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PSICONEWS

lunes, 8 de diciembre de 2008

Diciembre, un mes sentimental

Los tres chateando
Nani Bermúdez en el chat, una de nuestras incondicionales.

Jes divirtiéndose en el chat con la web-cam.


Con las chicas del restaurante de Dakar









Dakar,7 de diciembre

Este mes, para mí es uno de los más emotivos del año. El día catorce, y con veinte años de diferencia, murieron mis padres. El día ocho es el santo de mi madre y ella organizaba una fiesta todos los años donde nos acogía a todos; pero, llegamos a ser tan numerosos, que al final tuvo que alquilar un recinto para dar cabida a tanto hijo, yerno, nuera, nietos y biznietos. Cuando ella nos dejó, sus nietos, 38 en total más sus respectivos novios, cónyuges, hijos, organizaron los que se llamó: la primada. Cada año, el 8 de diciembre se encontraban en un local solicitado para la ocasión donde, todos los que podían, asistían a la cena. En los postres se elegía a los dos primos del año: entre los más mayores y entre los más pequeños. A media noche, los padres venían a recoger a los menores de catorce años, con gran disgusto de estos adolescentes que querían seguir la juerga con sus primos mayores. Los tíos no podían asistir, sólo estábamos exentos Ignacio y yo que somos los tíos más pequeños y nos consideran “primos”. Lo interesante del asunto era el ingenio que derramaban los organizadores que, rotativamente, tomaban la antorcha para sorprender a los demás anualmente. Recuerdo con especial cariño aquel concurso de logos “Alés” que se convirtió en una camiseta llena de todas las propuestas impresas porque el premio al mejor quedó “desierto”. Como este periódico encuentro tuvo tanto furor, se añadieron los primos de los primos con sus respectivos/as parejas e hijos. Pasados unos cuantos años, todos hemos ido creciendo y situándonos en la vida. La vida privada de cada uno empezó a ser más importante y fue prácticamente imposible continuar con estos encuentros. Pero, una vez más, el ingenio renació en ellos y crearon un espacio en un site llamado “familia Alés”. Los interesados acudimos como moscas y, de esa manera, volvemos a estar interconectados sin renunciar a nuestros quehaceres.

Otro acontecimiento que me atrae de este mes es que el 25 nació Jes, sus padres, tan emocionados estaban de su llegada al mundo, que no supieron encontrar otro nombre que el del que estaba en el santoral de esa noche: la del 24 al 25 . Así que yo, cada año, celebro su buena nueva en la intimidad, sin bombillas ni artificios. En este año, he añadido otro evento sentimental más en mi corazón: el hijo de Jes fue padre y, por lo tanto fuimos abuelos de una preciosa niña llamada Lola y que nació el día 2 de diciembre.

Aquí, en DAKAR, viviremos una celebración musulmana tan importante o más que las navidades de los cristianos, en Senegal le llaman el TABASKI. Es la fiesta del cordero, la fiesta del sacrificio – Aid El Adha -, la fiesta mayor de su calendario musulmán. Conmemoran la historia de Abraham obligado por Dios a matar a su hijo para probar su fe. Dios, una vez comprobada la fortaleza de su fe en él, le mandó parar y, en su lugar ofrecerle un sacrificio matando a un cordero. Aunque, oficialmente la fiesta es el mismo día 8, desde la semana antes el mundo musulmán está de lo más ajetreado. Las calles se habilitan para la cantidad de corderos que se exponen a la venta. Nos dicen que no conviene salir a la calle en coche porque los policías te paran por cualquier motivo con el fin de pedirte dinero para poder comprar su cordero; porque, sea rico , o sea pobre, todo musulmán está obligado a tener un cordero ese día; y, si vive en la ciudad, además ha de contratar a un matarife especializado. Así que llevamos una semana sin mover la furgo por si acaso. Las chicas que regenta el pequeño restaurante donde vamos cada día a comer, a pie, nos informan que desde el lunes 8 de diciembre hasta el 14 todos los establecimientos musulmanes estarán cerrados; aquí, en la escuela católica y privada donde estamos alojados, no tendrán clase hasta el jueves desde hoy viernes 5. Así que, casi todo el país, mayoría musulmán, se paraliza toda una semana. La alternativa que nos queda es comer en un Fast Food que hay un poco más lejos y posponer nuestras gestiones para conseguir el visado de Mauritania y llevar la furgoneta a la Fiat para que revisen el problema de Inyección.

Hay días que las calles parecen manicomios con gentes vestidas de mil colores, encaramadas a los pequeños buses cantando a voz en grito. Parece la noche de fin de año, pero cada día y a todas horas. No creo que sea un buen momento para discutir con un musulmán convencido. Las bebidas caseras fermentadas les producen estados de euforia similares al alcohol. Además, el fin de semana del 8 es cuando regresan de la Meca todos los que han peregrinado ese año, con lo cual las ciudades se completarán con más exaltados. La verdad, me gustaría mirar por un agujerito cómo lo celebra una familia cualquiera, no creo que consigamos tener esa oportunidad.

Por lo demás, nuestra existencia prosigue tan apacible como siempre en esta especie de suit con wiffi incluido; aunque interrumpida cada vez que los alumnos llegan, salen de sus clases en el mismo pasillo que el nuestro, o tiene un recreo. Su algarabía hace que tengamos que interrumpir nuestras grabaciones de poesía o de canciones, o tengamos que esperar a que las aulas se vacíen parara no molestar trabajando con el clarinete; afortunadamente, la korá suena tan suave como un arpa y no molesta a nadie. Después de nuestros deberes con la literatura y la música, nos ponemos a chatear con familiares y amigos o navegamos por el espacio internáutico.

Nuestras mentes están ya más en Europa que en África, el cansancio físico y psíquico, después de tantas emociones y vivencias, se hace notar en nuestro espíritu. Parece que nos está llegando la hora de centrarnos en un lugar y repasar toda nuestra experiencia.

Toubab

Bruno con la toubab Vic
Compañeros de clase de Bruno

Bruno con su nuevo uniforme


Bruno con su padre



Bruno con el toubab Jes




TUBAB Keur Moussa, Senegal, 26 de noviembre de 2008

Fada-Bruno es un niño gambiano que vive con sus padres y hermanastros en el recinto de un colegio. Es el preferido de su padre, un profesor de matemáticas de primaria. Su madre está demasiado atareada con sus otros seis hijos, incluyendo el bebé, Louis-David, siempre colgado en su espalda y de naturaleza enfermiza.

Con sus tres años cumplidos, en su vida ha visto a un blanco, un Tubab. ¡Tubab, bubab! grita cuando nos ve. Yo le digo: tubab no, my name is Vic. Él me mira entornando la cabeza con ojos de intriga, como hacen los perros cuando escuchan algo que les sorprende, sin comprender una palabra de lo que le digo.

Todavía es pequeño para ir al colegio y no conoce el inglés. Su lengua es el wolof, y a las personas de piel blanca las llaman TUBAB. Mientras sus hermanos están en la escuela o ayudan en casa, él se divierte con los insectos y corretea detrás de las cabras que tiene la familia. A veces, cuando nadie se da cuenta, se escapa a ver a su padre en su oficina de director. Francis, hace que se enfada, lo coge en brazos amorosamente y lo devuelve al hogar.

Nosotros, somos una pareja tubab que pasa una temporada con la familia. Bruno nos saluda cada mañana con su “good morning” a media lengua y recién aprendido. Hasta las cuatro de la tarde él es el rey de la casa y ríe continuamente con cualquier cosa que le pase: un saltamontes que se pose en su hombro desnudo ¡plaf!, una hormiguita que le hace cosquillas en su culito al aire ¡ja,ja,ja,je,je,je!, un escarabajo que estruja con sus deditos ¡crash...!Pero, con los mosquitos, eso es otra cosa, le pican ¡Ay! Y, se rasca tan fuerte, que le sale sangre. Uno de estos malditos insectos le inyectó el virus de la malaria, la fiebre y el malestar hicieron que su madre le llevara al médico junto con su hermanito Louis que también sufría del mismo mal. Tres días de pastillas y, Bruno se repuso como si nada hubiera pasado, en cambio Louis todavía arrastró la fiebre durante algún tiempo.

Bruno es muy simpático y alegre cuando no están sus otros hermanos, nos viene a ver y a tocar. A tocar sí, porque somos una especie rara para él, nuestra piel es blanca y de diferente textura porque no está todo el día al aire, como la de él, que le encanta ir desnudo todo el día.; nuestro pelo es más frágil y no está ensortijado como el de su madre y hermanas que se hacen trencitas para domesticarlo un poco. A él le han pelado al cero con la máquina como es costumbre en su ambiente, casi todos los hombres se afeitan la cabeza, excepto los artistas o los taliban que van de rastas cantando canciones por la calle y pidiendo limosna para su marabú. Como digo, le encanta también probar lo que comemos y escuchar nuestra música cuando tocamos el clarinete o la armónica. Se acurruca de vez en cuando en nuestro regazo, su madre ya no le acuna y todavía necesita muchos abrazos que su familia no tiene costumbre de dar.

Pero, cuando vuelven sus hermanos de clase todo cambia, Bruno no para de lloriquear y llamar a su padre, se siente destronado y muy desgraciado. Acude a nuestros brazos para buscar el consuelo. ¡Tubab, tubab!

Hasta que, un día, un feliz día, a Bruno le pusieron un bonito uniforme: pantalones, camisa con un escudo bordado en el bolsillo y botitas de tela; ¡todo a estrenar y no heredado de sus hermanos! Fue el mejor momento de su historia personal: ¡iba al cole como sus hermanos! Allí, había decenas de niños de su edad: del mismo tamaño y balbuceando las palabras al mejor de los estilos Bruno-Fada. La clase era amplia y cada uno tenía su sitio y su bata de rayas, no como en su casa que nunca se sabe donde encontrar los zapatos o los calcetines, o se duerme donde a uno le viene bien: sea sobre una estera en el porche, sea sobre la alfombra del salón, donde los grandes sofases de colores oscuros hacen juego con la inmensa pantalla de televisión para ver fútbol.

Pero, lo que no le gusta demasiado de su experiencia escolar es lo que los mayores llaman DISCIPLINA. Disciplina es ponerse uno detrás de otro cuando quieres conseguir lo que todos quieren y esperar tu turno, como por ejemplo la leche de media mañana con su bocadillo de mantequilla tan bueno ¡mmmmmmmmmmmmmmm!; disciplina es levantarse todos a la vez y decir ¡buenos dííías señorita!!! cuando entra su joven profesora en clase, o cuando entra cualquier otro adulto o adulta; disciplina es cantar el himno nacional todos los días, y de pié, al empezar las clases.

Los compañeros y compañeras de clase ya sabían algunas palabras del cuerpo humano en inglés porque Bruno se matriculó tarde. La profesora les dibujó en la pizarra a una niña y todos iban cantando las partes que señalaba con una gran vara. A Bruno le chiflaba eso de cantar en esa nueva lengua y de escenificar movimientos:¡Arriba! ¡UP! y todos con las manos en alto, ¡Abajooo!¡DAWN! y todos con las manos hacia abajo; ¡de pieee! ¡STAND UP!y todos se levantaban del pupitre haciendo un gran estruendo y riendo a carcajadas; ¡sentados! ¡SEAT DAWN! y todos a la vez caían de culo en su asiento como si de tambores se tratara. Después de estas agotadoras sesiones, en el recreo jugaban a contarse cosas y a descubrir los escondrijos más peligrosos del patio, especialidad en la que Bruno se convirtió en líder.

Cada día, a las tres de la tarde, su madre le va a buscar al jardín de infancia, y por el camino no para de contar las cosas nuevas que ha visto por el patio. Su madre insiste en preguntarle:¿Cómo se dice mano en inglés? y otras partes del cuerpo, pero Bruno continúa relatando su apasionante aventura con una hormiga muy grande que intentó obligarla a sentarse y a levantarse cuando él se lo pedía. ¡La hormiga nunca me hace caso, mamá!

Un buen día, uno de los más deliciosos de nuestra estancia en Gambia, Bruno nos vino a despertar con las siguientes palabras: Good morning, Jes and Vic!, How are you? . Aquel momento marcó una nueva era en nuestra comunicación: Nosotros le enseñábamos palabras en inglés y él nos las traducía al wolof.

Nota: Este relato está inspirado en hechos reales, todos los personajes y lugares existen y certifico que la experiencia la viví casi en su totalidad. Este cuento lo hemos escenificado en audio. Todoas las personas interesadas en obtenerlo que se dirijan a este blog.

La Vida Casera

Dakar 8 diciembre 2008
Cuando alguien menciona una palabrota como la de que estamos de vacaciones o nos estamos pegando la vida padre o cosas parecidas, sonreímos. También cuando se nos mete en categorías definitorias (de alta definición, claro) como que hemos venido a África a estar con los negritos junto a baobabs, dado que sus fuentes emisoras suelen ser de desconocedoras de ambas palabras, también sonreímos. Cuando alguien nos dice si el desierto llega hasta Dakar, sonreímos. Cuando alguien nos dice que en Senegal se pasa hambre, seguimos sonriendo. Con todas esas primicias nos vamos a un restaurante y entre bocados de chawarma o pizza vegetariana masticamos los comentarios ajenos como parte del lote de entradas de la vida. Un viaje existencial incluye el recorrido pro los comentarios ajenos. Si viajar es ir a campo ajeno; pasar por los comentarios de los demás, aunque no te muevas de tu lugarcito, también es viajar. En Dakar, segunda visita, seguimos con la práctica que ya hicimos la primera vez, la de la vida casera. Ni siquiera visitamos el centro, ya lo hicimos. La habitación alquilada, en realidad un apartamento, a 7000cefas dia y nuestra rutina diaria de grabaciones, música, elaboraciones nos daba más aspecto de currantes que de exploradores. Los ratos de calle eran los menos. Vic tenía que recordarme que tenía hambre para salir. Yo apelaba a gorduras y exceso de kilogramos para no hacerlo o demorarlo. Ella amenazaba con ir sola hasta el restaurantito más próximo, arriesgándose a ser atropellada en el primer paso cebra, yo le pedía que me dejara terminar lo que estaba escribiendo y luego salíamos. De alguna manera, salir a comer sin haber hecho los deberes de la mañana era como faltar a clase, hacer ovillos de mi mismo, no estar actualizado. Por otro lado mis consideraciones sobre la comida por adicción más que por necesidad me tenían anclado en uno de mis galimatías sin salida: si comer es una adicción y terminas con ella también puedes terminar con toda tu carcasa. ¿Sí o no? Nuestra dieta en Dakar no fue de las más entusiastas. Dejamos el ritual del té para no perder tiempo usando la cocina en la planta superior y pasábamos la mañana con cuatro cacahuetes y dos plátanos. En esta ocasión los arashids venían sin arena Luego, a la hora del protesto estomacal, salíamos a comer para reintegrarnos antes de dos horas a nuestro mundo. Al menos particular, cada día un poco más alejado de la ciudad y de los grandes desastres ajenos. La inercia de hacer vida casera nos venía saliendo en todas partes desde bastantes meses atrás. ¿Contacto con el mundo exterior? ¡Sí, el justo y necesario!. A menor contacto con ese mundo, menor cantidad de cosas a contar: ni referencia de gentes o nuevos personajes, ni curiosidades urbanas, ni elementos susceptibles de ser recogidos por una guía turística, ni nasti de plasti. Todo lo que el viajero descontactado puede contar es lo bien que se está en su habitación, el panorama que se ve desde sus ventanas o su propio viaje interior. Nosotros ni siquiera podíamos dar muchos detalles de estos, nuestras cuatro ventanas dando al patio y más allá a la carretera estaban ensombrecidas por la vegetación. Al anochecer el maullido de un gato no sabíamos interpretarlo si como saludo o demanda de comida. Alguna vez el gato se metió dentro del pabellón y recorrió las aulas. Aulas con los asientos desbaratos, sucias, pero funcionales. Los profesores impartían clases con buenas voces y con las puertas abiertas. En la tarima de uno de ellos vi como estaba pegado un diagrama con los nombres por parejas en los asientos de pupitres. La educación pasa por la territorialización y el binomio de clase (compañero/a de pupitre) por una especie de tándem autodefensivo ante la clase entera. Siempre sospeché que no se podían dar clases de ética o de valores sobre la libertad, en la enseñanza media con esa clase de fijaciones al territorio. El Sacré Coeur en periodo lectivo es todo un boom de vitalidad. El recinto sirve para otras actividades extraacadémicas como el futbol o la música. Los grades autobuses Renault ocupan varios lugares, ocupado, uno de ellos, el de paso de viandantes teniéndolo que sortear como podíamos con la silla de ruedas. En un par de puntos del recinto mujeres con sus cacerolas y sus cosas venían vender tentesenpié a la muchachada, también en las puertas. Los mejores días en esa ubicación residencial fueron los fines de semana cuando la estudiantada estaba fuera, aún así un grupo de scouts también vino, con sus pañuelos, uniformes y signos distintivos, también con su pito, pero sin nada a ver con las estridencias de la troupe paramilitar que tuvimos que sufrir en Kaolack.
En África fuimos aprendiendo que sus verdades están en la cotidianeidad y no en las visitas relámpago de las autoridades y que ha ido siendo en el trato del tú a tú con el tendero, con el barman, con el taxista, con el guardián, lo que nos ha dado la estadística social de la realidad por encima de los grandes números que daba la prensa. Siempre había sospechado de la fiabilidad de algunas de esas cifras tan impactantes (muerte, enfermedad, hambre), dado el imposible crédito incondicional a conceder a las fuentes que informan venían hinchadas. El argumento del subdesarrollo se ha venido elaborando como constructo lacrimógenos para que los más poderosos de la tierra se apiadaran de los más débiles.
Hacíamos pues vida casera, con nuestros asuntos, los mismos que podríamos hacer también en cualquier otra parte del mundo. Conforme iba avanzando el año estaba más claro que vinimos a vivir a África no a recorrerla ni a hacer de vehículos mensajeros de sus necesidades sino a explorar las nuestras propias y a reconciliarnos con nuestros límites existenciales, tanto los de la edad como los físicos, tanto los de nuestra solidaridad relativa como los de nuestra individualidad autoafirmada. Al vivirla como residentes nos fuimos encontrando con otras verdades. Los africanos más seguros de su futuro y de su relación interhumana con gente de otros países eran los que se preocupaban menos de nuestra presencia, por tanto, los más indiferentes, aproximándose pues más al estilo europeo del trato. Hacer vida de barrio tiene la ventaja de que al segundo día solo te interrumpe la gente que ignora de lo que vas. Al tercer dia podíamos hacer nuestro recorrido con la wheel chair-cross por las calles de arena y piedras y fragmentos de asfalto hasta el restaurantito o el bar o la panadería sin que nadie nos molestara. La vida ordinaria en una capital como Dakar no tenía nada de particular en el sentido africano: algunas de sus imágenes que los primeros meses del año nos hubieran sorprendido como la de un tipo andando rápido por la calle sosteniendo en una sola mano una columna de al menos 20 bandejas con dos docenas y medio cada una con aplomo y que bien podría ganar un puesto de honor en ese programa de la televisión francesa que muestra curiosidades circenses nos parecían ya ordinarias. Nuestro tendero preferido al que le comprábamos los plátanos (mandarinas a 1400cefas kilo, no) colocado sin apenas luz junto a una alcantarilla y que siempre tenía una palabra de amabilidad, era una estampa razonable; los baches y arenas continuas, el taxista que dejó un pasajero y arrancó sin mirar enfrente y que estuvo a punto de tocarnos, todo eso es lo más normal. Dakar: una ciudad más del mundo urbano, caótica y ruidosa, en la que el solo recorrido por una calle, la de Liberté, arteria y nombre de nuestro distrito, ponía en evidencia lo territorialista que es la gente y lo poco que abandona los diez metros cuadrados contados de delante de su casa o de su establecimiento. Nuestras preocupaciones ya no eran enterarnos de cada historión ni la gente venia con su carta a los reyes magos nada más vernos (por otra parte la existencia de nuestro alijo de gomas de borrar, las que regalábamos simbólicamente también para borrar la realidad actual y construir otra, no nos constaba que hubieran borrado la suciedad de las calles y de los malos). Dakar es una ciudad en la que hay bastantes blancos, cada cual mirando en frente y como toda gran ciudad tiene su densidad anónima y sus problemas coexistenciales. Una ciudad se parece a otra como una gota de agua a otra. Las gotas de agua pertenecen a duchas, grifos, charcos, acequias, alcantarillas. El clasificatorio de las ciudades también sigue una taxonomía parecida. Las mejores son las más limpias y con una organización lógica del territorio, las peores las que arrastran suciedades y no arreglan los agujeros. No propondremos a Dakar como la ciudad más bonita o que más méritos haga en su mejora, pero camino de Chez Joe descubrimos una placa triangular de peligro anunciando el paso cebra (despintado y casi imperceptible como todos) con lucecitas intermitentes y una plaquita solar de alimentación eléctrica. Todo un detalle. Amparados con ella parábamos coches para cruzar. Yo, empujando como siempre y Vic levantando el brazo para parar a los conductores frenetizados por su rally particular. De tarde en tarde nos constaban accidentes, no en mayor cantidad que en otras ciudades o países más desarrollados pero eso no era un asunto que nos afectara demasiado. No más que la muerte a manos de la policía de un manifestante con cóctel molotov. Una vida mano sigue valiendo menos que la de un escaparate tanto en Grecia como en cualquier otra parte del mundo. Los únicos que siguen pudiendo jugar con humos y balas son los autorizados oficialmente a matar.
La vida casera en el Sacré Coeur con conexión directa con España y otras partes con nuestros amigos nos hizo más cotidiana la cosa. Seguíamos perteneciendo más a Europa a África quedando la emisión de bonos de la condición ideológica de apátridas para conversaciones ácratas. Hemos conocido algunos europeos que vienen viviendo desde media vida atrás en África. Si duda, abnegados héroes.

Cada mes el cargo fijo en la misma fecha de 300 euros en nuestra cuenta bancaria (que no habíamos consultado los meses anteriores a Serekunda) no sabíamos si atribuirlos a un desfalcador profesional o a nuestra propia negligencia como clientes. Vic no se acordaba de haber dado ningún tipo de orden de pago aplazado pero Vic es el mejor cliente de las tarjetas de crédito jamás registrada por toda la historia bancaria. Un millón de Vics repartidas por el mundo capitalista serían el mejor antídoto a cualquier amenaza de crisis financiera. Si no sabe la distancia que hay entre una ciudad u otra o entre una cifra millonaria y una de decimales, tampoco sabe lo que hace con ellas (las tarjetas digo): agujero permanentemente descosido en el bolsillo de los dineros. Toda cifra es un criptograma. No hay nadie que no se pelee por los números, en particular si éstos indican cantidades económicas. Ella es la única excepción planetaria que conozco. Mientras tenga liquidez para vivir y para vivir bien, cualquier fuga de dinero poco importa. Yo soy todo lo contrario. Me discuto por un céntimo con quien me lo saca sin tener autorización y si no me parto la cara con el programa bancario que me ha hecho la sisa es porque ya no concedo duelos de gladiador en ningún parque público. Desde que conozco a Vic, la poderosa atracción por militar en las columnas de los números rojos revuelve los algoritmos de la economía casera y me inquieta. Pero su capacidad angélica para vivir la vida sin sufrir por las agresiones e incomprensiones recibidas la tienen en mi más alta estima. Averiguamos con el contacto por email que los únicos responsables de nuestras fugas de dinero éramos nosotros: habiendo dado la orden de pago aplazado de los gastos realizados con tarjeta. Puesto que estos fueron alrededor de los 2700 antes de dejar España, su pago aplazado implicó una buena cantidad de meses de este año. Pago aplazado significa que el 16 o más por ciento de interés se va multiplicando por tantos meses de demora como haya, además de los 30 de coste anual de mantenimiento de las tarjetas. Mientras e África nos discutíamos por 100 cefas en nuestros cuarteles seguimos estando desprotegidos. La culpa era nuestra y solo nuestra. Lo cierto es que la suma por los pagos de la baca de la furgo (para poder cargar las cajas del trasporte solidario), un ordenador portátil, la caja de medicinas que compramos,.. ascendió a aquella cifra, pero al menos el de ser siseados por algún atracador electrónico se disipó. Hasta que no volviéramos a España no íbamos a poder ser en orden todo ese asunto tratando de controlar más a nuestro banco y sobre todo nuestros hábitos de gastos.

La descripción de la vida es que te lleva a auscultarlo todo: los ritmos externos y el tictac de tu interioridad. Escribirlo, sí, que no explicarlo siempre. Estamos rodeados de sucesos que no entendemos y cuestionados por nuestras propias ineptitudes. Desde la distancia de los asuntos domésticos no puedes hacer nada. Alguien que viaje tiene un sinónimo ad hoc -para los sedentarios que se quedan forrando sus cuarteles- como el de libertino que se desentiende de lo que dejara en sus abandonadas latitudes. Como viajeros nos permitimos el lujo de hacer nuestro viaje sin tener que ir a la oficina a cumplir con las existencias del departamento de ventas o a aguantar las presiones atmosféricas y otras. Viajar significa para observadores poco neutrales ser rico. No es cierto pero muchos oteantes con sus telescopios de hojalata creen eso. En todo caso el nuestro en curso lo iniciamos con su garantía económica pero no con todas las condiciones arregladas. Es así que pagamos los seguros hispanos de dos automóviles que no pudimos dar de baja o por dos teléfonos y una cobertura de internet que no usamos. Toda una exhibición de despilfarro de recursos, pero bueno el dinero es solo dinero y mientras sirva a alguien para dar de comer a sus hijos salir del submundo de las alcantarillas, tampoco nos dejará en el absoluto decomiso.

Diciembre empezó con la mejor noticia del año: el nacimiento de Lola. Habemus filius de filius (¿se dice así?)y eso me convierte en el abuelo del año sin quitarle el mérito de la abuelidad a otros congéneres. ¡Una niña de 4kilos 100¡ Hacedle un hueco, viene a compartir el planeta con los demás. No sabe donde se ha metido pero ya nos ocuparemos quienes la queremos que lo pase lo mejor posible. Tuve que pedirle a mi amiga FinaO durante una conversación por msn que llamara a Isaac para que se enterara de la situación. Sabíamos que el parto estaba previsto para diciembre. Ella lo llamó estando en el hospital. Al dia siguiente o a los dos días él me envió las primeras fotos de Lola, que Vic colgó enseguida en el Face Book del la familia MAlés. La abuelidad hace que todo lo demás pase a un segundo plano. Te da una patriarcalidad, repasas lo que recuerdas de la teoría de la evolución, te sientes solidario con todo el mundo, haces u guiño de complicidad a los desconocidos, saludas a las abuelas de la calle como si fueran parte de tu clan, pasas a admirar al propio Abraham y te das cuenta que estas mas unido a la especie humana de lo que creías. Tener una nieta significará también esperar en el mundo de los vivos algunas décadas más a ver como crece y, al menos, asistir a la tenencia de su primer hijo, pero sin presuponerlo ni condicionar biografía alguna ¡que conste!
En el Sacré coeur las voces de los profesores dando clases con puertas de sus aulas abiertas o los ruidacos de los alumnos en los intervalos entre clase nos acompañaron como sonidos de fondo. También flotaban nuestros sonidos en el espacio (clarinete, armónica y la voz catando de Vic).Salíamos lo justo o no salíamos. El ordenador era nuestra vida. El apetito nos llevaba hasta el boliche más cercano de dos hermanastras Fatu que no nos discriminaban con los precios. Nos sentábamos de cara a la pared usando un tablero a modo de mesa. Yo hacia mi itinerario previo: compra de bananas y cacahuetes (persistiendo a 25 francos la micro bolsita, uno de los detalles representativos del Senegal actual) en el puesto del vendedor que me preguntaba la cantinela habitual, ça va les affairs de la journé? Y en otra tienda la Coca-Cola de litro fría para acompañarla en la comida en el pequeño. Luego nos reintegrábamos al despacho. Con nuestros compañeros de cara a la pared en el chiringuito unas veces hablábamos y otras también. Alguien nos contó que un dia espontáneamente la ciudad se rebeló de un modo descentralizado, por barrios, ante tanto caos de país, y que el ejército intervino pero que dio orden de no disparar para que los soldaros no se opusieran a la orden ya que podían matar a familiares. El entusiasmo del chico contándolo (es raro que alguien confíe en desconocidos con esa clase de informaciones) ni siquiera lo tomamos como un indicador de conciencia política o de capacidad para organizar el futuro. El hecho de que en innumerables sitios del planeta haya razones objetivas poderosas para levantamientos de protesta no significa que esos levantamientos termine engendrando organizaciones sociales mejores. Por lo general se ventilan con represiones brutales y con un periodo de silencio posterior de unos cuantos años. Todo lo que hace el poder ante ellos es recordar que sus súbditos un día pueden asaltarlos y comérselos sin patatas fritas pero otro asunto muy distinto es la capacidad alternativa de organizar algo mejor y ante esa hipótesis tal vez aflojan un poco el expolio y la presión social.
Atraídos por la música de Ismeël Lô, Tabajone, que coocida de la banda musical de Todo sobre mi madre de Almodóvar,descubrimos un local donde tomar cerveza, Le bureau des combattants. Nany’ s. Combatiente es un substantivo que suena a mayor (combatir por la paz, la libertad, la justicia y sus tantos etcéteras) claro que hay nombres parecidos en Europa que se refiere a clubes de lo antiguos legionarios y otros individuos que forraron sus biografías haciendo daño al prójimo, en las colonias de las metrópolis o donde fuera, pero a diferencia de Kaolack mi vida cervecera pasó a un grado ínfimo. La cerveza es un placer para la época de calor y una bebida ordinaria con el cambio estacional. En nuestras dos camas (colchones mejores que el colchón asesino de la primera noche) pusimos ya mantas por primera vez y yo dejaba que el agua caliente de la ducha me mimara durante un buen rato. Baffour se fue demorando en dar noticias. En una carta pasada al inglés con la ayuda del Google traslater le informamos de nuestros planes inmediatos y de nuestro límite de estancia en Senegal.
La vida casera tenía eso, no demasiado que contar aunque sí mucho mas vida personal que hacer. Los chats con Nani, con Ter, con FinaO, con Cristina Echánove, con Almu,… creaban la curiosa sensación de estar rodeados con gente en nuestro salón despacho. No teníamos mucha anécdota que contar pero nos vivíamos más intensamente en nuestra privacidad.

martes, 2 de diciembre de 2008

Dakar bis.

Pero, ¿saben arreglar la avería?

Con Fr, Francois
Con Marie Helene
Con Soeur Claud Marie, nuestra cocinera particular y su menú
Dakar 1diciembre2008
Marie Helene vino con las cervezas frías a la hostellerie. Tenía las llaves, no le preguntamos porque. No pudo venir el domingo anterior porque su hermano dio varias vueltas de campana con el coche en la carretera desde Tambacounda, la peor del país llena de agujeros. Al parecer la culpa no fue suya, pero su acompañante se fracturó el cráneo y murió al no llevar el cinturón de seguridad puesto. Fue llamada urgentemente por su familia para ir a ocuparse de lo que derivara de eso a pesar de que no él salvo la vida sin hacerse daño.
La invitamos a pasar, quería conocer a Victoria. Dentro de sus primeras preguntas, creo que fue la primera, es que si estábamos casados. Marie Helene no lo está porque no ha encontrado al hombre de su vida. Ella atendió a nuestra explicación sobre el hecho de que en Europa no es poca la gente que vive emparejada sin estar casada y que ésta no es una condición tan relevante, que el matrimonio era una gestión de tipo legal y no un indicativo amoroso, y que en todo caso no es una condición por la que allá se pregunte tanto. Luego repensándolo para mí, la verdad es que esa explicación no representa la Europa mayoritaria. Los europeos, como en todas partes, siguen preguntándose también por eso, el estado civil, para poder fichar al otro lo antes posible como candidato o no a una posible relación. Por otro lado, para mucha gente el estar o no casados todavía sigue siendo un motivo para enviarte al ostracismo o estigmatizarte con la marca del pecado o incluso para desheredarte. Vic y yo disponemos de un curioso y jugoso anecdotario aunque afortunadamente escueto por el lado de su familia por no estar casados como el de pedírsenos extravagancias tales como dormir en habitaciones separadas para no dar mal ejemplo a la parentela surgente de la siguiente generación, osease los niños, que a su debido momento en la edad pre adulta, a la hora de seguir la llamada de la carne, hicieron algunos lo mismo que nosotros. Para nuestra óptica no sabemos de la gente conocida quienes están casados y quienes no, yo solo lo sé de aquellas parejas contadas a las que fui a sus bodas. No es el dato más relevante de nadie y mucho menos el dato a significar en una primera conversación.
En la hôtellerie, categoría de chalet residencial que permitía la máxima tranquilidad con la compañía de los pájaros reunidos en congresos de sonidos y pocas interrupciones humanas tuvimos que enfrentarnos a una colonia residual de mosquitos, concentrados todos, eso sí, en el cuartito del wc. Advertido el frere Eduard de la cuestión el mismo día nos hizo llegar por Cristophe, el guardés de los recintos monacales, un spry que no acabó con ellos pero cambiaron de posición concentrándose sobre la cesta para dejar la ropa de cama usada. Al menos durante el sagrado acto de la meditación en el uvecé quedábamos a salvo de sus picaduras. Inevitablemente los mosquitos forman parte de la disertación africana por mucho que a ratos suponga que han sido enviados al pasado. Desconozco sus reflexiones, supongo que el derecho a la vida que en su registro se reclama toda especie, pasan por alto las molestias que nos puedan ocasionar. El derecho a la vida: interesante tema convertido en extraordinaria cantera por innumerables literaturas. Tema, al fin, que filosóficamente revela como internamente antitético: el derecho a la vida de unos pasa por obligar a morir a otros. El derecho a la vida se traduce en ocasiones por la lucha a muerte, por la destrucción ajena. La medicina que protege la vida humana -o ese al menos es el propósito hipocrático- implica la destrucción de otras formas de vida: hongos, parásitos, virus, bacterias,..que se oponen a la anterior. Aunque hay algunos puristas que llevan un pañuelo en la boca por no matar por descuido algún insecto volador (no me refiero a los nipones que se lo ponen durante sus resfriados para no contagiar a sus vecinos sino a una secta religiosa) el solo hecho de vivir implica la destrucción de otras expresiones de vida. Toda la política de nutrición está basada en la muerte industrial a gran escala. Dejemos eso porque si vivir significa matar a otros se nos convierte en cómplices de muertes inocentes y esta no es una forma de empezar un capítulo de nada por el desasosiego que pudiera generar.
Nuestros días tranquilos en l’ hôtellerie fueron compartidos por soeur Claude Catherine, de Benin, en transición a convertirse en benedictina. Se ocupó de ir a buscar hortalizas y huevos. En seguida demostró que le gustaba comer bien haciendo honores a lo de “vives como un cura”. En todo caso estaba más preocupada por esas cuestiones materiales que nosotros mismos. Pagamos a precio de oro las cuatro cosas que compró. El siguiente encargo para dos microquesos de cabra a 1000cefas uno, vino sin ellos pero gasto el total del billete de 5mil en otras cosas. No le reclamamos la vuelta. Compartimos la mesa y las conversaciones. Ella asistía a los oficios religiosos puntualmente. Nos permitió que no creyéramos en ninguna religión siempre que aceptáramos al dios-padre creador de todas las cosas. La conversación no prosperó más allá de eso. Es más suculento con cualquiera hablar de otros asuntos no teologales. Aquella noche Vic tuvo un curioso sueño en el que llegábamos a algún lugar de África con un animal grande, una especie de dragón, en la puerta de un establecimiento donde había un conferenciante en el interior hablando en español correcto de ese bicho. Tan pronto ella manifestó una discrepancia el conferenciante dejó de comprenderla idiomáticamente aunque cortésmente hiciera como si la entendiera. En el mismo sueño, un grupo familiar al completo perseguía a un autobús para que se detuviera y les devolviera a una chica, un miembro de la familia.
No pude interpretar la conexión entre una escena y la otra pero sí los materiales suculentos de ambas para catadores de inconscientes particulares y coleccionistas oníricos como yo.
Cuando nos toca hacer convivencias puntuales con otra gente es cuando más en evidencia se pone lo distintos que somos y en qué clase de ritmos tan distintos nos hemos metido. La gente normal se levanta y sale a la calle. Eso es crucial. Es el momento del día estelar: la verificación de que el mundo sigue ahí, de que los escenarios están puestos y la gente los ocupa con sus ajetreos. Nosotros no hacemos eso. Bueno, yo no lo hago desde hace años, Vic, desde que se jubiló se incorporó a este esquema. La calle es para después, para el atardecer, para después de los deberes hechos, y no todos los días. No renuncio ni siquiera a media hora de ordenador para ir a buscar los buñuelos frescos del día o las bananas. Si no hay una cosa en la despensa para preparar el desayuno o la comida hay otra. Unos centímetros cuadrados de espesura en el Microsoft pueden más que las regularidades del mundo exterior. Cuando nos preguntan si hemos visitado Goré y decimos que no, la gente se sorprende. Es como ir a Barcelona y no visitar la Sagrada Familia. Tenemos la sensación de saber las cosas, al menos las que se refieren a los obligados itinerarios turísticos, antes de conocerlas. La historia del embalaje de esclavos camino de sus vidas explotadas y de servidumbres es una historia sabida.
La gente anormativa como nosotros (déjeseme usar la palabra ordinaria para el caso: la gente anormal) vamos con nuestro chip existencial endógeno. El viaje existencial es un viaje intracelular en lugar de geográfico, un viaje por las ideas y los sentimientos en lugar de por los cromos y los salones. Es así que un buscador de todas las informaciones sobre África oeste encontrará en nuestro reportaje una actitud de vida no una oficina de datos. Nos iba pudiendo más nuestro nuevo programa de actividad que no la visita a jefes locales, reyes tribales, exploraciones de instalaciones solidarias. Nos complacía más un rato de charla con algún vecino o visitante, o ser visitantes nosotros de alguno de ellos, que no los ritos o dar conferencias. (Ya tuvimos suficiente con las dadas a principios de año). Fuimos hasta la casa de Marie Helene, en el barrio católico, a tomar una flag in situ y a comprar otras. M.Helene no estaba pero sí dos de sus hermanas que hablaron con nosotros expresando su deseo de encontrar un blanco para casarse. Tema que raya la obsesión. Nos contaron la historia de una vecina que se casó con un belga y se había ido a vivir a Europa donde él no era un practicante fervoroso como ella. Esas mujeres no necesitan para nada su príncipe enlatado y tienen un buen nivel de vida: una casa con un patio que ya querríamos tenerlo para nosotros a pesar de estar ubicado en una localidad no rica. Como suele pasar, la gente vive en el infradesarrollo sí, pero no en el material sino en el de los valores, en el mental.
En Senegal la vida de barrio puede ser tan divertida y pletórica como en cualquier otra parte. Vida de barrio u hogareña significa disminuir variables, riesgos, imprevisibles, extorsionadores y agentes varios de las molestias todas. Eso no te deja completamente a salvo. Mientras estábamos comiendo un dia sentí un impresionante pinchazo justo al lado del pezón izquierdo. Fue como si una aguja me hubiera atravesado. Por un momento tuve que recapitular acerca de lo que sé de los infartos: no, no es ahí donde duele, sino cerca del esternón. Al cabo de un rato apareció la señal de una picadura, en realidad una mordida, tal vez fuera de una avispa. En el comedor había una pequeña colonia con una docena de celdillas enganchada de una de las puertas. De alguna manera algún bicho que no vi se metió dentro de mi camisa holgada y decidió morderme o tal vez decirme hola a su manera. La cuestión es que me enseñó que uno no puede estar a salvo ni siquiera en su propio comedor. La otra fauna coexistente: dragones y bichos voladores múltiples no crean ningún problema. En la inmediatez de cada recinto y/o alojamiento aprendemos que hay muchos más significados de las cosas de los que tenemos capacidad para entender. Ahí en el patio un árbol con dos o tres troncos juntos, en realidad un árbol siamés cruje de tal manera por su balanceo movido por el viento que emite unos extraños sonidos. En última instancia todo es lenguaje y sólo falta receptores con capacidad de escucha para entenderlo.
Claude no era una mujer de letras y así lo declaró: solo tenía dos ocupaciones al dia, ocuparse de la logística de la subsistencia (buscar y traer comida) y cumplir con los oficios religiosos. Daba lugar a una de esas situaciones que de prolongarse mucho tiempo, la parte currante se queja de la otra por no ocuparse de la despensa o la cocina. Por otra parte, la convivencia, inevitablemente, protocoliza unos ritos sociales que alteran los ritmos privados por lo que hace a dedicaciones etéreas, artísticas o cualesquiera que sean de quienes pertenezcan/pertenezcamos al club de los flipados.
Afortunadamente, desde la época dorada de la prejubilación, hay tiempo para todo y se puede leer, escribir, grabar, guisar y hacer sobremesas. Aunque desde mi infancia desarrollé una animadversión particular a empezar los días teniendo por máxima preocupación –que ocupaba un buen rato de las conversaciones de las mañanas- lo que se iba a comer durante ese día. Los humanos son/somos animales de costumbres. Unos se acostumbran a una noción existencial de supervivencia y otros a una cruzada teórica para gladiar con todos los por qués que vengan a dar la lata. Se dice de los humanos que son los animales mejor dotados para el aprendizaje. Lo dudo. En todo caso habría que verificar al detalle tal afirmación en comparación a otros animales. Hay estudios que demuestran que durante los primeros años un bebé chimpancé aprende tan más rápido que un bebé humano, luego aquel se queda notoriamente atrasado (quizás porque sabe lo que le espera y prefiere no seguir adelante con el conocimiento humano). Los macacos japoneses y sus baños en aguas calientes demuestran conductas adquiridas, por tanto aprendizaje y cultura. La isla de Kosima en Japón ha permitido teorizar la idea de cultura animal. Los chimpancés son nuestros parientes más cercanos. La primatología ha estudiado su comportamiento hilarante con chillidos y movimientos cuando hay tormentas o efectos atmosféricos. Alguien ha sugerido que pueda ser el principio de la religión. No dudo una estrecha conexión entre ansiedad subjetiva ante acontecimientos monstruosos y extraños y adhesión a instancias en creencias de lo superior que puedan salvar lo inferior. Por este lado la inferioridad humana se autoconsolida sin ocuparse de su evolución para superior miedos e incongruencias.
Nuestros días (segunda parte) en la hôtellerie fueron contados. En lugar de las 7 noches que habíamos calculado para llegar el 1ro de diciembre, lunes, a Dakar, nos quedamos cinco. Marie André, el frere al cargo, destacado en el mundo del habla por sus monosílabos: ok y no, nos vino a recordar que ya debíamos haber dejado el establecimiento el día anterior. En efecto su email nos había indicado un intervalo de estancia entre dos fechas claras. Por alguna razón que se nos escapa las normas conventuales no facilitan la convivencia entre los usuarios de sus recursos a pesar de que los ratos con soeur Claude Catherine nos los llevaríamos bien posicionados en nuestra memoria. Dedujimos que hay monjes que el voto de la obediencia no les debe resultar nada costoso porque son mentalmente serviles y no preguntan el por qué de las cosas. Tampoco olvidamos que ese servilismo convirtió a unos monjes en carceleros y asesinos de gente como Jeanne d’ Arc. Nosotros tampoco tratamos de desmontarle el chiringuito mental diciéndole que iba contra toda lógica no podernos quedarnos dos noches mas durmiendo en nuestra furgo dentro del recinto, ya que eso no creaba ningún disturbio a nadie. Tal vez podría habernos dado la razón pero en última instancia era solo un machaca que tenia que cumplir las órdenes recibidas. Un monasterio nunca deja ser una propiedad privada con un amo que controla las puertas y las cerraduras. Con nuestro programa de vida de los dos últimos meses, la preocupación diaria además de encontrar una ubicación donde pasar la noche y asearnos, se extendía a la de encontrar una mesa de trabajo y una toma eléctrica.
Nuestra contradicción, suficientemente antedicha en otros capítulos, es el de ser usuarios de espacios religiosos sin tener nada que ver con religión alguna. Es una contradicción más grave y compleja de lo que suena a primera vista. Hay otra anterior de la que forma parte: la contradicción de la vida es la de hacerlo dentro de un mundo cuya versión dominante es altamente insatisfactoria. Tal vez sería mejor, por meras razones viajeras, hacerse de un equipo u otra, siguiendo el slogan de dejar la neutralidad y tomar partido. En las movedizas arenas de la política se decía que se podía estar en contra de un partido u otro pero no de la política dejando de participar en los asuntos sociales. En los oratorios de las religiones se puede aceptar estar en otra distinta pero no en ninguna.
En nuestras visitas a los recintos religiosos en unas ocasiones hablamos y en otras no. Hasta ahora no ha surgido ningún verdadero debate teologal o filosófico con nadie. Una equidistancia protocolaria nos mantiene a salvo los unos de los otros. No somos nosotros precisamente quienes eludiríamos los temas sino que presumimos siempre que son temas que mueven energías embarazosas y dejan saldos de emociones adversos, especialmente cuando la sala donde estás esta llena de cuadros religiosos, como ese ultimo comedor de la hôtellerie en que a un palmo de la cara de un Cristo crucificado, desnudo y sudoroso está la cara de una mujer, (debe representar una de las Marías), con actitud devota, manos juntas pero a punto de beso de boca, por no citar cruces e iconos de madres de dios con niñojesuses –con cara de viejo por cierto: nota para el pintor- repartidos por todas partes.
Cargaremos con la crítica de utilitaristas por ambas contradicciones: la de usuarios infraestructurales y la de vivientes mundanos. Pero las religiones hay que tomarlas como parte de la cultura y de lo que hay. La cuestión es que en torno a las grandes iglesias han surgido otros movimientos menores, socialmente críticos: cristianos agnósticos, cristianos por el socialismo, cristianos progresistas, movimientos de base, senderistas de Compostela…También la densa y compleja historia de las religiones ha dado cuenta de hasta que atrocidades puede llegar el ser humano, no solo por lo que hace a quemas de disidentes y potros de tortura por orden inquisitorial sino por curiosas trifurcas entre corrientes incompatibles. Si tuviera que ser un converso, saltando del a teísmo a la credulidad, ante no aceptar la tesitura de un mártir pediría que se me concediera el favor de elegir una religión a mi antojo. A ver, a ver, que propones –me preguntarían los del Gran Tribunal del Espíritu-. Había pensado en hacerme Ebionita
[1] o si eso no es aceptado por antiquísimo, Dowieista[2] que queda más cerca temporalmente hablando. Si no fuera porque las referencias están documentados a uno se le hace difícil creer en que el ser humanos haya llegado a organizarse entorno a presupuestos como los de estas dos religiones pero la adhesión al cromo de una o de otro sería tanto como ridiculizar a las actuales que tal vez hayan superado aquellas en la forma pero no el fondo substancial. Dowie, un enfermo mental, un paranoideo, consiguió el liderazgo de unos cuantos crédulos. No era el primer caso ni sería el último. El loco a diferencia del cuerdo suele poner en coyunturas históricas el arrebato y la decisión que le falta a la mayoría de gente viendo en su verbo inflado una capacidad de la que en realidad carece y la verdad de un credo que en realidad no se demuestra.
Hemos dejado de ser críticos activos de las religiones. Es una crítica agotada y que agota, aunque cuando el itinerario biográfico nos lleva a acercarnos a una u otra en activo no podemos por menos que comentar lo que nos parece. El problema de hacer crónica del itinerario que sigues es que si callas lo que piensas, sencillamente haces otra cosa que no es una crónica: escribes para complacer a quien quiere confirmar su visión a priori de los sitios sin haber estado en ellos. Hablar de los lugares donde estas, de donde vas, de con quien te encuentras forma parte del diario de ruta del viajero pero por encima de todo esto hablar del viaje de tu pensamiento es más majestuoso.
Detrás nuestro hay muchos siglos trabados con el dedo culpabilizador contra quienes existimos sin permiso de nadie. La obra de Ezequiel, profeta judío del –VI, está en los libros proféticos del antiguo Testamento. Representa la situación espiritual de su pueblo, Israel, en el principio de su exilio en Babilonia. Habla del castigo de dios destinado a la idolatría, de la caída de Jerusalén, de los pecados y de la restauración. La llamada idolatría entonces no era más que la competencia. La imposición de un solo dios ha sido la obsesión de las religiones principales, gracias a ello la disertación de la pluralidad que esta/ría en la base de un desarrollo fructífero de la humanidad sigue muy bloqueada.
Pero la unicidad total siempre fue un camelo. Periódicamente ideas distintas, algunas dando lugar a otras religiones, hablaron de dualismo, de contrarios, de desenlaces conflictivos, de diversidad. El dualismo ha estado presente en religiones y en movimientos sectarios que creen en una doble divinidad, la del bien y la del mal. La religión de Zoroastro es una de las mas representativas, también el desarrollo maniqueísta, que alcanzaron su máximo esplendor en Occidente con el catarismo. Me replanteo si ante preguntas directas de por que no asisto a los servicios religiosos en lugar de acudir a mi confesa doble condición de apóstata y ateo, no sería mejor declararme zoroastrista, seguidor zen o practicante del Pilates (bueno, todo suena, aunque esta técnica corporal no tenga nada que ver con ningún credo). Para redondear la respuesta podría decir que solo reconozco un maestro, a Eckart, que priorizó la experiencia a la famosa instancia del Verbo en mayúscula. Karlfried Graf Dürckheim
[3] , seguidor del Maestro Eckart, dijo no haber discutido nunca los problemas teológicos sino que se ocupaba de la experiencia religiosa. Lo que llamaba religiosidad viviente. Por tanto, del ritmo, de la marcha, del proceso, de la ascesis que permitían una experiencia tal. No sé muy bien lo que significa eso pero sí valoro sobremanera la experiencia como fuente primaria de conocimiento. Tuvo la ocurrencia de elegir el zen como la rama que toca más directamente el fundamento de la vida religiosa. De Daisetz Suzuki contó que no quería ser considerado un maestro zen, es decir un conductor de almas, sino más bien un filósofo o un sabio. Del zen se habla menos de lo que se practica. Graf tiene una buena frase, que hago mía, dijo que “el ser esencial está mas allá de todas las condiciones”. Es el modo individualizado con que se presenta el ser universal. Es el encuentro con la oposición del yo condicionado. De esta visita en las últimas líneas al divagatorio lo que más claro me queda es que las religiones que más han avanzado son aquellas, como el budismo o el budismo zen que no lo fueron, sino que partieron de presupuestos filosóficos aunque sus seguidores terminarán por idolatrarlos.
Dejamos el recinto tras la llegada de los nuevos usuarios que contra lo que nos había dicho Marie André solo usarían las dos habitaciones libres sin necesidad de la nuestra. Comprendimos perfectamente los monosílabos y la escueta prosa del monje que lo dejaba en la laguna de ser agua poco clara. Él, como tantos otros, sabrá como puede conciliar su tesis de la bondad con la insuficiente falta de acogida a los forasteros. Hicimos los preparativos de salida sin saber muy bien donde íbamos a pasar las noches del findesemana. Saqué de uno de los bidones el edredón y la colcha, las noches ya no estaban para dormirlas a pelo. Repuse 20 litros de gasoil de una de las garrafas al depósito y arranqué el coche. Pocos metros despues, ya fuera del recinto de la hôtellerie, el motor de la furgo falló, (mucho furgo-suite pero motor kk barata). Pérdida de potencia total y desconexión del encendido. Repetición de la jugada y lo mismo. Con la inercia llegamos hasta las puertas del monasterio, medio kilómetro más abajo. El icono encendido intermitentemente en Kaolack nos pasaba factura. El libro de explicaciones del coche no dejaba ninguna duda al aire. De persistir con el problema de la inyección podría quedar dañado el motor. Máxime llamó a frere Lazare para ver si podía arreglarnos algo. Volvimos a sacar el filtro de gasoil para re-lavarlo aunque era evidente que ya estaba limpio (nada a ver con el anterior absolutamente grasiento y negro), el chico también revisó los tubos de ida y retorno del gasoil hasta la bomba. Todo bien. De nuevo arrancamos el motor pero a la menor aceleración se paraba y la lucecita (otro icono para las pesadillas) continuaba encendida. Recordamos que supuestamente teníamos una cobertura internacional de seguro. Llamamos al RACC que nos informó que solo cubría la asistencia técnica en los países del mediterráneo y en el resto la sanitaria. Llamamos al RACE que nos dijeron los mismo que solo cubría los países ribereños del mediterráneo. ¿Entonces porque nos hicimos socios del RACE si ya lo éramos del RACC si no había ninguna ampliación de cobertura? Creímos recordar que nos hicimos tanto para reducir la cuota del carnet de passage como por una póliza con más prestaciones. Reviso un recordatorio telegráfico del año pasado y no menciona nada de una mejor cobertura. Dado que en nuestras cabezas anida(ba)n varios nidos de pajaritos es posible que no nos enterábamos de lo que realmente contratábamos. Tras hacer el ridículo con esas dos llamadas a las que desde la cabina de Jean Paul, el encargado de tienda y el frere implacable en los precios, no accedía por no tener un contador, accedimos a su propuesta de avisar al mecánico lugareño, del famoso km, 50 Lugar de cruce entre la carretera que va a Keur Moussa y las otras localidades hasta el mar y la nacional que va de Kaolack a Dakar. Este vino sin sus herramientas. Echó una ojeada y no entendió nada de mi explicación. Revisó lo mismo que habíamos revisado el día anterior. Tras todo eso tocó por casualidad el cable conectado al electrovan, una pieza de la bomba de inyección, y el acelerador cobró el máximo de potencia, la lucecita de la pesadilla se apagó. Di una vuelta de un par de cientos de metros para verificar que tenia fuerza. Sobrepagamos 15mil cefas por ese minuto de hallazgo y una hora de sondeo estéril. Volvíamos a recuperar la libertad de movimiento (¿alguien lo había puesto en duda? Sí, ¡yo! Los stops de cualquier clase los tomo como una ejecución ante un pelotón de fusilamiento de tipos bostezando.) Estuvimos un rato de prácticas sociales esperando a que la misa terminara para despedirnos de los monjes que nos habían ayudado. Nos enteramos por cierto que Máxime es un trapense en stage con los benedictinos mucho más laxos que aquellos. Nuestros carteles de pizarra en dos o 3 idiomas pararon a algunos feligreses y otros que acompañaban a los anteriores. Uno de ellos, Amadou Mbodj, un senegalés residente en Barcelona no sorprendió con su castellano perfecto y su catalán. Hablamos a tres lenguas durante un rato mientras esperábamos a Frederika Wirzigmann la alemana con la que comparte casa en el paseo colon de Barna y por la que no paga nada. También nos presentó a Begoña Iriondo, una vasca barcelonáutica, encantadoras las dos. Quedamos en llamarnos el año próximo. Pagamos religiosamente por todo, lo que usamos y no usamos en Keur Moussa, sobrepagándolo.
Hablamos con otra gente. Un tipo muy curioso que se identificó como bretón del norte cuando le dijimos que éramos de la Catalunya sud. Nos metió dentro de un alucinante discurso en el que se declaraba celta, maquis y prisionero (luego aclararía que era de la vida). Nos dijo que su descendía ya alcanzaba al tercer nieto pero que no dejaría Senegal para ir a visitarlo. (dentro de su paranoia discursiva yo entendí que iba por su tercer miedo, lo cual como frase, aunque fuera fruto de mi lapsus auditivo, no quedaba tan mal para un intérprete original de situaciones personales como él). Despues de despedirse media docena de veces y darnos la mano otras tantas se fue con su cromo a otra parte.
Nos hicimos fotos con Marie Helene que vino a traernos un regalo de araschids y por separado con su hermana Ivenne. Quedamos en que les enviaríamos saludos desde España. Nuestro aire triunfal se desvaneció unos minutos después cuando el motor volvió a fallar, tal vez por el traquetreo de la carretera agujereada. Meter la furgo en el taller del mecánico que nos atendió fue una odisea, sacarlo también. Cruzamos los dedos, pasamos la caravana habitual de todo Rufisqui y llegamos a Dakar, con la consiguiente parada por el camino de la policía al ver el coche extranjero y bocata de cardinale para sus presiones. Al decirle al guripa que estábamos en Keur Moussa con los benedictinos nos dejaron continuar sin verificar ningún papel.
En Dakar fuimos directamente al mismo establecimiento donde nos alojamos la anterior vez. Mientras esperábamos al gestionaire, el guardés de dia, un licenciado universitario en inglés, nos organizó una mesa junto a su garito para que pudiéramos comer de lo nuestro. Fui a por bananas y galletas al mismo vendedor de calle al que le solíamos comprar eso durante la otra estancia en Dakar. Encontramos a un Paul Jacques mucho más relajado que la anterior vez y nos facilitó una habitación, la última del pasillo en la planta superior ya que al ser domingo no disponía de las llaves del despacho de informática que usamos la anterior vez en la planta baja en el mismo pabellón. Solo pasaríamos una noche en el piso de arriba para trasladarnos al dia siguiente a la otra habitación, en la que ya nos habíamos alojado. Subí todo lo necesario, también fui a por la Corá, a parir de este momento, nuestro extra pesado en los trasiegos que todavía nos esperaban.
Pude consultar el correo electrónico. Sin noticias de Baffour, por quien estábamos preocupaos despues de dos semanas de no disponer de internet. Algunas notas ansiosas de FinaO que quiso interpretar mis ausencias de respuesta con mi ruptura de amistad o casi (la ansiedad no es un trastorno leve) y la falta de noticias de otras personas que esperaba. En la cocina comunitaria del pabellón coincidí con Hannah y Marek Wroblewski, una pareja e polacos leyendo con afán ejemplares de principios de mes del Polska. Metropolia Warzawskay de la Gazeta Wyborcza.Pl. Habían venido hasta Marruecos con Ray Air por uno 125e los dos y de Tánger a Dakar por carretera en transporte público o autostop. Me dijeron que no tenían casa y habían guardado sus cosas en casa de la familia y se dedicaban a viajar.
Antes de empiltrarnos, Vic y yo retomamos nuestro programa de grabación. Dada que la habitación, de dos camas, no había sido arreglada todavía por ser finde semana, compartimos la cama no usada: el peor colchón de muelles de la historia senegalesa Un colchón pensado para ensartar a su huésped. Ya sabíamos de la inaceptable propuesta de los colchones del establecimiento pero no habíamos llegado al extremo de sospechar de sus muelles como armas homicidas. Me desperté de madrugada y se la dejé entera a Vic, yo me trasladé a la cocina con el ordenador. Quedaban por hacer los últimos manotazos de este viaje literario.
Tal como teníamos el coche, mi último resto de confianza en él se evaporó por completo. Por si fuera poco al desatornillar el electrovan, la pieza, al parecer, de nuestros quebraderos de cabeza, uno de los dos tornillos parecía haber sido sacado con anterioridad, es decir dentro de los 4500 kms con qué compramos el vehículo. Mis pensamientos no publicables para el concesionario que nos lo vendió se recrudecieron. Vic, una optimista incorregible, opinaba que podíamos estar contentos con el resultado que nos estaba dando y que había esperado peores adversidades viajeras, incluyendo atracadores a camperos. Cruzar el desierto conduciendo un coche del que no estás seguro no es la mejor opción. Por si fuera poca la operación tabaski se había puesto en marcha: cuantiosos puntos en la vía pública con cabras u ovejas esperando en la antesala del corredor de la muerte aguardaban a ser vaciados con su venta. Nos habían advertido que no se nos ocurriera salir con el coche en las fechas próximas al 8 de diciembre para quitarnos de encima posibles extorsionadores añadidos a los que ya habitualmente nos tocaba sufrir.
Recuperamos la habitación de agosto pasado: cuarto de baño completo para nosotros y salón despacho. En la planta baja unas tres aulas abarrotadas nos recordaron la vida feliz de los estudiantes. El ruter enganchado en la pared del pasillo nos dio cobertura suficiente. Aunque como es habitual, tuvimos que deshacernos del norton en un ordenador y gestionar las redes inalámbricas en el otro eliminando las anteriores coberturas de otros espacios para tener una conexión fluida. Tal como se ha puesto internet y la política de intrusión sistemática que sigue Windows, antes de que lo adviertas te han cargado tu ordenador con un montón de actualizaciones y de softs que no te sirven. Tenemos más problemas con esos bien intencionados que nos quieren proteger de troyanos e intrusos, generando conflictos de soft que no con quienes envían virus intencionalmente. La cuestión es que la libertad privada del consumidor no queda respetada y hay programas que se activan sin ser solicitados redunda todo eso en bloqueos del aparato, disminución de la velocidad, pérdida de función y malestar propia por la condición de víctima que te hacen reestrenar. Con todo el Messenger del msn nos permitiría algunas conversaciones en castellano y catalán con parentela y amigos de las Españas, y la consulta del Hotmail nos pondría al dia de algunas fatalidades (cargos regulares de 300 euros en nuestra libreta bancaria con una tarjeta que no usábamos, entre otras noticias del mundo de afuera)
Estar ocupando esa habitación en pleno curso escolar nos iba a proporcionar más contacto social aunque más interrupciones.

[1] Los Ebionitas fueron los seguidores de Epifanio de Ebion en el II. Caracterizados por su adhesión a la ley mosaica estricta. Fue un movimiento judeo cristiano que, siguiendo la ley de la naturaleza de las bifurcaciones o multiforcaciones de los troncos de los árboles dando lugar a sus copas, tuvo dos fracciones: los que observaban la ley sin imponérsela nadie y los que exigían de todos los cristianos la circuncisión viendo en Jesús el nazareno un hombre puro. Se caracterizaron por la no admisión del antiguo testamento y el rechazo de las epístolas de san Pablo en el nuevo.
[2] Dowieismo, fundada en 1894 por Juan Alejandro Dowie (1847-1907) un escocés que se creyó ser el Elías Restaurador, cuya venida había sido anunciada por Malaquías y confirmada por Marcos, Lucas y Mateo. Fundó la Ciudad de Sión a orillas del lago Michigan. Fue depuesto por sus alumnos por inmoralidad y robo.

[3] El centro del Ser. Recopilacion de Jacques Castermane. Luciérnaga Barcelona 1997

lunes, 1 de diciembre de 2008

En La Soledad creativa

Puerta de la discordia con su bolsa para las cervezas
Korás, el de la dercha es el nuestro
Pared de la habitación en K.Moussa

Visitante de nuestra casita en K.Moussa
Keur Moussa 23 noviembre2008
Recomendación táctica: venir a África con fotocopias a color del permiso de conducir, en caso de urgencia siempre se puede huir del policía extorsionador a cuya exigencia de dárselo te hayas doblegado para quitarte pasta o regalos. Segunda recomendación reforzar el parabrisas por si no hay otro remedio que atropellarlo. ¿Apología de la violencia? No, ninguna, libertad de movimiento, Todo este comentario queda en un jeje para dejarlo con la mayor dote de ironía posible. Que cada cual elija el pedal correspondiente ante el asaltante armado de diligencias, el de freno o el del acelerador. Ter una compañera de Mesinia[1], que sigue un poco el blog me dijo en uno de esos ratos de cobertura de wifi y que me saludó con sus saludos variados que habría que ver lo que decían los africanos de lo que decíamos. No entendí a que se refería. Decimos muchas cosas y no existe un ellos unitario haciendo un congreso para ponerse de acuerdo en un dictamen sobre lo que decimos. Unos meses antes ya me dijo que si quería ligar debía deshacerme de mi barba porque con ella no me jamaría un rosco. No me consta que los europeos vengan a África a ligar tanto, ni las titis africanas que buscan toubabs para casarse (deseo del que nos han informado bastantes) se corresponda a una táctica plan de flirt o disposición amorosa. Es una propuesta tan fría como preguntar qué hora es. ¿Buscas un blanco para casarte? Luego entonces no te interesa en absoluto la persona que encierra este blanco. Es lo mismo que desear que te toque el número de la lotería o algo parecido.
En Keur Moussa nos sentimos a salvo. A falta de sociedad recreativa nos queda la soledad creativa. Pasamos una noche en el callejón de chez Mimí. Sentimiento de seguridad absoluto. Por la mañana a una chica del vecindario, Anastasia, 26 años y 6 críos, le pedí usar su ducha, es decir, un reservado de cañas, sin ningún sumidero y con un balde de agua. Ningún problema. Pura ducha africana. Las localidades más pequeñas son más seguras. Nos reconoció gente y saludamos a quienes conocíamos: A Benoit, a Maxime, a Raymond, a una de las empleadas de Chez Mimí, a Marie André, e incluso a Jean Paul, el encargado de puertas, de la tienda y de la venta de korás del monasterio. En los monasterios la división de trabajo es estricta y no parece que sea rotatoria con fluidez. No hizo falta llegar a la revolución industrial y al boom de las manufacturas para comprobar la eficacia de la división del trabajo. La especialidad o el especialismo lleva siglos instalado en los haceres humanos. El caso es que los monjes la tienen muy consolidada. Compramos el Korá que habíamos apalabrado desde verano. Por aquel entonces habíamos acordado 850e. Despues de una sesión de regateo inflexible en uno de los paillotes de les parloir. Jean Paul nos había dicho que nos mantendría el precio a nuestro regreso pero al llegar ahora dijo que el precio había variado por exigencias del mercado. Me enfadé. (Últimamente me dejo enfadar más fácilmente). El incremento no era poca cosa: unos 150euros más. Si los 850 ya nos parecían mucho los casi 1000 nos supo a puñalada con cuchillo embadurnado de sal alquitranada. Le dije que no era honesto de su parte no mantener el precio y que solo Teníamos ese capital para la compra. La denominación de no honesto lo recolocó en su lugar. Aceptó la venta al precio pre acordado.
Fuimos al refectoire a compartir la comida para visitantes. Máxime, alguien especial, enseguida punteó en las cuerdas el sonido de Bienvenida Lola. Conocimos en un rato a Emmanuel Desiré Zeng Nzeng, un monje congolés que esa misma semana abandonaba, para regresar a su país, su vida de hombre sagrado por un antagonismo entre su preciosa voz de soprano, a pesar de ser hombre, y la no aceptación de la comunidad por su amor a la música. Increíble e inexplicable. Ese Emmanuel, en el video auto promocional de la abadía, ya se hacía eco de las dificultades convivenciales por sus distintas procedencias de varios países. El caso es que el hombre renunciaba a la vida monacal para dedicarse a la vida musical Nos dio a escuchar una composición de voz suya grabada en la memoria de su móvil: una voz aguda, altísima, perfectamente confundible con la de una voz femenina. Nos habría encantado conocerlo más y tratar de grabársela, pero eso quedó en un tal vez. Raymond nos ubicó en un emplazamiento de le bois des Manguiers para pasar el resto de la semana y trabajar. Nos abrió una de las habitaciones para usar la ducha y la toma eléctrica, Estuvimos de residentes solitarios y la puerta exterior del recinto cerrada y sin que nos diera la llave. Como que con Máxime convinimos en que nos ayudara a hacer el afinamiento de la Korá y este pidió una segunda kora para trabajar juntos, eso creo una discusión con Raymond el cual decía que teníamos la autorización de tocar la kora en el lugar donde nos alojábamos y que el permiso de eso tenia que pasar por el abad. La jerarquía monacal no tiene nada que envidiar a la de un ejército armado ¡Quién lo diría con la beatitud de sus cantos gregorianos y la dulzura de sus músicas cantadas! Les dejamos en su discusión no precisamente bajada de tono. Después Maxime dijo que a los senegaleses –él es de Benin- había que tratarles con dureza para que se mantuvieran dentro de su rol y no se inmiscuyeran en el de los demás.
Una vez ubicados y con la perspectiva de estar 6 días encerrados en el recinto, Raymond me facilitó el contacto a través de la linde de su terreno con Marie Helene, la mujer de una buvette más cercana. Convine con ella que nos trajera cada dia dos flags frías al anochecer hasta nuestro autoencierro voluntario.
A media tarde Vic y yo retomábamos nuestro quehacer con nuestro pequeño estudio de grabación ambulante. Por mi parte no paraba de asombrarme de su proverbial capacidad para musicar mis letras, casi nunca rimadas y con combinaciones de palabras no fáciles. Muy lentamente íbamos introduciendo formas expresivas: rap o declamaciones airadas, incluso empecé a confiar tímidamente en mi voz. Yo creí que nuestro proyecto en marcha de grabación había quitado a Vic de su afición a los solitarios pero descubrí que seguía jugando a esa cosa. El tiempo dedicado para la elaboración escrita nunca lo remontó a pesar de insistirle durante todo el año. Una nueva temporada de reclusión iría bien para ponernos al dia de nuestros trabajos pendientes. No tener la conexión a internet también tenía sus ventajas adicionales: poderte concentrar todo el día en lo tuyo sin tener que compartir tu tiempo de creatividad con saludos y conversaciones por el Messenger. Quedaba Baffour sin concretar. Mathilde se había puesto enferma y no pudo venir el findesemana que le propusimos. Tal como pintaban las cosas y las dificultades burocráticas para los permisos de entrada en España para los africanos, cruzaríamos el desierto el mes próximo sin él a bordo.
Al amohecer, una curiosa fauna venia a alojarse a nuestra habitación: amantis, orugas voladoras, otros bichos con alados. Esas orugas, mas que torpes y estrenando cuerpo no paraban de chocar conmigo. Para mi sorpresa, de los mosquitos missing. En Kaolack ya había llegado a una entente con ellos. Ni tela mosquitera ni repelentes, el ventilador giratorio de mesa a todo trapo los mantenía a raya. Si ellos no me pinchaban yo no hablaría mal de ellos en nuestro blog. Parece que aceptaron la propuesta. De todos modos Kaolack es una ciudad insalubre, Keur Moussa era más limpia y el clima ya parecía incompatible como moscas y mosquitas. Una amantis vino a morir a nuestra habitación. Las observé un rato, me pareció que esta clase de animales tienen algún tipo de lenguaje. No solo eso, no tienen el menor miedo ante monstruos de tamaño humano. Me pareció que se hizo la toilette al estilo de los gatos mojando con la boca sus patas delanteras y pasándoselas por la cara. También se ocupó de sus antenas. No se si lo invento pero pienso que fue lo ultimo que dejó de mover. Si fuera un financiero al que le sobrara el dinero pagaría una investigación hasta donde fuera necesario para avanzar en la investigación de los insectos. Se algo de las abejas y de las hormigas. ¿Qué discurso deben tener las amantis al respecto de las comilonas de sus partners? No me extrañaría que dijeran que eso sí es un acto de amor y no lo que hacemos los humanos los unos con los otros mintiéndonos constantemente. El problema de uan investigación de este tipo es que podria demostrar (intrigante hipótesis) que la inteligencia de los insectos podria ser mayor de la hasta ahora considerada y si no la han desarrollado en forma de ciencia aplicada es para no complicarse tanto la vida.
Me acosté tarde, un par de horas despues de que Vic estuviera empiltrada. La tranquilidad en les bois des manguiers, en medio de la extrema oscuridad, era absoluta. Por la mañana vino Máxime a despertarnos. Había dado un mensaje a Raymond para que fuéramos a una clase de korá con él al monasterio, mensaje que no recibimos (las pequeñas trifurcas entre los monjes se traducen en pequeños sabotajes mutuos. Ni me creeré que eso no deje secuelas en sus relaciones posteriores.) Quedamos para hacer esa práctica por la tarde. La complicación del traslado, con las dos korás, la lentitud de nuestros movimientos por subir y bajar de la furgo, tener que cambiar un autobús atravesado bloqueando el camino, con las llaves puestas, ningún conductor a la vista sin modo de poner la marcha atrás. Luego el cambio del refectoire a una de las paillotes del jardin des parloirs, el cambio de la furgo de un parking a otro fuera del recinto por orden de Jean Paul, nos dio la medida de la organización monacal, bastante más complicada de lo que a primera vista parecía. (No tengo la menor duda de que tanto exceso de oración disfunciona las sinapsis. Tampoco que esos espacios de oración sirven para congregar a los freres ante su máxima: dios, pero no ante sus contradicciones concretas para discutirlas y arreglarlas). A pesar de perder más de dos horas en los traslados conseguimos una útil en la que Máxime nos enseñó como afinar las cuerdas con la ayuda de un afinador electrónico. Vic está mas puesta en esto por las clases recibidas, yo tuve que hacer un sobre esfuerzo por hacer la traducción de las 7 notas de la escala diatónica a las 7 letras de abecedario dela forma internacional –en realidad anglosajona- de interpretarlas. (La regla mnemotécnica para acordarse de la equivalencia es muy sencilla. Las siete notas van de la A a la G empezando por La. Eso significa que un Do es un C. por tanto Do Re Mi Fa Sol la Si, se representan respectiva y correlativamente por C D E F G A B). Aprendimos que en la época de calor las cuerdas se tensan mas elevándose hasta un semitono y en las de frío ocurre al revés. Pusimos las cuerdas del nuestro a un semitono por debajo del que venía. Luego, en nuestra habitación, mientras yo estaba enganchado al ordenador, Vic acompañaba a la noche punteando acordes.
Íbamos a pasar el resto del mes en Keur Moussá, eso nos permitiría recuperar lo que sabíamos, lo poco que sabíamos del instrumento, y seguir con nuestro exuberante programa de creatividad. Teníamos los pies puestos en Senegal pero el ojo puesto en nuestro retorno. Escribimos una carta para Montse Castellví, la amiga de Vic y nuestra inquilina de casa, para conocer sus planes para el año próximo y poder ajustar así los nuestros a nuestro retorno. No teníamos una prisa especial para volver a nuestra localidad en Barnápolis. Podíamos quedarnos en Barcelona (Ramón nos había ofrecido su apartamento cerca de la calle Mandri), en Blanes (Paco Balcells, capitán náutico y amigo de Vic nos había ofrecido uno suyo en Blanes) o buscar otro sitio. Además, Vic y yo íbamos a pasar una temporada separados para descansar mutuamente de nuestra omnipresencialidad. Quizás temíamos que de volver inmediatamente a casa se nos pasaran otros varios años sin retomar nuestro proyecto de buscar un espacio más grande, que desde luego necesitábamos.
A la hora acordada para el día siguiente con Marie Helena, no vino con las cervezas ni nadie vino con ninguna noticia de porque. O al menos no vino hasta nuestro alojamiento No nos sorprendió, cualquier acuerdo con un africano, la muchas veces, es la hipótesis de la hipótesis de la hipótesis. Lo más normal es que no se cumpla nada según lo previsto. Eso es peligroso porque la informalidad puede ser contagiosa. Mientras los africanos no aprendan el valor de un acuerdo por simple que sea, África no saldrá jamás de su infradesarrollo. Bueno, menos cerveza, menos gasto y menos alcohol en el cuerpo. En última instancia, un incumplimiento de algo o de alguien siempre puede ser reciclado positivamente. De todos modos, al otro día dando una vuelta por el interior del recinto sí vi a la mujer al otro lado de la candela haciendo ruido para llamar mi atención. El día anterior sí había venido para cumplir con su encargo pero no pudo entrar por esa obsesión de los monjes de someterlo todo bajo llave. Me había precipitado en mi juicio de ella. Convine una manera para que no tuviera que esperar dejando las botellas dentro de uan bolsa colgada de la cuerda, la misma en la que yo dejaría los cascos vacíos. Le di 5000 cefas por adelantado.
Los días en el recinto discurrieron tranquilos. Por las mañanas los obreros asalariados de la abadía nos saludaban eufóricos. Nosotros trabajábamos en lo nuestro productivamente. ¿Vida rutinaria? Nada de eso, el aislamiento está lleno de acontecimientos: te permite observar al vida de las hormigas y de los insectos en general, (si alguien quiere hacer un curso de cooperativismo que empiece la primera clase observando la vida de las hormigas), la transformación de las imágenes con las distintas intensidades de luz a lo largo del día, el cambio de los olores desprendidos de la naturaleza. Por la noche los solos de algún chiflado voceando a Alá por megafonía nos proporcionaba algunas notas curiosas que bien podríamos trasladar a nuestra poética. Nos lamentamos de no haber registrado sonidos de folclores étnicos.
Nos quedamos instalados con las dos korás en la habitación pero una mañana vino Raymond a decirnos que Jean Paul no quería que se tocaran en el bois des manguiers. ¿Alguna explicación? Ninguna. Allá ellos con sus complicaciones y poca claridad. Probablemente la razón criptoesotérica de tal actitud es la de pensar que un instrumento tan diaconizado creado para la loanza de dios, dejarlo en manos de apóstatas puede molestar a la seigneuer y hacer que este se venga diluviando la zona con azufre ardiente. (¡No, azufre no!, ¿no lo podríamos dejar con un caldero de agua hirviendo?) Me acuerdo de Agustín Cabral, uno de lo compañeros de curso de la semana corta que hicimos de korá en el mismo lugar por verano, cuando decía que ellos se reunían para tocarlo para loar al señor, y eso lo decía con absoluta convicción, un hombre hecho y derecho. En cuantos a los cds de la casa que hemos escuchado su música bonita y sosegante no quita el contenido irracional de sus textos. Todo pasa por la obediencia incondicional a ese señor de la totalidad y a su único hijo, Jesús el crucificado, algo que ya puso en duda la misericordia de un padre todo poderoso que permitiera la atrocidad de tal sacrificio, punto de vista adelantado, por cierto, de MicheleAngelo, en una época en que los distintos papas al cargo del sillón de Pedro que le encargaran sus trabajos artísticos, censurarían.
Por la noche acompañados por una fauna de insectos que no molestaban tanto, nos dejábamos llevar por los planes como si fuéramos aún adolescentes ensoñados pensando en futuros estupendos. No sé como combiné unas cuantas notas con el clarinete que a ratos me parecía original y a ratos evocaba alguna otra canción conocida. Luego le añadí letras. Estrofas cortas de versos cortos, cinco o seis sílabas. La experiencia de acompañar a la música con letras creadas ad hoc para ella no tiene nada que ver con la poesía pre-escrita y cantada o musicada después. En aquella el texto se mete con calzador para qué encaje y el texto resultante es poco brillante. El caso es que al día siguiente Vic puso su voz a las estrofitas de Soy tú hombre (¿eso es un título? Pues sí). Habla de un hombre alejado de su mujer, entre solitario y posesivo reclamándole volverse a reunir. Fue un dia laborioso, Vic intentó un tango, que quedó en semitango para otro poema. Escuchamos a José Cano, a Martirio, a Rosario Flores y hasta Tomasa la Macanita (¡quién me lo iba a decir! yo que no fui mas allá de Gerena y de Loles y Manuel ¡olé, gitana!,…) –este último cd, regalado por Nani- para afinar el oído ante maestrías ajenas y rememorizar entonaciones. De Tomasa hay que decir, supongo que de todo el flamenco, el valor de sus poderosas voces con apenas acompañamiento musical y con la espontaneidad de introducir frases no cantadas, secas, cortas, directas a ventrículo derecho dando una vuelta por el centro del esternón. El flamenco es un lamento y el lamento de por sí ya es una música.
Nuestros compañeros de recinto, los empleados de los monjes dedicados a la agricultura estaban contentos con nuestra presencia, a pesar de aguantar una y otra vez las tentativas con el clarinete para librar la música de falsos pitidos. Uno de ellos nos trajo espontáneamente pepinos del huerto que nos regaló. Gesto que repetiría. El encargo a Raymond de los microquesos a 1000 cefas, excelentes, tardaría en llegar pero cuando lo hizo a pesar de la patina enmohecida, pura penicilina, todo fue para deslizarse por el paladar cuya finura aumenta considerable cuando sumas días eremíticos. La bolsa con las dos birras frías, casi heladas, de Marie Helene en la puerta de la verja las recogí según lo convenido. El pito de plástico que colgué para que nos avisara al dejarlas o no sonó o no lo oíamos. Ese ritual no duró mucho pero lo suficiente como para integrarlo en nuestra memoria. (definición de felicidad: dos flags frías tomadas al anochecer despues de un día cumplido y completo sin que el ordenador te haya saboteado y haya guardado de forma recuperable todo lo que le hayas confiado),
Llegó el frío. Los mosquitos desaparecieron o disminuyeron considerablemente no por el farol del pacto antedicho sino por razones de clima. Ya no dejábamos las dos ventanas correderas de la suite-furgo abiertas, por la noche nos empezamos a tapar con la sabana o con la colcha y a dormir con camiseta, era cuestión de ya sacar el edredón de uno de los bidones. No puedo decir que notara frio, antes lo advertí en las piernas de Vic y en el candado de cable acerado que usamos para la puerta que a menor temperatura se hace rígido, también, claro está, en el agua de la ducha.
Los días en el bois des manguiers pasaron apacibles. Al atardecer el monje encargado de los obreros agrícolas venía a supervisar lo que habían hecho durante la jornada. El domingo por la mañana tras la misa, cuatro beatas vinieron 4 minutos mal contados a decirle o pedirle algo a la virgen, es decir a la estatua de madera con oratorio junto a nuestro bungalow. El mejor espectáculo del recinto lo proporcionaban las hormigas con sus largas autopistas de varias docenas de metros con una actividad acompasada (aybo, aybó, al campo a trabajar, aybó, aybó, nana, naná, nana, naná, nana, naná…). Me encantaría estudiar su modo de comunicarse, tal vez aprendiera más que lo que llevo aprendiendo hasta ahora con el lenguaje humano.
Como que tuvimos bastantes horas libres y durante el fin de semana no vino –afortunadamente- un grupo de juvenilescos tal como estaba anunciado (los golpes de pito y los sucedáneos de ar de los scout del week end anterior en Kaolack todavía nos resonaban) me entretuve en inventar una letra tonta para una composición musical a armónica que Vic tildó de cursi y estúpida y que no era propia de mi poesía. Me defendí diciendo que la dramatización poética de la que hago gala bien puede ser compensada con letras tontas. El caso es que inventé La Primera Vez/Picardía Púber. El siguiente paso sería que Vic quisiera cantarla al día siguiente. Aceptó a regañadientes, al final nos repartimos las estrofas y debuté como cantante amuñecado ante la pantalla del ordenador.

Cuando estoy en un monasterio pienso en Umberto Eco y en su fértil imaginación. También pienso en Sean Connery. No puedo evitar imaginar a minutos perdidos las trifurcas internas que tienen. A fuerza de taparlo todo con la oración deben arrastrar las mismas contradicciones desde siglos, pero ¿quién es un viajero, además un viajero fatigado, para cuestionar las contradicciones ajenas? Bastante tiene con las propias. Dejar les bois des Manguiers y volver a la hotellerie sainte scholastique, donde ya estuvimos en la anterior ocasión, es como dejar una barriada pobre aunque tranquila para ascender a la clase media aún más tranquila. En la hotellerie dispusimos de un salón comedor y de una cocina y ocupamos una sola habitación, como la otra vez. Marie André nos dio las llaves sin acompañarnos. Política completamente diferente de este frere hotelliere, con respecto a las puertas del exterior cerradas o abiertas dejándolo a la responsabilidad de los usuarios. Saltamos de una ubicación a otra, de una habitación a otra, de una mesa a otra, de un ordenador al mismo ordenador. Por el camino me detuve en el dispensario contiguo, fundado por uno de los monjes benedictino fallecido hace pocas semanas y gestionado por las monjas de otra orden. Consulté a una por mis tres manchas en la parte baja de las piernas que Vic me había descubierto en Kaolack hacía semana y media y que me auto diagnostiqué como hongos. Desde entonces el auto tratamiento que había seguido primero con Clotrimazol (el famoso Canestén) y después con: Ketoconazole (Micozal) no minimizó su superficie. Soeur Marie Vincenne, no me aclaró si se trataba realmente de hongos. Me dio un par de pomadas de su propia fabricación: una de ellas con un compuesto de cortisona. Puesto que cruzo las piernas para dormir eso explicaría que la zona afectada de una pierna hubiera contaminado a la otra. Fue mi conjetura. Como siempre, el personal sanitario que no sabe de lo que le hablas, sonríe.
Durante todo el viaje no bajamos la guardia por lo que hacía a prevención sanitaria pero desde Lamin bebíamos el agua corriente del grifo sin filtrar, algo que combinábamos con la compra de bidones de agua de 10litros, mas barata que una botella de litro y medio tomada en un restaurant, pero que no siempre era fácil conseguir. Al establecimiento que íbamos a Kaolack a suministrarnos, el guardés le explicó su condición de viudo a Vic y le propuso sin más rodeos casarse con ella.(¡qué mono!). A pesar de nuestras precauciones higiénicas los dormitorios que venimos usando no siempre son excelentes. Toda clase de residentes de la naturaleza toman posesión de ellos con más derecho que nosotros. En el bois des Manguiers, una enorme araña, una sprinter, nos asustó a los dos. No tan grande como una tarántula pero con aspecto de más feroz. El mismo día una abeja chocó conmigo y antes de que advirtiera que lo era la chafé entre mis dos manos. A menudo se me ve, -como si se me estuviera mirando- dando palmas sonoras mientras escribo, generalmente con mala suerte: las moscas y los mosquitos son los seres alados más ágiles que existen. La abeja iba curioseando con las defensas bajadas. Ante su agonía tumbada en el suelo me sentí un estúpido. Pura ley de la selva. De hecho una abeja no ataca si no le haces daño, además todas las abejas son como la Abeja Maya y me caen simpáticas. Otro punto más en el temario de reflexión. ¿Por qué hay unos insectos de los que instintivamente te proteges y emocionalmente odias y otros te caen simpáticos? Jamás mataría intencionalmente a una amantis, a pesar de saber que es una maltratadora de cónyuge y una fratricida y en cambio no tengo el menor remordimiento en aplastar una araña con cara de pocos amigos, no digamos a los mosquis y a las moscas. No todas las arañas producen esa inquietud en su contra, las que están en su rincón de techo, en su telaraña, zampándose otros insectos, esas que tienen un microabdomen y unas largas partas, esas son sagradas y con ellas se puede coexistir pacíficamente. No creo ni siquiera que la aracnofobia sea considerada una patología pero en cambio la fobia a mascotas como perros o gatos sí. Lo dejo aquí. Que cada cual se pregunte y se responda por que hay animales que te caen tan mal de entrada y otros no. Lo mismo, si hace o no hace, que los seres humanos.
En la hotellerie Scholastique sospechamos que durante la semana que estuvimos en les bois, no había sido usado. El agua corriente en la cocina seguía sin funcionar tal como ya pasaba unos meses atrás. De los monjes no sacábamos las cosas muy en claro aunque creímos que no les apetecía tener huéspedes como nosotros, inequívocamente no practicantes religiosos y dedicados a su programa separado de quehaceres. Solo que esa presunción no fue confirmada ni nos fue declarada. No dudamos que pudieran sentirse utilizados por nuestra presencia o la de gente como nosotros que valoraba sus espacios como espacios de tranquilidad y de trabajo, no como puertas o encuentros con ningún misterio ni revelación.
Bien marido recorrer tantos miles de kilómetros para recluirse en sitios de los que salir poco y trabajar en lo nuestro carecía de toda lógica, aunque no me extrañaría que lo volviéramos a repetir. La lectura no era que habíamos venido a África para encontrar una vocación creativa sino que esa no la dejábamos de lado, fuera cual fueran las coordenadas en las que estuviéramos. No dudo que Vic y yo, como náufragos en el mar de las Antillas, en una balsa esperando un rescate hipotético, lo primero que haríamos al despertar sería dedicarnos a la poesía, recitarla o memorizarla, mientras con el dedo gordo de un pie y un hilo de pescar tratáramos de conseguir el desayuno. Pero eso sería una hipótesis más remota porque ella no dejaría de ser vegetariana aunque le fuera la vida al no renunciar a sus principios. Siempre nos quedaría la oportunidad de las huevas de esturión ¿alguien sabe si hay esturiones en aquella zona? Sospecho que no si son los rusos y las iraníes que se ocupan de su comercialización.
[1] El país de Msn, Messenger de mensajería isntantanea que se obtiene desde una cuenta de Hotmail o msn, y permite mantener conversaciones por escrito, verse envideo imagen y escuchar la voz.

Fragmentos y descripciones de viajes geográficos sobre una silla de ruedas movida por energias insospechadas. (Los textos pertenecen o a nuestro libro, en curso, el Viaje de la vida).

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