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PSICONEWS

jueves, 7 de agosto de 2008

La Kora


En el taller de Korá con el artesano frère Boris
Todos los alumnos, el profe es el primero de la izquierda
Agosto de 2008
Es un instrumento originario de Malí. Consiste en una gran calabaza de gran grosor en sus paredes (que sólo se encuentra en Malí) cubierta de piel de vaca muy pulida y tensa enganchada al borde de la calabaza con tachuela plateadas, y un agujero del tamaño de un puño - que puede ser redondo o de alguna otra forma artística – en uno de los laterales; todo ello hace la función de caja de resonancia. Un mástil de madera de vel procedente de Guinea Bissau y de la región de Casamance (sur de Senegal) llamado chevalet y especialmente resistente, sostiene 21 cuerdas de distintos grosores (diez en el lado derecho y once en el izquierdo) y material de nylon de pescar guiadas por una madera como la del violín llamada cheuate, reguladas por clavijas metálicas como las de los instrumentos de cuerda y que sirven para afinar y que se enganchan en forma de racimo en unas cuerdas sintéticas enganchadas en la base de la calabaza.

A parte hay un soporte para apoyar el Korá cuando lo tocas. Puede ser en forma de cruz de lados iguales con dos agujeros donde puedes colocarlo indistintamente; o en forma de triángulo con vértices romos: este es más pesado pero más estable que el otro.
A ambos lados del mástil hay dos antenas artísticamente torneadas de “bois rouge” que sirven para agarrar el instrumento y colocar las manos cuando tocas el instrumento. Termina con un pie largo que hace de eje y punto de reposo cuando lo colocas sobre el soporte. Se ejecuta mirando a las cuerdas posicionando las manos en las antenas, excepto los dedos índice y pulgar que son los únicos que se utilizan.

La sonoridad se confunde con la del arpa, y su gran cualidad respecto al anterior es que tiene una gran capacidad para producir ritmo.

Hay varios tipos de Korá según el diámetro de las cuerdas: korá soprano, korá alto 1/3 más bajo), korá tenor (1/5 más bajo que la soprano). Pero el más sofisticado hasta ahora es el Kora cromático, al que han añadido unas clavijas plateadas que pueden aprisionar las cuerdas rápidamente según si quieres utilizar una gama cromática u otra:
- La gama FA es la que normalmente utilizan todos los korás más simples.
- La gama SI bemol
- La gama LA
- La gama MI bemol
- La gama DO natural

En el Monasterio benedictino de Ker Mussa. El padre Dominique, por encargo de su abad, ha dedicado casi treinta años a estudiar este instrumento, a adaptar la música africana a la sacra, y a modificarlo para hacer un instrumento que puede competir con cualquier otro de los que llamamos clásicos.

Bien pues estamos tan encandilados con su dulce y rítmico sonido, que hemos asistido a un curso intensivo de una semana. Ha sido duro, pero ha valido la pena. Como no había el que queríamos, cuando volvamos a Senegal les compraremos uno cerrando los ojos al precio. Bueno, me gusta también porque es la primera vez que nos apuntamos a algo juntos, aunque lo ideal sería tener dos Korás, pero, económicamente no nos lo podemos permitir. Es un instrumento de acompañamiento perfecto.

El padre Máximo nos ha intentado enseñar algún truco para interpretar música no sacra.

La contemplación

Desde el 22 de julio.

Desde el 19 de julio estamos instalados en el monasterio Benedictino de monjas, de
KEUR GUILAYE. Como es habitual en estos centros, del lugar han hecho un oasis en un suelo lleno de arena. La variedad de plantas y árboles es digna de elogio y la fauna de aves e insectos que nos amenizan con sus sonidos, trinos, graznidos y colores, crean un espacio privilegiado para botánicos, ornitólogos o entomólogos.

Desde nuestro recinto cercado con casitas para visitantes - donde podemos elegir baño, ducha o habitación porque no hay nadie -, hasta el comedor hay unos 200m y cada día los hacemos tres veces de ida y de vuelta. Pues el placer que me produce este trayecto es indescriptible. Aprovechando la lentitud de mis andares entre arena y tierra llena de piedrecillas incómodas, la cantidad de insectos que me voy encontrando es increíble: los hay con forma de la mitad de un escarabajo pero de color rojo fluorescente que corren que se las pelan; otros, con forma de gran hormiga con cuatro alas que las van abandonando mientras caminan torpemente; una sor nos ha comentado que son los insectos que ponen los huevos de las termitas, por las noches, atraídos por la luz, hay cientos de ellos que se disputan la claridad de una bombilla, sin importarles andar por tu camiseta o por tu cabeza, al día siguiente, el suelo está lleno de alas. Las hormigas pueden ser tan largas y robustas como una uña o tan minúsculas que necesitas acercarte mucho para apreciarlas; siempre tan laboriosas y disciplinadas construyen inmensos hormigueros intercomunicados por pequeños agujeros en la arena, las procesiones que organizan no tiene nada que envidiar a las de Lourdes o lugares parecidos . Las mariposas de mil colores y las crisálidas de una especie de procesionaria también parecen querer acompañarte en tus paseos. Todos ellos se mueven con total impunidad delante de los humanos (especialmente las nerviosas moscas que te llegan a hacer insoportable la estancia, siempre decimos que hemos de consultar con un experto qué hacer para que te dejen en paz), como si nunca hubieran probado o sufrido lo que es un insecticida; aquí las justifican diciendo que es inevitable porque las atrae el calor, las lluvias y las frutas: siempre es lo mismo en la época de lluvias y en la recolecta del mango; pero yo afirmo que tiene mucho que ver el ambiente limpio de basuras incontroladas, por ejemplo, aquí en el monasterio no te las encuentras comiendo o cuando estás en el interior. Otro capítulo a parte son la variedad de arañas: pequeñas, medianas, que descansan en las esquinas o tejen en los árboles, de tal manera que te puedes llevar alguna si te despistas o es de noche, las que circulan por aquí son inofensivas y muy útiles para atrapar mosquitos, aunque nos han comentado que puede haber tarántulas. He visto que un gran insecto azul se ha llevado alguna bajando del cielo como un helicóptero. Contemplar estas escenas me produce una paz y un placer indescriptibles.

Echo de menos a las ranas en los charcos-lagunas que se forman después de una fuerte tormenta. Lo compensan los diferentes tipos de dragones que circulan en clanes y por colores. Lo de las aves es increíble. Cada mañana, al amanecer nos avisan que es de día, pero, si llueve, se callan, para luego volver a cantar el fin de la lluvia. Como no tenemos radio y los CDs los usamos poco, sus continuos diálogos nos recrean una atmósfera de un idílico y hasta cursi relax, digno de San Francisco de Asís. De vez en cuando, alguna que otra tórtola y pichón se pasea por nuestro lado, o una pequeña ardilla atraviesa como un meteoro el recinto.

En cuanto a la flora, la famosa Aloe Vera está por todas partes del monasterio, también, gran variedad de cactus, buganvillas y plantas carnosas adaptadas a conservar, en su interior, la poca agua que les llega, que reptan por la arena adornadas con flores blancas, amarillas o rojas, haciendo las delicias de los insectos. En cuanto a los árboles, los hay de especies que en mi vida he visto y tiene formas muy curiososas: hay uno que sólo son ramas que se extienden en forma de mano abierta en posición de pedir, es impresionante, parece el resultado de un desastre nuclear; otros, tienen unas raíces tan recias que sobresalen a la superficie y te puedes sentar en ellas, el que nos da sombra inmediatamente es bastante grande con hojas parecidas al helecho y flor de color lila que tiene aspecto de vaina sin grano y forma de media luna.

En mi corto paseo me imagino que soy el cámara de uno de esos documentales que ponen en la TV a la hora de la siesta: me paro, cojo un palito para levantar o mover una piedrecita o ramita y así ver con detalle lo que hacen o cómo son de cerca algunos insectos para mí raros. Jes me acompaña en el camino donde siempre mantenemos una confrontada y pasional conversación sobre nuestra visión de la anécdota vivida en el día, casi nunca coincidimos, pero los diferentes puntos de vista nos da nuevas ideas o maneras de ver la realidad; y cuando su impaciencia por escribir le reclama, acelera sus pasos hasta el ordenador mientras yo sigo escudriñando, palo a palmo, las novedades que hay por mi ruta: si el hormiguero es más grande, si tal insecto corre para refugiarse de otro más grande, o revolotea sobre las bonitas flores que nos rodean. Al final, esto de la escasez de asfalto por doquier llegará a aficionarme a la biología, y cuando vuelva a Europa me resultará extraño no encontrarme tanta pequeña fauna y flora, el grueso asfalto y los veloces vehículos los han apartado a cotos cercados llamados parques.

En esta contemplación de micro-ecosistemas, mi sobrino Paco o mi prima Rocío, nos serían de gran ayuda con sus conocimientos biológicos. Lástima de mi ignorancia porque disfrutaría aún más conociendo el por qué de ciertos comportamientos o formas que la natura nos ofrece. Y con estos detalles me doy cuenta que este continente tiene todavía el gran tesoro de convivir con la natura porque ésta todavía es superior a los humanos. En su futuro camino hacia el desarrollo podría competir económicamente con cualquier país industrializado, si se planteara explotar su gran parque sin destruirlo. El desierto, le sahel, las sabanas, las selvas...todos estos ecosistemas pueden generar beneficios económicos a sus habitantes si el modelo de desarrollo es capaz de combinar calidad con bienestar. Ayudar a ver su potencial natural y enseñarles a sacar partido de ello haría posible que los africanos de las pateras no soñaran con el falso paraíso europeo y presionaran a sus gobiernos a luchar por su identidad y no importar lo peor de la civilización.

¡¡África, no pierdas tu biodiversidad!!!, aún estás a tiempo.

Sorpresas

11 de julio, a unos 200 Km. de Dakar, Koumpentum, Senegal.

La cantidad de sorpresas que te da la vida no tiene límites. Cuando llegas a un lugar como es esta pequeña ciudad, y pides utilizar el patio de su parroquia; el joven padre, no sólo está encantado sino que te ofrece habitación con ducha y sábanas limpias, y más tarde el desayuno y la comida. Es la primera vez que vemos una casa tan limpia como cualquiera de las nuestras europeas: las paredes están recién pintadas, en el cuarto de baño y la cocina todo funciona, amén de estar libres de polvo y de suciedad acumulada durante años, el suelo se ve claramente que sólo tiene marcas de barro producto de la lluvia diaria. El refectorio es cómodo, confortable, ordenado, inmaculado y acogedor. Y el patio, además de no tener barreras arquitectónicas, está primorosamente cuidado.

Las sorpresas, y agradables, como digo, parece que son el sino de nuestro viaje. No sé a que achacarlo, si a nuestra manera de entrar a las personas que nos vamos encontrando, o a la imagen respetable e inofensiva que debemos de dar a la gente. El caso es que nos suelen aceptar rápidamente y la relación fluye como un río de aguas abundantes y profundas. A parte las circunstancias que acabo de mencionar, en nuestro paseo peatonal por los alrededores de la misión católica donde nos alojamos, nos sentamos en un pequeño restaurante callejero compuesto de tres bancos, una mesa y una oronda señora sentada que te sirve huevos duros, café americano y agua; con el asombroso detalle de ofrecerte un recipiente para colocar las cáscaras del huevo que comas. Entre los comensales se encontraba un musulmán con aspecto venerable que rápidamente entabló conversación con nosotros: se trataba del jefe de la villa, una persona que aconseja, que cura, que ayuda a quien se lo pide y hace de árbitro en los conflictos y es elegido por votación de su comunidad cuando se presenta con otros candidatos. Presumiendo de buen practicante del Corán, se apresuró a invitarnos a su casa; lástima que ya teníamos anfitrión, porque nos hubiera encantado aprovechar esta oportunidad de oro para conocer la famosa hospitalidad musulmana.

No obstante, la experiencia de recorrer la carretera desde TAMBAKUMBA hasta KUMPENTUM, es la peor sorpresa que he sufrido en mi vida, no es que haya baches, no, lo que hay son cráteres del tamaño de dos ruedas de nuestra furgoneta y de una profundidad tal que sus bordes pueden rozar los bajos del vehículo. Parece que vas en una montaña rusa de una feria o en una centrifugadora. Detrás hay un caos: el colchón y la tabla de la cama con todo lo que hay encima están totalmente fuera de sitio; en la cabina del conductor todo vibra y se desplaza a saltitos y yo tengo que reinstalarlo continuamente. Son en total unos 240 kms de tortura agotadora. Desastre vial que tiene pinta de ser consecuencia de años de abandono. La prueba es que, en algunos tramos, aparecen espontáneos grupos de mujeres con niños echando tierra a los agujeros cuando pasa un vehículo para que le des dinero, y paralelo a esta vía, hay una pista de tierra compacta que, en comparación, resulta más segura para el coche y para los ocupantes, a pesar de tener que sortear lugares enfangados o ser golpeado por ramajes. Jes, lo confirmo, es un maestro de la conducción; a pesar de la cantidad de kilómetros en tensión permanente, en ningún momento ha bajado la guardia, y eso nos ha salvado de quedarnos atrapados en un agujero o en un barrizal, como la cantidad de camiones y de pequeños buses volcados o con las ruedas destrozadas que hemos visto por el camino.




12 y 13 de julio, Kaffrine

Pero al llegar a KAFFRINE, la suerte nos ha vuelto a sonreír. En una tertulia improvisada con unos clientes en una tienda/bar (“epicerie”) de bebidas y comida envasada, pedimos una cerveza y nos unimos a su conversación; resultaron ser unos fervientes practicantes musulmanes. La conversación se transforma en apasionada intervención por parte de todos a cerca de: la libertad, el libertinaje, la permisividad o no de la homosexualidad, el respeto por las otras religiones... Estos profesores de primaria y del Lycée más un funionario del tesoro público resultan ser de lo más ortodoxos, aunque no muestren escandalizarse con nuestro ateismo, simplemente les parece inconcebible no tener un referente religioso o moral. Finalmente, terminamos compartiendo su arroz senegalés, cocinado por ellos mismos, en una gran cacerola donde todos metíamos la cuchara. Quedamos para encontrarnos al anochecer, pero una impresionante tromba de agua impidió el reencuentro. Fue la segunda vez que nos invitaban a comer en África. Senegal, como ya imaginábamos, es diferente.

En la misión católica de nuevo la acogida espontánea. El padre Aloyse, no pone ninguna objeción a que aparquemos nuestra furgo en su patio y utilicemos sus enchufes, sus duchas y los lavabos. Efectivamente, durante casi dos días hemos tecleado a nuestras anchas y tocado el clarinete sin ningún problema. Incluso la cocinera que anda cerca del “Paiote” donde nos cobijamos del sol soportando el ataque de los miles de moscas y mosquitos que abundan por doquier (dicen que debido a la época: recogida de la cosecha de mangos y “la session ivernage, de pluie” ha cocinado el consabido arroz con salsa y nos invita a comerlo con sus amigas.

Jes, con un sentido de la diplomacia hasta este momento inexistente con los blancos en su cotidianidad europea y muy perfeccionado durante este viaje africano, propone a los padres un desayuno de intercambio de ideas. Y así, el lunes 13 desayunamos con los párrocos y el sacristán manteniendo una interesantísima conversación a cerca de sus problemas como profesionales del apostolado: no tienen ayuda económica exterior, ni salario y tienen que autofinanciarse. Son críticos con todo tipo de ayuda humanitaria que no parta de las verdaderas necesidades, su idea es:”ayudar con y no a”, es decir, entre los afectados ver las necesidades y trabajar con ellos en las soluciones, no darles la solución y la ayuda porque esto crea más dependencia, etc... Terminamos intercambiando e-mails y deseándonos mucha suerte por ambas partes.

Día 15, Kaolak.
Nombre que, por fin, no olvido, porque lo asocio a la marca catalana de bebida con cacao: Cacaolat. La carretera hasta aquí ha mejorado sustancialmente y el paisaje es extraordinario. Desde kilómetros atrás ya percibimos que nos acercamos al mar. Por todas partes grandes sacos blancos puestos en hilera anuncian la venta de sal yodada e inmensas lagunas preludian el majestuoso delta de Kaolak. Lástima que no se pueda apreciar toda su belleza: el estado de abandono de sus marismas, debido a la acumulación de basuras de todo tipo, predominando plásticos, impide disfrutar de esta naturaleza salvaje y rica, tanto para los humanos, como para las aves migratorias y la fauna marina. Nada más llegar, siguiendo las indicaciones de la Lonley Planet, vamos a la calle del hotel París porque anuncian wiffi. La fortuna de nuevo, el guardián del hotel nos aconseja a su amigo en un taller a 200m. para reparar lo del filtro de gasoil de la furgo. Con sólo oír las explicaciones de Jes y ojear por encima el vehículo, el mecánico jefe es sincero, eficiente y honrado: propone probar a cambiar el filtro y, si esto no es suficiente, tendríamos que ir a la FIAT para que sus máquinas completaran el trabajo. Resultado: con el cambio de filtro ha sido suficiente y la máquina vuelve a funcionar con toda su potencia. Por 5000Cfs. volvimos a respirar tranquilidad. Lo celebramos comiendo y cenando en el carísimo hotel París donde nos saciamos de internet.

Con el homo senegalensis

Kayar 30 julio 2008
A Felicité, que la llamamos también Felicitas en latín o Felicidade, le cuento nuestra experiencia con el compost en casa a partir de su iniciativa en separar las basuras. Es la primera vez que vemos en África a alguien que se toma en serio la cuestión. El compostaje es una forma de aprovechar energia residual contenido en restos orgánicos de la comida pero también del desbrozado de los árboles para convertirlo en adobe alimentario para la agricultura o la jardinería. Hay varias teorías sobre como hacerlo: los naturistas mas exigentes preeligen cada cosa a mezclarla con las demás para homogeneizar el proceso Nosotros utilizamos en casa un bidón hermético para acelerar la descomposición con un agujero en la parte inferior para el drenaje del liquido y en él metemos todo: ramas, troncos, huesos, restos de platos, pieles de frutas, vainas, hojarasca, papel e incluso pequeños cartones. En alguna ocasión también una chapa de lata que también se ha desintegrado despues de un año de estar sometida al microclima interno. La ventaja del bidón estanqueizado es que contiene el gas metano, el mal olor y no atrae animaluchos voladores alrededor. Ciertamente hay cosas como las cáscaras de huevo que no terminan de deshacerse pero proporciona al producto final esponjosidad. Posteriormente Paul Marie también se interesa por la cuestión dado que los mangos que tienen plantadas no crecen con la fuerza esperada y querría adobarlos.
Felicité es una persona que no es una monja al completo pero que vive todo el año en el establecimiento en la zona de residencia de visitantes. Está siempre al cuidado de cualquier necesidad que tengas. Durante la comida no duda en dejar de comer ella para acercarte la bandeja o lo que sea, en levantarse para ir a por el cucharón que falta. En lugar de estar atenta a lo que come está atenta a qué necesidades tienen los demás al comer. Las mesas de los refectoires que venimos recorriendo son, como todo, campos de observación que satisfacerán al investigador más exigente. Casi cada día hay gente nueva, no siempre pasan del saludo ni llegan a las auto presentaciones. Una libreta de comentarios suele dejan el testimonio de lo agradecidos que están todos los pasantes por la acogida. En la libreta en cuestión se pide que dejemos las coordenadas por si nos hemos olvidado de devolver las llaves o nos hemos dejado objetos personales. Coordenada es la palabra mas exacta para definir la localización de una persona lo mismo que la de un naufrago en medio del océano. La dirección postal, hoy en dia, quiere decir bien poca cosa pero el teléfono, el site y el email son los datos para llegar a quien sea si efectivamente quiere dejarse localizar.
Con Jeanne Diatta nos intercambiamos las direcciones sin crearle falsas expectativas de ser sus alcahueteros para encontrarle marido. Toda su pía devoción católica contrasta con su sensualidad. Vic observa que bajo su vestido no hay sostenes ni bragas, yo no cambio de posición de asiento para confirmarlo. No creemos que haya candidato hispano dispuesto a cargar con la ideología junto al compromiso con la persona, dentro de los círculos en los que nos movemos; otro asunto es la visita exótica para conocerla con la palabra, la vista y las manos.

Nos planteamos buscar a alguien que quiera prologarnos este libro y que tenga tiempo y ganas de no solo echarle una ojeada sino leerlo. Repasamos una serie de nombres: Rafael Mz.Ales, hermano de Vic, encargado de organizar la biblioteca nacional de República Dominicana, profesor de la Menéndez Pelayo de verano y que se ha movido entre editoriales importantes del país (Anaya, Alianza, fue cofundador de Cuadernos para el diálogo, la revista en la que nos iniciamos con la lectura de artículos de categoría a finales de los 60); no, lo descartamos, debe de estar muy ocupado. Pensamos en Pedro Altares al que Vic hizo de canguro de sus críos cuando eran pequeños y al que visitamos en su casa de Segovia hace algunos años. Vic se encargará de localizarlo para decírselo. Pensamos en Miret Magdalena, no, debe estar muy mayor. Lo conocí durante una conferencia mastodóntica en un pabellón en Barcelona; en Sánchez Dragó, quien siempre nos ha caído bien por su altura intelectual, medio místico aunque en el fondo arrastrando un perfil de derechas que no ha superado pero con tal de no meterse en este punto el resto de la persona es reciclable. Siguiendo el clan Alés también hemos pensado en otro hermano victoriano: Alfonso, formado en los jesuitas y de talante crítico y en uno de sus hijos: Dani, que mostró interés en las letras al inicio de su carrera universitaria, pero luego se pasó a una actividad escénica con naipes y cuya mención no obtiene consenso en los coautores de lo presente a propósito de una trastada que nos hizo como visitante invitado la última vez que estuvo en nuestra casa por la que nunca pidió disculpas. Estamos seguros que encontraremos a alguien, aunque no es cuestión de precipitarse ni encargar el muerto a quien lo haga por deferencia, pero no por convicción. Pensamos también en gente vinculada al humanismo organizado con la que colaboré algunos años: Valentín Briz, José Luis Gasión, de un llamado movimiento de unificación de nueva era que nunca ha unificado a nadie más que la pequeña orla de los suyos; a José Tarragó, el presidente de una de las ramas de Teosofía en Barcelona. También hemos pensado en J.Vived, compañero nuestro de debates dominicales en Plurália cuando estamos en Barcelona y autor de una voluminosa biografía sobre Sender, con el cual, éste, he disfrutado recientemente con su biografía del sanguinario Lope de Aguirre. La experiencia que tengo en prólogos anteriores para otros libros me dejó un poco cabizbajo. Quisiéramos encontrar dos prologuistas: uno, ateo confeso y otro creyente practicante. Por otra parte, no somos dados a buscar nombres conocidos de gente que suenen para prestigiar un libro que, a fin de cuentas, no es un ensayo de antropología sino una colección de cromos de vivencias. Estamos abiertos a propuestas. Lo único que le pediremos a un prologuista es que se lea el texto íntegro y a cambio puede extenderse libremente en desmenuzarlo: cuestionarlo o elogiarlo, proponernos para una caldera de ácido sulfúrico o para un palco de viaje con ácido lisérgico. Un par de palmaditas en la espalda siempre vienen bien, pero podemos comernos los sapos que se nos dediquen si es lo que se nos asigna. Bueno, me los comeré yo, Vic es una ovolactovegetariana fundamentalista en el buen sentido de la palabra y no come bichos cárnicos de ninguna clase.
Cuando iniciamos este viaje africano no teníamos la más remota idea de ser utilitaristas de espacios religiosos como infraestructuras, ahora nos parece un recurso ineludible. Tienen el valor de los oasis, supera en calidad y tranquilidad a los auberges, siendo más económicos y nos ponen a salvo del agotamiento de las calles. En cierta manera, lo que hacemos en África lo podríamos estar haciendo en nuestra pequeña y muy universitaria ciudad, según reza su eslogan municipal, del entorno de Barnápolis, o en cualquier otro lugar del globo terráqueo, siempre que hubiera un mínimo de condiciones: una mesa, una butaca, una fuente de electricidad, un punto de contacto con la net, comida natural y sana,
Con el libro de nuestro viaje actual nos llevamos varios temas en paralelo con nosotros. Nunca estás exclusivamente en el lugar geográfico donde estás, te llevas puesto tu pasados o tus pasados, gente que se mueve dentro de tu cabeza, pensamientos e ideas, asuntos pendientes. David Cooper ya dijo que la parentela, por ejemplo, es lo que está más cerca de ti en tu escala sentimental y en tus imágenes mentales por años y distancias que pasen o haya con ella.
Una crónica deja, a ratos, de serlo cuando se auto considera a si misma. Entonces pasa al metalenguaje de si misma, a la ultra consideración o a una valoración a veces auto punitiva del poco sentido que pueda tener para otros salvo para quien la cronifica y en ella mete asuntos de orden interno, de la psicología de autor, de las contradicciones que puede generar hablar de una larga lista de personas que pasan por su cabeza, pasen o no por sus escenas inmediatas. De una crónica, todo lo que se puede saber a priori es la intención de hacerla no la estructura de su desarrollo. Dejarla a la libertad de su crecimiento puede generar impactos no previstos: desde su tamaño mayor al pensado a la mención de gente que viene al tiro por la fluidez de la memoria. La política diplomática aconseja no mencionar a según quien o hacerlo según como pero la escritura creativa lo es siempre que se separe de toda diplomacia preventiva. Finalmente el texto como producto terminado siempre se puede meter en una caja y prenderle fuego o dejar que aparezca en los 40 principales de algún índice del Vaticanato como le pasara a los libros de Sartre y de tantos otros hijos de Satanás. Lo que mueve la historia más substancial es durante su propia elaboración y en el caso de la nuestra la entente o no de los autores en hacerlo a medias o a partes desiguales. Vic es una celosa custodia de todo lo referente a su familia que por extensión política es la mía y en todo caso con la que mantengo mas contacto, dentro del poco que hay, que con la mía biológica de partida con la que no tengo relación alguna.
En nuestras conversaciones el tema familiar es recurrente. Ocupa un considerable espacio mental en Vic y un considerable espacio verbal entre los dos. Todo lo que yo no he vivido con la mía ella pudo y puede vivirlo con la suya. No ignoro una especie de envidia que me asalta por ese déficit que nunca resolveré en vida. Determinadas opiniones sobre la suya he tenido que silenciarlas para no herirla aun con todo mi respeto al exponer diferencias con determinadas personas del grupo. En un viaje existencial te llevas en el equipaje del alma a la gente significativa de tu vida estés o no en contacto directo con ella o intercambiando o no emails cada mes. Y en un viaje elaborativo dices lo que la cortesía, la deferencia, el protocolo y la forma culturizada predominante de cada lugar pautan para no decir. Si algo enseña la vida es que las cosas mas significativas cursan en un no decir continuo. Los libros y en general las producciones artísticas son formas para recuperar lo no dicho y poderlo decir con una cierta libertad. Esto no siempre es tan cierto porque no hay libertad, incluida la de la expresion escrita, tampoco la más clandestina de ellas, que no esté condicionada por el impacto en directo cuyo ejercicio pueda ocasionar. No es extraño que conocidos autores de celebérrimas memorias o diarios dejaran testada que no se autorizara su publicación hasta varios años después de su deceso, es decir hasta que los personajes transcritos y valorados en ellas también fallecieran. Curiosa forma de escribir verdades para que no afectaran a los implicados.
Antiguamente y aún actualmente bajo las dictaduras los escritores se las tenían/tienen que ingeniar para decir lo que piensan sin ser prohibidos o, lo que es peor, reprimidos por ello. Instintiva y criterialmente se autocensuraban para no cometer ilegalidades. Actualmente en las democracias que, supuestamente, permiten la libertad de expresión, los autores se autocensuran psicológica e instintualmente para no dañar las imágenes de sus objetos temáticos tratados y consiguientemente sus personajes transcritos. Un proverbio suizo dice que las palabras son como las abejas, tienen miel y aguijón. Claro que otro proverbio, éste árabe, dice que un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo. En un jardín, no se olvide que, además de las flores hay las espinas. Escribir como el llover son sucesos imposibles de satisfacer por un igual a todos. El mismo lector insatisfecho en una página puede no serlo en la siguiente y al revés, aunque lo habitual es que tan pronto quede decepcionado en un punto se desconecte del resto. Otro asunto es que a priori quede impugnado un trabajo porque le caiga la pesada etiqueta de malo o irrespetuoso o crítico o lo que sea. Eulalia de Borbón, que he terminado de leerla en su libro de memorias[1], tuvo que quemar los ejemplares del suyo por una proscripción de la corte española de Alfonso XIII, su sobrino, por su autoría de Au fil de la vie, antes de que fuera leído y difundido y en todo caso conocido el ejemplar en España. Junto a la censura tuvo que soportar una real orden de no dejarla entrar en el país. Todo un indicativo de la rancia realeza de la época frente a una Europa cuyas cortes más modernizadas estuvo visitando durante toda su vida.
La libertad de expresión queda muy bien como slogan político y como enunciado en el articulado de una carta constitucional, en la práctica la psicología social no está para tantos trotes y se castiga duramente el derroche de verdades fuera de tono. La sinceridad es mal vista tanto por castellanos como por nipones, zíngaros, chinos o anglosajones. En todas partes una razón u otra avalan callar. ¿para qué escribir si no se puedes decir lo que piensas o sientes? Vic siempre me cuestiona que hago mucho elogio de la verdad cuando no soy una excepción y también me parapeto en mis mentiras. Me defiendo: la mentira es más universal que la verdad. La verdad es algo intocable ni se pregunta frontalmente por ella ni se entrega gratuitamente a la primera de cambio a quien pasa por delante de tu puerta. La verdad se concede a quien se la ha ganado. Resulta que la mayoría de conversaciones coloquiales se mantienen en un cuadrilátero de superficie. Debajo del iceberg queda demasiado lejos para bucear hasta allí. Lo mas profundo a lo que se llega en los debates de sobremesa es a temas neutros: hay toda una gama de teorías y noticias puestas en el mercado de las palabras que permiten mantener el habla en danza sin generar enfrentamientos, cuando estos surgen –siempre por error o falta de delicadeza táctica- el grupo tiende a buscar formulas conciliatorias para el menos terminar la comida en paz. Nadie tiene potestad de la verdad y decirlo no nos quita de encima el dilema de si tratarla o esquivarla. Si te dedicas a ella eres un analítico insoportable y si no te dedicas a ella eres un superficial de baraturas. Cuanto mas hablo con quien puedo hacerlo, y Vic es una de las personas interlocutoras con las que prácticamente no hay dia que nos pasemos horas hablando, mas razones tengo para afirmar que no se puede hablar de todo con todo el mundo ni siquiera con tu pareja. La honestidad empuja a convertir esa presunción en categoría de ley científica. Dándole la vuelta seria enunciada más o menos así: el ser humano del XXI no está en forma (no ha alcanzado el grado evolutivo suficiente) para poderlo tratar todo hasta el final de sus consecuencias. Para eso hay minoritarias comunidades, supuestamente, científicas que asumen la representación del resto de la especie para ahondar en las cosas a los que la mayoría se niegan hacerlo. Como bien sabemos esas comunidades no siempre lo vanguardizan todo y en lugar de deslumbrarnos con tesis definitivas nos entretienen con interminables disertaciones inconclusas. La tragicomedia del filósofo que trata con la verdad es que su contradicción biográfica le impide vivir de acuerdo con ella. Claudio, por letra de Robert Graves[2], sostenía que en un tiempo en que las religiones se habían convertido en mercancías, los filósofos sin negar la instancia divina no hacían de esta tesis una profesión de fe ni era lo central de sus elaboraciones La tragicomedia del escritor es que puede decir cosas por escrito que no puede decir en directo a los hablantes con los que se encuentra. Esto se extiende tanto a los personajes de su libro como, pregunto, ¿también al coautor o coautores del mismo? Vic y yo escribimos esta crónica a medias, ya está mas que dicho, pero sin leernos a priori casi nunca ni censurarnos, aunque algún fragmento mío si lo ha estado a solicitud de ella, tampoco sin leernos a posteriori en todos los capítulos. Podriamos estarnos poniendo a parir el uno al otro y no enterarnos si no nos avisara un lector global de ambos: oye mira que tu coautor/a ha dicho eso de ti. Trataba de hablar de la verdad. No, no la digo toda. Tú, Vic, si dices poderla decir toda. Si no puedes decir toda tu verdad es que hay algo que no controlas de ti mismo. Mientras no te aceptes en público en todo lo que eres es que no te aceptas en privado realmente en todo tu ser. Mientras tanto la cultura hace ghimkhamas en contra de la sinceridad. La insinceridad es lo primero que aprenden los párvulos. Los hermanos a corta edad se dicen los unos a los otros: no se lo digas a papá. Crecemos con el temor permanente de no decir lo qué somos. Eso nos lleva a no saber finalmente quienes somos. ¡Estás pluralizando! Te estás escudando en el nosotros, ¡singularízate en ti! Solo estoy escribiendo una crónica no estoy trasladando mi auto psicoanálisis a este soporte. No se de ninguna criatura viviente que no se esconda. El mimetismo de los animales en al naturaleza forma parte del equipo necesario para su supervivencia. Los humanos no hemos inventado la mentira, ni siquiera nos exculpa decir que la hemos heredado de generaciones anteriores, antes de ellas esta ya en la misma naturaleza animal. Vic resalta que diga cosas de los demás que no reconozco en mi mismo. Olvida que me he hecho picadillo en otras muchas partes y que transcribo a Jes como un personaje tan objetable como los otros. Aquí no hay ningún chico de la película y en todo caso de haberlo no sería yo. Un ejercicio de sinceridad siempre es algo complicado dentro de culturas que no la admiten. Lo más sincero que hay es el amor a la comida y a la fisiología más primaria. Lo es para todos por mucho elogio que hagamos de ella. La sinceridad siempre está limitada a la cota de admisibilidad del entorno. Esta queda dictaminada tan pronto se recibe como insultante. Es así que la buena vecindad, el buen compañerismo, el amiguismo, el societismo, las camaraderías, las fraternidades, las familias y las uniones conyugales tienen que bregar con ella con sumo esmero. He llegado a plantearle a Vic de no participar en el tema de habla de su familia porque cada vez que lo hacemos, a pesar de ser ese tema de conversación al que ella es tan devota, nos crea chispas. Para ella su familia es intocable, para mi no hay nadie intocable, ni Eliot Ness y sus colegas ni la casta hindú. Todos devenimos, a nuestro pesar en objetos de comentarios, en personajes, es decir, en objetos literarios. Pero el atrevimiento de abordarlos siempre esta coartado por una razón u otra: la autocensura existe y si esa no funciona la censura recordará que debe refuncionalizarse. Es así que en todo decir, también en el nuestro, hay un no decir latente por los cuidados necesarios. En el último extremo podríamos hablar de África sin hablar de los africanos y de nuestro planeta sin hablar de los humanos. Nuestra ventana al público no es el ojo de buey completamente abierto de nuestro camarote que permite el espionaje de toda nuestra intimidad, que no hace mucho nos agradecía Alejandra Echánove, otra sobrina. Tenemos sábanas bajo las que ocultarnos y nuestra lucha mutua es hasta donde sacárnoslas de encima. En cuanto aquello y aquellos de los que hablo/hablamos soy mas propenso que Vic a mirar bajo las alfombras, también bajo las sábanas. El objeto literario no deja de serlo por mucho que no quiera aparecer en escena o no desee ser referido. Y nos guste o no, todos sino somos objetos literarios lo somos como objetos mencionados manipulados por los demás aunque la mayor parte de las veces no nos enteremos Yves Montand recordó que aunque no te ocupes de la política ella se ocupará de ti. Algo parecido se puede hacer con respecto a la literatura, aunque no te ocupes de ella siempre habrá alguien que escribirá sobre ti y no necesariamente para decir cosas con las que pagar tu atención.

Estamos en Senegal, planeta Tierra. Hace 7 meses cruzamos el estrecho de Gibraltar. Dentro de 5 tomaremos el mismo ferry para el viaje distinto. Acortarlo antes no parece tan justificado a pesar de nuestra abuelidad en perspectiva. Últimamente escuchamos más a las mujeres que son abuelas que se sientan a nuestra mesa en el refectoire. Una francesa que se ocupa de la informática en el monasterio nos contó que tras unos días de ayuda al binomio de su hijo-nuera tras el nacimiento prematuro de su nieto su propuesta de quedarse mas tiempo con ellos para vivir juntos ayudándoles fue rechazada con que eran suficientes con los que ya eran. Vic me recuerda una peli con los Fonda (Henry y Jane) y K.Hepburn acerca de unos abuelos que reciben en prenda al niñito de su hija despues de 12 años de tenerlo. El argumento me suena remotamente pero no estoy seguro de haberla visto. Hay abuelos activos y aceptados como necesarios desde el principio, otros que quedan a una cierta distancia, en particular cuando el sesgo de las familias modernas europeas significa que cada miembro puede estar viviendo en una ciudad distinta.
He empezado este capítulo con la música de Salif Keita en el reproductor del ordenata. En el porche, Vic escribe en su ordenador un texto sobre la libertad de expresión a propósito de nuestra diferencia sobre extender el decir hasta dónde y como. No creo que vayamos a terminar como esas parejas adultas que federan tanto su soledad individual que dejan de hablarse cuando están juntas, incluso en las comidas y solo interrumpen su silencio para decirse: “¿me pasas la sal?” o bien solo hablan cuando reciben visitas o van de visita, pero la convivencia exige no pocos silencios. Tampoco es tan grave si el crecimiento de los temas tabús tiene su correspondencia con la frescura de otros temas de conversación. A menudo se acude a la conversación superflua por no poder resistir el silencio cortante. En los refectoires ahora, pero de siempre en todas partes, hemos podido observar el valor de la palabra no como significante sino como operación acústica. Es así que cuando compartimos la mesa con unos cuantos desconocidos que no hablan cada comensal con la mirada fija y tal vez un secreto dialogo telepático con su plato preguntamos ¿es que tenéis la costumbre de no hablar mientras coméis? Esto pretexta empezar a hablar de cualquier cosa. En otras ocasiones si tras dos preguntas consecutivas obtenemos monosílabos secos nos callamos y tratamos de aprender telepatía con nuestros comestibles.
Personalmente me hice filósofo tan pronto descubrí que la abstracción te evita tratar de lo concreto. El problema del filósofo es que no lo entiende ni dios y se queda hablando para caras de pato sumidas en la perplejidad. Hacerse escritor es el contrapeso a aquella otra elección: te hace aterrizar en los rings concretos de la vida, ponerle nombre a las cosas y hablar de los demás también citándolo por sus nombres. No hay nada más hipócrita que el artefacto lingüístico que empieza diciendo: sé de alguien cuyo nombre no voy a citar….Es curioso que en la más famosa y gran denuncia del defensor de los indígenas: Bartolomé de las Casas, no citara un solo nombre de homicida de los crímenes que refiere. En lugar de legar un instrumento jurídicamente eficaz dejó un testimonio incompleto. El compromiso con la palabra pasa por la denominación de las características y los nombres de las personas vinculadas a ellas. Su referencia, la del misionero, es más importante por las ausencias de su legado que no por el legado mismo ya que eso es todo lo que pudo dar aquel momento histórico para tomar conciencia de sí mismo.
Despues de unos días de recluidos en el recinto para grupos o parejas de las benedictinas decidimos salir para informarnos del curso de Cora que proponen sus colegas los monjes y para tal vez inscribirnos si no yo al menos Vic que es mas dada a apuntarse a mas cosas que yo. Antes de salir estreno el micro compresor que, con una lentitud pasmosa, hincha la rueda que siempre se deshincha pasándola de menos de kilos por cm2 a 4 con una lentitud pasmosa. Mantengo el motor encendido porque no se lo que chupa a la batería. A continuación, felices y radiantes, salimos marcha atrás cruzando el recinto a una cierta velocidad para no quedarnos clavados. Ante la puerta me detengo por un instante, suficiente rato de vacilación para quedarnos hundidos –en la más absoluta miseria claro- al tratar de remontar la velocidad. A continuación operaciones de pontoneros que nos duran un buen rato. Finalmente despues de ir dejando parte del patio llenos de socavones y admitir que estamos en arenas movedizas desistimos de salir. Un par de monjas a lo lejos advierten que pasa algo extraño pero no vienen a preguntar si necesitamos ayuda. Lo que ha ocurrido es que la arena bastante más reblandecida que el dia de nuestra llegada por las últimas lluvias, -esas lluvias que tanto gozo espectacular nos proporcionan- ha, engullido nuestras ruedas delanteras como si rodáramos por dentro de un tarro de mantequilla fuera de la nevera. Tenemos como opciones hipotéticas pedir la ayuda a un tractor que hemos visto que trabaja para el monasterio o proponerles hacer a sus residentes un pavimento provisional de dos franjas endurecidas si tienen a algún empleado para ayudarnos y materiales sólidos. Con lo que nos encanta el ejercicio físico y el empleo de peones camineros eso no sería complicado. Todo el contratiempo no genera más de un parágrafo para referirlo. Tendré que buscarme anécdotas mas retorcidas para levantar un torno elaborativo que contribuya al suspense y a la novela negra. Nuestras pequeñas adversidades no son nada relevantes en comparación a las odiseas de las que cada dia se hacen eco las plataformas de noticias, solo que son las nuestras y de las que podemos hablar. Sabíamos que en época de lluvias todo cambia, podemos dar fe de eso. Despues de castigarme varias veces con el vocablo pertinente para esta ocasión por haber hecho caso a Felicité a propósito de que en el patio habían entrado coches y era seguro. Después de haber pisado el suelo con mis botas antes de hacerlo con la furgo y haberme arriesgado calibrando su suficiente dureza. Después de haberme reconocido de no seguir las pautas del manual viajero en el articulo no recuerdo cual, subapartado no sé tampoco cual, que hace referencia a dejar encarado siempre el vehículo en el sentido de la salida para cualquier eventualidad, he venido a darme una ducha y a decirme que mañana será otro dia. Vic ha asistido a todo el proceso de los hoyos, las palas, las planchas y mi enfurecimiento como el de un loco enjaulado con la tranquilidad que le caracteriza.
En el refectoire la mujer más animada es una especie de cooperante benevolente de Versalles que se llama Michelle, a no confundir con la otra Michelle del primer refectoire de nuestro primer dia en Keur Moussa, (¿Por qué será que los europeos siguen dando el nombre que no acompañan del apellido? un atraso en comparación a los africanos que dan los dos) que se ocupa de un programa informatico para organizar la biblioteca de la comunidad. Viene tres días por semana no cobra nada pero tiene la comida gratis. Su dinamismo contrasta con las chicas jóvenes que van pasando por la mesa. A fuerza de conocer adolescentes africanas en los refectoires he teorizado un nuevo tipo de autismo en esa edad. Son chicas cansadas antes de vivir. Miran a ningún sitio en concreto, si por equivocación emiten algún sonido es tan bajo que resulta incodificable y si cruzan su mirada por error con la tuya la desvían. He llegado a pensar que los intensivos de plegaria les seca el tejido neuronal o produce cortocircuitos en las sinapsis. En Europa unas décadas atrás cuando éramos adolescentes nos quejábamos del poco caso que nos hacían los adultos, tal vez durante la nuestra también adoptábamos poses evanescentes sin ser conscientes de ellas. Con quienes están dos generaciones atrás de la nuestra llegan al mundo adulto, al menos a juzgar por sus fisiologías, autoexcluyéndose. Nos da la impresión de dar con encefalogramas planos en la mayoría de ocasiones. Después de encontrarnos con no pocos rostros impávidos nos tememos que el exceso de comunicación con el mas allá quita de la necesidad con la comunicación en el más aquí. La ley debe ser bidireccional porque los que nos ocupamos de comunicarnos por las proximidades terráqueas perdemos bastante interés en el misticismo reglado por las iglesias. No dudo en absoluto que para las nuevas criaturas en torno a los 16/17 años y una vida por delante, como suele decirse, los representantes del futuro que les espera no somos gran cosa ni podemos declamar grandes virguerías. La cuestión es que al revés los chicos y chicas llenas de sabia parece que tampoco tienen grandes aportaciones que hacer durante los espacios sociales de reunión. Eso sí, el slogan sobreimpreso en una camiseta recuerda a la juventud como una esperanza. Eso se lo había inventado un tipo tan calculador como Trotski que defraudado por los proletarios internacionales, los del mundo uníos, puso sus esperanzas en la gente mas joven de la especie creyendo ilusamente que juventud era igual a revolución o a capacidad de inventiva. No erael primero que quería sorprender a la historia con esa alusión repleta de idealismo biológico. No parece que la juventud por el hecho de serlo esté para esos trotes, bastante tiene con sus actividades deportivas, con lugar y deshacerse de sus complejos iniciales o caminando mas rápido que los ancianos para llegar a los sitios antes, eso sí, para tomar asiento pero no para mejores iniciativas que estos. Afortunadamente cuando ellos tengan nuestra edad nosotros no tendremos ninguna para asistir a su decadencia, bastante habremos bregado con la nuestra.

Maripo, la soeur, nos dice una mañana que por la tarde nos esperan a su recreación. Vale. No nos ilusiona mucho pero a la hora prevista nos presentamos con la silla rodante y el clarinete preparado. Yo me reinvento mi propio personaje: un cruce entre chamberlain, sherpa y secretario y hago la presentación de quienes somos y que pintamos en territorio monacal. La reunión es una habitación contigua ala iglesia y queda directamente a la calle con un mostrador que la divide por la mitad. En la parte que da al interior ellas, en la que da al exterior nosotros. Tonteamos sobre la forma tribunalesca de la cuestión. Se interesan por nosotros, nuestro origen, nuestro itinerario y las 5 piezas interpretadas por la diva las reciben con gozo. Explicamos el origen del don Giovanni y la desgracia infantil de Amadeus por tener el padre padrone que tuvo y la ultima pieza, hatikvah, una anónima hebraica, que ellas conocen, la tatarean. Luego con Marie Gabrielle que ha acompañado con la Cora el clarinete hablamos un poco sobre ese prodigioso instrumento de cuerdas que te espiritualiza y te hace brotar alas a los costados con solo escucharlo. Satisfechos con nuestro bolo salimos a dar una vuelta a pie (a pie significa yo a pie y Vic sentada en el trono de la reina) hasta el siguiente Keur, keur Sega. Ahí nos juntamos a un par de hombres que están dejando pasar las horas, los días y los años sentados en su acera. Llevábamos 6 días enteros sin salir de nuestra última ubicación. Pronto volvemos a recordar que basta dar unos pasos para encontrarte con nuevas historias. En el sitio más recóndito las anécdotas más inverosímiles esperan. Abdoullay Sall nos vende una cocacola de litro a falta de otra bebida y nos enseña su pasaporte con una visa de entrada en Arabia Saudi. Fue para 8 dias en su viaje vital a la Meca pagado por el presidente del PDS en el quemilita y que esel presidente del país. En la pared enfrente de su boliche una gran pintada dice Wade solamente. No quiere oír hablar que a los presidentes de gobierno hay que cambiarlos cada 4 o 5 años. Es un joven consejero rural que nos cuenta la tragedia tópica: tiene las condiciones legales para salir del país pero a la embajada italiana no le da el visado mientras no muestre el contante suficiente de su depósito bancario. Por tener, tiene una carta de invitación de una empresa italiana. Le explicamos algunos trucos para gestionar el visado en cuestión, abriendo cuentas bancarias y tratando de conseguir credit cards. No hace tanto los españoles tenían tratos vejatorios parecidos en países como GB o la Suiza de los remilgos, muy preocupados para que latinos indeseables se instalaran en sus capitales.
En el refectoire antes de que terminemos nuestras comidas, del refectoire contiguo de las monjas salen una pequeña delegación con la mesa de ruedas y la vajilla para ir al lavadero que usamos en común para limpiarla. El poco rato que está abierta la puerta entre los dos refectorios vemos una extraña cuerda que cruza la sala. En nuestra ignorancia pensamos que sirve para pasarse la sal o el pan de un lado a otro a modo que lo vi en una ocasión en Duvlien en una especie de local pseudo octogonal que elviaba desde cada lado los mensajes a la barra en esa especie de microteléficos. No, no tiene nada que ver con eso, nos indican que la cuerda es un separador a un tipo de monjas de otras, suponemos que las novicias o las visitantes.
Cuando coincidimos con algunas de éstas, están en absoluto silencio. Si coinciden un pequeño grupo de unas cuatro en nuestro refectorio esperando entrar en el suyo como no hablan da la impresión que son zombies enjaulados moviéndose de un lado al oro de la sala con la mirada perdida. Seguramente el voto de silencio debe ser el más difícil de llevar. Se pueden hacer ayunos prolongados de comida, abstinencias sexuales, pero abstenerse de hablar es como sufrir la condena de la lengua amputada a reos de antaño. Simbólicamente callar es otra clase de amputación. Claro que dado un mundo comprobado de vasos incomunicantes, callar es a menudo lo único que se puede hacer con no pocos hablantes incomprensivos que nos condenan a los demás a nuestra infrautilización verbal. Una de las características africanas sorprendentes y que, desde luego, en los monasterios se confirma, es el poco amor que hay por las sobremesas. Todos los comensales tienen prisa por levantarse y llegar cuanto antes al lavadero para limpiar los cacharros y saltar rápido a sus habitaciones para esconderse del mundo cruel. Como nosotros retozamos un poco con la digestión tanto de los alimentos sólidos como de las palabras etéreas parece que seamos unos vagos que nos escaqueamos de limpiar la vajilla. En realidad para una africana un blanco jugando a las cocinitas es una imagen insólito y a la primera opción te apartan del puesto de vajillero mayor del reino. Dada mi poca vocación de chacho no me importa demasiado aunque alguna vez he defendido mi puesto de trabajo haciendo que la desplazadora rebotara contra mi costado al querer apartarme, Eso me ha especializado en reponer el agua a las botellas de mesa y ordenar las cosas en el mueble que guarda vasos, platos y cubiertos. Comparativamente al puesto de estropajero el de secar platos y vasos etcétera es considerado como el de menor responsabilidad. Hay todo un cuadro de la psicología femenina interétnica al microcospear tales detalles.
Aunque cada día desfila alguna cara nueva, el fin de semana todavía hay más visitantes. A pesar de ser unos intrusos en terreno católico, tampoco digo que sea terreno enemigo, nos la pasamos bien tratando de hablar con unos y con otros aunque predomine un ensimismamiento de los cuerpos que tampoco queda coronado por ningún halo dorado entorno a la cabeza de nadie. Con quienes peor lo llevamos es con los franceses cuyo refinamiento lingüístico nos acongoja a los inútiles del acento y de la u nasálica, como yo. Tan pronto un franco hablante pone cara de no entender te en nada frunciendo el ceño, arrugando la nariz y apretando los labios, todo al mismo tiempo en un entrenado acto circense que hará las delicias de fisigonomistas, una vocecita interior me susurra: apaga y vámonos. Claro que el oui en tic fijo de los africanos no mejora las cosas pero al menos permite la empatía inmediata.
A Leticia le comentamos un par de ideas para que no despilfarren tanta agua como poner una botella de agua dentro de sus cisternas de wc. Luego cuando hacemos la prueba con una en nuestro recinto Vic me pregunta si esto tiene que ver con el principio de Arquímedes. Trato de definir la botella llena que sumerjo en una como un objeto sólido cuyo volumen desplaza permanentemente otro volumen de agua y asi la economiza. Vic se enfada por tratarla de pequeña saltamontes al preguntarle que me defina el objeto –la botella- que tengo en la mano. La operación de descarga multiplicada por varios litros al dia regalaría un metro cubico de agua disponible al año por lo bajo por cada cisterna.
Toda pregunta que tiene el siguiente enunciado ¿qué es esto? no es tan vulgar como a primera vista puede suponer. Tiene toda la capciosidad que le quepa. El pronto respondedor morderá el anzuelo y dirá que la respuesta es lo evidente. Esto es una botella de vidrio dirá el espabilado, si el que respondiera fuera Manolito el gafotas, el de Quino, diría que es un envase de un sirope que cuesta tanto. Los dos no dirán la verdad sin decir ninguna mentira. En términos reduccionistas una botella es un objeto sólido que ocupa un volumen, en ese sentido no se diferencia de un ladrillo, una piedra o una pieza de metal (gracias a ese relativismo elemental el pensamiento humano todavía tiene en nómina aventureros que piensan por cuenta propia y sin prima salarial que los incentive) y en términos químicos es un objeto voluminoso que desplaza del lugar que ocupa el mismo volumen de agua o de otro líquido, pero también de otros elementos como el aire y otros objetos. Ahí donde hay una botella no hay otra interseccionándose con ella (salvo en las representaciones de los dibujos biplanos y las digitales tridimensionales).
Tarde o temprano filosofar te lleva a hablar de botellas y de recipientes tanto por lo que hace a continentes como a contenidos. El casco de una botella es la viva representación de un continente que contiene un vacío una vez que su interior ha pasado a formar parte de un estómago, otro interior. Despues de tantas Flag africanas puedo dar fe notarial de lo que digo. Es un ejemplo cotidiano que te permite teorizar el vacío sin suicidarte por ello. Te demuestra de paso que todo vacio se puede llenar con cualquier otra cosa: agua, petróleo, ácido sulfúrico para reponer las calderas de castigo o aceite de ricino para purgar a los malhablados. Por si fuera poco el vacio se puede llenar con literatura como la de las ultimas líneas que no lleva a ninguna parte salvo a la siguiente anécdota que la circunstancialidad orteguiana tenga a bien proporcionarnos y descargarse, en su diletancia, de seguidores cansinos de puro hastío.
Vic y yo pasamos los días de sosiego que corresponde a una pareja tranquila así pontificada por las letras. Nuestra farándula cotidiana no está exenta de estocadas incisivas por discrepancias que nos disgustan al uno o al otro pero parece que de momento estamos propuestos para pareja superviviente de temporada. Cuando yo me quedo colgado de algún limbo ella me llama perrito de coche porque hago sí con la cabeza sin enterarme de lo que dice como esos perros de plástico que tienen la cabeza unida con un muelle al resto del cuerpo y se llevan por el tráfico rodado,(por cierto los perritos se saludan los unos a los otros, los conductores no) pero raramente no hay dia en que a cada hora cuando estoy en el ordenador o con horas de actividad, no vaya hasta ella para darle un beso anunciándolo siempre como “es la hora del beso” que- tampoco hay que exagerar- no es un beso de una hora.
He descubierto que el sirope de jengibre mezclado con el de bissap o el de naranja u otro dulce y luego el resto de vaso de agua (recomiendo 1 parte de sirope y 5 de agua) tiene mas futuro dentro de nuestras cavidades que el jengibre solo. No olvido que los placeres están en los más pequeños detalles. También los placeres literarios son a costa de detalles curiosísimos. En la mesa, una de las comensalas ultimas viene con su rosario en la mano que deja amontonado junto al plato (ay que será de mí, el diablo me comerá, parece decir la cara preocupada de la chica), otra deja su móvil encendido con una música pía (Jesús nos salvará, sí nos salvará, nos salvará, aleluya). Con Felicité, figura estable en las horas de las comidas, simpatizamos cada dia un poco más. Está en la lista de espera de solicitante de monja, tal vez en dos años lleve el hábito puesto. Cuando hay visitantes comparte el refectoire con los que vienen de afuera, cuando no hay nadie pasa al refectoire de las monjas en el lado que marca la cuerda que separa la sala. Desde nuestra mirada sociológica el trato que ella recibe es el de esclava al servicio de cualquier necesidad, eso la hace saltar como una saltimbanqui continuamente. A este paso su úlcera estomacal, según le han diagnosticado, crecerá. Una nueva comensala, francesa, ha venido a hacer un trabajo para una ONG que viene a intervenir por el tema del sida. Reconoce que en ocasiones las inversiones de dinero solidario paralizan procesos autónomos de reparación de déficits. Nuestro discurso sobre la dependencia que genera un modelo de solidaridad dominante lo acepta aunque me doy cuenta que toda la gente con que hablamos que es parte interesada porque cobra sueldos como colaboradores o asalariados por mucho que acepten un discurso critico no significa que vayan a renunciar a sus contratos.”La pela és la pela”, se dice en catalán. Durante una de las comidas se preguntan las unas a las otras sobre las misas de las monjas y de los monjes: uy, la de ellos es muy bonita, ¡cantan tan bien! –ah pues la de ellas tampoco está tan mal dice la otra. Oye te gustó la de Paul Newnan el otro día ¡es tan guapo! Yo prefiero a Robert Mitchum, ¡es tan hombre! Están preocupadas por el horario de la una y de la otra, las misas digo, para el dia siguiente, domingo. Todas con sus crucecitas discretas en el cuello, de oro, por supuesto y no se olvidan de santiguarse o de dar las gracias (supongo) por los alimentos a ingerir. Si yo estoy en la mesa digo al final el Amén, que me suena a peliculero, pero soy el único que lo digo. En realidad estoy pensando cuando lo digo en mis deseos fantásticos o prohibidos que nunca se cumplen del todo.
¿Cómo no vamos a convertir todo esto en auscultación literaria de primer uso? No podemos evitar reírnos y –con ganas- con pequeños detalles. Tenemos el perdón de nuestros pecados garantizado por lo que hace a este punto: también nos reímos de nosotros mismos. La ironía es el más eficaz de los antídotos existenciales que te permite tragar con todo y que cursa con unas buenas dosis de plática humorística con tu propia sombra. Oye no te pases tío –me dice la mía- que siempre me toca ir pegada a mis pies y tampoco tienes tan en cuenta. Perdona tía, perdona, no quería ofender. Nuestra ilusión seria reírnos con los objetos de risa en cuestión pero no creo que les hiciera mucha gracia. El humorista hace reír a su público hablando de estupideces humanas en la que instintivamente ese público piensa que queda descartado. Eso va asi hasta que lo que cuenta es lo que hace exactamente un capullo de un asiento que en un respiro en medio de la carcajada se dice, pero si lo que acaba de decir es exactamente lo que hago yo. Hay no poca gente que vive para el chiste no por contarlo sino por serlo (La sociedad de autores debería reconocerla y asignarle el porcentaje correspondiente). Nos consta que nuestras pías compañeras (por cierto siempre hay mas mujeres adeptas al credo que hombres en todos los lugares que vamos) se ganan el cielo a pulso pero lo que es en la tierra parece que no rascan mucha bola. ¿De qué sirve rezar a dioses y no escuchar los sonidos del mundo en directo? Otra comensala que ha viajado y ha estado en Barnápolis tiene las conclusiones muy claras: le gustan los españoles y los italianos por abiertos (fetiche semántico al que estamos muy acostumbrados) y también los canadienses, no dice porque, todos los demás países no. Vale, y ¿en 10 días de estancia en Barcelona ya tienes esa conclusión tan formada? La verdad es que ese tipo de valoraciones repentinas a los que interlocutores de paso se sienten como obligados a decir siempre permite poner el incisivo de lo diferentes que son lso franceses por fríos y cejijuntos y que nos han separado a los latinos con una buena franja de territorio para practicar el chauvinismo y otras francas curiosidades. Antiguamente me negaba a entrar en conversaciones del tipo: los tal son así, los cual son asá. A fuerza de dejarme contaminar por ese tipo de juicios del que nadie –seamos honestos- se substrae yo también le he encontrado su goce supletorio para hacerlo. Toda generalización es injusta pero toda no generalización, en el laberinto de cada relativismo, te deja en ascuas y es peor.
El catolicismo es una organización que funciona: proporciona logística para sus adeptos prácticamente en todo el mundo. Aunque no se tengan alas personales siempre se puede acudir a las de Iberia y viajar hasta donde sea. Mientras tanto el exceso de arroz blanco apelmazado en cada comida, mediodía y noche, hace revisar la primera conclusión del mimo al paladar. Me arriesgo con una salsa con espinas y la gelatina que ya probé en la policía de entrada al país que es la del arroz para unirla a unos pocos espahettis y malogro los espaghettis. Me alimento de cocacola y de mangos. La mayor parte de la botella que compramos el dia anterior y dejamos en la nevera colectiva desaparece por los esófagos de nuestras compañeras de mesa. Es nuestra contribución, sin decírselo, a su potencial calórico para la agotadora agenda de plegarías a la que están apuntadas.
A las observaciones del campo humano añadimos las de la micro fauna. Unas compensan a otras y siempre se complementan. La diferencia de un humano con un insecto tampoco es tanta salvo el tamaño. La honestidad de este con sus planes de ataque es infinitamente más honesta y evidente que la de aquel. Nuestro ocio se reparte entre observaciones, elaboraciones, conversaciones y caricias. El exotismo de las megafonías de las mezquitas empezamos ya a meterlo dentro del capitulo de la contaminación acústica pero aun lo podemos soportar.
Al menos el actorado católico sigue siendo más discreto aunque las comensalas en la mesa no paran de sorprendernos. ¿cómo no vamos a tomar todo esto como detalles de personalidades curiosas? Al mismo tiempo sabemos que por muy pía que sea una persona basta rascarla un poco para encontrar petróleo incendiario bajo su piel.

Para el dia que tenemos pensado dejar las benedictinas un presentimiento extraño me invade mientras hacemos los preparativos para cargarlo todo. Hasta que no pongo la llave de contacto no advierto que la batería se ha descargado. Un minuto antes compruebo que el cierre centralizado no funciona y un par de días antes la segunda de las luces del interior de la caja se atenuó y apagó después de hacerlo la primera un dia antes. Todos esos detalles eléctricos empezaron en Kaolack tras el cambio del filtro del aceite. De momento no culpo a Mendo, el ultimo mecánico, pero ¿por qué ahora y no antes? Esto no pudo desencadenar todo lo demás pero siempre que sucede un evento extraño sin causa aparente no solo piensas en el evento precedente relacionado con el tema sino que puedes apostar por una alta probabilidad de que este pueda ser causante de aquel. Cuando tratamos por dos veces arrancar el vehículo con la batería de otro coche del taller de las monjas no hay fuerza de arranque. Pensamos en el motor de arranque, en la dinamo ¿qué se yo? ¡No entiendo como podemos tener tantos problemas con un vehículo que aún es nuevo! ¿Es posible que el micro compresor que utilizamos para hinchar una rueda descargara la batería tanto? No entiendo nada, soy un cero a la izquierda. Cuando no tengo información sobre lo que pasa me siento atrapado. Hay un problema añadido: dependemos tanto del vehículo que nos convierte en unos inútiles sin él, no podemos dar un paso. Admito que cuando un vehículo no funciona me dan ganas de llevarlo más que al mecánico al chatarrero y pasar a los tiempos infantiles de la bici o del patinete. La última vez que desmonté una batería no tenía nada que ver con esta de un motor eléctrico. Todo es distinto. Solamente liberarla de los dos bornes pero que junto a uno ya salen tres cables contiguos es toda una hazaña mecánica. Los ingenieros deben tener un plus para hacer diseños que impidan la accesibilidad a los legos. No entiendo como pueden obstaculizar tanto el acceso a los tornillos. Dicho esto, el futuro, el nuestro, en estos momentos pasa por una moneda suspendida en el aire. Cruz seguiremos clavados a la incertidumbre, cara, viento en popa, Dakar nos espera. Debo admitir que viajar es esto: ver como reaccionas ante cada adversidad, pequeña o grande y como te mueves en el ring de las incertidumbres. Una cosa es filosofar sobre un mundo con falta de referentes y hacer apología de la indeterminación como la ciencia mas adelantada y otra muy distinta quedarte sin el propio recurso para el desplazamiento. El principal de todos los referentes es el poder de movimiento: nuestros pies son nuestras ruedas de caucho rodando sin ellas estamos perdidos.
Felicité es una joya de mujer. Seguimos insistiéndole en que se relaje y no asuma todas las atenciones para con los demás si olvida las suyas. Nos cuenta que viene de preparar Aloe Vera para ingerir. Simplemente bate la gelatina y la mezcla con miel. También nos dice que los citronelle plantada es un ahuyentador de mosquitos. Mientras hacemos práctica de consejeros dietistas para que recupere la salud me siento totalmente ridículo al saberme psicológicamente desbordado por el problema del automóvil, que seguramente debe ser fácil de resolver. No soporto los contratiempos. Antes de ir a la cena, devolvemos las cosas a la misma habitación en la que habíamos estados instalados por 9 días.
He de admitir que viajar es en el fondo saber lo que haces ante los imprevistos. Hacer un quilómetro tras otro en un encadenamiento de carreteras sin que pasa nade fuera de lo previsible no es un viaje, es dar vueltas a una noria. De acuerdo, pido perdón, en deferencia a los usuarios de norias, tiovivos, -mayoritariamente niños- pasajeros de calesas y de ascensores. No negaré que todo eso también es viajar. Viajar es ir del punto A al punto B por cualquier procedimiento aunque un minuto despues del B pases al punto A y así un buen rato. La cara de felicidad de un crio montado en uno de estos pequeños tiovivos a todo color que todavía seles puede ver en el parque de Perpignan no la consigue el viajero más adusto por más vuelos que haya tomado en su vida.
Tras 24 horas de recarga de la batería de la furgo que trasladé a la habitación para hacerlo con ayuda de un pequeño cargador eléctrico desde la red que estrenábamos, al reponerla tuvo suficiente fuerza y encendí el motor. Mi filosofía de la desesperanza me decía que no iba a funcionar. El puente que hicimos con un coche de las monjas con ayuda de uno de sus obreros no permitió el arranque. ¿Por qué ser tan desconfiado? Lo peor que puede pasa nos es que tengamos que demorar nuestro plan de ruta pero como en el fondo da lo mismo estar en un sitio que en otro eso tampoco sería tan grave. Di una vuelta por los alrededores para estar seguro que el coche tiraba. Era la tarde y decidimos quedarnos hasta el dia siguiente para, tal vez, cubrir el tramo hasta la capital y contactar con el representante de la Fiat. Dependía de si nuestra propuesta de hacer el curso de corá chez les moines de 6 días a 4 horas diarias los dos por el precio de uno fuera aceptada o no. Antes de seguir camino hablamos con le frere Jean Paul que se ocupa de la tienda en el monasterio benedictino y puso cara de resignación más que de convencimiento pero aceptó nuestra propuesta. Más por Vic que por mí pero ambos nos merecíamos el regalo de música celestial. De todos modos el dia que dejamos el monasterio femenino tras once días seguidos con dos de demora fue un dia de lluvia sin tormenta un dia para quedarse en casa y que alguien te cuente historias junto al fuego. Las historias que cuentan los abuelos las llaman cuentos del fuego o junto al junto al fuego. Para encontrar una fuente eléctrica para nuestros ordenadores recorrimos la carretera que pasa por pequeñas localidades hasta la costa norte del delta. Al preguntar a alguien por un restaurant por la necesidad de corriente nos ofreció su casa. Un rato despues estábamos instalados en un gran salón donde no había otros muebles que nuestras mesas de trabajo. Nuestro anfitrión se llama Babaká y colabora con la ong WWF. Si alguien nos vuelve a decir, así en genérico, cuidado con los africanos es para darle una hostia sin más.
Las primeras referencias senegalesas que registra mi memoria es de hace la tira de tiempo cuando me dijeron que en el puerto de Dakar había que ir al tanto porque los nativos esperaban al recién llegado ávidos de dividendos y no tenían el menor reparo en meter las manos en los bolsillos de los viajeros que arribaban para mangarles lo que encontraran. Algo parecido a los nativos que esperaban a los extranjeros en la estación de Cuzco que armados con cuchillas de afeitar cortaban las mochilas por detrás mientras estos trataban de salir de la andana del tren y recoger lo que se caía en el suelo. De eso segundo puedo dar fe como testigo directo, de lo otro no. Nuestro contacto actual con el homo senegalensis nos proporciona otro registro: gente despierta, inteligente, progresista y siempre amable. En resumen, cuanto más tiempo llevamos en el oeste africano mas cómodos nos sentimos con nosotros mismos y más conectamos con la sintonía psicológica de los lugareños. No me cabe duda que cuando volvamos a Europa echaremos a faltar muchas de sus formas y por encima de todo, su posesión del tiempo: son los dueños de las horas.
Por lo general no siempre andan rápidas las relaciones. Si bien el tradicional carácter abierto de los africanos es famoso no siempre es asi cuando la gente se abre resulta ser más estupenda de lo que esperabas.
En Kayar, final de carretera y ciudad pesquera, las piraguas, repìntadas con predominancia del rojo, se aguantan las unas a las otras en la playa. Hay que buscar un hueco hasta el mar para poder dar un paseo. Me aborda uno de los chicos que ya se nos presentaron a la entrada del pueblo con un discursito muy bien aprendido: somos el comité d’ accueil (nos muestra la tarjetita que lo pone) y os aconsejamos que estacionéis en tal zona porque mas adelante hay arena y corréis el riesgo de embarrancar. ¡cuanta amabilidad! Nos decimos. Nos dejamos engañar y nos metemos en una zona sin salida bastante lejos del embarcadero para quedarnos a merced de los guías. Vista la trampa damos media vuelta y terminamos de seguir la calle principal hasta la zona donde venden pescado. Vic se queda en la furgo abordada por la niñatada: achat nous un balón!, l’ argent!, cadeau! Y yo me saco de encima el guía diciéndolo una frase infalible: tú eres guía, yo no soy turista, quieres ganar dinero, de mí no sacarás un franco, soy un poeta y los poetas queremos estar paseando solos junto al mar. ¡Mano de santo!, el tipo da media vuelta y deja de molestarme.

[1] Memorias de doña Eulalia de Borbón, infanta de España. Editorial Juventud. Barcelona 1967.
[2] Robert Graves. Claudioel Dios y su esposa Mesalina. El país Madrid 2005

Una Pareja tranquila

Keur Guilaye, St Jean Baptiste monastère 23 julio 2008
El don de la invisibilidad ya está suficientemente descrito en otros textos. El nuestro nos viene dado por multitud de pequeños factores. Los europeos con los que coincidimos siguen haciendo gala de su nula extroversión. No incide para nada en nuestra cuota de existencialidad. Se den cuenta los damos de si hemos llegado, estamos o pasamos no es determinante para seguir o condicionar nuestro estilo de vida. No quiero caer en el lapsus de decir programa de vida. Un programa exige otros niveles de dedicación. Tal como están las cosas es mejor no comprometerse con nada para nadie. Mientras viajas quedar para el día siguiente o incluso hacerlo para la tarde puede ser un problema para ti y para la otra parte. Las variables para el viajero son muchas y el compromiso anterior puede impedir la oportunidad de una experiencia mejor que surja luego. Eso tiene un tinte napoleónico. Napoleón, figura historia que ha recibido mas reconocimientos de los merecidos y mas nefasto para la libertad de lo que le ha sido dictaminado, aconsejaba que la mejor manera de no faltar a la palabra era no dándola nunca. ¡Menudo bárbaro prelingüístico! Pero bueno, la verdad es que prefiero a alguien que no me de nunca su palabra a alguien que me la de y no la cumpla, por mi parte prefiero no quedar en algo si me va a condicionar tanto que me quite de otros haceres que hacerlo y luego tener que cumplirlo a disgusto.
Tras nuestra comida en l’ Aliance Senegalaise, arroz con hueso de pollo, retomamos la carretera, olvidando que el bibliotecario dijo que vendría expresamente a darnos un libro sobre la figurara de los imames. El asfalto desde Kaolack no presenta ningún problema. Entramos en Fatick, que está muy urbanizado, también asfaltado con asfalto suficiente para reparar un buen fragmento de la nacional que tanto nos ha tocado los adentros y continuamos hasta Mbour, una ciudad absolutamente moderna. Las imágenes de los baobabs aglomerados por el camino, una dulzura. Aquí pasamos la noche frente a Sonatel en la calle principal tras consultar al guarda uniformado nocturno de la empresa a unos pasos de nosotros. Noche no interrumpida por nadie con nuestra ventana lateral abierta. Antes, siguiendo pulcramente nuestro manual de supervivencia, pedimos quedarnos en el patio de la iglesia católica mas cerca del mar, el foyer de las monjas tiene un limitador de altura con un alambre espino circular que impide el acceso de la furgo para tomar una habitación, y el patio diáfano de la iglesia nos estaba esperando. Error de perspectiva. En esta ocasión es Vic quien se acerca hasta el despacho para solicitarlo (solemos repartirnos la función). Vuelve al rato diciendo que hay un borde en el cargo y que no puede decidir por no ser el responsable, el cual volverá mas tarde despues del responso por su colega fallecido en Kaolack. Al cabo de una hora el mismo tipo sale en clave de agresivo diciéndonos que estamos invadiendo su espacio. Lo trato de no cristiano y de impostor tras decirle que no tiene la menor idea del concepto de solidaridad y del descredito en el que incurre con la tesis de la casa de dios como la de todos, Amenazó con avisar a la policía tras gritos y aspavientos agresivos. Por mi parte antes de un minuto de este intercambio de pareceres me digo: estoy de suerte, he aquí una oportunidad para catarsis de bolsillo y me esmero con mi artillería verbal y saltitos de saltimbanqui apasionado. En realidad me excedo –me dirá luego Vic- un poco en mis ejercicios pendientes de teatro. Anécdota a añadir a la del dia anterior con el hombre escondido de Caritas. No pasó nada que no supiéramos ya. Las religiones son clubes privados, sea cual sea su grado de seguimiento, y sus managers son gestores de propiedades privadas. El hecho de que nos vayamos encontrando, predominantemente, con buena gente en esta nueva aproximación al catolicismo, desde que tuvimos conciencia de nuestro reclutamiento forzoso de niños y nos dimos de baja unos años después, no significa que perdamos de vista las funciones que cumplen en cuanto a idiotizar a la gente tras creencias rotundamente indemostrables por no decir que son una forma de denominar mentiras muy planificadas. Lo menos que se les puede decir es que son impostores. Lo que no quita que no pocos de ellos trabajen con proyectos sociales y contribuyan a un grado de conciencia social. No es el caso que nos ocupa. Quise asegurarme que ese hombre de religión se acordaría siempre de esa escena. Evidentemente a la hora de pedirle como se llamaba no quiso decírnoslo con lo cual nuestro libro queda privado de un nombre más de la lista de los malos pero gana más espacio para otras grafías más dignas.
En el aparcamiento de Sonatel nos aprovechamos del campo de wifi de la zona desde dentro de la furgo y pude consultar el correo e insertar el capitulo anterior en Un Viaje Existencial.
A la mañana siguiente horas de panorama marino en una zona donde varias casas están habitadas por francófonos blancos. Caminé con mi slip por el borde de la playa: la enorme cantidad de inmundicia tirada por la gente, los peces muertos, el agua llena de objetos de toda clase y el mal olor me llenó de tristeza. No recuerdo otra playa de las sucias del mundo más sucia que ésta, ni siquiera la del Cuco en el Salvador en la que había algún animal muerto. Llegué hasta la zona de los cayucos y volví junto a Vic. A mediodía tras el aprovisionamiento de plátanos y bananas retomamos la carretera hasta Thies donde pasamos la tarde frente al hospital que, en un concurso de originalidad se decidió que, también se llamara St Jean de Dieu. Aquí le compramos casi 8 metros cuadrados de tela fuerte de algodón a un vendedor más que impetuoso, nervioso y con prisas. También vimos como un par de niños de la lata cambiaban monedas por valor de 3mil cefas. El negocio, pues, no les va tan mal. Antes de abandonar el local otro senegalés que nos identificó por el lenguaje se dirigió a nosotros en castellano. Estuvimos hablando un rato con él, André Fayet, que vive en Guissona. Nos ilusionó poder hacerlo, también escuchar unas cuantas frases de él en catalán despues de llevar 6 años de inmigrante integrado. André lleva encima el sello una nueva esclavitud: hipotecado por 40 años por el piso que se ha comprado en Catalunya. Vimos en él la concreción de varias características que explican el Senegal actual. Trabajador de éxito que se puede permitir un viaje de vacaciones al año a sus orígenes, con una propiedad en el extranjero y otra aquí, bien vestido sin que le falte ningún detalle, importador de divisas y a caballo al menos entre dos geografías completamente diferentes. Tras un rato de charla y pasarnos toda la tarde en un local con nuestros ordenatas (solitarios de Vic y espesas grafías de Jes) cambiamos de ubicación. La conexión con las figuras conjuntas a la nuestra: el camarero togolés, los distintos clientes que saludaban al entrar –todos menos la pareja francófona blanca-, la mujer de la limpieza: una increíble loba para amamantar a varios Rómulos y Remos a la vez, el dueño, muy puesto en su papel de hombre serio, buscamos una ubicación en una calle cercana a pesar de tenerla en la explanada de este sitio, parada de taxis frente al hospital.
Vamos de pareja tranquila tratando de ubicarnos al menos otra semana seguida en un mismo sitio. Ninguna prisa para llegar a ningún sitio aunque tenemos varios incógnitas pendientes con respecto al futuro de este año. Es evidente que hay partes de nuestra aventura (el email de Galo Baldó, nuestro sobrino, se dirige a nosotros como “aventureros”) que nos repite secuencias, frases incluso, cambian las caras pero siguen los verbos. No, no somos aventureros, solo estamos aquí, somos quilometreros, pero ni siquiera esto. Haciendo viajes cortos y medios de fin de semana, estando en nuestra casa en Barnápolis, a las alturas de este mes también podíamos haber rodado la cantidad que llevamos hasta ahora. La aventura, si es que hay alguna, es naturalizar nuestra presencia aquí y tratar a quienes nos encontramos como iguales (aunque la igualdad es una de las palabras más demagógicas que existe) a cambio de otro tanto.
Retomamos la carretera para Keur Moussa pasando por Pout una zona donde cualquier cantidad anterior de mangos en oferta no es nada en comparación a la exhibida en la carretera. Las mujeres, las protagonistas en la venta. Llegamos al monasterio benedictino de los hombres. Le pere Marie André nos dice que por de pronto pasemos al refectoire y comamos y que luego tras consultarlo nos dirá como está el tema de la habitación. Durante la comida una huésped, Michelle, de Paris, cerca de Versalles, se queda algo sorprendida al explicar nuestra peripecia y africana y mostrarnos críticos con el tipo de solidaridad dominante. Nos habría encantado continuar hablando con ella toda la tarde por su interés sincero y su cultura despierta. Su acompañante, un curioso hombre que no hace nada por presentarse, ni por participar en la conversación, tampoco en sentarse a la mesa a la comida, con aspecto de enfermo, que en un momento dado la otra mujer le alcanza una de las sillas para que se siente junto a Michèlle, le dice en un momento dado al oído, que deben irse porque la carretera a Dakar es complicada. Hay unos 60 kms de distancia y es la 1 de la tarde. Suficiente para no tratar de saber más del personaje. Tanta falta de seguridad resultante insultante. Nos quedamos sin Michèle y nos vamos con Marie André y la otra comensal con nuestra furgo hasta un pabellón de huéspedes donde nos ha conseguido dos habitaciones, solo para dos días, porque están comprometidas a otra gente que las han reservado .En realidad solo pasamos a utilizar una. Vic y yo tenemos suficiente con una cama individual y con una sola mesa para compartir. Seguimos estando a repartirnos un piñón a partes iguales aunque nos peleemos frecuentemente (intercambios de pareceres en versión no light).El pabellón está recintado y en un sitio aislado, con los sonidos compañeros tan gratificantes de los pájaros que son los únicos que realmente, toca decir de paso, pueden comprendernos en la magnitud de nuestro cromo. Antes de meternos en nuestras ocupaciones no podemos por menos que comparar el recibimiento en el monasterio con el del impostor en el anterior punto católico en el que nos detuvimos en Mbour. Estamos de suerte, el sitio es justo lo que necesitamos.
Al atardecer, con los deberes del día hechos, salimos a dar una vuelta hasta el centro del pueblo a un par de kms. Compramos pan. Una unidad que no debe pasar de los 200 gramos la expendedora dice que es el de kilo. Nos recuerda lo mucho que evolucionamos en España cuando 30 años atrás hubo aquellas polémicas sobre el pan de kilo que pesaba 850 gramos con tendencia a la baja y que el Estado tuvo que intervenir para reglamentar pesos y precios. No sé por donde anda la cuestión pero sí puedo asegurar que los panaderos son los magos más extremos capaces de engrandecer con muy poca harina volúmenes considerables de formas que engañan a los ojos. Seguramente tienen el acceso a lecturas privilegiadas de la biblia en las que dan instrucciones concretas del milagro de los panes y los peces. El colonialismo francés ha extendido la baguette hasta el punto que es uno de los iconos modernos más populares del desencuentro con el objeto. Un rato de charla con la chica nos da la razón al objetar el coñazo de los altavoces de la mezquita de al lado que un rato antes nos asustó durante nuestro paseo, tal vez porque inconscientemente interpretamos el Aaaallaaah con un ¡a ellos! refiriéndose a nosotros. Nos detuvimos en una buvette a tomar dos flags, pedidas una tras otra. Emily la mujer que vino despues saludó a todos sus clientes dando la mano a cada uno y luego sentándose a nuestra mesa. Llevamos la conversación sobre lso problemas para servir bebidas alcohólicas. Nos habló de que sus clientes son musulmanes y que vienen al anochecer a beber, que efectivamente ha recibido críticas a sus espaldas pero no insultos a la cara. Extendimos un poco más la conversación a su modo de vestir sexy: pantalones muy ajustados y blusa sin mangas marcándole los senos, estilo de muchas senegalesas; nos dijo que eso no ocasionaba ningún conflicto y quedaba justificado por el calor intensa. Sin duda el islamismo funciona de manera diferente en el África negra que en los países árabes mucho más estrictos y propensos al fundamentalismo. Trasladada las mismas dos preguntas a un imam posiblemente se escandalizaría ante las mujeres prohibitivas y ante los desobedientes de Mahoma lanzados a la perdición del alcohol.
Los puntos de alcohol que venimos clienteando por el África recorrida tienen una doble interpretación: son sin duda los antros de la dipsomanía concentrada por un lado pero también los lugares de la extralimitación, verdaderos extrarradios de la moral pública estricta y restricta. A fin de cuentas un bohemio si quiere soñar en público termina por ir al espacio del alcohólico.
Marie André nos visita a la mañana siguiente y viene a hacer pequeños detalles domésticos en el pabellón de visitantes en el que estamos. Me muestra el hoyo en el recinto donde lo tiran todo mezclado: plásticos, latas, pilas eléctricas y restos orgánicos. Trato de ganarme el cielo diciéndole el potencial tóxico de todo esto y que nosotros hacemos 8 tipos de basuras separadas en nuestro país. Al igual que los otros monasterios visitados no conocen esto ni le conceden demasiada importancia. Algo inconcebible dada la destrucción de energía potencial como abono para la agricultura, la intoxicación ambiental y la complicación para eliminar restos. Paralelamente los monasterios son ejemplos organizativos de utilización de los recursos y modelos de trabajo y económicos para las zonas en las que están ubicados. Tengan los recursos que tengan detentan una sobriedad, una elegancia y exquisitez con los espacios, un nivel de vida alto sin que dependa de la riqueza puntual de la que se disponga. De los monasterios cabe decir que consiguen resultados en sus niveles materiales, sin contar sus pretensiones ideológicas ni espirituales, ahí donde se ubican. El de Conacry, Saint Joseph de Séguéya, tras tres años y medio después de su fundación demuestran con las cuentas en la mano y producciones recolectadas, una práctica de éxito.
Vamos a una de las ceremonias de los benedictinos en su iglesia. Acompaño a Vic con la silla de ruedas y de paso me quedo dada la distancia que hay desde el pabellón de nuestra hôtellerie al establecimiento de rezos. La configuración de los monjes confirma que unos pocos que son los más ancianos son los blancos y probablemente los fundadores, el resto son negros y la mayoría muy jóvenes. Una regularidad que ya comprobamos en anteriores monasterios. El exceso de rito me supera y el deceso de ratos dedicados a la corá me defrauda. Demasiadas veces alternando levantarse y sentarse, también varias para curvar el espinazo y alguna otra para arrodillarse. Yo decido quedarme sentado junto a Vic que lo esta en la silla rodante y otra mujer con un pie amputado y muletas que esta en nuestro mismo sector. Gozo de los cánticos aunque no leo en el libro de ellos que alguien amablemente nos proporciona. La gestualística íntegra es para adorar a un dios que no veo por ninguna parte. En un momento dado las palmas extendidas como recibiendo no sé si el influjo del espíritu santo. En conjunto me ha resultado tan plasta como cuando de niño y preadolescente fui obligado a ir a misa, a rezar y a confesarme por aquello de ser un buen cristiano. Cuando decidí serlo en un periodo voluntario de mi vida, por lo poco que aprendí de los mensajes cristianos, choqué frontalmente con los católicos los primeros interesados en hacer de la tesis del amor al prójimo una mentira piadosa. Con todo, reconozco el entorno acústico reconfortante de los templos en actividad a pesar de que su feligresía sigue toda una gimnástica de deferencias precisas. El momento culminante es hacia el final con dos episodios: el de comulgar y el de darse la mano entre desconocidos tras la orden: daros la paz. El de comulgar, hay que decir que ninguna persona, de las que he mirado tras ese curioso acto de la ingesta del cuerpo de Jesús o su representación simbólica –estudio observacional que empecé a hacer desde que cumplí los 8 años de edad- comulga de la misma manera; unos mastican directamente la hostia, otras bocas la llevan con suavidad esperando su disolución en los siguiente minutos, otros se tropiezan al andar al ser portadores de tamaña responsabilidad, otros van ultrareconcentrados sabiéndose exentos de toda mácula. En cuanto al segundo gesto no está mal del todo saludarse con desconocidos aunque ese saludo siempre hay que entrecomillarlo porque se hace por razones rituales y por orden expresa. Hay que precisar que la paz no se da ni se regala, como mucho se desea y cada cual ha de construirla dentro de sí mismo y de su entorno. Las mismas personas que un cuarto de hora antes se han dado la mano con el consabido: “que la paz sea contigo”, luego se hacen la guerra un cuarto de hora despues cuando se encuentran en la calle.
En la boutique, establecimiento de paso igualmente ritualístico tras la ceremonia, todo está bajo llave en las vitrinas. Desistimos comprar los cds de sus canticos por caros y compramos mermelada de guayaba y sirope de naranja, también una partitura para Cora. Preguntamos el precio de una de ellas que esta en venta. Más de 400mil cefas.
No tengo ningún problema en ser visitante de templos y en tratar de recogerme un rato para tratar de conectar en últimos sentidos del todo que las cosas de lo concreto no dan para nada pero estimo que el rito va en contra de la meditación, cualquier mantra o rosario es una forma para detener el pensamiento y capturar el leguaje con fórmulas pre-establecidas. De todos modos aunque no tenga interrupciones acústicas debo admitir que el silencio de un templo, su austeridad o magnificencia, tanto da; su iconografía o sus paredes desnudas, poco importa; la dureza de sus bancos de madera, bueno; ayuda al recogimiento y a separarse de la agenda diaria para intentar ser exclusivamente vacío merodeando en torno a un cero multiplicado por si mismo. (Burt, el gamberro sin pelos en la lengua que puede soltar sentencias como esta:¡multiplícate por cero!, es el crío que me hubiera gustado tener de amigo cuando fui niño. De ese déficit no me ha consolado ningún catecismo, ni siquiera el catecismo social de A.Comte.
Dejamos una habitación para saltar a otro en el convento de las mujeres a unos 3 kms de distancia, en Keur Guilaye, ese es el nombre del chef del poblado. El de las benedictinas se llama St Jean Baptiste. Felicité, una beata intermediaria con las monjas nos muestra habitaciones, abre puertas y facilita llaves. Nos instalamos en una pequeña habitación en un gran recinto donde no hay otros huéspedes. Sí hay cuatro mujeres aojadas en otro pabellón solo para damas. Compartimos la mesa aunque no la conversación:7 comensales y 3 charlas en paralelo. La comida excelente. Perdemos estatus por lo que hace al alojamiento pero lo ganamos por lo que hace a los cuidados. Las confituras artesanales sumamente esmeradas, una constante monacal junto a los siropes. Vamos a la celebración de misa para comparar el rito con sus colegas benedictinos hombres. Al poco rato me desentiendo del tema dejo a Vic en el templo y yo salto a mi propio ritual privado, el del ordenador en la habitación donde no se está tan mal aunque no tiene mesa y hemos de usar la nuestra.
Nuestras compañeras de mesa en el refectoire son mujeres que pasan unos días buscando la calma y acudiendo al programa de plegarias. Como con 7 no tienen bastante también hacen un pequeño cantico al comienzo y fin de la comida. Despues de todas estas experiencias monacales saldré tan depurado que mi pis será del color del agua bendita.
Con una de las monjas hotelieres, Paul Marie que nos pregunta por nuestro proyecto de libro y le sugerimos de participar en uno de sus espacios de recreación, le decimos que hacemos comparaciones entre el catolicismo otros cristianismos y el islamismo. Está de acuerdo con mi impresión de que las iniciativas de trabajo social parten de los católicos y no tanto de las otras partes que más o menos secundan. Un rato después me ve con una de mis libretas manuscritas y me dice ¿no estarás escribiendo lo que he dicho antes verdad? Echamos una ojeada a los libros de la pequeña biblioteca del refectoire, donde hay unas butacas, no hay ni uno solo de entrada que nos estimule a su lectura a diferencia de la biblioteca descuidada, por lustros, del espacio de la segunda vez que estuvimos en Bamako, donde encontramos a M.Yourcenar y otros autores fuera de la esfera pía. Sin embargo las revistas impecablemente editadas dan cuenta de los apostolados e intervenciones en lo social del catolicismo en los sitios más remotos del planeta.
En el refectoire las siguientes comidas confirman que se come muy bien. Nadie nos pregunta porque no nos santiguamos o no nos juntamos a sus agradecimientos por los alimentos y cosas parecidas. Vic de niña participaba de este rito en el seno familiar y yo recuerdo a mi padre hacer la señal de al cruz sobre el pan de kilo (que entonces era de kilo y tenia superficie suficiente para hacerla) antes de cortarlo. Un inciso sobre la señal de la cruz: no deja de ser curiosa su semejanza al hacerla con el aspa cuyo gesto significa barrar algo. Donde mas se puede observar eso es en la triple personación en la frente (no pensar), en la boca (callar) en el corazón (no sentir). En los escenarios monacales que venimos repitiendo encontramos un cierto patrón de conductas: la intensidad del acto congregacional de las ceremonias contrasta con la frialdad a veces de rotundos silencios de los actos convivenciales. La hipótesis para una tesis de investigación por si alguien quiere hacerla sería/es que la coincidencia en la ceremonia y en los credos y en sus espacios para ellos no garantiza una mayor comunicación humana que la falta de esos dos factores. El mismo hecho de la clôture, la clausura, con los tiempos diarios tan administradamente reglados y los espacios de comidas concentrados con la intervención acústica monopolizada por una lectura religiosa hace superfluo todo lo demás. Evidentemente la comunión mística con lo que sea substituye o debe substituir la necesidad de toda comunicación humana que lo mas que puede asegurar es mantener los pies en tierra en un tipo de mundo bastante insatisfactorio. El objetivo de la clausura es la comunicación con dios no entender más el mundo humano de por sí bastante inexplicable.
Nuestras compañeras comensales vienen a rezar intensivos durante unos días para encontrar la calma espiritual o lo que sea. Sus vestidos y el detalle de andar cargadas de oros les delatan su estatus y un mayor apego a lo material y a la imagen más de lo que sus credos aconsejan. Una de ellas nos habla de su tragedia personal: el abandono tras 8 años de noviazgo por parte de él y su embarazo con el primo que vino a consolarla tras aquella pérdida y el consiguiente abandono de éste. Sigue siendo una constante la cantidad de mujeres con hijos y sin maridos a la vista en el África recorrida. El argumento de la irresponsabilidad masculina está servido aunque quienes nos vimos forzados a la paternidad por mujeres impositivas tengamos otro punto de vista añadido al respecto.
Nuestra vida es tranquila. No miramos la tele y no vamos a estresarnos corriendo a la primera ciudad del mapa para darnos baños de ruido que nos infarten. El mayor espectáculo es tertuliar o estar en silencio ante el espectáculo de la luna llena de 3 noches atrás o ver la alta concentración de libélulas nocturnas, de cuatro alas que venían a deshojarse de ellas junto al fluorescente de nuestro porche en una especie de metamorfosis inversa a la evolución de la oruga. Nos explicaron que eso sucede los días de lluvia y que el animalito resultante tiene que ver con la futura termita. Deberíamos consultar todo eso en un manual de biología. La verdad es que el espectáculo de la naturaleza es fausto, supera cualquier asunto de las noticias internacionales o nacionales. Por cada individuo humano debe haber al menos un millón de insectos (que me corrija su censor) y está claro que si alguien hereda la tierra van a ser ellos. No deja de ser una curiosidad que los animales más pequeños sobreviven a lo que sea mientras que los más grandes tengamos problemas físicos de todo tipo en nuestra adaptación al medio. En algún agujero del patio del último recinto en el que estamos alojados, uno de esos bichos desalados debe estar haciendo su propio informe sobre la pareja de abutacados, nosotros, que estuvo observando a los de su especie como el mejor programa que daban por la noche. La lluvia y los variados sonidos de los pájaros en cuanto cesa completan la actividad espectacular. No necesitamos la tele para nada. En cuanto a éste artefacto es uno de los trastos menos necesarios para la vida aunque cuando seguimos ocasionalmente un telenoticias de un canal francés nos advierte de los crímenes de actualidad. No entendemos como la gente se pega a la pantalla como el foco gravitacional más importante de un local nada más entrar desconfirmando el interés de los otros clientes que podamos estar en él. Como viajeros nos toca reconocer que hay otros viajeros que se desplazan miles de quilómetros desde sus ciudades-origen para hacer exactamente lo que hacen cada dia en sus casas de allá también en sus lugares-destino: ver una peli por la tele y dejar de mirar la realidad o de documentarla en directo o en primera persona.
Nuestra última cotidianeidad monacalizada tiene las tres citas de refectoire donde con Felicitas, Jeanne, la mujer de 40a mama que busca marido y Bárbara, una ivoriana que nos ratifica la noticia, ya antigua, del acuerdo entre presidente y jefe de la rebelión para darle el cargo de primer ministro en su país y reciclar los rebeldes acostumbrados a ganar dinero extorsionando a los viajeros. Jeanne nos dice directamente si le podemos buscar un marido en España. Le explicamos algunas cosas sobre la mentalidad distinta y el peligro de que este sea su primer objetivo. Para ella seguridad personal y amor son lo mismo. Le sugerimos que venga el año próximo a visitarnos para presentarle gente o que escriba un anuncio aclarando que es católica practicante.
Despues de nuestras cenas y rato en el porche o patio nos acostamos y damos masajes. Luego Vic se queda en su ama y yo me voy últimamente a la de la furgo donde me pongo a salvo de los mosquitos no ya solo por sus picadas sino por sus zumbidos que me despiertan.
Las comensalas y las monjas siguen con la costumbre de sorprenderse con mi nombre y el combinado que hace con el de Vic. Lo tenemos todo garantizado: el triunfo en la capa de latierra y la salvación en el más allá.

Fragmentos y descripciones de viajes geográficos sobre una silla de ruedas movida por energias insospechadas. (Los textos pertenecen o a nuestro libro, en curso, el Viaje de la vida).

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