te encuentras un disco de limitador de velocidad de 30 en medio de una recta y de una carretera nacional sin edificios al lado) con dos stops tanto en el sentido de nuestra marcha como de la calle de nuestra derecha. Ese solo detalle ya sería motivo suficiente para desbancar a los inútiles del consistorio local. Puesto que no había manera de cruzar por la densidad de traficar estuvimos más de 5 minutos parados hasta cruzar, a pesar de eso, la masa de ignorancia nos paró alegando que no habíamos hecho el stop. El mismo tipo de actitud de otras veces: primero retención del permiso y despues amenaza de la multa. Cuando vi que otros conductores que les decía lo mismo a pesar de hacer el stop le daba algo bajo manga, le propuse regalarle algo que teníamos prisa. Cada vez que soborno a un pasma (no hay otro remedio a pesar de toda la critica radical de la que participo para hacerlo) se me cae el mundo encima. Ya no es porque rinda mi vulnerabilidad a la bota del poder del hijodeputa que nos ha tocado en disuerte sino por la vergüenza que siento por la especie humana al comprobar que siguen existiendo tipos de esta clase tan sin escrúpulos que si me das a elegir prefiero antes una tonelada de excrementos que al menos usaré para mi huerto que no un malnacido de estos. Es imposible venir a África en vehículo y no sufrir las cabronadas de todo este ejército de extorsionadores y de destructores de países. Estoy tan enfadado con ellos que me han hecho replantear la cuestión de que hacer con los malos, ¿facilitarles un estage de 10 o 20 años de presidio con las 3 comidas pagadas y con una hipótesis más que por demostrar de su reeducación? No, no con mis impuestos. Una mayor sentencia (vale, ¡que sean 25 años, uno tras otro y sin reducción!) no garantiza una mayor recuperación. Queda una sola solución excluir a los antisociales de la sociedad, ¿sencillo no? Si alguien se comporta en contra de sus congéneres ¿qué otra cosa pueden hacer estos que encapsularlo e impedir que haga daño? Un simple panel de abejas comprende esto inmovilizando a un intruso que se coló en su medio para aprovecharse de ellas. No es que el ser humano no lo entienda. La larga carrera del derecho penal como marco referencial teórico y de las instalaciones como presidios para cumplir penas indica que el concepto de exclusión está más que desarrollado. El problema, el gran problema, es que las cárceles no reeducan a nadie (aunque sí cumplen la función de descargar de culpa a los culpables. Venga a la calle, ya puedes asesinar a otra personar y volver a venir aquí a pasar una temporada de 10 años) y los gastos que genera a una sociedad son considerables. ¿Solución? (¡venga atrévete socio analista de mierda!, ¡menos crítica y más soluciones! Por supuesto liquidar a los malos típicos que solo sirven y están puestos en circulaciones para crearnos infelicidad y problemas a los demás. Liquidar es un verbo perfectamente utilizable para la situación: quitarlos de en medio. Su desaparición no generará ninguna pérdida a la sociedad antes bien le permitirá recuperar la confianza en sí misma. Enviarlos al lado oscuro de la luna que ya estoy harto de citarlo como evocación poética, ¡qué sirva para algo más práctico! Puesto que de momento no tenemos los medios para eso, los franceses ya hicieron algo parecido enviando su chusma a la isla del Diablo en medio del mar cerca de la Guyanne. El problema es que mezcló en el mismo islote a asesinos confesos con disidentes del estado que criminalizaron convenientemente para hacerlos pasar como los otros. Ese es el gran problema de la jurídica que no está resuelto a escala internacional: la misma definición de malo. Hay quien confunde extorsionadores y asaltadores a mano armada, violadores de vírgenes y prdofílicos de bebés con críticos del sistema, filósofos y cantantes de reggae. Ni podemos hacer nada por transmitir nuestro punto de vista a estos pero sí a los que saben la diferencia entre los unos y los otros. Pues bien les propongo que tomen muy en serio lo de la exclusión social de la chusma no importa en qué cantidad sean. Seguramente encontraríamos una zona en Tejas o en Arizona, o en medio del Sahara donde reunirlos a todos y que se buscaran la vida entre ellos. Se podria demarcar la zona como Jauría City. Una franja convenientemente minada los mantendría ahí de por vida sin poder salir. Por supuesto el estado no concedería ni comedores ni alojamientos, a lo mucho materiales para que se los construyeran esos individuos indeseables, Si en lugar de optar por su autoroganizacion optaran por comerse los unos a los otros, tanto mejor para el resto de la sociedad, El origen de Australia ya fue algo parecido. La propuesta de la exclusión es vieja y ha demostrado no ser una solución a escala mundial ni de metrópolis, Por si fuera poco hay que contar con los hijos de los presidiarios que pueden heredar un discurso de la venganza (bueno eso es fácil, una colonia de hombres separada de una de mujeres (¡qué horror! Se puede condenar a una persona a lo que sea, a la privacidad de su libertad pero no de su imaginario, ni de sus fantasías sexuales ni de su sexualidad efectiva). ¿Por qué no matarlos? La pena capital. ¿qué pasa con la pena capital? Si la sociedad llega a la convicción absoluta de la irrecuperabilidad de una persona y queda demostrado su atuoría en actos execrables contra sus compañeros de especie o contra la naturaleza ¿por qué mantenerlo en vida?. Me asusto a mi mismo metiéndome en esta disertividad. No decías Jes que todo el mundo tenia un infinito positivo y que si la gente tiene un comportamiento criminal era porque la sociedad la había hecho así. Bueno, yo,,, ¡Titubeas! ¡cállate! El hecho es que has aprendido que los malos son malos a rabiar, lo son un año y al siguiente, lo empezaron a ser no se sabe cuando pero no tienen la menor vergüenza en continuar siéndolo. Hacen el daño por repetido: la historia de ellos es abundante en casuística: hacen de torturadores en Argentina o en Irak, de pelotones de fusilamiento en todas las guerras, de pilotos de bombarderos, de agentes de tráfico extorsionadores, de asesinos de sus esposas, de mal tratadores de niños, de maltratadores de educandos en sus escuelas, de ladrones a domicilio, de ladrones por las calles,… ¿qué hacer con todos ellos? La guillotina de Guillotin se oxidaría antes de cortarles a todos sus cabezas. No es que no merezcan la pena capital. La merecen (si alguien me hubiera dicho que llegaría a escribir eso un año atrás le hubiera dicho que se equivocaba que no lo haría), el problema es que los errores procedimentales y lso procesos judiciales están tan plagados de equivocaciones, que la sola perspectiva de condenar a la muerte a un solo inocente invalida la pena capital como un recurso civilizado, pero entendámonos no por que los malos no se la merezcan. A fin de cuentas un malo posiblemente propondría al estado que lo matara a que lo condenara de por vida a cultivar su terruño, como los residentes de la isla referida, para sacar sus verduras y alimentarse. El estado en contrapartida le podría decir, matarse es sencillo, basta que dejes de comer y te morirás o que dejes de respirar y te morirás antes. ¿Puedo estar diciendo todo esto? ¿Soy yo quien lo dice? Pues si, aquí estoy en medio de la oscuridad llorándole a mi ordenador todo esto. Hemos fracasado, no por no conseguir los grandes sueños si no ni siquiera por conseguir los pequeños sueños. Europa es el paraíso en comparación a África por lo que hace a la libertad de movimiento (aunque un africano en Europa me discutirá eso). Cambia el registro. Esa África de los paraísos aun no corrompidos noes creíble, no lo es porque los africanos no hacen sus revoluciones, no depuran a sus explotadores y extorsionados, no cambian el mundo a escala de sus países y mucho meno a escala continental. Cambian los gobiernos pero se olvidan de depurar las policías y los sistemas de funcionariado de sus países. ¿He dicho depurar? No ¡por favor! No hay un solo policía reciclable en África. La sola hipótesis de su reciclado hace pensar que eran buenas personas mientras sus colegas extorsionaban a viajeros transfronterizos o sus policías de tráfico se cobraban salarios extras con los conductores. África no tiene futuro, eso ya ha sido afirmado antes. Dentro de cincuenta años volveremos y volveremos a llorar por comprobar la veracidad de tal afirmación. De todos modos los años seguirán pasando, unos extorsionadores se sucederán a otros, se irán a quemar a algún infierno según se vayan meriendo de muerte natural, no porque los vecinos les ajusten las cuentas y les degüellen -como corresponde a los cerdos- a la medida de sus fechorías, por muchos inch Allah con los que se hayan engañado y hayan engañado a los demás en los miles de veces que hayan ido a las mezquitas y África seguirá con su mojiganga del subdesarrollo y todo esto, Cada vez que me encuentro con este tipo de anécdotas (es imposible un viaje por carretera con vehículo propio por África sin amasarlas) colonizando mi espacio de la crónica me declaro fracasado. Yo quería hablar de la poesía, de las noches africanas, de los ritmos, de la música y me encuentro perdiendo el tiempo al máximo contando un culebrón como este. No puedo valorar un país por lo que me dicen por sus canales televisivos, sus campañas publicitarias sobre lavarse las manos, sino por lo que veo en sus calles: sus manadas de comensales en torno a sus pucheros sirviéndose con sus manos no lavadas o mal lavadas, sus policías en centros de ciudades sin alevosía pero con toda la premeditación siendo los primeros que incumplen las leyes mas básicas. Lloro por el ser humano. Al tipo del carrefour de Thies le atravesaría el cráneo del frontal al occipital sin el menor problema de conciencia. Ya lo he dicho. O esto o el envío a su zona de reclusión para no salir nunca jamás. No, no, la tesis de la rehabilitación para pensarla otro día. Vic, que es una humanista demodé sigue creyendo en que la esperanza de la recuperación no se puede descartar. Yo creo en otra clase de reciclaje humano pero no en el de la reeducación. Lo siento, lo siento más que nadie. ¿Luego entonces he venido a África para dejar de creer un poco más en el ser humano a causa de sus policías corruptas? Pues sí. Este libro podria ser un best seller si a mis valoraciones de todo este tema se le añadieran el reportaje de mi asesinato en uno de estos encuentros, es decir desencuentros, con uno de estos extorsionadores. Espero que no: sigo prefiriendo ser un cobarde vivo que un héroe muerto. Es una frase razonable que no hace si no ocultar mi precio, No cabe la menor duda de que odio la policía. De todas las profesiones odiosas, la de los polis es la peor (por supuesto mucho peor que la de los mismos ladrones), supera a la de jueces y fiscales, supera a los psiquiatras y banqueros, supera a los taxistas que te llevan a dar vueltas extras y se creen los amos de la carretera, supera a los abogados, supera a los inspectores de hacienda, supera a los violadores incluso, a los maltratadores. Bueno un policía es un extorsionador en funciones. Al menos en Europa puedes cruzar un montón de países sin que te detengan sin causa justificada para verlo que te sonsacan. Se deben a la ley. En Africa son la ley. ¡Tienes que distinguir entre unas policías y otras, entre unos países y otros! Ya lo hago, Hay sutiles diferencias pero el común denominador de su prepotencia pesa tanto que quien sigue apuntándose a ser policía es alguien funesto. Por lo que hace a las europeas no es que sean una joya pero al menos su corruptibilidad está bajo control. Volvamos a la colonia de penitenciarios dejados a su suerte. Unos morirían, surgirían clanes y guerras entre ellos, unos se matarían a otros. Los más fuertes sobrevivirían, los más débiles sucumbirían, ¿Y los que pidieran perdón? ¿y los que se arrepintieran realmente? Bueno, vale, podria concedérseles una oportunidad para reparar socialmente el daño que hicieran. 10, 20,30 o 40 años de cárcel de un presidiario no repara los daños que ocasionara, incluso en un mal momento de su vida, matando o creando problemas voluntariamente a los demás. En cambio la reparación de esos problemas sí, solo que hay problemas que por muchos años que se dedique a su solución no se resuelven. El asesino deliberado, confeso y arrepentido, no devuelve a la vida a quien mató. ¿Qué hacer con un criminal como el del carrefour? ¿Ponerlo en la calle y pedir perdón a todos los ciudadanos de Thies, uno a uno, por su conducta? Tal vez, no sé. Es un tema para pensarlo, pero Kafka ya habló de la colonia penitenciaria en otra versión. Habría que retomar la idea para hacerla en la versión de la penitenciaria justificada.
Nos fuimos de Kaolack sin pasar por el recinto artesanal donde un joyero había amplia su expositor con alguna otra pulsera de plata que tal vez me gustara, tampoco sin pasar por el estudio de Grabación de Bass, tampoco sin despedirnos de los guardeses de l Alliance que a nuestro paso por delante no había ninguno y, en dia lunes, su biblioteca está cerrada. Llegamos lo antes que pudimos a Keur Moussa, y a tomar una mesa en chez Mimí, para conectar nuestros ordenadores y contarle yo al mío las penalidades del día, Los otros comensales bajo la paillote semioscura bebían sus cervezas en silencio, otra tanda de ellos, compartió conversación y mesa con nosotros. La camarera, hermana de Mimí, que no etaba, no entendía lo del consumo de electricidad. La lucha contra la ignorancia en África es una batalla de minuto a minuto, milímetro a milímetro. Estaba tan enfadado que alcé mi tono de voz con algunos parroquianos declarando que África estaba como estaba porque quería. Como tantas otras veces, cuando te enfadas los africanos te dan la razón, tampoco hace falta elevar el tono de voz, basta no silenciarles verdades. A suivre.
[1] La Agonía del Éxtasis.ed. el país.

domingo 9 de noviembre de 2008

Eritis Mihi Testes

Jean Louis y Christine. Jovenzuelos abuelos trotamundos de más de sesenta años
Centro l'Aliance: jambés y tam-tams
Kaolack 8 noviembre 2008
El dia de todos los muertos, el siguiente es el de todos los santos (`primero se muere, despues se hace una selección –alguien debe hacerla- para los santificables) dejamos el patio de los teófilos para ir a un cyber. Como muchos cybers no tenían el office 2007 con lo cual no pude abrir documentos guardados con la versión posterior. Mientras Vic se quedaba una hora más (1000cefas 5 horas entre los dos) fui a reparar mis desgracias comprando un mouse en un establecimiento del mercado próximo, ya que desde el día anterior no era reconocido el que usaba por mi hp. También compré un pack de 50 cds grabables olvidándome de que los últimos que compré en Tenerife, dejados en un estante que les daba el sol se echaron a perder en su mayor parte. Ese pack tiene la curiosidad de tener una tapa y una base simulando ser una caja cilíndrica que los contiene. Cuando abres el celofán te los encuentras todos desbaratos porque eso, el envoltorio, era la única pared que los sostenía. ¡Chapeau por los comerciales, cada vez consiguen golear más al público! Seguro que a mí sí, que soy un tonto de campeonato y no dejo de sorprenderme con qué facilidad me dejo enredar. Al menos conseguí un mouse de reposición. Despues de caérseme de la mesa cincuenta o cien veces el que traje de España y estropearse, y caérseme otras tantas o más el de Vic (a ella le basta el cuadro magnético desde el que mueve el puntero con los dedos y me prestó el suyo) hasta, lógicamente, estropearse también, voy por el tercero. No iba a poner en el oscilatorio mi felicidad por no tener uno.
Despues de cuatro consultas bancarias, un envío postal, un par de tentativas fracasadas enviando emails a la embajada española que tiene publicadas direcciones de email erróneas –lo mismo en su delegación para Senegal que para otros países africanos- , enviarle un par de notas a Baffour, una carta pendiente a Almu, una inserción de un capítulo en este blog y poco más, nos instalamos en l’ Alliance Franco Senegalaise donde Moussa Colli, un amigo ya, nos facilitó la entrada a pesar de estar cerrada para el público. Moussa estaba saliendo de una de sus dos o tres recaídas palúdicas por año que trata con raíces e hierbas y formas tradicionales. Su semblante de filósofo de baobab le dan una patina de dignidad que supera la de otros muchos guardeses que hemos conocido. Un guardés es una figura africana épica. A través de sus ojos se conoce la realidad africana desde el punto de vista del que ve mirar los acontecimientos sin sorprenderse por ninguno.
Ese dia, en l’ Alliance, había una puesta en escena de los grupos de danza, un casting de cuya selección uno debería reunirse unas semanas despues en el mismo sitio con los de otras regiones del país. No hubo corriente eléctrica durante toda la tarde y no pudimos hacer nuestros trabajos, pero estuvimos entretenidos con los trasiegos de las bandas de percusión y baile. Conocimos a Bass, el jefe de una troupe de Salsa, encargado además del sistema de sonido musical de ese centro cultural y con una actuación esa misma noche en un bar. Tiene su propio pequeño estudio de grabación. También tiene un pequeño restaurant que lo lleva su nurse o su hija mayor. En África todo el mundo o mucha gente tiene empleados. No necesita más de 50/70 euros mensuales para pagar su sueldo.
Nos reconocieron y dieron la bienvenida los otros guardeses de noche. Quedamos en irla a pasar dentro de nuestra furgo delante de su establecimiento y a la mañana siguiente repetir otro desayuno con nuestro té tal como lo hiciéramos en la última ocasión. No negaremos que el hecho de ser reconocidos nos congratula. A nosotros nos cuesta más reconocer a gente de color negro. Por otra parte nuestras pintas (Vic embastonada y yo con barba blanca y cabello ahora largo) y nuestro vehículo, con los dos bidones azules, no dejan lugar a dudas de quiénes somos.
Nos fuimos a otro restaurant libanés despues de un dia no muy rentable. Las flags nos esperaban. El sabor de la flag de 66cl es volver a los viejos tiempos. 5,2% de puro spirit. De aquí a la levitación espacial. Un 1% más que la Gazelle. Es una ironía que con lo poco patriota que soy me haya hecho fiel de marca de uan cerveza que tiene por nombre uno de los conceptos claves de las patrias. Todo lo que hecho en mi vida por una bandera fue enredarme un dia llamado de la jura de la susodicha, un dia de viento, con palcos para familiares y todo para ver como sus niños se hacían hombres en ese acto simbólico en un campamento zaragozano bajo un sol tórrido. Creo recordar remotamente las rojigualdas de España y Catalunya. La que conservamos de Pace en la furgo como visillo no cuenta. Eso es justamente lo contrario, es una antibandera que no está para lo diferencialismos nacionales y está por una paz mundana para beneficio de todos sus residentes: humanos y no humanos. (nota del redactor: los no humanos incluyen los ex inhumanos y otros animales de las faunas existentes)
Anouar, su mánager, otro libanés nacido en el país, nos facilitó una toma eléctrica despues de la cena, antes nos había dicho que no tenía ninguna en todo el local, algo sorprendente e increíble que nos dejó descolocados, especialmente por la pronto respuesta del no (nadie sabe a voz de pronto cuantos enchufes tiene en una habitación suele haberlo olvidado). Anuar tenia de invitados un grupo numeroso de monjes carmelitas, que al principio confundimos con los benedictinos de Keur Moussa. Con uno de ellos, Jean Sebastien, hablé. La mejor opción es la fuga mundi dado el mundo existente pero no deja deser agradable encontrarse con unos cuantos fugados de esa fuga en un local público como éste, le dije más o menos.
Vic y yo nos sumergimos en nuestros respectivos monitores. A cada rato, ella, para su propio diario existencial o crónica me preguntaba el nombre de algunas personas que habíamos conocido o como se escribía handicapé o aval. Le Brassero, el local de Anouar, cierra temprano, hacia las 22h. Volvimos a la calle sin las tareas terminadas, medio cenados y descargados del peso de otros 9mil cefas. En la calle, la voz solista de unos de esos fanáticos pro marabú que tienen cabellos rastas, bajo una carpa, con un micro junto a un enorme bafle impedía que la gente durmiera en sus casas. Admiramos la voz del chico aunque no entendíamos nada de su cántico. La figura de estos promarabunianos es un tópico senegalés. Suelen vestir bien, con sus melenazos recogidos dentro de gorros de colores que parecen de lana y con un bolsito de cuero colgando al cuello con la foto de su ídolo. Un tipo que en la foto tiene pinta más bien de pordiosero. Son unos idólatras jeta que alimentan a su pope y su infraestructura desde todos los puntos del país. Suelen ser puschers, presionadores. A los extranjeros no nos molestan, seguramente porque en eso no encuentran blancos tan tontos como para alimentar fabulaciones religiosas. Si les preguntas qué caramba están haciendo molestando a la gente pidiéndoles dinero ponen cara de enfado y toman lo que dices como un agravio. Me recuerdan las primeras juventudes hitlerianas. En cuánto puedan desembarcarán en distintos puntos del mediterráneo en la orilla norte y nos comerán crudos o nos reciclarán como adobe (lo de hacer jabón con grasa de judíos ya no se lleva) para levantar más mezquitas.
En l’ Alliance compartíamos nuestro té turco, miel hispánica, incomparablemente superior a la burkinabé, y aceite de oliva con pan y sal, explicando esa tradición con los empleados de la casa, que en nuestro honor montaron una mesa con varios trozos de tela achinchetados para simular un mantel entero. Lo propio es la mantequilla y la confitura pero eso tiene dificultades mayores para el transporte. Además, desde que estoy con Vic su ritual de pan con aceite me ha ido calando como algo propio de nuestra gremialidad. Tómese nota: el aceite no se vierte sobre el pan, algo más propio de racanerías o economías bajas, o para escolares de 12 años en su merienda de las cinco de la tarde, sino que se vierte generosamente en un plato plano (desestimar bol, vaso o plato sopero) en el que los comensales enjuguen el mendrugo de pan, del que se han dotado previamente, en gesto cofrade y guiño de complicidad para luego sazonarlo con el salero. El rato permite referir los orígenes de esa tradición propia de mesa puesta para mesías y discípulos, a los tiempos de la postguerra incivil española en que las clases menos afortunadas no tenían grandes despensas de las que echar mano y llenaban el buche con simplicidades culinarias como ésta. En realidad eso era el acompañamiento de resistence al arenque. Actualmente el arenque aspira a competir con los precios del salmón o el bacalao y todo pedido de pan con aceite en una cafetería desmonta los planes de los profesionales de su cocina o de sus camareros, acostumbrados a una lista limitada de vocablos de parte de la demanda. Antiguamente los restaurantes, en su inmensa mayoría, tenían la aceitera y las vinagreras junto al salero y al pimentero repartidas por todas las mesas. Lo primero que servían mientras los comensales ordenaban y quedaban a la espera de sus platos era la cesta del pan. Los más hambrientos embadurnaban las rebanadas con el aceite para reponer sus calorías gastadas durante la mañana, esa operación solía poner a perder los manteles. Gradualmente ese servicio extra fue desapareciendo de la gastronomía popular. Un mismo artilugio de vinajeras pasó a servir para abastecer a varias mesas. Los mismos parroquianos debían pedírselas de una a otra. Por su parte la aceitera ya no contiene aceite de oliva sino de soja o de girasol, y la vinagrera no hace honor al de Modena. En cuanto al salero si te descuidas está vacía. Te queda el consuelo de un par de granos de pimienta para entonar la comensalía. No discutiremos que la pérdida de beneficios por ese goteo de aceite de oliva cuando los establecimientos eran mimosos con sus clientes, llevó a la famosa crisis de la restauración de los años del hambre.
Para los paladares habituados al aceite de semillas o de palma, el aceite de oliva necesita un curso de introducción (si se hacen cursos de cata de vinos por qué no iban a hacerse de aceites. En realidad las cartillas alimentarias deberían incluir la educación del paladar: quien saborea mejor lo que come le alimenta más gastando menos, algo muy catalán). Nuestra despensa todavía tiene la suerte de mantener exquisiteces de los sabores queridos. Como andamos sobrados podemos compartirlas con quienes nos caen bien. Al niñato mental, que nunca falta por los alrededores, que antes de decir su nombre dice l’ argent, por todo sonido articulado, simplemente nos reímos, o no le hacemos ni puñetero caso y no le contestamos. No suponía que de la malicia, la nuestra, se pudiera hacer arte.
Nuestro plan de día dependía en parte de la estabilidad del fluído eléctrico y de las comunicaciones. L’ Alliance siguió cerrada el domingo. Por la mañana apenas hubo gente pero por la tarde vinieron los grupos de voz acompañadas por tam tams. El equipo de grabación no pudo funcionar, tampoco los micros y altoparlantes. Hicimos de público atento y tomamos fotos. Le preguntamos al vecino de asiento unas cuantas palabras de wolof por las que nos pidió un regalo a cambio que no consiguió dada su insistencia. Las pocas palabras que hemos recogido de los idiomas nativos con los que nos hemos ido encontrando no las hemos usado. La verdad es que es lo primero que hay que hacer cuando llegas a un país. Solo lleva un rato de clase, de memorización y de ensayo y es una deferencia para contactar con la nueva gente que se va conociendo.
La suspensión eléctrica al anochecer fue en toda la ciudad. Nos fuimos a refugiar de nuevo a Le Brassero donde ya tiene varios lumigás fijos sobre torretas de madera repartidas por las salas. En el local predominaba la clientela blanca. Invitamos a compartir a nuestra mesa al único cliente negro y solitario que había posicionado en la mesa de al lado. Trabaja con oro y plata para hacer joyas. Cuando ya nos íbamos Anouar nos alarmó diciéndonos que nuestra furgo había dejado una gran mancha de aceite delante de su puerta donde lo habíamos estacionado la noche anterior. Inmediatamente observé los bajos con ayuda de la linterna sin ver ningún resto de aceite reciente. En el suelo tampoco me pareció que hubiera rastro de esa gran mancha reciente que él nos dijo. El aceite en el suelo de la calle por mucho que se limpie siempre deja una señal oscura y el alcance bien marcado de su perímetro. Anouar consiguió descolocarnos otra vez.
Los lunes l’ Alliance es dia de cierre también a pesar de que puede haber tanta actividad como el resto de los días. Amadou, el bibliotecario, también viene aunque la biblioteca está abierta a partir del martes tal como sucede en otros muchos países. Acostumbramos al personal a nuestros desayunos con pan y aceite. Descubrimos que en Senegal también hacen un pan mas consistente que el pan aéreo, es más bueno y más barato (100 francos la barra). El ritual del pan mojado en aceite y sal con el té endulzado con miel formaría parte de los sabores ligados al recuerdo de nuestro paso por el lugar.
Bass, del cyber de la misma calle, vino a saludarnos a la furgo preocupado por si era suficientemente seguro pasar la noche en la calle. Le aseguré que era el sitio más seguro de Kaolack. Mis faroles como éste deben ser creíbles porque nadie los discute pero la pregunta que se nos repite es un indicador de la desconfianza que los ciudadanos tienen con los ciudadanos.
Después de 3 días de usar distintos rincones de l’ Alliance, por fin llegó un martes en que abrieron la biblioteca. Antes, una flota de limpiadoras vino a barrer los suelos de tierra y los de los enlosados. A una de ellas, Fátima, exuberante, le propuse que se uniera a la nómina de invitados a té, en esta ocasión con melaza en lugar de miel, lo cual le da un aspecto mucho más denso y queda totalmente negro aunque de un negro diferente al del café. Repartí los vasos con un plato bandeja a cada cual en su trabajo. Vic y yo nos quedamos tomándolo en la furgo por tratarse de día laboral y no ser apropiado hacer el despliegue de la mesa de desayuno ante la puerta de entrada de la biblio.
Al otro lado de la calle de l’ Alliance descubrimos un pequeño restaurant esquinero llamado Kewelgui donde comimos, despues de varios meses, el famoso arroz con pescado. Excelente. Compartimos mesa con otros comensales nativos. A diferencia del restaurant para blancos la comida fue barata, buena y nos satisfizo.
A Bass (Pape Bachir Bèye) lo acompañamos a su estudio de grabación, que lo tiene instalado en el centro cultural regional. Sus carteles a todo color, los de su grupo Prim Jazz (ya con cds editados en el mercado y un dvd terminado financiado por el instituto francés de cultura, a punto de recoger) y los de su esposa, Adji Diana Diang, dedicada a la música tradicional, bellísima y exuberante en foto, conocida en el país, además de los artículos en prensa que hablaban de él daban la talla de su proyección artística. Se nos fueron los deseos proponiéndole que hiciera gestiones para venir a algún festival de jazz en España.
Su estudio nos puso los dientes largos para pensar montar uno nosotros cuando volvamos a España. Si queremos seguir con la idea de las grabaciones no podemos continuar haciendo el ridículo con nuestro mini micro sin base, que apoyarnos con uno de los bolsos y envolvemos con papel higiénico para neutralizar el impacto ventoso de la voz. Cuando auditamos algunas de las grabaciones que venimos haciendo, (solos de armónica, voz rapsoda y estrofas cantadas), una bofetada de realismo nos puso firmes: demasiados ruidos e interferencias no controlados. Yo a disgusto con mi voz y algunas estridencias con la armónica por, probablemente, acercarla demasiado al micro. Vic salió más contenta al escuchar la suya e incluso cree sorprendente el resultado al compararlo con otras audiciones de música de cds hechos en estudios de grabación en condiciones. Despues de tener nuestras dudas decidimos continuar con nuestra inercia diría para concedernos este tiempo de prácticas que a la postre sirve para corregir los poemas originales, algunos de ellos no revisados desde hace más de 10 años. Bass nos propuso que alquiláramos su estudio (12 horas seguidas por 50milcefas). Se lo desestimamos. No está terminado y sus bafles tienen ruidos de conectores, tampoco controla del todo la grabación y dijo que le faltaban algunos elementos técnicos. Tengo entendido que existe soft de edición de sonido para corregir sobre el espectrograma los ruidos indeseados de fondo, claro que a costa de afectar la voz o el sonido musical de nuestra mano.
La experiencia de viajar y trabajar al mismo tiempo nos ha hecho perder la poca vergüenza que nos quedaba. Cualqueir lugar lo podemos convertir en oficina. Ponemos la voz y la armónica como dos locos ajenos a sus entornos entrando en una especie de danza al alimón aproximando nuestras bocas (una despues de otra alternamente si no queremos chocar) al mini micro. Quien quiera que sea que nos vea solo puede comentar ¿y esos locos de qué locura van? Como no nos suelen trasladar la preguntar tampoco la contestamos. De acuerdo con el principio metafísico-eufórico universal de que no hay un día igual a otro aceptamos las variables de cada uno. Mientras estábamos de únicos usuarios de una de las salas en la biblioteca vino una pareja de franceses recién llegados al país. Despues de un rato de conversación y dada la proximidad de las 13h (hora de cierre al público del establecimiento) les propusimos compartir mesa en el restaurantito cercano recién descubierto. Mientras Vic les hizo de acompañante yo aproveché mi último cuarto de hora para terminar de escribir lo que tenía entre manos. Jean Louis Moy y Cristine hacen la agricultura biológica, están jubilados y se ocupan de una asociación relacionada con el turismo rural. Tienen una hija que vive en Brazil y viajan con lo puesto o equipaje usando los medios de transporte público y sometiéndose a todas las variables del mismo (horarios que no se cumplen, pernoctaciones forzadas y sin preaviso sobre la ruta).
En la conversación con ellos afirmé por primera vez la palabra racista aplicada a un argumento que empleé interpretando una africanidad sumisa. A veces no te das cuenta de lo qué eres, lo qué sabes, o en lo qué te posicionas hasta que expones tus ideas en público durante una conversación o una exposición verbal. No me esconderé de las palabras malditas por el hecho de sus connotaciones lesivas por interpretarlas sesgadamente subestimándolas en todo su valor semántico. Afirmé que no hemos conocido africanos rebeldes en todo el camino, que nunca hemos visto la escena de nadie enfrentándose a los ultrajes autoritaristas de los controles, que no hemos conocido o escuchado una sola opinión revolucionaria, mucho menos alguien implicado organizativamente para presentar una alternativa política en su país, que hay algo de la condición africana puesta en la permanente expectativa, en la ayuda exterior. Afirmé que hay algo propio de la esclavitud en el alma africana y evidente sus limitaciones. Todo eso son ideas que podrían subscribir la tesis de una raza inferior si no fuera porque hay una inteligencia demostrada y las múltiples habilidades. Esos dos extremos me mantienen en observatorio de valorar las diferencias de las razas para no impugnar a ninguna pero sí para discutir sin concesiones la negligencia y la desidia tan extendidas. Un dato proporcionado por Francisco García Omedo[1], a propósito de la revolución Verde, sostuvo que entre 1980-90 la disponibilidad de alimentos creció en todo el mundo menos en la África Subsahariana.
Al final del día cuando la biblioteca cerraba nos íbamos a beber cerveza y a cenar. La última experiencia en el establecimiento de Alex, el libanés, nos puso a militar en el químico wc de la furgo. Habíamos pedido espaghettis a la bolognesa. Nuestra encuesta previa para saber como los entendían no fue suficientemente rigurosa. Cometimos un error que un viajero no se puede permitir jamás: pedir el mismo plato que todos los de su grupo. Hay que actuar como los pilotos aeronáuticos. Tengo entendido que el piloto y el copiloto en vuelo comen comidas distintas para reducir la probabilidad de los efectos terribles en el caso de que la comida venga en mal estado. Un comensal sobre aviso no significa que sea menos vulnerable que otro. Puede hacer sus pesquisas pero una comida servida tiene dos momentos distintos: el de ser ingerida y luego su impacto intestinal. El caso es que los fideos (o espaghettis cortados) que tomamos no estaban tan mal. No sospechamos que un par de horas después las protestas de nuestros vientres los expulsarían estentórea y desagradablemente. Al otro lado de nuestra ventana abierta en la furgo, una pareja que se estaba pegando la pava a dos escasos metros no sospechó que lo estábamos pasando francamente mal. En esta ocasión no iríamos a decirle a Alex lo sucedido. La primera vez que estrenamos su local, Vic le explicó que la relación entre una hamburguesa y el sándwich que la contiene tiene que ser proporcionada y que este no tiene que ser una manera de ocultar la inexistencia de aquella. Es obvio que aunque se de una empanada de papel con salsa eso tiene su categoría comercial porque el personal se lo traga todo. No dudamos que eso que se llama experiencia de la vida incluye pasar por no pocas desagradables experiencias.
Mientras estábamos con nuestra cerveza y huevos duros, un aperitivo, estacionados frente al depósito de bebidas uno de esos vendedores de collares que antes de preguntarte si estás interesado en su mercancía ya te ha hecho todo su despliegue, lo tuvimos entretenido que nuestras contraofertas. ¿Quieres comprarme éstas bolas chinas? Le dije, enseñándole todo lo que se puede hacer con dos bolas de acero en la palma de tu mano manteniéndolas en movimiento. Pasé de ofrecérselas de 40mil cefas a 50mil al comprobar las muchas prestaciones que tenían: relax, concentración, sensualidad por el calor que acumulaban durante el día. Nuestro gesto le puso los pies en polvorosa pronto.
Al día siguiente seguimos haciendo vida normal, como si tuviera algo de normal nuestra vida. Soulimán, que significa Julio, un veterinario vecino de la calle vino a saludarnos después. Una hija en Barcelona, casada con un nativo de allá y su situación legalizada. Un hombre feliz que nos suministró terrones de azúcar para la invitada general. Fátima vino a tomar el té con nosotros y la introduje a las gustosidades del pan con azúcar. Descubrimos que al pan de aire (más caro y curiosamente más apreciado por los consumidores) hay otro pan, más del estilo gambiano o de Bissau, llamado tapalapa, que es más pequeño y denso, con más miga y con posibilidades.
En la biblioteca nos convertimos en unos usuarios privilegiados. No teníamos que deshacernos de nuestros equipajes en la recepción y consigna. Yo llegaba con mi carro de transporte (silla de ruedas) y nuestras varias bolsas y botellas de agua. Vic me alcanzaba un rato después. Aprendimos a ponernos a salvo de las variables nefastas. Tan pronto tendíamos a confiarnos nos pillábamos los dedos en el engranaje. La realidad es algo muy próximo. Es lo que está al otro lado de la calle. Basta cruzarla para que no olvides el continente en el que estás (la frase se puede extender diciendo, el mundo en el que vives). Vic hizo una tentativa de llamada telefónica en el telecentro inmediato –a ese otro lado de la calle- para contactar con la embajada Española. 100cefas el paso sin que el encargado del lugar supiera en cuanto se traducía eso en tiempo real. En el auricular una voz en idioma nativo decía que la línea estaba cortada por impago. Vale. En Senegal no hay tantos teléfonos públicos como en Togo que están en pequeños garitos. La gestión tuvo que ser pospuesta. Pasaban los días y estábamos preocupados por Baffour y nuestro compromiso de avalarlo. Las cosas no están nada fáciles para los africanos nativos. Amadou, uno de los bibliotecarios de l’ Alliance, con quien ya simpatizamos desde la primera vez que lo conocimos, que habla algo de español y que tiene su mujer hospitalizada en algun lugar cercano de Barcelona que recientemente ha dado a luz, con una enfermedad crónica, al solicitar su visado para visitarla a la embajada francesa (trabaja indirectamente para los franceses por la condición franco-senegalesa del centro) le fue negado sin razón alguna. El imperativo Sarkosi se nota. Le Monde Diplomátique lo pinta como el representante del conservadurismo europeo pro americano alistándose a la tesis de lo oriental como lo del mal. Creo que Sarkosi expresa una opinión latente muy extendida, por no decir mayoritaria, de la Europa bien posicionada, con sus clases deseosas de confort y tranquilidad y un buen nivel de vida, tres cosas que pueden verse en peligro ante las avalanchas extranjeras.
No deja de ser una curiosidad de la modernidad y más concretamente de este tercer milenio está acabando con el concepto más histórico de libertad, mucho antes de que alguna nación se planteara hacer una revolución en su nombre; la libertad del movimiento. A decir verdad nunca nadie ha podido ir a todas partes del planeta. Nuestros primeros pasaportes decían triunfalmente que se podía viajar a todas las partes del mundo menos a una pequeña lista de países. Ahora ni siquiera la incluyen. No es cierto. La teoría de las barreras está más desarrollada que nunca. Ni el mundo es una sola patria ni la humanidad un solo pueblo, aunque a nuestro pesar tengamos que quitarle la razón a Bahaullah, la fuente inspiratriz de la fé Bahai. Los marcos legales son contradichos por las directivas políticas. La inmigración se ha convertido en uno de los principales problemas de los países ricos. Sus estados lo que hacen a escala de país es lo que cualquiera de sus residentes con casa o propiedad hace frente a sus vecinos, invitarlos puntualmente pero no permitir que se instalen a vivir en sus casas. Nadie quiere pasar por la experiencia de tener la casa tomada como tan expresivamente relató Cortázar. Es así que el movimiento a favor de los sin papeles y la lucha por los derechos a la libre circulación de todos se contradice con las limitaciones territoriales de los recursos para todos en los países de destino. Esta es una ley económico-recursiva que está detrás tanto de los países ricos como de los países pobres. Es otra ironía de la historia que las generaciones que no son capaces de transformar sus países, de hacer las revoluciones en ellos o de reorganizarlas de formas más lógicas, acudan en masa a los países en los que sus auto organizaciones son mucho más adelantadas, gracias a la tenacidad y al trabajo de sus habitantes. Esta es una discusión que nos acompaña todo este año. Tenemos más argumentos para ser más radicales. Antiguamente sólo nos quedábamos en la libertad de movimiento para todas las personas como uno de sus derechos humanos fundamentales, ahora asistimos a un fenómeno creciente de selectividad de los que pueden pasar. Si la discoteca más cutre de Copenhague o de otra ciudad tiene un gorila en la puerta controlando el derecho de admisión, ¿cómo pensar que un país no va a hacer lo mismo? El criterio está ahí el problema es su aplicación injusta y que gente como Baffour o Amadou tengan que sufrir las consecuencias políticas restrictivas absolutamente ciegas para la diferenciación de los seres humanos. Lo que más falla es el concepto totalitario del todos. Derechos para todos u obligaciones para todos. No hay justicia posible sin el análisis de las excepciones.
Despues de varias noches de estacionar la furgo ante l’ Alliance fuimos a tomar una habitación en la Maison des oeuvres de la Diócesis. Puesto que la habitación privada estaba en el primer piso tomamos unas literas en una colectiva en la planta baja junto a la gran aula. Ahí nos instalamos con nuestra parafernalia. Estaba ubicada, desde el día anterior Akiko Nakamichi que lleva unos 3 meses recorriendo Africa en bici. Fue nuestra heroína por un día. Vino de Tokio a Paris y de aquí empezó a descender pedaleando. Seguía la ruta inversa a nosotros. Le dimos referencias de Kaffrine, Tambacounda y Gao. Akiko desplaza un cargamento voluminoso. Hizo su colada y tendió su ropa interior en un secador portátil de esos circulares con pinzas. El equipaje de un viaje es un psicotest de los más completos de su personalidad. Tiene contactos en la ciudad y la sonrisa permanente en el rostro. Cuando pasaba ante nuestro ordenador en el rato que estuvimos grabando lo hizo de puntillas y las formas de despedida con ese clásico vaivén del tórax de los orientales. A veces un viajero no termina de entender del todo el sentido de su viaje hasta que no se encuentra con otro igual o más loco que él, que le da las claves, digo claves que no respuestas. Al otro le puede pasar lo mismo. Sigue siendo un misterio saber por que la gente sigue viajando tal como se ha puesto el mundo. Con la sonrisa de Akiko creo que se pueden atravesar paredes no digamos barreras fronterizas. No me extrañaría que dejara como estatuas de cera a los mil y un controladores de su ruta al verla con su cuerpo pequeño a bordo de su bicicleta y sus bolsas. Ella dejó su trabajo de informática para dedicarse a la cerámica. Nos encanta. La vuelta a un tipo de pasado o a cosas del pasado sería el único futuro posible para un futuro que no existe. Le pregunté un par de palabras de japonés. Desde que he instrumentado un doc para idiomas me dedicaré a recoger palabras o sonidos de todos los que me encuentre. Es algo que el año pasado hicimos con el turco y el kurdisch y este con el bambará y el djola, ahora con el wolof, pero que no llegamos a practicar. He descubierto que estudiar un idioma no debería ser más complicado que ampliar el vocabulario del propio. Solo se trataría de reservar espacio mental para nuevos sonidos y nuevas grafías de significados de los que ya se dispone en su mayor parte.
En la maison des oeuvres detectamos la cobertura wifi (milagro) pero el inmediato corte de suministro eléctrico después de la conexión apenas me dio tiempo para que atendiera el correo y coincidiera con alguien en el msn. Al menos recibí la carta retrasada de Isaac. Con la suspensión eléctrica se suspende todo, internet y también el suministro de agua. Los países africanos son complicados en lo más básico. En el cajero automático del banco que reconoce visas por ejemplo, a determinadas horas que paralizado porque coincide con el cierre horario de la sede central en Dakar. Vale. La resignación pinta las caras de la gente y las nuestras no se sorprenden ya por nada.
En el nuevo recinto católico coincidimos con otros viajeros: Mohamed, un maliniano conduciendo un camión de 30 toneladas transportando té lipton desde Banjul, donde recogió el cargamento, para llevarlo a Kaye o Bamako. Las peripecias por las que pasaba de los controles y aduaneros estafadores superaban la peor de nuestras experiencias. Nos enfurece tanta injusticia y por eso nuestras afirmaciones crecen en radicalidad de día en día. También coincidimos con Numa Quiret y Violeta Tseli un frances y una griega estudiando en Barcelona, Antropología y Comunicación respectivamente. Pasamos una tarde de tés y de conversación mientras esperábamos la corriente eléctrica que se demoró excesivamente. Ambos son squatters y nos pusimos al día de por donde andan los contenidos ideológicos del campo de los ocupas.
La corriente vino pero no el acceso internet que se olvidaron de dejarlo encendido. Tampoco era cuestión de pedírselo al abbé Rafael, el mando del lugar. En estos recintos católicos se crea una paradoja entre los cousuarios: los católicos profesionales saben, o presumo que deben saber, que disponen de una infraestructura que solicitamos otros usurarios por razones exclusivamente táctico-viajeras sin ninguna identificación ni con sus prácticas oratorias, ni participando en sus convivencias. Es una relación de clientelismo materialista. Sospecho que deben sentirse utilizados y eso genera a veces uan coexistencia de presencias pero no de comunicantes. La cuestión es que nosotros llegamos con nuestro propio programa a un lugar, sea el que sea, de quien sea y donde sea, Y desde el primer momento se nos ve atareados con nuestras rutinas de trabajo, sin que se separa muy bien lo que son ni de qué vamos aunque a la primera oportunidad además de presentarnos con nuestros nombres lo hagamos con nuestros créditos alegando la consabida coartada de que escribimos una crónica de la solidaridad blanca en África. Todo eso no nos quita de ser unos bichos raros, últimamente mas musicados y excéntricos. Violeta y Numa aterrizaron en Dakar. Consiguieron un vuelo por 200e desde Catalunya vía Italia. Nacieron en la década de los 80, para ellos la de la niñez, para nosotros la década exhausta en la que descansamos de los ilusionismos sociológicos de la anterior. Es muy interesante hablar con gente que nació 30 o 40 años después de ti. Son conversaciones que sirven para reafirmarte en la perspectiva de la etapa senil como la mejor a la que te puedes dedicar enteramente a ti. Tal vez la biografía de una persona no sea más que un largo camino para descubrir un dia que nada importa tanto como su persona y las más compañeras. (Eso siempre está muy por debajo del número de los dedos de las manos, perdón de una sola mano. Ni siquiera los hijos o los padres o los hermanos forman parte de este pequeño núcleo.). Antes de llegar a esa magistral conclusión se entrampa con grandes objetivos solidarios, con grandes proyectos revolucionarios, con investigaciones científicas o –los más tontos- en amasar dinero sacando los hígados por la boca en el intento. En todas las historias siempre hay un hombre rico y un hombre pobre. El rico es tan esclavo de su dinero que jamás se atreve a arriesgarlo para alcanzar los goces, el pobre experimenta la libertad de la vida todo lo que puede.
En nuestro discurso (una coartada en resumen para que los blancos no sean tan pavos y una critica para que los negros no sean tan indignos ni limosneros) no hacemos sino protagonizar el acto testimonia. Esto nos cubre las espaldas o eso nos parece. Nadie nos ha encargado una misión ni nos ha dicho eritis nihit testes o somos los testigos de nadie, del mesias al que se le atribuye la frasecita, salvo de lo que experimentamos y vemos. Se podría decir que solo nos defendemos existencialmente con nuestra propia interpretación de los hechos. Ninguna verdad nos ha elegido para ser sus embajadores pero nos toca creer en alguna, en la nuestra, para imaginar que al menos existe una lógica de los acontecimientos y que vale la pena denunciar o dar cuenta de situaciones con las que nos vamos encontrando o de las que vamos formando parte.
Job, uno de los empleados de la Maison des oeuvres, vino a pedirnos que pagáramos el alojamiento a la segunda mañana de estar alojados, viernes, porque la secretaria no trabajaba en sábado y domingo. Nuestro plan era quedarnos más días. Le di un anticipo de 10mil cefas por pagar el uso de unas duchas sucias, de un wifi y una electricidad discontinua y en general unas instalaciones en no condiciones de uso o la parte peor de ellas, con escasas deferencias pero eso sí con el cantico matutino de la capilla para pedir perdón por todos sus pecados que no dejarían de cometer en ese mismo día que los pedían. (elogio esa estrategia del perdón. Lo que me sorprende es que los vendedores de exculpatorias, 3 al precio de dos, no estén repartidos por los puestos de venta en los mercados o no coticen en bolsa). En el recinto sí hay otros espacios mejores para trabajar más agradablemente. Hay una secretaria que ocupa su tiempo de trabajo oficinesco en preparar la comida para su casa. Hay ese jefe, el tal Rafael al que no traté de abbé sino de Monsieur, que revisó como unos empleados trabajaban en el techo de la cocina que usábamos sin advertirnos que iban a hacer obras ahí y que pusiéramos a salvo nuestros botes de comida. Por supuesto, los obreros al más puro estilo africano tampoco lo hicieron arriesgándonos a que se pusiera todo a perder. Vic me avisó de la cuadrilla de trabajadores y fui a retirarlo todo sin saludarlos a diferencia del par de días anteriores que andaban también trabajando por el recinto. Al dia siguiente con Rafael, que solo nos dirigía la palabra para decir que debíamos abandonar el aula o la sala de reuniones, una u otra según cual ocupara en ese momento, me enfadé diciéndole que hacia que me sintiera como una piedra o un estorbo. Yo no tenía la razón, él sí. El espacio se llena de grupos, especialmente durante los week end, nosotros estábamos de más aunque pasamos a formar parte del panorama. Conocimos a una de las monitoras de uno de esos grupos dentro del movimiento de juventudes católicas, Julienne, luego a Beneditta, primero la una y despues la otra enseguida msotraron su interés por casarse con un blanco y que las avalara para ir a España. Antes de expresar su deseo Julienne trató de ubicarme preguntándome por la relación que nos unía a Vic y a mí. Es muy curiosa esa intencionalidad utilitarista de esa peña femenina africana que hipervalora al blanco como alternativa para su futuro doméstico. Puedes apostar que cuando una mujer te pregunta si estás casado es para según la respuesta que des incluirte o descartarte en su lista de propósitos. El problema de esa clase de preguntas de tipo ficha es que ya no son de recibo en ninguna parte salvo al entrevistador del censo poblacional. De otro lado la misma respuesta tiene un valor diferente según la cultura que lo interprete. Cuando a los africanos les cuentas que se puede vivir en pareja sin estar casado y que el objetivo en la vida -si hay alguno- no es el de las obligaciones familiares, tener hijos o de rendir pleitesía a alguien sino que es el del placer, eso les produce risitas nerviosas como si fueran cómplices de un pecado mayor. La cuestión de la aproximación comunicativa en estos temas es que la conversación en lugar de ser sensual o insinuativa es un simple punto del orden del dia como un deseo especulativo o un busness para encontrar un socio-pagano. Otro factor añadido a las africanas que buscan un toubab es que suelen traer además de todo su paquete mental de una mentalidad muy distinta a la de un blanco, su carga familiar con parentela de todas clases. Los blancos o blancas que vienen a vivir a África y que se casan con mujeres les toca dejar muy claro que no se casan con toda la familia. La noción de familia africana es completamente distinta a la noción europea de familia. A falta de seguridad Social o de instituciones estatales que se ocupen de los más necesitados, las familias africanas actúan como segurizante de todo el conjunto, de tal manera que cuando un crio queda huérfano algún pariente le toca ocuparse de su custodia. No se trata de un principio de altruismo o de solidaridad sino de auto organización de clan. Hoy por ti mañana por mí. Es una organización económica funcional, no siempre claro. Los niños de la lata, son el resultado de abandonos de madres que no se interesaron por ellos. También puede suceder que las madres mueran en el parto y los niños sobrevivan pero maldecidos por sus familiares que no se quieren ocupar de ellos por responsabilizarles de aquella muerte. Un bebé también puede ser maldito por nacer con alguna deformación. Es propio de la ignorancia el ancestral animismo que está detrás de esos predicamentos pero también de los ignorantes tratar ese animismo como una cultura autóctona a la que hay que respetar en todos sus aspectos. En África la relación de causa-efecto entre culturas ancestrales y subdesarrollo es absoluta. Eso convierte las conversaciones de aproximación como la anterior en una oficina de contabilidad o de información jurídica acerca de las cuestiones para la emigración en lugar de una cita para la sexualidad potencial. Este viaje por África es/será incompleto sin una historia de intimidad con nativos. El hecho de estar todo el dia juntos Vic y yo descarta otras posibilidades. Inexplicablemente los comentarios fílicos del pesudodeseo que se puedan filtrar en estas páginas inocentes lleva a pensar a amistades de la metrópoli que estamos (o estoy) todo el dia de soberbio copulativo. Nada de eso, no ya por las alarmantes cifras del sida africano (abultadas o en todo caso exageradamente interpretadas como todos los demás datos del alarmismo) sino por las barreras ideológicas considerables. Si me acuesto con una africana para hablar del lado oscuro de la luna y de otros asuntos importantes como el placer pero no para hablar de descendencia o de visados, ya pasaré un apunte a los lectores.
Hasta ahora la persona con la que nos estamos implicando para que pueda venir a España a hacer su doctorado o un postgrado, Baffour, nos ha llevado a navegar por las pagines de los requisitos legales establecidos por el gobierno español para apalabrar a extranjeros. La cosa no es tan fácil como parece. La carta de aval tiene que ser por vía notarial. El ciudadano español que avala a un extranjero se tiene que hacer cargo de todo, es corresponsable de los delitos y fraudes que pueda cometer. Tiene, además, que hacer la invitación con una fe notarial o con unos impresos que facilitan las comisarias policiacas desde el país. La sociedad burocrática apunta cada vez más a una sociedad de temerosos de dios y de los infiernos y sobre todo con sus patrimonios vulnerables. La solidaridad humana es más complicada que nunca. Si alguien conoce un planeta mejor que este y tiene un avión de papel con plazas disponibles para ir a que nos lo diga. Iríamos a pasar nuestro retiro allí.
[1] catedrático de bioquímica y biologia molecular

sábado 1 de noviembre de 2008

El viajero cansado

Natura y alta tecnología
Jes informatizando un documento para el músico y técnico de sonido de l'Aliance
Visitante huidizo de l'Aliance Franco-Senegalés
Cantantes en l'Aliance Franco-Senegalés
Preciosa salina de kaolak
Nuestro despacho en la parroquia de St.Teophil en Kaolak

El sapo, como un niño...
Enseñando español a bonitas jóvenes
Alfabetizando en Keur Thierry
Registrando poesía bajo un baobab
Opíparo desayuno en Ker Thierry
En el campament de Thierry en Toubakouta, Senegal
Kaolack 31 octubre 2008
Si recogiéramos todas las cosas que nos cuentan de las calamidades que sufren los africanos en sus países, nuestro reportaje se multiplicaría increíblemente en tamaño. Para nuestro punto de vista la incapacidad para la rebelión y para cambiar las cosas, está detrás de su atraso ancestral. Nos hiere profundamente que personas valiosísimas tengan sus futuros perdidos a causa de sus opresores y vean como sus países se echen a perder por la desidia como práctica existencial dominante. Estamos cansados de escenas repetidas, vagos al por mayor o la falta de calidad de las cosas pedidas.
Los perros senegaleses no se apartan del camino cuando pasas. Es su lugar de siesta, ¿como te atreves a importunarles?
Nos recomendaron que no saliéramos con el vehículo los días antes de la celebración del Tabasqui (8 de diciembre) porque los polis incrementan su afición a la extorsión.
Lo mismo que el pequeño Bruno no paraba de decirnos toubab cuando nos veía (blanco), nosotros no caemos en decir bouñoul (africano)
Los celtas vinieron por aquí, tal vez la similitud entre keur, can, ca refiriéndose a casa proceda de ellos.
Andrés, Jean Louis, el cocinero Demba Sow y el camarero. En Toubacouta un tipo de parcelas, las menos, de la época colonial son de 5ox50, otras, la mayoría son de 25x25. Nos hablaron de unos precios fabulosos por baratos, pero cuando visité una de las pequeñas con una pequeña casa circular con dos apartamentos independientes su precio, 7 millones, me pareció una temeridad que ni siquiera me molesté en discutir.
Con Thiaka recuperé la memoria del juego del Awalé que nos enseñó un francés en la playa de Cannes, de eso hace dos veranos. Desde que compramos este último en el recinto artisanal de Ouaga no lo habíamos usado. Es un juego formidable para desarrollar la agilidad numérica, ideal para Vic, -de la cual digo cuando me preguntan al cruzar fronteras, para rellenar esa extraña casilla de la profesión- que es profesora o doctora en matemáticas. Esas pequeñas mentiras aduaneras forman parte de los placeres de la vida.
En Chez l’ Epicier, el campamento del centro, con Abdoullay aprendimos una segunda manera de jugar, tal como lo hacen en Nigeria. En chez Thierry tratamos de consultar internet pero a lo más que llegamos fue a abrir mi bandeja de correo sin poder abrir los mensajes. No tener la conexión regular con internet sigue siendo el peor hándicap de todo el viaje y todo este año. Confieso que cuando consigo una conexión y no encuentro los mensajes de quien los estaba esperando esto ha ido consolidado mi calma para no caer en prisas que tampoco son correspondidas. El mundo exterior puede esperar. Por otra parte si las relaciones humanas no dependen de los mensajes escritos sino que éstos son uno de los indicativos de aquellas.
En Chez L’ epicier, preguntamos tres veces para ver si podíamos conectar nuestro ordenador. El mánager, el hermano del dueño, un tal Abdourahmane Shengor, no supo responder. Le encargamos que le preguntara al boss la cuestión en nuestra ausencia. Cuando aceptó volvimos a ocupar una mesa. Nos quedamos a comer y a cenar. Thiaka vino a darnos la vara que le visitáramos por eso del placer de dar a conocer su local a unos europeos y que las parcelas 50px50 ya estaban copadas y que solo quedaban las de 25x25. Tanta insistencia fue apabullante. Sin duda se vengaba por haberle insistido unos días antes en el movimiento de los peones en un tablero de ajedrez. Durante las conversaciones con él, con los típicos fetiches de no tenemos medios o el alegato a la pobreza le aclaré nuestra posición: cada vez que un africano emplea esa frase lo pongo bajo un aspa, le dije haciendo el gesto de tacharlo. Cada vez que apela a los argumentos de sus abuelos pro la cuestión del colonialismo acude a algo demodé. Ha tenido décadas para reponerse. Cuando a los africanos les hablas con contundencia en los dos puntos te dan la razón. Saben que no te sientes culpable por lo que dicen y que no vas aflojar pasta por ello.
Con Abdoullay quedamos en su tienda de artesanía compartida con otros para hacer la grabación del poema que escribí para Lola (bienvenida Lola), de cuyo proceso no tenemos noticia desde hace mucho. Es un texto recitado y cantado. Vic tiene una maravillosa voz andaluza, Abdoullay tiene una maravillosa voz grave y yo, yo tengo la, mía. Abdoullay acompañó una buena parte con el djambé pequeño en lugar de hacer palmas con las que me equivocaba con el ritmo y leyó un par de estrofas traducidas al francés.
Vic se compró un bolsito de cuero, uno más para ingresar en el baúl de bolsos que tiene (que debe andar por los 300 y a este ritmo se parecerá al arsenal de Imelda Marcos por lo que hacia con su zapatería, unos 2000 pares, según se dijo cuando derrocaron al dictador filipino), ante mi total incomprensión de esa necesidad de tantos bolsos. Cuando sus herederos hagan inventario podrán poner una tienda en exclusiva para su venta.
Yo fui a una quincaillerie para comprar un par de machetes, algo que hemos demorado de hacer todo este tiempo. Los machetes sirven para cortar leña para el fuego (nunca hacemos fuego) y para la autodefensa en caso de urgencia (¿por qué no? la sociedad no ha dejado de estar en guerra ninguno de los días que llevamos de residentes en ella). Siempre que Vic gasta algo que considero superfluo me incita inconscientemente a que yo sea menos autoexigente con mis propios gastos permitiéndome precios que apenas discuto.(interesante tema de análisis).
A finales de octubre empezamos a notar un cambio de clima. Por las noches refrescaba y la brisa de la mañana también. Ideal para mis bourbouilles que reaparecieron en Gambia durante algunos días y también en Senegal, aunque no con la intensidad de molestia con que las sufrí en Mali.
En Toubacouta saltábamos de keur Thierry a al campament du A.Senghor, en un sitio especializándonos en la cata de espahettis y en salada y en el otro con la omelete y frite invariablemente. Nunca antes hubo comensales más devotos de platos.
Fuimos invitados por Thiaka a conocer a su casa. Desestimamos ir (arroz con pescada, arroz 365 días al año lo cual significa muchas mas veces) pero sí aceptamos tomar té en su casa. Quedamos citados en la cabaña tienda (una paillote) que tiene en el centro del pueblo. No estaba a la hora indicada pero eso era lo de menos. Nunca contamos que una cita sea ni cumplida al minuto ni cumplida de ninguna manera. Él suele dejar la tienda sola, el vecindario se la vigila. En realidad en África el respeto por las cosas ajenas es total. El número de artículos de artesanía en madera que él tiene tampoco son tantas como para perder su control. Aprovechamos el rato y nos instalamos para jugar una partida de ajedrez con unas fichas de madera hechas con ébano (las negras) y de teca (las blancas). El tablero torcido y las fichas inestables no impidieron que jugáramos hasta un jaque mate. Thiaka llego poco antes de qué termináramos. Algunos vecinos vinieron a interesarse por si necesitábamos algo sin controlarnos el absoluto. Thiaka a bordo de la furgo nos llevo por un camino por el que hacia meses que no pasaba ningún auto hasta su casa, una casa en realidad de unos parientes, los cuales tienen 8 hijos. El y su mujer tienen tres. Nos instalamos. Las mujeres estaban con las inevitables jofainas de arroz partido en las que se pasan horas localizando piedras para limpiarlo. Dos de las chicas se interesaron por aprender castellano. Les di la primera clase entre las dos. Ellas con su libreta y yo con una pequeña pizarra para que copiaran lo que escribía. Estuvimos un rato agradable con toda la familia. Los críos llamándonos toubab, Vic diciéndoles: toubab no, soy victoria. O bien diciéndoles bouñoul (negro). Al separarnos vimos que Thiaka es analfabeto a pesar de conocer unos 5 idiomas y hacer de intérprete en el poste de santé para clientes de distintas etnias. Thiaka tiene por apellido Sow para nada emparentado a los otros Sow que hemos conocido. Al dia siguiente, que vino a vernos a Keur Thierry, le propusimos una clase de alfabetización que aceptó. Vic, una profesional en este campo con treinta años de experiencia en escuelas de adultos, se ocupó de él. Mientras ella le preparaba unos apuntes para que terminara como autodidacta su formación yo le puse deberes in situ haciendo combinaciones de consonantes con vocales.
A Abdoullay le invitamos por su colaboración con el par de estrofas en bienvenida Lola, experiencia a partir de la cual Vic y yo hemos empezado a poner estrofas cantadas a mi poesía. Para mí es muy emocionante escucharlas a través de la dulce y preciosa voz de ella, la joya en vivo y en rabioso directo de nuestro pequeño estudio de grabación ambulante. También empezamos a combinar su voz declamando con la mía, la cual, al escucharla, me recuerda mucho a la de Isaac. La mía no es gran cosa pero es la mía. De aquí a hacer bolos por el mundo llevando nuestra poética ars solo hay un salto de pértiga. Con las piernas tecno biónicas de Vic y lo que me vengo auto diagnosticando como reuma en mi rodilla derecha tenemos un gran futuro para saltar lo que sea, escalar paredes de castillos con garfios y cuerdas incluidas.
Decir que nos vamos de un sitio hay que entenderlo como el deseo aproximativo de una fecha. Últimamente nos vamos de los lugares el día siguiente que tenemos previsto hacerlo. Vic ha dejado por completo el calendario en mis manos. En Keur Thierry nos adoptaron como una escena familiar y el último dia tras encargar la comida dijeron que nos quedáramos un dia más. Vale. Aucun probleme. Nuestra estampa en la mesa circular, la más grande, con el despliegue de ordenadores, armónica, botella de agua, bolsas, costurero y nuestros etcéteras e pareja sui géneris como si estuviéramos en nuestro patio permanecerá en el recuerdo de los propietarios Thierry y Anabel que llevan una vida tranquila con baja clientela y sin preocuparse por eso. Ella comentó algo así como si fuéramos de la familia.
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Frente a los vozarrones de barítonos y bajos de toda África mi voz meliflua no me deja en buen lugar ni siquiera en el hit parade de barrio pero lo que cuenta es la intención, dicen. La curiosidad de nuestros ratos de grabación diarios es que los hacemos sea cual sea el lugar en el que estemos. A falta de aula con la puerta cerrada con llave, un espacio público con ruidos y gente en torno nuestro no nos lo impide. No tengo la menor duda que en nuestro próximo viaje por Europa durante las prácticas de clarinete de Vic pondremos nuestra mesita de aluminio con copias de los cds que vayamos inventándonos.
Si nos quedáramos a vivir en África desarrollaríamos una vida bohemio-ociosa al máximo. No creo que variara mucho de lo que hacemos en nuestros períodos de residencialismos. Vivir para nosotros y para nuestros testimonios creativos dejando lejos el consumismo. Una variación: reduciríamos la dosis de dos restaurant por día, algo demasiado duro para nuestros tubos digestivos y caro para nuestra economía. Lo de participar en proyectos locales de cooperación y desarrollo podríamos intentar algo aunque sin esperar grandes compromisos de nadie. En todo caso invertiríamos la relación no haríamos nada para salvar a nadie (eso ya lo intentamos en otras etapas biográficas nuestras y fracasamos) sino quelo que hiciéramos seria para nuestro propio placer permitiendo que de paso pudiera servir a quienes fueran lo suficientemente vivos para aprovecharse de ello. No hay nada más triste que tratar de crear una empresa para beneficio de una comunidad, organizar e insistir en un proyecto, planificarlo y liderarlo y ver como son los más interesados los primeros en abandonarlo o en despreocuparse. Lafalta de responsabilidad que los empresarios europeos –o de formación europea- detectan en sus empleados africanos es básicamente la misma que la que se puede detectar con otra clase de iniciativas cooperativistas u oenegeras. Thierry, nacido en el Congo hijo de belgas, nos refirió el desengaño de su padre con distintas empresas que dejadas en manos de nativos las echaron a perder por no ser capaces de hacer replantaciones de los cafetales o las cañas de azúcar. Que me perdonen los más necesitados pero hay una miseria voluntaria de la que solo son responsables los miserables. Cuando Thiaka me enseñó su habitación en la casa compartida, solo vi una cama, al preguntarle por donde dormían sus hijos, me dijo que en el suelo con la estera que guardaba debajo de aquella. Hay un tipo de camas en África supe confortables que se construyen con bastones entrelazados con alambre. Quien no tiene una es porque no quiere. Hay una lista de hechos de este tipo que es interminable: se hace vida en el suelo y se come con las manos. De hecho se puede vivir con dos jofainas, un gran cuenco de calabaza debidamente apedazado con hilo de plástico, un saco de arroz, una toma de agua, un fuego de carbón, una tetera y un techo de zinc ¿para qué más? Cubrir las necesidades diarias de la panza convierte una biografía en un proceso vegetativo. Por otra parte ¿quien de nosotros que nos llenamos de cosas, engordamos nuestras cuentas bancarias, además de engordar nuestros abdómenes, o ampliamos nuestro patrimonio, puede asegurar que no hagamos otra cosa que vegetar dentro de temporalidades efímeras? Debería escribirse una novela que fuera al revés. Un grupo de africanos desembarcando con un cayuco en el mediterráneo para traer la buena nueva de enseñar a vivir con mínimos. Por exigencia de guión nuestros protagonistas no aceptarían un euro de propina, algo insólito que superaría la mayor de las heroicidades, montarían sus teteritas y fueguecitos en las grandes avenidas y dejarían pasar los días y los años con su saca de arroz al lado, que dado que es arroz de perro (arroz partido) conseguirían más barato que en sus países. Su sola imagen generaría una expectancia en esas multitudes europeas que ya cansadas de budismos y orientalismos preferían esa nueva clase de meditación y de ociosidad. Los africanos constituidos en tertulia permanente no se moverían de sus ubicaciones pasando a ingresar los paseos de estatus humanas o estatuas de piedra enseñando un modelo existencial definitivo: no hacer nada.
Me refirieron una novela de este tipo en Uruguay con una versión de la conquista de América al revés: unos indios americanos descubrían el viejo mundo y lo colonizaban. Los africanos en lugar de ir a buscar trabajo a Europa deberían ir para enseñar a los europeos a trabajar menos y a ganar la libertad recuperando su tiempo. Otra idea: todavía no existe la primera empresa que haga intercambios de alojamientos entre africanos pobres que viven en lo que podríamos denominar barraquismo si estuvieran en los suburbios de una de nuestras grandes ciudades y europeos posicionados con varios coches, motos y bicicletas en el garaje y casas forradas sin faltarles un detalle. Lo mismo pero con intercambio de criaturas o adolescentes como alternativa complementario a los Erasmus ¿Quién se atreve con la idea? Para este caso no pedimos derechos de autor. ¿Qué oenegero bien plantado intercambia(ría) sus dominios en su rica ciudad con la casa de los pobres africanos que asi son vistos y no como africanos pobres- para los que se implican tan devocionalmente? Por otra parte como enseñar el orgullo a los nativos y explicarles que no se pongan en función de lo que les quieran dar los blancos. Con Thiaka nos ocurrió que su exceso de deferencia viniéndonos a saludar cada dia y quedándose a nuestro lado mientras estábamos con los ordenadores y el micro si bien no nos incomodaba nos inducia a sentir pena por él por esa forma de vida de ponerse en función del recién llegado en lugar de seguir su propia dinámica creativa de vida, trabajando más en su artesanía o estudiando por su cuenta.
Nos despedimos de los hoteleros, Thierry y Anabel, y del grupo de gente con el que habíamos coincidido durante una semana. La vuelta a la realidad la de los baches de la carretera nos esperaba. Hasta Sokone más o menos el asfalto estaba en su lugar, a partir de aquí todo parecido con una carrerera real era pura coincidencia. A la llegada a Kaolack el control típico. La escena sigue poniéndome los pelos de punta, viendo como los pasajeros de taxis de 7 plazas o de buses mercedes, desempacaban a toda prisa sus fardos, que ni siquiera maletas, para mostrar sus miserias a la pasma atrincherada en sus sombras. Como de costumbre nuestro carnet de passage no fue identificado por el control, quería que me lo tamponaran. Si los gobiernos de estos países nos pagaran por las explicaciones que damos a cada policía por darle a saber lo que debería saber por si mismo como empleado del estado, nos forraríamos. Por el camino recogimos a alguien con su típico bidón amarillo (el de aceite de palma que por cierto viene de Malasia) en busca a gasoil para su camión. Nos perfumó con su sudor, pero no se puede dejar a nadie tirada con su vehículo en pana en una carretera que apenas haya tránsito.
En Kaolack fuimos directamente al hotel Paris, que se llama de París para aprovecharnos de su wifi. Necesitamos una tarde con una conexión débil para actualizar nuestro blog y semiconsultar el correo sin poder acceder a las webs de nuestros bancos. Nada más llegar, como de costumbre una nube de moscas nos vino a hacer de comité de recepción: uno que quería cambiarnos euros limosneros que le habían dado por cefas, otro con collarcitos, otro con no sé qué y el portero unido a la comitiva. Su modo estándar es el de abordarte aun antes de poner el pie en el suelo. Es tanta su falta de respeto que hemos sufrido tantas veces que en esta ocasión les descerrajé un meeting que los puso firmes e inmediatamente en estado de volatilización: ¿es que no tenéis trabajo, no tenéis nada mejor que hacer que venir a importunarnos? Estamos hartos de un aspaventoso e hipócrita bienvenue de quien se pasa el dia al acecho del nuevo vehículo o cara extranjera para tratar de sonsacarle lo que sea. Ese día no ere nuestro día más simpático. Por la carretera grupos de mujeres y niños a la sombra vendían todas lo mismo: pequeños bidones o botellas con yogur. A nuestro paso saludos automáticos y sistemáticos que ya hemos dejado de contestar. ¿Cuándo un viajero está cansado del lugar que visita? Cuando ha dejado de parecerle tan simpático y tan deferencial el saludo y el alborozo. ¿Por qué? Porque esa deferencia es solo para el blanco sinónimo de divisas y otras estupideces. Evidentemente para otros extranjeros africanos o para sus vecinos no existe el menor signo de alegría. No deja de ser impactante que la tercera palabra que aprenda un crio despues de decir papá o mamá sea toubab, yavo o branco.
En el hotel París conocimos a un argentino de Córdoba, un instalador de torres de comunicación para telefonía móvil que vive en Tanzania, ha pasado por otros países africanos, próximamente se trasladará al Congo, tiene hijos en Israel, habla hebreo e inglés y tiene apellido polaco: Haim Zdrojewsky, su apellido significa Vida. Su visión de África muy positiva afirmó que en Tanzania la gente no es como en el oeste, es mas previsora, su vida es más variada, también su comida, y no pide dinero, antes bien ofrece siempre lo que tiene.
En Kaolack, tercera vez que veníamos, en lugar de instalarnos en l’ Alliance Franco senegalaise fuimos al recinto de la paroisse Saint Teophile donde reanudamos nuestras actividades dentro de los condicionantes de los ruidos de la carretera principal que cruza la ciudad dirección Dakar. Como otras veces, pasamos a formar parte del panorama de un lugar sin que nuestra presencia ocasionara tanta extrañeza. Al atardecer nos fuimos hasta el restaurant más próximo, el Blue bird, donde un libanés nacido en Kaolack lo tiene en condiciones apropiadas. Rehicimos notar la ratio inadecuada entre hamburguesa y sándwich, critica que aceptó. El concepto de hamburguesa senegalesa difiere sustancialmente de quien la inventara, suponemos que en los Usa, países de comidas rápidas y de otras precipitaciones. La originaria es circular, de un grueso considerable, en todo caso detectable ocupando tal vez 5 mm o más de grosor, con suerte 9 o 10, y extendida a lo largo de las dos partes del pan entre las que está metida. La senegalesa es una representación a escala de aquella, cuidadosamente escondida entre patatas fritas y un huevo frito y suficiente salsa, y por supuesto el pan. Todo eso muy envuelto en papel para conservar su calor. El suministrador cuenta con la buena fe del comensal que se lo zampará todo (a veces papel incluido) sin revisar el contenido. Cuando un comensal de paladar fino hace tal revisión, tiene que hacer una encuesta al huevo frito y a las patatas preguntando por el paradero de la hamburguesa. Esta ocupa o bien un 40 por ciento de la superficie o bien es tan delgada que su textura no es percibida. Al preguntarle al camarero a la hora de pagar averiguamos que su noción de hamburguesa era la de ese bocadillo a la senegalesa. Le dije que el envoltorio era un pretexto para esconder una hamburguesa semiexistente. Trató de defender el concepto senegalés. Al menos Alex, el propietario aceptó nuestra moción de censura.
Mal cenados. Vic con su falafel no tuvo más privilegios, volvimos al recinto católico y extendimos un cable desde una toma eléctrica al interior de la furgo para terminar algo al ordenador. Afortunadamente la conexión eléctrica nos ha librado de los enfurecimientos con los británicos por sus complicados sistemas de enchufes que imperan en Gambia. Nuestra falta de previsión nos tiene sin lámparas eléctricas. En África los casquillos de las bombillas son de muelle y no de rosca, como las europeas, un atraso éstas por cierta. La única lámpara, sin bombilla de 220, que tenemos, no hemos podido utilizarla. En la furgo, en la oscuridad los bichos se acercan a la pantalla del ordenador. Puedo matar algunos mosquitos. Kaolack por cierto es la ciudad de las moscas (no tanto como Tambacunda) y de los mosquitos. Está justificado por la época de cosechas, pero el gran estercolero a la entrada debe tener que ver con ese fenómeno. Hay países como Israel que demostraron poder combatir la malaria reduciendo el volumen de mosquitos en sus tierras. Escribo al ordenador sin ver el teclado. Para algunos signos gráficos que no encuentro a veces me paso un rato probando suerte con las teclas de alrededor. En la diurnidad no tengo más suerte. Despues de 12 meses tras la adquisición del trasto, una buena parte de las teclas están borradas. Llego a ellas por puro automatismo. Deberé retitular las teclas enganchándolas con celo antes de que sea demasiado tarde.
El dia anterior al uno de noviembre, despliegue general, una flota de limpiadoras y jardineros vino a limpiar y a podar. El obispo en persona celebraría la misa, la congregación católica se reincentivaría. Presumimos que las veteranas telarañas seguirían en su lugar como efectivamente así fue. Una de las limpiadoras nos comentó acongojada que su marido la había traicionado pasándose a los Testigos de Jehová y se llevó a la mayoría de sus hijos en el lote. Si el fanatismo ya es de por sí una severa falta de la razón, dos fanatismos distintos compartiendo biografía debe dejar el plexo solar hecho fosfatina.
L’ abbé Pierre nos avisó que si deseábamos irnos ese dia el patio se llenaría de visitantes y de coches. En realidad no teníamos ninguna prisa y nuestro próximo paso, hasta Keur Moussa, significaría volver a estar una temporada sin internet.
L’ abbé Louis, vicario en Kaffrine y que conocimos unos meses atrás nos reconoció y saludó. Lo habían trasladado de parroquia para ser su responsable principal, continuando con su carrera profesional. Nuestro arrinconamiento en algunos lugares como en ese rincón de pasillo de la paroisse junto a los despachos de los diáconos y péres, no nos creó ningun problema. Inexplicablemente los semicantos de Vic y nuestras gramáticas iban sobreviviendo en medio de las acústicas de la ciudad.

miércoles 29 de octubre de 2008

Al mundo exterior ¿por dónde?

El domingo, a misa bien arregladitos con Confort,peter y Francis
Bruno en su primer día de cole
Toubacouta 24 octubre 2008
Tuvimos que tomar medidas con la criaturada de Francis-Anne que se acostumbraba a venir a nuestra aula con sus ruidos e incluso con balón, trasladando sus juegos de patio a su interior. No paraban de importunar golpeando la puerta y por las ventanas hasta que les abríamos. Hacer un trato con ella del tipo: hasta tal hora trabajamos luego entráis y estamos juntos, no terminaron de entenderlo. En condiciones habituales el aula no está abierta para nadie salvo para las reuniones de estudiantes del Saint Peters, si lo estuvo durante nuestra estancia fue para poderla utilizar como nuestro lugar de trabajo dándose la paradoja de que nosotros, los extranjeros, les poníamos límites dentro de su propio barrio. Nadie sabía muy bien lo que hacíamos pero se nos veía cada dia cumplir no pocas horas con una dinámica de oficina que aumentó en matices al decidir hacer cograbaciones. Lo más destacado es el enorme respeto por nosotros. En nuestro continente esto sería poco menos que imposible. Un europeo necesita tener explicaciones para todo, a un africano le sobran las impresiones. Eso de las grabaciones es algo que ya habíamos iniciado años atrás grabando un par de contenidos de un boletín de poemas desde el que hacíamos propaganda a favor de la inversión en poesía (otra prédica en el desierto de una no corta colección de prédicas en ellos), y lo interrumpimos, entre otras razones por la parquedad de nuestros medios y los resultados poco satisfactorios. Ahora seguíamos con los medios precarios pero al menos nos satisficieron más los resultados. Para las próximas navidades, época en la que cada año Vic se esmera en su pequeño cargamento de regalos para la sobrinada, ya sabíamos lo que les íbamos a regalar: un álbum de poesía de nuestra propia factoría. Independientemente del valor artístico o documental que quede, hacer algo juntos como esto nos gusta y nos une. Con el movie maker del Windows, que justo acabábamos de descubrir que teníamos en nuestros ordenadores (si al microondas no le sacamos todo el partido que tiene no se puede esperar de nosotros que lo hagamos con computadoras) también intentamos preparar series fotográficas y videos. Hemos pensado en dejar fotomontajes animados y acompañados de música en los lugares donde estemos algunos días. Vic que demuestra tener más paciencia que yo puso las fotos en el soporte de los fotogramas y acompañada la serie de música, pasamos el movie a la familia. También estaba Francis cuya contribución verbal a la historia que vimos además de a la historia semántica no iba mucho más allá de decir okay. A Fada Bruno, Anne convino en inscribirle a la escuela Metodista, junto a la carretera, no muy lejos de su recinto. La acompañé con el niño el primer día que no se pudo quedar porque la hora de entrada es a las 8:30 y tuvo que hacer las formalidades de la inscripción. Nosotros colaboramos pagándole el primer trimestre. Al parecer Anne tiene una economía independiente de su marido y es la que se ocupa de los gastos de sus hijos. Antes de la salida de la estudiantada del recinto de Saint Peters, se pone con otras mujeres cerca de la puerta para vender bolsitas refrescantes que ella misma preparada y que traslada con su nevera de plástico. Esas bolsitas deben contener 1/20 parte de litro de líquido y tienen agua, alguna clase de fruta y dulcificante. No sabemos si el salario o parte de él, el de su marido, si es para los gastos domésticos. La forma de funcionar una familia africana no tiene nada que ver con nuestras costumbres. En realidad sabemos que no sabemos nada de su idiosincrasia. Es completamente diferente juzgar situaciones a vista de pájaro –o desde la cabina de un automóvil- por las que planeas a la velocidad de tu vuelo o de tu máquina, a estar a su lado una semana y otra. Estas semanas de convivencia a su lado nos llenaron de recuerdos que nunca olvidaríamos. Anne me recuerda a Domitila, título de libro que trata de un personaje andino, una mujer, el relato de cuya vida leí novelada, un canto a la dignidad de la pobreza, en un tiempo que colaboré con Cristianismo y Justicia.
Anne me presentó a su hermana que por las mañanas se pone en una esquina de la carretera (arteria principal de Lamin) a vender comida a la que no le compra el pan porque lo vende a un precio mas alto que el de la tienda fija de al lado. También entramos en el recinto donde Nichola aprende carpintería. El me mostró orgulloso el primer armario que hizo pidiendo que le hiciera la foto correspondiente para atestiguarlo. La carretera por la mañana cobra un aspecto completamente distinto al del atardecer. Las semanas en Lamin, como en tantos otros sitios de paradas prolongadas, hicimos vida casera saliendo al atardecer a por una cerveza y no siempre. Cada vez que salgo a la calle por la mañana me encuentro con un mundo La realidad es también ciclotímica y no solo los humanos lo somos. Basta observar una calle de ajetreos 24 horas seguidas para advertir que la realidad es multicolora, múltiple, dispar, variopinta, multiforme, pluriandante. La realidad es un dinosauro y un conejo. ¿Quien va a negarme que haya dinosaurios por la Gran Vía de cualquier ciudad? Desgraciadamente las ardillas quedan en los parques de muy pocas. En resumen la realidad es/son muchas realidades que pasan por el falso formato de ser expresadas en singular. La realidad africana sigue teniendo más lecturas de la que somos capaces de hacerle. Nuestra vida aular es nuestra particular torre de marfil: tal vez distanciándonos de lo malo pero también nos perdemos lo bueno.
Cuando nos pregunten que hemos visitado de Gambia, diremos: nada, no hemos visitado nada. Por no hacerlo nos hemos perdido el complejo Senegambia, un hito de modernidad donde van los turistas. Suficiente acreditación como para no ir. Podremos hablar de nuestra aventura para cruzar el rio por Soma y la siguiente que nos queda para volver a cruzarlo para volver al norte. Referiremos los autobuses Blue Bird company, algunos de verde destellante, con los que tanto trato tuve como pasajero cuando estuve en Centroamérica. Cuando el tráfico nos ralentiza y nos cruzamos muy lentamente con alguno de ellos, el conductor siempre nos sonríe. Se diría que es el mismo autobús y es el mismo conductor pero no es así, hay unos cuantos y se notan. Ponen una nota de mansedumbre en medio del caos y hasta puedes soñar que estás en Estados unidos y que el transporte devuelve la criaturada de la escuela a sus casas. Esos autobuses son los utilizados para transporte escolar y tienen una forma que me encanta. Tienen algo que recuerdan la apacibilidad. La dedicación de los medios por caros que sean al supremo servicio de la educación. Es un cuento chino claro –bueno, en este caso yanquee- pero de momento enternece.
En Baffour’s home terminamos por ser los usuarios mas reglamentados. El nos acostumbró a sus visitas repentinas entre clase y clase y a no comer apenas nunca. Llegamos a sospechar que era un robot exento de las escatológicas necesidades humanas cargando un sistema digestivo que termina por cascarse. Si antes nos hubieran dicho que pasaríamos dos semanas usando un pasillo por cocina habríamos desautorizado al vidente que nos lo hubiera asegurado y henos aquí haciendo malabarismos de lo imposible. Si alguien me dice, consultando su bola visionaria, que en el futuro uno de nuestros paseos con silla de ruedas pasará por la cuerda floja de un funámbulo, previa invitación a comer una ensalada con aceitunas marroquíes suspendidos en ella, conociendo los placeres del balanceo de la inseguridad, no se me ocurrirá para nada discutirlo. En cuanto a nuestra aula compartida con la niñada, pues eso, tuvimos que poner límites. A ratos nos sentíamos estar con muñecos que buscaban ahuecarse en nosotros y a ratos con una marabunta insoportable con sus gritos y agobios. Louis David ya no lloraba y se nos dormía en nuestro regazo. Cuando entre ellos tenían problemas, los más pequeños venían a pedirnos protección.
Tener una familia amiga africana es algo distinto a tener referencias de una familia africana con problemas. Anne, discretamente no nos pedía nada pero aceptaba toda iniciativa de ayuda que le diéramos. Por su parte colaboraba con nosotros lavándonos la ropa o compartiendo su paillote cuando la usábamos para nuestros tés de la mañana. Inicialmente Vic propuso encargarle que se ocupara de nuestra ropa a cambio de pagarle algo. A mí no me gusta esta clase de tratos tan occidentales pero que marcan tanto la relación del pagador y el pagado dejando fuera otra posible relación. La verdad es que no nos sentimos en ningún momento los señores del lugar y –lo más importante- tampoco nos sentimos blancos. En las fotos, las muchas fotos, que nos tomamos sí advertíamos una ligera diferencia de color entre nuestras pieles respectivas.
En el sofá de Baffour, recuperamos el tono de la vida doméstica del confort. Lo cuatro sillones de Baffour y el sofá para un salón tan pequeño es demasiado para nuestro sentido de la estética pero eso no quitaba su confort. Un rato de sofá despues de la comida o la cena es la justa y apropiada alternativa a la butaca de escritorio y el lugar de las carantoñas diurnas, con el/la partner. El canal de la TV5 Monde Arique nos daba cuenta de todo ese otro mundo de los espacios ordenados, de las ciudades limpias, de la gente peinada, de las formas de nuestra cultura de origen, del superávit, de los veleros impecables, de los coches relucientes; también, claro, de las caídas de la bolsa, de una nueva guerra en Asia, de los partes de violencia de la inseguridad ciudadana. El canal de Ghana, nos la daba, de un mundo en pleno progreso; el camerunés, de cientos de videoclips de solo música africana con negras anatomías voluptuosas y canciones tirando a repetidas. En nuestra acústica de interiores, el clarinete de Vic nos acompañaba como una constante de conservatorio y la música de mi armónica por primera vez en mi vida me complacía. La armónica era algo que siempre llevaba en mis viajes pero que raramente utilizaba. Terminaba por regalarlas. En este viaje africano la he redescubierto. He saltado directamente de querer aprenderá tocar la armónica para interpretar melodías a simplemente tocarla interpretando lo que me sale, algo que espantará al oído musical sensible pero de momento complace al mío, lo cual no deja en muy buen lugar su nivel de sensibilidad. Me gusta mas Vic clarinetista como autodidacta y yo mismo como armónico-virtual ídem (la harmonía ya vendrá cuando toque) como tal, que no a de estudiante de escuela de música, que significa tenerla dos veladas por semana fuera de casa. Sé que muchos cursos son pretextos para mantener entretenidos a sus estudiantes auto convenciéndose que adelantan mucho porque cambian de nivel y no se dedican a lo prioritario: hacer mas de una hora real de práctica diaria del instrumento que elijan. Supongo que cuando volvamos a recuperar nuestros instrumentos musicales: guitarras, teclado, flautas, el violín, nos relacionaremos de otra forma con ellos, no digamos ya la Korá, de la que en principio contamos con una unidad para nosotros en Keur Moussa. En fin, con todo ello podríamos crear una troupe estrambótica.

Dado nuestro ritmo de vida y nuestras necesidades mínimas cubiertas para un máximo de felicidad tal vez podríamos pasarnos más tiempo en un lugar como el Saint Peters school, quizás el año que dijo que Baffour podríamos compartir en su guarida, solo que en el fondo somos más pequeñoburgueses de lo que confesamos y tras unos días de vivir en la falta (la de una cocina por ejemplo), echamos a faltar algo mejor (que al menos se le parezca). Luego, a nuestro retorno, más que intuimos, sabemos que nos acordaremos mucho de lo que estamos viviendo en África y tendremos nostalgia que solo se zanjaría con un segundo viaje.
Bruno, el director de la institución, vino a saludarnos al aula. No llegó en el mejor momento: nosotros en la mesa de ordenadores y la criaturada en plan revoltoso, Peter y otro amigo tirando los dardos a la diana magnética contra el armario con el consiguiente ruido, un papel de avión por el suelo, una baba roso-rojiza de un rotulador pasado por una boca que acababa de manchar la pared y el suelo. En fin, un desastre. Terminamos por dosificar las visitas, dejando entrar a cuenta gotas a los niños siempre y cuando, como se dice, se portaran bien. Bien mirado, si alguien se porta mal en toda esta historia somos nosotros. No tenemos ni la mitad de historia de estos críos: hijos de un padre que ya murió y nacidos en otros países con biografías duras a pesar de su corta edad. Sinopsis: un dia de septiembre entramos en el recinto de Saint Peters school para solicitar pasar una noche en ruta hacia Banjul y nos quedamos una tanda de cinco días para luego volver y quedarnos otras dos semanas. Podriamos quedarnos meses, de acuerdo con nuestra inercia a mimetizarnos con el espacio y siguiendo el criterio de no imponernos nunca dejando que las energías fluyeran. Podríamos desarrollar nuestro estudio de grabación y de compaginaciones audio fotográficas, tomando JulBrew en el minimarket mas cercano y llevando a Fada Bruno a la escuela por las mañanas, pero hay un mundo, supuestamente, que nos espera. Al mundo ¿por donde se va? Sabíamos que había varios mundos. Desde que estamos visitando el tercero sabemos que hay muchos más de tres (o cuatro, según la sociología avispada). Hay tantos mundos como barrios, como casas, como personas. En cualquiera de ellos se puede vivir bien si estás bien contigo mismo. En cuanto a volver al nuestro (¿nuestro?) no lo haremos como si solo nos hubiéramos tomado un año sabático para ojear el continente vecino del sur y cumplir simplemente con la cita de agenda pendiente. Volveremos distintos. Además, tenemos proyectos de futuro. Cuantos más viejos, más emprendedores. (Sí, sí, lo que rima, es lo de pellejos). ¿Alguien dijo algo acerca de que la juventud era un divino tesoro? ¡Venga ya! El tesoro es una construcción mental que no tiene nada que ver con la energia corporal. ¿Qué más da si los cien metros lisos los haces con 10 segundos o con 10 minutos? Queremos dedicarnos en serio a buscar una casa para vivir mejor, que la que tenemos y eso lleva tiempo y dinero. Uno de nuestros sueños es que sea lo suficientemente grande para que puedan venir visitantes de todas partes, para estadías más o menos largas y con suficiente independencia y respeto mutuos para distintos estilos de convivencia. Hay algo de la fantasía social que no nos abandonará nunca, mejor dicho, que nosotros no abandonaremos nunca. Esa debe ser una de las razones por las cuales todavía sonreímos.
Cuanto más tiempo llevábamos en África más aprendía a vivir en ella. Los mosquitos dejaron de picarme. La terrible perspectiva de su aumento en época lluviosa fue totalmente desmentida. No es el agua de lluvia lo que trae su fauna sino las aguas estancadas y putrefactas. Al fin nuestra tela mosquitera en la suite permaneció estable y las crestas de calor eran mas soportadas por mi epidermis aunque otras sesiones de bourbouilles me recordaron la fragilidad de la carne, la mía. La humedad ambiental afectaba el interior de nuestro útero de adopción, poniendo a perder la ropa guardada en bolsas de plástico o viendo como el enmohecimiento dejaba una patina en los cinturones de cuero. En los días que tomaba exceso de te, pasaba la noche en blanco, el canto de oración de la primera oración musulmana me devolvía a la cama para descansar algo. Vic amenazó seriamente en esconderme el té. Tenia razón: un insomne puede hacer el simulacro de ser un búdico meditador a través de la nocturnidad pero no deja de ser un plasta si hace ruidos o enciende velas e inoportuna el sueño del cónyuge. Durante todo este año no han sido pocas las noches que las he dedicado, digo mintiéndome, a la meditación. En realidad, no han sido otra cosa que sesiones de planning, sin agenda en la mano, dejándome hipnotizar por el tintineo de las llamas de las velas y pensando en cosas pro hacer o pro escribir, memorizándolas para a la mañana siguiente pergeñarlas como ítemes o notas en un papel. Mi pasión por las velas puedo jurar que no viene de mi devoción a Fátima sino de un amigo de adolescencia, se llamaba Juan Ramón, Món para abreviar, que se pasaba interminables ratos fascinado con ellas encendiéndolas y apagándolas mientras hablábamos en aquellos años –tal vez solo fuera un año- de descubrimientos del mundo tomados como excelsos. Si él se lo pasaba tan bien, inferí, contemplando las oscilaciones de una simple llama, yo no podía ser menos y, efectivamente, con muchos años de relación posterior mantenida con las velas, no las de ningún santuario por cierto, he ido descubriendo que todo lo que necesita(ría) un/a meditador/a es o sería concentrarse en una simple y pequeña llama para escudriñar los problemas del universo. Las variables que intervienen en ella son tantas que su inestabilidad es una constante, a pesar de estar dentro de una habitación cerrada sin corrientes de aire su movimiento es continuo. La complejidad de sus formas requeriría un cálculo matemático prodigioso para saber su cantidad total en la vida de una vela. Reconozco que hay otras llamas que superan la del cirio vulgar de altar, puedo citar a voz de pronto la del quinqué, la del carburero, la de aceite, la de la antorcha, la de la bengala, la de bujía de laboratorio alimentada por alcohol, la del petrolero, la del mechero Zippo, lista que un inventario posterior enriquecería sin duda, pero la de la vela tiene algo especial; vela de cera, que no de parafina, que ésta ya influiría negativamente en la meditación adelantada de estilo tibetano de autoencierro claustral entre muros. El meditador descubriría lo efímero de la vida, la imperfección de la forma, la condena de formar parte de ella y por supuesto el valor de la iluminación a partir del detalle de una sencilla luz. ¿A fin de cuentas cual es la diferencia entre la luz y la iluminación? Un iluminado es un sujeto que rescata su careto de las sombras. Mis lecturas de Teresa de Avila y Juan de la Cruz siguen pendientes. No puedo decir mucho pero hay una imagen que me posee: la de inspirados como Cervantes que escribieron obras magistrales iluminados por velas.
En mis ratos de insomne no `progreso mucho en el camino de la trascendencia y con chorradas de esta clase como las que digo, no parece que vaya de candidato convencido para vencer la ley de la gravedad o alcanzar otras virtudes de ese estilo. Me conformaré manteniendo mi mente despierta y descansando lo suficiente cada noche para enfrentar el dia siguiente con energía suficiente para seguir con una vida, donde la mas exquisita elaboración pasa `por una irrefutable teoría del ocio.(Pleasure before busness.).
Nos encontrábamos bien con Anne y sus hijos y con Bafour. Demoramos nuestra partida en un dia. Vic quiso hacer una entrevista a Anne tras la vuelta con Bruno de su primer dia de escuela, de la nursey school orgulloso con su uniforme puesto. Tras la misma vino con una decisión tomada al aula preguntándome la traducción de 50mil dalasi en euros para costearles la escuela a los críos. Como otras veces que Vic viene con decisiones tomadas que nos afectan a los dos sin consultarme, antes de que me contara nada ya estaba en guardia y enfadado. Por la tarde fue a entrevistarse con Bruno, el director para pedirle el número de cuenta bancaria para hacer un ingreso anual por dos de los críos, Peter y Confort. Todo eso sin hablar con Francis padre el cual discrimina a sus hijos e hijastros por lo que hace a pagos. Tuvimos otro episodio de desavenencia pero en el que ya me di por rendido por explicar nada. No creo que las cosas se deban hacer así y no me parece bien que la solidaridad se concrete por la casualidad de una coincidencia convivencial. Vic quería hacer de blanca todopoderosa para ayudar económicamente a unos críos en sus estudios, eso son unos 8 o 10 años por delante. Eso sí, siempre que se la informara puntualmente de los éxitos en sus programas escolares. Me quedé descolocado y con mi ego culpable a punto de crucifijo. Mis sentidos y cálculos me decían que no, pero el dinero es dinero y siempre ayuda. ¿Por qué a dos de los niños y no a todos? ¿Por qué a esa familia y no a otras que hemos encontrado durante nuestro viaje en muchas peores condiciones? En Koubri estuvimos con los handicapés incomparablemente más necesitados de lo más elemental, (un forrage para obtener agua por ejemplo) y ahí salvo el mercadillo de prendas de ropa no nos comprometimos a ningún pago. ¿por qué ahora, en Gambia, un país económicamente con mayor desarrollado en toda la zona, en un recinto escolarizado católico, con profesores que utilizan el maltrato físico como herramienta de presión, íbamos a hacer eso? La respuesta está porque aquí Vic tuvo su dosis de cariños, su contacto convivencial más estrecho. Luego entonces Vic, la lotería-Vic, tocaba a quien tocaba.
Mis sentidos y razones me decían que no, que eso no se hace así. Nunca hemos apadrinado a nadie estando en España salvo recibir como anfitriones a un par de niñas saharauis durante un verano, experiencia de la cual tuve motivos para arrepentirme y donde ya quedó muy claro la manera distinta aquí teníamos ella y yo de tratar a nuestros acogidos. Al fin y al cabo solo es dinero. En su cuenta tiene domiciliados pagos que desconoce y por servicios que no usa. Añadir uno mas para asegurar el futuro educativo de unos niños africanos nos lo podemos permitir y además es algo que acredita mucho. Dejé el asunto a su total decisión. Me recordó al tipo en Keur Guilaye que dejó una silla de ruedas mencionándola a ella por si la necesitaba sin preguntar nada a priori. Por un lado yo me zambullo en mi discurso sobre lo de blancos y negros juntos, we shall overcome, y mis abstracciones acuarelistas en las que no distingo tonos de piel, de otra no tengo que ir muy lejos para que se me recuerde que somos blancos y que somos quienes nos tenemos que poner en la tesitura de dar. Vic necesita su dosis periódica de altruista, eso sí siempre y cuando eso no le obligue a compartir la cabina con los cientos de autostopistas (es decir levantadores de mano confundiéndonos con un microbús) que nos han pedido que les llevemos. No sé en que acabara eso. Me pongo en lugar de los niños. Sí, nuestros estudios nos los pagaron una pareja de blancos que estacionaron una vez al lado de casa su furgo y durmieron ahí un par o tres de semanas.
Baffour, fue uno de los pocos africanos que no nos ha pedido nada y que ha compartido su espacio haciéndonos sentir cómodos (a pesar del estallido cromático de cortinas y sillones). La cifra exacta de años trabajando en Saint Peters ha sido de quince dando cuatro tipos de clases: electricidad, física, automóvil y matemáticas. Cuando nos dijo de no renovar el siguiente contrato para enero e interesarse por hacer un doctorado o un máster en España, le ofrecimos que compartiera el viaje con nosotros además de avalarlo personalmente en la embajada para que le concedieran el visado. Algún compañero suyo al saber de nuestro uso de su apartamento pronto le aconsejó, según nos dijo, que nos sacara dinero. Baffour ayuda a todo el mundo con pequeños préstamos. El significado etimológico de su apellido tiene que ver con lo de ayudar.
Llegó el dia de la despedida. Abracé a Anne y le di besos en la cara. También a Cadi, esa cenicienta que tan pronto era una sobrina huérfana como una empleada contratada según las distintas versiones que oímos. Vic también se deshizo profusamente en besos. Anne se quedó llorando mientras nos íbamos con la furgo acompañados de Vero hasta la Primary school donde estaban los críos: Pedimos que salieran Comfort, Francis y Peter. Más fotos. Las lágrimas acocodriladas de Vic repusieron el índice de humedad de nuestra cabina. Retomamos la carretera despues de calcular que en el Saint Peters recinto había sido el lugar donde habíamos pasado más tiempo durante este año, casi 3 semanas. Antes de irnos hicimos, según nuestro criterio, un último uso del aula. El recuerdo nuestro dejado en el lugar irá acompañado de nuestra devoción militante a horas de despacho, a grabaciones y textos en el ordenador.
En Banjul dimos dos vueltas y estuvimos el tiempo justo para recorrerla con la furgo y localizar el lugar de embarque del ferry. Volvimos a tomar el pulso a la odisea africana. Nuestro vehículo, de unos 6 metros de largo fue tasado al mismo precio que un camión de 12. 6500cefas que pagables en dalasi el taquillero hizo la conversión en 400, 75 más de la cifra real. Tengo una frase favorita para esas situaciones: le paradis ne serait pas pour toi. Tu bruleràs dans le feu eternel. Es lo menos que se puede decir para crédulos religiosos que siguen esquilmando al cliente todo lo que pueden y especialmente si es blanco. Mi sadismo goza viendo como su molestia crece y crece. Las diligencias para pagar el billete y ponernos en la cola de espera para embarcar tendrían los placeres del relato minucioso si no fuera porque ese relato está más que desbordado en otras situaciones parecidas. Hay tres constantes que no fallan: la de 8 personas hablando al mismo tiempo al recién llegado es proverbial. Cada una ofreciendo lo mismo o algo parecido y que generalmente no necesitas. Tratando de ayudarte pero en realidad de confundirte. Segunda constante: informaciones distintas para las mismas preguntas. La escena de preguntando lo mismo a un grupo de personas y unos señalando en uan dirección contraria a los otros forma parte de la fotogenia africana. Tercera constante: indicaciones absolutamente locas tratándote como un bebé para ubicarte en el sitio más inapropiado. Despues de meternos con la furgo dentro del recinto el acomodador de vehículos en espera en lugar de ponernos detrás del último en espera nos puso a su lado. Cuando el ferry de llegada descargo todos sus pasajes, bastantes cientos se encontraron con que nuestro vehículo les impedía el paso. A pesar de todo esto el pseudoasalariado incompetente en tales haberes siempre espera el cadeau, la dádiva, la propina o el beso en el culo. Hay algo de magistral en la cultura africana: la total ausencia de complejos y de ridículo. Su primitivismo es tal que no se puede tratar ningún tema desde la racionalidad. Hay que tener en cuenta que lo que sigue predominando es la tradición oral. Todo el mundo sabe o parece saber las cosas menos tú que eres el forastero. Ningún cartel y si hay alguno es equívoco. Preguntas en un lugar que pone ticket office pero no es ahí donde venden los títulos de embarque. Cantidad de gente que no es empleada del puerto trata de interceder por ti. Un policía te para y te propone a un amigo para que te acompañe hasta la taquilla. Y así sucesivamente. Cuando ya teníamos el ticket otro tipo de personaje con un identificativo en la camisa nos dijo que teníamos que pagar por nuestros bultos. Pudimos sacárnoslo de encima. Todo es así. Nunca nadie te da la información por completo la primera vez y de una vez por todas, la vas averiguando sobre la marcha y nunca, nunca la averiguas del todo. África es una sorpresa contigo Una vez embarcados, alguna gente ocupando nuestras ventanas para ofrecernos por repetido lo que ya le habíamos dicho no o para pedirnos la dirección o preguntarnos nuestros nombres y el de nuestros parientes. Aunque nos solemos pasar en amabilidad cuando estamos presos del síndrome de saturación nos sale del chacra más resentido toda una polifonía de noes.
Mientras tanto uno de los embellecedores laterales de la furgo fue rozado por alguien y quedo a punto de caerse pero al menos el barco no se hundió. Cuando desembarcamos pudimos decir a los del coche de al lado: seguimos vivos. Al rato olvidamos todas las majaderías con dos peones camineros bajo un paraguas para el sol aceptando una foto Pasamos por nuestra dosis de castigo de controles. En uno de ellos nos retuvieron un buen rato por no identificar el carnet de passage. En Gambia el carnet international de passage solo lo reconocen en los puestos fronterizos, el resto de la policía no sabe lo que es. Antes de cruzar a Karahg, primera población senegalesa, completamos el depósito y un par de garrafas de gasoil para deshacernos de la mayor parte de dalasi que nos quedaban. En la douane de salida un cartel de pizarra: our slogan is the transparency. Vale. Al menos aquí no nos extorsionaron aunque como siempre fui de monigote de un mostrador a otro para los tamponazos varios y tener nuestro por de líneas honor en sus libracos. En el lado senegalés coincidimos con algunos blancos de caras no radiantes pero al menos las diligencias fueron más ágiles.
En Daga Babou nos detuvimos interesados por las placas solares de farolas de calle, la iglesia también con un equipo de ellas. Rodeados de niños con los que hicimos de blancos tontos repartiendo nuestro cartucho de galletas. Coqueteé con una exuberante chica de 18 años que estaba para llevársela envuelta (en una sábana). Vic me advirtió que viniera solo en un próximo viaje. No pasamos de hablar de sensualidades sin llegar nunca al salto del tigre con nadie ni parte alguna. Literalmente: no nos comemos un rosco. El mismo viaje hecho en solitario hubiera sido otra cosa, pero ¿acaso cada viaje no es distinto a los otros lo hagas como lo hagas y con quien sea que te acompañe o acompañes?
En Toubacouta nos detuvimos. Nuestro día de gestiones necesitaba compensaciones. En le campament du centre nos detuvimos a tomar cervezas y a pedir por triplicado el mismo plato (omelette con frittes). ¡Por fin una tortilla a la francesa auténtica! 3 gazelles (nos hemos acostumbrado a la gazelle y le hemos perdonado su baja graduación), una hamburguer tipo suela de zapato y una cocacola. Los cortes de luz nos aconsejaron llevar nuestras velas y frontal a la mesa. Como de costumbre, nuestra condición romántico-astronáutica no levantó ninguna sospecha. Puesto que nuestras velas ya hacían la función quitaron la lámpara de butano del centro de la sala. Volvió la luz eléctrica y las mesas se llenaron de otros blancos. Una mujer de edad atractiva con un chico negro rasta, otro par de mesas con otros dos blancos solitarios no dados a los aspavientos ni a los grandes actos de comunicación, otra mesa con otra pareja cabizbaja, otra mesa más con un blanco rodeado de negros mostrándoles un video de música en su cámara (nos dijeron que él era músico y trataba de promocionar la música joven en el lugar), otra pareja a la que invitamos a compartir nuestra mesa y nosotros que una vez alimentados y calmados por la vía del estomago saciado estábamos de recién llegados.
Nuestros invitados de mesa, Abdoullay y Ami, su sobrina, nos invitaron a su casa para pasar la noche asegurándonos que nuestro vehículo podía entrar. Abdoullay, un tipo alto, con facciones y rastas contundentes, toca la guitarra y vende artesanía por encargo de artesanos cerca del hotel, pronto nos cayó bien. Se interesó por mi armónica que se me ocurrió tocarla en nuestra mesa despues de la cena haciéndome crear que yo era un buen intérprete. Me preguntó cosas por las que no tengo ni idea. Le dije todo lo que sé de la armónica, que el hecho de poderla soplar en expiraciones e inspiraciones te permite ganar tiempo y las posibilidades de error quedan reducidas considerablemente. Toques lo que toques termina por sonar bien aunque puede terminar por ser monótono. En todo caso no la considero un instrumento solista sino algo para acompañar a otro como la guitarra (Bob Dylan o Eric Clapton) o la voz.
Los dos caminos que intentamos de llegada a su casa eran impracticables uno por hendiduras considerables de barro y el otro porque ni siquiera era un camino sino que era un campo con la tierra muy mojada y un cañaveral. Nos costó bastante rato convencerlos de que no había vía posible y quedamos para el día siguiente. Se quedaron muy afectados. A cien metros de nuestra separación y cita para el día siguiente descubrimos un recinto que resultó ser otro campamento (luego supimos que en el lugar hay muchos montados por extranjeros, especialmente por belgas). Nos metimos con la furgo, pregunté por el patrón y le solicité pasar la noche. Nos autorizó. Luego hablamos con él y con su mujer: Thierry, belga, y Anabel, de Burundi. Dormimos como reyes en la suite. A la mañana siguiente ocupamos una paillote: grabaciones, texto escrito, comunicación con otra gente. Compartimos la mesa con Thiaka y Anís, dos colegas, uno musulmán y el otro católico. Vic, una apasionada de la teología, entró en la eterna discusión de las deidades con Thiaka, hasta que la llamé al compromiso con nuestra agenda. La música francesa por los altavoces de la década prodigiosa nos llenó de romanticismo. Por no diré que razón Moustaki puso un par de lágrimas en mis ojos.
Nuestra gran mesa circular para quince comensales nos hizo de mesa de comida y de despacho. Retomábamos el capitulo de lujos que de vez en cuando son necesarios para recordar nuestros orígenes de clase y nuestros derechos a las liras, el espacio limpio y una cohorte de personal tratando de mimarnos. Esto se tradujo por dos tés y dos quesitos por 5000 cefas batiendo el récord de pago por un desayuno en nuestras correrías mundanas. Algo asumible para nuestra aritmética ya que no pagábamos nada por la ubicación de la suite en el patio con el suelo recubierto de conchas, una alternativa a la grava o a la greda.
En uno de los hoteles que da el rio con vistas formidables al preguntar por estacionar la furgo en su recinto nos pidió una pequeña contribución: 10mil cefas noche y además la preferencia de que no estuviéramos dos determinados días que tenía su instalación a rebosar. Siguen habiendo clases y nosotros no damos la pinta d pertenecer ni a la más alta ni a la más elegante. En la próxima ocasión propondré nuestro estacionamiento a cambio de un concierto de clarinete con el consentimiento de Vic. A pesar de los precios, la primera ensalada magnifica y carbonara impecable lo comimos en el mismo local de Keur Thierry por unos 5400, precios mas proporcionados a lo ofrecido, que por los 2 quesitos y el té de bolsitas antes referidos.
Durante la claridad diurna fui hasta la casa de Abdoulay recorriendo el camino del cañaveral, es decir su sendero peatonal, para ver las posibilidades de trasladarnos hasta ahí. Efectivamente era del todo imposible. De habernos metido la noche anterior nos hubiéramos quedado clavados y ahora estaría relatando la historia de dos estúpidos que embarrancaron su vehículo en medio de un cañaveral. En un momento del sendero hay dos arboles por entre los que no pasa un vehículo pequeño, mucho menos el acho de una camioneta. La información no acababa ahí, una vez localizada la casa, tampoco llegaba hasta ella el primer camino lleno de barro que nos sugirió en primer lugar. Su parentela afirmó la imposibilidad de llegar en auto. Otra cosa más, tampoco había manera de acceder hasta el interior del recinto de la casa. En fin, si quieres que alguien te lleve al huerto no tienes más que buscarte a un africano bien intencionado, cuya distorsión de sentidos es tal que no reconoce las evidencias de los límites. Establecimos una conexión entre esa clase de detalles y toda una mentalidad ancestral del continente. También con sus formas de credulidad religiosa poniéndolo todo en función de la voluntad del creador. En una discusión posterior con Abdoullay sobre lo personal, hijos tenidos con una compañera que ya falleció a la espera de encontrar otra para tener todos los que quieran (sus medios financieros no son claros y no puede costear los estudios o las medicinas de sus hijos los cuales viven con su abuela materna), derivó inevitablemente con Vic, en sus prácticas teologales, sobre la voluntad de dios. Si quieres perder el tiempo miserablemente habla con alguien que afirma con la absoluta convicción que todo es dios, incluidos los objetos que están encima de la mesa y que su voluntad está detrás de todas las cosas, o que tienen hijos por dictado del Corán y para incrementar la descendencia de Mohamed, el profeta. Ese tema, combinado con el despliegue de los muchos problemas de la realidad africana, ideológicamente, nos abruma. En particular cuando el fiel musulmán suele ser incapaz en reconocer la relación de causa-efecto entre sus creencias y prácticas religiosas y su infradesarrollo. Bastaría que los billones de horas perdidas en rezos que repiten siempre la misma cantinela de millones de hombres que se desplazan hasta las mezquitas fueran recicladas como horas de trabajo reparando las carreteras para que la red viaria africana fuera la más excelente de todo el planeta. ¿Queréis rezar? Adelante, pero luego no pidáis ayuda. ¿Todo depende de la voluntad de Alá? Pues bien seguid instalados en la miseria, en la muerte y en la estupidez porque ésta es su decisión. Los nacidos en países católicos y crédulos tenemos una dilatada experiencia de anécdotas en colocar los males sociales bajo el imperio de la voluntad divina, pero al menos los católicos decían aquel otro gerundio de trabajando que rimaba con rogando.
Saltamos al Campement du centre donde tenía una cita para jugar al ajedrez con Thierno Sow, un arquitecto que trabajó para la Unesco en París y regresó a Kaolack para ocuparse de los asuntos familiares. También le di la primera lección de ajedrez a Thiaka, el cual tenia mal pronóstico como estudiante ajedrecista después de repetirle 14 veces que los peones no adelantan lateralmente, avanzan de frente y solo matan en diagonal. Si quieres hacer un test de inteligencia a alguien olvídate de los tests de evaluación profesional del campo de la psicología y de Binet, propón directamente una partida de ajedrez.
Al segundo día en Touba couta, lugar descubierto por los blancos y cuyo significado etimológico de su nombre es esto: los nuevos blancos, teníamos nuestra nueva dinámica instalada. Una paillote confortable a la sombra, un rincón de patio donde dormir, toilettes y ducha y una calle de artesanos en la que encargar, tal vez, una djambee, trofeo parece que obligado para llevarse a Europa y que es muy representativo de lo africano. Teníamos por delante 7 semanas senegalesas más para vivir la calma y la vida tal como venía dada. Pronto nos tocaría preguntar como volver al mundo exterior, despues de todo este ensimismamiento con lo africano y con nosotros mismos como espectadores mezclados con una realidad que no dejaba de sorprendernos y que nos retaba a nuevas radicalidades no sin pasar por nuestras tandas de incertidumbres y contradicciones.
Thierry me pidió que le ayudara con aspectos del outlook exprés del que solo tuve una muy corta experiencia al principio de ser internauta y me desentendí por la descarga de toda clase de correo incluido el indeseado. Me decidí explicarle un sistema práctico de tener toda la agenda de contactos independientemente de las que procuran los programas de correo y que son susceptibles de ser espiadas o manipuladas para la extensión involuntaria de virus. Despues de un rato de enseñarlo el sistema de hipervincular un sumario con el resto de un documento y al revés regresé a la mesa. El nos acompañó para explicarnos su experiencia africana y biográfica: nacido en el Congo un año antes de la independencia y toda la vida dedicada a la restauración.
En Toubacouta volvimos a encontrar otra cantera anecdotaria, otro espacio de relaciones simpáticas y de personajes múltiples. Ahí donde vayas hay una cantera literaria. En el Campement du Centre, A.Shengor (en Senegal el apellido Shengor está en todas partes) al segundo día ya nos repetimos con los mismos clientes que el día anterior. Otra localidad más en la que podríamos quedarnos tantos días como decidiéramos y a tantas páginas por día como nos apeteciera.

La Psicología Africana

Cocinando en el pasillo de la casa de Baffour
La clase-oficina que utilizábamos en St.P.School
Lamin 15 octubre 2008
Después de una semana en el GPI regresamos al recinto Saint Peters school, al pequeño barrio de profesores. Habíamos avisado de volver y los continuos cortes de luz en el alojamiento pastoral precipitaron la vuelta. Nos recibieron encantados. Iniciamos nuestra segunda historia con la familia Gomez-Llopy y vecinos. Mas o menos nos repartimos asi: usábamos la ducha de la habitación de Francis-Ana, el salón de Baffour para el canal francés de 24 horas, también el canal5 Monde África, y para las comidas, las cuales guisábamos en su cocina, es decir en un estante en el pasillo. En tercer lugar usamos un aula aislada del resto de pabellones de clases para trabajar donde nos pasábamos la mayor parte del día. Teníamos las llaves de la casa de Baffour, el cual nos dio absoluta libertad y al que veíamos a ratos entre sus 14 clases de matemáticas por dia, 14 horas como mínimo. También disponíamos de las del aula.
Esa aula se convirtió en el epicentro de la familia debiendo por nuestra parte regular horarios de visita para que el colectivo de críos nos dejara trabajar. Nuestra suite continuó dentro de la furgo cuya temperatura ambiente y su estacionamiento en la parte del patio que tenía sombra todo el día eran las ideales para esa época del año. La temperatura en esta época del año es ya resistible y el sentimiento de seguridad en la noche cerrada era absoluto. Los críos más pequeños de Anne pasaron la malaria. Medicados con un intensivo de pastillas tres días seguidos los dejó como nuevos. Louis David ya dejó de llorar por el color blanco de nuestra piel y Mary, la hija de Vero, también Grace, la hija de Baffour y Mathilda, aquella de unos 18 meses y esta de 6, tras la primera sorpresa visual con nuestra piel más clara nos aceptaron cómodamente dentro de sus parámetros panorámicos. Sin plantearnos nada volvimos a quedar sumergidos en la vida familiar. Tuve la sensación que esta experiencia es la que nos había estado esperando durante todo el año. Habíamos hecho stages monacales, vidas de barrio, hacer vida de familia con una familia africana nos hizo revisar algunos puntos de vista. Vic está mas entrenada para las multitudes domésticas que yo por ser hermana de una troupe de 14, yo con un solo hermano y a una distancia sideral de un lustro llevándome la delantera no tuve mucha vida infantil mezclada con iguales y contadas guerras de almohadas, el griterío materno no obstante substituyó el de un batallón entero al grito de banzai con bayoneta calada. En resumen, Vic soporta más los cuadros familiares, del tipo que sean y en cualquier país, idioma, temperatura, color y performance, que yo. Por mi parte me inicié en algunas prácticas de abuelidad. Ningún mérito. Anne es abuela desde los 39 o 40. Al principio estuvimos confundidos con respecto a la edad por sus dificultades aritméticas y la información inexacta que nos había dado. Hecha la resta entre su año de nacimiento y el actual el resultado fue fácil. Anne confunde algunos números y no se acuerda de la fecha de nacimiento de todos sus hijos.
Detalles que podrían ser una calamidad en las latitudes de nuestros cuarteles al norte de Tánger, por aquí pasan con toda la naturalidad mundana. Vero se deshizo de un cabello artificial para pasar por una sesión de caza de piojos en la que intervino Cadi. (A Cadi la llamamos la cenicienta del grupo porque es la que la vemos trabajar más sin rechistar nunca, es la hija es una sobrina de Anne adoptada por ésta). Luego se cubrió el pelo previamente alcanforado con un pañuelo. El olor le duraría una semana pero los animales saltarían a otras cabezas donde buscar cobijo. Una de ellos bien podria ser la de Vic que es muy aprehensiva con esa clase de noticias y la sugestionan para que le pique todo. Vero no tiene 17 años sino 20 y así la aritmética familiar nos cuadró un poco más. Eso no significa nada, hay niñas con 12 años que han sido madres. Baffour nos refirió el caso de una alumna del Saint Peters. Suenan las alarmas, las abuelas se ocupan de los bebés de sus hijas. Sin duda la irresponsabilidad total pero eso no queda zanjado así. Los africanos crecen más rápido. Lo que para el parámetro europeo es una salvajada para la ley natural de vida es eso, una ley. Vivir con una familia africana, vivirla por dentro, hasta donde la condición de visitante o huésped se puede hacer, cambia un tanto la perspectiva. Los niños no tienen juguetes y ninguno va con chupete, por supuesto no se ven cochecitos a los que mantener a distancia del calor paterno materno. De tarde en tarde vemos a algunas jóvenes madres que en lugar de llevar a los bebés atados con el tradicional pañuelo a sus espaldas los llevan delante.
Las comidas en la paillote de Anne y sus vástagos con las manos directamente de la misma jofaina se convirtieron en una escena natural. Ver a Fada-Bruno, o al otro criajo, Louis David, con toda la cara llena de restos de comida y los mocos colgando en un cuadro nada naíf, tras las primeras horcajadas de asco nos pautó para posibles propuestas fotogénicas. Que Francis comiera por su lado con un grupo de hombres, a los que llamaba company, en las escaleras junto a la habitación de Mr.Cofee en el mismo edificio del aula, también pasó a parecernos normal. Por nuestra parte, sujetos de otra generación antecedente a la de nuestros anfitriones y vecinos, apalancados y sin demasiada motivación para recorrer las curiosidades del país dejamos pasar los días. Llegó otro domingo y convertimos ya en ritual ir con la furgo hasta la iglesia dentro del mismo recinto. Vic se dio otra sesión de martillazos, que incluía además del ritual del sacerdote mitineros de alguna asociación católica que proponían compras de objetos o lo que fuera; los niños un primor, todos vestidos de domingo, yo me quedé embutacado en la weel chair en las tramoyas de los encargados de la misa, los que preparan el incienso más los que siguen los sucesivos actos del rito. A mí me reconforta la sonoridad de las corales religiosas. Lo de menos es la religión y puestos a preferir me apuntaría a las guturales voces de los maestros tibetanos, en canto meditacional al menos y a sus longuíneas trompetas, pero eso queda demasiado lejos para tener nostalgia de ello. Por el momento me conformaba con lo que me encontraba: en alguna parte de mi inconsciente los canticos a Jesús, el crucificado, deberían congratular a mi narcisismo o a mi suerte por no haber pasado por esa tesitura. Nadie baja vivo de una cruz, le leí a Cortázar. Aceptado. No creo que él hiciera un estudio exhaustivo de los crucificados ni creo que llegara a conocer a ninguno pero por lo que sabemos de ellos como frase es genial.
Enseguida quedó claro nuestro ritmo que a pesar de no salir o salir poco dl recinto, fue apreciado como de muy activo: ordenadores, flauta, armónica y ahora con la tele de Baffour, reincorporados a nuestros puestos de un sofá como telespectadores. El cine francés suele dejarme en la perplejidad pero al menos parte del que pasaban estaba subtitulado en el mismo idioma y no había la posibilidad de la excusa de haberse perdido matices en la audiofonía. Seguimos resignadamente el alarmismo internacional sobra la caída de las bolsas de los mercados. Nos reímos un rato con eso de “la crisis de confianza” y estimamos que nuestra pasta depositada a un 5% no sufriría descalabros.
A Baffour, invariablemente, le proponíamos compartir nuestras comidas pero su firme criterio de una sola comida por día, para rebajar el volumen de su abdomen, lo mantenía al margen de los platos. Además esa comida la hacia con sandwichs en alguna parte de Serekunda, donde casi cada dia iba haciéndose llevar y traer con taxis una o dos veces. El tercer plato en la mesa, el suyo, casi siempre se quedaba in situ sobre la mesa sin ser usado.
Llegó el dia del aniversario de Vic- cincuenta y seis años bien puestos y una cabeza unida al resto del cuerpo- y le preparamos una fiesta no tan sorpresa. No hubo manera de organizar una coral para lo del happy birth day to you pero yo repetí hasta la saciedad con el clarinete los acordes, a ver si los consolidaba de una vez por todas sin hacer pitos. Luego Vero cogió uno de esos bidones amarillos de aceite de palma y lo utilizó como tam tam, los demás bailaron. Yo hice pruebas de video con nuestra cámara de pockett que supera las videocámaras anteriores que hemos tenido. A ver si un dia de estos dábamos el salto tecnológico definitivo al estrellato de las webs incorporando videoimágnes.
Anne siguió teniendo toda nuestra admiración. Debe ser el prototipo de la mujer africana, fuerte, dura a rabiar, segura de lo que dice y hace, sin ningún asomo de desfallecimiento en ningún momento, insistiendo en esa preferencia por una de esas tetas para dar de mamar al baby, con desparpajo y con una voz de dirigente nata. Ninguno de sus hijos le replica lo más mínimo. A la hora de comer todos se reúnen, todos menos el padre, junto a la jofaina y el horario escolar lo cumplen a rajatabla. Lo más sorprendente de todo es la falta de ansiedad ambiental. Todo sucede porque es seguro que va a suceder. La tensión paterna no se notaba por ninguna parte, tampoco entre los adultos del vecindario. Esas mismas condiciones en cualquier lugar de Europa, con las culturas de allá, antes de una semana habrían producido alguna clase de roce. En casa de Baffour nos convertimos un poco en sus secretarios. Continuamente llegaban alumnos preguntando por él. Algunas noches nos acercábamos hasta el minimarket para beber cerveza, a falta de la Carlsberg probamos la JulBrew, gambiana y bebible. Nos pasamos una semana entera sin salir de Lamin antes de intentar. Para los críos fuimos el centro de esa temporada. Seguramente se acordarían de nosotros toda su vida, nosotros desde luego de ellos sí lo haríamos. A mi me resultaba excesivo ser sobado a la menor oportunidad por todos los críos que se ponían a mi alrededor y me tocaban los brazos, el ombligo o los pezones (en el sentido literal). Todo el tribalismo familiar no tenía resuelto el tema del contacto físico. Tampoco se lo planteaba como problema. Aunque todos están muy educados con dar la mano al visitante los besos de mejilla no es una imagen frecuente. Introducirlo por nuestras propias costumbres les sorprendía. Las manifestaciones de cariño entre lso cónyuges seguían sin darse, tampoco los contactos verbales. Lo más probable es que nos fuéramos del lugar sin enterarnos de sus razones en hacer las cosas, en como las hacían. Hay algo de la psicología africana que sigue resultándonos inalcanzable. La nuestra debe serlo aún más. Nos veían cumplir cada dia con nuestras dedicaciones de oficina que, por cierto, empezaron a ser algo más extensas al decidir empezar a trabajar con el PowerPoint, ese programa que conocemos desde hace años y que su manejo es muy sencillo e ideal para hacer exposiciones, pero que nunca antes habíamos usado. También empezamos a probar la grabadora de sonidos para poner voz, la de Vic, a mis antiguos poemas acompañándolos de la música que yo improvisaba con mi armónica. Aunque no tenemos necesidad de hacer todo esto y podríamos balancearnos en nuestras hamacas de árboles cambiándolos a discreción (la hospitalidad de los árboles no tiene parangón) uno quiere creerse que tiene grandes cosas que ofrecer a sus semejantes y que su corazoncito late bañado en puro arte sentimental.
Esa presunción era difícil llevarla para adelante cuando cada atardecer (en Gambia, anochece muy temprano) el aula era tomada por la niñada y Anne que reposaba del cansancio del dia sin perderse detalle de su prole. Simplemente para estar a nuestro lado. . Francis aparecía un rato con su Bruno preferido.
Puse una cierta distancia para no ser tan sobado y para que las inquietas manos de los juveniles no sometieran nuestros equipos a posiciones de peligro. En Lamin estuvimos bien pero aislados de las experiencias viajeras. A Baffour le aseguramos que no queríamos ser molestos. Por su parte estaba encantado que estuviéramos en su casa y que no pondría ninguna objeción si decidíamos quedarnos un año. Nosotros todavía no teníamos decidido cuanto tiempo quedarnos. En algún momento de ese viaje habíamos perdido el furor viajero, la pulsión de explorarlo todo, visitarlo todo. Nuestra vida era totalmente rutinaria, lo era con una curiosidad: podríamos estar haciendo exactamente lo mismo en cualquier otra parte del planeta rodeados de cualquier otra clase de gente. Debe ser la edad, hemos encontrado el centro poliédrico equidistante de todos los ángulos y aspectos de la vida. Pase lo que pase más allá de las ventanas asistimos a la vida ajena como observadores tranquilos y a la propia como protagonistas convencidos de que nos pegamos una vida padre.
Hace un par de años Vic me propuso ir sola a un país anglosajón para practicar el (maldito) inglés. Una estudiante veterana como ella de cursos de academias, centros y clases de toda clase aprendiéndolo necesitaba el prácticum de la convivencia con nativos del idioma, más del que ya había hecho tempranamente en la época de mochila, 23tacos, por supuesto un sujeto del todo sospechoso, ¿sería por no llevar muletas de recambio y en cambio venir devuelta con un paraguas saliente por detrás de su nuca (un británico sin paraguas no es nadie y un visitante extranjero de UK aprecia el valor de las meditaciones bajo uno cuando llueve intensamente, con lo cual compra al menos uno de regalo como hizo ella para su mamá)? . Aquella idea, la de irse 4 o 6 meses a practicar anglo-british o anglo yanquee, fue dejada de lado, por el momento, y ahora en Gambia, país en el que los británicos han dejado sus estragos (los enchufes complicadísimos), podria cumplirse su deseo. El inglés gambiano sin embargo no es tan fácil de entender, cuando hablan de Dalasi entiendes dolars y cuando dicen thank you, oyes chanquiu. Hasta ahora las mayores dificultades idiomáticas no han sido por falta de idiomas europeos sino por falta de idiomas locales, a los cuales seguimos sin dedicarnos aunque Vic, una cazadora intuitiva de significados al vuelo no necesita mucho rato para saber de lo que está hablando la gente.
Con nuestra nueva dosis de enfamiliados, los ratos de autogestión de nuestro tiempo del anterior alojamiento quedaron para la nostalgia. Ahí pudimos pasarnos buena parte de una de las tardes escuchando música de nuestra selección de cds. Con un mensaje de Rosa Leon “en la noche viajeros y del tiempo los amos” nos identificábamos como credo y con otro de José Cano “todo el mundo es mío teniéndote a ti” recordábamos que del mundo lo más cierto es a quien tienes a tu lado y está dispuesto a jugarse su vida por la tuya. Cada lugar tiene su historia y nosotros que vamos de pasada por muchos sitios nos integramos humildemente en la suya por unos días. Los ratos de familia en el aula (ventiladores y fluorescentes con más luz) nos los llevaríamos como recuerdo de un grupo bien avenido. Cuando Anne daba la señal de irse a la cama todo el mundo la seguía, nosotros nos podíamos quedar un rato más para recuperar la tranquilidad. Vic dominaba cada vez a su máquina siguiendo con los solitarios a los cuales encontraba matices insospechados para mí. Llegué a la conclusión que era su forma de vengarse con los ratos de ajedrez que compartíamos.
Con Francis los ratos de convivencia fueron los menos. Para nosotros era la permanente figura ausente aunque invariablemente correcta y discreta. Con Anne no volvimos a sacar el tema del amor doméstico de pareja, no había suficiente lenguaje para hacerlo, solo nos sonreía cuando veía que yo hacia alguna caricia a Vic en presencia de los demás. A Francis le recomendamos que leyera le Petit Prince, que debe ser uno de los libros más vendidos y leídos de toda la historia de la literatura, por lo que hace a uno de sus relatos sobre el bebedor que bebe para olvidar (declaración de él sobre su propio alcoholismo) y al preguntarle el principito que es lo que quiere olvidar le responde, que lo que quiere olvidar es que es un bebedor empedernido. El cuento es muy conocido.
Nuestra vida de vecinos y amigos nos gustaba. Nuestro inglés siendo insuficiente bastaba para la comunicación básica y Baffour no daba señales de estar molesto con nuestra presencia ni con nuestros pequeños detalles de colonización de su espacio. Todo lo contrario nos invitaba a que lo visitáramos en Ghana, donde su casa tiene 6 dormitorios y hay espacio para sobrado, nada a ver con el que tiene en el recinto del Saint Peters.
En Lamin teníamos todo lo que necesitábamos para nuestras ocupaciones y aunque no quedaba muy claro en calidad de qué estábamos allí en principio no vino nadie a cuestionarnos nuestro derecho al uso del aula, la cual de vez en cuando venían a usar para alguna conferencia. Ese solo detalle sería impensable en Europa. Nos sentíamos como profesores invitados sin tener que hacer la contraprestación de dar clases (la conferencia que le propusimos a Bruno, el director, quedó como gesto de cortesía que no se concretó en nada).Un mediodía una avalancha de estudiantes tomaron el espacio y yo me retiré con mis cosas al salón de Baffour, a la vuelta el esquema a tiza de la pizarra eras una exposición sobre tuberculosis. Me llamó la atención que no borraran un texto que llevaba un par de días pintado con trazos gruesos y ocupando el centro del encerado. Otro detalle de deferencia, en este caso, excesiva.
La vida doméstica nos proporcionaba la beatitud y una considerable reducción de variables. Joyce me llevó de paseo por el jardín del que se ocupa (una enorme extensión de plataneros) y de la que se siente orgulloso, también por el campo de maíz y entramos un momento en la granja de las gallinas, las cuales se acercaron a la puerta esperando comida. Probé un plátano maduro adelantado y me llenó con una bolsa de mazorcas de maíz que di a Anne para que las guisara para sus hijos. El plátano había formado un tubo interior con sus paredes endurecidas, algo con lo que nunca me había encontrado antes, por lo demás estaba maduro y bueno.
Posiblemente de África nos acordaremos más de las escenas cotidianas como las que vivimos relacionadas con la amabilidad de nuestros no pocos anfitriones que de los reveses en las carreteras y con las burocracias. Hay una forma de vivir y una manera de ser de la que se puede aprender mucho a pesar de su subdesarrollo tan publicitado, el cual no impide priorizar el goce en algunas ocasiones (de pronto, el presidente del país decretó fiesta nacional un lunes porque la selección futbolística ganó a Senegal. Increíble pero cierto). La vida puede ser más o menos feliz según los parámetros con los que se viva. A una mayor envergadura de necesidades más complicaciones para gestionarlas. Vivir con mínimos no significa vivir bajo mínimos, por otra parte ¿qué caramba quiere decir eso? Quien se acostumbra o nos hemos acostumbrado a vivir en el superávit nos cuesta entender como otras personas viven con lo más elemental sin comerse el coco para garantizar el futuro (la definición del cual también es algo bastante oscuro).
Nos abastecimos en Serekunda, tanto de Dalasi (que conseguimos a una unidad mas, es decir 33 por euro) como de algo más de comida. Más problemas con el recurso de internet. Volvimos a Le Palais ese pequeño local donde se reúnen libaneses y anglos y tienen wire less y donde ya fuimos en otra ocasión a perder toda una tarde sin apenas conseguir con mi ordenador ,mucho peor que el de Vic, poder navegar. Despues de muchas penalidades y conseguir la conexión tampoco conseguir navegar con fluidez. Algunas webs me piden el java que misteriosamente se ha deshabilitado y otras sin pedirme nada se mantienen bloqueadas. Mientras nosotros tratábamos de ser universales a través de nuestras pantallitas y yo me desesperaba viendo cantidades de facturas y cargos de tarjeta de crédito no controlados, una impresionante tromba de agua daba a la calle el aspecto del último día del mundo. Despues de media noche volvimos a la carretera completamente despejada. El inevitable control policial me pidió los documentos, también al coche anterior al nuestro, eso si parándolo en medio del asfalto e interrumpiendo la circulación. La anécdota policíaca sigue sin faltarnos a pesar de que en Gambia por primera vez nos hemos encontrado policías de tráfico que hacen de policías de tráfico, es decir que dan señalas explicitas, con gimnasia gestualística homogeneizada, de stops o vía libre, sin esperar a que tu infieras lo que quieren decir con muecas o guiños o gestos ambiguos. No fue advertido mi permiso caducado y un policía más del reino de los policías esa noche creería haber cumplido con su deber por interrumpir el tráfico, pedir documentos que no sabe interpretar y molestar a ciudadanos tranquilos y propuestos para santos, como nosotros. En Serekunda descubrimos el Youth Monument como uno de sus centros neurálgicos donde me acogí a la oferta de 3 botellines de Heineken por 50 Dalasi. Un comentario inevitable de la Heineken, todo lo que tiene de nombre famoso no lo tiene de calidad. ¿No era la marca qué proponía en su publicidad el slogan de piensa en verde, jugando al doble sentido de la propuesta ecológica cuando en realidad solo se refiere al color verde del cristal de los envases? Un caso patético que demuestra como lo malo puede ser encumbrado con la técnica persuasiva adecuada.
Entramos un rato en un hall donde los evangelistas practicaban su música a toda marcha con batería (a los evangelistas se les distingue por las baterías y las músicas mas envolventes que a los católicos, también por que el baile-balanceo de la feligresía extiende los brazos y muestra las palmas de manos a lo que sea). El nombre de Jesús (Jesus loves you, Jesus help you, Jesus wait you,etc) es usado con profusión. Por fin se me reveló la verdad: cada vez que tenga una pérdida de autoestima o un déficit en la mención de mi nombre ante el de Vic por ejemplo, como tantas veces sucede, no tengo más que ir a un acto de los evangelistas y recargar mis pilas. Yes I’ m Jesus, soy la verdad, soy el camino. (A estas alturas del año es cuando me toca saltar de la excentricidad al delirio neto.)
Los problemas de conexión a internet se convirtieron en una razón poderosa para decidir anticipar la vuelta a Senegal reduciendo nuestra estancia en Gambia.
En el aula de meetings seguimos haciendo vida prácticamente todo el día salvo los ratos de la comida y del desayuno en casa de Baffour y las noches en la suite. Tan pronto la criaturada terminaba la escuela venia a querer estar con nosotros. También Anne. A ratos pasábamos tiernos momentos de familia unida y a ratos yo acusaba la densidad humana haciendo de glomérulo pegadizo a mi alrededor. Hasta Cadi, la cenicienta, empezó a dar señales de vida y muestras de interés por las fotos y videos que habíamos tomado del grupo y que paseábamos por las pantallas de nuestros ordenadores. Anne descubría sus tetas y alimentaba al pequeño baby, siempre con la derecha. De ser yo escultor a Anne le propondría como modelo para hacer una escultura para la plaza Catalunya para darle el relevo a algunas de las veteranas que están allá.
Apenas hicimos convivencia con los otros profesores del Saint Peters, aunque alguno vino a visitarnos a nuestro puesto de trabajo que nunca quedaba muy claro en calidad de que era.

En Gambia

Serekunda 7 octubre 2008
. Despues de cinco días de estar enfamiliados antes de irnos la furgo nos dio otra sorpresa. Sin batería ¿pero por qué? Tuvieron que empujarnos para arrancarla. Nos dirigimos a Bakau y localizamos Shalom, un chalet tranquilo con vistas al mar. Para nuestra disuerte octubre es su mes de vacaciones y no alojan a nadie. La llamada del domingo anterior del priest Antoine en nuestro nombre para confirmar nuestra llegada y la posibilidad de alojamiento no sirvió para reactualizar la información del calendario de la casa. Pudimos dejar la furgo estacionada y pasar la noche en el patio. Las cruces blancas, una en cada árbol (ojo al dato: las macetas no las llevaban puestas) a excepción de los grandes árboles cortados junto a la ladera que da al mar, seguramente nos protegieron de maleantes. Esta zona de Bakau es muy tranquila algo así como el Pedralbes de Barcelona. Compartimos la paillote con el perro y con el guarda, con el ajedrez y la luz de las velas. Por el camino nos habíamos detenido en una Total para renivelar la presión de los neumáticos. Desconecté el motor por automatismo pero con los pocos quilómetros hechos desde Lamin fueron suficientes para recuperar su intensidad. Los alrededores de Banjul nos dieron cuenta de la pujanza económica del país. Muchos nuevos edificios y bancos aunque al dia siguiente advertiríamos problemas para que nuestras tarjetas fueran admitidas por el principal de los bancos: Standard charterest House. Otros clientes, un filipino, un inglés, un gambiano que venían a lo mismo tampoco pudieron operar con las suyas
Fuimos a un sitio cercano a buscar alojamiento el GPI, Gambia Pastoral institute, menos tranquilo que Shalom pero al igual que éste un establecimiento floreciente con su clientela buscando reposo, comunicación en hilo directo con la divinidad o escapar del mundanal ruido. En GPI eso último no tanto, está junto a una vía fluida de tráfico.
Inmediatamente tomamos las coordenadas de nuestra nueva posición: la ducha no funcionaba por falta de presión de agua en todo el sistema de distribución desde el exterior y la corriente eléctrica estaba cortada. Bueno, tocaba sufrir. Eso se subsanó a partir del segundo día. Las secuencias de los días pasados con Anne, family y vecindario nos estuvo acompañando. Joseph, el administrador, padre Joseph dijo al presentarse. ¿Por qué los curas insisten en decir su condición sacerdotal? Eso recuerda a esos países latinoamericanos en que la gente para decir el nombre lo anteceden del titulo. En España también pasaba en la época del licenciado Vidriera. También hay gente que remarca su condición de míster, como dos de los visitantes de Baffour en su ausencia que al preguntar por sus nombre lo antecedieron con el enmarcamiento de mr.
Antes de irnos, Francis nos dijo algo así como que sus problemas domésticos no tenían porque salir de puertas para afuera. Baffour nos habló del cuadro familiar de aquél, mucho mas extenso del que pudimos advertir. Francis tiene mas hijos con mas mujeres y los reúne a todos una vez al año o para efemérides importantes. En cuanto a su trato privilegiado con Fada Bruno se explica, como si eso pudiera ser una explicación, porque este es su hijo, lo mismo que el bebé, el resto de la troupe de Anne son los hijastros de él. De Bruno saldrá un sujeto insolente y despótico, atributos sin duda para el mando pero insoportables en la vida cotidiana, a fuerza de mimarlo a él y solo a él. A favor del niñato hay que decir que compartía los arashids nada mas recibir la bolsita diaria entregada por su padre. Con Francis al despedirme le pregunté cual era su nombre si Francis o Napoleón. Necesita ayuda. Todos los alcohólicos la necesitan. Estar en familia también presupone acceder a sus cuitas y cocciones. Dijimos de volverlos a visitar unos días después. Baffour insistió en que nos quedáramos con la llave del candado de la puerta de su casa por si cuando volviéramos de visita él no estuviera.
En Shalom, en Bakau, no pudimos alojarnos por cierre vacacional. En el GPI los días empezaron a desgranarse como en cualquier otra ciudad metropolitana. Estábamos en la avenida Karaba, una calle emergente con edificios nuevos de todo tipo (por cierto, ningún cartel de alguna ong a la vista, en esa calle al menos según una primera apreciación las ongs no encontraron pretexto para clavar sus enseñas), establecimientos montados por hindúes, o empresas de otros países. Hablamos con el filipino que trabajaba para una empresa holandesa, ante el primer cajero del único banco, se nos dijo, el standard Chartered que acepta tarjeta visa pero que no funcionaba, que expresaba el nuevo potencial de la zona, de la ciudad y del país. La nueva habitación que tomamos de una sola cama era cómoda pero el pabellón tuvo la electricidad cortada todo el primer dia. Lamin el guardés –los guardeses suelen ser mas enrollados que los anfitriones o los managers de los establecimientos- nos proporcionó la llave de la biblioteca en otro pabellón que sí tenía electricidad. Era la misma biblioteca por la que preguntamos como posible espacio de uso de trabajo y que en un principio el administrador dijo que no se podía usar porque estaba por arreglar. No era cierto, simplemente no le apeteció molestarse en abrirla. Sobrevivimos en medio de sus estanterías sobrecargadas de literatura teológica, cristología, moralismo, novelas pías, catequesis, biblias, espiritualidad y una enorme cantidad de títulos píos de eclesiástica. A pesar de todo, en esas toneladas de papel impreso encontré el pequeño texto de George Steiner sobre Heidegger y algunos de Theilard de Chardin.
Ocupamos los bajos de un pabellón de habitaciones como únicos usuarios. La hoja de instrucciones de detrás de la puerta daba las pautas de uso pensadas para grupos indisciplinados (habitaciones, que todas tienen baño, cerradas durante el dia y uso de los cuartos de baño al fondo de los pasillos, no comida en el interior, no lugar de reunión, etc).Uno cuando va de hotelerías y lee éstas cosas no sabe muy buena que atribuirlo si a vestigios educativos de los tiempos ideológicamente más que discutibles o al olvido del mánager de sus predicados más radicales (si pones la mano donde no debes te la cortaré, si hablas lo inapropiado te amputaré la lengua, si ves lo que no tienes que ver te cegaré los ojos). Evidentemente no les hacíamos el menor caso. En una ocasión que estábamos durmiendo en uno de estos establecimientos tan chics y detallistas en sus prescripciones –era el youth hostel de la Amsterdam Av de New York-cuando ya estábamos acostados, abrieron la puerta desde el exterior porque los de la administración se habían equivocado dándonos una habitación distinta a la que nos correspondía. No llevábamos el pijama puesto para atender visitas imprevistas e inmediatamente pudimos reanudar nuestro encuentro con Morfeo. Aunque raramente pongo una silla bloqueando la empuñadura de una puerta, entre otras razones porque muchas puertas ya no tienen empuñadura o es demasiado alta, recomiendo vivamente esa medida de precaución cuando no sabes donde te has metido ni con quien te juegas los cuartos. Si, como digo, no hay empuñadura y no has hecho tu tabla de gimnástica diaria, puedes optar por correr el armario hasta la puerta. Si no hay armario siempre te queda la autodefensa de la cama como mueble de bloqueo. Esa ultima opción tuve que utilizarla en algunos hoteles en Centroamérica que ni siquiera te proporcionaban la llave de la puerta o ésta no tenia cerradura. El de New York, en su cartel tras la puerta creo recordar que a excepción de dormir y respirar estaba prohibido todo lo demás. No es que el permiso a respirar fuera una gentileza de la casa, solo que los del negocio no estaban dispuestos a retirar cadáveres cada mañana.
Volvamos a Karaba Avenue. Otros detalles como un cartel en un campo deportivo busness before pleasure daba la talla de la influencia anglosajona. No, no, that’ s not correct, the correct is pleasure before busness. Ni flowers, no disponíamos de megáfono, tampoco de oratoria para la prédica. No deja de ser un tostonazo que el cartelito colgando de la puerta de una cancha deportiva haga volver a casa a los deportistas que hayan olvidado hacer sus deberes o no hayan acudido al trabajo ese día.
Decidimos ir de paseo hasta el final de ella con la silla de ruedas, una calle con zonas por arreglar con baches enfangados. Hacia el final, ya casi en el cruce con la carretera principal que cruza el país de norte a sur por su lado occidental, hay otra sucursal del Standard Chartered. El cajero, para variar, también estaba fuera de servicio. Al preguntarle al guarda por si conocía a alguien para cambiar fue a buscar a un cambista que resultó ser Abdalluh Salam, un tendero de la cercana que vendía plátanos de importación holandesa (mas de dos dólares el kilo), manzanas y otras cosas. Nos cambió 100 euros por 3200 Dalasi. Los 27 que los había cambiado en la frontera con la Casamance fueron una estafa que calculé mal creyendo que el euro estaba a 25. El cambio lo hicimos en un patio posterior, el lugar ideal para asaltos a turistas confiados. Yo hasta hice mi gag simulando esa posibilidad.
Con dinero del país en el bolsillo despues de varios días de no tenerlo, nos ubicamos en un sitio para tomar una Guiness negra de 33cl que inexplicablemente Vic no prefiere a la negra portuguesa. Jugamos nuestra partida de ajedrez (la tenacidad de Vic en seguir aceptando partidas aunque nunca gana incita a un monumento de subscripción popular que ensalce la perseverancia) con uno de los frontales puestos. A nadie le extraña que dos guiris auto iluminen su mesa de esa manera o anden por la calle así para ser vistos por los conductores. Al salir cruzamos -siempre a pie- por un parking asfaltado al parecer custodiado por policías, en lugar de hacerlo por la calle de baches y que no se veía nada por no estar iluminada. Alguien nos interceptó sin que le hiciéramos caso hasta que al final ya de ese parking bloqueó nuestro paso diciendo algo así que no teníamos derecho a pasar por ahí. Who are you? Le grité ya enfadado, ¿pero quien coño eres tú para molestarnos?, era la frase entera. Era un policía claro. Nadie se inviste de tanta autoridad si no es un policía que le han hecho creer que está por encima de los demás o si es un criminal. La semejanza entre ambos es absoluta una vez más. Otro policía convenció al primero para que nos dejara continuar. Los policías salen debajo de las piedras, osease, debajo de los coches o detrás, son lapas de la oscuridad, espectros para películas de terror. Seguramente todo el mundo en la ciudad sabe que aquel parking no puede ser pisado pero para nosotros no había ninguna señal que lo indicara. Los códigos existen a pesar de no ser explicados. Siempre hay una calle prohibida que los lugareños saben que lo es pero que la señal se cayó y nadie la repuso o agujeros que todo el vecindario conoce menos tú. Nunca entenderé ese perfil de control a la africana. La mentalidad africana es la menos dada a la planificación, al proyecto, a la auto organización pero cuando los africanos tienen una norma, aunque solo la entiendan ellos y no la manifiesten claramente, la aplican a rajatabla. Siempre te viene alguien a decirte que tal como tienes el coche aparcado no es correcto porque no guarda el paralelismo adecuado con el edificio o porque la proximidad no es la razonable. Explíquemelo en suahili por favor a ver si lo entiendo más. Hay toda una ciencia de la proxemia difícil de evaluar para un europeo y menos aún para nosotros, cuyos códigos de la interdistancialidad escapan de toda cultura conocida.
Como siempre, la mayoría, por no decir la absoluta totalidad, de problemas, contratiempos, adversidades o contactos desagradables que tienes con los demás son por cuestiones territoriales. Lo peor que recibe cualquiera, sea quien sea, y lleve al lomo la chapa de marca que sea, es que lo ningunees no haciéndole el menor caso. Estamos habituados a que gente que nos ve y se nos acerca para decirnos tonterías o hacernos perder el tiempo: cómo te llamas o de donde vienes, o si te puedo ayudar (como el tipo que nos vino la noche que tuvimos la captura de la credit card, con cadenas de oro al cuello y no parando de mirar mi monedero). Nuestra profilaxis instintual pasa por tomar decisiones rápidas sobre quien parece razonablemente aceptable y quien no. No acertamos siempre. Un tipo que dice que es policía que viene con los humos subidos y que encima no lleva ningún distintivo que lo atestigüe no es precisamente alguien para hacerle caso. ¿Si a los uniformados no se le hago cómo hacérselo a uno de estos que no lo está?
Un rato después ya de vuelta por la misma calle sin iluminar en una zona completamente embarrada tomé el camino equivocado. Nada mas meternos patiné con mi pierna izquierda gracias a la contribución de la zapatería regional con mi suela de goma de sandalia inapropiada para tchekking y para ciudades como esta y tantas otras africanas. Faltaba poner en alto mi cuota de accidentabilidad: aquí está. Se deslizó toda la pierna izquierda mientras me caía hacia atrás y arrastraba conmigo la silla con Vic a bordo. Yo me quede con la pierna derecha debajo de ella sin dejar de sujetar las empuñaduras. Vic se quedo de espaldas sin dejar de amarrar la sandia que acabábamos de comprar. No había sospechado que era una autentica jugadora de rugby. El tirón de mi nervio que experimente fue brutal. Pensé que de haberme dedicado a la acrobacia mi pierna no se hubiera lastimado pero uno no puede estar en todo. Tras un minuto largo en esta posición durante el cual un grupo de niños que también pasaban por el lugar no pararon de decir a coro: i’m sorry, i’ m sorry muy preocupados por nuestra escena, recuperé a duras penas la verticalidad. Hicimos el resto de la caminata con un dolor impresionante. A Vic, menos mal, no le pasó nada. Al sherpa había que llevarlo a reparaciones de la manera más inmediata. Eso consistió en una crema reconfortante que produjo un alivio considerable. La caída sería un pretexto para aprovechar esas cremas mentoladas y alcanforadas curalotodo que envejecen en los bolsos por falta de uso. Después de dormir unas horas me desperté e madrugada y retomé el ordenador para consolarme con las curiosidades por las que nos tocaba pasar. Por la noche había vuelto la electricidad. Me tocaría guardar reposo los siguientes días. No era el primer accidente que me tocaba sufrir en este viaje. En Sokodé, en Togo, tropecé con uno de esos salientes circulares de unos 20 cms de alto que están en suelo yacen de tapas de fosas sépticas. Esas tapas las he visto por todas partes, también en los patios de los hospitales, deben hacer de 1,5 a 2 metros de diámetro. En un patio oscuro cuando iba a la toilette, me di tal golpe en una uña de un dedo gordo que su ralla negra me estaría acompañando durante 8 meses hasta renovar la uña por completo. El peligro es continuo. Para mi, que soy mas bien confiado, aún lo es mas. Por ahora no me ha engullido ningún agujero de la calle pero no descarto que eso entre dentro de los posibles. La filosofía tiene sus riesgos: cambias de mundo sin apenas dar cuenta o pasar del overground al underground en cuestión de segundos si no te fijas por donde caminas.

Joseph, el mánager, resultó ser uno de tantos otros tipos disfrazados de cura que había equivocado el oficio. El catolicismo proporciona espacios agradables, un empleo con garantías de futuro (que incluyen la de la eternidad) y espacios tipo chalet más o menos confortables, pero no todos sus acólitos tienen fe y no ya caridad sino ni siquiera deferencia en el trato personal o profesional. Cuando un tipo va ignorándote olvidando que estuvieras ahí y no dice nada, ni siquiera el saludo matutino, es mejor tratarlo como lo que es: un fósil. No es que en english los saludos sean demasiado grandilocuentes (del good morning se le amputó el good para dejarlo solo en morning. Esto en castellano austero nos permitiría tomar al que nos saludara con un día o días, en lugar de decir buen dia o buenos días como un agramático por no decir un vago de vocabulario) pero al menos dan noticia de la voz del otro. El guardés por su lado decidió limpiar las llantas de nuestras ruedas sin consultarnos. Vale. Una cocinera, o algo así, no supo decirnos el nombre del distrito en el que estábamos. La verdad es que a partir del segundo día nos sentimos como en casa. El perro nos cogió cariño y venia a acompañarnos en nuestras horas de biblioteca. El guardés de día nos trajo papayas y el guardés de noche, Moussa, un burkinabé, se presentó nada más vernos. Es habitual que el catolicismo contrate a trabajadores de la fe islámica aunque equivoque los cargos: muchos de los guardeses que hemos conocido deberían ocupar la dirección de los centros en los que hemos estado y muchos de sus directores reemplazarlos como encargados de puertas, pero la vida es injusta ya lo dijeron millones de personas antes.
En el primer fin de semana aparecieron más caras en el GPI. Una compañera de pasillo fue otra autista mas que apuntamos a una larga lita de ellas, Lamin, que inexplicablemente tiene el mismo nombre que la ciudad del saint Peters school, me presentó a su hermano que se graduó como ingeniero en el technologic institute de Cambridge. Yo hacia vida de biblioteca con el ordenador trasladándome hasta ella al otro lado del patio y Vic se quedaba en la habitación o en la cocina de bloque. La pomada del doctor Lakazza me alivio de sobremanera y el impacto de la caída fue menor de lo que en un primer momento había estimado aunque la mancha del hematoma que apareció unos días después me dio aspecto de ser un marido maltratado.
Sobrevivimos a todas las inconveniencias de las suspensiones de luz eléctrica, en alguna ocasión un dia y una noche enteros y también a la extrema lentitud del cyber cuando al fin nos metimos en uno. Nuestra calle en Serekunda bastaría para pasar toda una vida en ella y conocer en profundidad su vecino. ¿para qué recorrer el mundo si el mundo entero viene hasta tu calle con todas sus variopintas manifestaciones, gente procedente de varios países, comercios de todo tipo, vendedores de sandías, taxistas de taxis amarillos, microbuses? Tengo en memoria historias estadounidenses que cuentan las biografías a partir de un barrio en la llitle Italy. El mundo es también un barrio, un dédalo de calles o incluso una sola calle, un recinto, una casa. Puestos a extremar la definición el mundo eres tu y tus consideraciones. En el GPI estuvimos considerados con mas deferencia por los empleados que por los profesionales de la religión. Invitamos a los dos guardeses a comer tras abastecernos con nuevos productos de despensa. La que trajimos de España prácticamente ya se había agotado salvo un poco de aceite y frutos secos que nos quedaban. Moussa vino puntual, pero Lamin dijo que ya había comido. La propuesta de unos espaghettis más amor en su preparación no siempre encuentra la acogida deseada. El espíritu italiano no es universalmente comprendido. Vic los dejó a punto de impecabilidad. Moussa se sirvió 3 platos, buena señal. Era el guardés de noche que de dia iba de monitor de francés a una escuela. Sus 1500 dalasi mensuales (el salario que suelen cobrar los guardeses en todo el oeste africano) le permitía un cierto ahorro para saltara otro país. Antes estuvo en Liberia. Es un compositor mental de música en partituras sin instrumento concreto. La conversación surgió a partir de escuchar uno de mis solos furibundos a la armónica: un diálogo apasionado con las notas sopladas para emular una llamada a las musas que sin duda no escuchan. Por mi hubiera invitado a Moussa a compartir nuestro viaje para cruzar el desierto ya de regreso a España ya que viajar a Europa es uno de sus propósitos. Cuanto mas nos surge la conversación acerca de este deseo menos consistente nos parece. Muchos africanos han llegado a Europa sin conocer o recorrer África salvo sus países de origen y tampoco a fondo. No nos hemos encontrado con viajeros africanos ávidos de conocer su continente. Los transfronterizos lo son por razones inmigratorias o comerciales. El fenómeno de la juventud viajando en autostop por Europa o por América del norte que caracterizó una realidad hace algunas décadas es una imagen absolutamente inexistente en el continente africano. Las prisas por vivir en Europa son totalmente inconsistentes. Los africanos que alcanzan vivir el reino del capital suelen cambiar su registro del ocio por otro de la esclavitud cobrando los peores salarios y viviendo en los peores agujeros, al menos durante etapas no precisamente cortas. La mejor ayuda a un africano no es haciéndole de puente para que alcance lo antes posible el falso paraíso europeo del consumo sino para que pueda desarrollarse en la zona en la que está.
Tras una semana en la zona la experiencia con el primer cyber gambiano fue una tortura por su lentitud. Una hora para poder insertar un articulo y consultar la mitad de la bandeja de correo sin ni siquiera poderla contestar a todo representaba un servicio fraudulento. Luego descubrimos un local moderno con wireless.
Mientras me contaba todo eso y planeaba los siguientes pasos a dar para volver a cambiar de ubicación, una monja del reciento, soeur Calixta, de origen hindú, me preguntó si podía hacer algo por su ordenador. Vino dejándome un ordenador de torre con todo por conectar sobre la mesa del escritorio con el encargo de recuperar más velocidad para el suyo. Vale. Se quedó ahí mientras terminaba con mi trabajo.
A 85 capítulos después, contando éste, los de mi parte, desde que nos planteamos este viaje y este libro y a 12 de finalizarlo, también de la mía, más los de Vic, si no hay ningún contratiempo severo, empezábamos a inspirarnos ya por los recuerdos del mediterráneo. Como los monjes de Keur Mossa no nos habían contestado con respecto a nuestra solicitud de volver a pasar unos días alojados en su establecimiento mientras les comprábamos la korá no teníamos una idea clara del tiempo que permaneceríamos en Gambia y cuando regresaríamos a Senegal. La cuenta atrás de los últimos tres meses de este año en África había ya empezado y el deseo de recuperar otros registros de nuestras vidas también. La frecuencia con que comentábamos cosas de España y los planes que hacíamos con respecto al 2009 indicaban un deseo de retorno.

jueves 16 de octubre de 2008

Mi cumpleaños

Lamín, Gambia. 14 de octubre de 2008

Estos cuatro últimos días de octubre han sido muy emotivos para mí. El día 10 aconteció otro aniversario póstumo de mi hermano Jorge. Recuerdo que cuando murió, hace tres años, en la península, especialmente en Catalaunya, se desató un temporal de nieve, viento y lluvia que colapsó trenes y aviones. No pude estar presente en Cádiz con él, su familia y mis hermanos, y eso me entristeció mucho. Por otra parte, no haberle visto sin vida recrea en mí la ilusión de volverle a ver como cuando venía a Barcelona cada quince días. Recuerdo mi infancia con los cinco últimos hermanos de la saga de 14: en tres años y medio nacimos cinco con dos gemelas entre el grupo, yo era la pequeña y él el mayor (siete años más tarde nació Ignacio quien clausuró definitivamente el número de nacimientos de mi madre), siempre hemos estado muy unidos a pesar de que cada uno buscó su propio camino. Entrañable y tímido, sus palabras fluían más cuando se sentía escuchado y estaba entusiasmado por el tema. ¿Qué cosas le interesaban?: la música pop, era casi un experto en grupos y canciones de los años 60, 70 y 80; el fútbol: se sabía de memoria los nombres de los jugadores que componían los equipos más memorables; de la mar, como marino mercante me enseñó muchos trucos del puente de mando en los actuales barcos; de la prensa, leía una media de dos rotativos al día. Tenía una vida interior muy intensa, podías estar horas con él sin decir palabra porque estaba enfrascado en sus pensamientos. Lo que más me entristece es que no me pareció que hubiera disfrutado demasiado en su vida privada, con su mujer y sus hijos. Sus continuas ausencias por el trabajo le apartaban de la cotidianidad, de ver crecer día a día a los hijos. Ya de mayor, cuando decidió pedir la jubilación por su estado delicado de salud y recuperar así sus ausencias familiares, la muerte por negligencia médica truncó lo que podía haber sido la recuperación de su felicidad perdida.


Ayer, día trece,- fiesta excepcional por decreto del presidente de Gambia debido a su triunfo sobre Senegal en un partido de fútbol histórico para ellos - fue uno de los cumpleaños más bonitos que he celebrado en mi vida. Jes me había preparado un montaje audiovisual con improvisaciones propias de: armónica, fotos nuestras y textos muy poéticos. Me emocionó mucho el detalle pues es la primera vez que se atreve con semejantes montajes y le dedicó muchas horas. Empezó el día interpretando con el clarinete el “cumpleaños feliz”. Como yo deseaba participar a esta familia de mi aniversario les invitamos a ingredientes especiales ( tres pescados, para ellos muy caros) que acompañaron con el consabido arroz y a grandes botellas de naranjada preparada con polvos que también compramos. Nosotros, lo celebramos con cerveza y comimos de lo nuestro, pues ambas culturas culinarias somos totalmente incompatibles. Después de nuestro trabajo de oficina diario, toda la familia vino a nuestra sala de trabajo y montó una gran fiesta. Con una gran garrafa improvisaron la percusión y danzaron con verdadero arrebato, desde la madre hasta el último de los pequeños. Después, con Jes y el clarinete, me cantaron “cumpleaños feliz”. Me encantó esa espontaneidad, parecíamos una gran trouppe en plena catarsis de desinhibición, Jes filmó en vídeo su expresividad y, realmente, el documento no tiene desperdicio. Al final, cuando todos se habían ido a cenar, apareció Francis, el padre, disculpándose porque había estado todo el día con su padre que está enfermo, para dedicarme un entrañable solo de “cumpleaños feliz”. Fue realmente encantador ver a un individuo casi de dos metros y muy corpulento, de pie ante mí, cantando “happy birthday to you” muy serio y amoroso.
Estamos de nuevo con la familia de Francis desde el día 8 de octubre. Nuestra cotidianidad se reparte entre:
- La furgoneta para dormir.
- La casa familiar para ducharnos.
- La clase-oficina para trabajar
- La casa de Bafort para comer y ver la TV.
- El mini-market para tomar cerveza y alternar con la gente y con Francis.

Tenemos casi todas las ventajas de vivir en comunidad e igual de desventajas. Aquí, en este pequeño barrio dentro del St.Peter School, vivimos cuatro vecinos de lo más variopinto y ninguno se pelea o tiene celos; por ejemplo, nosotros fuimos invitados por Francis a instalarnos aquí, sin embargo, con quien hacemos más vida es con Bafort, y a Francis no le molesta en absoluto. Es increíble, para nosotros, comprobar que estos vecinos sin niños no les produzca ninguna molestia la presencia de esta gran trouppe que compone los seis hijos de Anna y Francis. Las relaciones son de armónica convivencia a pesar de que el espacio exterior está prácticamente tomado por esta familia.

Para poder trabajar en lo nuestro, a los niños les permitimos que nos invadan a partir de media tarde, cuando vuelven del colegio, y ellos lo cumplen a rajatabla. Pintamos, jugamos, les hacemos fotos que luego ven en la pantalla del ordenador, hablamos con todos y disfrutamos de nuestra mutua compañía. Aunque para Jes, que no está acostumbrado a tanto niño, a veces le agobia y quiere desaparecer. Nuestra relación cada vez es más de intercambio: nos lavan la ropa y nosotros les regalamos prendas de vestir que tenemos reservadas para la ocasión.

¿Por qué están tan mal de dinero si el padre es un profesor y además director de primaria? Pues porque tiene otros dos hijos con otras mujeres que tiene que alimentar además de los cuatro que aportó su mujer Anna y los dos que tienen de su matrimonio, más una sobrina de catorce años, KADI (ella es hija del hermano de Anna, nació en G.Bissau, nunca fue a la escuela, sólo sabe hablar Wolof y está perdiendo el Crioll portugués, su madre la abandonó y su padre la entregó a Anna) que vive con ellos y la nietecita hija de la mayor de 20 años, Verónica que tuvo que dejar el colegio por este motivo y ahora lleva el timón de la casa junto a su madre que tiene un bebé casi de la misma edad que la hija de Vero. Para sobrevivir mejor a tanta carga económica, Anna se pone a vender bolsitas de agua o de refresco congeladas en su nevera portátil delante del colegio, con el pequeño a su espalda y su sobrina de catorce años que parece una auténtica Cenicienta. A Francis, al contrario que Bafort, le gusta charlar con los amigos y beber hasta emborracharse casi cada noche; a Bafort le encanta trabajar: cuando termina su jornada en la escuela, va a dar clases a adultos y los días de fiesta arregla cualquier aparato eléctrico o electrónico que su fama les permite. Ni bebe alcohol ni fuma, tiene una preciosa niña y novia licenciada en Prevención Sanitaria, y piensa casarse cuando tenga su nueva casa y termine el master de matemáticas que quiere hacer en el extranjero europeo. A Bafort todo el mundo acude, los alumnos para preguntarle cuestiones o para que les arregle algún cacharro, y los colegas profesores, como Francis, para que le “preste” dinero que nunca devuelve. Y es que Bafort dice lo que muchos africanos comentan: en mi país las cosas son diferentes, aquí, a la gente no le gusta trabajar, quiere el dinero rápido y sin esfuerzo. Bafort es de Ghana; nunca he estado en este país y no puedo opinar, pero lo que sí es cierto es que entre los ciudadanos africanos existe una especie de antipatía contra el país vecino, todavía no sé a qué es debido.

Y yo me pregunto ¿por qué algunas personas se complican tanto la vida sin pensar en las consecuencias de un minuto de placer, y otras dosifican sus dosis de placer para disfrutar de la vida Por lo que he visto hasta ahora, la responsabilidad forma parte de la educación, el problema es asumirla, su carga es demasiado pesada y muchos prefieren evadirse de ella. Hay personas que han decidido tomar las riendas de su vida y otras dejarse llevar por la vida. Bafort sería el primer caso y Francis el segundo. En este caso se trata de dos personas universitarias y con formación semejante que reaccionan diferente ante la vida que les ha tocado en suerte. Aquí África no tiene la culpa, por su pobreza o su “falta de medios,” de que Francis sea pobre y Bafort tenga más poder adquisitivo que Francis.

martes 7 de octubre de 2008

La danza del cisne.





Serekunda (Gambia), primeros días de octubre.

Es la próspera ciudad cerca del convento de monjas de SALOM, SEREKUNDA (me encanta como suena), nos instalamos en el centro cristiano de acogida:”Gambia Pastoral Institut” porque dichas monjas cerraban todo este mes de octubre. La habitación es espléndida, muy limpia y soleada, a pesar de tener la ducha y el WC dentro no huele a humedad como en otros sitios donde hemos estado. Estamos solos en el pabellón de invitados donde hay una cocina y comedor comunitarios. Después de organizar nuestras cosas, comer, ducharnos, lavar ropa y teclear, decidimos salir a dar un paseo en silla y buscar bancos. Eran, aproximadamente las 18h cuando nos aventuramos a tal paseo. El sol todavía iluminaba el día. Las calles estaban llenas de jovencitas y jovencitos luciendo sus mejores galas. Ellas con vistosos trajes siempre de falda larga y la mínima expresión en su tronco, todo ello bien ajustado y los tacones casi de aguja en zapatitos transparentes o brillantes como el del cuento de la Cenicienta, complementan el atuendo; las niñas de unos seis o 10 años también imitaban a las más grandes pareciendo pequeñas señoras o enanitas. Ellos, con trajes completos: casaca larga y pantalón haciendo juego en colores pastel predominantemente. Se celebra el fin del Ramadam y en todos los países donde el Islam es mayoritario, es fiesta. En casi todos los puestos callejeros venden cosas especialmente para estas inmensas pandillas de jóvenes y niños musulmanes que recorren las calles infatigablemente, luciéndose y comprando despilfarradoramente. Efectivamente es un día especial para el islamismo, es como si los ciudadanos de otras religiones se los hubiera tragado la tierra. La calle está prácticamente tomada por la felicidad y la alegría musulmana. Jes, como Indiana Jons, empujaba rauda e infatigablemente la silla y a su ocupante (yo). Aceras llenas de barro o con charcos-piscina nos obligaban al salir al asfalto estrecho o roto en grandes muescas debido a los efectos de la lluvia. El tráfico es una locura y no hay suficiente espacio para la silla y los coches: mi brazo intenta relajar a los conductores y recordarles que somos más vulnerables que ellos. Insospechadamente, un gran vehículo se para con el fin de dejarnos atravesar para llegar al banco con expendedor de tarjetas de crédito, le dijimos mil veces gracias con nerviosos gestos y expresiones de agradecimiento en nuestras caras. Nada, sólo acepta tarjetas locales y de su titularidad. El guardián del banco nos informa de un amigo que nos puede cambiar dinero. Viene el tal cambista, a Jes le parece justa su propuesta y cambiamos 100€ por 800 dalasi que ellos denominan “dala”, así cuando hablan deprisa piensas que te dicen “dolars” en americano; el joven se le ve serio y formal (32 dalasi=1€), después del negocio nos presenta supuesto de plátanos y naranjas de importación, carísimos y nos despedimos contentos por ambas partes. Vamos a tomar una cerveza en un agradable local de una señora con aspecto de ser muy lista e inteligente. Hablamos un poco con ella y esto nos confirma nuestra intuición. Ya es de noche y decidimos volver a deshacer los casi 2 kms de accidentado y caótico camino. Nos ponemos nuestros frontales para ser vistos y, como siempre, Jes coge la directa como si estuviéramos en pleno día. Yo me aferré a la silla para no salir despedida a causa de un traspié o de una frenada brusca debido una piedra u obstáculo invisible en la negra noche; mi conductor sigue teniendo mucha prisa y el asfalto por donde vamos no ofrece garantías de seguridad, a pesar de nuestras luces y de mis gestos; nos adentramos casi a ciegas en el mar de fango de la acera. Y...¿qué pasa? ¿Dónde estás Jes, qué hago yo clavada y acostada en el barro con los pies para arriba como una tortuga boca arriba y aferrada a la gran sandía que acabamos de comprar? Jes también está en el suelo con su pierna derecha oculta por mi respaldo y peso y su pierna izquierda tiesa y desobediente en posición de deslizamiento como si fuera un bailarín de danza clásica que hubiera caído expresamente en esa postura después de un precioso salto en el aire. No, en la oscuridad las pistas deslizantes que proporciona el barro son imposibles de ver y Jes pisó una de ellas en su carrera contra la noche. El fuerte y bello cisne quebró su elasticidad forzando las posibilidades de sus piernas, en medio de la oscuridad y desafiando a su naturaleza ya no tan joven.
Depués de reposicionarme y él ponerse de pie, le pedí que nos acercáramos a una especie de banco donde pudiera descansar; dejar la maldita sandía para tener las manos libres y poder darle algún pequeño masaje de urgencia. No le pude ni tocar, parece que un nervio trasero de la pantorrilla izquierda ha sido afectado; así que, con su pierna muy dolorida, decidimos continuar antes de que lo que parece una distensión muscular se enfriase y le doliera todavía más. Pero como Jes es “genio y figura hasta la sepultura”, aún tenía ganas de pararse en un super de filipinos en busca de cervezas: rampa vertiginosa, más sobreesfuerzo, y rechazo de las birras por tener el mismo precio que en el bar; lo único positivo de esta última incursión fue que compramos un multiconenctor de enchufes que necesitábamos. Todavía un kilómetro de caminata dolorosa. Por fin llegamos a casa y le puse una milagrosa crema que actuó de anestésico. La noche fue un poco toledana, pero durante le día de hoy parece que se mueve aunque cojeando.

La naturaleza de Jes parece de hierro, ha sufrido en sus piernas y en su cuerpo accidentes gravísimos, autodiagnosticados y curados por él mismo: una vez saltó una portería de fútbol de dos metros jugando a ser funanbulista, cayendo de talones sin romperse nada, pero con dolores que le duraron muchos meses. Otra vez estuvo cogiendo fruta todo el día sobre una escalera y, cuando quiso moverse, las pernas no le repondieron y se le paralizaron durante días. En otra ocasión se estrelló con una furgoneta rajándose el antebrazo: le cosieron y él continuó el tratamiento poniéndose emplastes de arcilla hasta conseguir cicatrizarla. Así con casi todas las cosas que le pasan. Él escucha a su cuerpo y sabe lo que ha de hacer con él. Pero su intrepidez y gusto por el límite de sus posibilidades no han mermado a pesar de que, cada vez más, los años, a todos, nos hacen más volubles y menos ágiles.

El bello cisne ahora tiene que empezar a releer su cuerpo porque está cambiando y acumula más de una cincuentena de años: es el resultado de una vida muy intensa y empieza a estar cansado. Los paseos empujando mi peso por lugares casi impracticables requieren de la gran habilidad en el manejo de la silla que Jes tiene, pero de unas condiciones físicas excepcionales, como las que hasta ahora ha tenido. En nuestras conversaciones sobre este viaje y los futuros, yo insisto en que se requerirá de una infraestructura diferente para que los dos seamos y nos sintamos útiles. Cualquier vehículo que yo no pueda manejar será una carga para ambos. Todavía estamos en la etapa de priorizar el coste económico sobre el coste del desgaste físico y psicológico de ambos en estas aventuras. Yo espero que algún día consigamos viajar en igualdad de condiciones, llevándonos mutuamente y no uno “paseando” al otro.

Domingo 5 de octubre, parece que, estos días de reposo y sin paseos le han sentado muy bien a la pierna de Jes. Sólo le molesta cuando le toco el nervio afectado, pero no al caminar. ¡Qué suerte! ¡Qué naturaleza la suya!




En familia. Domingo 28 de septiembre en Lamin, Gambia.

10,20h. La misa está anunciada para las 10, pero aquí todo el mundo sabe que empezará veinte minutos más tarde. Mientras tanto, una guitarra electrónica rasga suavemente melodías cortas. La gente va llegando y todo empieza a llenarse de colores: tocados y trajes de mil combinaciones en las señoras, vestidos de señoritas con un poquito de tacón, para las niñas, vestidos de hombre heredado de otro hermano más unos zapatos de piel cerrados, para los niños que soportan con verdadera entereza el calor de semejantes telas sobre su tierna piel acostumbrada a ir con camiseta, pantalones cortos y chanclas cuando se las ponen. Las quinceañeras todas ajustadas luciendo encantadores tipitos con historiados peinados (o peluca de pelo liso con mechas, o trencitas decoradas de mil formas, o cosido en ellas una especie de tira negra con pelo artificial y tieso que, puesto, da la impresión de un gorro de piel negro). Los quinceañeros con pantalones caídos y camiseta siempre con algún mensaje escrito. Y los papás que buscan cualquier excusa para salir a la trastienda con el hijo que no aguanta las dos horas.

Es la iglesia de St.Peters School, dentro del recinto del colegio con el mismo nombre. Debe de tener una capacidad para alojar a unas 500 personas. Jes nos trajo en la furgo hasta la puerta - a los niños y a mí, a pesar de que sólo hay unos 500 m desde la casa, pero ya se sabe que a una chiquillada que se mueve siempre a pié, montarse un vehículo es una de las cosas que más ilusión les hace- y se quedó afuera leyendo en la sombra. Yo entré con Confort, una de las preciosas hijas de Francis y Anna que tiene 12 años, y con Peter, uno de sus guapísimos hermanos de 10 años. Nos esperaba el padre llevando en brazos a Bruno, su penúltimo hijo de 3 años que tiene una adoración ciega por su padre (nunca en la vida había visto escenas tan tiernas de un hijo para con su padre). Nos sentamos los cuatro en el mismo banco, todos de punta en blanco, de domingo feliniano auténtico. Eran las 10,10h y tuve tiempo de observar el altar, una inmensa cruz de madera incrustada en la pared sin cristo y decorada con listones de cobre preside el templo, sobre tres peldaños el altar. El techo es de zinc sujeto por estructuras de hierro de donde cuelgan unos diez insuficientes ventiladores de aspas. A los lados los misterios de la pasión en madera labrada al relieve y muy historiados. Dos puertas en los laterales superiores y una en el extremo opuesto del altar, permiten la entrada de luz y del aire que en algún momento quiera pasar. Delante del altar hay una butaca y dos sillas a los lados, en los laterales las cinco sillas restantes distribuidas, un gran tapiz con el Sagrado Corazón sangrante y una pequeña virgen. Los bancos son amplios y con posa-rodillas cómodos.

A las 10,20 una señora muy emperifollada sube al púlpito y explica en mandinga que necesitan dinero para algo en concreto y que están a la venta camisetas con todas las tallas del mercado ( me costa porque dedicó tres minutos a este tema de las tallas y a enseñar modelos) y una bolsa artesana. No es que entetienda el mandinga, ni que alguien me haya traducido su discurso, es que, a parte de tener un don especial para comprender lo que me quieren decir en cualquier lengua: por contexto, por expresividad, etc..., percibo, más o menos la idea. Por fin, a las 10,20h, aparecen jóvenes vestidos con hábitos color crudo: a la cabeza el portador del incienso que penduleaba bendiciéndonos a todos, otro con una alta estaca cuyo extremo se alojaba una cruz, otros dos llevando sendos faroles de velas encendidos, y, finalmente, el oficiante con casulla verde y otros dos cerraban el paso con dos mujeres de mediana edad y muy trajeadas. Su actitud y pasos eran muy ceremoniosos, avanzan sin pestañear hasta el altar mientras los fieles se levantan y el coro explosiona en una rítmica y preciosísima canción.

El coro, para mí ha sido uno de los mejores que he escuchado en las misas que he asistido. 4 voces que entran con firmeza, incluso en los canon y un jovencísimo director, para mí, con gestos difíciles de comprender, pero que, dados los resultados, no tengo nada que objetar. Si ellos entienden su batuta musical, perfecto. Al final, empecé a comprender un poco su técnica y disfruté el doble.

En el capítulo de las lecturas, las señoras también fueron las protagonistas. Una de ellas, con actitud hiperceremonial, entra por el ala principal y recorre todo el pasillo central hasta el altar llevando el cáliz cubierto con el paño, delante de la frente y agarrándolo con ambas manos, parecía una estatua caminando. Pero lo que más me sorprendió fue que tres mujeres, cada una con una banda de color crema fueron las que se distribuyeron por la iglesia para ayudar al padre a dar la comunión. A pesar de haber pasado el cepillo durante la ceremonia, al final de la misa, ponen una gran caja de madera en el suelo del pasillo central y la gente hace filas para contribuir económicamente. Uno de los cuestadores la recoge y, de nuevo, otra señora, diez minutos en el púlpito recordando lo de las camisetas y la bolsa. El cura y los siete monaguillos están pacientemente sentados y esperan, estoicamente, como el público, a que la señora termine. Antes de irse no sé que dice, pero la gente responde, amén. La música nos despierta de nuevo con un ritmo muy trepidante y despedimos a la comitiva del padre palmeando alegremente.

Sant Peter School. Para los que hemos vivido en Barcelona, es uno de los colegios ingleses más pijos y caros. Está situado en la zona alta, cerca del Museo de la Ciencia y sus pupilos van super uniformados y formalitos. Yo he tenido alguno de ellos como alumno en las sesiones de iniciación a la vela que monta anualmente el Centro Municipal de Vela con diferentes colegios. Al padre Bruno, director de S.Peters School de aquí, le comenté la coincidencia del nombre y me dijo que no tenían nada que ver. El caso es que el lugar está muy bien acondicionado, los alumnos van uniformados (como en todos los centros escolares de África que hemos visto) y los hijos mayores de Francis, a pesar de ser profesor de matemáticas y director de primaria, no pueden seguir estudiando porque no pueden pagar sus estudios. Los profesores dicen que es un colegio privado para gente pobre.

Estamos alojados en la misma escuela; es decir, delante de la casa de Francis, donde tenemos aparcada la furgo. Su familia parece que nos ha adoptado, son siete hijos más la atractiva y energética madre, Anna. Dormimos en nuestro claustro móvil y nos duchamos en su casa, aunque, finalmente utilizamos la electricidad del vecino Baffour, otro profesor de matemáticas soltero, con una casa más ordenada y preparada para el estudio y con ganas de compañía.

Cuando toco el clarinete, los niños quieren cantar y, para mi desgracia, sólo he encontrado en mis partituras las siguientes canciones conocidas por ellos:”Happy berthday to you” o “Noche de Paz”. Me tararean el himno de Gambia que yo me pierdo en la segunda estrofa. Pero como ya se sabe que los niños no duran demasiado con la misma actividad. Estas dos canciones, varias veces repetidas, son suficientes para aburrirse de mi instrumento. Y, si alguno se queda porque no tiene nada que hacer, me pide que le deje la diana y “el dardo” (porque los demás se han perdido) de imán, colgándola de un árbol, se pueden pasan buenos ratos entretenidos a pesar de tan precario juguete.

El domingo, después de la misa, Jes hizo su famosa sopa de pan en una de sus hoyas sobre fuego de leña y de pie, como ellas. Lo anunciamos y pusimos la condición de que todos la comiéramos juntos, incluido el padre que siempre se va con los amiguetes a comer de la hoya que una de sus hijas le lleva y a ponerse ciego de cerveza con brandi Napoleón a la africana. Bien, cuando Jesús iba a servir: ¿dónde están los platos o los boles? Como siempre, Canfort, rauda y veloz va a buscarlos, vuelve con platos hondos y boles sucísimos y acostumbrados a no ser usados, lavado rápido en el grifo del jardín y se monta una cadena para entregar los platos que el chef iba llenando ¿La mesa?, ¡ah!, Peter va a por una mesita de 60cmX20cm para unas doce personas. Genial, nosotros, como ya imaginábamos el percal trajimos nuestras butacas, mesa de aluminio, voles y cucharas. Ya estamos todos en el gran pallot con un banco de obra que le rodea y donde cada uno se sienta con su plato y cuchara en la mano. Caras raras, esta todavía muy caliente, pero lentamente van abandonando los platos sin casi tocar la sopa ¿Qué pasa? No es picante, pecado original en África...El padre se levanta y va con los colegas, nos quedamos el resto de la familia que saca su super hoya de arroz con pescado, todo abrasadoramente picante. Sus caras cambian, prometen poner pimienta a su sopa y tomarla de cena. Jes cambia a nuestra hoya el resto de sopa no tocada y continuamos con ella (aunque, yo, tampoco pude degustarla, el pan para mí es incomible, sabe demasiado a animal, en concreto a cordero y no puedo soportarlo), él considera que antes morir que tirar algo de comida, a mi me entran náuseas con estos planteamientos. Alrededor de la hoya unos meten la mano y otros la cuchara. Así que el resto de sopa fue a parar a la nevera de nuestro acogedor vecino ghaniano Baffour que hace de perfecto y encantador anfitrión; por ejemplo, cuando estás casi al límite de la deshidratación, viene con una sandía roja, fresca y troceadita que te sabe a cielo y te hace recordar tanto a las de tu tierra, siempre acompañado de una inconfundible y permanente carcajada de felicidad. Por las noches compartimos nuestra cena con él pues no soporta el arroz ni la comida de Gambia, después intentamos ver una película en inglés si el DVD resiste porque, o el sonido parece cavernosos, o se queda estática la pantalla cada dos por tres. Es igual, hablamos mucho sobre lo que hace, le preocupa y lo que desearía hacer. Tiene una joven novia que conoció en este colegio, descubrió que era muy lista y la promocionó pagándole los estudios en la universidad, de enfermera, después, nació el amor...

La casa de esta familia debe de ser la más grande destinada a los profesores. En ella, a parte de los padres, viven 7 hijos, dos chicas quinceañeras que son parientes y que no paran de trabajar, y otra casi familia de cabras (2 cabras y tres cabritos). Por las noches las meten en una especie de entrada aireada y cubierta, y durante el día pastan por la hierba salvaje que va creciendo. Imagino que aquí, los hijos de mi sobrina Cristina disfrutarían como nadie. No podemos hacer vida de comida en común porque somos culinariamente incompatibles, pero sí tertuliar las tardes bajo la paillot mientras se hacen unas a otras las complicadas e infinitas trencitas.

Cada día laborable los niños salen uniformados a la escuela, excepto el bebé de la casa, Bruno que tiene 3 años recién cumplidos (su madre dice que el año que viene irá al colegio que falta le hace, pues habla muy mal todavía) y los dos mayores: un apuesto quinceañero llamado Nicola y la guapísima de 17 años llamada Veronika. Ella trabaja en las labores domésticas como todas, pero el chaval... Bruno tiene la edad de la energía, es inagotable y está muy consentido por su padre, la silla de ruedas es su delirio, siempre quiere empujarla, o sentarse encima para que le de una vuelta o llenarla de muñecos para pasearlos. La madre, con su energía y voz rota de tanto usarla tiene a todos en marcha, excepto a Bruno que se asusta de ella y llora, y el padre que se va de copas.

Anna es la que tiene una verdadera relación con sus hijos, las tertulias a media luz del ocaso son momentos entrñablemente familiares y donde nosotros hemos disfrutado mucho junto con las velas que Jes le encanta poner y que a los niños les encanta toquetear cuando creen no ser vigilados. Anna tiene un bultito en la cabeza en carne viva donde jes le pone yodo tres veces al día. Está encantada deque alguien se ocupe de ella.

Carai, más de dos mil palabras, comienzo más de dos mil palabras, comienzo a ser Jes...

Gambia, una raja en Senegal


Septiembre y octubre

Geográficamente, su extensión se limita a la cuenca y valle del río Gambia (entre 25 y 50Kms de ancho y 450km de largo aproximadamente). Este río es el que le da el nombre y el aspecto de país en forma de una gran grieta horizontal dentro de otro país llamado Senegal. Así pues, es un país dentro de otro país, es un país que hace frontera con la región de Senegal que lucha por su autonomía, Casamance. Debido a esta particularidad, para acceder al sur de Senegal (Casamance) tienes que, forzosamente, mostrar tu pasaporte y atravesar verticalmente Gambia, tanto a la ida como a la vuelta.

Esta curiosidad, ¿a qué es debido?¿Por qué esta aparente absurdidad?¿Por qué esta grieta en Senegal?

Repasemos un poco su historia: Desde el siglo XIII al XVI perteneció, como casi todos los actuales países del oeste africano, al imperio de Mali (los mandinga) primero y al de Songhai después, que se dedicaban al comercio interior aprovechando la navegabilidad del río Gambia. Pero, con la llegada de los portugueses, los franceses, los alemanes y los ingleses en el S.XV, el monopolio comercial tradicional interior de estos imperios se vio seriamente afectado y entró en una irrecuperable decadencia, pués estos nuevos colonos lo desviaron hacia el Atlántico. Para los portugueses, Gambia se convirtió en un puerto de salida de los metales preciosos que ellos explotaban y un enclave fundamental del comercio marítimo en la ruta de Oriente.

A mediados del SXVII fue “cantera” de esclavos monopolizada por los mercaderes británicos que establecieron alianzas con los príncipes del interior del territorio. A lo largo del S.XVII las disputas por cuestión de límites entre británicos y franceses crecieron. Hasta que, en 1618, el imperio británico compró a Portugal sus derechos comerciales y territoriales, provocando un serio conflicto entre Gran Bretaña y Francia (dueña de Senegal) que duraría 200 años. En 1779 los franceses volvieron a conquistar Senegal y los británicos conservaron la actual Gambia que la anexionaron a su colonia de Sierra Leona. Al mismo tiempo, la supresión del tráfico de esclavos por parte de la metrópoli hizo que el territorio perdiera toda relevancia económica (la esclavitud siguió existiendo dentro de la colonia británica hasta el siglo XX, siendo prohibida en 1906). Pero la colonia ganaba en contrapartida importancia estratégica, por su situación en medio de Senegal, pieza clave de la dominación francesa en el África subsahariana.

Administrativamente, los ingleses mantuvieron a Gambia unida a Sierra Leone hasta 1843. Después de diversos tratados, Gambia obtuvo administración propia y se convirtió en protectorado británico en 1888. en 1904 Sierra Leona y Gambia quedaron definitivamente separados aunque sin perder la estrecha relación que tuvieron y compartiendo – junto a otros estados del oeste de África- grupos étnicos como: los wolof, los fulani, los jola, los serer... Durante casi 200 años los ingleses ocuparon el país y sería el último en conseguir su independencia de la metrópoli, en febrero de 1965, aunque bajo la fórmula de Estado Libre Asociado, ocupando la presidencia la reina de Inglaterra.
Después de la abolición de la esclavitud y, por consiguiente, del comercio de esclavos, los ingleses compraron la isla de Banjul (Bathurst, renombrada Banjul en 1973) al rey Kombo y establlecieron allí una base militar para controlar la boca del río, dando origen a la actual capital del país.
En 1970 conseguía la independencia plena con Dawda Jawara como primer Presidente del nuevo Estado, y siendo reelegido en 1972 y 1977.
Evolución política tras la independencia:
Desde los años 60 el Partido Popular Progresista liderado por Dawda Jawara dominó la política gambiana. En los años 70 se proclamó la república adoptándose un sistema presidencialista. Fue una época de gran esplendor turístico, probablemente por el éxito del libro “Raíces” de Alex Haley basado en la historia de una saga familiar que sufrió la esclavitud desde sus orígenes gambianos a su forzosa extradición a Norteamérica.
Debido al aumento del desorden, la prostitución, el tráfico de drogas, el contrabando marítimo africano a través del puerto de Banjul surgió la oposición islámica organizada cuyos objetivos eran implantar un régimen revolucionario islámico y derribar a Jawara para terminar con la corrupción oficial. La rebelión fue sofocada por las tropas de Senegal a petición del presidente en funciones.
Fue una década de sequías que produjeron la caída de las exportaciones agrarias, una importante emigración rural y el paro, además de un creciente endeudamiento externo.

Senegambia – La estrecha asociación económica y de defensa entre Senegal y Gambia llevó a estos dos países a unirse en esta confederación desde el año 1982 al 1989. El proyecto fue dirigido por el entonces presidente de Senegal Abdou Diouf que era el Presidente de Senegambia, el vicepresidente el jefe de gobierno gambiano y lo completaba un consejo de ministros confederado y un parlamento binacional. El objetivo prioritario era proteger al presidente gambiano de posibles rebeliones internas, al mismo tiempo que Senegal controlaba el contrabando y la evasión de divisas. Senegambia se disolvió porque Gambia necesitaba recuperar su autonomía perdida. Entonces sus preferencias políticas y comerciales se dirigieron a Nigeria con quien hizo un pacto de defensa mutua. Pero, en los años 90 Gambia y Senegal reanudaron sus relaciones al firmar un tratado de amistad y cooperación que renuevan cada año.

A pesar de que en el gobierno de Jawara se tomó medidas para tendentes a abrir una etapa de conciliación nacional: abolición de la pena de muerte y amnistía a los miembros de los movimientos indulgentes contra el régimen; el 23 de julio de 1994 un grupo de militares derrocó al presidente Jawara e instauró un consejo provisional de las Fuerzas Armadas capitaneadas por Yahya Jammeh que se comprometió a devolver al país a la normalidad llevando a cabo elecciones multipartidistas, hecho que retrasó hasta 1996 las elecciones en las que éste salió elegido presidente. Este gobierno ha sido acusado repetidamente de abuso de poder y de corrupción generalizada; sin embargo, ha logrado una cierta estabilidad que ha permitido al país comenzar a recuperarse mejorando las expectativas económicas de la población y lograr una cierta estabilidad que ha permitido a Gambia comenzar a recuperase, mejorando las expectativas económicas de la población e invirtiendo de forma importante en la mejora de infraestructuras y recuperando poco a poco el turismo perdido.

Pero, desgraciadamente, y debido a la inestable situación económica europea y del propio país desde 1993, la agricultura (el cacahuete principalmente) y el turismo entraron en una etapa de recensión; además, más del 30% del valor de sus exportaciones es absorbido por la deuda externa.

El Islam
El Islam entró con fuerza en Gambia hacia el siglo XI, la conquista fue difícil debido a la resistencia de las etnias. Durante el siglo XIX una serie de guerras religiosas se sucedieron en el interior del territorio que culminarían con la completa islamización del país y el aumento de la inmigración musulmana que llegaba de distintas regiones de Africa.





Población :

Tiene 1,5 millones de habitantes y diversas etnias como los mandingas (un 41%), los peuls, los wolofs, los soninkes, los diolas y los akus.
Costumbre curiosa:
LaTontina
Es una caja de ahorros pero entre amigos. Se pone un fondo común y a final de mes cada uno se embolsa el dinero. La tontina desempeña varias funciones, como la de seguridad social: en caso de enfermedad, ningún miembro estará solo ante los gastos. También sirve para fomentar iniciativas de carácter social. Esto demuestra el espíritu solidario de los gambianos.

Clima:
Cuenta con un clima tropical seco, con 26º C de temperatura media anual y precipitaciones superiores a los 1000 mm, caidos entre junio y octubre.

lunes 6 de octubre de 2008

El parto de esta historia









Lamin Gambia 30 septiembre 2008
Han pasado nueve meses desde que empezó este viaje que existenciamos más de lo previsto, a pesar de todas las zancadillas con las que nos encontramos. 9 meses es el tiempo de un embarazo para llegar a parto. Nosotros deberíamos haber parido una gran historia. En lugar de eso tenemos un relato que se hace pesado por hablar más de lo mismo y por no contarlo con las herramientas poéticas de quien está por encima de cada adversidad, siendo capaz de viajar en un avión de papel. No tenemos tanto virtuosismo para hacer eso. Vamos de mortales, genuina y perezosamente mortales. África no nos ha educado para soportar tantas incongruencias. Para hacer un próximo viaje en el que recorrer otros países del continente no solo necesitaríamos un vehículo mejor si no también otros compañeros de ruta con el suyo que se atrevieran a acompañarnos. Se diría que ese supuesto grupo mayor de viaje podria imponer mas fuerza en los pasos transfronterizos controlados por corruptos. Pero, también hay que contar, que una caravana de vehículos es más llamativa y en cierta manera vulnerable. Habría que pensarlo mejor.
Cuando al fin nos fuimos de la Escuela Sao Paolo (vinimos para una comida y nos quedamos tres días) Vic lloró emocionadamente por la despedida calurosa de Teresa. Por el camino traté de reponer gasoil por la diferencia de precio con el senegalés. Solo en el poste de Sao Domingos pude comprar 8500cefas. El camión cisterna para reponer todavía no había llegado. Salir del país casi nos costó más que entrar. En esta ocasión ni siquiera pasamos por el garito policial para tamponar el visado de salida. Hacerlo es absolutamente prescindible. Tenia suficiente con el sello del carnet de passage. Pero tras eso un control del ejército: un grupo de parásitos microbianos de los peores nos tuvieron durante bastante rato molestándonos. Les dimos unas cuantas gomas de borrar y unas gafas de sol para que se las rifaran. Propuesta de guión para un film de acción (como con las anteriores propuestas, que no se olvide de nuestra participación en los derechos de autor): venir con un camión hasta este mismo puesto de control con ametralladoras a ambos lados, si son las del oeste a manivela y con un cilindro de varios cañones tanto mejor, y disparar a todos los soldados sin excepción, luego coger las latas donde meten el dinero de sus extorsiones y vaciárselos en sus caras. Nada de anónimos reivindicando la acción. Todo el mundo sabría el por que del escarmiento. Durante una temporada, los nuevos extorsionadores se lo pensarían antes de repetirse en esos roles.
En todo momento para estos casos una goma de borrar simboliza el instrumento para que borren sus errores y de paso sus caretos de cínicos. Por un momento estuve por no parar y seguir hasta territorio senegalés acelerando pero no dudo que alguno hubiera tratado de dispararnos. Las diligencias aquí no tuvieron ningún problema, como las otras tres veces que ya pasamos, pero a la entrada de Ziguinchor un tipo se empeñó en que le enseñara el interior de los bidones. Era la primera vez que alguien nos hacia esa jugada. Para desmontarlo hay que subir arriba del techo y entretenerse un buen rato con las cinchas. Mientras estaba en ello y por la bronca que le pegó Vic el controlador se dio por satisfecho si le enseñaba el contenido del cofre, más fácil de abrirlo. Al hacerlo advertí que los taburetes hechos a mano se habían desquebrajado, seguramente por el exceso de calor. Tras un rato con este tipo que quería justificar su control porque en Europa también lo hacen, nos pidió regalos que no le dimos. 200 metros mas allá había otro control de lo mismo en el que no paramos no por no querer si no porque el militar o lo que fuera no dio la señal de alto y estaba entretenido con otro vehículo. Oí el pito y vi a un tipo nervioso saltando dentro del retrovisor. Sigo sin entender esas señales de stop en las que no hay nadie al cargo y pasan el dia de vagos bajo un árbol esperando que tú les hagas el trabajo incluso el de auto-pararte. Eso, junto al que nos dio el alto ya anochecido viajando de Bissau centro a la Curia- residencial y que no obedecimos, ya nos convierte en unos famosos delincuentes internacionales. A ratos este relato parece que es de policías y ladrones a no ser porque nosotros no somos ladrones y los policías no son verdaderos policías, ellos son los criminales en lugar de los criminólogos y nosotros somos a pesar de todo viajeros afortunados por poder seguir asistiendo a esta observación, sanos y salvos. Es el juego del gato y el ratón para eludir la extorsión. Cuando, en el mejor de los casos, encuentras a uno qu