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PSICONEWS
domingo, 3 de febrero de 2008
Un Observatorio Ambulante
Niamey 3 febrero 2008
En los últimos tiempos la cultura más materialista y celosa de garantizar los beneficios nos ha acostumbrado a verificarlo todo. La palabra no es suficiente para contar con ella como garante. Es así que se la vincula al contrato, a la firma, al compromiso y, en el caso de su incumplimiento, a la amonestación, la crítica y la cancelación del acuerdo más la demanda de indemnización por daños y prejuicios. Grosso modo todas las relaciones humanas son transacciones que pasan por ese circuito.
Desde la sociedad civil, muchas organizaciones reivindicativas y planteamientos cautelosos han venido poniendo en duda los acuerdos entre estados que sirven de poco y los sondeos diplomáticos que quedan en el palmarés de las tentativas. Han exigido con justas razones históricas erigirse en observadores internacionales de los déficits en las realidades en las que intervienen, poniendo en tela de juicio las actuaciones de los gobiernos locales. Atendiendo a la avalancha de tanto intervencionismo de entidades y personas cooperantes se asiste a un fenómeno de una proporción tal extensamente diseminado y descoordinado que sugiere la necesidad objetiva de un observatorio de la solidaridad activa en los sitios de recibo. Al iniciar nuestro viaje pensábamos que una de las cosas que podíamos hacer era de observatorio ambulante de las ONG. No hacia falta hacer un itinerario previo de visitas o calendarizarlas. Basta/ba con estar atento a los numerosos carteles que las anuncian por la carretera y saludarlas y preguntar por su labor. De momento vemos carteles que indican puntos de reunión pero no hemos encontrado a nadie. En una gran carpa en Mauritania instalada junto a la carretera para enfermos e indigentes con una carpa militar al lado con un blanco dentro, nos dijeron que en aquel momento se habían ausentado. No nos esperamos. La verdad es que tenemos nuestro propio pudor en preguntar. Otro asunto es provocar conversaciones que vayan permitiendo las preguntas mutuamente consentidas. Tampoco nos hemos detenido suficientemente a esperar a la gente encargada. La impresión que de momento seguimos consolidando de las ONG es que forman parte de la élite de las empresas extranjeras. El chofer de un Land Cruisier de Oxfam que hacia de eso, de chofer, esperando a dos chicas de color despampanantes y a un hombre, que se sentaron detrás del vehículo, saliendo de uno de los restaurants elegantes o al menos caros de Niamey, chino por cierto con los farolillos rojos pero sin chinos a la vista en su gestión, lo mismo que otros; quiso animarnos a que la ONG del logo que aun llevamos enganchado en la chapa de la puerta y que un día de estos sacaremos, instalara un bureau en la ciudad. Le cuestioné su idea de acuerdo con la nuestra de que la cosa no pasa por aquí sino por la autoafirmación de los nativos con sus recursos y con su autogestión. Cada vez que planteamos esta idea más bien encontramos admiración aunque sorprendida en lugar de negación. Un trabajo de verificación exhaustivo de las Ongs en sus lugares de intervención posiblemente arrojaría datos de concienciación que pondrían en peligro la misma imagen de ellas y del estilo solidario hegemónico. No negamos su labor objetiva y su potencial de salvar vidas o curar enfermedades o ayudar en casos extremos de fatalidad, pero indirecta e involuntariamente el trabajo que hacen ellas sirve para engrosar una clase alta local generando puestos de trabajo privilegiados sin que las cosas fundamentales: mayor implicación de los gobiernos locales y regionales, modificación de la mentalidad y actitudes sociales profundamente arraigadas (ablación, explotación infantil, superpoblación, falta de higiene..) sean resueltas. Indirectamente y es muy duro decirlo, lo que pagan las Ongs por un lado a los mas necesitados de África permite que sus autoridades centren sus gastos en sus enfrentamientos militares. Una hipótesis bestial: si Europa dejara de enviar cientos de miles de voluntarios a África, ¿acaso es tan seguro que África iría a peor? Una cosa es la ayuda puntual ante las catástrofes y otra muy distinta es la sistemática de un emporio de empresas competitivas que se reparten el sector de la solidaridad, como un sector más del mercado internacional. Sorpende que entidades tan reconocidas como la Unicef seautopromocione editando y repartiendo camisertas blaugranas con el logo del Barça. ¿Cómo prentenden cambiar los agravios a la población in fantil si por otra parte alienan a los niños con los consumos de adiestramiento para no pensar como el futbol? El caso es que todo esto puedo escribirlo desde la comodidad de una isla confortable, el Restaurante Amandine, en medio de una ciudad sucia, sin tener que habitar una chabola ni tener que vivir con 45mil CFA al mes. No me sonrojaré por esto. A fuera esperan los grandes carros de los solidarios. Acción contra el Hambre y cosas por el estilo. En otros contextos son las limousine y los jaguar los que esperan fuera con porteros que llevan sombreros de copa.
La propuesta de un observatorio ambulante metódico y riguroso significaría articular un protocolo y enviar a un equipo entrenado, con el consiguiente presupuesto para costearlo en detrimento de sacarlo a otros presupuestos que pagaran medicinas y comida, para observar in situ el trabajo de cada ONG, la coordinación o no (más bien no) con las otras Ongs de la zona o localidad, la transmisión de los valores introducidos a veces con cargas mesiánicas o religioso-servilistas, la táctica de la entidad en implicar a sus áreas de necesitados en su sustento y desarrollo y por fin los intereses personales delos cooperantes y asalariados no siempre tan lícitos ni éticos como parecen. Bajo estos ítemes habría que medir un parámetro: el karma arrastrado por el europeo que desde su interpretación de la culpa los/nos catapulta hacia la obligación de tener que ayudar incluso en los extremos casos de que la ayuda objetiva es cuestionable (la medicina alopática sigue matando en los países desarrollados) y los necesitados se dejan manipular pasivamente con ella sin cambiar consecuentemente de actitud. La discusión mas absurda entre un africano que se toca las pelotinis y un europeo que va de paso pero que se muestra activo con su ordenador, sus libros, sus notas, sus mapas , sus informaciones o sus entusiasmos polémicos, es que aquel la justifica que está como está por culpa de lo que sucedió siglos atrás o que Francia todavía debería asumir las necesidades de toda el área francófona mientras que el europeo le argumenta que lo que él tiene se lo ha ganado con décadas de trabajo continuado y con esfuerzo sin que nadie le haya regalado nada. No me dejaré llevar por la simplificación y evidentemente hay algo de la culpa occidental perfectamente lógica pero no engloba todas las causas de las miserias del tercer mundo. Una parte de ellas son la consecuencia directa de la desidia de sus habitantes y de sus gestores.
Recibimos noticias de Héctor, el chico de Rabat que tenia una cita coordinada por internet con un camión que debería a llevarle a él y a otros que contactaron por este medio a una ruta parecida a la nuestra. Nos cuenta que el chofer resultó ser un capullo rematado, cambió el itinerario pactado y quiso deshacerse de un componente, un brasileño por no tener el visado para Senegal que no estaba previsto en el programa. Otros cuatro del grupo plantaron al conductor exigiéndole la devolución de la parte proporcional que le habían dado y se compraron un viejo mercedes para seguir ruta hasta Segou. Y es que hay de todo. El viaje es eso también, o sobre todo: los imprevistos y los cambios de planes.
El cuarto día en Niamey lo pasamos en este restaurant que hace de isla refugio con aire acondicionado y clientela solvente, dos agentes uniformados de seguridad en la puerta. Uno de ellos nos reconoce y nos recibe con grandes signos de alegría. Pedimos un espagueti carbonara que resultan ser macarrones, con un bacon que es mortadela y una tortilla española que resulta ser clara de huevo frita y una lasagna con carne que viene con un envoltorio de aluminio prefabricado. A cambio tenemos por wifi internet gratis coincidiendo en una semana que lo promocionan. Mis entrañas deciden revolverse y sufro la primera descomposición del viaje. La homeopatía no la ha contenido. No, no creo que se trate de las exquisiteces del local, sino de la pasta apelmazada hecha con agua de cloaca y una salsa horrible tomada en platos de plástico del día anterior en el camping. Aquello nos costo 200cfas los dos platos frente a los 7mil de la comida de este lugar a la europea. Nos pasamos la tarde en el establecimiento. Es un paréntesis de confort dentro de un África tórrida. Aquí vienen los blancos y también los negros más exquisitos, mejor vestidos y relacionados. Me siento como los comensales del tema de Boris Pasternak en Dr Zivago comiendo en un lugar elegante mientras la gente famélica y con frio les miraba con envidia desde la calle nevada. No, no es eso. No hemos encontrada gente famélica en todo el camino. Y aquí nadie se amorra a los cristales para vernos comer. Algo que sí nos ha sucedido en otras partes y que veíamos que los niños hacían en el punto turístico neurálgico de Hombori, no tanto por avidez de la comida como por espiar los gestos de los blancos o los nuestros.
En esta amalgama de sentimientos contra posicionados nos vamos moviendo. Todavía nos quedan once meses por delante para completar nuestra estancia. La verdad es que no tenemos prisa en cuantificar quilómetros. Desistimos de ir a Agadez, la zona más turística del país a causa de los Tuareg cuya simpatía novelera por ellos no nos da la excusa de cometer ninguna imprudencia, pero tampoco iremos a Zinder, en el Este, en cuyo caso deberíamos repetir la misma carretera de vuelta ya que dejaremos que los líos en el Chad prescindan de nuestra presencia. Siempre en todas partes del mundo la violencia ajena condiciona la libertad de la gente que no queremos involucrarnos en ninguna batalla armada. Los violentos deciden la falta de libertad de los pacíficos.
Quizás en otra época biográfica me habría atrevido más a ir a no importa donde priorizando mi derecho a ir a los posibles peligros que encontrara. Hoy sé que no hay ningún lugar en el mundo tan fabuloso que pueda justificar correr riesgos innecesarios.
Cuando nos contaron que Alexandra con Jean Bogé apenas salía del autocaravanning en su viaje conjeturé un caso particular de agorafobia con alguna complicación sociófoba. Despues de tener que enfrentarte a situaciones que no dejan de ser estresantes por someterte a prácticas continuadas de acoso no resulta nada extraña su actitud. Lo cierto es que la tendencia humana dominante es la de buscar referentes estables y eso pasa por tener lugarcitos seguros. Éstos pueden ir desde quedarte dentro de tu vehículo a no salir del alojamiento, como los recintos de campings, en el que te metes para descansar. Su endogamia objetada en otro momento de este discurso no siempre se cumple. En el de Niamey, no es hasta nuestra tercera noche que vienen otros huéspedes con un 4x4 supercargado. Es una pareja de un británico y una ghaniana. Han dormido en los asientos delanteros sin poderse echar. No los llamaremos bon vivants. Tanto el portaequipajes como toda la parte de atrás está supercargada de sus ensenres domésticos. Han decidido dejar Gambia por estar hartos de soportar tasas especiales para europeos. Montamos la mesa del desayuno y les invitamos a compartirlo y a usar nuestro fuego para preparar café.
No hay ningún explorador por más aventurero que sea que renuncie a esos segurizantes. Despues de un par de días de descanso nos volvemos a sentir frescos. Sobre la marcha son indispensables los puntos de sosiego, los lugares parapetados, los recintos más o menos seguros. En un registro poético podemos pensar en un viajero fuera de los perímetros pero en la práctica es difícil dar con uno que no pase por ellos. No hay nadie que no tenga sus límites. La conversación con el británico, un hombre jubilado con varios achaques, unos 10 años más que nosotros, sufriendo los resultados físicos de una vida sobre-esforzada dedicada al trabajo, confirma lo de otros varios europeos de estancias prolongadas en África: su agotamiento de los controles y precios africanos. Nos cuenta su viacrucis con la amantísima pasma cuando le robaron su coche, que nunca recuperó, que le exigieron que les pagara para dedicarse a investigar el robo.
He montado provisionalmente las dos plaquitas solares en el portaequipajes con estranguladores de nylon. Queda pendiente atornillarnos de un modo más seguro. Desde que amanece las placas son excitadas por el único astro-dios reconocido y cargan, aunque con una lentitud pasmosa, la batería. Cada vez que la batería tiene algo de corriente que nos enciende la lucecita del dormitorio y nos permite leer enviamos sendos mensajes de amor a Pere Badía por la una y a Paco Baldó por su instalación funcional.
Hemos dedicado tiempo a reorganizar el interior de la furgo subiendo unas cuantas cosas, que no son de uso diario, al cofre y a un bidón. La falta de espacio puede resultar agobiante en una convivencia y la decena de bolsas y bolsitas de Vic que necesita para su bienestar significa que cada noche hay que montar una barricada con todo ello junto a las ventanas de la puerta posterior. Hemos recolocado pues ropa de invierno, ropa sucia, un mecano de reserva y dos de los 5 bidones de gasoil arriba. No teníamos que haber traído tantos, tampoco de agua. Nos hemos deshecho de uno ya vaciado y seguimos deshaciéndonos de prendas nuestras según las vamos usando. Todos los viajes tienen algo en común: enseñan lo prescindible que son muchas cosas que a la hora de cargar con ellas solo cumplen el rol de la ficción segurizante. Eso lo aprendes tanto si haces el camino de Santiago a pie como si vas en avión o si vas en camión-vivienda. Sea cual sea el medio el exceso de cosas puede crearte problemas de organización en tu espacio.
Seguiremos caracoleando tranquilamente con las antenas puestas para que no se nos escapen los detalles de cada panorama. Tenemos tiempo para todo: para hablar con nativos, para hablar con otros viajeros, para preparar nuestros tés mañaneros (definitivamente los de las latas inglesas que traemos son mejores que los locales procedentes de China), para leer nuestros libros, los mismos que Federico nos pronosticó que no nos daría tiempo de leer, para escribir con nuestros ordenadores. (no somos los únicos: tanto en Vía-Via como ahora aquí en Amandine hay otras muchas personas con sus pantallitas dale que te pego. Muchos utilizan teléfono por internet. Nosotros tenemos un par de programas pero no los hemos articulado para hacerlo. Vivir con el móvil apagado forma parte de la aventura. El mío lleva un mes, el de Vic seguirá encendido. Seguimos pagando sin embargo todo este año por el contrato de ambos.
Contar lo Esencial
En la escuela Garmi, cerca de Hombori
Gao 30 ene2008
¿Cual es la diferencia entre recorrer geografías y verlas pasar desde el asiento de tu coche, tren o tu autobús y hacerlo desde el sofá ante el documental que pasan por el televisor? Seguramente la misma que hay entre tener un orgasmo y que te lo expliquen o la que hay entre experimentar un insight comprensivo y ver que alguien lo tiene. Pero una vez en los lugares son tantas las imágenes conocidas de ellos que tienes la sensación de que ya habías estado antes.
Lo esencial de un viaje no lo puede contar ni siquiera el viajero. Puede contar anécdotas, referir las tertulias que no se repetirán con la misma gente. Los riesgos que se han corrido o los criterios tomados para no correrlos. Las distintas clases de asedios por los que vas pasando.
La costumbre africana de abordar al extranjero es algo atorrante. Cuando eres sitiado por varias personas a la vez, hablando todas a la vez, peleándose por ser tu vendedor o tu guía, te obliga a resituarte en cada situación. En un momento u otro te descubres poniendo orden a los demás pidiéndoles que guarden su turno en el habla ya que no puedes atenderlos todos a la vez. Los comerciantes así como los cambistas así como los ofertantes de lo que sea se pisan entre ellos con tal de conseguir tu atención. La dignidad es tratada como lo que menos valor tiene. Pero eso no es cierto de una manera igual en todas partes. Cada persona es distinta y esto sigue siendo cierto para los negros. Si no miras en la profundidad de cada mirada no te enteras y hacerlo en los ojos de la negritud no resulta fácil para un blanco menos habituado a discernir entre matizaciones de lo oscuro.
En Hombori compro al fin un turbante que ya debía haber usado desde la entrada al desierto. El polvo se me mete en la garganta. El tipo que me mete en su envoltorio típico, de cinco metros, pretende cobrar por ello. Le digo que nasti de plasti y le pida la comisión al árabe que me lo ha vendido y con quien comparte un té. Lo he comprado a precio local. 500cfa metro aunque la tela no es una preciosidad y con la afirmación del vendedor que él es un árabe y solo tiene un precio y una palabra.
Juzgamos que al no entusiasta recibo en el Hospital le correspondería un fracaso de la conferencia preparada para el día siguiente. Nos sorprendió que la persona a la que llamara para su organización fuera el comandante en jefe de la zona a la que Yossuf definió como la primera autoridad y que fuera en su cuartel el lugar de la convocatoria. Afortunadamente no fue así. El lugar fue en una de las salas de la Mairie. Vic y yo nos preparamos para no encontrar a nadie. El día anterior estuvimos comentándolo a alguna gente del auberge sintiéndonos metidos en el gesto de los pastores de las películas americanas convocando a sus feligreses para el sermón del domingo, incluyendo la de Robert Mitchum. Para nuestra sorpresa la sala de reunión se llenó. Una trentena de personas, todos hombres menos una mujer con la cara semitapada y que es una concejala local. Relacionamos un doble tema: el de un nuevo concepto de solidaridad y el de la salud comunitaria. Nos repartimos el tema Vic y yo y fuimos más o menos seguidos en nuestro francés. Algunos tomaron notas. A la hora de la discusión surgieron un par de ideas principales: la de un nuevo colonialismo solidario y la de las entregas de cosas como si África fuera la poubelle de Europa. ¡Bravo!. Yossuf que el día anterior nos pareció apático en la reunión resultó ser un hombre brillante con espíritu crítico. Venir de 6 o 7mil kilómetros de distancia para cuestionar la solidaridad internacional a gente que se enfrenta a diario con la supervivencia basada en mínimos no será comprendido por la gente de nuestra procedencia cultural. Bueno, lo superaremos. Eso no nos hará renunciar al derecho de opinión. La defensa incondicional a todo indigenismo, tan extendida en la muchachada que practica turismo político y no se atreve a objetar nada, hace un flaco favor a los necesitados. La diferencia entre necesitar ayuda coyuntural o estructuralmente y convertirse en un menesteroso crónico es absoluta. Si el extranjero no pone la mirada crítica en eso va de tonto contratado. Si por su lado la gente no asume su destino y se agarra a las palabras solicitantes de la limosna no solo cae en una rotunda crisis de dignidad, además se cierra las puertas ante un destino distinto al que le va a determinar su pobreza. En el paseo por los alrededores del hospital el único adulto que me ha dirigido la palabra ha sido una mujer para mencionar la palabra no-mágica: l’ argent. Seguimos tratando de introducir otra actitud o de ajustarnos a la del viajero visitante desmarcada de la del turista económicamente más posicionado. Para el extranjero, viajero o turista, ser abordado únicamente para comprar algo o para donarlo por no decir para ser enredado con fantásticas trolas con precios exagerados es simplemente un insulto. Si tiene interés viajar y conocer gente es para pasar a un tú a tú en conversaciones de otros asuntos más comunicativos. El comerciante con tienda en el auberge ViaVia nos dijo que venir a Gao no era seguro y que era preferible que tomáramos un guía. También quiso sentarnos en su tienda para darnos una charla sobre el pueblo dogón para luego sacarnos pasta y nos pidió unos 15mil Cfas por un collar que se vende a 1500.En fin. Nos desambarazamos de él. Aun así hicimos compras de cosas innecesarias a precios mas altos que en Europa como tres bolsos de tela de colores. Vic tenía la mayor parte de las bolsas dentro de nuestro baúl (un baúl, sí de más de un metro cúbico) de bolsas y bolsitos, cuyo inventario tuve que reconocer cuando andábamos entre cajas de cartón y embalajes. Inconscientemente deseamos empaquetar el mundo y llevárnoslo fuera del sistema solar.
Nuestra pizarra que la hemos sacado de la furgo para usarla en la confe, tras volverla a colocar en su sitio ha cambiado de slogan: Africa a les paradises, Europe, la follie de l’ argent. La verdad es que locos por la pasta los hay en todos los rincones del planeta. Es el único dios verdadero, contante y sonante. Nos gustaría creer que cientos de miles de viajeros del futuro vendrán a África no a explotarla ni a estupidizarla con más caramelos sino a gozar de sus espacios y a establecer una relación de trato limpio y entre iguales con sus habitantes, dentro de lo posible `por el controvertido significado de la igualdad.
De camino a Gao, la carretera es más solitaria si cabe, que las anteriores. Nos hemos tenido que detener porque de los dos bidones del portaequipajes, el vacío ha saltado por no tener ya el sostén de la lona absolutamente deshilachada y que un muchacho me la pidió para usarla para el techo de su casa. Luego nos hemos detenido en la cuneta para comer. Uno de los pocos coches que han pasado se ha detenido por si necesitábamos ayuda. Mientras recorremos distancias sin ver un alma humana bromeamos de lo vulnerables que somos y de lo que haríamos en el caso de ser asaltados por tuaregs o por quienes fueran. Mali nos da mucha confianza aunque cuando llega la noche siempre andamos flotando un rato para ubicarnos convenientemente. En Gao hemos llegado hasta el aeropuerto donde un avión esta custodiado por un grupo de militantes. El jefe del puesto nos dice que nos podemos quedar y además nos sugiere que nos ubiquemos junto a la pista al lado de los tres soldados armados que están ahí de tertulia toda la noche. Nos sentimos seguros aunque eso sea un contrasentido ya que si hay un lugar estratégico para hacer un ataque en toda la ciudad para que tenga resonancia mediática debe ser éste. Gao es la ciudad mítica porque es otro de los puntos en los que el desierto termina o empieza según se vaya hacia el sur o hacia el norte. Aquí por fin hemos comprado fusibles de 10A, 3 por mil CFAs, la cuarta parte del precio pedido en Mauritania. La batería auxiliar se ha quedado a cero a la esperar de recargarla de nuevo.
En Niamey deberemos repensar nuestro itinerario. La perspectiva de Chad la deberemos consultar por internet aunque lo más probable es que nos dirijamos a Burkina Faso. El material para el orfanato de Kisito que es el otro porte que traemos de la ONG puede esperar. Es el contenido de un solo bidón. Antes de cruzar el Níger nuevamente (la anterior vez fue en Bamako) hemos pagado un peaje por el uso de la carretera o del puente. El espectáculo sublime. Una puesta de sol fantástica.
¿lo esencial? Me preguntaba antes. No lo sé. No estoy seguro de llegarlo a saber. Sé que no es posible explicar lo esencial sin detenerse en el relato de lo anecdótico y no es posible alcanzar aquello si uno se pierde en los detalles de esto otro.
Cierro el ordenador con las voces de los militares a unos metros de la furgo y las respiraciones estereofónicas de Vic desde la cama. Vamos viviendo este viaje como si solo fuera posible vivirlo así. Nos hemos empezado a preguntar si en lugar de volver para enero próximo no ponemos fecha límite. La cuestión es que las distancias parecen mayores de lo que habíamos estimado al principio. No tenemos ni idea de cómo cruzar o saltar Nigeria, tampoco como iremos de nuevo a la costa Oeste antes de bajar al sur. No tener un plan exacto puede ser el mejor plan pero te deja sin respuesta ante ti mismo sobre donde estarás la semana próxima.
Experiencias con el papánoelismo
Poblado camuflado en las montañas de Hombori
Hombori 29 enero 2008
Antes de dejar Sevaré tuvimos un contratiempo con la policía. (Sería que la encontrábamos a faltar). Pasamos tres veces por delante suyo, en uno de sus puestitos de marquesina metálica con motito; andábamos buscando la oficina del BNDA para cambiar o conseguir dinero. A la tercera, sin haber cometido ninguna imprudencia nos pidió la documentación. Encontró a faltar la visa policial del papel que tanto nos costó conseguir del borracho del tampón suspendido. Empezó diciendo que eso era una grave infracción y que era culpa nuestra no llevar este segundo tampón, que debíamos pagarle 6000cfas y que etc etcétera nuestro vehiculo quedaba inmovilizado. Traté con dulzura santolorenziana, el de la parrilla, al tipo, para minimizar el impacto del desarreglo. Se fue con su motito y el papelajo hasta la comisaria y volvió al rato con el sello faltante. Mientras tanto yo no pude cambiar euros porque el cambista oficial del banco los lunes se iba al aeropuerto a hacer una gestión semejante. Sugerí pagarle de alguna manera. El policiíto aceptó un par de gafas de sol, gafas que no dudo que deben ser fatales para la vista, en lugar de pasta despues de sermonearle sobre que llevábamos material solidario y gratuito para la gente de su país. A continuación compramos 50e, en euros, de gasoil cambiados a 640 en un cambista de al lado. Reemprendimos ruta hasta Douentza donde nos detuvimos a comprar huevos y comer haciendo de televisión para el personal que se arremolinó ante nosotros. A continuación fuimos a l’ Academie (hay una quincena de ellas en todos el país dependiendo del Ministerio de Educación. (son recintos tranquilos donde se estudia primaria y secundaria) a usar internet. Los tipos con los pies descalzos y las piernas sobre las mesas o butacas formaban parte de las imágenes épicas con las que nos venimos encontrando en África. En Bamako habíamos pagado 300cfas por una hora, aquí fueron 500, en todo caso la tercera parte de lo que nos pidieron en la sede de Radio Duentza. Saludamos también a Amidou Porbo el mécanico a la entrada de la ciudad (en realidad un pueblo) y le transmitimos el encargo del saludo de Txiqui. Le pedí un destornillador estrella corto para liberar el filtro de la camisa de nylon que traía desde Dakhla. Estaba llena de polvo. Luego él se ofreció a limpiarlo con aire a presión. Lo recoloqué sin poner de nuevo la funda de nylon ya que no deja respirar bien al motor y pienso que incrementa el consumo de combustible.
Antes de que cayera la noche nos detuvimos en una aldea, Theoguel que pronuncian Chinguel, junto a las soberbias montañas de Hombori. Se nos ocurrió proponer una película en nuestra pantallita de ordenador de 14 o 15 pulgadas. Improvisamos en la mitad de la noche, en la más absoluta oscuridad (la luna llena ya nos dejó noches atrás) una sesión de cine de campaña. Desplegamos nuestros seis taburetes y colocamos los adultos en ellos ya los niños delante sentados en el suelo. Una escena enternecedora, para grabarla. Nos acordamos de Jorge Lafuente e Ignacio en sus correrías por la Castilla profunda con una maquina de proyección a cuestas y pasando películas a los lugareños faltos de consumo de imágenes. Nos enterneció el cromo aldeano. La película era en cinemascope, la pantalla demasiado oscura, la lengua en castellano y el sonido bajo, a pesar de todos estos inconvenientes todos aguantaron la situación encantados con la reunión. Cuando empezó a hacer frio dimos por terminada la sesión. Con cuatro palabras en francés quedamos para el día siguiente porque donaríamos ropa a las mujeres.
No estamos preparados para el papánoelismo ni creo que lo vayamos a estar nunca. Seguimos sin tener una estrategia funcional para los gestos concretos de solidaridad. De un lado hemos decidido que el regalo hace un flaco favor, de otro creemos que de darlo tiene que ser espontáneo y selectivo; de otra, pensamos que si damos algo a alguien y no a su vecino o su amigo estamos discriminando. Nuestro galimatías es mucho más complejo que todo eso. El caso es que a la mañana siguiente armamos un pequeño alboroto. De nuestra gran bolsa empezamos a dar ropa. Todo intento del chef local en mantener un poco de orden entre niños y adultos fue un imposible, todos se pegaron a la puerta corredera abierta de la furgo como si fuera la boca de la ballena de Jonás. Tratamos de hacer algo con un mínimo de dignidad y nos salió un engrudo. Inevitablemente hubo quien repitió en regalos y quien se quedó con nada. Vimos la clásica escena de dos mujeres tirando de la misma prenda y los niños mayores que superaban con sus manos a los más pequeños. Nos consolamos pensando que al menos de toda la ropa usada que traíamos de nuestra parte al menos nos hemos deshecho de la mitad. En las montañas de Hombori las noches son frías y sopla el viento podemos pensar que al menos la ropa servirá para algo de abrigo pero seguimos convencidos que la solución no es esta, la de papá-noeles que van de buenazos repartiendo calderillas al personal necesitado. En cierta manera tenemos ganas de deshacernos de todo lo que llevamos para no tener nada que dar: ni ropa, ni stylos, ni gomas, solo palabras y sonrisas.
En Hombori, unos 15 kms antes de llegar, vemos el nombre de Garmi con una escuela de obra cerca de la carretera. Nos detenemos y hablamos con Fanta, su directora, y un grupo de gente de alrededor. Se da la coincidencia que el hombre que hemos recogido en autostop unos 70 kms antes es su tío directo. Nos enseña las aulas, la de los más pequeños y, la de los más mayores. Todos están perfectamente instruidos, se levantan cuando entramos a saludarles y nos aplauden, además esperan a que les digamos que se sienten y vemos que se cruzan de brazos. No puedo evitar recordar en mi niñez en que también me instruían para estos gestos de sumisión. Begoña nos había dicho que desde que hay esta escuela en Garmi se había reducido a cero la mortandad infantil. La inauguración de la escuela es del verano anterior. La directora y el profesor están encantados con nuestra visita, nosotros encantados con la caligrafía correctísima en los encerados. Nunca jamás hemos escrito tan bien nosotros, ni en las pizarras ni en los cuadernos de estilo gráfico, de cuando éramos niños. Damos la docena típica de gomas de borrar y enrollamos a unos turistas de esos que van con guía, es decir turistas-turistas, que se detienen en el lugar y miran a cualquier parte menos a donde hay gente. Me dirijo a dos de ellos para comentarles el problema que nos acaban de contar del lugar de la sequedad del pozo. En todo Mali hay unos pozos que funcionan con unas bombas de palanca. Una escena graciosa es la de las niñas accionándolas que las hace saltar como si estuvieran en una palanca de dos asientos de las que estamos acostumbrados a ver en los jardines de los parques en Europa. Veo que la turista ha reunido no sé si un billete rojo de mil CFAs o alguno mas y se lo da a la directora.
Nos vamos hasta el Hospital unos quilómetros más allá. Por fin podemos deshacernos de nuestra piedra de Sísifo. Tengo que organizar la ayuda con el guardián y con otro chico y alguien más porque el hombre con bata blanca al que nos presentamos no tiene las dotes organizativas esperables.
Hemos hecho suficientemente el capullo trayendo todo esto hasta aquí. Las 10 cajas de cartón descargadas y las tres bolsas quedan en el suelo de tierra, ni siquiera en el suelo de mosaico, junto a la puerta de la casa del médico. Ninguna prisa por almacenarlas o por ver su contenido. El Hospital es sucio, hay un rincón con plásticos. El grifo en el que me lavo las manos después del trabajo de descarga está perdiendo un hilo continuo de agua, todo un contraste con la falta de ella en Thenguel o con la sequedad de la colección de pequeños árboles alrededor del recinto que la necesitan. El espacio no estaría tan mal si fuera una casona vieja utilizada por ocupas en las muchas casas abandonadas de los alrededores de Barcelona. El lugar es sublime, las montañas se miran las pequeñeces y miserias humanas desde su soberbia altivez de gigantes inmutables. Es un lugar para venir a escalar, a hacer senderismo, a perderse con las propias meditaciones. Lo de ayudar lo dejaremos para quienes necesiten conseguir sus parcelas celestiales para la eternidad. En realidad la ayuda material no es la ayuda real. Tras el descargamento hemos de hacer nuestro balance de daños, las cuerdas y la lona con anillas de aluminio que se ha soltado ha rallado parte de la carrocería. No hay viajero sin marcas, ni soldado sin heridas, ni solidario sin su recuento de sus estupideces. La culpa es toda nuestra. Establecimos un compromiso y lo cumpliremos hasta su menor detalle aunque a priori sepamos que no va a servir de nada o de muy poco. De camino a casa de Musa, un chico al que le llevamos ropa y comida, la comadrona me dice si no hay un cadeau para ella. El problema sigue siendo la idea de regalo. Martillea a todas las cabezas y nos suena como una voz cacofónica ahí donde vamos. Ni siquiera distinguen entre solidaridad y regalos. Alguien que puede permitirse venir hasta aquí a más de 6mil kilómetros de su país es que es indiscutiblemente rico. Nadie que no lo sea emplea su tiempo y su energia para venir a ver sus parajes y miserias. No objetaré nada de los turistas-turistas que solo vienen a encontrarse con el Níger y se dejan mecer por unos días y sus noches por rincones románticos. Si los nativos no saben apreciarlo no es cosa suya. El turista-turista posiblemente es el ser más aséptico que existe. Es capaz de ir a todos los lugares del mundo sin tener que cargar con las inconveniencias con las que cargan sus residentes. Los que nos llamamos viajeros no somos mejores que ellos. Podemos jugar a la comunicación humana, a pensar en la hipótesis que alguna gente será capaz de salir de sus agujeros y se esforzará por un futuro mejor sin caer en los materialismos occidentales. Raramente existe este alguien. A Vic un niño, (sorpresa), le dice que no quiere ningún regalo y que quiere conseguir las cosas por su propio esfuerzo. Tal vez está recitando la lección dada por algún viajero.
Tras la descarga en el Hospital, las cosas han quedado en el suelo, he enganchado las pinzas de un porta contacto de mechero de coche y así el convertidor a 18v para el ordenador y he estado escribiendo esto. Del personal sanitario nadie nos ha venido a ofrecer nada en especial. Nosotros hemos cumplido con nuestro rol de papánoeles y ellos con el suyo de objeto de la soliudaridad recibiendo las cajas. Punto. Podriamos quedarnos una semana aquí para ayudarles en algo. No lo haremos. No queremos quitarles el trabajo y los pretextos a otros muchos que pasarán por aquí enviados o convencidos por su sensibilidad oenegera para hacerlo. La lectura de algunos de sus comentarios antes de dejar Barcelona me hizo pensar en la autoinhibición del occidental frente al nativo de un país necesitado. Un cierto culto al indigenismo lleva al silencio acrítico de los europeos. Si en un hospital hay salas de curas sucias o el patio lleno de plásticos tirados no es un problema de la pobreza sino de la actitud. Curar por una parte y no higienizar por otra es un absoluto contrasentido. Lo sabemos por lo poco desde Nostradamus. Si los europeos lo aprendimos también les toca aprender a quienes todavía no lo han hecho. No creo que tenga el menor sentido la ayuda sin la exigencia de resultados prácticos no solo en su buen uso sino sobre todo en la incorporación de nuevas maneras de funcionar. En Hombori, en principio hablamos de hacer un censo sobre la cuestión de la salud mental, como si hacer censos fuera cosas de cuatro días. Hemos coordinado una conferencia para explicar unas cuantas cosas sobre logística sanitaria y criterios de censo. Otro asunto es que hagamos el trabajo por ellos. Nuestro trabajo es seguir nuestra ruta aunque esto suene a priorizar nuestros intereses particulares. Sí, los priorizamos. Veamos: la imagen de la ociosidad es continua en los países atravesados. Lo que menos falta es fuerza de trabajo potencial y lo que más, la voluntad subjetiva de organizarla. Si alguien quiere ayudar a África y a los países subdesarrollados en general que aprenda a contactar con las manos desnudas en lugar de venir con el saco del tipo de los regalos. No sirve de nada ese razonamiento cuando nosotros también hemos caído en la actitud dadivosa. Lo mejor que puede ofrecer un europeo a un africano es su experiencia y su desengaño de la sociedad del consumismo que lo atornilla con impuestos y en una cadena de lujos innecesarios. Lo peor que puede hacer es traer todas sus mierdas, incluidas las medicinas que en sus metrópolis no curan pero entretienen además de ropa sintética y envoltorios de plástico difíciles de reciclar. Pero este argumento se viene abajo cuando tocas docenas de manos frías de niños o que los ves tiritar ante ráfagas de viento por que andan descalzos y mal vestidos. Si nadie se ocupa de ellos se supone que el europeo sensible que tiene una coincidencia con ellos ha de salvarlos de su miseria y de su destino condenado desde que nacen.
Una de las ideas que tenía ante este viaje africano era el de hacer una observación itinerante sobre la marcha de las ONGs. Estas se han acostumbrado a ayudar aspectos puntuales en realidades deficitarias, también han hecho de observadoras críticas de cumplimientos o no de acuerdos de gobiernos, pero no sé que hayan pasado por la observación sistemática de una especie de comisión generadora de la coordinación de ellas para evaluar sus códigos deontológicos y la aplicación de sus programas concretos. Tras el palio de la pobreza se esconden distintas formas subsidiarias sin cuestionarse la verdad o falsedad alternativa de las intervenciones.
Nos ha llamado la atención que el encargado de nuestra conferencia sea el comandante del lugar como máxima autoridad patata que le ha pasado el médico en funciones, un profesional a todas luces bastante apático. Posiblemente lo esencial del discurso que podamos decir en una conferencia tenga mucho que atacar a dos cosas: a los hábitos populares que mantienen en el ostracismo a sus protagonistas y a la parálisis del poder que no lo cambia. En tercer lugar no podremos callar que la relación de ayuda sin dejar saldos en la modificación de los comportamientos es una falsa ayuda. Hasta que no nos desprendamos de la última prenda de vestir, la última goma de borrar, el último bolígrafo que escribe mal y las últimas gafas de sol que dañan los ojos no recuperaremos nuestro genuino modo de viajar. Me temo que este viaje nos va a consolidar en nuestro análisis sobre el valor de la pobreza para el primer mundo y el factor predominante de la desidia capital de la gente en vivir como parias como una de klas determinantes del atraso no diré que la priemra pero tampoco que sea la segunda. Al entregar en mano una de los envíos a casa de Musa me he sentido doblemente mal. Un hombre que espera la muerte y apenas articula palabra rodeado de una familia que no da el menor signo vital ante tu visita. Son la excusa ideal para enviarles algo desde un arco considerable de grados globo arriba, ellos se prestan al rol de necesitados y nosotros al de salvadores. He escuchado las objeciones a esa consideración. El extranjero debe ganarse la confianza antes de opinar, tiene que escuchar antes de hablar, tiene que aceptar lo que hay antes de criticar. Pues no, el visitante, extranjero o no, tiene desde el primer momento de su visita multitud de ítemes que le saltan a los ojos como chinches explicándole la verdad de los hechos. No hay más descripción que la que describe situaciones concretas. El mojigaterismo solidario que se limita a entregar el bien y a no cuestionar su uso es eso, propio de mojigatos, y perdón por los gatos. El proindigenismo es una coartada que no se sostiene. Si los europeos han aprendido cuatro cosas ha sido después de discutir y discutirnos comportamientos obsoletos. De otro modo estaríamos con las secuelas de peste de la edad media.
Nos instalamos en el bar donde se concentran turis-turistas que ya toman vuelos directos desde Marseilla a la región. Mopti. Indicador de que la zona es atractiva. Despues de comer un par de platos de arroz almidonado únicamente salvable o comestible con un bol de salsa y hablar con algunos de ellos sigo con mi ordenador sobre la mesa. Solo soy un viajero con un ordenador. Años atrás lo era con un bloc de notas. Nada ha cambiado: las observaciones se repiten y el observador también.
Un chico viene a ofrecerme una videocámara sin el alimentador. Tiene una excusa increíble por esta falta. Le digo que la falta de esa pieza suele ser porque es material robado. Se va.
Ante la incertidumbre de las eventualidades que nos esperan nos sosiega la idea de William Faulkner cuando dice que se puede confiar plenamente en las malas personas ya que se puede tener la seguridad de que no cambian jamás o en Voltaire cuando afirmó que la ignorancia es la que siempre afirma o niega rotundamente las cosas mientras que la ciencia y la sabiduría pone en duda continuamente los dogmatismos. Filosofar es el único antídoto en el que podemos confiar.
Desde que la furgo está sin el toldo y las cajas no la reconozco. Ahora en el portaequipajes se ve un cofre de plástico del que también nos desharemos más adelante, la rueda de recambio sujeta con un par de cinchas y con un candado y los dos bidones con brida que compramos en Guelguime.
Durante todo el viaje nos aborda gente preguntándonos si queremos venderla. La escasez de máquinas rodantes tanto en Mauritania como en Mali como en los países próximos es notoria. Seguramente hay gente que costea sus viajes con negocios de este tipo bajando desde Europa máquinas usadas que aquí todavía pueden servir. La imagen habitual es de la de carros superutilizados participando de un concurso de abolladuras.
Destilando Imágenes
Trabajando en una sombrita del cámping


Espectadores viendo a dos turistas comer en una sombrita del camino
Niamey en el Camping touristique Yantala 2 Febrero 2008
Un diario de bitácora es para arreglarlo al final. Releerlo, corregirlo, reducirlo en sus repeticiones y ampliarlo en sus carencias, enriquecerlo con imágenes y sonidos. En el curso del mismo viaje los contenidos vividos son demasiado intensos como para detenerse a escribirlos o tener tiempo para reflexionarlos debidamente. Somos los hombres del saco que nos vamos llenando de impresiones, de multitud de voces e imágenes. En el ordenador aumentan los megas de las carpetas que las contienen, no así en el blog. La falta de puntos cyber y la demora en subir cada imagen junto a nuestros artículos determinada por la lentitud de la conexión nos crea una contradicción que no queremos alimentar: la de dedicar más tiempo a montar el blog que a vivir el viaje en todos sus ratos.
Tras el primer mes de recorrido podemos sacar algunos datos: el promedio quilométrico diario es de acuerdo con la previsión inicial pero no el número de países. No tenemos que batir ningún record. Hay gente que te dice exactamente el número de países que ha visitado. Los tiene exactamente contados, lo mismo que su edad. Es una especie de dato curricular sobresaliente. Más quilómetros no significa necesariamente mayor conocimiento. Cuando preparábamos este recorrido por África sabíamos que algunos países no era recomendable cruzarlos por tener zonas peligrosas y de bandidaje. Deberíamos consultar informaciones de otra gente que también ha recorrido el continente por carretera para ver su itinerario seguido. Hasta ahora no hemos leído nada de nadie aunque uno de ellos Jan Bogé de Catalunya que viaja con un autocaravanning compartido con una rumana: Alexandra, salió unos meses antes que nosotros y lo ultimo que supimos de él es que andaba por Botswana, Intercambiamos un par de emails y me quedé sin respuesta cuando le pregunté por donde iba a cruzar el mar Rojo no se si para esquivar Sudán o para recorrer Asia.
Probablemente una buena parte de informaciones que nos faltan está publicada en la red. La diferencia entre tener un sentimiento de seguridad o no tenerlo con respecto a los lugares que nos espera cruzar pasa por la información sobre ellos. Las informaciones deciden la influencia definitiva pero no hay una sola información que no necesite ser confirmada y computada debidamente. No nos podemos permitir el lujo de soportar el alarmismo de nadie.
Empiezo a tener nostalgia del mar y del baño diario. El Atlántico nos espera en Ghana, Togo, Benin… Quizás desde Burkina seguiremos al sur en lugar de volver hacia el oeste. Mientras los mapas de papel se nos van cuarteando en la medida que van aumentando las veces en que lo consultamos es posible que nos venza mas la idea de instalarnos en un lugar por una temporada que estar casi cada día en la carretera.
No tener claro el itinerario futuro que nos espera carga nuestro viaje con una dosis de ansiedad. De hecho la tenemos siempre antes de entrar en un nuevo país. Una vez dentro hay mucho de atractivo y de interesante. Aun así nos han dicho que no hace mucho ha estallado una bomba de pacotilla en las afueras de Niamey. El peligro tiene algo de subjetivo y cuanto más miedo tienes más proclive estás a padecerlo.
En este viaje hago bastantes fotos mientras conduzco. A ratos Vic toma el volante y yo puedo enfocar mejor la cámara con el cristal de mi lado de ventana bajado. Ninguna temeridad, a menudo rodamos a 70kms hora en interminables rectas y sin humanos a la vista. Las que hacemos a través del parabrisas cargan con los reflejos y suciedades adheridas.
Compartimos la carretera continuamente con manadas de bueyes y vacas de cornamentas enormes, con rebaños de cabras que son los más agiles en abandonar el asfalto en cuanto nos ven ¡a correr que nos pillan!, con asnos absolutamente impertérritos. Los camellos, menos en el Sahel que en el Sahara, todavía muestran algún signo de actividad. La viñeta típica de dos tumbados que giran la cabeza compartiendo coreografía en dirección al sonido de nuestro motor demuestra un alto nivel de energia al que no están dispuestos los asnos. Estos pasan totalmente del conductor. Lo más que hemos observado es que se paran al tocar asfalto si oyen un motor pero ni siquiera miran. Están un rato de meditabundos y cuando hemos pasado luego prosiguen su camino cruzando la carretera, Todos nuestros cuidados no han impedido que nos lleváramos por delante un hermoso pájaro de pico largo. Estaba parado en la carretera cuya falta de coches no lo entrenó para el peligro. Cuando levantó el vuelo era demasiado tarde y se incrustó en nuestro morro. En la siguiente parada encontré el cadáver reventado. Lo saqué de la rejilla y lo tumbé en el suelo. Un magnífico animal. Ser responsable de su muerte me hizo recordar un cierto numero de veces que me he repetido en ese rol: una vez atropellé con mi coche a un gato que salió disparado de la cuneta metiéndose bajo las ruedas, en otra ocasión disparamos contra un hermoso papagayo en la selva amazónica que nos merendamos entre seis y nos tocó a hueso y medio a cada uno, de adolescente disparé con mi escopeta de balines a un pájaro en el patio de mi casa paterna y le acerté. No soy inocente. Si digo que me pregunto qué justificación tiene el viajero de quemar miles de litros de combustible para un viaje de larga duración que desfavorablemente en los espacios que recorre movido solo por el placer de estar ahí estaría haciendo demagogia. El viajero antepone su inquietud viajera, sus ganas de ver mundo recorriendo rutas míticas o su móvil curricular de estar por los lugares por encima de cualquier razón objetiva. Los lugares pueden prescindir seguramente de la mayoría de viajeros que van a ellos. Claro que con esta óptica ¿qué harían países turísticos como Grecia o España, este con más de 50 millones de visitantes anuales, si estos prescindieran de venir por consideraciones medioambientales? Las diferencias ideológicas y de actitud que valoramos entre turistas y viajeros no impiden reconocer que ambos comparten el común denominador de venir con divisas y de generar emisiones de CO2.
Nuestro vehículo tan codiciado por lugareños francamente está más que sucio. Sobre todo cuando el derrame del aceite del cofre ha agregado una patina extra de polvo en algunas partes de la chapa. Nos hablan de mercaderes de coches y camiones que los traen desde Europa. Nos han hablado por repetido de un alemán que ha cruzado el desierto por Argelia y ha llegado por Agadez y que ahora está en Burkina. Tan pronto decimos que nuestra furgo es nuestra maison o lit roulante dejan de darnos la lata. Ante cada nuevo visitante o persona que nos aborda siempre nos toca preguntarnos de qué registro va. Si su móvil es el de intercambiar ideas y el placer de la comunicación o si quiere
Hacemos la mayor parte de las fotos posible. Podemos acumular cientos en la memoria de la nikon y la werlisa antes de descargarlas pero, francamente, somos más de letras que de imágenes. La mayor parte son espontáneas, para algunas pedimos permiso. Siempre hay quien se molesta ser fotografiado y descubierto in fraganti en sus miserias o en lo que sea. Son la misma clase de personas que se molestan si las observas atentamente. A lo largo de distintos viajes he podido notar que hay gente que se molesta tanto por ser fotografiada como por ser mirada. He llegado a la conclusión que quien tiene algo que ocultar tiene objeciones a ser observado. La única diferencia entre la cámara de fotos y los ojos humanos es que el soporte de la memoria es de orden distinto, pero en ambos casos hay una memoria biológica o física que las conserva. La mayoría de la gente sonríe cuando advierte que les hemos fotografiado y en ocasiones se coloca en posición de foto para que salga dentro del cuadro. En los mercados donde más. No hay descripción fiel posible de ellos. Hay que meterse en uno de ellos y mezclarse con la gente para pulsar la intensidad de los colores y los olores.
Los mercados son el corazón más vital de una ciudad. Lo que te da la dimensión más exacta de la realidad de una ciudad son sus mercados. Te enteras de los precios, de las costumbres locales, de los comestibles predominantes y de cómo encajan tu presencia.
Nuestra furgo con los dos bidones azules alineados en la parte posterior, el cofre en la anterior y eventualmente las dos plaquitas solares para las que todavía hemos de encontrar una solución definitiva de quita y pon, nos precede. Uno de nuestros visitantes al camping es el de alguien con un dedo corto que dice, en un inglés fluido, conocernos de Bamako, que viaja en su coche, que ha ido a Burkina, que nos ha mostrado media docena de tarjetas de managers, que nos ha ofrecido una dirección en Ghana y que si le pagábamos el taxi ya que ha venido expresamente a saludarnos. Otro visitante es el de un comerciante que va con una tienda de camping europea, probablemente robada, que quiere vendérnosla por 50e. Le ofrecemos 5,5. Al día siguiente de conocernos insiste. Al final acepta dejar de la lata. Una buena cantidad de gente que se nos aproxima es con el interés de sacarnos o vendernos algo, aunque no deja de ser. Desafortunadamente solo son hombres. La omnipresencia masculina significa el sesgo permanente para conocer estos países.
El camping emplea a mucha gente y es una especie de centro de reuniones. Las camareras son mujeres y andan con una especie de cestitas de plástico de la compra para llevar las bebidas a las muchas mesas que están repartidas por las explanadas de arena. Nos atrevemos a comer pate con salsa Rashid. 100cfa. Es lo único que ofrecen y lo más barato también una de las cosas más insípidas que hemos comido jamás.
El mánager ha venido a preguntar por si tenemos alguna medicina para su picor cutáneo. Me enseña el torso. Le sugiero que vaya a la farmacia y pase por un médico. El hecho de ser blancos nos convierte en doctores en medicina. Durante los días anteriores nos hemos encontrado con varias personas que nos piden medicamentos. El caso es que hasta ahora las ciudades recorridas están llenas de farmacias. En Nuadibú incluso retitulamos una de sus calles como la de las Farmacias por la cantidad de ellas, prácticamente tocándose. Un hombre en Hombori en el hospital hizo que le tocara el bulto de su costado. Con toda seguridad una calcificación espontanea produciendo un enorme callo óseo tras una fractura no tratada debidamente. En la aldea de la sesión de video para niños un par de ancianos también me consultaron por sus enfermedades. Lo más que pudimos indicarles es que fueran a visitarse al hospital y lo más que podemos hacer es proponer a este que haga medicina ambulatoria recorriendo las zonas cercanas.
La gente del camping nos ha integrado a su cotidianeidad. Nos dejan con nuestros ordenadores y rarezas. Al segundo día saben que no somos turistas tópicos. Dejan que tengamos nuestra propia vida en paz y nadie nos molesta. Las camareras nos parecen algo tímidas aunque cuando les hablamos nos hablan con total cordialidad. Mientras escribimos nos chutamos con música de Eva Cassidy. Hasta ahora no hemos comprado música africana en CD. Suponemos que la podemos descargar por Emule de internet y los precios de los mismos cds aquí son mas caros que en Barcelona.
Espectadores viendo a dos turistas comer en una sombrita del camino
Niamey en el Camping touristique Yantala 2 Febrero 2008
Un diario de bitácora es para arreglarlo al final. Releerlo, corregirlo, reducirlo en sus repeticiones y ampliarlo en sus carencias, enriquecerlo con imágenes y sonidos. En el curso del mismo viaje los contenidos vividos son demasiado intensos como para detenerse a escribirlos o tener tiempo para reflexionarlos debidamente. Somos los hombres del saco que nos vamos llenando de impresiones, de multitud de voces e imágenes. En el ordenador aumentan los megas de las carpetas que las contienen, no así en el blog. La falta de puntos cyber y la demora en subir cada imagen junto a nuestros artículos determinada por la lentitud de la conexión nos crea una contradicción que no queremos alimentar: la de dedicar más tiempo a montar el blog que a vivir el viaje en todos sus ratos.
Tras el primer mes de recorrido podemos sacar algunos datos: el promedio quilométrico diario es de acuerdo con la previsión inicial pero no el número de países. No tenemos que batir ningún record. Hay gente que te dice exactamente el número de países que ha visitado. Los tiene exactamente contados, lo mismo que su edad. Es una especie de dato curricular sobresaliente. Más quilómetros no significa necesariamente mayor conocimiento. Cuando preparábamos este recorrido por África sabíamos que algunos países no era recomendable cruzarlos por tener zonas peligrosas y de bandidaje. Deberíamos consultar informaciones de otra gente que también ha recorrido el continente por carretera para ver su itinerario seguido. Hasta ahora no hemos leído nada de nadie aunque uno de ellos Jan Bogé de Catalunya que viaja con un autocaravanning compartido con una rumana: Alexandra, salió unos meses antes que nosotros y lo ultimo que supimos de él es que andaba por Botswana, Intercambiamos un par de emails y me quedé sin respuesta cuando le pregunté por donde iba a cruzar el mar Rojo no se si para esquivar Sudán o para recorrer Asia.
Probablemente una buena parte de informaciones que nos faltan está publicada en la red. La diferencia entre tener un sentimiento de seguridad o no tenerlo con respecto a los lugares que nos espera cruzar pasa por la información sobre ellos. Las informaciones deciden la influencia definitiva pero no hay una sola información que no necesite ser confirmada y computada debidamente. No nos podemos permitir el lujo de soportar el alarmismo de nadie.
Empiezo a tener nostalgia del mar y del baño diario. El Atlántico nos espera en Ghana, Togo, Benin… Quizás desde Burkina seguiremos al sur en lugar de volver hacia el oeste. Mientras los mapas de papel se nos van cuarteando en la medida que van aumentando las veces en que lo consultamos es posible que nos venza mas la idea de instalarnos en un lugar por una temporada que estar casi cada día en la carretera.
No tener claro el itinerario futuro que nos espera carga nuestro viaje con una dosis de ansiedad. De hecho la tenemos siempre antes de entrar en un nuevo país. Una vez dentro hay mucho de atractivo y de interesante. Aun así nos han dicho que no hace mucho ha estallado una bomba de pacotilla en las afueras de Niamey. El peligro tiene algo de subjetivo y cuanto más miedo tienes más proclive estás a padecerlo.
En este viaje hago bastantes fotos mientras conduzco. A ratos Vic toma el volante y yo puedo enfocar mejor la cámara con el cristal de mi lado de ventana bajado. Ninguna temeridad, a menudo rodamos a 70kms hora en interminables rectas y sin humanos a la vista. Las que hacemos a través del parabrisas cargan con los reflejos y suciedades adheridas.
Compartimos la carretera continuamente con manadas de bueyes y vacas de cornamentas enormes, con rebaños de cabras que son los más agiles en abandonar el asfalto en cuanto nos ven ¡a correr que nos pillan!, con asnos absolutamente impertérritos. Los camellos, menos en el Sahel que en el Sahara, todavía muestran algún signo de actividad. La viñeta típica de dos tumbados que giran la cabeza compartiendo coreografía en dirección al sonido de nuestro motor demuestra un alto nivel de energia al que no están dispuestos los asnos. Estos pasan totalmente del conductor. Lo más que hemos observado es que se paran al tocar asfalto si oyen un motor pero ni siquiera miran. Están un rato de meditabundos y cuando hemos pasado luego prosiguen su camino cruzando la carretera, Todos nuestros cuidados no han impedido que nos lleváramos por delante un hermoso pájaro de pico largo. Estaba parado en la carretera cuya falta de coches no lo entrenó para el peligro. Cuando levantó el vuelo era demasiado tarde y se incrustó en nuestro morro. En la siguiente parada encontré el cadáver reventado. Lo saqué de la rejilla y lo tumbé en el suelo. Un magnífico animal. Ser responsable de su muerte me hizo recordar un cierto numero de veces que me he repetido en ese rol: una vez atropellé con mi coche a un gato que salió disparado de la cuneta metiéndose bajo las ruedas, en otra ocasión disparamos contra un hermoso papagayo en la selva amazónica que nos merendamos entre seis y nos tocó a hueso y medio a cada uno, de adolescente disparé con mi escopeta de balines a un pájaro en el patio de mi casa paterna y le acerté. No soy inocente. Si digo que me pregunto qué justificación tiene el viajero de quemar miles de litros de combustible para un viaje de larga duración que desfavorablemente en los espacios que recorre movido solo por el placer de estar ahí estaría haciendo demagogia. El viajero antepone su inquietud viajera, sus ganas de ver mundo recorriendo rutas míticas o su móvil curricular de estar por los lugares por encima de cualquier razón objetiva. Los lugares pueden prescindir seguramente de la mayoría de viajeros que van a ellos. Claro que con esta óptica ¿qué harían países turísticos como Grecia o España, este con más de 50 millones de visitantes anuales, si estos prescindieran de venir por consideraciones medioambientales? Las diferencias ideológicas y de actitud que valoramos entre turistas y viajeros no impiden reconocer que ambos comparten el común denominador de venir con divisas y de generar emisiones de CO2.
Nuestro vehículo tan codiciado por lugareños francamente está más que sucio. Sobre todo cuando el derrame del aceite del cofre ha agregado una patina extra de polvo en algunas partes de la chapa. Nos hablan de mercaderes de coches y camiones que los traen desde Europa. Nos han hablado por repetido de un alemán que ha cruzado el desierto por Argelia y ha llegado por Agadez y que ahora está en Burkina. Tan pronto decimos que nuestra furgo es nuestra maison o lit roulante dejan de darnos la lata. Ante cada nuevo visitante o persona que nos aborda siempre nos toca preguntarnos de qué registro va. Si su móvil es el de intercambiar ideas y el placer de la comunicación o si quiere
Hacemos la mayor parte de las fotos posible. Podemos acumular cientos en la memoria de la nikon y la werlisa antes de descargarlas pero, francamente, somos más de letras que de imágenes. La mayor parte son espontáneas, para algunas pedimos permiso. Siempre hay quien se molesta ser fotografiado y descubierto in fraganti en sus miserias o en lo que sea. Son la misma clase de personas que se molestan si las observas atentamente. A lo largo de distintos viajes he podido notar que hay gente que se molesta tanto por ser fotografiada como por ser mirada. He llegado a la conclusión que quien tiene algo que ocultar tiene objeciones a ser observado. La única diferencia entre la cámara de fotos y los ojos humanos es que el soporte de la memoria es de orden distinto, pero en ambos casos hay una memoria biológica o física que las conserva. La mayoría de la gente sonríe cuando advierte que les hemos fotografiado y en ocasiones se coloca en posición de foto para que salga dentro del cuadro. En los mercados donde más. No hay descripción fiel posible de ellos. Hay que meterse en uno de ellos y mezclarse con la gente para pulsar la intensidad de los colores y los olores.
Los mercados son el corazón más vital de una ciudad. Lo que te da la dimensión más exacta de la realidad de una ciudad son sus mercados. Te enteras de los precios, de las costumbres locales, de los comestibles predominantes y de cómo encajan tu presencia.
Nuestra furgo con los dos bidones azules alineados en la parte posterior, el cofre en la anterior y eventualmente las dos plaquitas solares para las que todavía hemos de encontrar una solución definitiva de quita y pon, nos precede. Uno de nuestros visitantes al camping es el de alguien con un dedo corto que dice, en un inglés fluido, conocernos de Bamako, que viaja en su coche, que ha ido a Burkina, que nos ha mostrado media docena de tarjetas de managers, que nos ha ofrecido una dirección en Ghana y que si le pagábamos el taxi ya que ha venido expresamente a saludarnos. Otro visitante es el de un comerciante que va con una tienda de camping europea, probablemente robada, que quiere vendérnosla por 50e. Le ofrecemos 5,5. Al día siguiente de conocernos insiste. Al final acepta dejar de la lata. Una buena cantidad de gente que se nos aproxima es con el interés de sacarnos o vendernos algo, aunque no deja de ser. Desafortunadamente solo son hombres. La omnipresencia masculina significa el sesgo permanente para conocer estos países.
El camping emplea a mucha gente y es una especie de centro de reuniones. Las camareras son mujeres y andan con una especie de cestitas de plástico de la compra para llevar las bebidas a las muchas mesas que están repartidas por las explanadas de arena. Nos atrevemos a comer pate con salsa Rashid. 100cfa. Es lo único que ofrecen y lo más barato también una de las cosas más insípidas que hemos comido jamás.
El mánager ha venido a preguntar por si tenemos alguna medicina para su picor cutáneo. Me enseña el torso. Le sugiero que vaya a la farmacia y pase por un médico. El hecho de ser blancos nos convierte en doctores en medicina. Durante los días anteriores nos hemos encontrado con varias personas que nos piden medicamentos. El caso es que hasta ahora las ciudades recorridas están llenas de farmacias. En Nuadibú incluso retitulamos una de sus calles como la de las Farmacias por la cantidad de ellas, prácticamente tocándose. Un hombre en Hombori en el hospital hizo que le tocara el bulto de su costado. Con toda seguridad una calcificación espontanea produciendo un enorme callo óseo tras una fractura no tratada debidamente. En la aldea de la sesión de video para niños un par de ancianos también me consultaron por sus enfermedades. Lo más que pudimos indicarles es que fueran a visitarse al hospital y lo más que podemos hacer es proponer a este que haga medicina ambulatoria recorriendo las zonas cercanas.
La gente del camping nos ha integrado a su cotidianeidad. Nos dejan con nuestros ordenadores y rarezas. Al segundo día saben que no somos turistas tópicos. Dejan que tengamos nuestra propia vida en paz y nadie nos molesta. Las camareras nos parecen algo tímidas aunque cuando les hablamos nos hablan con total cordialidad. Mientras escribimos nos chutamos con música de Eva Cassidy. Hasta ahora no hemos comprado música africana en CD. Suponemos que la podemos descargar por Emule de internet y los precios de los mismos cds aquí son mas caros que en Barcelona.
Africa para masoquistas
El río Níger en Niamey


Calle de Niamey
Niamey 31 enero 2008
Por la mañana, en el aeropuerto de Gao, llega un vehículo con soldados estadounidenses: vestidos de camuflaje y armados. La maquina de matar que veo que sostiene uno de ellos deja en ridículo a los fusiles ametralladores desvencijados de los 6 soldados con los que hemos compartido vecindario nocturno, ellos tirados por el suelo, suponemos, y nosotros en la suite de la furgo. Observamos los detalles del evento. Personajes de civil, nos dicen que un embajador, suben al avión, un bimotor de hélices. Un vehículo de la policía local con la sirena puesta se apalanca a un lado, los americanos en otro extremo y los militares locales en su especie de sofá montando guardia. Y nosotros de observadores discretos como si fuera lo más natural del mundo que una furgo como la nuestra tuviera alguna razón de ser en el escenario. De haber sido saboteadores de aviones e imperialistas nos habría resultado la mar de fácil atentar contra los intereses estadounidenses. Al parecer tienen un acuerdo con Mali para explotar las bolsas de petróleo que guarda en el desierto. En su 4x4 un logo que no se diferencia en nada a los de las ONG: US Aid. Nadie cruza palabra. Mientras V se toma su hora larga diaria para ponerse los mecanos y colocarse en posición de vivir el día yo hablo con el cabo del puesto que es el que nos ofreció pernoctar a su lado para estar más seguros. Me entero que son vocacionales de las armas y que la mili en el país es de 5 años pero que él y sus soldaditos llevan muchos más con el uniforme puesto.
Damos otro paseo por Gao. Cambiamos otros 50e. Ponemos otros 15mil CFA de gasoil y tomamos la ruta para el Sur. Del país dejamos de visitar Tombuctú, Djenné y el desierto. El día nos dejará abatidos.
En Ansongo nos hemos quedado sin carretera asfaltada. Nos hemos metido por dentro de la ciudad por pista Hemos ido bajando con el rio a la derecha. Un cartel de la junta de Andalucía declara una colaboración para potabilizar las aguas con un tipo de plantas macrófagas. En la frontera de salida en Labbezanga el tipo que nos ha tamponado se ha equivocado de día y ha puesto la fecha del día anterior, con el que ha hecho el control del vehículo me he puesto a curiosear una ametralladora de trípode del año de la pera y las esposas colgando de un clavo en la pared. Despues de un rato de palabras su rostro ha expresado alguna semejanza a los humanos. Tras deshacerme del ultimo tipo que me ha entregado los pasaportes visados con fecha equivocada Kambé Mali.
Cruzar la doble frontera con 10 de los 14kms de separación entre ambas que son de pista, con todo el ajetreo de papeles, nos dejará exhaustos sobre todo a mi que cargo con las diligencias haciendo de pelota chutada de un cuartito guarro a otro y de un tipo malcarado a otro. En el control de pasaportes del lado nigeriano los vagos de la guarnición pretendían que jugara con ellos a la petanca.
No hay precio que pueda pagar mi dedicación al masoquismo. ¿Qué hace una personalidad tan anti autoritaria como la mía en una geografía tan poblada de autoritarios? El recorrido por las policíadas de una jornada exuberante como la de hoy puede constituir una docta asignatura por si mismo para estudiantes de criminología. Si la primera mafia constituida es la de un estado y esto reza con rotundidad para países europeos y con la instalación democrática más o menos supervisada, ¿qué decir de los estados que nos está tocando cruzar donde la corrupción está a la orden del día y es fácil que un tipo salte del quelque caudeau pour moi a tu dois me donner quelque chose?
Llegar a Niamey de noche desde el norte es lo menos recomendable. Viajar de noche no lo es en ningún caso cuando llegas por primera vez a un sitio. Pero las interrupciones por el camino por los controles y por las barreras de peaje de carretera nos han robado la diurnidad. Por un par de ocasiones hombres de la barrera, en realidad de los bidones (terminaré por introducir los bidones de metal abollados de los puestos de control como objeto draconiano para mis peores pesadillas) se han enfadado y me han hecho recular unos metros atrás para dignarse (cínica forma para conjugar la dignidad como verbo ahora y aquí) a revisar los papeles del coche y los pasaportes. En la duana de Níger por primera vez en todo este viaje hemos tenido una inspección más a fondo de lo que llevamos. El cajón entero de medicamentos para propio consumo, los bidones de gasoil, las piezas de recambio y hasta la silla de ruedas han sido objeto de comentario del agente de las molestias al cargo. Despues de pagar por otro Laissez Passer, pagar por una carretera como si fuera una autopista, tener que soportar a otro cretino que nos dice que África está como está por culpa de los colonialistas, y de hablarnos sobre la maravilla de los hipopótamos que no podemos perdernos y que él nos hará de guía por 15milCFA y de otras molestias parecidas hemos ido haciendo quilómetros. A la hora de comer nos hemos detenido en Namari Goungou, una localidad, en la que en seguida hemos sido rodeados por adultos y sobre todo por niños.
Hemos dado los recipientes vacios de algunas conservas que han aceptado reciclar y nos hemos hecho fotos. Un tema de interés recurrente de los hombres es sobre nuestro vehículo, cuanto cuesta y si queremos venderlo. Nosotros insistimos en la idea de que ellos son terratenientes, que tienen todo el espacio y lugares divinos. Ese discurso no les convence pero seguimos erre que erre con esta idea.
Algunas decenas de kms antes de la capital son de tierra. El último control policial en plena noche con la ayuda de su linterna y de la mía el tipo descaradamente me ha dicho que debíamos darle algo. He recogido los documentos y le he dicho: Venez a voir au vehicule notre pauverté. En el mismo momento en que subía con la intención de marchar inmediatamente, el autostopista que traíamos ha abierto la puerta de su lado justo cuando Vic lo hacia desde dentro produciéndose la misma clase de falla mecánica que ya nos ocurrió en Ceuta en el anterior viaje que hicimos, no en diciembre del 2007 sino en diciembre del 2006. En aquella ocasión pudimos arreglarlo rápidamente con un mecánico muy diligente que encontramos de un concesionario vinculado a la Fiat en Tetuán. En esta ocasión deberé arreglarlo yo y no recuerdo demasiado como hacerlo. El tercer susto técnico en tan poco tiempo. La puerta no puede ser cerrada, esto quiere decir que el cierre centralizado de todas las puertas no funciona y que nos toca dormir con ellas abierta lo cual es una falta de seguridad. La advertencia ha sido lo suficientemente fuerte como para no volver a montar a un pasajero al menos tantos quilómetros y con tantas paradas como hemos hecho con el último que en principio nos ha pedido ir a una localidad próxima a Namari pero que luego no ha encontrado y lo hemos traído hasta Niamey, Las razones para parapetarnos ante las solicitudes de ayuda más bien aumentan. Cuando vuelva a Europa tomaré como un insulto si alguien me dice de ayudar en el sentido económico o de desarrollo a África. África tiene paraísos sí, pero no los habitantes que los cuiden.
En Bamako, en el consulado de Níger, los dos visados por un mes nos costaron 40mil CFA. Al menos la falta de clientela facilitó la gestión. Mientras Vic me esperaba abajo sentada en la silla de ruedas en un lugar a la sombra yo me encargué en la oficina arriba. Como otras veces lo que cuentan son los documentos y sus pagos no contrastar si corresponden con las personas. Cualquiera que quiera cruzar el oeste de África con un pasaporte que no sea el suyo lo puede hacer sin la menor duda.
Hemos descartado ir a Chad. No tenemos noticias de la rebelión Tuareg pero preguntamos a menudo y parece que Agadez en Niger y Ndjamena en Chad son peligrosos en estos momentos. Como que necesitamos unos días de descanso tras unos días en Niamey volveremos a tomar ruta hacia el Oeste por Burkina F.
En Níger no hay embajada de Burkina. Hemos estado en el consulado francés que se ocupan de trámites burocráticos con representaciones de países francófonos de la zona. Los tramites del Visado son unos 40000CFA parece que en la frontera cuesta menos. Nos arriesgaremos a cruzarla sin llevar el visado previamente tramitado.
Despues de 1600 kms mauritanos y 2100 malineses sin poder usar duchas de agua caliente y de vuelta otra vez a las policíadas continuas tras cruzar la última frontera me pregunto si África merece nuestra dedicación de tanto tiempo. En lugar de estar contando encuentros sublimes con personas distinguidas, reuniones selectas o conversaciones interesantísimas, espectáculos culturales magníficos, todo lo que podemos referir es más de la mediocridad continua. No voy a precipitarme pero tampoco voy a traicionar a mi intuición e intuyo que en toda África hay una recurrencia de la desidia y el abuso del europeo. Dentro de las posibilidades que hemos manejado es la de quedarnos una temporada en un país que nos sintamos a gusto. La constancia quilométrica casi diaria y estar expuestos a los infortunios de las carreteras con la interminable lista de hombres de las barreras hace que veamos aumentadas las anécdotas por ese lado produciendo un inevitable sesgo de lo que es el continente del que esperamos contrapuntos a las insatisfacciones.
Desde Hombori la carretera la hemos encontrado aun más desierta si cabe. Apenas nos hemos encontrado europeos. En Gao vimos a una chica con bicicleta y casco que parecía una cooperante. Ningún viajero blanco. Tampoco en el resto del recorrido hasta Niamey. A partir de Níger definitivamente estamos más solos. Antes de la frontera hemos hecho unos 28 kms de pista en cuatro tramos y despues de ella otros tantos. El verano anterior en Georgia ya pusimos a prueba el significado de ir por pista en una llena de pedruscos salientes
, de unos 60 kms, mucho peor que las que hemos tenido hasta ahora. Las de aquí nos llenan de polvo. La furgo tiene sus muestras tanto por fuera como por dentro. El teclado y la pantalla de mi ordenador están llenos de polvo. Espero que sirva los siguientes meses para seguir aguantado este relato sin que se rompa con tanta presión metida dentro.
Hemos pasado la noche en el camping como únicos clientes del Turístico/hotel Universal con una cincha sujetando las dos puertas delanteras. No poder cerrar una significa que falla el cierre de todas las demás. Siendo la primera noche en el país tomamos las precauciones que toca tomar. A la mañana siguiente me enfrento a la maldita puerta. Desaflojo tres tornillos del apoya brazos que es indispensable sacar para acceder al mecanismo. Para los dos siguientes me falta una herramienta que no tengo. Inexplicablemente algún ángel de la guarda que debe andar ocioso me echa una mano porque el mecanismo se ha arreglado solo. Supongo que ha sido así por liberar de presión la plancha pero no puedo estar seguro. El tercer susto técnico ha sido otra falsa alarma. Suena a broma intencionada.
Niamey de día nos resulta más atractiva. La horrible imagen de llegar de noche se solventa con los primeros contactos. La gente es tranquila y menos agobiante que en Mali. Compramos algo de comida en el Petit Marché dada la escasa existencia de Restaurants. Los precios parecen mas baratos que en Mali aunque el litro de gasoil es 120cfas mas caro. Fotografiamos la salida en masa de hombres de la mezquita. Uno nos da un bufido al paso por hacerlo. Entro en la instalación de una sede del BIA donde hay un pequeño cuarto al final del pasillo del primer piso en cuya puerta pone VIP para la gente que tenemos tarjetas de crédito. Tras la puerta una sala de espera con unos cuantos blancos y su proverbial indiferencia. El hombre de la taquilla ha desaparecido. No me quedo a esperar. Un rato despues probamos en el guixet automatique del Banque Atlantique y saco 130mil CFA sin conocer la comisión que van a cobrar.
En el camping hemos dejado una ficha con nuestros datos pero no hemos pagado por anticipado. A la vuelta trabajamos con los ordenadores en una de los tejados de cabaña que hay repartidos. Somos dos pulpos en un garaje, perdón dos europeos zambullidos en la noche en un lugar con música donde las Flag grandes cuestan 600CFA, la mitad de lo que hemos llegado a pagar en el país anterior. En Niamey por primera vez en un mes unos nativos nos ofrecen algo espontáneamente: probar un vegetal harinoso que debe ser un tubérculo y que comen tras calentarlo a la brasa o hervirlo con algo picante.
Calle de Niamey
Niamey 31 enero 2008
Por la mañana, en el aeropuerto de Gao, llega un vehículo con soldados estadounidenses: vestidos de camuflaje y armados. La maquina de matar que veo que sostiene uno de ellos deja en ridículo a los fusiles ametralladores desvencijados de los 6 soldados con los que hemos compartido vecindario nocturno, ellos tirados por el suelo, suponemos, y nosotros en la suite de la furgo. Observamos los detalles del evento. Personajes de civil, nos dicen que un embajador, suben al avión, un bimotor de hélices. Un vehículo de la policía local con la sirena puesta se apalanca a un lado, los americanos en otro extremo y los militares locales en su especie de sofá montando guardia. Y nosotros de observadores discretos como si fuera lo más natural del mundo que una furgo como la nuestra tuviera alguna razón de ser en el escenario. De haber sido saboteadores de aviones e imperialistas nos habría resultado la mar de fácil atentar contra los intereses estadounidenses. Al parecer tienen un acuerdo con Mali para explotar las bolsas de petróleo que guarda en el desierto. En su 4x4 un logo que no se diferencia en nada a los de las ONG: US Aid. Nadie cruza palabra. Mientras V se toma su hora larga diaria para ponerse los mecanos y colocarse en posición de vivir el día yo hablo con el cabo del puesto que es el que nos ofreció pernoctar a su lado para estar más seguros. Me entero que son vocacionales de las armas y que la mili en el país es de 5 años pero que él y sus soldaditos llevan muchos más con el uniforme puesto.
Damos otro paseo por Gao. Cambiamos otros 50e. Ponemos otros 15mil CFA de gasoil y tomamos la ruta para el Sur. Del país dejamos de visitar Tombuctú, Djenné y el desierto. El día nos dejará abatidos.
En Ansongo nos hemos quedado sin carretera asfaltada. Nos hemos metido por dentro de la ciudad por pista Hemos ido bajando con el rio a la derecha. Un cartel de la junta de Andalucía declara una colaboración para potabilizar las aguas con un tipo de plantas macrófagas. En la frontera de salida en Labbezanga el tipo que nos ha tamponado se ha equivocado de día y ha puesto la fecha del día anterior, con el que ha hecho el control del vehículo me he puesto a curiosear una ametralladora de trípode del año de la pera y las esposas colgando de un clavo en la pared. Despues de un rato de palabras su rostro ha expresado alguna semejanza a los humanos. Tras deshacerme del ultimo tipo que me ha entregado los pasaportes visados con fecha equivocada Kambé Mali.
Cruzar la doble frontera con 10 de los 14kms de separación entre ambas que son de pista, con todo el ajetreo de papeles, nos dejará exhaustos sobre todo a mi que cargo con las diligencias haciendo de pelota chutada de un cuartito guarro a otro y de un tipo malcarado a otro. En el control de pasaportes del lado nigeriano los vagos de la guarnición pretendían que jugara con ellos a la petanca.
No hay precio que pueda pagar mi dedicación al masoquismo. ¿Qué hace una personalidad tan anti autoritaria como la mía en una geografía tan poblada de autoritarios? El recorrido por las policíadas de una jornada exuberante como la de hoy puede constituir una docta asignatura por si mismo para estudiantes de criminología. Si la primera mafia constituida es la de un estado y esto reza con rotundidad para países europeos y con la instalación democrática más o menos supervisada, ¿qué decir de los estados que nos está tocando cruzar donde la corrupción está a la orden del día y es fácil que un tipo salte del quelque caudeau pour moi a tu dois me donner quelque chose?
Llegar a Niamey de noche desde el norte es lo menos recomendable. Viajar de noche no lo es en ningún caso cuando llegas por primera vez a un sitio. Pero las interrupciones por el camino por los controles y por las barreras de peaje de carretera nos han robado la diurnidad. Por un par de ocasiones hombres de la barrera, en realidad de los bidones (terminaré por introducir los bidones de metal abollados de los puestos de control como objeto draconiano para mis peores pesadillas) se han enfadado y me han hecho recular unos metros atrás para dignarse (cínica forma para conjugar la dignidad como verbo ahora y aquí) a revisar los papeles del coche y los pasaportes. En la duana de Níger por primera vez en todo este viaje hemos tenido una inspección más a fondo de lo que llevamos. El cajón entero de medicamentos para propio consumo, los bidones de gasoil, las piezas de recambio y hasta la silla de ruedas han sido objeto de comentario del agente de las molestias al cargo. Despues de pagar por otro Laissez Passer, pagar por una carretera como si fuera una autopista, tener que soportar a otro cretino que nos dice que África está como está por culpa de los colonialistas, y de hablarnos sobre la maravilla de los hipopótamos que no podemos perdernos y que él nos hará de guía por 15milCFA y de otras molestias parecidas hemos ido haciendo quilómetros. A la hora de comer nos hemos detenido en Namari Goungou, una localidad, en la que en seguida hemos sido rodeados por adultos y sobre todo por niños.
Hemos dado los recipientes vacios de algunas conservas que han aceptado reciclar y nos hemos hecho fotos. Un tema de interés recurrente de los hombres es sobre nuestro vehículo, cuanto cuesta y si queremos venderlo. Nosotros insistimos en la idea de que ellos son terratenientes, que tienen todo el espacio y lugares divinos. Ese discurso no les convence pero seguimos erre que erre con esta idea.
Algunas decenas de kms antes de la capital son de tierra. El último control policial en plena noche con la ayuda de su linterna y de la mía el tipo descaradamente me ha dicho que debíamos darle algo. He recogido los documentos y le he dicho: Venez a voir au vehicule notre pauverté. En el mismo momento en que subía con la intención de marchar inmediatamente, el autostopista que traíamos ha abierto la puerta de su lado justo cuando Vic lo hacia desde dentro produciéndose la misma clase de falla mecánica que ya nos ocurrió en Ceuta en el anterior viaje que hicimos, no en diciembre del 2007 sino en diciembre del 2006. En aquella ocasión pudimos arreglarlo rápidamente con un mecánico muy diligente que encontramos de un concesionario vinculado a la Fiat en Tetuán. En esta ocasión deberé arreglarlo yo y no recuerdo demasiado como hacerlo. El tercer susto técnico en tan poco tiempo. La puerta no puede ser cerrada, esto quiere decir que el cierre centralizado de todas las puertas no funciona y que nos toca dormir con ellas abierta lo cual es una falta de seguridad. La advertencia ha sido lo suficientemente fuerte como para no volver a montar a un pasajero al menos tantos quilómetros y con tantas paradas como hemos hecho con el último que en principio nos ha pedido ir a una localidad próxima a Namari pero que luego no ha encontrado y lo hemos traído hasta Niamey, Las razones para parapetarnos ante las solicitudes de ayuda más bien aumentan. Cuando vuelva a Europa tomaré como un insulto si alguien me dice de ayudar en el sentido económico o de desarrollo a África. África tiene paraísos sí, pero no los habitantes que los cuiden.
En Bamako, en el consulado de Níger, los dos visados por un mes nos costaron 40mil CFA. Al menos la falta de clientela facilitó la gestión. Mientras Vic me esperaba abajo sentada en la silla de ruedas en un lugar a la sombra yo me encargué en la oficina arriba. Como otras veces lo que cuentan son los documentos y sus pagos no contrastar si corresponden con las personas. Cualquiera que quiera cruzar el oeste de África con un pasaporte que no sea el suyo lo puede hacer sin la menor duda.
Hemos descartado ir a Chad. No tenemos noticias de la rebelión Tuareg pero preguntamos a menudo y parece que Agadez en Niger y Ndjamena en Chad son peligrosos en estos momentos. Como que necesitamos unos días de descanso tras unos días en Niamey volveremos a tomar ruta hacia el Oeste por Burkina F.
En Níger no hay embajada de Burkina. Hemos estado en el consulado francés que se ocupan de trámites burocráticos con representaciones de países francófonos de la zona. Los tramites del Visado son unos 40000CFA parece que en la frontera cuesta menos. Nos arriesgaremos a cruzarla sin llevar el visado previamente tramitado.
Despues de 1600 kms mauritanos y 2100 malineses sin poder usar duchas de agua caliente y de vuelta otra vez a las policíadas continuas tras cruzar la última frontera me pregunto si África merece nuestra dedicación de tanto tiempo. En lugar de estar contando encuentros sublimes con personas distinguidas, reuniones selectas o conversaciones interesantísimas, espectáculos culturales magníficos, todo lo que podemos referir es más de la mediocridad continua. No voy a precipitarme pero tampoco voy a traicionar a mi intuición e intuyo que en toda África hay una recurrencia de la desidia y el abuso del europeo. Dentro de las posibilidades que hemos manejado es la de quedarnos una temporada en un país que nos sintamos a gusto. La constancia quilométrica casi diaria y estar expuestos a los infortunios de las carreteras con la interminable lista de hombres de las barreras hace que veamos aumentadas las anécdotas por ese lado produciendo un inevitable sesgo de lo que es el continente del que esperamos contrapuntos a las insatisfacciones.
Desde Hombori la carretera la hemos encontrado aun más desierta si cabe. Apenas nos hemos encontrado europeos. En Gao vimos a una chica con bicicleta y casco que parecía una cooperante. Ningún viajero blanco. Tampoco en el resto del recorrido hasta Niamey. A partir de Níger definitivamente estamos más solos. Antes de la frontera hemos hecho unos 28 kms de pista en cuatro tramos y despues de ella otros tantos. El verano anterior en Georgia ya pusimos a prueba el significado de ir por pista en una llena de pedruscos salientes
, de unos 60 kms, mucho peor que las que hemos tenido hasta ahora. Las de aquí nos llenan de polvo. La furgo tiene sus muestras tanto por fuera como por dentro. El teclado y la pantalla de mi ordenador están llenos de polvo. Espero que sirva los siguientes meses para seguir aguantado este relato sin que se rompa con tanta presión metida dentro.
Hemos pasado la noche en el camping como únicos clientes del Turístico/hotel Universal con una cincha sujetando las dos puertas delanteras. No poder cerrar una significa que falla el cierre de todas las demás. Siendo la primera noche en el país tomamos las precauciones que toca tomar. A la mañana siguiente me enfrento a la maldita puerta. Desaflojo tres tornillos del apoya brazos que es indispensable sacar para acceder al mecanismo. Para los dos siguientes me falta una herramienta que no tengo. Inexplicablemente algún ángel de la guarda que debe andar ocioso me echa una mano porque el mecanismo se ha arreglado solo. Supongo que ha sido así por liberar de presión la plancha pero no puedo estar seguro. El tercer susto técnico ha sido otra falsa alarma. Suena a broma intencionada.
Niamey de día nos resulta más atractiva. La horrible imagen de llegar de noche se solventa con los primeros contactos. La gente es tranquila y menos agobiante que en Mali. Compramos algo de comida en el Petit Marché dada la escasa existencia de Restaurants. Los precios parecen mas baratos que en Mali aunque el litro de gasoil es 120cfas mas caro. Fotografiamos la salida en masa de hombres de la mezquita. Uno nos da un bufido al paso por hacerlo. Entro en la instalación de una sede del BIA donde hay un pequeño cuarto al final del pasillo del primer piso en cuya puerta pone VIP para la gente que tenemos tarjetas de crédito. Tras la puerta una sala de espera con unos cuantos blancos y su proverbial indiferencia. El hombre de la taquilla ha desaparecido. No me quedo a esperar. Un rato despues probamos en el guixet automatique del Banque Atlantique y saco 130mil CFA sin conocer la comisión que van a cobrar.
En el camping hemos dejado una ficha con nuestros datos pero no hemos pagado por anticipado. A la vuelta trabajamos con los ordenadores en una de los tejados de cabaña que hay repartidos. Somos dos pulpos en un garaje, perdón dos europeos zambullidos en la noche en un lugar con música donde las Flag grandes cuestan 600CFA, la mitad de lo que hemos llegado a pagar en el país anterior. En Niamey por primera vez en un mes unos nativos nos ofrecen algo espontáneamente: probar un vegetal harinoso que debe ser un tubérculo y que comen tras calentarlo a la brasa o hervirlo con algo picante.
Los otros nómadas
Sevaré 27 enero 2008
Poéticamente podemos identificarnos con los otros nómadas, categoría a la que algunos viajeros europeos creen pertenecer desde que huyen de la ubicación fija en el circuito de propiedad-trabajo al que entrampa la sociedad del consumo. En nuestras conversaciones de pasajeros de la geografía en contacto con otros europeos o americanos, la idea de la tribu de los viajeros ha salido varias veces. Hay una gran diferencia entre ir a los lugares llevados por una agencia de viajes a ir por cuenta propia. En la primera opción la mayor parte de decisiones están tomadas por los organizadores; en la segunda, los mismos viajeros deben ir decidiendo en ruta. A esta manera de viajar va llegando no poco gente de todo el mundo rico, harta de qué le diga qué hacer o cómo viajar. Aparentemente hacerlo por cuenta propia es menos seguro que hacerlo en un viaje organizado. No necesariamente es así. El peligro es siempre relativo y constante en todas partes del mundo, tanto fuera de la propia casa como dentro de ella. Viajar te hace repasar las nociones al respecto. Cada preaviso de cuidado que alguien te dice lo tienes que pasar por la batidora, distinguirlo siempre entre si se trata de una información directa del alarmista o de su victimismo por la resonancia mediática o por los enunciados exagerados de terceros. Encontrar gente de todas partes capaz de tomar su coche o su boleto de avión y presentarse a miles de quilómetros de su casa siguiendo su deseo de conocer o volver a ver aquello que conocieron años atrás, es por si mismo un motivo de gran interés. Hay algo inexplicable en eso que escapa no solo a quien observa el fenómeno sino también al mismo viajero. Es como preguntarle a alguien que está en un 7 mil del Himalaya por qué ha subido hasta allí. Sería más estúpida la actitud del periodista que subió con su preguntita, No hay respuestas para todo ni lógica para hacer todas las preguntas. Las cosas se hacen porque solo tienes la mitad de las razones para hacerlas, si las tuvieras todas ya no las harías. El caso es que las conversaciones entre viajeros saltan de las informaciones concretas; las objetivas: peligros reales, estado concreto de las carreteras o de las pistas, recursos de alojamientos, el cambio de dinero a la moneda local,..Las subjetivas: posibilidades de tiempo o de recursos para hacer el viaje, porque tomamos distancia de nuestros espacios familiares... a las digresiones más conceptuales: el sentido del viaje en la búsqueda de la dimensión humana perdida, las Ongs y sus mercados, las logísticas de la solidaridad y la perpetuación de la miseria,…
Los tribales de la tal tribu no se meten en el agregado común nada más verse. En realidad guardan sus distancias a la europea. Cada cual en su mesa y con la mirada esquiva para no cruzarse por error con la del otro hasta que algo o alguien o el más extrovertido crea el espacio comunicativo. Es entonces cuando dentro de cada inhibido surge un gigante cargado de experiencias e ideas que escuchar. También puede suceder lo contrario que el europeo que te salta a la yugular repleto de vida y anécdotas tengo poco de interesante que ofrecer. Creo que la mayoría de europeos que no están desplazados por razones de trabajo o por voluntariados solidarios comparten el común denominador de una escapada de lo conocido, de aquellos parámetros que tanto nos cansan de la incomunicación y la intoxicación en nuestros lugares de origen. África es volver a la naturaleza no solo en el sentido físico de los paisajes más vírgenes sino en el sentido humano de la gente tal vez más autentica.
Despues de pasar dos días en Ségou retomamos la carretera. Nos detenemos en el cruce hacia Djenné uno de los lugares históricos del país. Damos una vuelta sobre el puesto aduanero y uno de los empleados nos ofrece quedarnos a pernoctar. Lo hacemos sin la menor interrupción. El lugar ha dado lugar a un poblado, no tiene ninguna luz eléctrica y aparentemente está en la desolación. No es hasta la mañana siguiente que advertimos las casas de adobe que hay. Desistimos visitar Djenné y proseguimos hasta Sevaré hasta donde llevamos a alguien para quien nos lo ha pedido el aduanero. En Sevaré utilizamos la ducha y comemos en el restaurant del auberge Vía Vía cuyo propietario es un malinois pero tiene un mánager Belga. Hablamos con él y luego desplegamos nuestros ordenadores.
7 días despues de entrar en Mali sabemos que una semana es un periodo demasiado escaso para cualquier país especialmente para estos inmensos países que nos está tocando recorrer. Cada día añadido a Mali nos hace sentir más interesados por el país, sus panoramas y sus gentes y más seguros. La gente es amable y los niños una dulzura. Nos detuvimos, después de Brá, en Kuagala? para aprovecharnos de una sombra fueron viniendo varias tandas de niños hasta que finalmente se agruparon unos treinta despues de dar un paseo con algunos de ellos e interesarme por las chozas cuadrangulares ovaladas que usan como silos de grano. Antes de irnos dimos un caramelo a cada uno de ellos convirtiendo eso en una clase práctica de higiene. Contra otras experiencias en que los niños se peleaban entre ellos por el caramelo, en este caso todos mantuvieron una actitud tranquila y luego todos tiraron el papelito de plástico en la basura que les proporcionamos.
Hemos empezado a usar los dvd que nos grabó Álvaro, uno de los hijos de Augusto-Rocío. Sobre la cama vemos la pantalla, nos parece estar como en el gallinero de cualquier cine de barrio de los de antes.
Ante las nubes de comerciantes ambulantes que nos abordan con sus cds de música o sus telas tratamos de contraponer trueques. La ropa usada, de la nuestra, que traemos es tan mala que no la aceptan para cambiar. Sentí vergüenza un día que en Tantine en una tienda de telas llevada por mujeres les llevé cuatro prendas de mujer, se las miraron y las rechazaron. Es cierto la ropa europea, o mucha, no tiene color en comparación a la africana. Sigo arrastrando la idea de que cometemos un gran error trayendo cosas que nos sobran en Europa, mucho más las que son de pésimo gusto, hechas con tejidos y diseños insanos. Una de las imágenes más deplorables que recuerdo de la inmigración magrebí que conocí en Paris fue la de los árabes vistiendo pobremente los trajes de los europeos tras renunciar a su propia cultura del tejido.
Estamos siguiendo un ritmo de viaje tranquilo aunque hasta ahora no hemos pasado más de 3 días en una misma ciudad. Rodamos sin ninguna prisa. En Segou nos encontramos con un chico, Txiqui García de Gerona, que nos abordó al reconocer el logo de la ONG de st Sadurní, en la puerta de nuestra furgo. Él trajo unos años atrás una ambulancia, con quilómetros pagados por colaboradores y amigos, para donarla y que al poco tiempo se averió, parece que por ser conducida con poca corrección. Parte de la conversación inevitablemente discurrió sobre el sentido del oenegerismo y de la ONG común en particular. En Segou a finales de enero se celebra un recital de música sobre el Níger.-unos 70mil CFA los 3 días- al que no nos quedaremos. También nos hemos perdido el concierto de Tombuctú. Conocimos a alguna gente con rastas vinculada con la organización de alguno de los conciertos pero no nos quedamos para la efemérides. En Catalunya y España tampoco nos pirramos por los conciertos. Al último que fui fue al de Dylan en Donosti y francamente me lo podía haber perdido. Un concierto de alta expectación son dos cosas: la música y la concentración, una parte de la cual a veces se pierde la calidad de aquella tal como nos sucedió a algunas docenas de miles de asistentes tumbados en la arena de St Sebastián a los menos o no-idólatras de Bob.
En el restaurant de Via Via en Sevaré una de las mesas de una parejita de blancos que ha preparado te al modo tradicional con el infiernillo de alambre en el suelo, nos trae un par de vasitos (1/3 del vaso igual que en Mauritania) supe azucarados. Por cortesía lo aceptamos pero rechazamos la siguiente ronda. El azúcar es uno de los pecados capitales de los musulmanes. Mahoma se olvidó de prohibirlo, posiblemente porque aun se conocía en su forma refinada, junto al cerdo y el alcohol. El mánager del camping es afable. Es un belga que hace el asesoramiento de cómo llevar un negocio de estas características y nos cuenta lo que suelen contar los ingenieros que van a cumplir contratos al tercer mundo, lo mucho que cuesta cambiar de hábitos al personal lugareño. En realidad todo pasa por desarrollar el concepto de trabajo y de interacción con el medio. En el fondo un africano piensa que un europeo es rico o tiene más recursos porque en cierto momento de la historia algún dios le bendijo con muchos regalos. Olvida los duros trabajos durante muchos siglos que desde Escandinavia hasta el Mediterráneo tuvieron que hacer las gentes para instalarse ante la adversidad.
Hasta San llevamos a un autoestopista que iba a su iglesia protestante a hacer canticos o lo que fuera. Nos instalamos en un restaurante popular cuyos platos de plástico y la mujer enferma que no paraba de toser sin taparse la boca además de la pésima calidad de la comida nos quitó el apetito. Dimos nuestros platos a la gente del lugar. Invitamos a dos mujeres bien vestidas que nos saludaron y que una de ellas, Maria Keta Kulibali, era quien tenia en explotación aquello. Nos habíamos instalado con nuestra mesita tras pedir el uso de una sombra. Las mujeres con sus criajos a las espaldas o colgados de sus tetas eran empleadas del establecimiento o trabajaban para esos propietarios los cuales tenían un pequeño cuarto de lavabo bajo llave para su uso exclusivo.
Cada país tiene unos cuantos detalles que sorprenden nada más entrar en ellos. En Mauritania nos preguntábamos el significado de una buena cantidad de hombres, generalmente sentados, con palitos de los que colgaban ristras de papelitos. ¡¿lotería también aquí!? Dudamos.¡ No! son las tarjetas de móviles. El móvil se ha convertido en una enseña. Quien triunfa, lo hace con un móvil en la mano y con toda la parafernalia ritualística que le acompaña. En la década de los 80 ya tuve una curiosa experiencia con eso. En un microbús en una ciudad boliviana, en un momento dado la mitad de los pasajeros estaban hablando con sus móviles, sin que entre ellos hubiera el menor contacto verbal. En Europa las escenas inherentes a la comunicación inalámbrica se repiten en un curioso hecho: lo más importante a decir parece que siempre tiene por destinatario alguien lejos del momento y lugar en el que se hace. Por su parte la tecnología de la comunicación avanza a pasos agigantados en todos sitios, el mercado potencial es creciente y las empresas que levantan las torres alimentadas con placas solares que nos hemos encontrado a lo largo de miles de quilómetros ponen notas de modernidad en sitios que aún no han salido del Medioevo. A propósito de los móviles Carmen, la colombiana que conocimos en La misión catholique de Bamako, una mujer poderosa que ha dedicado un voluntariado como enfermera, nos refirió que abogaba por no hacer descuento en las consultas de sus asistidos que acudían en móvil quejándose de no tener plata cuando podían sostener el mantenimiento de estos.
Mali es un país que nos ha ido ganando día a día. Un país para recomendar a venir a pasar una temporada y Segoú como la más linda de las ciudades que hemos conocido hasta ahora. Es un país con criterios para tener una economía autosuficiente (Le Sahel peut nourrir aux saheliennes, cita aproximada de uno de los slogans dentro del programa de la securité alimentaire). A ratos hemos encontrado más quietud o más nerviosismo pero siempre amabilidad e interés por nosotros. Tratamos de dirigirnos a las mujeres aunque nos da la sensación que hablan francés en menor cantidad que los hombres. Ellas son las verdaderas magas de la economía doméstica. Raramente se ve a una mujer ociosa y sistemáticamente se ve a hombres tumbados aunque sea sobre sus instrumentos de trabajo, como los carros, o junto a ellos, bajo las sombras de sus camiones. Seguramente se me escapa la filosofía del hombre tumbado. Cuando mencionamos que son unos ociosos se limitan a aceptar y a sonreír. Seguramente todos los vagos del mundo están hechos de la misma cuerda y justificarlos por el exceso de sol o abatimiento por el calor es una pobre teoría que es inmediatamente desmontada al extender la obs3ervacion a la condición femenina que es la que más en activo está. Por los países conocidos hasta ahora y sus imágenes de mujeres con fardos (recuerdo las marroquíes cargando enormes paquetes de leña en uno de los primeros viajes que hice a Marruecos) si hay una revolución pendiente a hacer es la femenina. Las mujeres negándose a ser parteras casi de granja y obedeciendo a sus maridos ociosos cambiarían profundamente el panorama cultural y por añadidura el económico.
En Mali hay un tipo de lagartos por todas partes que son muy activos y no molestan. Es divertido ver como se persiguen entre ellos para hacer el amor o para juguetear al te pillo-te pillo. Hay características curiosas del país como las mesitas con tejadito llenas de botellas de cristal de mezcla para las motos que hacen de constante, junto a las bombas para sacar gasoil de los bidones y junto a hornos que se alienan en la calles. En éstos meten gruesos troncos por bocas para las que se usan llantas son características que saltan continuamente a la vista. La lengua dominante es el Bambará aunque hay otras.
Poéticamente podemos identificarnos con los otros nómadas, categoría a la que algunos viajeros europeos creen pertenecer desde que huyen de la ubicación fija en el circuito de propiedad-trabajo al que entrampa la sociedad del consumo. En nuestras conversaciones de pasajeros de la geografía en contacto con otros europeos o americanos, la idea de la tribu de los viajeros ha salido varias veces. Hay una gran diferencia entre ir a los lugares llevados por una agencia de viajes a ir por cuenta propia. En la primera opción la mayor parte de decisiones están tomadas por los organizadores; en la segunda, los mismos viajeros deben ir decidiendo en ruta. A esta manera de viajar va llegando no poco gente de todo el mundo rico, harta de qué le diga qué hacer o cómo viajar. Aparentemente hacerlo por cuenta propia es menos seguro que hacerlo en un viaje organizado. No necesariamente es así. El peligro es siempre relativo y constante en todas partes del mundo, tanto fuera de la propia casa como dentro de ella. Viajar te hace repasar las nociones al respecto. Cada preaviso de cuidado que alguien te dice lo tienes que pasar por la batidora, distinguirlo siempre entre si se trata de una información directa del alarmista o de su victimismo por la resonancia mediática o por los enunciados exagerados de terceros. Encontrar gente de todas partes capaz de tomar su coche o su boleto de avión y presentarse a miles de quilómetros de su casa siguiendo su deseo de conocer o volver a ver aquello que conocieron años atrás, es por si mismo un motivo de gran interés. Hay algo inexplicable en eso que escapa no solo a quien observa el fenómeno sino también al mismo viajero. Es como preguntarle a alguien que está en un 7 mil del Himalaya por qué ha subido hasta allí. Sería más estúpida la actitud del periodista que subió con su preguntita, No hay respuestas para todo ni lógica para hacer todas las preguntas. Las cosas se hacen porque solo tienes la mitad de las razones para hacerlas, si las tuvieras todas ya no las harías. El caso es que las conversaciones entre viajeros saltan de las informaciones concretas; las objetivas: peligros reales, estado concreto de las carreteras o de las pistas, recursos de alojamientos, el cambio de dinero a la moneda local,..Las subjetivas: posibilidades de tiempo o de recursos para hacer el viaje, porque tomamos distancia de nuestros espacios familiares... a las digresiones más conceptuales: el sentido del viaje en la búsqueda de la dimensión humana perdida, las Ongs y sus mercados, las logísticas de la solidaridad y la perpetuación de la miseria,…
Los tribales de la tal tribu no se meten en el agregado común nada más verse. En realidad guardan sus distancias a la europea. Cada cual en su mesa y con la mirada esquiva para no cruzarse por error con la del otro hasta que algo o alguien o el más extrovertido crea el espacio comunicativo. Es entonces cuando dentro de cada inhibido surge un gigante cargado de experiencias e ideas que escuchar. También puede suceder lo contrario que el europeo que te salta a la yugular repleto de vida y anécdotas tengo poco de interesante que ofrecer. Creo que la mayoría de europeos que no están desplazados por razones de trabajo o por voluntariados solidarios comparten el común denominador de una escapada de lo conocido, de aquellos parámetros que tanto nos cansan de la incomunicación y la intoxicación en nuestros lugares de origen. África es volver a la naturaleza no solo en el sentido físico de los paisajes más vírgenes sino en el sentido humano de la gente tal vez más autentica.
Despues de pasar dos días en Ségou retomamos la carretera. Nos detenemos en el cruce hacia Djenné uno de los lugares históricos del país. Damos una vuelta sobre el puesto aduanero y uno de los empleados nos ofrece quedarnos a pernoctar. Lo hacemos sin la menor interrupción. El lugar ha dado lugar a un poblado, no tiene ninguna luz eléctrica y aparentemente está en la desolación. No es hasta la mañana siguiente que advertimos las casas de adobe que hay. Desistimos visitar Djenné y proseguimos hasta Sevaré hasta donde llevamos a alguien para quien nos lo ha pedido el aduanero. En Sevaré utilizamos la ducha y comemos en el restaurant del auberge Vía Vía cuyo propietario es un malinois pero tiene un mánager Belga. Hablamos con él y luego desplegamos nuestros ordenadores.
7 días despues de entrar en Mali sabemos que una semana es un periodo demasiado escaso para cualquier país especialmente para estos inmensos países que nos está tocando recorrer. Cada día añadido a Mali nos hace sentir más interesados por el país, sus panoramas y sus gentes y más seguros. La gente es amable y los niños una dulzura. Nos detuvimos, después de Brá, en Kuagala? para aprovecharnos de una sombra fueron viniendo varias tandas de niños hasta que finalmente se agruparon unos treinta despues de dar un paseo con algunos de ellos e interesarme por las chozas cuadrangulares ovaladas que usan como silos de grano. Antes de irnos dimos un caramelo a cada uno de ellos convirtiendo eso en una clase práctica de higiene. Contra otras experiencias en que los niños se peleaban entre ellos por el caramelo, en este caso todos mantuvieron una actitud tranquila y luego todos tiraron el papelito de plástico en la basura que les proporcionamos.
Hemos empezado a usar los dvd que nos grabó Álvaro, uno de los hijos de Augusto-Rocío. Sobre la cama vemos la pantalla, nos parece estar como en el gallinero de cualquier cine de barrio de los de antes.
Ante las nubes de comerciantes ambulantes que nos abordan con sus cds de música o sus telas tratamos de contraponer trueques. La ropa usada, de la nuestra, que traemos es tan mala que no la aceptan para cambiar. Sentí vergüenza un día que en Tantine en una tienda de telas llevada por mujeres les llevé cuatro prendas de mujer, se las miraron y las rechazaron. Es cierto la ropa europea, o mucha, no tiene color en comparación a la africana. Sigo arrastrando la idea de que cometemos un gran error trayendo cosas que nos sobran en Europa, mucho más las que son de pésimo gusto, hechas con tejidos y diseños insanos. Una de las imágenes más deplorables que recuerdo de la inmigración magrebí que conocí en Paris fue la de los árabes vistiendo pobremente los trajes de los europeos tras renunciar a su propia cultura del tejido.
Estamos siguiendo un ritmo de viaje tranquilo aunque hasta ahora no hemos pasado más de 3 días en una misma ciudad. Rodamos sin ninguna prisa. En Segou nos encontramos con un chico, Txiqui García de Gerona, que nos abordó al reconocer el logo de la ONG de st Sadurní, en la puerta de nuestra furgo. Él trajo unos años atrás una ambulancia, con quilómetros pagados por colaboradores y amigos, para donarla y que al poco tiempo se averió, parece que por ser conducida con poca corrección. Parte de la conversación inevitablemente discurrió sobre el sentido del oenegerismo y de la ONG común en particular. En Segou a finales de enero se celebra un recital de música sobre el Níger.-unos 70mil CFA los 3 días- al que no nos quedaremos. También nos hemos perdido el concierto de Tombuctú. Conocimos a alguna gente con rastas vinculada con la organización de alguno de los conciertos pero no nos quedamos para la efemérides. En Catalunya y España tampoco nos pirramos por los conciertos. Al último que fui fue al de Dylan en Donosti y francamente me lo podía haber perdido. Un concierto de alta expectación son dos cosas: la música y la concentración, una parte de la cual a veces se pierde la calidad de aquella tal como nos sucedió a algunas docenas de miles de asistentes tumbados en la arena de St Sebastián a los menos o no-idólatras de Bob.
En el restaurant de Via Via en Sevaré una de las mesas de una parejita de blancos que ha preparado te al modo tradicional con el infiernillo de alambre en el suelo, nos trae un par de vasitos (1/3 del vaso igual que en Mauritania) supe azucarados. Por cortesía lo aceptamos pero rechazamos la siguiente ronda. El azúcar es uno de los pecados capitales de los musulmanes. Mahoma se olvidó de prohibirlo, posiblemente porque aun se conocía en su forma refinada, junto al cerdo y el alcohol. El mánager del camping es afable. Es un belga que hace el asesoramiento de cómo llevar un negocio de estas características y nos cuenta lo que suelen contar los ingenieros que van a cumplir contratos al tercer mundo, lo mucho que cuesta cambiar de hábitos al personal lugareño. En realidad todo pasa por desarrollar el concepto de trabajo y de interacción con el medio. En el fondo un africano piensa que un europeo es rico o tiene más recursos porque en cierto momento de la historia algún dios le bendijo con muchos regalos. Olvida los duros trabajos durante muchos siglos que desde Escandinavia hasta el Mediterráneo tuvieron que hacer las gentes para instalarse ante la adversidad.
Hasta San llevamos a un autoestopista que iba a su iglesia protestante a hacer canticos o lo que fuera. Nos instalamos en un restaurante popular cuyos platos de plástico y la mujer enferma que no paraba de toser sin taparse la boca además de la pésima calidad de la comida nos quitó el apetito. Dimos nuestros platos a la gente del lugar. Invitamos a dos mujeres bien vestidas que nos saludaron y que una de ellas, Maria Keta Kulibali, era quien tenia en explotación aquello. Nos habíamos instalado con nuestra mesita tras pedir el uso de una sombra. Las mujeres con sus criajos a las espaldas o colgados de sus tetas eran empleadas del establecimiento o trabajaban para esos propietarios los cuales tenían un pequeño cuarto de lavabo bajo llave para su uso exclusivo.
Cada país tiene unos cuantos detalles que sorprenden nada más entrar en ellos. En Mauritania nos preguntábamos el significado de una buena cantidad de hombres, generalmente sentados, con palitos de los que colgaban ristras de papelitos. ¡¿lotería también aquí!? Dudamos.¡ No! son las tarjetas de móviles. El móvil se ha convertido en una enseña. Quien triunfa, lo hace con un móvil en la mano y con toda la parafernalia ritualística que le acompaña. En la década de los 80 ya tuve una curiosa experiencia con eso. En un microbús en una ciudad boliviana, en un momento dado la mitad de los pasajeros estaban hablando con sus móviles, sin que entre ellos hubiera el menor contacto verbal. En Europa las escenas inherentes a la comunicación inalámbrica se repiten en un curioso hecho: lo más importante a decir parece que siempre tiene por destinatario alguien lejos del momento y lugar en el que se hace. Por su parte la tecnología de la comunicación avanza a pasos agigantados en todos sitios, el mercado potencial es creciente y las empresas que levantan las torres alimentadas con placas solares que nos hemos encontrado a lo largo de miles de quilómetros ponen notas de modernidad en sitios que aún no han salido del Medioevo. A propósito de los móviles Carmen, la colombiana que conocimos en La misión catholique de Bamako, una mujer poderosa que ha dedicado un voluntariado como enfermera, nos refirió que abogaba por no hacer descuento en las consultas de sus asistidos que acudían en móvil quejándose de no tener plata cuando podían sostener el mantenimiento de estos.
Mali es un país que nos ha ido ganando día a día. Un país para recomendar a venir a pasar una temporada y Segoú como la más linda de las ciudades que hemos conocido hasta ahora. Es un país con criterios para tener una economía autosuficiente (Le Sahel peut nourrir aux saheliennes, cita aproximada de uno de los slogans dentro del programa de la securité alimentaire). A ratos hemos encontrado más quietud o más nerviosismo pero siempre amabilidad e interés por nosotros. Tratamos de dirigirnos a las mujeres aunque nos da la sensación que hablan francés en menor cantidad que los hombres. Ellas son las verdaderas magas de la economía doméstica. Raramente se ve a una mujer ociosa y sistemáticamente se ve a hombres tumbados aunque sea sobre sus instrumentos de trabajo, como los carros, o junto a ellos, bajo las sombras de sus camiones. Seguramente se me escapa la filosofía del hombre tumbado. Cuando mencionamos que son unos ociosos se limitan a aceptar y a sonreír. Seguramente todos los vagos del mundo están hechos de la misma cuerda y justificarlos por el exceso de sol o abatimiento por el calor es una pobre teoría que es inmediatamente desmontada al extender la obs3ervacion a la condición femenina que es la que más en activo está. Por los países conocidos hasta ahora y sus imágenes de mujeres con fardos (recuerdo las marroquíes cargando enormes paquetes de leña en uno de los primeros viajes que hice a Marruecos) si hay una revolución pendiente a hacer es la femenina. Las mujeres negándose a ser parteras casi de granja y obedeciendo a sus maridos ociosos cambiarían profundamente el panorama cultural y por añadidura el económico.
En Mali hay un tipo de lagartos por todas partes que son muy activos y no molestan. Es divertido ver como se persiguen entre ellos para hacer el amor o para juguetear al te pillo-te pillo. Hay características curiosas del país como las mesitas con tejadito llenas de botellas de cristal de mezcla para las motos que hacen de constante, junto a las bombas para sacar gasoil de los bidones y junto a hornos que se alienan en la calles. En éstos meten gruesos troncos por bocas para las que se usan llantas son características que saltan continuamente a la vista. La lengua dominante es el Bambará aunque hay otras.
La Elegancia de los Gatos
Con Xiqui, uno de los pioneros de la CC ONG a lacual llevamos material, en Segour


Bungalow del cámping de Segou
Ségou 25 enero 2008
Cualquier posición física de los africanos es elegante. Los hombres mauritanos y del desierto mean acachándose alejándose no mucho de sus coches, luego hacen el gesto de tapar la parte que mojan del suelo con la arena de al lado. Cualquier gesto es elegante incluso éste. También hemos visto como algunos se limpian con la arena como si se tratara de agua.
Nos rodean las miradas lánguidas en las que intuimos la pauta tranquila de los años pasados en los que no sucede nada ni nada se espera que suceda. Las mujeres son bellas, altas, arrogantes. Sus tocados con sus originales formas hace de una simple tela el mejor de los vestidos. Los culos femeninos africanos son enhiestos, elevados hacia un cosmos que no se va a ocupar de ellos. Tal vez guarden una conexión con sus escoliosis. Las mujeres son figuras ligadas a bebés que llevan a sus espaldas recogidos con el típico pañuelo atado a sus pechos. Además llevan a otro cogido de la mano que apenas se ha estrenado en el andar y algún tipo de cargamento sobre la cabeza. La cooperación masculina en la crianza infantil es aparentemente ausente. Las mamas de las mujeres anuncian regustos pecaminosos. El gesto de dar de mamar en cualquier espacio público es continuo. No hay ninguna inhibición en eso. Los continuos anuncios sobre el Sida nos recuerdan que en todo el continente es una de sus epidemias principales. La sensualidad es latente aunque no manifiesta. Los carteles proponen la abstinencia, la fidelidad o el preservativo. Algunas mujeres observan y sonríen, no bajan la cabeza si propongo una mirada sostenida. Pero raramente las mujeres son las que se acercan al vehículo a pedirnos u ofrecernos algo. Seguimos en una cultura esencialmente masculina donde los hombres son los que van de atrevidos. Hay una franja de edad para eso. Los jóvenes hacen lo que los niños solo que tratan de proponerte negocios o trueques o alojamientos supuestamente solidarios pero que luego quieren cobrarlos a precio más alto que los hoteles. Depende de cada zona y ciudad si somos más o menos asediados. En principio cada vez que llegamos a un sitio, a un nuevo lugar donde no hemos sido vistos al poco rato, o instantáneamente, alguien viene a ofrecerte lo que no necesitas, collares o una excursión turística. Lo mismo que en Marruecos o que en Mauritania en Mali también se repiten unos prototipos: que si el guía, que si el consejero, que si el que tiene un amigo que te puede resolver lo que necesitas, que si el que cambia dinero. Para no permitir que pierdan su precioso tiempo con nosotros aclaramos siempre que la nuestra no es la condición turística típica, que somos viajeros y que no vamos a comprar lo que ofrecen o a contratar un servicio que no nos interesa. Nos toca enfrentarnos al clásico argumento de no pretender nada pero tener el placer de mostrarnos lo que ofrecen, sea su carpeta o su artesanía. Uno de los guías nada más llegar al Auberge de Jeunesse en Bamako en seguida afirmó ser amigo de Miquel Barceló que tiene una propiedad en Mali. Es una constante en las aproximaciones que te digan que conocen a tal de tal ciudad de tu país o que te enumeren los nombres de los futbolistas más famosos. Tanto relatorio y tanta información nos abruma. En todo caso nosotros no podemos responder diciendo que tenemos muchos amigos en Mali o que conocemos a sus héroes deportivos. En el auberge no tienen demasiado que ofrecernos. Nos quedamos parte de la tarde hasta que anoche: comemos y hablamos con distintas clases de buscadores de favores o negocios. En la calle fuimos a buscar a uno de los cambistas. Hicimos un cambio más desfavorable que en las agences de change con la excusa de una comisión.
En ocasiones cuando abro la puerta de la furgo los niños agolpados se van a la carrera aunque al rato rehacen su conglomerado. Es lo más parecido al enjambre de insectos de cualquier especie. A cada nueva expectativa que generamos nos toca reubicar nuestra estrategia viajera. Es común que los chicos se abracen a los espejos retrovisores. Uno de ellos aguantado con pegamento ya se ha despegado a causa de eso. Se puede interpretar que esos abrazos no indican más que una necesidad de contacto físico y de cariño. Puesto que no pueden hacerlo directa e inmediatamente con nosotros lo hacen con nuestro vehículo. La proxemia y la distancia intercoporal es completamente distinta. Antes de que te des cuenta a través de las ventanas aun con los cristales semilevantados meten sus manos, sus brazos y sus cabezas. Junto a todo eso sus olores. En algunos momentos nos puede abrumar tanta pastosidad en otros las miradas de los niños, sobre todo de los más pequeños nos ganan inmediatamente. Siempre hay que repasar cualquier oferta o propuesta y discriminar pronto y rápido quien es quien en un planteamiento, el que sea. Nada más llegar a Segu a más de 200 kms de Bamako hacia el Este un chico nos ofreció poder usar su casa con patio por lo que le quisiéramos dar voluntariamente. Disfrazó su propuesta de gesto espontaneo. Nos llevó efectivamente a una casa particular que ni era suyo ni podía entrar nuestra furgo cargada por la puerta pero que sin embargo si tenia habitaciones libres sin absolutamente nada en ellas y que era de alguien que pedía de entrada el mismo precio que en un auberge. Me cansa entrar en la continua atención de esta clase de gente que vive del enredo permanente. Tras ubicarlos y sobre todo tras el hecho de que ellos ubiquen a ti sabiendo que no te van a timar las cosas vuelven a la distensión y a la tranquilidad. Sin embargo esa es una operación continuamente repetida ya que como viajero continuamente te estás moviendo, estas cambiando de decorados, espacios y nuevos repertorios de gente que te está esperando. El hola del recién llegado y su adiós al día siguiente o a los pocos días lo convierte en alguien permanentemente vulnerable. Otro asunto es cuando te ubicas en un mismo lugar varios días seguidos y la gente de este sitio te reconoce y sabe de lo qué vas. Es completamente distinto un viaje en movimiento continuo a una residencia de larga duración en una misma ciudad, barrio y calle. En principio el forastero blanco es más rápidamente conocido que para este los lugareños negros por razones obvias para destacarlo entre la multitud.
Vamos siguiendo la ruta hacia el Este para entrar en Níger por la ruta de Gao y desde aquí bordear el rio que da nombre al país. Gao es uno de los nombres que a mi me resonaba a mítico cuando pensé por primera vez venir a esta parte de Africa pero bajando por el desierto Argelino por la ruta de Tamangasser, Agadez y luego remontar a partir de Niamey. También recuerdo que las consideraciones eran relativas a las posibilidades de la pista no a los problemas con la violencia. Ahora Niger es un país con zonas peligrosas. Tras gestionar los visados y tenerlos enganchados en el pasaporte hemos consultado las zonas peligrosas donde no deberemos ir. La más que hipótesis del peligro es un condicionante permanente. A diferencia de las guerras de posiciones y netamente establecidas la violencia entre etnias y el levantamiento de los tuareg no crean líneas precisas entre enemigos. Nos consta que por la sola condición de ser blancos podemos pasar por enemigos para las miradas vengativas de algunos.
El adentro de este viaje recorre nuestros propios miedos. El espacio que le damos. Si no tenemos miedo puede ser que en lugar de ser valientes no seamos más que unos desconsiderados y temerarios, si le damos demasiada autoridad nos podemos quedar petrificados. Por de pronto la perspectiva de Níger-Chad la tenemos en revisión.
Al sur del Sahara, el territorio mauritano anterior al Sahel en Mali, lo llaman chark y turgé es la planta salvaje que crece espontáneamente. El cambio de paisajes y formas de viviendas y un aumento de la vegetación nos hace sentir más arropados. En Mali lo mismo que en Mauritania verné es el fueguito pequeño de carbón portátil, solo que aquí es de rejilla. Llaman mesuak al palito de dientes que usan para limpiárselos y que acaba haciendo de escobilla. Las dentaduras blancas contrastan con la negritud. A lo largo de las carreteras mauritanas se encuentran muchos animales muertos en la cuenta, algunos hinchados esperando reventar otros en los huesos y la piel completamente secos. Probablemente son víctimas nocturnas de los camiones En Mali hay mas de todo y la organización de los recursos es mas racional. Un constante tema de conversación es sobre el caos organizado de sus formas de vida versus la organización del caos que se da en nuestras ciudades.
En Mauritania recorrimos 1600kms. Empezamos a pensar que no hay ningún lugar de los que vayamos a recorrer que no esté exento de peligros aunque no haremos heroicidades poniéndonos en la boca o en la diana de ningún cañón o machete. En Nuackchott un muchacho con la pierna amputada al preguntarle me dijo que en la playa le exploto una mina un par de años antes.
Hasta ahora no hemos usado el dossier que nos facilitó la CCONG. La información la vamos renovando y ampliando con los mismos viajeros. Prácticamente no hay día sin que no tengamos contacto con viajeros blancos. En las carreteras solitarias, proporcionalmente, pasan más coches extranjeros que nativos.
En Bamako conocimos a una bonaerense, Analia Aramburu, que viajaba sola al día siguiente en nuestra misma dirección. Nos ofrecimos a llevarla. En Fana, a mitad de camino hasta Segú, coincidimos con François Ragon a quien conocimos en el auberge de Nuakchott y que estaba sentado en un restaurant limpio donde también paramos para comer. Recorrimos juntos el resto del camino, parando en un par de controles con bidones en medio de la carretera sin mayor interrupción. Tras Mauritania, de momento, Mali es una gozada por lo que hace a disminución de stop douannes. Conversaciones y filosofía de bar junto a un par de cervezas Flag. Luego fuimos a comer espaghettis a un bar popular. A la hora de dormir el se fue a la casa-alojamiento que nos habían ofrecido y nosotros tratamos de hacerlo a la cola de cuatro furgonetas de nuestro tipo en una calle principalmente. Nada mas estacionar vinieron bastantes, casi una docena de chicos del bareto de música de al lado. Inmediatamente se apoyaron en nuestra carrocería y alguno nos enseñó sus ojos vidriosos de tigre y su boca alcoholizada. Entre ellos se discutieron para dejarnos en paz. Puesto que no se iban decidimos instalarnos en el patio de un hotel donde pasamos una noche tranquila y parte del resto del día escribiendo y leyendo.
Estamos en la zona más turística del país. En Mali hay más de 11,5 millones de personas y en Segú se celebra el Festival del Níger que tiene mucha reputación.
Hasta ahora no hay problema para conseguir agua embotellada. En realidad llevamos más bidones de agua de los que estamos necesitando. También por lo que hace a los bidones de gasoil. Con un par de cada habrían sido suficientes. Nos sigue tocando vigilar con los mosquitos en la ducha. De momento voy con mangas largas y debería llevar los pies cubiertos con calcetines. El uso no permanente de las dos pequeñas placas solares hasta ahora apenas recarga la batería. Nuestros déficits técnicos por un lado los vamos supliendo con el convertidor a 12v-220v para pasarlo a la batería del ordenador y usando la red eléctrica en los establecimientos donde podemos hacerlo.
Por ahora mantengo el ritmo de seguir escribiendo prácticamente todos los días al ordenador.
Bungalow del cámping de Segou
Ségou 25 enero 2008
Cualquier posición física de los africanos es elegante. Los hombres mauritanos y del desierto mean acachándose alejándose no mucho de sus coches, luego hacen el gesto de tapar la parte que mojan del suelo con la arena de al lado. Cualquier gesto es elegante incluso éste. También hemos visto como algunos se limpian con la arena como si se tratara de agua.
Nos rodean las miradas lánguidas en las que intuimos la pauta tranquila de los años pasados en los que no sucede nada ni nada se espera que suceda. Las mujeres son bellas, altas, arrogantes. Sus tocados con sus originales formas hace de una simple tela el mejor de los vestidos. Los culos femeninos africanos son enhiestos, elevados hacia un cosmos que no se va a ocupar de ellos. Tal vez guarden una conexión con sus escoliosis. Las mujeres son figuras ligadas a bebés que llevan a sus espaldas recogidos con el típico pañuelo atado a sus pechos. Además llevan a otro cogido de la mano que apenas se ha estrenado en el andar y algún tipo de cargamento sobre la cabeza. La cooperación masculina en la crianza infantil es aparentemente ausente. Las mamas de las mujeres anuncian regustos pecaminosos. El gesto de dar de mamar en cualquier espacio público es continuo. No hay ninguna inhibición en eso. Los continuos anuncios sobre el Sida nos recuerdan que en todo el continente es una de sus epidemias principales. La sensualidad es latente aunque no manifiesta. Los carteles proponen la abstinencia, la fidelidad o el preservativo. Algunas mujeres observan y sonríen, no bajan la cabeza si propongo una mirada sostenida. Pero raramente las mujeres son las que se acercan al vehículo a pedirnos u ofrecernos algo. Seguimos en una cultura esencialmente masculina donde los hombres son los que van de atrevidos. Hay una franja de edad para eso. Los jóvenes hacen lo que los niños solo que tratan de proponerte negocios o trueques o alojamientos supuestamente solidarios pero que luego quieren cobrarlos a precio más alto que los hoteles. Depende de cada zona y ciudad si somos más o menos asediados. En principio cada vez que llegamos a un sitio, a un nuevo lugar donde no hemos sido vistos al poco rato, o instantáneamente, alguien viene a ofrecerte lo que no necesitas, collares o una excursión turística. Lo mismo que en Marruecos o que en Mauritania en Mali también se repiten unos prototipos: que si el guía, que si el consejero, que si el que tiene un amigo que te puede resolver lo que necesitas, que si el que cambia dinero. Para no permitir que pierdan su precioso tiempo con nosotros aclaramos siempre que la nuestra no es la condición turística típica, que somos viajeros y que no vamos a comprar lo que ofrecen o a contratar un servicio que no nos interesa. Nos toca enfrentarnos al clásico argumento de no pretender nada pero tener el placer de mostrarnos lo que ofrecen, sea su carpeta o su artesanía. Uno de los guías nada más llegar al Auberge de Jeunesse en Bamako en seguida afirmó ser amigo de Miquel Barceló que tiene una propiedad en Mali. Es una constante en las aproximaciones que te digan que conocen a tal de tal ciudad de tu país o que te enumeren los nombres de los futbolistas más famosos. Tanto relatorio y tanta información nos abruma. En todo caso nosotros no podemos responder diciendo que tenemos muchos amigos en Mali o que conocemos a sus héroes deportivos. En el auberge no tienen demasiado que ofrecernos. Nos quedamos parte de la tarde hasta que anoche: comemos y hablamos con distintas clases de buscadores de favores o negocios. En la calle fuimos a buscar a uno de los cambistas. Hicimos un cambio más desfavorable que en las agences de change con la excusa de una comisión.
En ocasiones cuando abro la puerta de la furgo los niños agolpados se van a la carrera aunque al rato rehacen su conglomerado. Es lo más parecido al enjambre de insectos de cualquier especie. A cada nueva expectativa que generamos nos toca reubicar nuestra estrategia viajera. Es común que los chicos se abracen a los espejos retrovisores. Uno de ellos aguantado con pegamento ya se ha despegado a causa de eso. Se puede interpretar que esos abrazos no indican más que una necesidad de contacto físico y de cariño. Puesto que no pueden hacerlo directa e inmediatamente con nosotros lo hacen con nuestro vehículo. La proxemia y la distancia intercoporal es completamente distinta. Antes de que te des cuenta a través de las ventanas aun con los cristales semilevantados meten sus manos, sus brazos y sus cabezas. Junto a todo eso sus olores. En algunos momentos nos puede abrumar tanta pastosidad en otros las miradas de los niños, sobre todo de los más pequeños nos ganan inmediatamente. Siempre hay que repasar cualquier oferta o propuesta y discriminar pronto y rápido quien es quien en un planteamiento, el que sea. Nada más llegar a Segu a más de 200 kms de Bamako hacia el Este un chico nos ofreció poder usar su casa con patio por lo que le quisiéramos dar voluntariamente. Disfrazó su propuesta de gesto espontaneo. Nos llevó efectivamente a una casa particular que ni era suyo ni podía entrar nuestra furgo cargada por la puerta pero que sin embargo si tenia habitaciones libres sin absolutamente nada en ellas y que era de alguien que pedía de entrada el mismo precio que en un auberge. Me cansa entrar en la continua atención de esta clase de gente que vive del enredo permanente. Tras ubicarlos y sobre todo tras el hecho de que ellos ubiquen a ti sabiendo que no te van a timar las cosas vuelven a la distensión y a la tranquilidad. Sin embargo esa es una operación continuamente repetida ya que como viajero continuamente te estás moviendo, estas cambiando de decorados, espacios y nuevos repertorios de gente que te está esperando. El hola del recién llegado y su adiós al día siguiente o a los pocos días lo convierte en alguien permanentemente vulnerable. Otro asunto es cuando te ubicas en un mismo lugar varios días seguidos y la gente de este sitio te reconoce y sabe de lo qué vas. Es completamente distinto un viaje en movimiento continuo a una residencia de larga duración en una misma ciudad, barrio y calle. En principio el forastero blanco es más rápidamente conocido que para este los lugareños negros por razones obvias para destacarlo entre la multitud.
Vamos siguiendo la ruta hacia el Este para entrar en Níger por la ruta de Gao y desde aquí bordear el rio que da nombre al país. Gao es uno de los nombres que a mi me resonaba a mítico cuando pensé por primera vez venir a esta parte de Africa pero bajando por el desierto Argelino por la ruta de Tamangasser, Agadez y luego remontar a partir de Niamey. También recuerdo que las consideraciones eran relativas a las posibilidades de la pista no a los problemas con la violencia. Ahora Niger es un país con zonas peligrosas. Tras gestionar los visados y tenerlos enganchados en el pasaporte hemos consultado las zonas peligrosas donde no deberemos ir. La más que hipótesis del peligro es un condicionante permanente. A diferencia de las guerras de posiciones y netamente establecidas la violencia entre etnias y el levantamiento de los tuareg no crean líneas precisas entre enemigos. Nos consta que por la sola condición de ser blancos podemos pasar por enemigos para las miradas vengativas de algunos.
El adentro de este viaje recorre nuestros propios miedos. El espacio que le damos. Si no tenemos miedo puede ser que en lugar de ser valientes no seamos más que unos desconsiderados y temerarios, si le damos demasiada autoridad nos podemos quedar petrificados. Por de pronto la perspectiva de Níger-Chad la tenemos en revisión.
Al sur del Sahara, el territorio mauritano anterior al Sahel en Mali, lo llaman chark y turgé es la planta salvaje que crece espontáneamente. El cambio de paisajes y formas de viviendas y un aumento de la vegetación nos hace sentir más arropados. En Mali lo mismo que en Mauritania verné es el fueguito pequeño de carbón portátil, solo que aquí es de rejilla. Llaman mesuak al palito de dientes que usan para limpiárselos y que acaba haciendo de escobilla. Las dentaduras blancas contrastan con la negritud. A lo largo de las carreteras mauritanas se encuentran muchos animales muertos en la cuenta, algunos hinchados esperando reventar otros en los huesos y la piel completamente secos. Probablemente son víctimas nocturnas de los camiones En Mali hay mas de todo y la organización de los recursos es mas racional. Un constante tema de conversación es sobre el caos organizado de sus formas de vida versus la organización del caos que se da en nuestras ciudades.
En Mauritania recorrimos 1600kms. Empezamos a pensar que no hay ningún lugar de los que vayamos a recorrer que no esté exento de peligros aunque no haremos heroicidades poniéndonos en la boca o en la diana de ningún cañón o machete. En Nuackchott un muchacho con la pierna amputada al preguntarle me dijo que en la playa le exploto una mina un par de años antes.
Hasta ahora no hemos usado el dossier que nos facilitó la CCONG. La información la vamos renovando y ampliando con los mismos viajeros. Prácticamente no hay día sin que no tengamos contacto con viajeros blancos. En las carreteras solitarias, proporcionalmente, pasan más coches extranjeros que nativos.
En Bamako conocimos a una bonaerense, Analia Aramburu, que viajaba sola al día siguiente en nuestra misma dirección. Nos ofrecimos a llevarla. En Fana, a mitad de camino hasta Segú, coincidimos con François Ragon a quien conocimos en el auberge de Nuakchott y que estaba sentado en un restaurant limpio donde también paramos para comer. Recorrimos juntos el resto del camino, parando en un par de controles con bidones en medio de la carretera sin mayor interrupción. Tras Mauritania, de momento, Mali es una gozada por lo que hace a disminución de stop douannes. Conversaciones y filosofía de bar junto a un par de cervezas Flag. Luego fuimos a comer espaghettis a un bar popular. A la hora de dormir el se fue a la casa-alojamiento que nos habían ofrecido y nosotros tratamos de hacerlo a la cola de cuatro furgonetas de nuestro tipo en una calle principalmente. Nada mas estacionar vinieron bastantes, casi una docena de chicos del bareto de música de al lado. Inmediatamente se apoyaron en nuestra carrocería y alguno nos enseñó sus ojos vidriosos de tigre y su boca alcoholizada. Entre ellos se discutieron para dejarnos en paz. Puesto que no se iban decidimos instalarnos en el patio de un hotel donde pasamos una noche tranquila y parte del resto del día escribiendo y leyendo.
Estamos en la zona más turística del país. En Mali hay más de 11,5 millones de personas y en Segú se celebra el Festival del Níger que tiene mucha reputación.
Hasta ahora no hay problema para conseguir agua embotellada. En realidad llevamos más bidones de agua de los que estamos necesitando. También por lo que hace a los bidones de gasoil. Con un par de cada habrían sido suficientes. Nos sigue tocando vigilar con los mosquitos en la ducha. De momento voy con mangas largas y debería llevar los pies cubiertos con calcetines. El uso no permanente de las dos pequeñas placas solares hasta ahora apenas recarga la batería. Nuestros déficits técnicos por un lado los vamos supliendo con el convertidor a 12v-220v para pasarlo a la batería del ordenador y usando la red eléctrica en los establecimientos donde podemos hacerlo.
Por ahora mantengo el ritmo de seguir escribiendo prácticamente todos los días al ordenador.
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Fragmentos y descripciones de viajes geográficos sobre una silla de ruedas movida por energias insospechadas. (Los textos pertenecen o a nuestro libro, en curso, el Viaje de la vida).
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