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domingo 21 de diciembre de 2008

Las maquinas y nosotros

Nuackchott 17 desembre 2008
Hubo un tiempo en que se desconocían las máquinas. La gente andaba o se desplazaba con asnos y caballos, el sentido del tiempo era otro. Alguien descubrió la rueda, la misma naturaleza había proporcionado su forma. Observó que una rueda está inscrita en las formas esféricas de los objetos vegetales. Todo lo que tuvo que hacer fue trasladar a un formato manipulable. La rueda dio lugar al carro y éste abrió un infinito campo de posibilidades sobre la máquina. Milenios después aparecieron locomotoras y vehículos a motor. A estos se les llamó automóviles. Automóvil es una palaba inadecuada para una máquina pero es la que ha prevalecido. Podía haberse llamado motormóvil o algo parecido. El único automóvil es aquel que se genera la fuerza de propulsión a si mismo. Un ser humano, lo mismo que un pato o un cangrejo son distintas formas auto-móviles, pero dado que la palabra inadecuada se ha internacionalizado de tal manera, cuando se menciona todo el mundo piensa en coches, Su contribución al maquinismo fue también quitándole de paso a un significante en exclusiva que tenia el ser humano. No solo se apoderó de la palabra también del rol del amo. La máquina que venía a prestar un servicio para facilitar la vida humana pasó a tomar el relevo de la voluntad humana en su programa de vida. A partir de su existencia la vida natural ya no volvería a ser tan fácil como antes. Gracias a los vehículos sus chóferes hacen transportes y ven sus trabajos enormemente facilitados, pero también toda la organización dela vida depende de ellos. He pasado muchos años de mi vida sin coche pero desde que uso vehículos reconozco que no sabría vivir sin uno. La sola idea de tomar taxis y buses o trenes ya me marea, claro que conducir por atolladeros urbanos no es que me haga muy feliz. La misma relación de dependencia tengo con otras máquinas, tales como los ordenadores. Si saco las cuentas llevo más tiempo de mi vida con manuscritos y mecanografías que no con digitografías. Accedí a ordenadores regularmente cuando ya estaba casi en los 40. Ahora antes de los 15 cumplidos los púber tienen ordenadores, los bachilleres los usan para sus trabajos y los universitarios pueden llevárselos al aula para tomar directamente allí los apuntes (supongo que lo están haciendo) y superar la antigua pose escoliólita de toma apuntes a mano. La relación hombre-máquina viene siendo reflexionada por la sociología desde hace mucho. Por muy crítica que haya sido su ensayística el proceso es irreversible. El maquinismo nos mecaniza. El salto del mortero al túrmix ya supuso un descalabro para las imágenes domésticas. Antes lo había sido el del caldero en la chimenea a la cocina de gas. Cada nuevo adelantado supuso una pérdida de antiguas formas, ni pocas de ellas muy caseras y entrañables.
Durante nuestro viaje venimos teniendo problemas con nuestras dos máquinas principales: el vehículo a motor y el ordenador. No son pocos los disgustos ocasionados por el uno y por el otro. Otras maquinas más simples, como la silla de ruedas, sin motor, ni batería ni sofisticación alguna, no nos ha creado ningún problema a pesar del terreno accidentado donde la hemos metido. Veamos que recuerde: la cocina de gas tampoco, el mobiliario de la furgo tampoco, los libros tampoco, bueno sí (alguno se ha deslomado por un encolamiento deficiente del fabricante y por el exceso de calor también). ؟Bolis, rotuladores? Perfectos, ninguna falla. ؟Papel, blocs, libretas, ropa? Bien, bien, gracias por preguntar. ؟Sandalias? Ahí he de reconocer que la falta de pegamento despegan las suelas. Me ha pasado con un par de ellas. Las que utilizo ahora (chancletas de las más baratas) van muy bien. Todo eso me lleva a una fabulosa conclusión epistémica: cuanto más complejo es un artilugio más variables concurren en su mecanismo y mayores posibilidades de errores concurren. Cuando el aparato se desactiva el chequeo de las causas se puede prolongar hasta el amanecer (de no sé que día). Para quien no tiene formación técnica o escasa entrar en ese berenjenal es lo peor que le puede pasar. Los problemas con el ordenador y sus desconfiguraciones espontáneas para las conexiones a internet los hemos ido resolviendo sobre la marcha. Los problemas con la furgo han sido completamente distintos. De un primer aviso en enero pasado de una pequeña raja en el parabrisas que, alarmados, nos llevó a llamar a la mamá RACC (ojalá nuestros problemas con el coche fueran de ese tipo) estamos sujetos al ultimo de posible suciedad dentro del depósito por el gasoil de baja calidad e incluso con la sospecha de agua mezclada en los dos bidones que cargué en la ultima gasolinera antes de salir de Gambia. Elegí lo que nunca hay que elegir en ruta: un poste de suministro al aire libre sin cubierta protegido de las lluvias. El agua se puede mezclar con el combustible por filtraciones no voluntarias por las instalaciones mal hechas. Eso también pasa en Europa. El taxista que nos devolvió a casa después de una entrevista radiofónica nos habló precisamente que le había sucedido en una estación de servicio de una red y marca importante. Otra posibilidad es que los inyectores estén sucios y haya que cambiarlos dificultando el suministro de gasoil al motor. Bosch, el establecimiento en el que hicimos el diagnóstico, en la zona donde están los concesionarios y los talleres de las grandes marcas (todos menos el de Fiat, aunque Afco tiene su representación solo tiene el nombre de su representación) tampoco nos deslumbró con un criterio de reparación: debíamos dejar la furgo 24 horas a 8000 cefas la hora y revisarlo todo. Envié varios sos a mecánicos. El del taller al que acude Mise, el del taller al que acude Almu, también a Rafa, nuestro hombre de Difisa de Sabadell. Este fue el único con varias pronto-respuestas que nos dio varias ideas de lo que podía estar pasándole al motor. Hablando con otros mecánicos: los de Top Pneu, donde por cierto trabajan dos canarios Víctor y Carlos amplifiqué mi perspectiva de la cuestión. En Top Pneu entramos para arreglar un pinchazo (otro palillo astilla calvado) y cambiar la rueda con que lo había substituido. Quedamos en pasar al dia siguiente para que un mecánico evaluara la situación y de paso pagar los 5000 cefas del pinchazo vulcanizado. No lo hicimos por temor a la nueva tanda de stops de la pasma. Le dejamos a deber esa cantidad. Habíamos ido el dia anterior en Bosch donde sacaron el neumático pinchado pero que aguantaba la presión, por otro de reserva pero con el dibujo de la goma bastante gastado. Bosh, esa importante empresa que vende coches de alta gama, no pudo resolver ese agujerito de nada por no tener el kit con la T y los cauchos de reparación. Nada más poner esta rueda la vibración del volante que nos alarmó tanto en Togo volvió a aparecer. Ahora todo cuadraba. El maestro de taller en aquel país al que le felicité (،ingenuo y precipitado de mí! sin duda por las enormes ganas que tenia de encontrar gent com cal que se dice en catalán) por la supuesta reparación que hizo de una pieza de la transmisión, la rotula, es decir, que le dio un par de martillazos tras 8 horas de trabajo, no arregló nada aunque sí ocasionó desperfectos tal como quedó documentado en su momento. Lo que recuperó la estabilidad al coche fue el cambio de neumático y solo eso. En el sufrirésmetro que estoy dispuesto a inventar habrá que recoger algún grado de sufrimiento sutil en relación a estar a merced de mecánicos. Con la información de unos y de los otros he llegado a comprender a nuestra furgo. Despues de tantas carreteras rotas, traquetreos y gasoil de pésima calidad la máquina, que tiene su sensibilidad y estoy por decir que su corasonsito se está quejado diciéndonos: no puedo más, dejadme respirar, quiero carreteras de verdad, luz, amabilidad, suelos ciertos, sopas de buen tragar. El problema no es la máquina sino el hombre, en este caso nosotros, maltratándola. Ya sabíamos que no veníamos con el mejor de los vehículos pero tampoco supusimos que fallara tan pronto. El viaje del año pasado a Georgía marchó correctamente a pesar de recorrer no pocos quilómetros por las peores carreteras del planeta. Pero tanto sobreesfuerzo por lo inadecuado pudo convertir durante este año africano a la suite-furgo de la que estábamos orgullosos en una suite sobre ruedas paradas.
En la zona de concesionarios y talleres importantes no pudimos sacar gran cosa en claro. Calculamos los riesgos con la información tenida y decidimos salir de Dakar dirección Saint Louis. Cargamos más de 70 litros de agua potable para retrasar nuestra esqueletización prevista en el desierto si nos íbamos a quedar en pana: la perspectiva de estar clavados ahí, junto a tantas reses pudriéndose en las cunetas, o dejaba de tener su encanto cinefílico. Propuse a una amiga que cuando cruzara el Sahara en el futuro, al pasar por la zona de nuestra desaparición tirara una flor por la ventanilla y recitara al viento un responso escrito expresamente.
En Dakar moverse con la furgo era arriesgado. Policía que nos veía hacia el gesto de pararnos o nos paraba. Llegué a la conclusión que lo mejor era no hacerlo. Despues de la experiencia del de Thies, todos los policías africanos sin excepción son para eludirlos. El problema es que sabiendo su actitud de darle al pito frenéticamente y parando sin causa legal para hacerlo (sin ninguna transgresión de tráfico) cualquier contacto policial solo puede ser desagradable. Mientras África tenga esas policías ningún europeo debería ayudar a ningún gobierno africano. Lo seguiré repitiendo.
En la embajada mauritana no aceptaron poner el visado en mi pasaporte con todas las páginas repletas de visas. Tuve que pedir una prolongación en la embajada española. Conchita Pardos, que en un principio expuso dudas para hacerlo, fue diligente y lo tenía listo al día siguiente. Costó 11mil cefas que valió la pena invertir. Alberto, su colega, que nos atedió amablemente en agosto a propósito de la renovación del permiso de conducir, os saludó. De él recordábamos un detalle brillante, había aprendido catalán aunque era de origen de otra región de España. En los ratos de espera con el policía de puerta nos contó que vivían en un hotel y que podían suspender su tiempo de permanencia e ese destino a voluntad propia también alió el tema de las oenegés. Incluso él opinaba que hay muchos Con esa prolongación flamante (uno definitivo no lo pueden hacer en la embajada salvo para residentes) en la otra embajada una tipa joven con música cristiana beatífica puesta en su ordenador pero bronqueando a un anciano solicitante de alguna credencial que le faltaba algún detalle, me dio los dos pasaportes tamponados librándome de 40mil cefas de nuestros fondos.
Redocumentados y con el icono-alarma del panel de la furgo a ratos apagado y a ratos encendido pudo relajarme algo despues de unas 3 noches insómnicas durmiendo muy poco. Vic consiguió del director del Sacré Coeur una reducción considerable pagando 5000 cefas por días por nuestro despacho-apartamento en lugar de los 7000 pactados y aceptando el pago en euros, de tal manera que nos librábamos de volver al centro para acudir a un cajero bancario y así reducir encontronazos con la pasma de cruces y rotondas.
Sisé, uno de los guardeses de noche, me recordaba cada vez que me veía que le comprara una botella de vino que de alguna manera acepté hacerlo pero que no me dio tiempo de comprar. A fin de cuentas era quien nos cuidaba la casita rodante.
En un restaurantito cercano, un fast food con una larga lista de bocadillos pero que solo permitir optar por 3, junto a otro igual de minúsculo de pret a porter, vimos una leyenda que decía algo así como: tú eres lo que llevas puesto. Cuando llegó la propietaria con su vehículo flamante y su vestido ídem hablamos de que eso no era cierto, que nosotros íbamos con nuestras peores prendas de vestir y yo con chancletas, y todo el mundo nos confundía con ricos. En aquellos momentos una manada de críos bien vestidos y bien nutridos nos venia a decir que no habían comido, Seguimos comiendo de lo nuestro sin compartirlo con ellos. Es posible que desde la sensiblería europea y desde la perspectiva de los gritos de socorro para ayudar a los necesitados eso no se entienda. África no pasa hambre, o al menos no la pasa en ninguno de los lugares donde hemos estado. Recientemente el dato de la hambruna en el mundo ha aumentado. Se habla de 862millones de personas, 178millones, niños. Pero ya estamos acostumbrados a la variabilidad de esa cifra y a su conveniente explotación no diré que para conciencia sino para que la gente suelte pasta. Hay dos discusiones a hacer a las cifras de este tipo: una sobre la fiabilidad de la fuente emisora estadística. No existe una oficina como observatorio internacional que lo haga, sino un centro de cálculo que suma todas las cifras aportadas no verificadas. Conociendo las formas gubernamentales de funcionamiento de los países atrasados lo menos fiable de sus informaciones son los números que aportan no ya sobre este tema sino sobre cualquier otro. Un segundo punto sobre el tema es que las posibilidades materiales para la agricultura existen (ya vimos las campañas que se hacían en el Sahel sobre ello) otro asunto es que el trabajo para explotarlas falle. A menudo al plantear estas cuestiones a los nativos dicen que para trabajar por salarios indignos es mejor no hacerlo. Existe un problema grave con las leyes y con los contratos. Hay gente que trabaja y que no recibe su sueldo y eso se puede prolongar durante meses, pero los recursos potenciales siguen estando ahí: bosques, espacios abiertos, mar, para trabajar en ellos. Hay algo del africano que nos cuadra menos que nunca: su lasitud. Los banners pidiendo ayudas con consignas como ،apadrina! son discutibles. En el contrato de la CCONG para la que hicimos (tontos de nosotros) la colaboración del transporte de cajas sanitarias, es de tal magnitud la lista de colaboración, que en lugar de ser una contribución al desarrollo tienen la potestad para ser el desarrollo mismo. Un tema a revisar a escala internacional es el parámetro de cooperación y desarrollo por su conversión en la práctica de sustitución de los trabajos locales de los lugareños.
Rafa (de Difisa), que trabaja en el almacén, nos dio valiosas ideas consultadas al mecánico del taller sobre la impotencia de nuestra furgo. Los 4 inyectores oxidados y la trampilla para acceder al depósito. Nos recomendó que no hiciéramos los 6000 kms que teníamos por delante hasta volver a estar en terreno seguro (،Oh Europa, primer mundo!). Pero ؟qué otra cosa podíamos hacer si no arriesgarnos? Por su lado Paloma Sales nos dijo que en Marruecos podíamos contar con asistencia técnica del RACE. Dakar-Agadir iban a ser, si llegaban a ser recorridos en esas condiciones, los kilómetros más inseguros de toda mi vida.
Salimos de Dakar de madrugada para evitar el tráfico de Rufiski y los controles. Despues de equivocarnos en un par de tentativas para tomar la ruta correcta desde la autopista nueva, seguimos por su proyecto en construcción aprovechándonos del poco tráfico. Stop policial a la entrada de Thies. Aquí se retorna la ruta hacia el norte, para Saint Louis, después de salir del cabo de la capital. Para estar seguros que seguíamos la ruta correcta hacia el norte el lunazo de la luna llena nos estuvo acompañando a la izquierda de nuestro sentido de marcha. Cuando amaneció por la derecha la coexistencia por una hora de luna y dia naciente fue un espectáculo del que solo tomamos dos fotos por falta de batería en la cámara digital. Durante el camino, el ay continuo de quedarnos clavados de nuevo reapareció. No fue hasta llegar a Saint Louis unos 260 kms después, y ralentizar la marcha que la potencia volvió a fallar. La primera desconexión de motor fue ante el famoso puente de hierro. Por un momento lo atribuí a mi propia exageración interpretativa confundiéndolo con dejar de apretar el acelerador pues venia haciendo con el pie desnudo. Un rato después el vehículo deja de andar. Preguntamos a un hombre con un taller que sin hacer pruebas de arrancar o acelerar dijo que era un problema de la bomba y que esto lo arreglaba en 3hymedia. Despues de discutirle el precio y aceptar que hiciera su intervención, el hombre, que tiene un almacén de suministros, sencillamente dejó pasar las horas sin ponerse manos al asunto. Tampoco estaba tan claro que fuera problema de la bomba. Un rato despues dijo que la reparación era cosa de una sola hora pero siguió sin hacernos el menor caso a pesar de insistirle varias veces. Entretanto buscamos otro mecánico al que seguimos hasta Elton, una estación de combustible, con el cartel de Bosch, donde nos volvieron a pasar el mismo diagnóstico, que ya nos pasaran en Dakar antes, de los errores para repararlos, según ellos, desde el mismo ordenador. El programa hizo un chequeo del motor y señaló la existencia de 8 errores: desde el código de la llave equivocado, (el actual filón de tragedia empezó con eso) a la falta de corriente de los 4 inyectores, a la válvula de regulación de la presión del gasoil inadecuada a problemas con el tubo de escape. El programa, desde el ordenador, puede dar la orden de eliminar los errores poniéndolos a cero, tras lo cual la lucecita del icono de aviso de los problemas queda borrada. El mecánico sin ensuciarse las manos nos dijo que estaba todo resuelto. Le dijimos que no, que el problema reaparecería al poco rato como así fue. Ese mecánico se violentó con nuestra oposición a pagar una reparación que no había sido hecha y sin revisar el circuito. Ya me cayó mal desde el momento en que se molestó al ponerme a comprobar a su lado como hacia el diagnostico desde el ordenador, con ese programa el Logicel, diciéndome el muy capullo que a los operarios no se les tenía que molestar. Volvimos al taller, donde El Hadji Majete Dioup y Amadou Ndiaye, se enfrentaban por primera vez a un motor como el de la Fiat Ducato 11 2.0 JTD, un diesel EDC 15 C7. Yo trabajé con ellos aplicando aire a presión a todas las terminales eléctricas y contactos. Se desmontó otra vez el electrovan y descartamos de desmontar la bomba, aunque sí sacamos los dos tubitos y metimos aire en el interior de la misma para intentar arreglar algún posible desperfecto de su interior. Después de todo esto, y especialmente a partir de lo último, uno de los síntomas, el de la demora de unos segundos del motor en parar después de la desconexión de la llave, desapareció. Recuperamos la potencia pero con el ay en el cuerpo más en el mío que en el de Victoria que durante el proceso pudo ir a comerse tranquilamente una pizza a un pequeño y cuco local y luego ocupar asiento de butaca en primera fila en el taller durante la revisión de componentes físicos que no la reparación. Por mi parte apenas estaba con ganas de negociar la ganga de un ordenador portátil de la fujitsu siemens que un africano vendía por unos 250e Estábamos en una tesitura compleja: de un lado tenia la seguridad de que la avería reaparecía despues de unos cuantos kms, de otro malgastar ese margen de kms dado vueltas por la zona quedándonos dentro del país significaba desaprovechar la oportunidad de llegar a Nuackchott, al fin y al cabo a distancia de otra etapa parecida a la de Dakar-Saint Louis. El primer rato que estuvimos en Elton tuvimos una fuerte discusión por querernos hacer pagar por el borrado de los defectos desde el ordenador, cosa que finalmente hicimos, otros 20mil cefas tirados, aún asegurándoles que la reparación no estaba hecha. En el segundo rato de trabajo compartido nos hicimos amigos delos dos mecánicos, en el fondo nuestros posibles salvadores. Para llegar hasta su taller,(una de esas naves junto a la estación de repostación) nuestra furgo se detuvo unas 15 veces para recorrer un trayecto de 1 km, con la consiguiente incomprensión de los otros chóferes de la via pública que creían que nos complacía bloquearles el paso sin entender que pudiéramos tener una avería no parando de claxonearnos y gritarnos (el mundo real es éste, el de la calle, no el de los noticieros, y ese mundo real de la calle es tan duro que dan ganas de llorar). Despues de esta revisión que no reparación, fuimos a buscar recursos. Entramos en el recinto católico de Notre Dame. Vic se ocupó de la gestión de pedir acogida. El abbé Jean Louis no puso ningún problema. Yo estaba psíquicamente tan extenuado que dormí dentro de la furgo hasta anochecer. Mi pesadilla era un argumento simple pero obsesivo: conducía un vehículo que no permitía ser arrancado.
En Saint Louis, con los plazos de tiempo de estancia en el país, límite del seguro, el tiempo de visa mauritana ya consumiéndose sin haber entrado en el país (por esa afición que tienen las embajadas mauritanas a poner la fecha de inicio de visa la del dia de su solicitud y no la del dia de la llegada a su país) empezamos a barajar distintas hipótesis: desde arriesgarnos en la carretera y pedir que alguien nos remolcara en la próxima parada que tuviéramos a pedir que viniera alguien de España a remolcarnos a otras opciones como regalar o tratar de vender nuestras pertenencias y volver en avión. Por si habíamos querido aventuras ahí la teníamos servida. Definición de aventura: no tener ni puñetera idea de cuales van a ser tus siguientes pasos y estar a merced de eventualidades y factores que no controlas. Conducir un vehículo que sabes que se puede quedar parado en cualquier momento produce un efecto estresante que no recuerdo haber experimentado nunca antes, ni siquiera con los coches más cascados que tuve (un GS, un Renault 8). Vic me decía que ahora era ya mayor y por eso me afectaba más. Los sacerdotes nos informaron de un establecimiento que podria arreglarnos la avería. Por el momento lo que podíamos hacer era descansar todo el domingo y esperar al lunes para una nueva consulta con mi lista de Ps (P1671m PO404, PO191,PO201, PO202, PO203,PO204, U1600, nomenclaturas de las averías. Esta lista aumentaría en el siguiente paso por el programa). El problema de la avería es que no estaba localizada. No había una pieza concreta verificada que estuviera estropeada que pedir a Europa para cambiarla. Por otra parte desmontar la bomba o el tubo de distribución del gasóleo a los cuatro inyectores requería un dominio para el que de momento no habíamos encontrado ningún mecánico que lo garantizara. Todavía, en otro estado de carreteras arriesgarnos a hacer un recorrido de una tirada es posible que el motor aguantara. En África, con los continuos stops policíacos y los baches, el problema técnico inicial se agravaba considerablemente. Estábamos jugando a la ruleta con el número equivocado. Suponíamos que todo eso podía ser motivo de relato en el futuro si salíamos bien parados del asunto. Un problema nunca es un problema tan grave si lo puedes contar algún dia y reírte del mismo. Pero mientras sucede es como salir a escena sin tener el guión aprendido y sentir que haces un ridículo espantoso. Filosóficamente, de las adversidades se hacen grandes construcciones; psicológicamente, quedas hecho polvo cuando el panorama de las incertidumbres supera la tenencia de segurizantes. Necesitábamos amigos en Saint Louis para intentar compartir con alguien el viaje al menos hasta Nuackchott con alguien para que nos remolcara en caso de problema (esa era otra hipótesis). Seguía flipando. Mientras pasábamos por lo nuestro la gente que venia a pedirnos pasta o lo que fuera goteaba a nuestro alrededor. Incluso uno de esos tipos con una de esas llaves para bloquear ruedas con cepos vino a pedirnos que pagáramos por estacionar frente al primer taller en el que su dueño dijo de arreglarnos la cosa y luego no movió un dedo. Ante detalles solidarios como esos finalmente decides claudicar no por el hecho de pagar sino por creer en la gente. En el Elton, la segunda rueda de recambio, la de cubierta gastada, aquella que venia con un quinto tornillo mal puesto desde que habíamos comprado el vehículo y que tantos problemas nos creó para sacarlo del agujero roscado, al pedir ser equilibrada Dioup dijo que era imposible. Aún así la conservamos sobre el techo por lo que pudiera pasar. Mas vale conducir con una rueda desequilibrada hasta la posibilidad de su substitución que no poder conducir por no tenerla. Ese no era el principal de nuestros problemas. Ojalá los problemas de la locomoción fueran mecánicos, incluso como los de la transmisión a las ruedas y los soufflés con la grasa agujereados. Algo reparable frente a los misterios del circuito eléctrico.
Seguía asistiendo a esas clases puntuales de mi curso de mecánica del automóvil para las que no tenía la menor gana. Una máquina, un coche, lo mismo que un organismo vivo, tiene sus circuitos, sus partes, sus piezas, su ensamblaje, sus sinergias. Basta que falle una cosa para que se vaya complicando todo lo demás. Quizás con los primeros avisos del panel de iconos en Tambacounda debíamos haber tomado la decisión de volver para Cádiz en lugar de seguir para el sur hasta Gabú. Decirlo unos cuantos meses después cuando ya tal vez era tarde no tenia el menor sentido, salvo el testimonio de una decisión no tomada. Si todo esto nos estuviera pasando a bordo de un vehículo viejo y empleado para el viaje con la intención de abandonarlo o venderlo cuando fallara y volver en avión el impasse no hubiera generado ninguna ausencia de perspectiva inmediata y ninguna ansiedad. En la furgo teníamos mucho equipaje (encima la Corá, un voluminoso y delicado objeto). De todos modos renunciar a la furgo había que pensar en que estábamos obligados a su devolución a España para no perder la caución bancaria de unos 5000 euros que subscribimos con RACE para el carnet de passage. La lectura de todos los elementos de la cuestión en una lista era extenuante. Hablar con uso y con otros sobre toda la trama me hacía ponerme en el lugar de la furgo y sus complicaciones para andar como le toca a andar a una máquina. Amadou descartó totalmente que el problema fuera de los inyectores ya que en ese caso el motor marcharía a trompicones. No sabíamos el final de esta historia pero sí su desenlace y las causas colaterales a todas estas dificultades por llevar un vehículo con déficits, que desconocíamos, por topografías duras.
Todo se resumía a cuestiones de dineros y pagos. Otra visita a un cajero de CBAO para sacar otros 50mil cefas y enfrentar el pago de una reparación que no era tal. Al cajero accedí despues de que los dos guardeses uniformados se quedaran extrañados que preguntara directamente por su ubicación sin saludarles ("d’ abord, bon jour"). Mi mente estaba en otra parte como para estos detalles aunque siempre saludo con la cantinela en cuestión. Tras sacar el dinero de los dos guardeses el que no dijo nada y estaba sentado como los hacían los pugilistas en su rincón del cuadrilátero de cuerdas puso unos ojos como platos al oírme per no contesto a mi pregunta de si había cajero, el otro que sí me indicó donde fue el autor de la frase anterior entre paréntesis. Vivir para aprender.
Vic conseguía dormir, yo escribía sobre esos problemas para crear la ficción de sentirme por encima de ellos. Luego también me desconecté por la via de la cama intentando dormir la mayor cantidad de horas posible. La mente descansada sería la mejor aliado para enfrentarlo todo ؟todo?, bueno casi todo. No podía sucumbir al desasosiego. Vic enfrentaba la situación leyendo una novela histórica, jugando al solitario o haciendo un autodefinido. Si hay una persona tranquila, ésta es ella.
África no dejaba de sorprendernos. El periplo de la factura en Bosh de Dakar no tuvo desperdicio. Debí ir como cliente al almacén a comprar un filtro de gasoil de recambio. Esto generó una factura distinta a la del diagnóstico por ordenador. Con ambas fui acompañado hasta el establecimiento de al lado, el de la Citroën para pagarlas. Las facturas eran casi dossiers con arias hojas que se iban quedando en los distintos sitios incluyendo un volante en la puerta de entrada de la nave-taller. Antes, para acceder hasta aquí había que responder a un montón de preguntas del guardés vigilante que rellenaba un cuestionario y otras tantas a la salida con el de otro guardés. Ahí donde hay más modernidad africana, también hay más complicación y ralentí. Siguen copiando la forma externa pero no la función.
Acompañados por Etienne, fuimos hasta un representante de la Peugeot (nuestro motor es Peugeot aunque la casa del coche es Fiat) que dijo tener ordenes de no poder tocar otras marcas (algo aparecido ya nos había pasado en Lomé). Nos reenvió hasta otro lugar con un flamante cartel (comandancia de marina) para encontrarme el mismo mecánico que nos condujo hasta Elton y al que le dimos en mano 30500cefas dos días atrás. En principio se negó a echarle una mirada al vehículo porque no entraba en su recinto (una explanada cualquiera junto a un edificio en ruinas y con un tallercito de 4 metros de fondo u dos de ancho con montones de chatarra. Decidimos sacar la bomba de inyección y el filtro (sumergidos en el depósito). En el filtro aparecieron un par de gotas de agua y un poco de suciedad, tampoco tanta como para explicar el problema. Esta bomba funcionaba perfectamente bien. Tras reinstalarla cambiamos el filtro de gasoil. Todo eso con un mínimo de herramientas, hasta el puto que para desenroscar este filtro tuvimos que utilizar un cordón duro nuestro a modo de abrazadera. Supervisé todas las operaciones: cada tornillo, cada movimiento de brazos, cada detalle, cada guiño de ojo, cada observación. Por supuesto tampoco tenían llave inglesa y usamos la de nuestra pequeña y paupérrima cajita de herramientas. Recordé al francés que conocimos a la entrada del desierto en Marruecos y nos regaló una cincha que transportaba un carromato taller detrás de su autocaravanning. El hombre-tipo ideal para venir a África.
Yo ya tenía la decisión tomada que a un mecánico no se le puede sacar el ojo de encima. En el mejor de los casos que arreglara una cosa estropeaba otra como también sucedió en esta ocasión dejando de funcionar el indicador de carga. El mismo dia por la tarde, de uno de los muchos cazadores de blancos dejé que viniera Ibrahim a recogerme con su moto, una mobylette (en realidad la marca era piaggio) para llevarme hasta un supuesto albergue que era suyo, pero que luego no lo era, donde había varias auto caravanas de extranjeros estacionadas. Me pareció raro por esa referencia a la pluralidad pero acepté acompañarlo. Antes fuimos a ver otros dos mecánicos: Mustafá que volvió a la hipótesis de la bomba de alimentación estropeada pero que para intervenir antes había que aplicar un tensiómetro (un manómetro) para medir su presión. Me envió a Omair que supuestamente lo tenía. Una vez localizado este no tenia el tensiómetro pero sí el ordenador dentro de su oficina-taller caótico con otro programa de diagnóstico (el Autodat) en el que -para agregar un poco más de sal a la salsa de toda esa historia- no venía nuestra marca o no la supo localizar. Tanto el uno como el otro me inspiraron confianza pero este ofreció hacer el diagnostico por ordenador (para nosotros sería la tercera vez), asegurándole que esos programas no lo detectan todo y que todo nuestro circuito había sido revisado a excepción de la bomba de alimentación. Despues de ese par de visitas, a bordo de la mobylette, en realidad una piaggio, de Ibrahim con medio culo mío fuera de asiento y abrazándolo por la cintura fuimos hasta el auberge Ocean junto al hotel Dior, lejísimos, en la isla de los pescadores, donde supuestamente habría los caravanieri. Por el camino cambiamos de piaggio por otra peor y en la carretera hasta el albergue se paró en seco. ؟por qué no se me ocurriría tomar un taxi? En el albergue ni rastro de autocaravannings pero sí hubo uno que se había ido este medio dia. A quien sí conocí fue a una pareja Elena y Nacho de Asturias, que habían cruzado por la frontera de Rosso, viajaban con una cama-car y querían pasar unos meses en África (venían sin el carnet de passage y para cruzar esa frontera les quisieron sacar 150e que al final quedaron en 50). Siempre comentando la misma historia: cambian los escenarios y los personajes pero el esquema situacional es el mismo siendo los negros los cazadores y los blancos los cazados. Por la mañana durante la reparación habíamos conocido a Miriam y José que habían venido en avión con una remesa turística. Estos, a diferencia de la otra pareja un tanto amantes de la ayuda solidaria. Por todo el recorrido con Ibrahim en las condiciones que lo hicimos (،nunca más, lo juro!) le di regalos (las socorridas gafas de sol en celofán pero que vienen rotas) y le pagué el combustible pero me pidió el doble. No se lo regateé aunque pagué la carrera más cara que si la hubiera hecho en taxi (؟qué me dices de la emoción, cara al vent, reviviendo la voz de Raimon, olor a pescado podrido, viaje turístico de aventura por las dos islas, con un rato incluso para negociar con un vendedor comprar los pequeños djambée, 1500 francos en Dakar, y aquí 15mil unidad?). Al dia siguiente este Ibrahim me trajo un hombre que me ofrecía toda clase de ayuda.
-Mira tu eres un busnessman. Tu no has venido aquí para ayudarme si no para obtener tu propio beneficio. Sobre esta base si la reconoces aceptaré tu honestidad y podemos hablar, si sigues con el otro moco no quiero perder un segundo más contigo.
Eso lo recolocó. Después de un rato de hablar acepté que me llamara por teléfono alguien, que el contactara, y que hiciera la misma ruta al norte, con nosotros en un vehículo potente para ir en caravana. Ibrahim insistió en volver luego para seguir dando vueltas.
-No, por favor, con una vuelta ya tuve suficiente.
La tenacidad africana no tiene límites. Tienen el tiempo que si bien es una ventaja para quien lo tiene no lo es tanto para quien lo gestiona de otro modo (nosotros) y no está para malgastarlo con el ultimo que se sube a bordo de tu biografía.
Con nuestros tres anfitriones cada uno haciendo su trabajo y bastante despegados los unos de los otros, sin demasiada comunicación, nos pareció, entre ellos (Jean Louis se sentó a la mesa con dos auriculares puestos porque seguía un programa de radio) compartimos una comida en la que hablamos del camino de Compostela, de los mecánicos africanos y de las amantis, quizás las únicas que tienen más claro que nadie en toda esta historia que la vida pasa por comerse al congénere. En la paroise Notre Dame, nos sentimos como en nuestra propia casa (bueno el colchón de 8cms sobre barras de madera con un inter-espaciado de vacío no fue lo mejor). Usamos su despacho para acceder a internet y la sala de la habitación para cambiar de registro viendo un par de pelis y poniéndonos al dia de los fríos europeos. Aquí volvimos a la ducha fría notando que estaba realmente fría.
Vic y yo, como si el mundo se pudiera estar hundiendo, seguíamos con nuestras grabaciones de poesía, mi armónica armoniqueando (armoniquear es otro neologismo de Vic) y acompañando a su voz, y cruzando los dedos para que el futuro inmediato nos fuera favorable. Al dia siguiente de limpiar un filtro y cambiar el otro, tras esperar el reposo del vehículo todas las horas de la noche, sabía que nada más arrancarlo advertiría si el síntoma de la disfunción motora persistía. No me refiero al simple indicador rojo, sino al sonido al arrancar. Eureka, nada más arrancar el motor adquirió potencia de inmediato, tampoco hubo los segundos de más para parar el motor que seguía en acción. Eso no significaba ninguna garantía pero me dio algo más de confianza para tratar de hacer la siguiente etapa hasta Nuackchott. Tuve que tomarme todo el revés: como si estuviera matriculado en un curso de mecánica a la fuerza pagando lecciones prácticas supercaras. Una máquina tiene su lógica como todo. No es un ser vivo pero como si lo fuera, hay que tratarla así. En ese como si lo fuera debe estar la clave de todo. No se entra a operar a saco para mantener entretenido al usuario con la cara pasmada poniéndose en manos del (supuesto) experto, sino que hay que evaluar la situación. Los modernos motores eléctricos son más complejos. ،Qué tiempos aquellos en los que la mecánica elemental de un 2cv, un 850, un GS incluso, te permitía arremangarte y resolver el asunto! No, no es que fuera un experto en nada de eso, pero nunca antes había sufrido estrés porque un coche me hubiera fallado. Claro que me pude permitir el lujazo de abandonar un par de coches sin que sufriera por ello, además de motos. Vic me critica mi exceso de paternalismo hacia ella y que mi tensión es en parte debido a eso, la otra parte es porque remite al psico-cuadro dramático de la autora de mis días, de la cual es amiga. La furgo constituye otro asunto. Es nuestro símbolo, nuestro batiscafo de superficie, un nautilus con ruedas, nuestras piernas, nuestra libertad de movimiento, además de nuestro transporte de todo lo que llevamos de equipo y mobiliario. La perspectiva de volver sin él, algo que contemplamos, a parte del descalabro económico (la caución bancaria de 5000 euros y su posible venta muy por debajo del precio real) representaba un ataque a nuestro esquema mental, que por mucho que estuviera abierto a todas las posibilidades, en el fondo no contaba con que ésta fuera posible. Ramón, ante uno de nuestros emails de socorro, estaba pronto-dispuesto a venirnos a rescatar solo que su coche no tenia bola (nuestra tampoco para amarrarse a una). Íbamos a echar la moneda al aire y a ver lo que pasaba. Tal vez, despues de toda esa experiencia yo me atreviera con la mecánica de nuestro otro coche o de otros del futuro. Dados los tiempos que corren en que los coches de trinca salen erróneos en un porcentaje al final de la línea de montaje tampoco creo que con cuatro conocimientos estuviera dispuesto a dedicar mi tiempo a eso. El vehículo en pana hizo que no disfrutáramos de Saint Louis. No visitamos el segundo parque-reserva, así considerado, en una época en que llega toda una variedad de pájaros, tampoco que fuéramos por la cité a pasear y a mezclarnos con otros blancos para hablar de lo mal que está África o de lo perdido que anda el ser humano. La verdad es que la imagen tan estandarizada de parejas de extranjeros o de minúsculos grupos moviéndose por zonas turísticas, deteniéndose en las tiendas de souvenirs es una performance tan universal que uno termina por inferir algo increíblemente extraordinario: la gente hace miles de kms a todas las partes del mundo para terminar haciendo la misma conducta y entreteniéndose en toda esa barrera de souvenirs sin mezclarse con la sociedad real. Vic compara este comportamiento como el de los cerdos ante los comederos que se abocan sin pensárselo dos veces (como lo dice en francés, couchons, no suena tan mal). No, si ya no éramos turistas en enero todavía lo éramos menos en diciembre. Todo lo que hice fue cruzar varias veces el famoso puente de hierro que vino de Europa y que las reparaciones de mantenimiento han sido también europeos. El suelo es de tubos cuadrangulares de metal con unos socavones impresionantes (África es experta en socavones, incluso los tiene en las planchas de metal de los firmes).Por lo demás si me preguntan sobre las efemérides africanas no sabré citar ninguna, aunque algo parecido me pasaría si me las preguntaran de mi propio país.
Alejandro Othegy, de Radio Vallekas, una radio libre cuya página web está muy bien organizada, que seguía nuestro bloc, nos propuso radiar en un par de fechas el cuento Toubab de Vic y que pusimos en soporte audio. Ironizábamos que nos esperaba un futuro artístico en alguna parte pero primero debíamos salvar nuestros intereses más materiales y volver a terreno seguro, sanos y salvos. Claro que había que ser muy optimista para pensar que Europa era segura cuando seguían matando a gente de 16 años con un disparo de los que matan. Los campos de batallas estaban servidos: fuegos reales y enfrentamientos con la policía. La misma historia de siempre. ؟Dónde estaba la cultura democrática de los últimos 30 años? Lo que estaba claro es el alto voltaje de indisposición social. Quemar coches y oficinas nunca resolvió gran cosa. Lo sabe el historiador con más cates en su carrera universitaria, también el revolucionario mas torpe para el análisis social, pero la descontención popular necesita pegar a petates o a lo que sea. Eso no resuelve nada pero sirve para precalentamientos y gimnasias alternativas, también para que todos digamos, el mundo está mal, mal, mal, verdaderamente mal. Vivir en Saint Louis, vivir en Barcelona, podria significar exactamente lo mismo con un chute de relativismo pero no, mejor dejar cada cosa en su sitio y no hacer tanta teoría con calzador de que todo es lo mismo, quedaba decir de meter a cada uno devuelto a su lugar.
Se acercaba final de año y una eficiente y puntual agente bancaria de Abacus nos informaba de los intereses anuales de nuestro depósito en su plan de ahorro (más de 2mil euros que podrían compensar todos los agujeros y errores de pérdidas sufridos últimamente). Hablando de sufrir en un relato imaginario el sufrirésmetro empecé a concebirlo como una especie de arco por el que
Etienne, paciente, me acompaño al comisariat, en frente de la parroquia, para hacer un trámite del que veníamos hablando desde hacia meses: declarar la pérdida o robo del permiso de conducir, para al menos parar a próximos extorsionadores con algún papelajo a falta de cinta americana con que sellar labios. La anécdota de esa visita no tuvo desperdicio. El mostrador alzado de obra en el vestíbulo, copia del estilo de los usados por Scotlad Yard, hacia el atestado: un certificat de declaration de perte. Ese documento, como todos los documentos, tenia que llevar un timbre de 100fr que Etienne, previsor y conocedor de la idiosincrasia ya traía en su bolsillo de la camisa. Con el papelito fuimos a un primer despacho a poner un tampón, luego a uno segundo a poner una firma. El hombre de la firma era un hombre a un pitillo pegado del que no se soltó en ningún momento. El procedimiento fue más diligente de lo que esperaba. Etienne es conocido y eso facilitó las cosas lo mismo que el dia que fuimos al taller acompañados por él que a la primera rotonda, primer policía, con su pito nos paró y al verlo nos dejó continuar sin pedirnos nada. El rato del vestíbulo en el comisariat, una celda de paredes de barrotes a la vista de todo el mundo contenía los detenidos de la noche. Mientras hacíamos nuestra diligencia trajeron algún otro esposado. La escena le parecía natural a todo el mundo aunque eso violara los derechos humanos.
Las comidas con los 3 padres fueron enfamiliadas. Filomena, cariñosa, no volvía hasta su casa hasta despues de que hubiéramos cenado todos, los gastos de cocina eran escrupulosamente apuntados en una libreta, su pequeña hija Elene que la acompañaba en la cocina cuando estaba cansada dormía sobre dos taburetes juntos, recogida, ajena a todo, hecha un nudo recogido.
Los días de Saint Louis o tuve la menor gana de ir de visitas culturales o de compras o de paseo. Vic insistió para que saliéramos, una y otra vez, hasta que lo hicimos: silla de ruedas sobre arena y baches hasta el puesto más cercano de cacahuetes (compramos todas las micro bolsas de 25 cefas hasta dejar sin existencias a la pequeña cacahuetería). En ese puto decidimos volver a nuestro alojamiento sin haber recorrido siquiera medio quilómetro. Yo me deslomé en el intento y Vic se dio cuenta del absurdo de ese frenesí de ir a buscar cacahuetes diciéndome que volviéramos cuando ya estábamos en la calle. Han sido pocos los paseos con la silla rodante de este año que fueran agradables y ninguno sobre suelos mínimamente aceptables. Evidentemente el subtítulo de este libro "un viaje sobre ruedas" pasó a tener bastante de demagógico. No se puede venir a África con una silla de ruedas y creer que el mundo te abre paso y te rinde homenaje. Con las comidas con los curas introdujimos algunas conversaciones. Creen que la critica feroz de la sociedad francesa al catolicismo (u país que al menos los edificios de las iglesias son patrimonio del estado) permite la pujanza del islamismo pero también reconocieron que los primeros tiempos de introducción del catolicismo los blanco chantajeaban a los nuevos adeptos no dejándoles comulgar si el dia anterior habían practicado sus danzas.
La noche antes de dejar Saint Louis probé el arranque de motor que daba señal de potencia pero advertir una nueva señal: una macha de gasoil en el suelo e la vertical del filtro. Por la mañana del último día compartimos el desayuno y nos hicimos fotos. Cruzamos los dedos y arrancamos. No pasamos a ver al mecánico que desmontó la bomba de inyección y estropeó al recolocarla el indicador de carga ؟para qué? ؟Para dejar que estropeara otra cosa? En África aprendí a relativizar no cumplir la palabra dada en una cultura donde impera el oui irresponsable para todo y el pas de probleme afirmado desde la ignorancia.
Decidimos erróneamente cruzar por Diama. Los 50 kms de pista asegurados se convirtieron en 120, 35 de los cuales equivocados por no encontrar señalizada la ruta para Nuackchott. Con la incertidumbre de que el vehículo se nos parara durante el camino por pérdida de potencia y con más de 30 kms de pista con vadenes o cambios de rasante a causa de las dunas, (una de las cuales estuvimos a punto de embarrancar y nos vino de medio metro más no hacerlo) que frenaban la velocidad confundiéndolo con el problema de inyección de gasoil de las semanas anteriores. Una vez alcanzada la carretera asfalta, tras recorrer 160 kms despues y pasar 7 controles policiales llegamos a la paroise católica de Nuackchott. El padre Victor que conocimos en Keur Moussa nos había invitado. Una vez instalados en la habitación, limpia y confortable, nos dijo que el alojamiento costaba 20e por persona y día pero que si dados nuestros problemas no podíamos contribuir él asumiría esta suma. Comentamos de compartir la mesa con ellos por la compañía y la comunicación. Vino a decirnos que la comida no estaba prevista para nosotros y que no era posible. Un católico se parece a otro lo mismo que dos pájaros de distintas especies a juzgar por la enorme diferencia entre ellos, la que hay entre los curas de Saint Louis (Jean Louis Coly, Bruno Kane y Etienne Sarr) y los de la paroise de Nuackchott era una más entre tantas. En esta había dos blancos franceses (pere Jean, et pere German) y algunas monjas españolas que vinieron para no perderse la misa de ese día. A los blancos no mostraron mucho interés en compartir la mesa.
Nuackchott era solo una etapa. Lo duro estaba por llegar. La idea era hacer en una etapa única el salto hasta Marruecos, donde, en principio, estaríamos salvados porque al menos tendríamos asistencia técnica del RACC o el RACE si nos pasaba algo. El plan era no desviarnos para Nuadibú y mucho menos para Chinguetti (los más de 100 kms malgastados entre la pista del parque Diawlig y otra mas de 30 kms en obras, sin un solo obrero a la vista, los podíamos haber dedicado para esta histórica ciudad, pero mi energía estaba a cero y mis deseos de continuar viendo mudo también. Desplegué el ordenador sobre la mesa de la nueva habitación, que superaba los dos dormitorios anteriores usados, para contarle todo el asunto y completar el capítulo a falta de un hombro en el que llorar.
No puedo decir que me sienta traicionado por las máquinas porque ellas son las primeras que sufren conmigo sometiéndolas a un sobreesfuerzo para el que no fueron diseñadas, pero eso no quita la sensación de ir vendido con ellas tras pasar por la experiencia de fallos como los que tuvimos. Para recuperar la confianza con la furgo, tendrían que pasar miles de kilómetros rodando perfectamente.
Al menos salir a la calle, a la carretera, genera más detalles en directo para reportar del mundo y más palabras con qué hacerlo.

lunes 15 de diciembre de 2008

El Tabaski

Dakar, 12 de diciembre

Veronique es católica y tiene 16 años. Todavía no es mayor de edad y estudia en el Liceo de Dakar. Su padre es musulmán y su madre católica-cristiana. Cuando empezaron a tener uso de razón, sus hermanos eligieron, cada uno ser musulmán o católico: Mohamed, el mayor, estudia informática en la universidad de Dakar, y es musulmán; Hammed, de 14 años, está en un colegio privado católico, pero se siente musulmán como su padre y su abuelo al que le tiene pasión y admiración; le considera un sabio pues le hace más fácil la comprensión del libro sagrado - el Corán – que cada fin de semana lee con otros niños en la madrasa. Las hermanas de Veronique – Christine, casada con un europeo y Claude, estudiante de económicas en la universidad de Dakar- como su madre, decidieron decantarse por el catolicismo. En casa no se discute de religión, consideran que Dios es único y lo de menos es cómo se llame o como se le adore, lo más importante es tener unida a la familia. Cada uno de ellos, al nacer, tuvieron un nombre propio en la lengua Wolof, pero cuando decidieron ser musulmanes o católicos, añadieron otro nombre. Sin embargo, siempre dicen primero su nombre Wolof, para señalar a qué familia originaria pertenecen, y después el nuevo nombre con los apellidos.

Su padre, Mohamed ha seguido la tradición familiar, es joyero y tiene varias tiendas por la ciudad; hoy vuelve contento a casa: ha conseguido un buen ejemplar de cordero. El día cinco de diciembre, sábado, partirá toda la familia a casa de sus parientes en Kaolak. Allí tienen una gran casa con un amplio patio donde podrá pastar relajado el animal. Su vivienda en Dakar no tiene patio, es un gran apartamento y, allí no se pueden tener bestias.

Madame Marie Louise compró telas de Mali para toda la familia, son telas de una prestancia y un brillo especial que dan un aspecto muy elegante. A cada uno de sus miembros, el sastre le confeccionó un traje: a los hombres y muchachos, pantalón y casaca haciendo juego; a las mujeres, un vestido ajustado y con una pieza sobrante para usarla de chal o de tocado en la cabeza.

El día 8 matará el cordero un profesional contratado por la familia. El inocente morirá desangrado por un machete sagrado y mirando a la Meca. Todos los participantes ese día van de estreno riguroso, y los hombres se rapan el pelo al cero en señal de renovación y pureza.

El 8, día del Tabasqui, Los más jóvenes tienen resaca porque arrastran juerga de tres días con fanfarrias por la calle y alcohol casero fermentando frutas del país. Desde la mañana todo es alegría y jaleo en los hogares. El imán extiende su bendición especial para el momento y el matarife procede con el cordero. Todos participan del despiece y asado, las mujeres han preparado sabrosos postres y deliciosos zumos de frutas fermentadas. La fiesta y los combites duran casi tres días y, lo que sobre del copiosos banquete, se destinará a los pobres.

Los abuelos están muy contentos porque han realizado el gran sueño de su vida: ir a la Meca. Han terminado el viaje llamado: el Hach, como muchos musulmanes que han tenido los medios económicos para hacerlo. Antes de la gran comilona, todos los varones acuden a orar a la mezquita bien aseados y perfumados. Recitan unos versículos que sólo cantan durante las dos fiestas mayores del año y los enterramientos. Los fieles cantan y cantan hasta que el Imán dirige la oración que – excepcionalmente- se encabeza con siete tkabir (decir : Allahu akbar). Después de unas palabras de saludo por parte del imán a los miembros de la comunidad presentes, se disuelve la reunión y los asistentes se besan en señal de hermanamiento y se felicitan por la fiesta.

- ¿Qué es el Hach, abuelo?- pregunta su nieto pequeño Hammed.
- Es el viaje para encontrarnos a nosotros mismos, es un viaje al fondo de uno mismo al comienzo de la vida: cuentan, que, en el valle desértico de Arafat, se reunieron Adan y Eva después de haber vagado por el planeta 200 años cuando fueron expulsados del Paraíso. Además, es un viaje al final de los tiempos: borrada toda señal de identificación, cada ser humano anónimo, confundido en la multitud, vive el momento del encuentro.
- ¿Por qué matamos a un cordero este día?- sigue preguntando el pequeño
- Cuentan, que el profeta cristiano Abraham, que en el Corán es Ibrahim, debía sacrificar a su hijo de nombre Isaac según los cristianos y que nosotros llamamos Ismael, para mostrar su total sumisión a Dios. Pero, justo en el momento crucial, Dios paró su brazo y le ordeno matar en su lugar, a un cordero. Dios sólo quería probar su fe. Desde entonces, se prohibieron los sacrificios humanos como ofrendas divinas.

A esta fiesta también la llamamos Id Kabir o la fiesta del sacrificio (Aid Helada). Marca el fin de la peregrinación anual a la Meca y celebra el establecimiento de la ley que protege la vida humana y la fusión del ser puro del hombre con sus anhelos de perfección.

- ¿Siempre se celebra el mismo día?
- No, es móvil, depende del día décimo del mes lunar del Dualhuya.
- ¿Qué representa el agua?
- Tanto en el banquete de la fiesta, como antes de asistir a los rezos, tenemos que limpiar profundamente nuestro cuerpo y, especialmente nuestras manos y pies. Cada creyente bebe del agua de la vida, se esponja con ella y recapitula sus actos y sus intenciones para impregnarse de las nobles cualidades de Ibrahim, a quien se le conoce entre nosotros como “el amigo íntimo de Allah” porque sus miembros físicos y sus facultades están impregnados de lo Absoluto, de Allah. Dejarse atravesar por Él como el cauce de un río por el agua y llenarse de Su designio hasta la identificación.

Después de casi una semana de festejos, todos vuelven a sus actividades diarias. Sin embargo, M.Louise no descansa y está haciendo los preparativos de la fiesta de Navidad cristiana. Quiere que la noche del nacimiento de Jesucristo, el día de Nochebuena, tenga el mismo brillo que la fiesta del Tabasqui. Ha encargado el pavo que comerán en esa cena. En su casa no hay ningún adorno que anuncie la celebración cristiana, pero, con sus hijas, irá a comprar los regalos de “Papá Noel” para sus hermanos, para ellas mismas, y para sus amigos que pondrán al lado de un pequeño mango que tiene plantado en la gran terraza del apartamento. El día de Navidad vendrán los hermanos y padres de M.Louise a compartir la comida familiar.

En la televisión explican que judíos y musulmanes se matan por el territorio en Jerusalén, también que en EEUU, los musulmanes son considerados sospechosos de terrorismo y que, en Sudán, los cristianos son atacados por el gobierno. El mundo parece enfrentado entre infieles y creyentes mientras que, todavía, en algunos países africanos, las familias siguen unidas sin preguntarse a qué Dios adoras.

lunes 8 de diciembre de 2008

Diciembre, un mes sentimental

Los tres chateando
Nani Bermúdez en el chat, una de nuestras incondicionales.

Jes divirtiéndose en el chat con la web-cam.


Con las chicas del restaurante de Dakar









Dakar,7 de diciembre

Este mes, para mí es uno de los más emotivos del año. El día catorce, y con veinte años de diferencia, murieron mis padres. El día ocho es el santo de mi madre y ella organizaba una fiesta todos los años donde nos acogía a todos; pero, llegamos a ser tan numerosos, que al final tuvo que alquilar un recinto para dar cabida a tanto hijo, yerno, nuera, nietos y biznietos. Cuando ella nos dejó, sus nietos, 38 en total más sus respectivos novios, cónyuges, hijos, organizaron los que se llamó: la primada. Cada año, el 8 de diciembre se encontraban en un local solicitado para la ocasión donde, todos los que podían, asistían a la cena. En los postres se elegía a los dos primos del año: entre los más mayores y entre los más pequeños. A media noche, los padres venían a recoger a los menores de catorce años, con gran disgusto de estos adolescentes que querían seguir la juerga con sus primos mayores. Los tíos no podían asistir, sólo estábamos exentos Ignacio y yo que somos los tíos más pequeños y nos consideran “primos”. Lo interesante del asunto era el ingenio que derramaban los organizadores que, rotativamente, tomaban la antorcha para sorprender a los demás anualmente. Recuerdo con especial cariño aquel concurso de logos “Alés” que se convirtió en una camiseta llena de todas las propuestas impresas porque el premio al mejor quedó “desierto”. Como este periódico encuentro tuvo tanto furor, se añadieron los primos de los primos con sus respectivos/as parejas e hijos. Pasados unos cuantos años, todos hemos ido creciendo y situándonos en la vida. La vida privada de cada uno empezó a ser más importante y fue prácticamente imposible continuar con estos encuentros. Pero, una vez más, el ingenio renació en ellos y crearon un espacio en un site llamado “familia Alés”. Los interesados acudimos como moscas y, de esa manera, volvemos a estar interconectados sin renunciar a nuestros quehaceres.

Otro acontecimiento que me atrae de este mes es que el 25 nació Jes, sus padres, tan emocionados estaban de su llegada al mundo, que no supieron encontrar otro nombre que el del que estaba en el santoral de esa noche: la del 24 al 25 . Así que yo, cada año, celebro su buena nueva en la intimidad, sin bombillas ni artificios. En este año, he añadido otro evento sentimental más en mi corazón: el hijo de Jes fue padre y, por lo tanto fuimos abuelos de una preciosa niña llamada Lola y que nació el día 2 de diciembre.

Aquí, en DAKAR, viviremos una celebración musulmana tan importante o más que las navidades de los cristianos, en Senegal le llaman el TABASKI. Es la fiesta del cordero, la fiesta del sacrificio – Aid El Adha -, la fiesta mayor de su calendario musulmán. Conmemoran la historia de Abraham obligado por Dios a matar a su hijo para probar su fe. Dios, una vez comprobada la fortaleza de su fe en él, le mandó parar y, en su lugar ofrecerle un sacrificio matando a un cordero. Aunque, oficialmente la fiesta es el mismo día 8, desde la semana antes el mundo musulmán está de lo más ajetreado. Las calles se habilitan para la cantidad de corderos que se exponen a la venta. Nos dicen que no conviene salir a la calle en coche porque los policías te paran por cualquier motivo con el fin de pedirte dinero para poder comprar su cordero; porque, sea rico , o sea pobre, todo musulmán está obligado a tener un cordero ese día; y, si vive en la ciudad, además ha de contratar a un matarife especializado. Así que llevamos una semana sin mover la furgo por si acaso. Las chicas que regenta el pequeño restaurante donde vamos cada día a comer, a pie, nos informan que desde el lunes 8 de diciembre hasta el 14 todos los establecimientos musulmanes estarán cerrados; aquí, en la escuela católica y privada donde estamos alojados, no tendrán clase hasta el jueves desde hoy viernes 5. Así que, casi todo el país, mayoría musulmán, se paraliza toda una semana. La alternativa que nos queda es comer en un Fast Food que hay un poco más lejos y posponer nuestras gestiones para conseguir el visado de Mauritania y llevar la furgoneta a la Fiat para que revisen el problema de Inyección.

Hay días que las calles parecen manicomios con gentes vestidas de mil colores, encaramadas a los pequeños buses cantando a voz en grito. Parece la noche de fin de año, pero cada día y a todas horas. No creo que sea un buen momento para discutir con un musulmán convencido. Las bebidas caseras fermentadas les producen estados de euforia similares al alcohol. Además, el fin de semana del 8 es cuando regresan de la Meca todos los que han peregrinado ese año, con lo cual las ciudades se completarán con más exaltados. La verdad, me gustaría mirar por un agujerito cómo lo celebra una familia cualquiera, no creo que consigamos tener esa oportunidad.

Por lo demás, nuestra existencia prosigue tan apacible como siempre en esta especie de suit con wiffi incluido; aunque interrumpida cada vez que los alumnos llegan, salen de sus clases en el mismo pasillo que el nuestro, o tiene un recreo. Su algarabía hace que tengamos que interrumpir nuestras grabaciones de poesía o de canciones, o tengamos que esperar a que las aulas se vacíen parara no molestar trabajando con el clarinete; afortunadamente, la korá suena tan suave como un arpa y no molesta a nadie. Después de nuestros deberes con la literatura y la música, nos ponemos a chatear con familiares y amigos o navegamos por el espacio internáutico.

Nuestras mentes están ya más en Europa que en África, el cansancio físico y psíquico, después de tantas emociones y vivencias, se hace notar en nuestro espíritu. Parece que nos está llegando la hora de centrarnos en un lugar y repasar toda nuestra experiencia.

Toubab

Bruno con la toubab Vic
Compañeros de clase de Bruno

Bruno con su nuevo uniforme


Bruno con su padre



Bruno con el toubab Jes




TUBAB Keur Moussa, Senegal, 26 de noviembre de 2008

Fada-Bruno es un niño gambiano que vive con sus padres y hermanastros en el recinto de un colegio. Es el preferido de su padre, un profesor de matemáticas de primaria. Su madre está demasiado atareada con sus otros seis hijos, incluyendo el bebé, Louis-David, siempre colgado en su espalda y de naturaleza enfermiza.

Con sus tres años cumplidos, en su vida ha visto a un blanco, un Tubab. ¡Tubab, bubab! grita cuando nos ve. Yo le digo: tubab no, my name is Vic. Él me mira entornando la cabeza con ojos de intriga, como hacen los perros cuando escuchan algo que les sorprende, sin comprender una palabra de lo que le digo.

Todavía es pequeño para ir al colegio y no conoce el inglés. Su lengua es el wolof, y a las personas de piel blanca las llaman TUBAB. Mientras sus hermanos están en la escuela o ayudan en casa, él se divierte con los insectos y corretea detrás de las cabras que tiene la familia. A veces, cuando nadie se da cuenta, se escapa a ver a su padre en su oficina de director. Francis, hace que se enfada, lo coge en brazos amorosamente y lo devuelve al hogar.

Nosotros, somos una pareja tubab que pasa una temporada con la familia. Bruno nos saluda cada mañana con su “good morning” a media lengua y recién aprendido. Hasta las cuatro de la tarde él es el rey de la casa y ríe continuamente con cualquier cosa que le pase: un saltamontes que se pose en su hombro desnudo ¡plaf!, una hormiguita que le hace cosquillas en su culito al aire ¡ja,ja,ja,je,je,je!, un escarabajo que estruja con sus deditos ¡crash...!Pero, con los mosquitos, eso es otra cosa, le pican ¡Ay! Y, se rasca tan fuerte, que le sale sangre. Uno de estos malditos insectos le inyectó el virus de la malaria, la fiebre y el malestar hicieron que su madre le llevara al médico junto con su hermanito Louis que también sufría del mismo mal. Tres días de pastillas y, Bruno se repuso como si nada hubiera pasado, en cambio Louis todavía arrastró la fiebre durante algún tiempo.

Bruno es muy simpático y alegre cuando no están sus otros hermanos, nos viene a ver y a tocar. A tocar sí, porque somos una especie rara para él, nuestra piel es blanca y de diferente textura porque no está todo el día al aire, como la de él, que le encanta ir desnudo todo el día.; nuestro pelo es más frágil y no está ensortijado como el de su madre y hermanas que se hacen trencitas para domesticarlo un poco. A él le han pelado al cero con la máquina como es costumbre en su ambiente, casi todos los hombres se afeitan la cabeza, excepto los artistas o los taliban que van de rastas cantando canciones por la calle y pidiendo limosna para su marabú. Como digo, le encanta también probar lo que comemos y escuchar nuestra música cuando tocamos el clarinete o la armónica. Se acurruca de vez en cuando en nuestro regazo, su madre ya no le acuna y todavía necesita muchos abrazos que su familia no tiene costumbre de dar.

Pero, cuando vuelven sus hermanos de clase todo cambia, Bruno no para de lloriquear y llamar a su padre, se siente destronado y muy desgraciado. Acude a nuestros brazos para buscar el consuelo. ¡Tubab, tubab!

Hasta que, un día, un feliz día, a Bruno le pusieron un bonito uniforme: pantalones, camisa con un escudo bordado en el bolsillo y botitas de tela; ¡todo a estrenar y no heredado de sus hermanos! Fue el mejor momento de su historia personal: ¡iba al cole como sus hermanos! Allí, había decenas de niños de su edad: del mismo tamaño y balbuceando las palabras al mejor de los estilos Bruno-Fada. La clase era amplia y cada uno tenía su sitio y su bata de rayas, no como en su casa que nunca se sabe donde encontrar los zapatos o los calcetines, o se duerme donde a uno le viene bien: sea sobre una estera en el porche, sea sobre la alfombra del salón, donde los grandes sofases de colores oscuros hacen juego con la inmensa pantalla de televisión para ver fútbol.

Pero, lo que no le gusta demasiado de su experiencia escolar es lo que los mayores llaman DISCIPLINA. Disciplina es ponerse uno detrás de otro cuando quieres conseguir lo que todos quieren y esperar tu turno, como por ejemplo la leche de media mañana con su bocadillo de mantequilla tan bueno ¡mmmmmmmmmmmmmmm!; disciplina es levantarse todos a la vez y decir ¡buenos dííías señorita!!! cuando entra su joven profesora en clase, o cuando entra cualquier otro adulto o adulta; disciplina es cantar el himno nacional todos los días, y de pié, al empezar las clases.

Los compañeros y compañeras de clase ya sabían algunas palabras del cuerpo humano en inglés porque Bruno se matriculó tarde. La profesora les dibujó en la pizarra a una niña y todos iban cantando las partes que señalaba con una gran vara. A Bruno le chiflaba eso de cantar en esa nueva lengua y de escenificar movimientos:¡Arriba! ¡UP! y todos con las manos en alto, ¡Abajooo!¡DAWN! y todos con las manos hacia abajo; ¡de pieee! ¡STAND UP!y todos se levantaban del pupitre haciendo un gran estruendo y riendo a carcajadas; ¡sentados! ¡SEAT DAWN! y todos a la vez caían de culo en su asiento como si de tambores se tratara. Después de estas agotadoras sesiones, en el recreo jugaban a contarse cosas y a descubrir los escondrijos más peligrosos del patio, especialidad en la que Bruno se convirtió en líder.

Cada día, a las tres de la tarde, su madre le va a buscar al jardín de infancia, y por el camino no para de contar las cosas nuevas que ha visto por el patio. Su madre insiste en preguntarle:¿Cómo se dice mano en inglés? y otras partes del cuerpo, pero Bruno continúa relatando su apasionante aventura con una hormiga muy grande que intentó obligarla a sentarse y a levantarse cuando él se lo pedía. ¡La hormiga nunca me hace caso, mamá!

Un buen día, uno de los más deliciosos de nuestra estancia en Gambia, Bruno nos vino a despertar con las siguientes palabras: Good morning, Jes and Vic!, How are you? . Aquel momento marcó una nueva era en nuestra comunicación: Nosotros le enseñábamos palabras en inglés y él nos las traducía al wolof.

Nota: Este relato está inspirado en hechos reales, todos los personajes y lugares existen y certifico que la experiencia la viví casi en su totalidad. Este cuento lo hemos escenificado en audio. Todoas las personas interesadas en obtenerlo que se dirijan a este blog.

La Vida Casera

Dakar 8 diciembre 2008
Cuando alguien menciona una palabrota como la de que estamos de vacaciones o nos estamos pegando la vida padre o cosas parecidas, sonreímos. También cuando se nos mete en categorías definitorias (de alta definición, claro) como que hemos venido a África a estar con los negritos junto a baobabs, dado que sus fuentes emisoras suelen ser de desconocedoras de ambas palabras, también sonreímos. Cuando alguien nos dice si el desierto llega hasta Dakar, sonreímos. Cuando alguien nos dice que en Senegal se pasa hambre, seguimos sonriendo. Con todas esas primicias nos vamos a un restaurante y entre bocados de chawarma o pizza vegetariana masticamos los comentarios ajenos como parte del lote de entradas de la vida. Un viaje existencial incluye el recorrido pro los comentarios ajenos. Si viajar es ir a campo ajeno; pasar por los comentarios de los demás, aunque no te muevas de tu lugarcito, también es viajar. En Dakar, segunda visita, seguimos con la práctica que ya hicimos la primera vez, la de la vida casera. Ni siquiera visitamos el centro, ya lo hicimos. La habitación alquilada, en realidad un apartamento, a 7000cefas dia y nuestra rutina diaria de grabaciones, música, elaboraciones nos daba más aspecto de currantes que de exploradores. Los ratos de calle eran los menos. Vic tenía que recordarme que tenía hambre para salir. Yo apelaba a gorduras y exceso de kilogramos para no hacerlo o demorarlo. Ella amenazaba con ir sola hasta el restaurantito más próximo, arriesgándose a ser atropellada en el primer paso cebra, yo le pedía que me dejara terminar lo que estaba escribiendo y luego salíamos. De alguna manera, salir a comer sin haber hecho los deberes de la mañana era como faltar a clase, hacer ovillos de mi mismo, no estar actualizado. Por otro lado mis consideraciones sobre la comida por adicción más que por necesidad me tenían anclado en uno de mis galimatías sin salida: si comer es una adicción y terminas con ella también puedes terminar con toda tu carcasa. ¿Sí o no? Nuestra dieta en Dakar no fue de las más entusiastas. Dejamos el ritual del té para no perder tiempo usando la cocina en la planta superior y pasábamos la mañana con cuatro cacahuetes y dos plátanos. En esta ocasión los arashids venían sin arena Luego, a la hora del protesto estomacal, salíamos a comer para reintegrarnos antes de dos horas a nuestro mundo. Al menos particular, cada día un poco más alejado de la ciudad y de los grandes desastres ajenos. La inercia de hacer vida casera nos venía saliendo en todas partes desde bastantes meses atrás. ¿Contacto con el mundo exterior? ¡Sí, el justo y necesario!. A menor contacto con ese mundo, menor cantidad de cosas a contar: ni referencia de gentes o nuevos personajes, ni curiosidades urbanas, ni elementos susceptibles de ser recogidos por una guía turística, ni nasti de plasti. Todo lo que el viajero descontactado puede contar es lo bien que se está en su habitación, el panorama que se ve desde sus ventanas o su propio viaje interior. Nosotros ni siquiera podíamos dar muchos detalles de estos, nuestras cuatro ventanas dando al patio y más allá a la carretera estaban ensombrecidas por la vegetación. Al anochecer el maullido de un gato no sabíamos interpretarlo si como saludo o demanda de comida. Alguna vez el gato se metió dentro del pabellón y recorrió las aulas. Aulas con los asientos desbaratos, sucias, pero funcionales. Los profesores impartían clases con buenas voces y con las puertas abiertas. En la tarima de uno de ellos vi como estaba pegado un diagrama con los nombres por parejas en los asientos de pupitres. La educación pasa por la territorialización y el binomio de clase (compañero/a de pupitre) por una especie de tándem autodefensivo ante la clase entera. Siempre sospeché que no se podían dar clases de ética o de valores sobre la libertad, en la enseñanza media con esa clase de fijaciones al territorio. El Sacré Coeur en periodo lectivo es todo un boom de vitalidad. El recinto sirve para otras actividades extraacadémicas como el futbol o la música. Los grades autobuses Renault ocupan varios lugares, ocupado, uno de ellos, el de paso de viandantes teniéndolo que sortear como podíamos con la silla de ruedas. En un par de puntos del recinto mujeres con sus cacerolas y sus cosas venían vender tentesenpié a la muchachada, también en las puertas. Los mejores días en esa ubicación residencial fueron los fines de semana cuando la estudiantada estaba fuera, aún así un grupo de scouts también vino, con sus pañuelos, uniformes y signos distintivos, también con su pito, pero sin nada a ver con las estridencias de la troupe paramilitar que tuvimos que sufrir en Kaolack.
En África fuimos aprendiendo que sus verdades están en la cotidianeidad y no en las visitas relámpago de las autoridades y que ha ido siendo en el trato del tú a tú con el tendero, con el barman, con el taxista, con el guardián, lo que nos ha dado la estadística social de la realidad por encima de los grandes números que daba la prensa. Siempre había sospechado de la fiabilidad de algunas de esas cifras tan impactantes (muerte, enfermedad, hambre), dado el imposible crédito incondicional a conceder a las fuentes que informan venían hinchadas. El argumento del subdesarrollo se ha venido elaborando como constructo lacrimógenos para que los más poderosos de la tierra se apiadaran de los más débiles.
Hacíamos pues vida casera, con nuestros asuntos, los mismos que podríamos hacer también en cualquier otra parte del mundo. Conforme iba avanzando el año estaba más claro que vinimos a vivir a África no a recorrerla ni a hacer de vehículos mensajeros de sus necesidades sino a explorar las nuestras propias y a reconciliarnos con nuestros límites existenciales, tanto los de la edad como los físicos, tanto los de nuestra solidaridad relativa como los de nuestra individualidad autoafirmada. Al vivirla como residentes nos fuimos encontrando con otras verdades. Los africanos más seguros de su futuro y de su relación interhumana con gente de otros países eran los que se preocupaban menos de nuestra presencia, por tanto, los más indiferentes, aproximándose pues más al estilo europeo del trato. Hacer vida de barrio tiene la ventaja de que al segundo día solo te interrumpe la gente que ignora de lo que vas. Al tercer dia podíamos hacer nuestro recorrido con la wheel chair-cross por las calles de arena y piedras y fragmentos de asfalto hasta el restaurantito o el bar o la panadería sin que nadie nos molestara. La vida ordinaria en una capital como Dakar no tenía nada de particular en el sentido africano: algunas de sus imágenes que los primeros meses del año nos hubieran sorprendido como la de un tipo andando rápido por la calle sosteniendo en una sola mano una columna de al menos 20 bandejas con dos docenas y medio cada una con aplomo y que bien podría ganar un puesto de honor en ese programa de la televisión francesa que muestra curiosidades circenses nos parecían ya ordinarias. Nuestro tendero preferido al que le comprábamos los plátanos (mandarinas a 1400cefas kilo, no) colocado sin apenas luz junto a una alcantarilla y que siempre tenía una palabra de amabilidad, era una estampa razonable; los baches y arenas continuas, el taxista que dejó un pasajero y arrancó sin mirar enfrente y que estuvo a punto de tocarnos, todo eso es lo más normal. Dakar: una ciudad más del mundo urbano, caótica y ruidosa, en la que el solo recorrido por una calle, la de Liberté, arteria y nombre de nuestro distrito, ponía en evidencia lo territorialista que es la gente y lo poco que abandona los diez metros cuadrados contados de delante de su casa o de su establecimiento. Nuestras preocupaciones ya no eran enterarnos de cada historión ni la gente venia con su carta a los reyes magos nada más vernos (por otra parte la existencia de nuestro alijo de gomas de borrar, las que regalábamos simbólicamente también para borrar la realidad actual y construir otra, no nos constaba que hubieran borrado la suciedad de las calles y de los malos). Dakar es una ciudad en la que hay bastantes blancos, cada cual mirando en frente y como toda gran ciudad tiene su densidad anónima y sus problemas coexistenciales. Una ciudad se parece a otra como una gota de agua a otra. Las gotas de agua pertenecen a duchas, grifos, charcos, acequias, alcantarillas. El clasificatorio de las ciudades también sigue una taxonomía parecida. Las mejores son las más limpias y con una organización lógica del territorio, las peores las que arrastran suciedades y no arreglan los agujeros. No propondremos a Dakar como la ciudad más bonita o que más méritos haga en su mejora, pero camino de Chez Joe descubrimos una placa triangular de peligro anunciando el paso cebra (despintado y casi imperceptible como todos) con lucecitas intermitentes y una plaquita solar de alimentación eléctrica. Todo un detalle. Amparados con ella parábamos coches para cruzar. Yo, empujando como siempre y Vic levantando el brazo para parar a los conductores frenetizados por su rally particular. De tarde en tarde nos constaban accidentes, no en mayor cantidad que en otras ciudades o países más desarrollados pero eso no era un asunto que nos afectara demasiado. No más que la muerte a manos de la policía de un manifestante con cóctel molotov. Una vida mano sigue valiendo menos que la de un escaparate tanto en Grecia como en cualquier otra parte del mundo. Los únicos que siguen pudiendo jugar con humos y balas son los autorizados oficialmente a matar.
La vida casera en el Sacré Coeur con conexión directa con España y otras partes con nuestros amigos nos hizo más cotidiana la cosa. Seguíamos perteneciendo más a Europa a África quedando la emisión de bonos de la condición ideológica de apátridas para conversaciones ácratas. Hemos conocido algunos europeos que vienen viviendo desde media vida atrás en África. Si duda, abnegados héroes.

Cada mes el cargo fijo en la misma fecha de 300 euros en nuestra cuenta bancaria (que no habíamos consultado los meses anteriores a Serekunda) no sabíamos si atribuirlos a un desfalcador profesional o a nuestra propia negligencia como clientes. Vic no se acordaba de haber dado ningún tipo de orden de pago aplazado pero Vic es el mejor cliente de las tarjetas de crédito jamás registrada por toda la historia bancaria. Un millón de Vics repartidas por el mundo capitalista serían el mejor antídoto a cualquier amenaza de crisis financiera. Si no sabe la distancia que hay entre una ciudad u otra o entre una cifra millonaria y una de decimales, tampoco sabe lo que hace con ellas (las tarjetas digo): agujero permanentemente descosido en el bolsillo de los dineros. Toda cifra es un criptograma. No hay nadie que no se pelee por los números, en particular si éstos indican cantidades económicas. Ella es la única excepción planetaria que conozco. Mientras tenga liquidez para vivir y para vivir bien, cualquier fuga de dinero poco importa. Yo soy todo lo contrario. Me discuto por un céntimo con quien me lo saca sin tener autorización y si no me parto la cara con el programa bancario que me ha hecho la sisa es porque ya no concedo duelos de gladiador en ningún parque público. Desde que conozco a Vic, la poderosa atracción por militar en las columnas de los números rojos revuelve los algoritmos de la economía casera y me inquieta. Pero su capacidad angélica para vivir la vida sin sufrir por las agresiones e incomprensiones recibidas la tienen en mi más alta estima. Averiguamos con el contacto por email que los únicos responsables de nuestras fugas de dinero éramos nosotros: habiendo dado la orden de pago aplazado de los gastos realizados con tarjeta. Puesto que estos fueron alrededor de los 2700 antes de dejar España, su pago aplazado implicó una buena cantidad de meses de este año. Pago aplazado significa que el 16 o más por ciento de interés se va multiplicando por tantos meses de demora como haya, además de los 30 de coste anual de mantenimiento de las tarjetas. Mientras e África nos discutíamos por 100 cefas en nuestros cuarteles seguimos estando desprotegidos. La culpa era nuestra y solo nuestra. Lo cierto es que la suma por los pagos de la baca de la furgo (para poder cargar las cajas del trasporte solidario), un ordenador portátil, la caja de medicinas que compramos,.. ascendió a aquella cifra, pero al menos el de ser siseados por algún atracador electrónico se disipó. Hasta que no volviéramos a España no íbamos a poder ser en orden todo ese asunto tratando de controlar más a nuestro banco y sobre todo nuestros hábitos de gastos.

La descripción de la vida es que te lleva a auscultarlo todo: los ritmos externos y el tictac de tu interioridad. Escribirlo, sí, que no explicarlo siempre. Estamos rodeados de sucesos que no entendemos y cuestionados por nuestras propias ineptitudes. Desde la distancia de los asuntos domésticos no puedes hacer nada. Alguien que viaje tiene un sinónimo ad hoc -para los sedentarios que se quedan forrando sus cuarteles- como el de libertino que se desentiende de lo que dejara en sus abandonadas latitudes. Como viajeros nos permitimos el lujo de hacer nuestro viaje sin tener que ir a la oficina a cumplir con las existencias del departamento de ventas o a aguantar las presiones atmosféricas y otras. Viajar significa para observadores poco neutrales ser rico. No es cierto pero muchos oteantes con sus telescopios de hojalata creen eso. En todo caso el nuestro en curso lo iniciamos con su garantía económica pero no con todas las condiciones arregladas. Es así que pagamos los seguros hispanos de dos automóviles que no pudimos dar de baja o por dos teléfonos y una cobertura de internet que no usamos. Toda una exhibición de despilfarro de recursos, pero bueno el dinero es solo dinero y mientras sirva a alguien para dar de comer a sus hijos salir del submundo de las alcantarillas, tampoco nos dejará en el absoluto decomiso.

Diciembre empezó con la mejor noticia del año: el nacimiento de Lola. Habemus filius de filius (¿se dice así?)y eso me convierte en el abuelo del año sin quitarle el mérito de la abuelidad a otros congéneres. ¡Una niña de 4kilos 100¡ Hacedle un hueco, viene a compartir el planeta con los demás. No sabe donde se ha metido pero ya nos ocuparemos quienes la queremos que lo pase lo mejor posible. Tuve que pedirle a mi amiga FinaO durante una conversación por msn que llamara a Isaac para que se enterara de la situación. Sabíamos que el parto estaba previsto para diciembre. Ella lo llamó estando en el hospital. Al dia siguiente o a los dos días él me envió las primeras fotos de Lola, que Vic colgó enseguida en el Face Book del la familia MAlés. La abuelidad hace que todo lo demás pase a un segundo plano. Te da una patriarcalidad, repasas lo que recuerdas de la teoría de la evolución, te sientes solidario con todo el mundo, haces u guiño de complicidad a los desconocidos, saludas a las abuelas de la calle como si fueran parte de tu clan, pasas a admirar al propio Abraham y te das cuenta que estas mas unido a la especie humana de lo que creías. Tener una nieta significará también esperar en el mundo de los vivos algunas décadas más a ver como crece y, al menos, asistir a la tenencia de su primer hijo, pero sin presuponerlo ni condicionar biografía alguna ¡que conste!
En el Sacré coeur las voces de los profesores dando clases con puertas de sus aulas abiertas o los ruidacos de los alumnos en los intervalos entre clase nos acompañaron como sonidos de fondo. También flotaban nuestros sonidos en el espacio (clarinete, armónica y la voz catando de Vic).Salíamos lo justo o no salíamos. El ordenador era nuestra vida. El apetito nos llevaba hasta el boliche más cercano de dos hermanastras Fatu que no nos discriminaban con los precios. Nos sentábamos de cara a la pared usando un tablero a modo de mesa. Yo hacia mi itinerario previo: compra de bananas y cacahuetes (persistiendo a 25 francos la micro bolsita, uno de los detalles representativos del Senegal actual) en el puesto del vendedor que me preguntaba la cantinela habitual, ça va les affairs de la journé? Y en otra tienda la Coca-Cola de litro fría para acompañarla en la comida en el pequeño. Luego nos reintegrábamos al despacho. Con nuestros compañeros de cara a la pared en el chiringuito unas veces hablábamos y otras también. Alguien nos contó que un dia espontáneamente la ciudad se rebeló de un modo descentralizado, por barrios, ante tanto caos de país, y que el ejército intervino pero que dio orden de no disparar para que los soldaros no se opusieran a la orden ya que podían matar a familiares. El entusiasmo del chico contándolo (es raro que alguien confíe en desconocidos con esa clase de informaciones) ni siquiera lo tomamos como un indicador de conciencia política o de capacidad para organizar el futuro. El hecho de que en innumerables sitios del planeta haya razones objetivas poderosas para levantamientos de protesta no significa que esos levantamientos termine engendrando organizaciones sociales mejores. Por lo general se ventilan con represiones brutales y con un periodo de silencio posterior de unos cuantos años. Todo lo que hace el poder ante ellos es recordar que sus súbditos un día pueden asaltarlos y comérselos sin patatas fritas pero otro asunto muy distinto es la capacidad alternativa de organizar algo mejor y ante esa hipótesis tal vez aflojan un poco el expolio y la presión social.
Atraídos por la música de Ismeël Lô, Tabajone, que coocida de la banda musical de Todo sobre mi madre de Almodóvar,descubrimos un local donde tomar cerveza, Le bureau des combattants. Nany’ s. Combatiente es un substantivo que suena a mayor (combatir por la paz, la libertad, la justicia y sus tantos etcéteras) claro que hay nombres parecidos en Europa que se refiere a clubes de lo antiguos legionarios y otros individuos que forraron sus biografías haciendo daño al prójimo, en las colonias de las metrópolis o donde fuera, pero a diferencia de Kaolack mi vida cervecera pasó a un grado ínfimo. La cerveza es un placer para la época de calor y una bebida ordinaria con el cambio estacional. En nuestras dos camas (colchones mejores que el colchón asesino de la primera noche) pusimos ya mantas por primera vez y yo dejaba que el agua caliente de la ducha me mimara durante un buen rato. Baffour se fue demorando en dar noticias. En una carta pasada al inglés con la ayuda del Google traslater le informamos de nuestros planes inmediatos y de nuestro límite de estancia en Senegal.
La vida casera tenía eso, no demasiado que contar aunque sí mucho mas vida personal que hacer. Los chats con Nani, con Ter, con FinaO, con Cristina Echánove, con Almu,… creaban la curiosa sensación de estar rodeados con gente en nuestro salón despacho. No teníamos mucha anécdota que contar pero nos vivíamos más intensamente en nuestra privacidad.

martes 2 de diciembre de 2008

Dakar bis.

Pero, ¿saben arreglar la avería?

Con Fr, Francois
Con Marie Helene
Con Soeur Claud Marie, nuestra cocinera particular y su menú
Dakar 1diciembre2008
Marie Helene vino con las cervezas frías a la hostellerie. Tenía las llaves, no le preguntamos porque. No pudo venir el domingo anterior porque su hermano dio varias vueltas de campana con el coche en la carretera desde Tambacounda, la peor del país llena de agujeros. Al parecer la culpa no fue suya, pero su acompañante se fracturó el cráneo y murió al no llevar el cinturón de seguridad puesto. Fue llamada urgentemente por su familia para ir a ocuparse de lo que derivara de eso a pesar de que no él salvo la vida sin hacerse daño.
La invitamos a pasar, quería conocer a Victoria. Dentro de sus primeras preguntas, creo que fue la primera, es que si estábamos casados. Marie Helene no lo está porque no ha encontrado al hombre de su vida. Ella atendió a nuestra explicación sobre el hecho de que en Europa no es poca la gente que vive emparejada sin estar casada y que ésta no es una condición tan relevante, que el matrimonio era una gestión de tipo legal y no un indicativo amoroso, y que en todo caso no es una condición por la que allá se pregunte tanto. Luego repensándolo para mí, la verdad es que esa explicación no representa la Europa mayoritaria. Los europeos, como en todas partes, siguen preguntándose también por eso, el estado civil, para poder fichar al otro lo antes posible como candidato o no a una posible relación. Por otro lado, para mucha gente el estar o no casados todavía sigue siendo un motivo para enviarte al ostracismo o estigmatizarte con la marca del pecado o incluso para desheredarte. Vic y yo disponemos de un curioso y jugoso anecdotario aunque afortunadamente escueto por el lado de su familia por no estar casados como el de pedírsenos extravagancias tales como dormir en habitaciones separadas para no dar mal ejemplo a la parentela surgente de la siguiente generación, osease los niños, que a su debido momento en la edad pre adulta, a la hora de seguir la llamada de la carne, hicieron algunos lo mismo que nosotros. Para nuestra óptica no sabemos de la gente conocida quienes están casados y quienes no, yo solo lo sé de aquellas parejas contadas a las que fui a sus bodas. No es el dato más relevante de nadie y mucho menos el dato a significar en una primera conversación.
En la hôtellerie, categoría de chalet residencial que permitía la máxima tranquilidad con la compañía de los pájaros reunidos en congresos de sonidos y pocas interrupciones humanas tuvimos que enfrentarnos a una colonia residual de mosquitos, concentrados todos, eso sí, en el cuartito del wc. Advertido el frere Eduard de la cuestión el mismo día nos hizo llegar por Cristophe, el guardés de los recintos monacales, un spry que no acabó con ellos pero cambiaron de posición concentrándose sobre la cesta para dejar la ropa de cama usada. Al menos durante el sagrado acto de la meditación en el uvecé quedábamos a salvo de sus picaduras. Inevitablemente los mosquitos forman parte de la disertación africana por mucho que a ratos suponga que han sido enviados al pasado. Desconozco sus reflexiones, supongo que el derecho a la vida que en su registro se reclama toda especie, pasan por alto las molestias que nos puedan ocasionar. El derecho a la vida: interesante tema convertido en extraordinaria cantera por innumerables literaturas. Tema, al fin, que filosóficamente revela como internamente antitético: el derecho a la vida de unos pasa por obligar a morir a otros. El derecho a la vida se traduce en ocasiones por la lucha a muerte, por la destrucción ajena. La medicina que protege la vida humana -o ese al menos es el propósito hipocrático- implica la destrucción de otras formas de vida: hongos, parásitos, virus, bacterias,..que se oponen a la anterior. Aunque hay algunos puristas que llevan un pañuelo en la boca por no matar por descuido algún insecto volador (no me refiero a los nipones que se lo ponen durante sus resfriados para no contagiar a sus vecinos sino a una secta religiosa) el solo hecho de vivir implica la destrucción de otras expresiones de vida. Toda la política de nutrición está basada en la muerte industrial a gran escala. Dejemos eso porque si vivir significa matar a otros se nos convierte en cómplices de muertes inocentes y esta no es una forma de empezar un capítulo de nada por el desasosiego que pudiera generar.
Nuestros días tranquilos en l’ hôtellerie fueron compartidos por soeur Claude Catherine, de Benin, en transición a convertirse en benedictina. Se ocupó de ir a buscar hortalizas y huevos. En seguida demostró que le gustaba comer bien haciendo honores a lo de “vives como un cura”. En todo caso estaba más preocupada por esas cuestiones materiales que nosotros mismos. Pagamos a precio de oro las cuatro cosas que compró. El siguiente encargo para dos microquesos de cabra a 1000cefas uno, vino sin ellos pero gasto el total del billete de 5mil en otras cosas. No le reclamamos la vuelta. Compartimos la mesa y las conversaciones. Ella asistía a los oficios religiosos puntualmente. Nos permitió que no creyéramos en ninguna religión siempre que aceptáramos al dios-padre creador de todas las cosas. La conversación no prosperó más allá de eso. Es más suculento con cualquiera hablar de otros asuntos no teologales. Aquella noche Vic tuvo un curioso sueño en el que llegábamos a algún lugar de África con un animal grande, una especie de dragón, en la puerta de un establecimiento donde había un conferenciante en el interior hablando en español correcto de ese bicho. Tan pronto ella manifestó una discrepancia el conferenciante dejó de comprenderla idiomáticamente aunque cortésmente hiciera como si la entendiera. En el mismo sueño, un grupo familiar al completo perseguía a un autobús para que se detuviera y les devolviera a una chica, un miembro de la familia.
No pude interpretar la conexión entre una escena y la otra pero sí los materiales suculentos de ambas para catadores de inconscientes particulares y coleccionistas oníricos como yo.
Cuando nos toca hacer convivencias puntuales con otra gente es cuando más en evidencia se pone lo distintos que somos y en qué clase de ritmos tan distintos nos hemos metido. La gente normal se levanta y sale a la calle. Eso es crucial. Es el momento del día estelar: la verificación de que el mundo sigue ahí, de que los escenarios están puestos y la gente los ocupa con sus ajetreos. Nosotros no hacemos eso. Bueno, yo no lo hago desde hace años, Vic, desde que se jubiló se incorporó a este esquema. La calle es para después, para el atardecer, para después de los deberes hechos, y no todos los días. No renuncio ni siquiera a media hora de ordenador para ir a buscar los buñuelos frescos del día o las bananas. Si no hay una cosa en la despensa para preparar el desayuno o la comida hay otra. Unos centímetros cuadrados de espesura en el Microsoft pueden más que las regularidades del mundo exterior. Cuando nos preguntan si hemos visitado Goré y decimos que no, la gente se sorprende. Es como ir a Barcelona y no visitar la Sagrada Familia. Tenemos la sensación de saber las cosas, al menos las que se refieren a los obligados itinerarios turísticos, antes de conocerlas. La historia del embalaje de esclavos camino de sus vidas explotadas y de servidumbres es una historia sabida.
La gente anormativa como nosotros (déjeseme usar la palabra ordinaria para el caso: la gente anormal) vamos con nuestro chip existencial endógeno. El viaje existencial es un viaje intracelular en lugar de geográfico, un viaje por las ideas y los sentimientos en lugar de por los cromos y los salones. Es así que un buscador de todas las informaciones sobre África oeste encontrará en nuestro reportaje una actitud de vida no una oficina de datos. Nos iba pudiendo más nuestro nuevo programa de actividad que no la visita a jefes locales, reyes tribales, exploraciones de instalaciones solidarias. Nos complacía más un rato de charla con algún vecino o visitante, o ser visitantes nosotros de alguno de ellos, que no los ritos o dar conferencias. (Ya tuvimos suficiente con las dadas a principios de año). Fuimos hasta la casa de Marie Helene, en el barrio católico, a tomar una flag in situ y a comprar otras. M.Helene no estaba pero sí dos de sus hermanas que hablaron con nosotros expresando su deseo de encontrar un blanco para casarse. Tema que raya la obsesión. Nos contaron la historia de una vecina que se casó con un belga y se había ido a vivir a Europa donde él no era un practicante fervoroso como ella. Esas mujeres no necesitan para nada su príncipe enlatado y tienen un buen nivel de vida: una casa con un patio que ya querríamos tenerlo para nosotros a pesar de estar ubicado en una localidad no rica. Como suele pasar, la gente vive en el infradesarrollo sí, pero no en el material sino en el de los valores, en el mental.
En Senegal la vida de barrio puede ser tan divertida y pletórica como en cualquier otra parte. Vida de barrio u hogareña significa disminuir variables, riesgos, imprevisibles, extorsionadores y agentes varios de las molestias todas. Eso no te deja completamente a salvo. Mientras estábamos comiendo un dia sentí un impresionante pinchazo justo al lado del pezón izquierdo. Fue como si una aguja me hubiera atravesado. Por un momento tuve que recapitular acerca de lo que sé de los infartos: no, no es ahí donde duele, sino cerca del esternón. Al cabo de un rato apareció la señal de una picadura, en realidad una mordida, tal vez fuera de una avispa. En el comedor había una pequeña colonia con una docena de celdillas enganchada de una de las puertas. De alguna manera algún bicho que no vi se metió dentro de mi camisa holgada y decidió morderme o tal vez decirme hola a su manera. La cuestión es que me enseñó que uno no puede estar a salvo ni siquiera en su propio comedor. La otra fauna coexistente: dragones y bichos voladores múltiples no crean ningún problema. En la inmediatez de cada recinto y/o alojamiento aprendemos que hay muchos más significados de las cosas de los que tenemos capacidad para entender. Ahí en el patio un árbol con dos o tres troncos juntos, en realidad un árbol siamés cruje de tal manera por su balanceo movido por el viento que emite unos extraños sonidos. En última instancia todo es lenguaje y sólo falta receptores con capacidad de escucha para entenderlo.
Claude no era una mujer de letras y así lo declaró: solo tenía dos ocupaciones al dia, ocuparse de la logística de la subsistencia (buscar y traer comida) y cumplir con los oficios religiosos. Daba lugar a una de esas situaciones que de prolongarse mucho tiempo, la parte currante se queja de la otra por no ocuparse de la despensa o la cocina. Por otra parte, la convivencia, inevitablemente, protocoliza unos ritos sociales que alteran los ritmos privados por lo que hace a dedicaciones etéreas, artísticas o cualesquiera que sean de quienes pertenezcan/pertenezcamos al club de los flipados.
Afortunadamente, desde la época dorada de la prejubilación, hay tiempo para todo y se puede leer, escribir, grabar, guisar y hacer sobremesas. Aunque desde mi infancia desarrollé una animadversión particular a empezar los días teniendo por máxima preocupación –que ocupaba un buen rato de las conversaciones de las mañanas- lo que se iba a comer durante ese día. Los humanos son/somos animales de costumbres. Unos se acostumbran a una noción existencial de supervivencia y otros a una cruzada teórica para gladiar con todos los por qués que vengan a dar la lata. Se dice de los humanos que son los animales mejor dotados para el aprendizaje. Lo dudo. En todo caso habría que verificar al detalle tal afirmación en comparación a otros animales. Hay estudios que demuestran que durante los primeros años un bebé chimpancé aprende tan más rápido que un bebé humano, luego aquel se queda notoriamente atrasado (quizás porque sabe lo que le espera y prefiere no seguir adelante con el conocimiento humano). Los macacos japoneses y sus baños en aguas calientes demuestran conductas adquiridas, por tanto aprendizaje y cultura. La isla de Kosima en Japón ha permitido teorizar la idea de cultura animal. Los chimpancés son nuestros parientes más cercanos. La primatología ha estudiado su comportamiento hilarante con chillidos y movimientos cuando hay tormentas o efectos atmosféricos. Alguien ha sugerido que pueda ser el principio de la religión. No dudo una estrecha conexión entre ansiedad subjetiva ante acontecimientos monstruosos y extraños y adhesión a instancias en creencias de lo superior que puedan salvar lo inferior. Por este lado la inferioridad humana se autoconsolida sin ocuparse de su evolución para superior miedos e incongruencias.
Nuestros días (segunda parte) en la hôtellerie fueron contados. En lugar de las 7 noches que habíamos calculado para llegar el 1ro de diciembre, lunes, a Dakar, nos quedamos cinco. Marie André, el frere al cargo, destacado en el mundo del habla por sus monosílabos: ok y no, nos vino a recordar que ya debíamos haber dejado el establecimiento el día anterior. En efecto su email nos había indicado un intervalo de estancia entre dos fechas claras. Por alguna razón que se nos escapa las normas conventuales no facilitan la convivencia entre los usuarios de sus recursos a pesar de que los ratos con soeur Claude Catherine nos los llevaríamos bien posicionados en nuestra memoria. Dedujimos que hay monjes que el voto de la obediencia no les debe resultar nada costoso porque son mentalmente serviles y no preguntan el por qué de las cosas. Tampoco olvidamos que ese servilismo convirtió a unos monjes en carceleros y asesinos de gente como Jeanne d’ Arc. Nosotros tampoco tratamos de desmontarle el chiringuito mental diciéndole que iba contra toda lógica no podernos quedarnos dos noches mas durmiendo en nuestra furgo dentro del recinto, ya que eso no creaba ningún disturbio a nadie. Tal vez podría habernos dado la razón pero en última instancia era solo un machaca que tenia que cumplir las órdenes recibidas. Un monasterio nunca deja ser una propiedad privada con un amo que controla las puertas y las cerraduras. Con nuestro programa de vida de los dos últimos meses, la preocupación diaria además de encontrar una ubicación donde pasar la noche y asearnos, se extendía a la de encontrar una mesa de trabajo y una toma eléctrica.
Nuestra contradicción, suficientemente antedicha en otros capítulos, es el de ser usuarios de espacios religiosos sin tener nada que ver con religión alguna. Es una contradicción más grave y compleja de lo que suena a primera vista. Hay otra anterior de la que forma parte: la contradicción de la vida es la de hacerlo dentro de un mundo cuya versión dominante es altamente insatisfactoria. Tal vez sería mejor, por meras razones viajeras, hacerse de un equipo u otra, siguiendo el slogan de dejar la neutralidad y tomar partido. En las movedizas arenas de la política se decía que se podía estar en contra de un partido u otro pero no de la política dejando de participar en los asuntos sociales. En los oratorios de las religiones se puede aceptar estar en otra distinta pero no en ninguna.
En nuestras visitas a los recintos religiosos en unas ocasiones hablamos y en otras no. Hasta ahora no ha surgido ningún verdadero debate teologal o filosófico con nadie. Una equidistancia protocolaria nos mantiene a salvo los unos de los otros. No somos nosotros precisamente quienes eludiríamos los temas sino que presumimos siempre que son temas que mueven energías embarazosas y dejan saldos de emociones adversos, especialmente cuando la sala donde estás esta llena de cuadros religiosos, como ese ultimo comedor de la hôtellerie en que a un palmo de la cara de un Cristo crucificado, desnudo y sudoroso está la cara de una mujer, (debe representar una de las Marías), con actitud devota, manos juntas pero a punto de beso de boca, por no citar cruces e iconos de madres de dios con niñojesuses –con cara de viejo por cierto: nota para el pintor- repartidos por todas partes.
Cargaremos con la crítica de utilitaristas por ambas contradicciones: la de usuarios infraestructurales y la de vivientes mundanos. Pero las religiones hay que tomarlas como parte de la cultura y de lo que hay. La cuestión es que en torno a las grandes iglesias han surgido otros movimientos menores, socialmente críticos: cristianos agnósticos, cristianos por el socialismo, cristianos progresistas, movimientos de base, senderistas de Compostela…También la densa y compleja historia de las religiones ha dado cuenta de hasta que atrocidades puede llegar el ser humano, no solo por lo que hace a quemas de disidentes y potros de tortura por orden inquisitorial sino por curiosas trifurcas entre corrientes incompatibles. Si tuviera que ser un converso, saltando del a teísmo a la credulidad, ante no aceptar la tesitura de un mártir pediría que se me concediera el favor de elegir una religión a mi antojo. A ver, a ver, que propones –me preguntarían los del Gran Tribunal del Espíritu-. Había pensado en hacerme Ebionita
[1] o si eso no es aceptado por antiquísimo, Dowieista[2] que queda más cerca temporalmente hablando. Si no fuera porque las referencias están documentados a uno se le hace difícil creer en que el ser humanos haya llegado a organizarse entorno a presupuestos como los de estas dos religiones pero la adhesión al cromo de una o de otro sería tanto como ridiculizar a las actuales que tal vez hayan superado aquellas en la forma pero no el fondo substancial. Dowie, un enfermo mental, un paranoideo, consiguió el liderazgo de unos cuantos crédulos. No era el primer caso ni sería el último. El loco a diferencia del cuerdo suele poner en coyunturas históricas el arrebato y la decisión que le falta a la mayoría de gente viendo en su verbo inflado una capacidad de la que en realidad carece y la verdad de un credo que en realidad no se demuestra.
Hemos dejado de ser críticos activos de las religiones. Es una crítica agotada y que agota, aunque cuando el itinerario biográfico nos lleva a acercarnos a una u otra en activo no podemos por menos que comentar lo que nos parece. El problema de hacer crónica del itinerario que sigues es que si callas lo que piensas, sencillamente haces otra cosa que no es una crónica: escribes para complacer a quien quiere confirmar su visión a priori de los sitios sin haber estado en ellos. Hablar de los lugares donde estas, de donde vas, de con quien te encuentras forma parte del diario de ruta del viajero pero por encima de todo esto hablar del viaje de tu pensamiento es más majestuoso.
Detrás nuestro hay muchos siglos trabados con el dedo culpabilizador contra quienes existimos sin permiso de nadie. La obra de Ezequiel, profeta judío del –VI, está en los libros proféticos del antiguo Testamento. Representa la situación espiritual de su pueblo, Israel, en el principio de su exilio en Babilonia. Habla del castigo de dios destinado a la idolatría, de la caída de Jerusalén, de los pecados y de la restauración. La llamada idolatría entonces no era más que la competencia. La imposición de un solo dios ha sido la obsesión de las religiones principales, gracias a ello la disertación de la pluralidad que esta/ría en la base de un desarrollo fructífero de la humanidad sigue muy bloqueada.
Pero la unicidad total siempre fue un camelo. Periódicamente ideas distintas, algunas dando lugar a otras religiones, hablaron de dualismo, de contrarios, de desenlaces conflictivos, de diversidad. El dualismo ha estado presente en religiones y en movimientos sectarios que creen en una doble divinidad, la del bien y la del mal. La religión de Zoroastro es una de las mas representativas, también el desarrollo maniqueísta, que alcanzaron su máximo esplendor en Occidente con el catarismo. Me replanteo si ante preguntas directas de por que no asisto a los servicios religiosos en lugar de acudir a mi confesa doble condición de apóstata y ateo, no sería mejor declararme zoroastrista, seguidor zen o practicante del Pilates (bueno, todo suena, aunque esta técnica corporal no tenga nada que ver con ningún credo). Para redondear la respuesta podría decir que solo reconozco un maestro, a Eckart, que priorizó la experiencia a la famosa instancia del Verbo en mayúscula. Karlfried Graf Dürckheim
[3] , seguidor del Maestro Eckart, dijo no haber discutido nunca los problemas teológicos sino que se ocupaba de la experiencia religiosa. Lo que llamaba religiosidad viviente. Por tanto, del ritmo, de la marcha, del proceso, de la ascesis que permitían una experiencia tal. No sé muy bien lo que significa eso pero sí valoro sobremanera la experiencia como fuente primaria de conocimiento. Tuvo la ocurrencia de elegir el zen como la rama que toca más directamente el fundamento de la vida religiosa. De Daisetz Suzuki contó que no quería ser considerado un maestro zen, es decir un conductor de almas, sino más bien un filósofo o un sabio. Del zen se habla menos de lo que se practica. Graf tiene una buena frase, que hago mía, dijo que “el ser esencial está mas allá de todas las condiciones”. Es el modo individualizado con que se presenta el ser universal. Es el encuentro con la oposición del yo condicionado. De esta visita en las últimas líneas al divagatorio lo que más claro me queda es que las religiones que más han avanzado son aquellas, como el budismo o el budismo zen que no lo fueron, sino que partieron de presupuestos filosóficos aunque sus seguidores terminarán por idolatrarlos.
Dejamos el recinto tras la llegada de los nuevos usuarios que contra lo que nos había dicho Marie André solo usarían las dos habitaciones libres sin necesidad de la nuestra. Comprendimos perfectamente los monosílabos y la escueta prosa del monje que lo dejaba en la laguna de ser agua poco clara. Él, como tantos otros, sabrá como puede conciliar su tesis de la bondad con la insuficiente falta de acogida a los forasteros. Hicimos los preparativos de salida sin saber muy bien donde íbamos a pasar las noches del findesemana. Saqué de uno de los bidones el edredón y la colcha, las noches ya no estaban para dormirlas a pelo. Repuse 20 litros de gasoil de una de las garrafas al depósito y arranqué el coche. Pocos metros despues, ya fuera del recinto de la hôtellerie, el motor de la furgo falló, (mucho furgo-suite pero motor kk barata). Pérdida de potencia total y desconexión del encendido. Repetición de la jugada y lo mismo. Con la inercia llegamos hasta las puertas del monasterio, medio kilómetro más abajo. El icono encendido intermitentemente en Kaolack nos pasaba factura. El libro de explicaciones del coche no dejaba ninguna duda al aire. De persistir con el problema de la inyección podría quedar dañado el motor. Máxime llamó a frere Lazare para ver si podía arreglarnos algo. Volvimos a sacar el filtro de gasoil para re-lavarlo aunque era evidente que ya estaba limpio (nada a ver con el anterior absolutamente grasiento y negro), el chico también revisó los tubos de ida y retorno del gasoil hasta la bomba. Todo bien. De nuevo arrancamos el motor pero a la menor aceleración se paraba y la lucecita (otro icono para las pesadillas) continuaba encendida. Recordamos que supuestamente teníamos una cobertura internacional de seguro. Llamamos al RACC que nos informó que solo cubría la asistencia técnica en los países del mediterráneo y en el resto la sanitaria. Llamamos al RACE que nos dijeron los mismo que solo cubría los países ribereños del mediterráneo. ¿Entonces porque nos hicimos socios del RACE si ya lo éramos del RACC si no había ninguna ampliación de cobertura? Creímos recordar que nos hicimos tanto para reducir la cuota del carnet de passage como por una póliza con más prestaciones. Reviso un recordatorio telegráfico del año pasado y no menciona nada de una mejor cobertura. Dado que en nuestras cabezas anida(ba)n varios nidos de pajaritos es posible que no nos enterábamos de lo que realmente contratábamos. Tras hacer el ridículo con esas dos llamadas a las que desde la cabina de Jean Paul, el encargado de tienda y el frere implacable en los precios, no accedía por no tener un contador, accedimos a su propuesta de avisar al mecánico lugareño, del famoso km, 50 Lugar de cruce entre la carretera que va a Keur Moussa y las otras localidades hasta el mar y la nacional que va de Kaolack a Dakar. Este vino sin sus herramientas. Echó una ojeada y no entendió nada de mi explicación. Revisó lo mismo que habíamos revisado el día anterior. Tras todo eso tocó por casualidad el cable conectado al electrovan, una pieza de la bomba de inyección, y el acelerador cobró el máximo de potencia, la lucecita de la pesadilla se apagó. Di una vuelta de un par de cientos de metros para verificar que tenia fuerza. Sobrepagamos 15mil cefas por ese minuto de hallazgo y una hora de sondeo estéril. Volvíamos a recuperar la libertad de movimiento (¿alguien lo había puesto en duda? Sí, ¡yo! Los stops de cualquier clase los tomo como una ejecución ante un pelotón de fusilamiento de tipos bostezando.) Estuvimos un rato de prácticas sociales esperando a que la misa terminara para despedirnos de los monjes que nos habían ayudado. Nos enteramos por cierto que Máxime es un trapense en stage con los benedictinos mucho más laxos que aquellos. Nuestros carteles de pizarra en dos o 3 idiomas pararon a algunos feligreses y otros que acompañaban a los anteriores. Uno de ellos, Amadou Mbodj, un senegalés residente en Barcelona no sorprendió con su castellano perfecto y su catalán. Hablamos a tres lenguas durante un rato mientras esperábamos a Frederika Wirzigmann la alemana con la que comparte casa en el paseo colon de Barna y por la que no paga nada. También nos presentó a Begoña Iriondo, una vasca barcelonáutica, encantadoras las dos. Quedamos en llamarnos el año próximo. Pagamos religiosamente por todo, lo que usamos y no usamos en Keur Moussa, sobrepagándolo.
Hablamos con otra gente. Un tipo muy curioso que se identificó como bretón del norte cuando le dijimos que éramos de la Catalunya sud. Nos metió dentro de un alucinante discurso en el que se declaraba celta, maquis y prisionero (luego aclararía que era de la vida). Nos dijo que su descendía ya alcanzaba al tercer nieto pero que no dejaría Senegal para ir a visitarlo. (dentro de su paranoia discursiva yo entendí que iba por su tercer miedo, lo cual como frase, aunque fuera fruto de mi lapsus auditivo, no quedaba tan mal para un intérprete original de situaciones personales como él). Despues de despedirse media docena de veces y darnos la mano otras tantas se fue con su cromo a otra parte.
Nos hicimos fotos con Marie Helene que vino a traernos un regalo de araschids y por separado con su hermana Ivenne. Quedamos en que les enviaríamos saludos desde España. Nuestro aire triunfal se desvaneció unos minutos después cuando el motor volvió a fallar, tal vez por el traquetreo de la carretera agujereada. Meter la furgo en el taller del mecánico que nos atendió fue una odisea, sacarlo también. Cruzamos los dedos, pasamos la caravana habitual de todo Rufisqui y llegamos a Dakar, con la consiguiente parada por el camino de la policía al ver el coche extranjero y bocata de cardinale para sus presiones. Al decirle al guripa que estábamos en Keur Moussa con los benedictinos nos dejaron continuar sin verificar ningún papel.
En Dakar fuimos directamente al mismo establecimiento donde nos alojamos la anterior vez. Mientras esperábamos al gestionaire, el guardés de dia, un licenciado universitario en inglés, nos organizó una mesa junto a su garito para que pudiéramos comer de lo nuestro. Fui a por bananas y galletas al mismo vendedor de calle al que le solíamos comprar eso durante la otra estancia en Dakar. Encontramos a un Paul Jacques mucho más relajado que la anterior vez y nos facilitó una habitación, la última del pasillo en la planta superior ya que al ser domingo no disponía de las llaves del despacho de informática que usamos la anterior vez en la planta baja en el mismo pabellón. Solo pasaríamos una noche en el piso de arriba para trasladarnos al dia siguiente a la otra habitación, en la que ya nos habíamos alojado. Subí todo lo necesario, también fui a por la Corá, a parir de este momento, nuestro extra pesado en los trasiegos que todavía nos esperaban.
Pude consultar el correo electrónico. Sin noticias de Baffour, por quien estábamos preocupaos despues de dos semanas de no disponer de internet. Algunas notas ansiosas de FinaO que quiso interpretar mis ausencias de respuesta con mi ruptura de amistad o casi (la ansiedad no es un trastorno leve) y la falta de noticias de otras personas que esperaba. En la cocina comunitaria del pabellón coincidí con Hannah y Marek Wroblewski, una pareja e polacos leyendo con afán ejemplares de principios de mes del Polska. Metropolia Warzawskay de la Gazeta Wyborcza.Pl. Habían venido hasta Marruecos con Ray Air por uno 125e los dos y de Tánger a Dakar por carretera en transporte público o autostop. Me dijeron que no tenían casa y habían guardado sus cosas en casa de la familia y se dedicaban a viajar.
Antes de empiltrarnos, Vic y yo retomamos nuestro programa de grabación. Dada que la habitación, de dos camas, no había sido arreglada todavía por ser finde semana, compartimos la cama no usada: el peor colchón de muelles de la historia senegalesa Un colchón pensado para ensartar a su huésped. Ya sabíamos de la inaceptable propuesta de los colchones del establecimiento pero no habíamos llegado al extremo de sospechar de sus muelles como armas homicidas. Me desperté de madrugada y se la dejé entera a Vic, yo me trasladé a la cocina con el ordenador. Quedaban por hacer los últimos manotazos de este viaje literario.
Tal como teníamos el coche, mi último resto de confianza en él se evaporó por completo. Por si fuera poco al desatornillar el electrovan, la pieza, al parecer, de nuestros quebraderos de cabeza, uno de los dos tornillos parecía haber sido sacado con anterioridad, es decir dentro de los 4500 kms con qué compramos el vehículo. Mis pensamientos no publicables para el concesionario que nos lo vendió se recrudecieron. Vic, una optimista incorregible, opinaba que podíamos estar contentos con el resultado que nos estaba dando y que había esperado peores adversidades viajeras, incluyendo atracadores a camperos. Cruzar el desierto conduciendo un coche del que no estás seguro no es la mejor opción. Por si fuera poca la operación tabaski se había puesto en marcha: cuantiosos puntos en la vía pública con cabras u ovejas esperando en la antesala del corredor de la muerte aguardaban a ser vaciados con su venta. Nos habían advertido que no se nos ocurriera salir con el coche en las fechas próximas al 8 de diciembre para quitarnos de encima posibles extorsionadores añadidos a los que ya habitualmente nos tocaba sufrir.
Recuperamos la habitación de agosto pasado: cuarto de baño completo para nosotros y salón despacho. En la planta baja unas tres aulas abarrotadas nos recordaron la vida feliz de los estudiantes. El ruter enganchado en la pared del pasillo nos dio cobertura suficiente. Aunque como es habitual, tuvimos que deshacernos del norton en un ordenador y gestionar las redes inalámbricas en el otro eliminando las anteriores coberturas de otros espacios para tener una conexión fluida. Tal como se ha puesto internet y la política de intrusión sistemática que sigue Windows, antes de que lo adviertas te han cargado tu ordenador con un montón de actualizaciones y de softs que no te sirven. Tenemos más problemas con esos bien intencionados que nos quieren proteger de troyanos e intrusos, generando conflictos de soft que no con quienes envían virus intencionalmente. La cuestión es que la libertad privada del consumidor no queda respetada y hay programas que se activan sin ser solicitados redunda todo eso en bloqueos del aparato, disminución de la velocidad, pérdida de función y malestar propia por la condición de víctima que te hacen reestrenar. Con todo el Messenger del msn nos permitiría algunas conversaciones en castellano y catalán con parentela y amigos de las Españas, y la consulta del Hotmail nos pondría al dia de algunas fatalidades (cargos regulares de 300 euros en nuestra libreta bancaria con una tarjeta que no usábamos, entre otras noticias del mundo de afuera)
Estar ocupando esa habitación en pleno curso escolar nos iba a proporcionar más contacto social aunque más interrupciones.

[1] Los Ebionitas fueron los seguidores de Epifanio de Ebion en el II. Caracterizados por su adhesión a la ley mosaica estricta. Fue un movimiento judeo cristiano que, siguiendo la ley de la naturaleza de las bifurcaciones o multiforcaciones de los troncos de los árboles dando lugar a sus copas, tuvo dos fracciones: los que observaban la ley sin imponérsela nadie y los que exigían de todos los cristianos la circuncisión viendo en Jesús el nazareno un hombre puro. Se caracterizaron por la no admisión del antiguo testamento y el rechazo de las epístolas de san Pablo en el nuevo.
[2] Dowieismo, fundada en 1894 por Juan Alejandro Dowie (1847-1907) un escocés que se creyó ser el Elías Restaurador, cuya venida había sido anunciada por Malaquías y confirmada por Marcos, Lucas y Mateo. Fundó la Ciudad de Sión a orillas del lago Michigan. Fue depuesto por sus alumnos por inmoralidad y robo.

[3] El centro del Ser. Recopilacion de Jacques Castermane. Luciérnaga Barcelona 1997

lunes 1 de diciembre de 2008

En La Soledad creativa

Puerta de la discordia con su bolsa para las cervezas
Korás, el de la dercha es el nuestro
Pared de la habitación en K.Moussa

Visitante de nuestra casita en K.Moussa
Keur Moussa 23 noviembre2008
Recomendación táctica: venir a África con fotocopias a color del permiso de conducir, en caso de urgencia siempre se puede huir del policía extorsionador a cuya exigencia de dárselo te hayas doblegado para quitarte pasta o regalos. Segunda recomendación reforzar el parabrisas por si no hay otro remedio que atropellarlo. ¿Apología de la violencia? No, ninguna, libertad de movimiento, Todo este comentario queda en un jeje para dejarlo con la mayor dote de ironía posible. Que cada cual elija el pedal correspondiente ante el asaltante armado de diligencias, el de freno o el del acelerador. Ter una compañera de Mesinia[1], que sigue un poco el blog me dijo en uno de esos ratos de cobertura de wifi y que me saludó con sus saludos variados que habría que ver lo que decían los africanos de lo que decíamos. No entendí a que se refería. Decimos muchas cosas y no existe un ellos unitario haciendo un congreso para ponerse de acuerdo en un dictamen sobre lo que decimos. Unos meses antes ya me dijo que si quería ligar debía deshacerme de mi barba porque con ella no me jamaría un rosco. No me consta que los europeos vengan a África a ligar tanto, ni las titis africanas que buscan toubabs para casarse (deseo del que nos han informado bastantes) se corresponda a una táctica plan de flirt o disposición amorosa. Es una propuesta tan fría como preguntar qué hora es. ¿Buscas un blanco para casarte? Luego entonces no te interesa en absoluto la persona que encierra este blanco. Es lo mismo que desear que te toque el número de la lotería o algo parecido.
En Keur Moussa nos sentimos a salvo. A falta de sociedad recreativa nos queda la soledad creativa. Pasamos una noche en el callejón de chez Mimí. Sentimiento de seguridad absoluto. Por la mañana a una chica del vecindario, Anastasia, 26 años y 6 críos, le pedí usar su ducha, es decir, un reservado de cañas, sin ningún sumidero y con un balde de agua. Ningún problema. Pura ducha africana. Las localidades más pequeñas son más seguras. Nos reconoció gente y saludamos a quienes conocíamos: A Benoit, a Maxime, a Raymond, a una de las empleadas de Chez Mimí, a Marie André, e incluso a Jean Paul, el encargado de puertas, de la tienda y de la venta de korás del monasterio. En los monasterios la división de trabajo es estricta y no parece que sea rotatoria con fluidez. No hizo falta llegar a la revolución industrial y al boom de las manufacturas para comprobar la eficacia de la división del trabajo. La especialidad o el especialismo lleva siglos instalado en los haceres humanos. El caso es que los monjes la tienen muy consolidada. Compramos el Korá que habíamos apalabrado desde verano. Por aquel entonces habíamos acordado 850e. Despues de una sesión de regateo inflexible en uno de los paillotes de les parloir. Jean Paul nos había dicho que nos mantendría el precio a nuestro regreso pero al llegar ahora dijo que el precio había variado por exigencias del mercado. Me enfadé. (Últimamente me dejo enfadar más fácilmente). El incremento no era poca cosa: unos 150euros más. Si los 850 ya nos parecían mucho los casi 1000 nos supo a puñalada con cuchillo embadurnado de sal alquitranada. Le dije que no era honesto de su parte no mantener el precio y que solo Teníamos ese capital para la compra. La denominación de no honesto lo recolocó en su lugar. Aceptó la venta al precio pre acordado.
Fuimos al refectoire a compartir la comida para visitantes. Máxime, alguien especial, enseguida punteó en las cuerdas el sonido de Bienvenida Lola. Conocimos en un rato a Emmanuel Desiré Zeng Nzeng, un monje congolés que esa misma semana abandonaba, para regresar a su país, su vida de hombre sagrado por un antagonismo entre su preciosa voz de soprano, a pesar de ser hombre, y la no aceptación de la comunidad por su amor a la música. Increíble e inexplicable. Ese Emmanuel, en el video auto promocional de la abadía, ya se hacía eco de las dificultades convivenciales por sus distintas procedencias de varios países. El caso es que el hombre renunciaba a la vida monacal para dedicarse a la vida musical Nos dio a escuchar una composición de voz suya grabada en la memoria de su móvil: una voz aguda, altísima, perfectamente confundible con la de una voz femenina. Nos habría encantado conocerlo más y tratar de grabársela, pero eso quedó en un tal vez. Raymond nos ubicó en un emplazamiento de le bois des Manguiers para pasar el resto de la semana y trabajar. Nos abrió una de las habitaciones para usar la ducha y la toma eléctrica, Estuvimos de residentes solitarios y la puerta exterior del recinto cerrada y sin que nos diera la llave. Como que con Máxime convinimos en que nos ayudara a hacer el afinamiento de la Korá y este pidió una segunda kora para trabajar juntos, eso creo una discusión con Raymond el cual decía que teníamos la autorización de tocar la kora en el lugar donde nos alojábamos y que el permiso de eso tenia que pasar por el abad. La jerarquía monacal no tiene nada que envidiar a la de un ejército armado ¡Quién lo diría con la beatitud de sus cantos gregorianos y la dulzura de sus músicas cantadas! Les dejamos en su discusión no precisamente bajada de tono. Después Maxime dijo que a los senegaleses –él es de Benin- había que tratarles con dureza para que se mantuvieran dentro de su rol y no se inmiscuyeran en el de los demás.
Una vez ubicados y con la perspectiva de estar 6 días encerrados en el recinto, Raymond me facilitó el contacto a través de la linde de su terreno con Marie Helene, la mujer de una buvette más cercana. Convine con ella que nos trajera cada dia dos flags frías al anochecer hasta nuestro autoencierro voluntario.
A media tarde Vic y yo retomábamos nuestro quehacer con nuestro pequeño estudio de grabación ambulante. Por mi parte no paraba de asombrarme de su proverbial capacidad para musicar mis letras, casi nunca rimadas y con combinaciones de palabras no fáciles. Muy lentamente íbamos introduciendo formas expresivas: rap o declamaciones airadas, incluso empecé a confiar tímidamente en mi voz. Yo creí que nuestro proyecto en marcha de grabación había quitado a Vic de su afición a los solitarios pero descubrí que seguía jugando a esa cosa. El tiempo dedicado para la elaboración escrita nunca lo remontó a pesar de insistirle durante todo el año. Una nueva temporada de reclusión iría bien para ponernos al dia de nuestros trabajos pendientes. No tener la conexión a internet también tenía sus ventajas adicionales: poderte concentrar todo el día en lo tuyo sin tener que compartir tu tiempo de creatividad con saludos y conversaciones por el Messenger. Quedaba Baffour sin concretar. Mathilde se había puesto enferma y no pudo venir el findesemana que le propusimos. Tal como pintaban las cosas y las dificultades burocráticas para los permisos de entrada en España para los africanos, cruzaríamos el desierto el mes próximo sin él a bordo.
Al amohecer, una curiosa fauna venia a alojarse a nuestra habitación: amantis, orugas voladoras, otros bichos con alados. Esas orugas, mas que torpes y estrenando cuerpo no paraban de chocar conmigo. Para mi sorpresa, de los mosquitos missing. En Kaolack ya había llegado a una entente con ellos. Ni tela mosquitera ni repelentes, el ventilador giratorio de mesa a todo trapo los mantenía a raya. Si ellos no me pinchaban yo no hablaría mal de ellos en nuestro blog. Parece que aceptaron la propuesta. De todos modos Kaolack es una ciudad insalubre, Keur Moussa era más limpia y el clima ya parecía incompatible como moscas y mosquitas. Una amantis vino a morir a nuestra habitación. Las observé un rato, me pareció que esta clase de animales tienen algún tipo de lenguaje. No solo eso, no tienen el menor miedo ante monstruos de tamaño humano. Me pareció que se hizo la toilette al estilo de los gatos mojando con la boca sus patas delanteras y pasándoselas por la cara. También se ocupó de sus antenas. No se si lo invento pero pienso que fue lo ultimo que dejó de mover. Si fuera un financiero al que le sobrara el dinero pagaría una investigación hasta donde fuera necesario para avanzar en la investigación de los insectos. Se algo de las abejas y de las hormigas. ¿Qué discurso deben tener las amantis al respecto de las comilonas de sus partners? No me extrañaría que dijeran que eso sí es un acto de amor y no lo que hacemos los humanos los unos con los otros mintiéndonos constantemente. El problema de uan investigación de este tipo es que podria demostrar (intrigante hipótesis) que la inteligencia de los insectos podria ser mayor de la hasta ahora considerada y si no la han desarrollado en forma de ciencia aplicada es para no complicarse tanto la vida.
Me acosté tarde, un par de horas despues de que Vic estuviera empiltrada. La tranquilidad en les bois des manguiers, en medio de la extrema oscuridad, era absoluta. Por la mañana vino Máxime a despertarnos. Había dado un mensaje a Raymond para que fuéramos a una clase de korá con él al monasterio, mensaje que no recibimos (las pequeñas trifurcas entre los monjes se traducen en pequeños sabotajes mutuos. Ni me creeré que eso no deje secuelas en sus relaciones posteriores.) Quedamos para hacer esa práctica por la tarde. La complicación del traslado, con las dos korás, la lentitud de nuestros movimientos por subir y bajar de la furgo, tener que cambiar un autobús atravesado bloqueando el camino, con las llaves puestas, ningún conductor a la vista sin modo de poner la marcha atrás. Luego el cambio del refectoire a una de las paillotes del jardin des parloirs, el cambio de la furgo de un parking a otro fuera del recinto por orden de Jean Paul, nos dio la medida de la organización monacal, bastante más complicada de lo que a primera vista parecía. (No tengo la menor duda de que tanto exceso de oración disfunciona las sinapsis. Tampoco que esos espacios de oración sirven para congregar a los freres ante su máxima: dios, pero no ante sus contradicciones concretas para discutirlas y arreglarlas). A pesar de perder más de dos horas en los traslados conseguimos una útil en la que Máxime nos enseñó como afinar las cuerdas con la ayuda de un afinador electrónico. Vic está mas puesta en esto por las clases recibidas, yo tuve que hacer un sobre esfuerzo por hacer la traducción de las 7 notas de la escala diatónica a las 7 letras de abecedario dela forma internacional –en realidad anglosajona- de interpretarlas. (La regla mnemotécnica para acordarse de la equivalencia es muy sencilla. Las siete notas van de la A a la G empezando por La. Eso significa que un Do es un C. por tanto Do Re Mi Fa Sol la Si, se representan respectiva y correlativamente por C D E F G A B). Aprendimos que en la época de calor las cuerdas se tensan mas elevándose hasta un semitono y en las de frío ocurre al revés. Pusimos las cuerdas del nuestro a un semitono por debajo del que venía. Luego, en nuestra habitación, mientras yo estaba enganchado al ordenador, Vic acompañaba a la noche punteando acordes.
Íbamos a pasar el resto del mes en Keur Moussá, eso nos permitiría recuperar lo que sabíamos, lo poco que sabíamos del instrumento, y seguir con nuestro exuberante programa de creatividad. Teníamos los pies puestos en Senegal pero el ojo puesto en nuestro retorno. Escribimos una carta para Montse Castellví, la amiga de Vic y nuestra inquilina de casa, para conocer sus planes para el año próximo y poder ajustar así los nuestros a nuestro retorno. No teníamos una prisa especial para volver a nuestra localidad en Barnápolis. Podíamos quedarnos en Barcelona (Ramón nos había ofrecido su apartamento cerca de la calle Mandri), en Blanes (Paco Balcells, capitán náutico y amigo de Vic nos había ofrecido uno suyo en Blanes) o buscar otro sitio. Además, Vic y yo íbamos a pasar una temporada separados para descansar mutuamente de nuestra omnipresencialidad. Quizás temíamos que de volver inmediatamente a casa se nos pasaran otros varios años sin retomar nuestro proyecto de buscar un espacio más grande, que desde luego necesitábamos.
A la hora acordada para el día siguiente con Marie Helena, no vino con las cervezas ni nadie vino con ninguna noticia de porque. O al menos no vino hasta nuestro alojamiento No nos sorprendió, cualquier acuerdo con un africano, la muchas veces, es la hipótesis de la hipótesis de la hipótesis. Lo más normal es que no se cumpla nada según lo previsto. Eso es peligroso porque la informalidad puede ser contagiosa. Mientras los africanos no aprendan el valor de un acuerdo por simple que sea, África no saldrá jamás de su infradesarrollo. Bueno, menos cerveza, menos gasto y menos alcohol en el cuerpo. En última instancia, un incumplimiento de algo o de alguien siempre puede ser reciclado positivamente. De todos modos, al otro día dando una vuelta por el interior del recinto sí vi a la mujer al otro lado de la candela haciendo ruido para llamar mi atención. El día anterior sí había venido para cumplir con su encargo pero no pudo entrar por esa obsesión de los monjes de someterlo todo bajo llave. Me había precipitado en mi juicio de ella. Convine una manera para que no tuviera que esperar dejando las botellas dentro de uan bolsa colgada de la cuerda, la misma en la que yo dejaría los cascos vacíos. Le di 5000 cefas por adelantado.
Los días en el recinto discurrieron tranquilos. Por las mañanas los obreros asalariados de la abadía nos saludaban eufóricos. Nosotros trabajábamos en lo nuestro productivamente. ¿Vida rutinaria? Nada de eso, el aislamiento está lleno de acontecimientos: te permite observar al vida de las hormigas y de los insectos en general, (si alguien quiere hacer un curso de cooperativismo que empiece la primera clase observando la vida de las hormigas), la transformación de las imágenes con las distintas intensidades de luz a lo largo del día, el cambio de los olores desprendidos de la naturaleza. Por la noche los solos de algún chiflado voceando a Alá por megafonía nos proporcionaba algunas notas curiosas que bien podríamos trasladar a nuestra poética. Nos lamentamos de no haber registrado sonidos de folclores étnicos.
Nos quedamos instalados con las dos korás en la habitación pero una mañana vino Raymond a decirnos que Jean Paul no quería que se tocaran en el bois des manguiers. ¿Alguna explicación? Ninguna. Allá ellos con sus complicaciones y poca claridad. Probablemente la razón criptoesotérica de tal actitud es la de pensar que un instrumento tan diaconizado creado para la loanza de dios, dejarlo en manos de apóstatas puede molestar a la seigneuer y hacer que este se venga diluviando la zona con azufre ardiente. (¡No, azufre no!, ¿no lo podríamos dejar con un caldero de agua hirviendo?) Me acuerdo de Agustín Cabral, uno de lo compañeros de curso de la semana corta que hicimos de korá en el mismo lugar por verano, cuando decía que ellos se reunían para tocarlo para loar al señor, y eso lo decía con absoluta convicción, un hombre hecho y derecho. En cuantos a los cds de la casa que hemos escuchado su música bonita y sosegante no quita el contenido irracional de sus textos. Todo pasa por la obediencia incondicional a ese señor de la totalidad y a su único hijo, Jesús el crucificado, algo que ya puso en duda la misericordia de un padre todo poderoso que permitiera la atrocidad de tal sacrificio, punto de vista adelantado, por cierto, de MicheleAngelo, en una época en que los distintos papas al cargo del sillón de Pedro que le encargaran sus trabajos artísticos, censurarían.
Por la noche acompañados por una fauna de insectos que no molestaban tanto, nos dejábamos llevar por los planes como si fuéramos aún adolescentes ensoñados pensando en futuros estupendos. No sé como combiné unas cuantas notas con el clarinete que a ratos me parecía original y a ratos evocaba alguna otra canción conocida. Luego le añadí letras. Estrofas cortas de versos cortos, cinco o seis sílabas. La experiencia de acompañar a la música con letras creadas ad hoc para ella no tiene nada que ver con la poesía pre-escrita y cantada o musicada después. En aquella el texto se mete con calzador para qué encaje y el texto resultante es poco brillante. El caso es que al día siguiente Vic puso su voz a las estrofitas de Soy tú hombre (¿eso es un título? Pues sí). Habla de un hombre alejado de su mujer, entre solitario y posesivo reclamándole volverse a reunir. Fue un dia laborioso, Vic intentó un tango, que quedó en semitango para otro poema. Escuchamos a José Cano, a Martirio, a Rosario Flores y hasta Tomasa la Macanita (¡quién me lo iba a decir! yo que no fui mas allá de Gerena y de Loles y Manuel ¡olé, gitana!,…) –este último cd, regalado por Nani- para afinar el oído ante maestrías ajenas y rememorizar entonaciones. De Tomasa hay que decir, supongo que de todo el flamenco, el valor de sus poderosas voces con apenas acompañamiento musical y con la espontaneidad de introducir frases no cantadas, secas, cortas, directas a ventrículo derecho dando una vuelta por el centro del esternón. El flamenco es un lamento y el lamento de por sí ya es una música.
Nuestros compañeros de recinto, los empleados de los monjes dedicados a la agricultura estaban contentos con nuestra presencia, a pesar de aguantar una y otra vez las tentativas con el clarinete para librar la música de falsos pitidos. Uno de ellos nos trajo espontáneamente pepinos del huerto que nos regaló. Gesto que repetiría. El encargo a Raymond de los microquesos a 1000 cefas, excelentes, tardaría en llegar pero cuando lo hizo a pesar de la patina enmohecida, pura penicilina, todo fue para deslizarse por el paladar cuya finura aumenta considerable cuando sumas días eremíticos. La bolsa con las dos birras frías, casi heladas, de Marie Helene en la puerta de la verja las recogí según lo convenido. El pito de plástico que colgué para que nos avisara al dejarlas o no sonó o no lo oíamos. Ese ritual no duró mucho pero lo suficiente como para integrarlo en nuestra memoria. (definición de felicidad: dos flags frías tomadas al anochecer despues de un día cumplido y completo sin que el ordenador te haya saboteado y haya guardado de forma recuperable todo lo que le hayas confiado),
Llegó el frío. Los mosquitos desaparecieron o disminuyeron considerablemente no por el farol del pacto antedicho sino por razones de clima. Ya no dejábamos las dos ventanas correderas de la suite-furgo abiertas, por la noche nos empezamos a tapar con la sabana o con la colcha y a dormir con camiseta, era cuestión de ya sacar el edredón de uno de los bidones. No puedo decir que notara frio, antes lo advertí en las piernas de Vic y en el candado de cable acerado que usamos para la puerta que a menor temperatura se hace rígido, también, claro está, en el agua de la ducha.
Los días en el bois des manguiers pasaron apacibles. Al atardecer el monje encargado de los obreros agrícolas venía a supervisar lo que habían hecho durante la jornada. El domingo por la mañana tras la misa, cuatro beatas vinieron 4 minutos mal contados a decirle o pedirle algo a la virgen, es decir a la estatua de madera con oratorio junto a nuestro bungalow. El mejor espectáculo del recinto lo proporcionaban las hormigas con sus largas autopistas de varias docenas de metros con una actividad acompasada (aybo, aybó, al campo a trabajar, aybó, aybó, nana, naná, nana, naná, nana, naná…). Me encantaría estudiar su modo de comunicarse, tal vez aprendiera más que lo que llevo aprendiendo hasta ahora con el lenguaje humano.
Como que tuvimos bastantes horas libres y durante el fin de semana no vino –afortunadamente- un grupo de juvenilescos tal como estaba anunciado (los golpes de pito y los sucedáneos de ar de los scout del week end anterior en Kaolack todavía nos resonaban) me entretuve en inventar una letra tonta para una composición musical a armónica que Vic tildó de cursi y estúpida y que no era propia de mi poesía. Me defendí diciendo que la dramatización poética de la que hago gala bien puede ser compensada con letras tontas. El caso es que inventé La Primera Vez/Picardía Púber. El siguiente paso sería que Vic quisiera cantarla al día siguiente. Aceptó a regañadientes, al final nos repartimos las estrofas y debuté como cantante amuñecado ante la pantalla del ordenador.

Cuando estoy en un monasterio pienso en Umberto Eco y en su fértil imaginación. También pienso en Sean Connery. No puedo evitar imaginar a minutos perdidos las trifurcas internas que tienen. A fuerza de taparlo todo con la oración deben arrastrar las mismas contradicciones desde siglos, pero ¿quién es un viajero, además un viajero fatigado, para cuestionar las contradicciones ajenas? Bastante tiene con las propias. Dejar les bois des Manguiers y volver a la hotellerie sainte scholastique, donde ya estuvimos en la anterior ocasión, es como dejar una barriada pobre aunque tranquila para ascender a la clase media aún más tranquila. En la hotellerie dispusimos de un salón comedor y de una cocina y ocupamos una sola habitación, como la otra vez. Marie André nos dio las llaves sin acompañarnos. Política completamente diferente de este frere hotelliere, con respecto a las puertas del exterior cerradas o abiertas dejándolo a la responsabilidad de los usuarios. Saltamos de una ubicación a otra, de una habitación a otra, de una mesa a otra, de un ordenador al mismo ordenador. Por el camino me detuve en el dispensario contiguo, fundado por uno de los monjes benedictino fallecido hace pocas semanas y gestionado por las monjas de otra orden. Consulté a una por mis tres manchas en la parte baja de las piernas que Vic me había descubierto en Kaolack hacía semana y media y que me auto diagnostiqué como hongos. Desde entonces el auto tratamiento que había seguido primero con Clotrimazol (el famoso Canestén) y después con: Ketoconazole (Micozal) no minimizó su superficie. Soeur Marie Vincenne, no me aclaró si se trataba realmente de hongos. Me dio un par de pomadas de su propia fabricación: una de ellas con un compuesto de cortisona. Puesto que cruzo las piernas para dormir eso explicaría que la zona afectada de una pierna hubiera contaminado a la otra. Fue mi conjetura. Como siempre, el personal sanitario que no sabe de lo que le hablas, sonríe.
Durante todo el viaje no bajamos la guardia por lo que hacía a prevención sanitaria pero desde Lamin bebíamos el agua corriente del grifo sin filtrar, algo que combinábamos con la compra de bidones de agua de 10litros, mas barata que una botella de litro y medio tomada en un restaurant, pero que no siempre era fácil conseguir. Al establecimiento que íbamos a Kaolack a suministrarnos, el guardés le explicó su condición de viudo a Vic y le propuso sin más rodeos casarse con ella.(¡qué mono!). A pesar de nuestras precauciones higiénicas los dormitorios que venimos usando no siempre son excelentes. Toda clase de residentes de la naturaleza toman posesión de ellos con más derecho que nosotros. En el bois des Manguiers, una enorme araña, una sprinter, nos asustó a los dos. No tan grande como una tarántula pero con aspecto de más feroz. El mismo día una abeja chocó conmigo y antes de que advirtiera que lo era la chafé entre mis dos manos. A menudo se me ve, -como si se me estuviera mirando- dando palmas sonoras mientras escribo, generalmente con mala suerte: las moscas y los mosquitos son los seres alados más ágiles que existen. La abeja iba curioseando con las defensas bajadas. Ante su agonía tumbada en el suelo me sentí un estúpido. Pura ley de la selva. De hecho una abeja no ataca si no le haces daño, además todas las abejas son como la Abeja Maya y me caen simpáticas. Otro punto más en el temario de reflexión. ¿Por qué hay unos insectos de los que instintivamente te proteges y emocionalmente odias y otros te caen simpáticos? Jamás mataría intencionalmente a una amantis, a pesar de saber que es una maltratadora de cónyuge y una fratricida y en cambio no tengo el menor remordimiento en aplastar una araña con cara de pocos amigos, no digamos a los mosquis y a las moscas. No todas las arañas producen esa inquietud en su contra, las que están en su rincón de techo, en su telaraña, zampándose otros insectos, esas que tienen un microabdomen y unas largas partas, esas son sagradas y con ellas se puede coexistir pacíficamente. No creo ni siquiera que la aracnofobia sea considerada una patología pero en cambio la fobia a mascotas como perros o gatos sí. Lo dejo aquí. Que cada cual se pregunte y se responda por que hay animales que te caen tan mal de entrada y otros no. Lo mismo, si hace o no hace, que los seres humanos.
En la hotellerie Scholastique sospechamos que durante la semana que estuvimos en les bois, no había sido usado. El agua corriente en la cocina seguía sin funcionar tal como ya pasaba unos meses atrás. De los monjes no sacábamos las cosas muy en claro aunque creímos que no les apetecía tener huéspedes como nosotros, inequívocamente no practicantes religiosos y dedicados a su programa separado de quehaceres. Solo que esa presunción no fue confirmada ni nos fue declarada. No dudamos que pudieran sentirse utilizados por nuestra presencia o la de gente como nosotros que valoraba sus espacios como espacios de tranquilidad y de trabajo, no como puertas o encuentros con ningún misterio ni revelación.
Bien marido recorrer tantos miles de kilómetros para recluirse en sitios de los que salir poco y trabajar en lo nuestro carecía de toda lógica, aunque no me extrañaría que lo volviéramos a repetir. La lectura no era que habíamos venido a África para encontrar una vocación creativa sino que esa no la dejábamos de lado, fuera cual fueran las coordenadas en las que estuviéramos. No dudo que Vic y yo, como náufragos en el mar de las Antillas, en una balsa esperando un rescate hipotético, lo primero que haríamos al despertar sería dedicarnos a la poesía, recitarla o memorizarla, mientras con el dedo gordo de un pie y un hilo de pescar tratáramos de conseguir el desayuno. Pero eso sería una hipótesis más remota porque ella no dejaría de ser vegetariana aunque le fuera la vida al no renunciar a sus principios. Siempre nos quedaría la oportunidad de las huevas de esturión ¿alguien sabe si hay esturiones en aquella zona? Sospecho que no si son los rusos y las iraníes que se ocupan de su comercialización.
[1] El país de Msn, Messenger de mensajería isntantanea que se obtiene desde una cuenta de Hotmail o msn, y permite mantener conversaciones por escrito, verse envideo imagen y escuchar la voz.

El Mundo Nuestro de Cada día (ampliado)

Nuestra aula-despacho en la Maison d'Oevres en Kaolak
Con el francés Mnuma y la griega Vileta, dos Erasmus afincados en BCN, hablan un castellano casi perfecto. Becarios y de 23 y 22 añitos respectivamente. Hubo mucho feeling entre los cuatro.
Thiess 17 noviembre 2008

Cogimos cariño a Numa y Violeta. Besos con los dos a la despedida. Me quedé con su imagen ligera, poco equipaje, casi de pájaros levantando el vuelo, saliendo por el patio de la Maison des Oeuvres. Durante los días de convivencia se encontraron nuestras dos clases de discursos: los suyos, con la ilusión inmaculada aunque con anécdotas de las primeras adversidades biográficas (¿quién no las tiene?) en su modo de subsistencia en una comunidad convivencial dentro de un edificio ocupado en Barcelona, con la idea de que la gente de la generación nuestra a la hora de hacer balances histórico-sociales nos encontramos con las manos vacios; y los nuestros, con la ilusión nunca del todo perdida pero con la poesía, la mía, poniendo a parir cielos e infiernos y a los humanos y a sus tragedias e hipocresías navegando entre ellos, con el saber adelantándolos seguros de que no hay generación actual que esté superando los límites de la utopía de las generaciones precedentes. Compartimos varias horas de conversación y las mesas de un par de restaurants además de la del aula grande. Recogieron nuestras opiniones en una entrevista videográfica para alguna clase de reportaje o trabajo de curso de facultad. Iban para Bissau, interesados en la participación política popular en su perspectiva de futuro. Descerrajamos opiniones radicales: no, no hay participación política. Los marcos electorales suelen ser manipulados, la vida política callejera es nula o imperceptible. Por lo que se refería a las ongs nos posicionamos claramente en su contra como empresas que no ayudaban al desarrollo sino a la dependencia y que cada euro solidario iba en contra de África en lugar de ayudarla.
Seguimos con el ritmo de trabajar durante el dia y salir como gatos pardos por la noche para lo que terminó siendo nuestro rito de gatos nocturnos: una Flag, cuatro huevos duros y micro bolsitas de cacahuetes que consumíamos en la calle. Alguna de las veces Vic estaba ya acostada y yo hablaba desde la calle a través de la pace, la cortina, con ella. Eh ahí otro majadero, solitario redomado, hablándole a una furgoneta.
Para el sábado noche, dada la fiesta baile de la muchachada en el recinto católico, decidimos volverla a pasar ante l’ Alliance Franco Senegaleses donde los guardeses nos echaban a faltar. A la mañana siguiente
Mendo nuestro mecánico de la primera vez que vinimos a Kaolack, también Thierno, nos reconocieron y vinieron a saludarnos. Nos identifican y recuerdan más de lo que hacemos nosotros al revés. No hay duda de que somos nosotros: soy un blanco autoafirmado con barba blanca y pelos, cada día un poco más largos y no siempre peinados, Vic va con cuatro piernas y solemos estar cerca de la furgo. Moussa Colli, siempre tan apacible, sin ningún no en su oralidad. Le di una receta para su pequeña enferma mientras veíamos que la barra del pan malo, el pan de aire, pero mas apreciado que el otro denso, el tapalapa, desaparecía en nuestros dedos nada mas tocarlo. Propongo una redefinición o ampliación de la palabra espejismo: un pan que engaña a la vista por su tamaño, se reduce a una lámina fina al tocarlo y desaparece en la boca sin llegar al esófago con la primera saliva.
Julienne, la monitora de acción católica de la muchachada, tan pronto me tuvo ubicado no reapareció, cuando lo hizo para devolverme el único rotulador para escribir que me funcionaba nos redujo nuestras existencias de despensa con las que pasábamos el dia hasta la hora de la cena. Después de cuatro días tomamos una habitación desalojada en la planta baja del mismo recinto de la Maison des oeuvres de una sola cama habitada por algunas docenas de mosquitos. Estuvimos un rato acariciándonos en ella en la posición habitual de zigzag (los pies de uno junto a la cabeza de otro) que tomamos en camas pequeñas (también lo hacemos en la de la furgo). Me advirtió de unas manchas en la piel un poco más arriba de mis tobillos. Ya me había hablado de ello unos días atrás sin que yo me enterara. Ella dice que no la escucho cuando me habla. Sí, hay cosas que se me pasan por alto. Cuando estoy escribiendo al ordenador el mundo no existe. Podrían estar llegando los Hunos trotando a caballo o sufriendo un terremoto ligero de la escala 5 de Richter que no me enteraría, lo mismo que Pitágoras estaba enfrascado en algo mientras los soldados romanos lo asesinaban (tal vez no sea cierta exactamente esta versión de su muerte y en realidad no quiso huir ante su belicosa llegada para no atravesar un campo de habas, legumbre contra la que los pitagóricos se mostraron especialmente maníacos, pero no deja de ser un relato bonito). Bien, tengo otro problema añadido a la lista. En África no puedes dejar de autoobservarte continuamente. La humedad ambiental es tal que ataca por todos lados. Cuando desplegué unos taburetes de tres pies para nuestros invitados a té después de algunas semanas ya estaban completamente enmohecidos, cuando lo hice con los posaplatos, también. Tengo ganas de poder volver con la furgo-suite a España y dedicar unos días a limpiarla a fondo. La furgo es nuestro otro cuerpo. Cualquier detalle que le pase nos afecta: en el panel de los iconos, (el tablero de instrumentos) el candado de color calabaza es quien nos sigue dando paso al encendido. El otro icono en rojo que representa un motor y que indica una avería en el sistema de inyección ha vuelto a encenderse. Esos iconos son nuestros tótemes. La otra ocasión que dio la señal de alarma, lo resolvimos cambiando el filtro de aceite pero ahora parece que es debido a otra cosa. No descarto problemas mecánicos en la última etapa de nuestro viaje. No he recuperado la confianza a nuestra Fiat-ducato.

En nuestro alojamiento la cobertura wifi fue intermitente. No era una gentileza de la casa para los que estábamos en ella sino que operaba o no según las conveniencias de sus responsables. En los ratos en que funcionaba pude intercambiar unas cuantas notas de email a falta de poder hacer un dialogo por msn con el monje Máxime Montchebi para concretar otra visita al monasterio de Keur Moussa. Los emails anteriores enviados y recados dados a Jean Paul, el vendedor de korás y el encargado de la tienda, y al hotelier no fueron respondidos. Su fuga del mundo es tal que ni siquiera, al menos estos, contestan a las notas. Pude tener conversaciones por msn con gente querida del otro lado del Mediterráneo: Isaac, Misse, Isaac, Fina O y Almu. Mi universo confidencial se reduce a una pequeña lista. También con Ferhat de Akpinar, Turkia, con quien coincido a menudo y que tiene todos mis respetos como emigrante valiente (ha trabajado en Irlanda, ahora está en Argel en la construcción). El skype no lo uso. El msn tiene la ventaja de que puedes saludarte con gente, incluso mantener una conversación de horas, compaginándolo con el trabajo de tu escritorio digital, aunque, claro está, a un ritmo muy inferior.
Fuimos a cenar a chez Maty, donde ya habíamos ido con Violeta y Numa. Toda clase de agasajos de los empleados. Es un restaurant en el que todos van uniformados y con enormes tarjetas de plástico duro transparente colgando de sus camisas con el nombre y la ocupación: serveur, cuisinier,… Su modo de atendernos era apoyándose en nuestra mesa, prácticamente subiéndose encima. Nos hizo gracia la manera que tuvo un camarero al preguntarnos por ellos: et les enfants? Como si fueran nuestros hijos. A chez Maty fuimos otras veces al comprobar que superaba, sin lugar a dudas, los dos restaurants libaneses y era más barato. Sus empleados también eran más simpáticos (todo detalle cuenta). Uno de sus misterios era que la tortilla persillée era mas barata que la tortilla natural. (no todos los grandes misterios se quedan con el de la trinidad) .Es la misma clase de plato con el mismo acompañamiento (frites et salade) pero que en el caso de sin es 800cefas mas cara. Increíble pero cierto. Debería ser al revés. La tortilla con perejil es una ocurrencia excelente que te soborna y te hace olvidar los malos momentos del día. Biográficamente la descubrí en una de las primeras salidas de varios días fuera del hogar paterna en mi adolescencia. Por aquél entonces supe de los diseños más sencillos como este se pueden conseguir placeres extras. Al preguntarle a uno de los camareros si tenía la otra clase de pan en lugar del de aire se tronchó de risa. Nos dijo que oficialmente fabricar tapalapa estaba prohibido ya que todos los hornos de la ciudad son eléctricos y pueden fabricar el otro, ese que llamamos de aire. Las barras mas densas, y para mí verdadero pan, son propias de Bissau y Gambia o la Casamance, indicativos de otros atrasos. La comparación de las dos clases de pan es la que hay entre lo que se llama progreso y lo que se llama infradesarrollo. Si quieres comer pan bueno (no olvidemos que el pan es una de las primeras manufacturas que demostró el control del ser humano sobre los recursos alimentarios desde que descubrió el fuego) ninguna de las boulangeries de las metrópolis francesas te lo suministrará. Tienes que buscarlo en los lugares menos desarrollados. El hobs marroquí supera sobradamente a los europeos. La sana carcajada del camarero que se llevó hasta otra sala del establecimiento me había sumido en esa consideración ligada a los fracasos del desarrollo, mientras por la tele volvían a darnos cuenta del fervor popular de los luchadores de caxabal sobre la arena. Las gradas de los estadios se llenan de clientelas fervorosas, algunas franjas que deben implicar a cientos de espectadores con el mismo color de camiseta se mueven frenéticas y botan extasiadas ante la victoria del ídolo equis del que sean fans. Antes de empezar esos combates de 60 segundos escasos, cuyo vencedor es el que derriba al contrincante nada mas tocar el suelo con la espalda o con el pecho, hombres voluminosos bailan la danza preparatoria casi pretoriana. La forma de los dos combatientes sondeándose acechándose y tocándose mutuamente con las dos puntas de las manos antes de que uno decida atacar al otro es una curiosidad bioantropológica: tan pronto parecen amantis como primates. Sus cuerpos descomunales contrastan con los pequeños bultos que tiene en entrepiernas y se supone encierran sus penes envueltos (la famosa polla senegalesa queda en entredicho ante esos microbultos muy por debajo de los de los toreros ibéricos cuya excentricidad, la de los bultos me refiero no a la de ellos, -que también- prometen noches locas de pasión entre cornada y cornada), A propósito de la estética corporal africana, más la masculina que la femenina –aunque la opinión de al lado podrá opinar lo contrario- pone en entredicho todo el discurso del hambre y del subdesarrollo. Raramente se ve africanos practicando deporte o apuntándose a gimnasios o haciendo footing. Sí los hay desde luego y nos ha parecido encontrar una cierta conexión entre notas de desarrollo de un país e incorporaciones de esas imágenes de calle a la cultura corporal, pero no es lo más sobresaliente. De las dos o tres veces que hemos visto gente practicando footing por la calle, una fue en Toubacouta, y eran tres blancos (slips apretados y torsos desnudos, zapatillas tipo las de nike con destellos y marchas), raramente los africanos se ocupan de desarrollar sus bíceps, de hacer flexiones o de practicar atletismo, aunque en alguna parte deben hacer todo esto ya que todos los países compiten por los colores nacionales en estadios. A pesar de eso el cuerpo del africano es escultural. Incomprensible ya que con su dieta monoobsesiva e infra proteica los tiene en mejor forma que a los blancos supercargados de leches (en el sentido literal de la palabra) y sus derivados, carnes enlatadas y manjares muchos. He aquí un interesante tema de reflexión comparativa entre estéticas corporales: las de por un lado los cuerpos recargados y superproteicos y la de otros: los uni o minialimentados capaces de subirse a los podios de las olimpiadas puños en alto (fue en la de México) demostrando ya no recuerdo si pretendían el poder negro o la superioridad negra. No nos consta todavía que a las bellezas africanas masculinas les corresponda gran aventuras sexuales. Eso de las competiciones eróticas quedó en la Venecia de Casanova. En África el tradicional ocio africano debe incluir el de la sexualidad ociosa, básicamente dedicada a la reproducción de la especie (¡a follar que hay que repoblar el planeta antes de la inminente extinción de los dinosaurios, perdón de los humanoides) más que al placer por el placer.

En el patio de La maison des oeuvres una cuadrilla de mujeres barría las hojas caídas de los árboles y barría la arena. Job, el hombre de la puerta, acompañó hasta nuestra habitación a un chico o pariente de Thierno enviado por éste. Nos pidió si podíamos ayudarle porque quería ir a España. Yo le invité a pasar y a tomar té a pesar de que estábamos ocupados y no teníamos tiempo para él (quien sabe de lo lejos que venía para tentarnos como esperanza). Vic fue más radical que yo: no, no podemos ayudarte. Ella juzga que intercambiar direcciones y el solo hecho de hablar del tema es generar falsas expectativas. Es cierto. Cada vez que alguien expresa su deseo de ir a Europa está delirando. Ninguno de los países que hemos visitado está tan mal, es tan pobre o miserable (otro asunto es la mentira de las estadísticas comparativas que lo digan) como para que no pueda sobrevivir con una cierta holgura dentro. Quien quiere organizarse una vida de calidad en África, siendo nativo, puede hacerlo. A fuerza de ser vistos y encajados en nuestros hábitos cotidianos de monjes –monjes exentos de ritos y oraciones- el personal nos deja tranquilos. Es completamente distinto el extranjero de primer dia en un lugar que en los siguientes días en que se ha convertido en una figura incrustada. Por si alguien se equivoca con nosotros le descerrajamos el guión sobre la lucha por la vida desde los lugares origen y no para ir a trabajar esclavitudes no resueltas en los países ricos (entiéndase: ricos en productos industriales, pobres en salud y en otros valores humanos). En Kaolack nos fuimos quedando más de lo previsto. El hecho de hacer vida de habitación durante el dia en lo nuestro y salir de gatos pardos por la noche, camino del restaurant y de las flags (premios merecidos para el bohemio más lerdo), repetir nuestro itinerario, detenernos ante el carricoche del vendedor de plátanos (400cefas el kilo los senegaleses, 700 los de cote d Ivoire, más espectaculares pero no más sabrosos o nutritivos) y comprarle dos kilos sin descender de la cabina (única comida diurna junto al te), saludar a nuestro paso por delante de l’ Alliance a los guardeses y esquivar motoristas imprudentes, eso sí, pidiéndonos perdón, fuimos descubriendo que nosotros somos los más sedentarios de todos. El tiempo que estuvimos con la habitación de una sola cama para los dos en ese alojamiento vimos desfilar a mucha gente, la mayor parte de la cual pasaba una sola noche y seguía su camino. Parecía que habíamos dejado de ser viajeros para pasarles el testigo de serlo a otros. Estábamos preocupados por Baffour y el modo de localizarnos para ir a hacer las gestiones de embajada de su visado. Esto también nos hizo permanecer más tiempo de lo debido.
Yo, paulatinamente, dedicaba más tiempo al ordenador que a los libros de lectura. Vic me contaba las historia de Miguel Angel Buonarroti, la relación con su tiempo, los desprecios que recibiera de Leonardo y Rafael, resumiéndome dia a dia el libro
[1] de Irving Stone, su biógrafo, que estaba zampándose. Nuestros ratos de restaurant donde en poco más de una semana pasamos a ser los clientes del año (merecedores sin duda de una placa en el recibidor que diga: aquí vinieron a comer y beber fulanito y fulanita, para comer y beber lo mismo durante 7 noches seguidas en un año en que todavía la calle no estaba asfaltada. Nunca antes se vivió tanta fidelidad).Vale. Ningún problema. Las noches en chez Maty nos encontramos con una flota de personal a la espera. Las mismas caras, las mismas ubicaciones (la mujer de la caja detrás de un puestito con tarima en un rincón, la mujer de la silla de ruedas, con polio, con un tocado que nos recordó a Angela Davis, los camareros con sus nombres exhibidos y su simpatía el guardés de la puerta, longuilíneo, interminable, aguantando la puerta del auto aunque sigue aguantándose sola.
Con toda seguridad la cobertura wifi, a pesa de ser muy deficiente, nos tuvo clavados en ese alojamiento tanto tiempo. El contacto por email con parentela y amigos, también por msn, era un poderoso atractivo. Con Almu, fue con quien más hablé, una mujer orálica y exquisita con sus chats, culta y muy atractiva. Con Misse, poniéndome al día de los mimos recibidos de su nuevo amante. Con Isaac, que me dejaba con las conversaciones cortadas a pesar de tener todo el dia de oficina con internet conectado. Con Fina O, recién estrenada al planeta digital que la acompañé con algunas lecciones básicas de navegación soportándola en ese inminentismo en los chateros que se estrenan como tales. Puntualmente con Inma y Esther, nuestras sobrinas de Cádiz, y Manoli SanJuan su mamá.
Debíamos hacer gestiones con Orange, la empresa con la que teníamos contratado un pack de tarifa plana (internet 24 horas mas llamadas a un precio fijo muy aceptable) ya que muchas de las ultimas facturas venían con unos montos impresionantes muy por encima del contrato pagado pero navegar por internet no significa siempre poder entrar en todas las páginas y las de esta compañía se resistían a ser abiertos para presentar nuestra reclamación respectiva,
A éstas alturas del año teníamos muy claro que las fugas y perdidas de dinero las teníamos desde España más que por pérdidas o timos durante el viaje. Pero ese es otro capítulo para no dormir. En el mundo nuestro de cada día te comes los sapos a pelo, sin salsas ni aderezos, (no lo digo por la tortilla persillée, cuya propuesta gastronómica defenderé hasta la muerte) que no vienen siempre dados por la realidad inmediata de los días sino por las noticias de afuera o las alegrías de ver números rojos en tu cuenta bancaria gracias a ese mundo tan comercial en el que toser, exudar y otras necesidades fisiológicas está pasando ya por una factura domiciliada. Mientras nos quede humor para contarlo haremos de todo anécdota y de los obstáculos en nuestras ruedas humo.
Hemos hecho convivencias colaterales con hordas juvenilescas de acción católica y de scouts, estos últimos nos sorprendieron con su manu militari en la formación de sus círculos, el silbato continuo, las posiciones de firmes, y los golpes de voz unitarios de afirmación a las consignas dadas por los mandos.¡Uf! En suma, los futuros paramilitares. Estábamos ahí no los elegimos por compañía. La noticia que tenia del escultismo ya no era muy entusiasta. Cuando me tocó hacer el servicio militar obligatorio (subrayado lo de obligatorio, si no lo hubiera sido jamás se me hubiera ocurrido ir a perder el tiempo en hacerlo) coincidí con reclutas que procedían de esa niñez o pubertad llena de instrucciones, pues bien, formaban parte de los más fanáticos. Las COEs atraían dos clases de sujetos: los hispanos más patriotas y los que aun confiábamos en alguna clase de guerrillerismo para vencer una dictadura corrupta. Era el lugar donde aprovechar el tiempo aprendiendo escafandrismo, escalada y manejo de armas disparando a dianas(¡qué barbaridad! ¡En qué capulladas se llega a pensar a los veinte años!) Afortundamente ni aquellos tuvieron la oportunidad de vencer en sus reversiones de alzamientos nacionales posteriores ni nosotros tuvimos que pasar por ninguna experiencia de violencia armada. El pacifismo fue y sigue siendo la mejor solución para todos, al menos la que permite dejarte de historias y dejar la gran historia para los que hacen de la política carrera y tienen prisa para verse en titulares o cosas parecidas. Cuando veo a muchachadas que antes de lso 20 están ya haciendo saludos unitarios, gritos unitarios, cierres de filas, sloganes compactos, me aterra su perspectiva. Arrastrarán sus cerebros amasados puestos en la colada comunitaria -la de hacer de individuos-altavoces- hasta más allá de los 60.La libertad o la tolerancia incluye la de aceptar lo que otros hacen aunque no lo entiendas. En contrapartida Vic y yo vamos a nuestra bola, ensayando voces y sonidos, creyéndonos- como ilusioanarios que somos- que tenemos un gran legado que dejar y dando el aspecto de una pareja de excéntricos ajenos a los paramilitarismos circundantes. A uno de los muchachos que lo vimos cantando y bailando solo le grabamos la voz de una canción de su propia cosecha al ritmo hip hop. Actualmente me basta una muchachada espumosa, moviéndose dentro de un aula con las sillas de patas de hierro, sin amortiguar con tapones de goma, (¿tanto cuesta poner eso?) para que eso me ponga frenético, no digamos poniendo sus caras al sol y obedeciendo órdenes. Quedo completamente aterrorizado.
Mientras con la voz de Vic íbamos explorando el Rap, una aproximación al cante jondo, una saeta (en realidad una antisaeta a juzgar por su contenido) y yo acompañándola al clarinete en una de sus canciones, el mundo de afuera seguía sin asfaltar, seguía sin hacer. Apareció una chica francesa con top de tirantitos y con prisas, apenas intercambiamos dos frases nos dejó con la tercera en la boca, supusimos que vino a por alojamiento pero luego no volvimos a verla. Después de pasar una semana y media en Maison des Oeuvres (lugar de múltiples actividades y con un poco de comunicación con el abbé Ernest, vecino y cómplice, trabajador ambulante que iba a dar misas a localidades lejanas, según nos contó, afable, nada a ver con el otro, tocaba cambiar de lugar. Pasé por el cajero del CBAO otra vez. Le pedí 150mil cefas más. En el papelito-recibo no hubo ninguna nota junto al monto impreso algo así como: gastas demasiado tío, o podrías sacar más, contigo no hacemos negocio. Pagamos un total de 43mil cefas por usar un espacio en condiciones bastante limitadas. A la hora de hacerlo en el libro de registros de una clientela, de hecho numerosa, nuestra llegada estaba consigna con deux blanches. Job el encargado de esto ni siquiera se le ocurrió poner nuestros nombres a pesar de habérselos dicho. (todo un detalle de catolicismo de la gestión). A Rafael solo le dije que queríamos pagar para irnos pero no nos despedimos de él. Nos fuimos de Kaolack sin pasar de nuevo por el espacio artesanal a pesar de haber sacado dinero de más para comprar una pulsera de plata y más awalés. Tampoco por el estudio de grabación de Bass para ir a probar nuestras últimas grabaciones. Saltar de Kaolack a KeurMoussa pasando por Fatick y Thies y por una pista de 20 kms que podíamos habernos evitado tomando la ruta directa asfaltada no puede dejar de consignarse. Como si fueran resortes de plomo cada poli que nos veía hacia el gesto de pararnos o de hecho nos paraba. Tuvimos que sobornar a dos controles. Nos quedamos sin una armónica (no la que suelo usar sino una china, chafada y que no conseguía altos y que ya había decido desprenderme de ella) y sin varias gomas de borrar y bolis para el segundo extorsionador. Este, una masa de 120 kilos de ignorancia estaba parando coches en el carrefour más importante de Thiess, donde hay un cuadrilátero de plaza. El lugar está mal señalizado (como tantos otros sitios en África, en los que de pronto te encuentras un disco de limitador de velocidad de 30 en medio de una recta y de una carretera nacional sin edificios al lado) con dos stops tanto en el sentido de nuestra marcha como de la calle de nuestra derecha. Ese solo detalle ya sería motivo suficiente para desbancar a los inútiles del consistorio local. Puesto que no había manera de cruzar por la densidad de traficar estuvimos más de 5 minutos parados hasta cruzar, a pesar de eso, la masa de ignorancia nos paró alegando que no habíamos hecho el stop. El mismo tipo de actitud de otras veces: primero retención del permiso y despues amenaza de la multa. Cuando vi que otros conductores que les decía lo mismo a pesar de hacer el stop le daba algo bajo manga, le propuse regalarle algo que teníamos prisa. Cada vez que soborno a un pasma (no hay otro remedio a pesar de toda la critica radical de la que participo para hacerlo) se me cae el mundo encima. Ya no es porque rinda mi vulnerabilidad a la bota del poder del hijodeputa que nos ha tocado en disuerte sino por la vergüenza que siento por la especie humana al comprobar que siguen existiendo tipos de esta clase tan sin escrúpulos que si me das a elegir prefiero antes una tonelada de excrementos que al menos usaré para mi huerto que no un malnacido de estos. Es imposible venir a África en vehículo y no sufrir las cabronadas de todo este ejército de extorsionadores y de destructores de países. Estoy tan enfadado con ellos que me han hecho replantear la cuestión de que hacer con los malos, ¿facilitarles un estage de 10 o 20 años de presidio con las 3 comidas pagadas y con una hipótesis más que por demostrar de su reeducación? No, no con mis impuestos. Una mayor sentencia (vale, ¡que sean 25 años, uno tras otro y sin reducción!) no garantiza una mayor recuperación. Queda una sola solución excluir a los antisociales de la sociedad, ¿sencillo no? Si alguien se comporta en contra de sus congéneres ¿qué otra cosa pueden hacer estos que encapsularlo e impedir que haga daño? Un simple panel de abejas comprende esto inmovilizando a un intruso que se coló en su medio para aprovecharse de ellas. No es que el ser humano no lo entienda. La larga carrera del derecho penal como marco referencial teórico y de las instalaciones como presidios para cumplir penas indica que el concepto de exclusión está más que desarrollado. El problema, el gran problema, es que las cárceles no reeducan a nadie (aunque sí cumplen la función de descargar de culpa a los culpables. Venga a la calle, ya puedes asesinar a otra personar y volver a venir aquí a pasar una temporada de 10 años) y los gastos que genera a una sociedad son considerables. ¿Solución? (¡venga atrévete socio analista de mierda!, ¡menos crítica y más soluciones! Por supuesto liquidar a los malos típicos que solo sirven y están puestos en circulaciones para crearnos infelicidad y problemas a los demás. Liquidar es un verbo perfectamente utilizable para la situación: quitarlos de en medio. Su desaparición no generará ninguna pérdida a la sociedad antes bien le permitirá recuperar la confianza en sí misma. Enviarlos al lado oscuro de la luna que ya estoy harto de citarlo como evocación poética, ¡qué sirva para algo más práctico! Puesto que de momento no tenemos los medios para eso, los franceses ya hicieron algo parecido enviando su chusma a la isla del Diablo en medio del mar cerca de la Guyanne. El problema es que mezcló en el mismo islote a asesinos confesos con disidentes del estado que criminalizaron convenientemente para hacerlos pasar como los otros. Ese es el gran problema de la jurídica que no está resuelto a escala internacional: la misma definición de malo. Hay quien confunde extorsionadores y asaltadores a mano armada, violadores de vírgenes y prdofílicos de bebés con críticos del sistema, filósofos y cantantes de reggae. Ni podemos hacer nada por transmitir nuestro punto de vista a estos pero sí a los que saben la diferencia entre los unos y los otros. Pues bien les propongo que tomen muy en serio lo de la exclusión social de la chusma no importa en qué cantidad sean. Seguramente encontraríamos una zona en Tejas o en Arizona, o en medio del Sahara donde reunirlos a todos y que se buscaran la vida entre ellos. Se podria demarcar la zona como Jauría City. Una franja convenientemente minada los mantendría ahí de por vida sin poder salir. Por supuesto el estado no concedería ni comedores ni alojamientos, a lo mucho materiales para que se los construyeran esos individuos indeseables, Si en lugar de optar por su autoroganizacion optaran por comerse los unos a los otros, tanto mejor para el resto de la sociedad, El origen de Australia ya fue algo parecido. La propuesta de la exclusión es vieja y ha demostrado no ser una solución a escala mundial ni de metrópolis, Por si fuera poco hay que contar con los hijos de los presidiarios que pueden heredar un discurso de la venganza (bueno eso es fácil, una colonia de hombres separada de una de mujeres (¡qué horror! Se puede condenar a una persona a lo que sea, a la privacidad de su libertad pero no de su imaginario, ni de sus fantasías sexuales ni de su sexualidad efectiva). ¿Por qué no matarlos? La pena capital. ¿qué pasa con la pena capital? Si la sociedad llega a la convicción absoluta de la irrecuperabilidad de una persona y queda demostrado su atuoría en actos execrables contra sus compañeros de especie o contra la naturaleza ¿por qué mantenerlo en vida?. Me asusto a mi mismo metiéndome en esta disertividad. No decías Jes que todo el mundo tenia un infinito positivo y que si la gente tiene un comportamiento criminal era porque la sociedad la había hecho así. Bueno, yo,,, ¡Titubeas! ¡cállate! El hecho es que has aprendido que los malos son malos a rabiar, lo son un año y al siguiente, lo empezaron a ser no se sabe cuando pero no tienen la menor vergüenza en continuar siéndolo. Hacen el daño por repetido: la historia de ellos es abundante en casuística: hacen de torturadores en Argentina o en Irak, de pelotones de fusilamiento en todas las guerras, de pilotos de bombarderos, de agentes de tráfico extorsionadores, de asesinos de sus esposas, de mal tratadores de niños, de maltratadores de educandos en sus escuelas, de ladrones a domicilio, de ladrones por las calles,… ¿qué hacer con todos ellos? La guillotina de Guillotin se oxidaría antes de cortarles a todos sus cabezas. No es que no merezcan la pena capital. La merecen (si alguien me hubiera dicho que llegaría a escribir eso un año atrás le hubiera dicho que se equivocaba que no lo haría), el problema es que los errores procedimentales y lso procesos judiciales están tan plagados de equivocaciones, que la sola perspectiva de condenar a la muerte a un solo inocente invalida la pena capital como un recurso civilizado, pero entendámonos no por que los malos no se la merezcan. A fin de cuentas un malo posiblemente propondría al estado que lo matara a que lo condenara de por vida a cultivar su terruño, como los residentes de la isla referida, para sacar sus verduras y alimentarse. El estado en contrapartida le podría decir, matarse es sencillo, basta que dejes de comer y te morirás o que dejes de respirar y te morirás antes. ¿Puedo estar diciendo todo esto? ¿Soy yo quien lo dice? Pues si, aquí estoy en medio de la oscuridad llorándole a mi ordenador todo esto. Hemos fracasado, no por no conseguir los grandes sueños si no ni siquiera por conseguir los pequeños sueños. Europa es el paraíso en comparación a África por lo que hace a la libertad de movimiento (aunque un africano en Europa me discutirá eso). Cambia el registro. Esa África de los paraísos aun no corrompidos noes creíble, no lo es porque los africanos no hacen sus revoluciones, no depuran a sus explotadores y extorsionados, no cambian el mundo a escala de sus países y mucho meno a escala continental. Cambian los gobiernos pero se olvidan de depurar las policías y los sistemas de funcionariado de sus países. ¿He dicho depurar? No ¡por favor! No hay un solo policía reciclable en África. La sola hipótesis de su reciclado hace pensar que eran buenas personas mientras sus colegas extorsionaban a viajeros transfronterizos o sus policías de tráfico se cobraban salarios extras con los conductores. África no tiene futuro, eso ya ha sido afirmado antes. Dentro de cincuenta años volveremos y volveremos a llorar por comprobar la veracidad de tal afirmación. De todos modos los años seguirán pasando, unos extorsionadores se sucederán a otros, se irán a quemar a algún infierno según se vayan meriendo de muerte natural, no porque los vecinos les ajusten las cuentas y les degüellen -como corresponde a los cerdos- a la medida de sus fechorías, por muchos inch Allah con los que se hayan engañado y hayan engañado a los demás en los miles de veces que hayan ido a las mezquitas y África seguirá con su mojiganga del subdesarrollo y todo esto, Cada vez que me encuentro con este tipo de anécdotas (es imposible un viaje por carretera con vehículo propio por África sin amasarlas) colonizando mi espacio de la crónica me declaro fracasado. Yo quería hablar de la poesía, de las noches africanas, de los ritmos, de la música y me encuentro perdiendo el tiempo al máximo contando un culebrón como este. No puedo valorar un país por lo que me dicen por sus canales televisivos, sus campañas publicitarias sobre lavarse las manos, sino por lo que veo en sus calles: sus manadas de comensales en torno a sus pucheros sirviéndose con sus manos no lavadas o mal lavadas, sus policías en centros de ciudades sin alevosía pero con toda la premeditación siendo los primeros que incumplen las leyes mas básicas. Lloro por el ser humano. Al tipo del carrefour de Thies le atravesaría el cráneo del frontal al occipital sin el menor problema de conciencia. Ya lo he dicho. O esto o el envío a su zona de reclusión para no salir nunca jamás. No, no, la tesis de la rehabilitación para pensarla otro día. Vic, que es una humanista demodé sigue creyendo en que la esperanza de la recuperación no se puede descartar. Yo creo en otra clase de reciclaje humano pero no en el de la reeducación. Lo siento, lo siento más que nadie. ¿Luego entonces he venido a África para dejar de creer un poco más en el ser humano a causa de sus policías corruptas? Pues sí. Este libro podria ser un best seller si a mis valoraciones de todo este tema se le añadieran el reportaje de mi asesinato en uno de estos encuentros, es decir desencuentros, con uno de estos extorsionadores. Espero que no: sigo prefiriendo ser un cobarde vivo que un héroe muerto. Es una frase razonable que no hace si no ocultar mi precio, No cabe la menor duda de que odio la policía. De todas las profesiones odiosas, la de los polis es la peor (por supuesto mucho peor que la de los mismos ladrones), supera a la de jueces y fiscales, supera a los psiquiatras y banqueros, supera a los taxistas que te llevan a dar vueltas extras y se creen los amos de la carretera, supera a los abogados, supera a los inspectores de hacienda, supera a los violadores incluso, a los maltratadores. Bueno un policía es un extorsionador en funciones. Al menos en Europa puedes cruzar un montón de países sin que te detengan sin causa justificada para verlo que te sonsacan. Se deben a la ley. En Africa son la ley. ¡Tienes que distinguir entre unas policías y otras, entre unos países y otros! Ya lo hago, Hay sutiles diferencias pero el común denominador de su prepotencia pesa tanto que quien sigue apuntándose a ser policía es alguien funesto. Por lo que hace a las europeas no es que sean una joya pero al menos su corruptibilidad está bajo control. Volvamos a la colonia de penitenciarios dejados a su suerte. Unos morirían, surgirían clanes y guerras entre ellos, unos se matarían a otros. Los más fuertes sobrevivirían, los más débiles sucumbirían, ¿Y los que pidieran perdón? ¿y los que se arrepintieran realmente? Bueno, vale, podria concedérseles una oportunidad para reparar socialmente el daño que hicieran. 10, 20,30 o 40 años de cárcel de un presidiario no repara los daños que ocasionara, incluso en un mal momento de su vida, matando o creando problemas voluntariamente a los demás. En cambio la reparación de esos problemas sí, solo que hay problemas que por muchos años que se dedique a su solución no se resuelven. El asesino deliberado, confeso y arrepentido, no devuelve a la vida a quien mató. ¿Qué hacer con un criminal como el del carrefour? ¿Ponerlo en la calle y pedir perdón a todos los ciudadanos de Thies, uno a uno, por su conducta? Tal vez, no sé. Es un tema para pensarlo, pero Kafka ya habló de la colonia penitenciaria en otra versión. Habría que retomar la idea para hacerla en la versión de la penitenciaria justificada.
Nos fuimos de Kaolack sin pasar por el recinto artesanal donde un joyero había amplia su expositor con alguna otra pulsera de plata que tal vez me gustara, tampoco sin pasar por el estudio de Grabación de Bass, tampoco sin despedirnos de los guardeses de l Alliance que a nuestro paso por delante no había ninguno y, en dia lunes, su biblioteca está cerrada. Llegamos lo antes que pudimos a Keur Moussa, y a tomar una mesa en chez Mimí, para conectar nuestros ordenadores y contarle yo al mío las penalidades del día, Los otros comensales bajo la paillote semioscura bebían sus cervezas en silencio, otra tanda de ellos, compartió conversación y mesa con nosotros. La camarera, hermana de Mimí, que no etaba, no entendía lo del consumo de electricidad. La lucha contra la ignorancia en África es una batalla de minuto a minuto, milímetro a milímetro. Estaba tan enfadado que alcé mi tono de voz con algunos parroquianos declarando que África estaba como estaba porque quería. Como tantas otras veces, cuando te enfadas los africanos te dan la razón, tampoco hace falta elevar el tono de voz, basta no silenciarles verdades. A suivre.
[1] La Agonía del Éxtasis.ed. el país.

Fragmentos y descripciones de viajes geográficos sobre una silla de ruedas movida por energias insospechadas. (Los textos pertenecen o a nuestro libro, en curso, el Viaje de la vida).

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