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PSICONEWS

miércoles 27 de febrero de 2008

Como en Casa

Con los simpaticos policias de Mango
Celebrando un funeral en PYA
Propaganda contra la prostitucion en PYA
Canon en mitad de la carretera antes de Sokode
. Pya 24 febrero 2008
No hay ningún lugar del planeta del que puedas decir que estás tan bien como en tu propia casa. La casa es tu reino. Es el lugar de tu señorío donde puedes hacer y deshacer, recluirte y pensar, teniendo siempre la potestad de compartirla o no con tus visitantes o invitados. Hacer de nómada de temporada te deja sin el segurizante de ella. Te arroja a las variables espontáneas de cada día teniendo que buscarte la vida para encontrar espacios de sosiego, tus recursos sobre la marcha, tus rincones de retiro y tus tiempos para ti. No puedes viajar con un plan trazado sobre recursos a los que ir o mejor dicho este no es nuestro criterio. Nos dejamos llevar por lo que nos vamos encontrando y en el sentido literal, nos dejamos atravesar por imágenes y sugerencias que están en cada lugar. De pronto hay lugares que nos atrapan por su encanto o su tranquilidad o su gente y que nos hacen sentir como si estuviéramos en casa aunque sea la primera vez que los visitamos. En Mango fuimos hasta el cuartel de la gendarmería para preguntar pernoctar junto a su fachada. El chico uniformado tuvo que consultarlo y salió con una respuesta afirmativa. Por la mañana, nada más llegar a la ciudad, preguntamos que nos indicaran la ubicación de la biblioteca y uno de ellos con su motito nos acompañó. Nos parecieron serviciales y muy correctos. Pasamos una noche muy tranquila. A la mañana siguiente nos prestaron su ducha. Luego tratamos de pasar a su ordenador las fotos que nos hicimos sin éxito por carecer de soft adaptativo pero la escena resultó chocante: por un rato estuvimos sentados en una de sus mesas con nuestros ordenadores desplegados y ellos sin perderse ningún icono en nuestras pantallas.
Antes de dejar la ciudad volvimos a pasar por el Centre Communautaire donde había quedado con Houngla Gilbert Koffi (koffi significa viernes) que le enseñaría el movimiento o de las fichas de ajedrez. Vic y yo jugamos de vez en cuando. Eso ha generado alguna expectación en algunas ocasiones. Si me quedara unos días en Mango podría organizar un curso de ajedrez. En la barra del bar le enseñé a Gilbert el movimiento de las fichas y luego como poderlo practicar por internet.
Tras nuestro desayuno y repetirnos en los saludos con las camareras y lugareños del día anterior volvimos a la carretera. No nos detuvimos hasta Kande donde buscamos una ubicación para descansar un rato, beber y seguir con nuestras rutinas. Pasamos por el Lycee donde aun siendo sábado las aulas están abiertas para los estudiantes que preparan sus materias. Al igual que hemos visto en distintos lugares de Burkina los estudiantes trabajan muy concentrados con encerados en la pared (también los hay en espacios que no son aulas). Despues de la visita nos instalamos en un bar. Cuando se terminó el potencial de la batería de mi ordenador continúe con lo que estaba haciendo de pie en la barra ya que de otro modo la conexión al enchufe no alcanzaba hasta la mesa. Mientras tanto la dotación de un 4x4 de italianos paró en el mismo sitio. Me pareció que iban vestidos de safarianos pero sin el gorro de cazadores ovalado que salía en los cómics. Uno de ellos, con más quilómetros que los nuestros hechos por África describió un panorama desalentador de problemas en varios países. En su lista incluyó además de los que ya tenemos advertidos como lista de prevenciones: Congos, Liberia, Sierra Leona, también a Guinea, Benin e incluso Ghana donde las exigencias burocráticas son, parece que, exageradas (extintor y doble triángulo rojo. Los tenemos. Permiso internacional de conducir y Carta gris internacional. Lo primero lo tenia la penúltima noche en España en Puerto de Sta. María pero desde entonces lo he perdido de vista. Hasta ahora venimos mostrando el permiso de conducir nacional allí donde nos los piden sin ningún problema. En cuanto a la carta gris veremos qué hacemos).Nuestra percepción de Ghana era otra hasta este informante que hacia un curioso chasquido con la boca para poner el énfasis de tensión que le producía cada país que mencionaba. Anna Cirera que se pasó bastante tiempo en Ghana no me comentó nada sobre eso. Inevitablemente las incógnitas de los meses futuros son muchas y nuestro itinerario será el resultante de un algoritmo entre nuestra voluntad y la fuerza de los obstáculos en contra de ella. Nos previno sobre Sudán y dejó en un fifity-fifty Angola y Nigeria. Puso en un renglón alto los países del sur que ahora nos parecen una fruta muy lejana: Tanzania, Namibia, Zaire,…
De nuevo en la carretera nos encontramos curvas y montaña, algo que apenas hemos encontrado en todo el recorrido anterior. En Pya un suntuoso local, otro centre communautaire, hizo que nos paráramos. Un local de hormigón con un patio central fresco bajo una carpa. Nos hicimos comensales de mediodía y por la noche. Un espaghetti estupendo y unas frittes y omelette ídem.
No me arriesgo a pedir carne. Precios tirados en comparación a los que pagaríamos por lo mismo en el ruedo ibérico. África sigue siendo cara en las cuestiones burocráticas y de alojamiento y barata en las alimenticias. En la mesa un grupo de gente vestida igual, que confundimos con una troupe o coral, nos dijo que estaba celebrando un funeral. Se reían y bebían alcohol. Admirados por su festividad un rato despues el hijo del difunto nos invitó a que lo acompañáramos. Vimos Pya por dentro una ciudad interesante con un gran parque. En el centro de la celebración, una buena cantidad de gente bailaba un ritmo muy parecido al que se baila en la rúa de los carnavales de Bahía. Solo les faltaba el pito. Los pasitos eran los mismos. Muchos hombres semidesnudos tenían las caras y tórax pintadas con cenizas blancas simulando nos pareció espectros. El hijo del difunto no supo explicarnos porque. Insistió como unas cuatro veces que hiciéramos nuestras fotos y nos fuéramos. El parecía tener prisa e insistió en que no nos quedáramos solos que podía ser peligroso para nosotros. Utilizó la palabra miedo varias veces. Una de ellas cuando de camino para la fiesta se paró ante un soldado aburrido en medio de la ciudad que quiso inspeccionar el vehículo pero que al final no lo hizo y lo dejamos con la palabra cadeau en la boca. Luego nos enteramos que el difunto, cuyos retratos enmarcados se movían sobre unas cuantas manos, llevaba unos cuantos meses criando malvas. El chico nos acompaño haciéndonos de guías hasta el asfalto ya a las afueras de la ciudad para que nos fuéramos. Buen rollo pero bastante nervioso y algo tonto. Le aclaramos que no pensábamos irnos y volvimos al centro comunitario donde volvimos a tomar posiciones, usar gratis la luz eléctrica y la toilette. Por la noche ubicamos la furgo a uno de sus lados en el exterior para pasarla tranquilamente. Al día siguiente descubrimos en el mismo lugar una especie de bar externo sin uso con unas cuantas pérgolas de hormigón y unas mesas que nos sirvieron para pasar el día a la sombra. Clarinete y ordenadores. Como en casa. La brisa nos hizo olvidar donde estábamos. Podriamos estar en ese momento en cualquier otro lugar del mundo haciendo lo mismo. Soy el primero que olvido que estoy en África. Me lo recuerda cuando las miradas y deferencias de los nativos muestran una cierta reverencialidad al blanco, por lo demás todo sigue igual. Algunas mañanas al despertar eh de preguntarme en qué país estoy para centrar de nuevo mis coordenadas.
Con el grupo vestido igual la conversación sobre la celebración de la muerte tuvo sus cuñas personales acerca de si éramos pareja. Dentro de las primeras preguntas que hacen las mujeres africanas es si somos pareja, otra es si tenemos niños. La segunda pregunta implica que no tienen una idea clara de nuestra edad. Nuestro hijo supera generalmente la edad de quien nos la hace. En cuanto a la pregunta anterior respondemos que sí y eso parece frustrar otra tanda de preguntas. Le propongo a Vic decir que somos compañeros en lugar de pareja para ver si eso da lugar a conversaciones intimistas. Se niega alegando que puede ocasionar equívocos. Estamos en África, sí, pero mientras no conozcamos algunos africanos y africanas en sus universos sentimentales no sabremos de verdad donde estamos.
Un par de hombres de Lomé, Yosef y Mussa, padre e hijo nos invitan a que los llamemos cuando lleguemos a la capital. Ante cada invitación siempre nos toca desbaratarnos de cualquier asomo de prejuicio por nuestra parte y distinguir el matiz de cada registro. Vic piensa que quieren hacernos de guía yo creo que no. Intercambio de teléfonos y modos de contacto. Para hablar de algo hablamos un ratito sobre placas de matricula. La vieja togolesa es letras y números azules sobre blanco, la nueva es letras y números rojos sobre fondo amarillo y la bandera del país. Un popurrí original y distinguible.
Tras una semana de tabletas de Malarone le damos un descanso a nuestros organismos. No hemos tenido ningún efecto adverso pero preferimos no arriesgarnos abusando de ellos. Todavía estamos fuera de época húmeda. Para entonces supongo que no pararemos de mosquearnos gritando mosquis, el grito preventivo de Hommer Simpson.

En TOGO

Paisaje togoles



Mango, Togo viernes 22 Febrero 2008
Los pasos del viajero son predecibles por muchas, (vale, dejémoslo en algunas), aventuras que le aguarden. En el hola-adiós continuos por estar permanentemente, a veces diariamente, llegando a nuevos sitios le toca pasar por el exploratorio de lo básico: un restaurant, una sombra, un punto de internet, un lugar donde pernoctar, responder al ritual de las preguntas típicas, y –desde que estamos en zona bajo el dominio de los anópheles- echar una mirada a fondo si tenemos algún zancudo intruso dentro de la mosquitera.
Tras nuestra sobremesa de ordenadores nos fuimos al punto de la Poste en Koudougou que prometía haute debit.Teníamos que alimentar la tolva de los dígitos con más materia prima. La promesa de la pancarta de la fachada se correspondía con la velocidad de los ordenadores conectados a la única telaraña de la que nos sentimos huéspedes gratos, o arañas saltimbanquis, la triple dobleuve.
Cuando estás lejos de casa tiendes a creer que la gente querida se va a acordar más de ti o te va a tener más presente. Te abalanzas al primer cyber operativo que encuentras esperando todas las respuestas a la anterior tanda de emails. Deliras. Tras un rato de escrutinio con la barra de desplazamiento arriba-abajo pronto adviertes las ausencias y leídos los emails recibidos no siempre están a la altura esperada. Mientras tu estas en otra historia, en otros parajes, tratando de sacar fotografías a buitres o cocodrilos (los de verdad, no lo digo en sentido figurado), algunos emails te persiguen con antiguas historias de temas que se han quedado ya muy atrás. Otros, te desean suerte en tu viaje pero sin profundizar en tus meditaciones. Exceso de teca probablemente. He nacido demasiado pronto o demasiado tarde, ésta época desde luego nunca ha sido la mía. Para no contaminar las relaciones prefieres dejar de hablar de malentendidos y centrarte en las novedades de la vida. No hay manera más miserable de perder el tiempo que la de dejar de vivir el presente para seguir repasando cuentas con el pasado con quienes hacen de piedras pómez sus talismanes preferidos . Hay gente que no te perdona que te vayas por tantos meses seguidos o interpreta con eso una especie de abandono. Otra que ha descubierto que no eres quien pensaba que eras. En fin. Carpetazos y dedicación al momento.
El rato de cyber fue interrumpido por una francesa histriónica que se encontró con una nativa y gritaron a todo pulmón como si fueran las únicas residentes del espacio. Ella y su compañera habían coincidido con nosotros en el restaurant de la misma calle. Me abstuve de comentar, mais.. sommes nous au discotheque?. Unos minutos despues cuando la gala coincidió al lado de Vic en el puestito del ordenador y nos oyó hablar en español, nos dijo como muy sorprendida ¿qué hasseeen unos espagñoles en África? A lo cual le respondimos. C’ est vrai! N’ hi ha pas de français par lá, respondimos sardónicos. La mayor parte de extranjeros que venimos encontrando son franceses. Punto en boca, la conversación no prosperó hacia una tercera frase.
Tras mi hora de cyber y aguardando a que terminaran las dos horas de Vic (más relaciones ersonales= más tiempo de conexión digital) un chico que nos había abordado a la entrada seguía esperándonos a la salida por el solo deseo de platicar. Quería hablar y hablamos. Los francófonos utilizan la palabra discutir cuando proponen su deseo de comunicarse. A diferencia de lso chiapanecos que utilizan la de platicar, la de discutir tiene connotaciones sutiles que escapan al lenguaje hispano para el que discusión es igual a bronca o a crítica sin entrar en diferenciaciones. Mientras Vic iba terminando, el chico y yo hablamos de electrónica, de animismo y de la historia de su familia, hijo de un rey tribal que se trasladó a Burkina procedente de Nigeria. Me habló de una piedra mágica y del sacrificio del cordero para el cumplimiento de deseos concretos y ofreció organizar un ritual animista expreso si lo deseábamos. Lo desestimé. Me hizo recordar cuando estuve en Bahía que organizaban encuentros de macumba a la carta para satisfacción de turistas ávidos de emociones fuertes. A su solicitud le di nuestra dirección. Bueno, en realidad doy el referente de nuestro blog o bitácora de viaje donde se puede contactar con nosotros para reducir la cantidad de rato en escribir datos y para cumplir con una demanda que en el fondo no sirve de tanto. El blog lo escribimos en español y ni todo el mundo sabe acceder a él buscándolo desde el Google, ni todo el mundo sabe traducir el texto a su idioma una vez lo localiza. No siempre es así, en Niamey uno de los hombres de la tertulia de la noche anterior vino a la mañana siguiente con alguno de nuestros artículos traducido al inglés. Hemos tomado por costumbre dar la dirección del blog en lugar del email.O más exactamente la palabra clave de Jesvicmamor para localizarlo. Esta ha sido finalmente la sustituta de jesvic habida cuenta de su profusión en la red. El uno, el blog, permite dar a conocer más de nosotros, como somos, lo que pensamos, qué hacemos, por donde va nuestro trayecto; lo otro, la dirección electrónica, simplemente es un procedimiento de contacto, de interés un tanto material. Además el blog permite el contacto puesto que figura un enlace o un email para enviar mensajes personales.
Tras el contacto con el gran mundo, las personas que queremos y que nos quieren de nuestra España querida,(suena mal pero es rigurosamente exacto) nos instalamos bajo una farola en un lugar céntrico, sacamos nuestra mesita y preparamos la cena. Mientras Vic preparaba una ensalada, experta en combinaciones de tomate y aguacate, yo le pedí a uno de los chicos en bici si me prestaba la suya. N’ hi ha pas de probleme. Esa es la formula retórica estable que de entrada significa un sí pero que deja en el equívoco si es un si condicionado a un pago o no. Hacía meses que no iba en veló. La última vez que me llevé el microveló chino a Georgia solo lo usé un par o tres de veces en dos meses y medio. Afortunadamente en esta ocasión lo he desestimado. Muy bien, me monté en un veló escacharrado por un quilómetro con el cinturón de farolitos en mi cabeza. Cuando estoy emocionalmente tocado por algo me descubro haciendo cosas como ésta. Al cabo de un rato lo devolví. Por supuesto el dueño me pidió los farolitos. Entendió mi explicación sobre que los necesitábamos más que él para nuestros paseos nocturnos en silla de ruedas. Después de la cena a pie de calle nos ocupamos de buscar un lugar para dormir. El recinto de la paroise católica es un lugar muy desamparado y poco concurrido, nos pasamos a los contrarios y hablamos con el pasteur de una iglesia evangelista. Ninguna objeción. Pas de probleme.
La iglesia de la asamblea de dios (yo propondría una sustitución de substantivos aportando el de corral) todo un espectáculo. Antes de acostarnos estuvimos un buen rato escuchando los ensayos del coro con acompañamientos de guitarras eléctricas y batería. Puesto que no entendemos el significado de las estrofas nos parece una música relajante, la única palabra destacable es la de Jesus. Los burkinabé aprecian mucho tal nombre. Cuando nos presentamos los dos, el mío, Jesús, asociado con el de Victoria, nos convierte en la pareja nominal más solida de todos los tiempos: un combinado de la salvación eterna con el éxito en la vida terrena ante todas las batallas. Pasamos una noche con absoluta seguridad en un espacio limpio con las sonrisas del guarda y de unas cuantas mujeres que parecían habitar un pabellón. Por la mañana entré un momento en el templo movido por la curiosidad de otro griterío particular, éste más al puro estilo evangelista. Una mujer inflamaba las venas de sus oyentes, solo mujeres, media docena o poco más que estaban en actitud de acachadas con las cabezas cubiertas con las manos, alguna tirada literalmente sobre el banco. Todo un cuadro del Medioevo sin firma de autor. Oscurantista, triste y doloroso. La misma posición que la de anoche, de los creyentes del mismo lugar, una centena tal vez, todos hombres, arengados por el pastor. El tipo de meeting es de frases cortas y enérgicas. Tiene todo el estilo de la bronca pública ante la que se someten los súbditos. A cada oración un estertor de fondo de asentimiento. Debe ser algo así, porque sois malos, bauuuuhh, porque no tenéis perdón de dios, bauhhmmm, porque sois unos capullos bahummmm, porque os tenéis que arrepentir bauhhummm, pedir perdón bahummm, arrodillaros bahummm, porque todo lo que hace dios es justo bahuuummm, que Jesús es la única salvación cogni bahummm etc. Mi suposición es seguramente injusta pero la actitud de sumisión absoluta de los creyentes, en lo que sea, me hace temer lo peor para la salud mental comunitaria de la ciudad. Por otra parte Vic y yo comentamos que el hecho congregacional no deja de tener una energía especial, el simulacro de pertenecer a una ilusión. La leyenda de Marc 9, 23 rotulada en la pared me dice que yo también puedo estar de acuerdo en parte con muchos predicados parciales de los que se nutren las religiones. Tout és posible pour celui qui croit. La cuestión es en qué creer. No hay propuesta ideológica que no se alimente de algunas premisas válidas. Lo que toca considerar es el refrito que hace con todo ello y los resultados finales.
Cuando pedimos amparo en los recintos religiosos nadie nos pregunta si somos creyentes o no como condición sine qua non para su respuesta. Esto va a su favor. Nuestra condición de visitantes de templos, (un templo es un templo, una construcción con una particularidad que deja el mundo afuera y proporciona suficiente sosiego, frescor o lugar de reposo a la sombra, nucna olvidaré que los mexicanos los utilizan o utilizaban para ir a hacer siestas inequívocas:tumbados sobre los bancos) puede inducir a confusión. Somos hijos de la naturaleza, por tanto de la materia, no de ningún dios semental en fecundar paridoras o artesano ocupado en arcillas mal terminadas.
Tras Koudougou en lugar de seguir para Toma y Tougan, en el norte, dirección Mali, que nos aconsejó el último François, vamos en dirección a tomar la carretera central de Burkina, pasando por Poa y alcanzándola en Kokologho. Seguimos hasta Ouagadougou, la ciudad de las motocicletas, donde no nos detenemos salvo para alguna compra en la cuneta y proseguimos hasta Koupela donde tomamos la carretera hacia el sur dirección Togo. Después de deliberarlo elegimos ir hacia Togo en lugar de ir antes a Benin. La carretera es más fiable. En Tenkodogo nos detenemos para comer. Tomamos tres platos de espagueti entre los dos y desestimamos el couscous que tambien hemos encargado dándoselo a un niño de la lata. Tras la comida proseguimos hasta Bittou donde decidimos pasar la noche. Ésta vez sí cumplimos el criterio de no aventurarnos a ir a un sitio nuevo de noche. Pasamos un rato en el bar neurálgico de la localidad. Instalamos la furgo ocupando la mitad del recinto donde hay un bar, un lugar de comidas y un cyber. Vic trata de sacar una foto a unos buitres en el tejado pero un militar o poli sentado en una de las mesas cree que sale en el encuadre y le prohíbe hacerla. Yo me acerco al hombre y convierto a Vic en una famosa fotógrafa internacional asegurándole que él no es ningún objetivo artístico de ella. La foto se hace despues. Los buitres no tienen ninguna prisa en deshacer su formación sobre el tejado.
Mientras Vic dedica otra hora de internáutica en otro local del recinto yo leo a Pedrolo, ayudándome del farol frontal y hablo con una de las camareras interesado en su peluca. Me asegura que muchas chicas jóvenes las usan aunque no logra explicarme porqué. Cuando termina su turno de trabajo viene a despedirse.Nos damos la mano.
Ubicamos la furgo entre los camioneros. Cientos de traylers. Hablamos con algunos. Pasamos una noche tranquila. Hago un corto paseo por los alrededores. Algún negro me saluda a su usanza, bon soir le blanc, o bon soir blanc, jo replico a la inversa, bon soir le noir. Pronto añadiré a la alocución un discursito que ya tengo preparado: oui, je suis blanc e vous noir mais ça ne signifie rien, vous et moi nous devons vivre et nous connaitre comme persones. Evidentemente fracasaré. Tanta palabrería agota a cualquiera, mucho más si no detiene su paso para dedicar un rato al concepto con una calculadora de arquitecto o ingeniero en la mano.
Antes de amanecer los motores de los camiones empiezan a rugir y a enfilar el camino para las panzas burkinabé. Antes de que me de cuenta ya han establecido una línea sin apenas dejar paso de salida. Un chico ha de apartar una cinta para darnos paso. Paramos en el espacio del siguiente puesto de la gendarmerie esperando a que Vic termine de pasar por nuestro wc portátil y vestirse. Mientras que la noche termina por decidirse de desaparecer un policía viene a pedirnos los papeles. Le explico porque estamos parados ahí esperando que amanezca. Un rato despues ya es de día. A 38 kms está Togo. Llegamos sorteando una carretera asfaltada pero con agujeros. Las diligencias de salida en Cinkassé son rápidas. El kiosco aduanero con dos agujeros, uno para sortir otro para entrer, necesitan ser documentados gráficamente pero no nos dejan sacar ninguna foto con el cartel. El día en que entramos en Mauritania (la única frontera poblado de chozas hasta ahora) un aduanero advirtió como Vic sacaba una foto y saltó literalmente in situ alarmado como si les hubiera disparado con un bazoka. Tuve que demostrarle que eliminaba la foto de la cámara digital para que se diera por contntento y restablecer su cuota herida de poder. El día que se me ocurrió a mi documentar el la avalancha de la clientela en el garito de la embajada mauritana en Rabat fui interrogado por un agente del lugar del motivo de ese acto blasfemo citándome para la salida de mis diligencias para tenérselas conmigo como se merecía mi transgresión. Las imágenes siguen siendo un problema para demasiados guardianes de las mentiras.
Las diligencias para la entrada en Togo fáciles. 5000cfas para el laissez passer. Controles no exhaustivos de nuestras pertenencias. Entramos con el depósito casi en reserva y lo llenamos en una Total, nuestro establecimiento elegido para todo este viaje (no cobramos comisión por decirlo) 500 Cfas el litro, bastante más barato que en BF.
Un soldado armado nos para pedirnos que lo llevemos. Lo aceptamos en nuestro cubículo sagrado que a partir de ahora habrá quedado contaminado por tener durante una hora o más su fusil ametrallador a nuestro lado. Una de las paces sigue colgada como cortina en el interior, eso sí, con la palabra invertida, no por nada, siempre olvido de darle la vuelta. Seguimos hasta Mango donde nos instalamos en el Centre Comunitaire. Electricidad+flag+cocacola. Somos convidados de piedra a una descomunal bronca de la mujer del establecimiento que se ocupa de las brochettes de pescado con un cliente. En un momento dado están a punto de pegarse. Me junto a los que tratan de atenuar la tensión. Por un par de veces trato de separar a la mujer descomunal de su rol agresivo cogiéndola por la muñeca. La mujer es de armas tomar. No es la primera vez que asistimos al espectáculo de mujeres-dominio dándoles una paliza verbal a hombres prácticamente achantados. Si hay que comparar las mujeres negras que estamos viendo no tienen nada a ver con las mujeres magrebíes.
Con el país cambiado nos sentimos más relajados. La espina de habernos quedado sin recorrer Cote d’ Ivoire no nos la hemos sacado de dentro. No descartamos de volverlo a intentar desde Ghana. He preguntado sobre la cuestión de la validez de la visa d’ entente. El de Ouaga al parecer me mintió. Su validez no se pierde al cruzar Ghana. Veremos.
Cuantos más días pasan más cómodo me siento en el continente. Hay gestos que te hacen querer a la gente. En la carretera de vuelta a Bobo perdimos otro de los bidones del portaequipajes. Gracias a las señas de un ciclista con el que nos cruzamos pudimos recuperarlo. Casi estuve por besarlo. Le hice varios regalos. Ahora los hemos amarrado además de con las cinchas con una pequeña cuerda que esta unida a las barras.
En la carretera en las principales ciudades o en los puestos de peaje importantes cuando te detienes somos literalmente asaltados por un enjambre de muchachos y muchachas llevando de todo. El mercado nos sigue pasando por la ventana de casa. Sus antebrazos y lo que ofrezcan nos invaden dentro de la cabina. En uno de estos puestos compramos 22 bolsas de agua a una de las niñas. Ha hecho su jornal o varios. Son bolsas de medio litro de agua precintadas que se venden a 50cfas. Las he vaciado en nuestra garrafa de 20 litros. A los 50 días de viaje agotamos el agua corriente con la que rellenamos nuestros bidones tomada de Larache. Económicamente es mas rentable comprar estas bolsas que las botellas de litro y medio, que pueden costar entre 500 y 700cfas. El problema de las bolsas es que es un incordio vaciarlas y mucho mas beber directamente de ellas.
Tras cruzar las fronteras toca recordar donde estamos y advertir las diferencias. Hay formas recurrentes que continúan y otros detalles que se hacen esperar o que vamos descubriendo sobre la marcha. De entrada la gente togolaise nos parece encantadora. Nos acogen con simpatía y ahí donde vamos no paramos de recibir la fórmula mágica: bonne arrivée. Convertimos el bar del centro communautaire de Mango como nuestro cuartel despacho. Los lagartos están por alrededor con su gesto típico de parar y otear el espacio con un movimiento característico de la cabeza arriba y abajo. Tal vez si nos hacemos amigo de uno de ellos nos lo podamos llevar para que mantenga a ralla dentro de nuestra caracola a los seres más indeseables del universo: los mosquitos. Últimamente nos podemos permitir dormir con una ventana abierta porque no hay tantos aunque el clima refresca. Desde hace unos días estamos asistiendo a un fenómeno atmosférico de temporada: l’ armatane, una neblina de polvo en suspensión que simula la bruma del vapor pero que son partículas de polvo que vienen desde el norte. El escenario fantasmagórico resultante es curioso. Estamos en plena sabana aunque ningún león nos ha puesto en su programa de visitas.

miércoles 20 de febrero de 2008


El Mango, "el aire acondicionado" africano
Mezquita de adobe

Cada montoncito es un cubo porteado en la cabeza de una mujer que previamente ha triturado de una gran piedra.










Misa multitudinaria en Banfora





Koudogou, 21 de febrero

Es una ciudad con bastantes indicadores cosmopolitas. Por de pronto está a unos 100Km de la capital cerca de una zona que parece todavía virgen, con vegetación ancestral, lagos de cocodrilos y poco poblada; donde se llega y se sale por una pista de tierra granulada por el efecto de las lluvias que destroza los riñones de todo aquel que no usa el 4X4 de rigor. Cuando traspasas el consabido barril que dice: ¡alto, peaje! piensas que te toman el pelo, el polvo y las pocas infraestructuras no merecen la desproporcionada tasa municipal al entrar en vehículo. Pero al llegar al centre ville, la cosa pinta diferente, mercado de ropa y objetos de segunda mano entre el tradicional de comestibles y objetos de primera necesidad. Después, sofisticado Internet con rampa de acceso y hotel. Probamos el hotel y la decepción nos sobrecoge: en un edificio que parece no tener más de un año con todos los lujos de uno de 2 estrellas europeo, las paredes gritan nueva pintura, el personal está tirado en los sofases de los clientes, bien durmiendo la siesta, bien viendo una minúscula TV con sonido e imagen parpadeante. El capítulo del restaurante es lo más interesante, para servirte dos tortillas con cebolla y tomate natural + un plato con cuatro patatas al vapor y mayonesa de bote, y otro de patatas salteadas con una especie de perejil, tardaron una hora y media. Y yo me pregunto, también hay una organizacion lamada Camareros sin fronteras?, aqui harian mucha falta. Interesante prueba de paciencia al europeo que también en vacaciones tiene prisa. Internet lo probaremos después de escribir en las instalaciones hoteleras aprovechando su red eléctrica tan escasa en estos lares. La música que se escucha en los puestos de la calle y en los locales es otro indicador de modernidad, y las vestimentas occidentalizadas de los jóvenes, también. Bueno, no parecen signos de grave europeización, pero, algo es algo.

Estos días han sido intensos, tanto, que he preferido vivirlos a escribirlos. El observar la convocatoria en las misas de los cristianos que acuden emperifollados y en familia, abarrotando el templo por dentro y por fuera con una seriedad y devoción insospechada hoy en día. Me ha recordado a mi infancia cuando, en Cádiz, íbamos a misa los domingos o festivos: mientras unos se concentraba en el culto dentro, fuera, los papás vigilaban a los niños que correteaban despreocupadamente manchando el vestido recién lavado; y es que no teníamos altavoces al exterior como los que he visto por estas tierras. La agradable estancia en el Centro Cultural francés de Bobo, por cierto mal aprovechado porque, según nos contó el que regía el restaurante, no se celebran demasiados actos y por ello no acude demasiada gente, con el consabido prejuicio a su negocio. La aventura indeseable de la frontera con Côte d’Ivoire donde, unos casi adolescentes con ametralladoras rusas viejas y uniformes poco correctos te desafían insolentes y te piden dinero sin motivo; ha sido el país donde hemos estado menos tiempo, creo que una hora, más o menos; los conflictos de un país todavía gobernado por dos poderes: el gobierno y la guerrilla no dejan espacio a dos blancos despistados en furgoneta que sólo pasaban por ahí. En Boromo conocemos a una japonesita profesora de inglés en su país que piensa estar dos años en aquel pueblecito perdido, ayudando en la sala de lectura deliciosa donde trabajamos con nuestro ordenador y también colaborando en una de las escuelas del lugar, toda una heroína. En Boni nos sorprendió la bonita catedral católica de adobe, donde se combina lo ancestral con lo religioso dándole un aire de lo más progresista; la actitud abierta de su párroco nos permitió dormir en su recinto y usar la ducha del local parroquial. En los alrededores de Bobo descubrimos la primera fábrica seria que nos aparece en el camino, se trata de una importante transformadora de caña de azúcar en azúcar, rodeada de infinitos campos de ese cultivo; según nos contaron, exportan fuera del país. Cerca de Sabou, el “mar de los cocodrilos” nos muestra otras cosas para nosotros más interesantes que hacernos fotos con cocodrilos aburridos que salen porque el guía les echa alimento para que tomemos la instantánea o nos montemos en ellos, porque, según dicen, son inofensivos y sagrados. El lugar es idílico, y como siempre, desaprovechado. Delante del gran lago de los cocodrilos un restaurante que no funciona y unas casetas con tiendas de artesanía preciosa y de muy buena calidad hecha por asociaciones de personas con minusvalía o con algún problema de integración social, o estudiantes artesanos; cerca de ellos, un oasis de confortabilidad y calidad, son las instalaciones de una ONG que se ocupa de crear escuelas y tiene esta especie de hotel-restaurante para obtener ingresos; hablando con el vicepresidente, un francés blanco muy elegante, éste nos explica los proyectos que hacen y lo importante que es crearles el hábito de conservar en buen estado las cosas que se edifican para mejorar la calidad de vida de ellos. Y es que es una de las cosas que más debe de frustrar a todo aquel que se preocupe por ayudar a los africanos aportando instalaciones o confort. Pienso que no saben valorar lo que cuesta conseguir llevarles algo desde otro continente, tampoco conocen muy bien si es primordial mantener limpio y en buen estado las cosas. Me acuerdo cuando a Espana nos llegaban maquinas que nadie sabia manejar y terminaban deteriorandose en un almacen lleno de polv. Ahora comprendo muchas cosas de entonces. La palabra despilfarro no la conocen, pero yo observo que despilfarran agua porque hay grifos o cisternas que gotean insistentemente sin que nadie se ocupe de arreglarlos. Intento meterme en su piel, pero no puedo, tengo demasiados prejuicios de blanco todavía; espero ir limpiándome en este viaje africano, tan filosófico, que tenemos.

Le lit roulante

En Boromo, el centro de lectura, con la japonesita y el bibliotecario
Sistema de riego en la fàbrica de cana de azucar

Boromo 14 febrero 2008
Dependemos directamente de nuestro vehiculo. Es nuestra suite, neustra cama en movimiento, nuestra casa. Un nidito, sí.No es la mejor máquina del mercado, tampoco la peor. No fue hasta despues de comprarla que encontramos algunos defectos. Uno de ellos es que el freno de mano no funciona o mejor dicho para que funcione hay que tensionarlo mucho. Para mayor seguridad siempre que la aparco dejo una marcha puesta. En el parking de home kisito olvidé hacerlo. Victima de mis reflejos automatizados levanté la palanca no demasiado y dejé las marchas en punto muerto. Tras estar perfectamente quieta durante todo un día y toda una noche, a la siguiente despues de ver un par de películas de Dvd seguidas y estar cómodamente sentados sobre la cama como si estuviéramos en un gallinero de los cines de antes, un gesto de V para incorporarse a hacer pis lo puso en movimiento hacia atrás en lo que nos había parecido un suelo plano pero que en realidad, obvio, no lo era. Pasaba de media noche y afortunadamente no había nadie detrás El guarda tampoco dio ninguna señal de alerta. Tuve que levantar la palanca del freno desde la parte posterior del asiento para clavarlo en seco. De otro modo tal vez se hubiera golpeado con la columna o chafado las plantas.
No pasa día sin que alguien nos pregunte por si estamos interesados en venderla. Seguimos con la frase acostumbrada que se trata de nuestro lit roulante y pensamos volver con él a Catalunya y seguir durmiendo el resto del año. Seguimos encontrando franceses que hacen sus 10mil kms. para venir hasta aquí tras comprar vehículos viejos por 2000 o menos euros y venderlos aquí por el doble para luego tomar un vuelo de regreso de tal modo que les sale el viaje gratis y ganan algo. No creo que el sentido del negocio sea algo innato pero está tan extendido que suplanta sobradamente al de la colaboración.
Antes de dejar Ouaga hemos pasado por la embajada de Cote d’ Ivoire. La taquillera de la vitrina donde se solicitan los visados no ha dado ninguna información y ha negado que el embajador estuviera in situ. Vic se las ha ingeniado para hablar con el. Los soldaditos de la portería lo han avisado y él ha bajado. Muy amablemente ha dicho que hay controles en las carreteras del país pero que es totalmente seguro transitar por él.Por mi lado, cuando ella ha vuelto, he ido al local de enfrente del Premier Ministere en una dirección especifica ocupada en adminsitrar fondos para las victimas de la violencia política. El único hombre de despecho que he encontrado em ha atendido muy amablemente y tras orientarse dentro del mapa de su propio país me ha dicho que no hay ningun problema desde Bobo hasta la frontera. Dentro de nuestras preguntas habituales a modo de tic rutero están las de goudron (asfalto: divino tesoro) y la de bandits. La información del embajador se contradice con otras que venimos escuchando los últimos días. La L.Planet nos ha puesto los pelos de punta, lo mismo que las informaciones del Ministerio español de Asuntos exteriores, experto en asustar. Hemos tramitado la vise d’ entente por 25 mil cfas persona es posible para cinco países y es para todo el mundo. La hemos tramitado por dos meses vamos, que es el tiempo concedido, desestimando el visado de tres meses en la embajada de Cota d’ Ivoire. Lo uno se hace en el mismo sitio de pasaportes e inmigración de la policía donde hicimos la prolongación del visado en Burkina y lo otro en la embajada. La cuestión es que este documento sirve para Níger, Burkina, Cote, Togo y Benín, De haberlo sabido la podíamos haber tramitado posiblemente en Níger evitando gastos. Hace de visado de tránsito múltiple por este período. Es una información interesante para viajeros de la zona y una razón mas para amonestar a las embajadas que no están nada interesadas en facilitar informaciones de opciones alternativas de accesibilidad a sus países. Algún día los burofóbicos en un ataque internacional sorpresa devorarán los despachos de control con hormigón y administrativos incluidos en una ataque de crisis a lo King Kong o simplemente se comerán crudas taquilleras como ésta con cara poco amable y aspecto general de desgraciadas. El problema de esta visa es que solo sirve para los países indicados y si se cruza a otro como Ghana que está en medio de ellos se pierde. Si la burofobia es un acto reflexivo de autodefensa, ¿la burofilia no debería estar catalogada en el registro de las peores enfermedades mentales? ¿a qué clase de cerebros perversos se les ocurre hacer un documento de múltiple tránsito de este tipo que queda impugnado al cruzar por un país que esta en medio de los autorizados?
La ultima noche en Ouaga la pasamos en el patio de graba de Carmen Kisito. Soeur Marie no puso ninguna objeción. La noche anterior la pasamos fuera de todo recinto cerca del Estadio. A primera hora de la mañana el extorsionador de turno vino a pedirnos su diezmo y amenazarnos con pincharnos el neumático si no le pagábamos el desayuno. Vino por dos veces con su mala leche a la que respondimos con el tono apropiado. Cuando me hablan de navajas e hipótesis de ataque, charla de la que afortunadamente no estoy forzado a ser oyente habitual, me enfado conmigo mismo por tener la disuerte de seguirme encontrando la chusma que va con esos versos por los caminos del señor.
Con la furgo custodiada dimos otro de nuestros paseos con silla de ruedas en medio del tráfico con un cinturón en mi cabeza de tres luces, dos de ellas intermitentes, una roja y otra abutanada. Nadie discutirá que soy un hombre de muchas luces.
Nos fuimos a cenar al Stade de France donde ya habíamos comido un par de veces y que logran unos spaghettis al dente admirables. El local solo tiene de nombre l pode restaurante. No vimos otros comensales y la cuisine es solo ocupa un sitito de sus amplio espacio. Por la noche tiene música disco y lucecitas ad hoc. La costumbre es pagarla a las camareritas antes de traer la consumición. Hicimos nuestra velada. Compramos huevos duros a uno de los niños que andan con la bandeja de ellos en la cabeza y dimos a otros niños de la lata los pedazos de carne que venían con los espaguetis. Los niños de la lata son una imagen característica de los países que venimos recorriendo. Las latas son de dos kilos más o menos de conservas de tomate vacías. Las llevan al cuello atadas con una cuerda. En otras ocasiones llevan como cubitos de plástico o los más afortunados pequeñas ollas o boles de aluminio, estos últimos los menos. Son niños de la indigencia. Las madres los paren para enviarlos a sufrir a la calle. A pesar de eso sus miradas son limpias y amables cuando con toda razón deberían estar cargadas de odio.

A pesar de las advertencias hemos tomado ruta para Bobo camino de la frontera. Por el camino compramos en distintos puntos, botellas de agua de litro y medio de las típicas de plástico, lo que llaman gateau que en realidad son muy parecidos a lso buñuelos de las churrerías españolas pero no tan buenos y cebollas. Una bandeja de ellas por 500francos. Como solo tengo dos monedas de doscientas pongo el resto con un par de prendas de ropa, un camisón y un top. La chica, una madre joven como siempre se queda muy sorprendida. Ella y sus tres churumbeles nos dicen adiós con la mano con una de esas escenas que te llevas para siempre contigo, En el peaje de la carretera cada vez que llega un vehículo docenas de chicos y chicas que aguardan sentados o quietos se abalanzan para ofrecerlo todo cosas de comida pero en esta ocasión también revistas y atlas que te meten por las ventanillas.
Nos detenemos en Boromo y nos metemos en un recinto para turistas. Comemos a precios turísticos y pedimos pernoctar dentro dela explanada. El director acepta a cambio de que hagamos nuestras consumiciones en su establecimiento. Tras la comida nos vamos al Clac. Es un centro de lectura y animación cultural, una biblioteca. Vamos con nuestros ordenadores y con la silla de ruedas. Vic salta a una silla metálica de las que están tan generalizadas en el país y que al menor rozamiento hace un ruido estridente y yo uso su silla rodante, un placer para la comodidad de las posaderas a pesar de su mala fama como significante. En el local hay una japonesa que esta en el rol de voluntariado que nos indica donde están los enchufes. Los chicos y niños que están sentados en el banco están sumamente atentos a sus lecturas. Curiosamente hay un aparato de televisor encendido al que nadie presta atención y que parece que solo interesa al contramaestre del local. Cuando nos vamos se siente muy halagado pro haber usado el establecimiento y nos pide que le visitemso de nuevo. No lo descartamos. Tal vez pasemos por la misma carretera de regreso. Al hombre le elogiamos su voz de bajo. Cualquier cosa que dice parece que entona un blues.
Durante estos días estamos continuamente repensando la ruta a seguir. De una parte no queremos perdernos parte de los países más al oeste que nos hemos perdido al ir hacia Mali desde Nuackchott de otro lado las noticas de peligrosidad siempre son disuasorias. Hay otra cuestión: la climatología. Empezamos a temer cuando lleguen los meses de verdadero calor y las lluvias. No descartamos quedarnos a vivir el resto del año en una ciudad tranquila de tamaño medio pero por otra parte cuando llevamos unos cuantos días en el mismo lugar volvemos a tener mono de la carretera. Hasta ahora Ouaga ha sido donde ehemos estado mas tiempo: 6 noches seguidas.

Una Hora en Cote d Ivoire

Iglesia catolica con raices africanas











Recuerdos africanos en el parabrisas

Con François, un elegante francés de la ONG de Sabou




En el Centro Cultural francés con la cerveza africana preferida de Jes
. Boni 19 febrero 2008-Koudougou 20feb2008
Antes de dejar el Relais pour Touristes, en Boromo, uno de los empleados viene a pedirme trabajo. Me dice que solo gana 15mil francos al mes y con esto ha de pagarlo todo. Teniendo en cuenta que un par de comidas no tan opulentas de un comensal en el local puede alcanzar esta cifra parece un salario de explotación. Volvemos a la carretera para compartirla con una mayor cantidad de tráfico del que estamos acostumbrados a ver desde las puertas del



Sáhara. Predominan los camiones. Bastantes de



ellos supercargados y con las cargas torcidas.



Desde la distancia, antes de cruzarnos mutuamente, hacemos un inmediato cálculo de su ángulo de inclinación por si nos va a tocar la china y volcar justo a nuestro paso. Las torres torcidas de Italia nos avisan que mientras el centro de gravedad de su verticalidad etcétera entre dentro de su base no hay porque temer nada. Lo que sí encontramos son muchos camiones en pana. En todo lo que llevamos de recorrido lso camiones, también los autobuses, están parados con los motores escrutados o sus tripulaciones hurgando bajo el chasis o cambiando una rueda. Nada más entrar en el desierto nos encontramos con dos que habían embarrancado en la arena a pocos centímetros del asfalto y que estaban con las chapas típicas agujereadas para desatascarlos. Teniendo en cuenta que sus conductores son lugareños nos sorprendió que se dejaran atrapar por el incidente. Lo habitual es encontrarlos parados en el asfalto señalizados raramente con los triangulitos rojos y a menudo con ramas que sujetan con piedras y distancian en montones unos cuantos metros como preaviso a los otros vehículos. Dada nuestra velocidad de crucero a veces nos pasan autobuses echando densas humaredas. Dentro de los atrasos obvios Burkina nos parece hospitalaria y organizada, con proyectos en curso y con la gente, generalmente, tranquila. Cualquier lugar del mundo en que la gente acepta un no razonado y deja de insistirte es un lugar de gente tranquila.
En el país nos hemos encontrado más nombres de restaurantes que listas de platos posibles. A menudo nuestro billete de 5mil Cfas, no digamos uno de 10mil, encuentra problemas cuando es usado para pagar unos platos. Su recorrido antes de conseguir cambio lleva un rato aunque acaba por ser devuelto. En el Bank of África cambio euros en lugar de sacar billetes del cajero automático. A diferencia del Ecobank en Bamako con billetes grandes a partir de 50euros no cobran comisiones. Para los billetes inferiores cobran un 1%. Otro atraco burocrático. Compro casi 100mil Cfas por 150e. Tenemos noticia que en Cote d’ Ivoire no hay cajeros o no son seguros y que el mercado negro es peligroso. Si además hay que pagar a policías a cada paso esto no da ni para pipas
Ocupamos una sombra junto a una ecole de St Vicens Paul. Preguntamos por la posibilidad de utilizar su recinto para pernoctar y ofrecer una clase sobre el tema de minusvalías, en el que nos estamos especializando, a la mañana siguiente a los alumnos. La propuesta se lía de tal manera: pasa de un profesor al director administrativo, luego al ayudante del director pedagógico y finalmente a este. En este eslabón se ha perdido ya la propuesta de nuestra pernoctación, leit motiv de todo el barullo, y nos dicen que preparan el encuentro de pareceres (¿quéee?) para nuestra siguiente visita. De lo otro, de dormir dentro de su recinto ni insistimos ni hablan. Nos refugiamos en el Centre Cultural Français en su patio: la biblioteca está fuera de uso por inventario de sus poquísimos libros. Para eso necesitan todo el mes y parte del siguiente. Ocupamos el jardín. La furgo fuera junto a la verja. Esta vez usamos las copas para nuestras bebidas. Solemos beber a morro de las botellas, cervezas o Coca-Colas, para reducir posibles peligros con restos de agua con que los lavan. A diferencia del Centre Français de Bamako hay poca actividad blanca. Nos llama la atención el tipo de asientos que son hechos con sillines de motos. Una nueva versión de altar para sacrificios humanos. Termino por trasladar mi butaca de aluminio de la furgo. Como somos los únicos clientes nos hacemos amigos del mánager. Clauvix Hien nos confidencia su vida. Consciente de que su mujer lo acepta por que tiene un trabajo y dinero, lo sableado que es por sus 21 hermanos. Llegan un par de chicas despampanantes que lo saludan y nos saludan. De entrada, por sus formas de vestir, no quedamos en la duda si son putas o progres. Clavix nos dice que las conoce y que frecuentan el local para que él les haga de alcahuete presentándoles blancos como posible caza marital. Hablamos de nuestro sentimiento reiterado de blancos discriminados que se nos toma como objetivos materiales y no como personas con las que tratar.
Pasamos la noche sin contratiempos salvo las interrupciones de los mosquitos. Desplegamos la mosquitera que compramos en Altair. Es la primera vez que lo hacemos. Sus dimensiones son superiores a las de nuestra cama pero la adaptamos como podemos. Para nuestra sorpresa viene con una raja y con un cosido lo cual deja en bastante mal lugar el prestigio del establecimiento. La sujetamos con velcro del techo. Los mosquitos quedan afuera pero nos dan la tabarra con su zumbido impertinente desde el otro lado de la red.
Un mes y medio despues de iniciar el viaje y un mes metidos en zona palúdica hemos iniciado la ingesta del malarone. Ni los repelentes, ni la mosquitera, ni el complejo B nos mantienen a salvo de ellos. Una cierta cantidad de picadas hace que nos pongamos las pilas. La sanitaria de Sanidad Exterior nos pondría un cero por no haber sido fieles a la lección a la que nos sometió. Malarone cuesta más de 50euros cada caja con 12 comprimidos tomados a diario.
Antes de dejar Bobo saco con la visa otros 100 mil francos del mismo Bank of Africa. Buscamos nuevos escondites dentro de la furgo para tanto dinero. Cada uno es más ocurrente que el anterior pero ninguno infalible que no pudiera ser descubierto por un rato de observación: en el tubo de la estructura de la butaca, bajo el plástico de la cajita de las tazas y tetera, bajo la alfombrita dentro del microzulo.
Nos detenemos en Banfora. En la praoise hay una gran celebración o al menos una misa de larga duración. Nos instalamos en el recinto y observamos la devoción de los congregados: sus canticos de coro, sus filas para distintos puntos de la comunión, sus motitos perfectamente aparcadas. Cuando ya todo el mundo se ha ido uno de los prêtes, nos saluda. Es Alexandre Bingo. Le contamos nuestro proyecto de viaje en curso y nos da el okay para pasar la noche allí. A la mañana siguiente otra misa multitudinaria en ciernes coincide con nuestra partida.
Las diligencias para salir de BF son bastante rápidas, aunque pasamos por cuatro controles. El ultimo nos dice que en Cote d’ Ivoire ralenticemos el vehiculo. Cruzamos el rio Leraba y cambiamos de país. En el puesto de la frontera nos topamos con lo que ya nos habían avisado. Chusma semiuniformada y malcarada. Mientras pago el laissez passer por 5000Cfas, el tipo de al lado que ha tamponado los pasaportes pretende hacerme pagar otros 3mil por tamaño esfuerzo. Me niego. El mismo tipo declara que son gente civilizada. Otros soldados han apaleado y tirado piedras a los críos que se han acercado a Vic en el coche que les ha comprado alguna cosa, sin que los niños hayan molestado demasiado. Para deshacerme de los policías que me han seguido hasta el coche a uno de le doy un bolígrafo y a otro unas gafas de sol. Antes de 500 metros hay un siguiente control, en el que los soldados se reparten un uniforme entre tres van de malcarados y prepotentes. Uno coge su kalasnikhov con un gesto inequívoco de intimidación, otros sin uniformar vienen hablando con un francés imposible de entender que les paguemos. Nos obligan a que reculemos. Otro desde atrás golpea el vehículo. Se nos apelotonan en forma de enjambre maloliente. Me niego a pagar lo que piden. Me obligan a que les enseñe la parte de atrás. Abro la puerta pero no revisan nada. Finalmente el tipo que nos ha golpeado la carrocería y que parece que va de jefe da la orden de abrir la barrera para que pasemos. Entretanto Vic y yo ya hemos tomado una decisión: volver a Burkina. Si las FAFN (atención a la palabra: dos veces F de fuerza para una sigla tan corta y con soldados de tan pocas luces) Forces Armees des Forces Nouvelles. ¿Nouvelles? El mismo tipo de descaro violento para un supuesto programa distinto de reconciliación entre partes encontradas dentro del país. Los rebeldes de esta FAFN no tienen la menor pinta de revolucionarios y mucho menos de innovacionista. Son otra versión de atracadores de caminos. No tienen salario del estado y justifican su presión sobre los viajeros por eso. Evidentemente se dedican a institucionalizar la molestia al viajero. Podíamos haber continuado. Aceptar la afrenta a cada rato. Pagar mil en cada control y tomarlo todo como un juego en el que nosotros fuéramos de víctima y ellos de agresivos profesionales. ¿Pero necesitamos aguantar tanta bronca? Nos perdemos visitar el parc national de la Comoé y bajar hasta Abidjan donde tenemos noticias que en un puente céntrico en horas punta asaltan incluso a los pasajeros de los taxis. Toda nuestra incursión en CI no pasa de Kaouara, y en el recibo de las cinco mil escribe la fecha con caligrafía analfabética la fecha del día, 17 de febrero y el nombre del puesto Lalerche. Sin embargo para nuestra sorpresa los tampones de los soldados y el papel impreso del recibo huelen a nuevo. Lo único nuevo que hemos encontrado. Nos sentimos disgustados por tener que renunciara un país a causa del trato recibido de los cuatro enfermos que tienen asignados a sus puertas. El resto del día arrastraremos una sensación de mal estar y pena.
De vuelta a Burkina los de los puestos que hemos atravesado poco más d una hora antes nos preguntan lo sucedido. Bromeamos un poco sobre todo y sobre nada. Volver a Burkina es como volver a casa. En Niangoloko decidimos regalarnos con una sombra de un bar que tiene butacas de madera cómodas y corrientes, una flag –para mí- una coca –para Vic- . Fotos, conversación y comida de un arroz pegado con una salsa muy liquida. Dejamos la mitad con el encargo al chico que lleva el establecimiento que se lo dé cuando pase uno de los niños con lata al cuello. Damos a probar nuestras aceitunas sevillanas –con las que nos acompañamos la bebida- a este chico y a un par de acompañantes. Luego cuando nos vamos y le ofrecemos el resto de huesos por si quiere tratar de plantarlos, él nos enseña que también había guardado los otros. Los huesos de frutas es algo que damos o no tiramos con el resto de la basura por si cabe la posibilidad de que germine. Una reminiscencia de nuestras ilusiones infantiles.
Regresamos hasta Banfora donde vuelvo a comprar agua envasada en bolsas de plástico de menos de medio litro. La mujer me saluda como si me conociera de siempre. Antes de dejar la población cargamos 27mil francos de gasoil, compramos aguacates y nos dejamos acompañar por el mercado por la hija de la tendera anterior ya que ando buscando un tipo de containers de los que se desprende la fábrica de azúcar de la zona. La devolvemos junto a su madre. El poco rato que estamos juntos nos dice que tiene un hijo pero que rompió con el padre de la criatura por sentirse traicionada por el. Nos faltan conversaciones en intimidad. De hecho no conoces realmente ningún país ni cultura hasta que no haces negocios con sus gentes y no te implicas sentimentalmente con alguien de su tierra.
Sosuco tiene bastante extensión en Beregadougou dedicada a la plantación de la caña de azúcar. Vamos hasta sus instalaciones para tratar de la compra. Es domingo por la tarde y los encargados del asunto no están. Mientras decidimos si esperar el día siguiente nos instalamos en el bosque de eucaliptus alrededor de la fábrica. Extendemos nuestra parafernalia e invitamos a te a la concurrencia. Hay alguien que dice que es mecánico y que estamos en su taller (una barraquita sin ninguna herramienta).Nuestro te a la inglesa tiene éxito. Al sur del Sáhara el té no tiene la aceptación del Magreb. Las dentaduras de los africanos también lo notan. Volvamos al azúcar. La fabrica y sus alrededores tienen un aspecto distinto. Grandes tractores con tres carromatos detrás llevan, desde los campos, la caña cortada para su procesamiento. Las cañas que se caen por el camino y las que son cogidas de los carromatos dan vida a todo un poblado que se ha montado alrededor de las instalaciones. Antes del anochecer recorremos la zona en un viaje corto por pistas de tierra firmes aunque no llegamos a la zona de la cascada y de los hipopótamos porque se ha hecho tarde. Hoy hemos aprendido dos lecciones: la paradoja de crear un orden y una rentabilidad en un espacio para un producto, el azúcar, que está considerado como uno de los peores venenos blancos por el naturismo y que es cuestión de tiempo que todas las medicinas acepten la misma conclusión. Ahí donde vemos un espacio industrial de trabajo encontramos un impacto organizado en la zona para algo que a la larga no deja de ser un producto nefasto para los consumidores. La otra lección ha sido con respecto a los uniformes. Nunca creí que fuera escribir esto pero allá va: los uniformes siempre han sido un indicador evidente de disciplina, subordinación, alienación dentro de una estructura y sinónimo de fuerza, obediencia y cabezas huecas sin pensamiento. Sigo creyendo básicamente que esto es así pero un uniforme también es un signo de organización, de control, de mando centralizado, de predictibilidad. Desde que estamos en Burkina sus formas son notoriamente distintas en cuanto a más estrictas que los otros países recorridos, exceptuando Marruecos. Cuando te encuentras soldados que no son soldados, que lo mismo pueden obedecer a un mando como a su instinto más primario de destruir, con estilos de desarrapados, sucios, insolentes, medio vestidos, con cara de asesinos, encuentras a faltar el uniforme reglado. Más vale malo conocido que bueno por conocer. Acabo de vender la tesis de la rebeldía buena a cambio de la predictibilidad segurizante. Claro que lo uniformado sigue haciendo sus estragos en las mentes más vulnerables. A los niños escolarizados enseguida se les distingue por su modo de saludarnos. Demasiado buenos. Cruzan los brazos y hacen una especie de simulacro de reverencia flexionando una pierna y adelantándola. Terrible. Los niños en general son tranquilos, siguen haciendo su semicírculo en torno a nuestra puerta y no se pierden detalle. V les instruye con algún tipo de canción ella al clarinete. Llenamos el cántaro pensando que ésta podría ser otra ocupación por estas latitudes en el caso que decidamos ubicarnos por una temporada a la sombra de un mangal. Hay otro tipo de controladores con sus uniformes: los de los peajes de las rutas nacionales. Uno de ellos que reivindica la práctica de la honestidad para los africanos nos dice que venimos pagando una tasa superior a la que corresponde a nuestro vehículo. A partir de ese momento reclamamos nuestra categoría como vehículo privado y no como uno de mercancías por el que pagábamos. En Burkina se cumplen los protocolos del oeste de África de pagar peajes por carreteras de paso obligado y tasas municipales en ciudades como Bobo y Koudougou. También a esta a la que llegamos despues de 25 kms de pista dura pero con ondulaciones continuas separadas por 30 cms. aproximadamente que te hacen creer que estas dentro de una batidora si vas a más de 20 kms por hora.
En Boni nos detuvimos a pasar la mayor parte del día y de la noche en el recinto de la paroise o la misión católica que aquí se mezcla con las chozas de la población. De visita por la curiosa construcción eclesial con adobes que se hacen tan duros como las piedras y con paredes perforadas para asegurar la sombra permitiendo la ventilación coincidimos con feligreses blancos que intercambian sonrisas de obligado cumplimiento al cruzarte con ellas y se reúnen en torno a unos salmos. Uno de ellos nos comunica que les peres ils son contents avec votre arribée. Estupendo. Hemos hecho el ritual de los caramelos más que por el azúcar calórico para enseñar lo de recoger los papelitos. Tras enseñárselo los niños me imitan,
Nos detenemos un momento en Boromo para saludar a los bibliotecarios del Clac ya que se lo prometimos. A Kubota Michico una voluntaria japonesa pour la coopération a l’ etranger que vive cerca de Nagasaki y que ha venido por dos años a este lugar del mundo que todavía carece de internet y a Bicko Mamadou, el mismo que mantiene la tele encendida y que nos pone un canal en inglés en nuestro honor durante la visita. Con Mamadou hablamos del apellido Bicko que también fue el del revolucionario anti apartheid en África asesinado por los afrikáners por levantar a la sociedad negra en su contra. Cuando ya nos vamos Mamadou me pide que le envíe un trípode como el que he usado para hacernos la foto con el dispositivo automático. Le digo que prefiero decirle que no a darle la promesa de enviárselo que seguro que no cumpliré. Entiende que el aparatito lo puede conseguir en Ouaga y que nosotros lo necesitamos para nuestro viaje. A las puertas del local un par de chicos juegan al scrable.
En Sabou visitamos uno de esos lugares atrapaturistas: el mar de los cocodrilos. En realidad un pequeño lago del que diviso lo que me parece un caimán, nada de un gran cocodrilo. El agua es turbia y el lago es pequeño. No tiene demasiado encanto pero si todo el entorno, Hay una cooperativa con un albergue arbolado y limpio. Es el CZN, le centre de la Zod Neere (de la bonne amitié).Su consejero en el management, François, nos cuenta un poco la historia. Tras haber hecho ya un ritual de compras que no teníamos previsto de bronces y batiks pequeños a 1500francos unidad después de una negociación dura en las tiendas para turistas, nos instalamos en el bar de la cooperativa que tiene una sala de exposición de artesanías y nos sirven espghetti a medio y couscous por la noche. La salsa de mediodía es prodigiosa. Aunque dicen que es solo de tomate le añaden cebolla. Comemos bien y pasamos la noche con absoluta seguridad en la furgo instalada enfrente. Por la noche esperando la cena François nos presenta el jefe de la comunidad cuya condición de jefatura se hereda por linaje familiar. En un momento dado un chico que se dirige a el lo hace agachado y casi arrodillado. Nos parece que tal gesto de sumisión debe ser puntual por alguna clase de bronca que recibe. Preguntado François al respecto nos dice que es el modo habitual de dirigirse al jefe y que expresa una reminiscencia tribal. En BF existe un parlamento, una democracia en marcha, bastante gente que ostenta sus vestidos o camisetas con declaraciones a favor de partidos o candidatos, `cartelismo social para introducir nuevos hábitos y un etcétera importante de un país en construcción pero los jefes tribales son todavía los reyes. Damos un paseo con la silla de ruedas por un sendero que lleva a un poblado cerca del lago. Todo el mundo nos saluda y saludamos a todo el mundo. Los africanos siempre se sorprenden cuando llevas tu vulnerabilidad a sus sitios alejados. El único contratiempo es con un 4x4 manejado por un blanco bajo un sombrero australiano que acelera innecesariamente por el solo placer de levantar polvareda. Cuando viene en nuestra dirección en lugar de ponernos a un lado del camino nos mantenemos en el centro. Por un instante Vic piensa que nos va a arrollar. Al final decide detenerse, cuando pasamos a su lado le ordenamos. Doucement, doucement, vous levez trop poussiere. El tipo se achanta, aparta su vehículo y sigue más tranquilamente a nuestras espaldas. Se nos hace de noche y a pesar del lunazo de la luna llena nos valemos con las lucecitas-disco en la cabeza. Un grupo de niños muy atento nos acompaña. Somos una mezcla vaporosa entre un mal cuento tecno y una pareja de turistas excéntricos. Si contamos que vamos de paseo por la noche por lugares como este dirán que somos unos irresponsables
A la mañana siguiente tras pasar una noche muy tranquila alguien de la cooperativa nos pide una contribución por haber usado su ducha. Contribuimos hablándoles del criterio de avisar a priori si pretenden cobrar por el uso de un recurso ofrecido tal como ha sido el caso. Desde que estamos en África no paramos de contribuir de una manera u otra con dádivas materiales ahí donde vamos. También con cosas que compramos y de las que nos deshacemos. Vamos al revés: quienes no piden regalos se los hacemos de un modo discreto y selectivo, quienes los piden por sistema algo nos coloca en la autodefensa y preferimos no hacerlos o al menos no hacerlos siempre por sistema.
De camino a Koudougou por la pista vemos muchas mujeres que trabajan recogiendo y amontonando pequeñas piedras que luego se usan para la construcción de las casas. También vemos farolas con una batería en lo alto y una placa solar cubriéndola. En la ciudad compramos jeans y bolsas a un nigeriano de Lagos que tiene sus artículos usados extendidos sobre una tela en el suelo. Aunque apenas acepta el regateo terminamos por regalarle uno de los discos sobrantes del grupo de Isabella y Jorge. Cuando se lo hacemos escuchar pasamos vergüenza a partir de la segunda canción que se hace inaudible. Nos ha pasado otras veces con la misma tirada de cds de lso que se encargó Vic para la difusión o la venta. Una partida defectuosa y, claro está, invendible.
Nos instalamos a continuación en un local elegante que encontramos, el Jackson auberge: comemos patatas y tortilla, un manjar. Esperamos todo lo que toca esperar y disfrutamos con la comida. Luego usamos la red eléctrica para nuestros ordenadores.

miércoles 13 de febrero de 2008

Parole

Conferenciando con asistentes handicapees Leyendo con frontal en un chiringuito nocturno



Sillas a todo terreno fabricadas en África
Ouaga 12 feb 2008
Las conferencias permiten el privilegio de la observación de quien habla a una sala de supuestos escuchantes. Una conferencia con o sin ínfulas de clase magistral pone en contacto a unos oyentes que se supone que entienden lo que están escuchando con un hablante que se supone que sabe de lo que está hablando. Vic y yo venimos dando conferencias puntuales cada curso desde hace bastantes años. Tenemos razones para justificar cada tema. El solo hecho de proponer un marco como espacio de palabra es ya de por si, o así nos lo parece, un triunfo de la

reflexión frente al activismo y del sosiego mental frente a las inercias rutinarias de la vida. Pero todo hablante en público no puede llamarse a engaño pensando que quienes van a escucharlo lo hacen por su cara bonita o ni siquiera por su contenido. Hay otras muchas razones que explican la asistencia presencial. En Hombori vinieron a golpe de circular y tan pronto dos se enzarzaron en una discusión bipersonal otros aprovecharon al circunstancia para levantarse e irse; en Carmen, el espectáculo de tres mujeres jóvenes dando teta a sus bebés mientras escuchaban, dio una nota exótica aunque su mirada de póker dejó en la hipótesis su comprensión de lo que decíamos y en el orfanato la mezcla de gente handicapée con sus triciclos a la que nosotros invitamos y el debate que se suscitó nos convenció de que lo hablado podría servir de algo en el futuro. En los tres sitios las conferencias podrían haber tenido más cuerpo si hubieran sido preparadas con tiempo, publicitándolas con carteles, megafonía o programas de radio. A pesar de estar coordinadas y avisadas desde dos meses atrás los interesados no estaban al corriente. El secretario permanente de Home Kisito, Zabour Zampou, se sorprendió de no haber sido avisado por R.Jariod ya que suele avisarle de otras cuestiones. Nosotros confirmamos una vieja tesis: toda dependencia de una gestión a través de intermediarios incrementa directamente la probabilidad de desajuste o fracaso. (frase a subrayar). Afortunadamente no siempre es así pero en este caso lo ha sido. No es que las conferencias hayan fallado. Hemos tenido unas cuantas escuchas garantizadas. Las tres han funcionado hasta donde podían funcionar. Otro asunto es qué se podía hacer con ellas, con su continuidad, con posibles talleres de trabajo acerca de sus temas y, finalmente, como instrumentar una inercia de encuentro regular con la palabra compartida.
En cuanto a nosotros nos toca revisar si ese rol de conferenciantes ambulantes por estas latitudes nos pertenece. Lo mismo que el de hablar a alumnos de colegios. En la aldea donde pernoctamos la noche anterior a llegar a Hombori comprobamos, como en ninguna otra parte de este viaje, la avidez de niños y adultos por absorber lo nuevo. Pensamos en una antigua idea: la de montar un teatrito de marionetas que con onomatopeyas y sin necesidad de lenguaje pudiéramos contar cuentos. No sé si lo haremos. Vic tiene dotes especiales para esto. Hacer de filibusteros o rapsodas tiene más de romántico que de práctico. En todo caso es una buena idea que se puede concretar sin demasiado cachivache y con suficientes dosis de tres cosas: paciencia, amor y tiempo. Como dato positivo: la expectación y el público están garantizados en las zonas rurales donde no hay ningún tipo de diversión.
En Ouaga, Lazare, el chofer de home kisito, nos llevo de gira burocrática a solicitud nuestra: primero al departamento de visados para prolongar el nuestro en Burkina hasta 3 meses, luego fuimos a la Embajada de Cote d’ Ivoire que necesita 48 horas para facilitar el de su país también por 3 meses. Los franceses pueden sacar para un grupo de países francófonos de la región una vise d’ entente. Hemos de averiguar si también disponemos de este recurso.
Como no podía fallar tenemos noticias desfavorables de tratos recibidos de unos franceses conocidos de otros franceses que nos lo contaron por los ivorianos. Se sigue cumpliendo la predicción: en cada país anterior siempre hay alguien que nos pone en prevención ante los peligros del país posterior. Mentiría si dijera que no nos afectan las noticias de esta clase. Lo cierto es que hay armas de fuego y no pocas en manos de rebeldes, bandidos, majaras o tipos descontrolados. Si un loco violento sin un arma en las manos es un peligro público no hace falta decir en que se puede convertir cuando dispone de una y se dedica a emplearla.
Cada información nos toca completarla pero no siempre tenemos a quien preguntar. Es completamente distinta la visión de nativos y lugareños a la de extranjeros, la de los residentes de un país a la de sus vecinos al otro lado de sus fronteras. A la hora de preguntar el europeo, sin darse cuenta, a veces precipita la respuesta sin esperar a que se la den distorsionando su percepción de la realidad. Lo habitual de muchos africanos es que contesten sí a preguntas aunque no se hayan enterado. Antes de iniciar una conversación, ante la menor sospecha de incomprensión lingüística conviene conceder unos segundos para ponerla a prueba. Suelo decir alors, tu parles français? Dis- moi quelque chose. A menudo a esa cuestión no le sigue nada más.
Ouaga es una ciudad tranquila y organizada. Los conductores conducen bien y poco despues del anochecer la circulación prácticamente se extingue. Contra lo que puede parecer hasta ahora la circulación en carretera no nos ha dado sustos con conductores mediocres. Hay países como Georgia y la Italia meridional que se conduce infinitamente peor. Nos aprendemos los tipos de matriculas de los países que atravesamos porque eso nos da pistas de a quienes preguntar sobre estados de carreteras y peligrosidad de lugares. En la capital de Burkina vemos algunas matriculas de Mali con la MD final (M de Mali, D de Bamako, que en ocasiones es variada por números del 1 al 7 indicando distintas regiones del país), también de Mauritania. En general los países de la zona además de la sigla del país llevan el contorno del mapita y los colores nacionales de la bandera.
Nos pasamos dos horas y media en el hotel Daporee indicado por Max como vía para localizarlo. Su amigo Shaha, un argelino de la kabilia, parece que ha contactado con él para decirle que estábamos aquí. No aparece. Hacemos negocios mientras tanto. Compramos pulseras, collares y 3 piezas de batik. Pago un precio sobrado aunque sea la mitad del pedido: 12mil francos.
Comemos y bebemos en un bar cutre pero que como mínimo tiene conectada una emisora regional que pasan clips de música. Como otras veces dejamos la carne de los platos que tienen un sabor de fondo sospechoso aunque dentro de lo sabroso. A la tercera vez de ir al local, es decir a colocarme bajo el tejado de metal una de las chicas que ya me toma confianza me pide la motito de lata reciclada que se ve en la furgo tras el parabrisas que se la regale. Aunque en Burkina la gente pide menos cadeaus que en otros países no deja de ser curioso que te pidan cosas por motivos caprichosos y como es el caso de sus propias cosas que pueden adquirir perfectamente dentro de sus presupuestos. La juguetería con materiales reciclados de latas de conserva es bien conocida. La compramos como otras cosas por la insistencia de vendedores que nos vienen a dar la lata. Es así que sin pretenderlo vamos haciéndonos con un pequeño ajuar de decos que algún día estarán en nuestras estanterías o vitrinas, aunque no sabemos aún cuando ni dónde. Al menos tenemos el espacio libre de los dos bidones para ir metiendo los objetos de colección.

Delicadeza Crítica

Ouagadougou. Cómo se ve el carril moto/bici desde la silla de ruedas


Ouagadougou 10 febrero 2008
Nuestra posición crítica con el movimiento oenegero y su conectividad con su antecesor: el catolicismo misionero, no quita nuestro reconocimiento por sus intervenciones en cosas concretas. Los recintos de los establecimientos religiosos occidentales que vamos viendo, visitamos o usamos son comparativamente buenos a los nativos. Hay jardines, espacios cómodos y más o menos higiénicos. Es cierto que ahí donde hay una campana sonando se concentran unos cuántos idólatras para
Conferenciando
reconfortarse mutuamente pero no lo es menos que tras cada instalación hay trabajo organizado, subvenciones, incondicionales que prestan su energia para cambiar las cosas. Interpretamos de nosotros mismos que somos o hacemos de solidarios condicionales que no condicionados por el prurito materialista del occidental bien cebado que le importa un pito lo que le pueda pasar al resto del mundo o cualquier asunto fuera del perímetro inmediato de sus dominios. Nos damos cuenta que con nuestra crítica a un tipo de solidaridad instrumentalista, que mercadea consigo misma como artículo de inversión, para complacencia de feligreses y socios de cuotas de ayuda, podemos facilitar datos y argumentos para que un tipo de gente se consolide en su inmovilismo y su inactividad a favor de otro mundo mejor. Este punto es otro de nuestros callejones sin salida. De una parte, toda la consideración que nos merece el movimiento solidario y la ancha y diversa gama de colaboradores no nos prohíbe el derecho a la crítica de lo que vemos. De otra, al hacerlo se nos puede tomar por lo que no somos o al menos no queremos ser: críticos de críticas estériles. No hay forma de pensar en voz alta si no es libremente. No hay libertad de pensamiento si no es expresándolo críticamente contra otras formas de pensar y actuar. Elemental querido Watson. Lamentablemente el autor de una idea no puede ir detrás de cada quien que la use para sus propias conveniencias, para seguir calentando el brasero de sus intoxicaciones, o para manipularla según sus parámetros.
Uno de los motivos de nuestro viaje al querer recorrer África es reflexionar sobre la solidaridad y sus límites. Tras cada cartel de ONG hay gentes y trabajos que no conocemos. La entrevista en Niamey con el gerente de una árabe Ai ddia (the light) con aulas para enseñar informática además del Corán me enseñó que toda generalización, como siempre, es injusta. Lo que hace un grupo solidario puede no tener nada a ver con lo que hace otro compartiendo ciudad o incluso calle. Ambos estuvimos de acuerdo que la solidaridad no puede limitarse a la entrega de dinero que resulta desmovilizante sino que pasa por un intercambio de energías.
No estamos a salvo de cualquier libreinterpretación de quien siga nuestra aventura. Nota para lecturas de saltamontes: solo somos visitantes de un continente del que no hemos parado de hablar durante toda nuestra vida como paradigma de las miserias y los expolios. El contacto con la miseria no parece insubsanable. Bastarían unos cuantos edictos sobre higiene cívica y de puntos asistenciales clave. Otro asunto es el interés internacional en continuar teniendo un África bajo el dictum de los poderosos. Posiblemente decir todo eso, que es más de lo sabido, resulta repetitivo y duro a los oídos duros para convencerse, o quizás, justamente, porque están tan convencidos no quieran volver a oír más del tema. No somos nadie para decir quien debe hacer qué. Apelar a la conciencia no deja de ser un subterfugio. ¿Quién sabe realmente lo qué es eso? Hasta ahora las pocas semanas que llevamos en el continente no nos están cambiando las posiciones teóricas que teníamos previamente. Es temprano para decir algo. Solo somos un par de blanco suficientemente forrados como para permitirnos este año sabático haciendo piruetas. Cuando se lo contamos a los nativos sistemáticamente nos dicen que debemos ser muy ricos para permitírnoslo. No contamos la alquimia de nuestros números y los años que hay detrás de trabajo asalariado y profesional. Lo cierto es que este viaje nos cuesta una pasta, incluso a nosotros que vamos siempre tras las opciones más llevaderas.
En las guías técnicas de lo concreto (lonely planet incluida, la cual francamente consultamos poco; parece que las especializadas por áreas o países son mejores, la continental que es la que tenemos es casi un quilo de lastre) y en las bitácoras estructuradas por infos se pueden encontrar el dato concreto en pocos minutos. En una bitácora de la disertación nunca se encuentra nada de lo buscado y sí algo de lo imprevisto. Al principio de un libro además de su subtítulo, el tipo de público aconsejado y las dedicatorias, habría que recuadrar un preaviso sobre su código intelectual o su clave en discurso. Bastaría la leyenda escueta: para lectores. Eso podría evitar desalientos, confusiones, cansancios o aburrimientos. Cuando te pones a escribir sobre algo que te interesa presupones que tu pasión puede ser compartida por todo el mundo. Te equivocas. Nadie comparte en su totalidad las pasiones de nadie. En el mejor de los casos hay ramalazos de emociones puntualmente compartidas. No basta la literatura bien escrita para atrapar la atención de un lector, ni siquiera de los que tienen las paredes de sus pasillos repletas de libros. Hay que conceder que los lectores sucumben a sus sesgos y costumbres de las páginas, miles o cientos de miles, que hayan leído antes. En cierta manera un lector entrenado no deja de ser una rata de laboratorio (¿de aquí lo de rata de biblioteca?) condicionada según el condicionamiento o por los imperativos editoriales. A fuerza de escribir y de leer, en ese doble oficio activo-pasivo, se desarrollan criterios más estrictos. El profesor ante pilas de trabajos de sus estudios terminan por no seguir con la lectura tras encontrarse con una bestialidad, o el lector hiperactivo que tiene la cabeza en otra parte se pasa horas leyendo en vertical multitud de títulos sin poder resumir ninguno cuando se le pregunta o dentro de los amigos que te siguen en la aventura intelectual hay que aceptar la falta de ganas y sobre todo de tiempo para seguir al detalle tu libro. Soy el primero que no lo leo todo. Si hay alguien que lo lee todo que levante la mano. En mi último demenagement tanto Vic como yo tuvimos que aceptar que una considerable parte de cosas que guardábamos en nuestros archivos obedecían a razones nostálgicas y a vínculos biográficos con intereses del pasado ya extinguidos. El problema es que un lector se cree serlo cualquiera que es capaz de descifrar una oración de no más de siete palabras. Lo mismo que hay escritores que creerán serlo por haber compuesta un par de poemas. Como el chico afectado de Polio, Amadou Kone, que trató de vendernos por tres euros unidad mini fascículos que prepara él mismo y que por lo que leímos eran bastante malos. El chico se enfadó porque François comentó que al final todo se resolvía a lo mismo: vender y comprar. También se cree que le basta tener un ordenador desplegado en su mesa para que se le cambie la vida. Una de las chicas que trabaja en el orfelinato tras saludarme me ha pedido que le regale mi ordenador. Tras mi perplejidad la he pasado por la prueba del algodón. Le he creado una página en blanco. Asseyez vous. Ecrivez, n’ importe quoi. Sus dificultades con el teclado se han puesto en evidencia. Tras algunos minutos para teclear la B de Benedictine, su nombre, le he sugerido: d’ abord, tu fas un cours d’ ofimatique, aprés tu escris, aprés tu demandes un ordenateur. A menudo falta el proceso lógico de las cosas. Querer los resultados sin pasar por su esfuerzo.
Mientras estamos en el patio del orfelinato pasando el día y siendo un híbrido entre invitados y okupas viene el sirio del taller mecánico. Nos dice que cada mes viene a traer materiales: juguetes y ropa, que ese orfelinato tiene alta consideración porque prefiere más materiales que dinero (nuestras noticias son otras). Lo cierto es que hay tres turnos de trabajo con varias mujeres que se ocupan de los niños y nos parece gente seria. Una de las monitoras cuando se va se pone sus mejores galas y ostenta más oros en sus brazos de los que hemos tenido nunca nosotros dos. El nombre del orfelinato debe sonar en varias partes. Un cartel del abril último de una obra de teatro de Gilles Ganglof, Regime sensual representada en La Tour en Jarez Fr, para recoger fondos de ayuda indica que es un nombre que se mueve en la lista de los ayudables. Seguramente quienes estén mas puestos en el mundo de la solidaridad práctica tendrán que reconocer que el mismo hecho de las listas de destinatarios de la ayuda ya son en si mismas discriminatorias. Quien no está en ellas no existe. La ayuda internacional se debe vehicular más fácilmente sobre direcciones, intermediarios y prácticas comprobadas que no a lugares donde todavía no ha llegado ninguna entrega de nada. Pienso en Gogui y en Chegoun. Tenemos una primera intuición que los siguientes meses se encargarán de confirmarnos o desmentirnos: la solidaridad se centra más en los lugares más agradables, o de intervención más fácil. En los feos y lejanos se hace más difícil de concretar.
En la pequeña carta informe de nuestros portes y conferencias enviadas a Barcelona aseguramos que el material solidario no sirve para solucionar los problemas endémicos de África y que la hace material dependiente además de consolidarla en su desidia. Esa psico-dependencia impugna aún más su futuro.
Desentrañar todo eso pide algo más que frases simples y afirmaciones contundentes. Nos lleva a mezclar el relato con el ensayo, lo concreto con lo especulativo y a nosotros con los demás; a una literatura que no es ni quiere ser la típica de viajes en la que se suelen repetir las anécdotas una década tras otra con gentes de distintas procedencias del mundo.
Puestos a escribir lo que pensamos más que lo que hacemos se diría que seguimos un itinerario intelectual más que uno geográfico en el que lo que varía es el nombre del lugar desde el que escribimos. Eso no tiene porque ser tolerado por quien quiere datos y no disertaciones. En las ciudades hay un 010 donde preguntarlos. Internet esta lleno de datos específicos, direcciones y teléfonos que aquí cuando aparecen, si aparecen, es por pura casualidad.
A fuerza de escuchar comentarios sobre modos de escribir he llegado a la conclusión que hay dos clases de analfabetismo: el ágrafo que no ha aprendido el significado de los signos escritos y el de un tipo de intelectualismo gráfico que no ha aprendido el valor de los significantes añadidos a las palabras. Cada texto, información, objeto teórico, trama de relato o argumento lleva una sobre significación agregada a la defunción de cada palabra que maneja. En cuanto al primero el hecho de tener el dominio intelectual de la lengua materna con su representación escrita equivocadamente da el salvoconducto para pasar por sujeto alfabetizado. En realidad el analfabetismo nos sigue alcanzando en tanto que la mayoría de lenguas quedan fuera del dominio personal. Por lo que hace al lector con capacidad de leer líneas y palabras pero no de entender su significado críptico lo libra aun menos de su analfabetismo especializado. Es así que en las paradojas modernas de la intelectualidad nos encontramos con académicos y profesores capaces de soltar un curso sí y los veinte siguientes también la misma materia como cotorras y desautorizar alegremente cualquier otro tipo de texto que no entre en sus esquemas o prosas. Hervé Hamon hablaba de los intelectócratas palabra que hago mío y que extiendo a aquellos que si bien tienen lecturas, títulos, academias, cátedras e inercias en lecturas periodísticas no la tienen en reflexiones autónomas y disertaciones por libre. Algún día alguien hará un estudio demostrativo que un tipo de saberes institucionalizados van en contra de la sabiduría global.

Hacia el Oeste




Ouagadougou 2008 febrero 09
En Fada N’Gourma, la mujer del restaurantito junto al servicio de internet de la Poste pone cara de enfado por haber pasado parte de la tarde con nuestros ordenadores enchufados y de tertulia con el francés que le pide que le guarde el equipaje y que solo le consume agua corriente. Nos comenta que debemos gastar mucha corriente eléctrica. Le explicamos que los 65 w de cada ordenador equivalen a media bombilla y esta muy por debajo del consumo de la nevera con la hélice a la vista sin proteger y corriendo que tiene conectada. Nada más levantarnos para irnos desconecta el fluorescente de la carpa comedor.
A lado. La sesión de 30 minutos de internet en la Poste es un desastre. La conexión va muy lenta. Solo me da tiempo de leer 4 cartas-mensajes de correo personal.
Alexandre no ha dado una información valiosa. La de la Misión Catholique local donde ha pedido plantar su tienda semiiglú. Al anochecer vamos allí y hablamos con la soeur responsable. Le comentamos que nos dirigimos a Ouaga a entregar material a Home Kisito y preguntamos si podemos estacionar nuestro vehículo en su recinto. Acepta. Además nos invita a cenar y al desayuno del día siguiente. No hablamos de precio. El recinto está arbolado y pasamos una noche segura y agradable. Coincidimos en el comedor con un grupo de juveniles haciendo un stage de no sabemos qué. Hablamos con un técnico que ha traído grupos electrógenos contándonos sus dificultades para que lso africanos asuman la responsabilidad de los materiales que se les dan. Antes de acostarnos lingoteamos parte de nuestro bayleys o marca imitativa bajo la belle etoile. Noche fantástica. Mosquitos:cero.
La Misión catholique es un nombre de las recurrencias. Nada mas llegar a una ciudad aparecen signos de su labor pastoral o como sea que se llame. En la Paroise unas aulas con muchachadas cantan cánticos religiosos. En algún momento suenan las campanas de alguna iglesia. Continuamente conocemos gente que lleva rosarios a modo de collares y que se nos presenta con nombres cristianizados. La soeur de la misión me aclara que el catolicismo está más extendido en Burkina que en Níger. Mis referencias anteriores de las misiones católicas no eran, siguen sin serlo, muy elogiosas. Recuerdo todavía la anécdota de unos conocidos de Menorca que cruzaron el desierto argelino y nigeriano con su tractor y su carromato. Uno de ellos al final de su ruta se dio una zambullida en un rio y se partió la medula al lanzarse sin ver, el muy estúpido, donde lo hacía. Los otros dos pidieron auxilio a las mujeres católicas vestidas de hermanas que pasaron totalmente de echarles una mano. De todos modos no es por eso que tenga ideas preconcebidas sobre el catolicismo. No he olvidado que una vez fui católico y pagué todo lo que tuve que pagar por serlo. Fui culpable de haber nacido, ser pecado y toda la ristra de ataques psicológicos. No olvidamos que es una organización jerárquica con gente servil que cumple órdenes, a la cual si bien no disculpamos podemos hasta comprenderla. Mejor la pluralidad de religiones que el inch Alláh continuo por único predicado cacofónico.
A la salida de Fada pagamos el peaje de carretera. Otro ticket para la colección. Subimos a una chica hasta Koupela. Sabe hablar francés pero no es habladora. Luego nos detenemos en Zorgo para visitar la asociación de handicapes de Vicente Paul aunque la encontramos cerrada, En Ouaga vamos directamente a Home Kisito donde la sor al mando no está al mediodía. Dejamos estacionada la furgo y vamos al restaurante Senegalais muy cerca, un popular restaurante donde básicamente van hombres. Uno nos explica que son las mujeres las que no les gusta mezclarse en medio de tantos. No es cierto, cuando luego regresaremos por la noche también hay mujeres, aunque menos en cantidad y con bastante desparpajo y autoridad. En un momento dado llega una troupe de blancos blanco-traslúcidos que se instala apelmazada en el patio como gheto. Comemos riz au gras y bebemos cocacolas. Es un local que no dejan fumar ¡bravo! Y no sirven cervezas ¡grrr! Hablamos con los comensales con los que compartimos la punta de la mesa. Todos usan unas jofainas y jarras de plástico que están repartidas por el suelo que contienen agua para lavarse las manos. La mayoría no usan cubiertos.
El resto del día nos movemos con la silla por la ciudad. Vic tan pronto puede se separa de la silla y pasa a utilizar las incómodos asientos de metal. Yo ocupo su silla. Me abutaco y disfruto de las placeres de un culo sobre superficie blanda.
Ouaga es una capital mejor organizada que Bamako y Nuackchott. Hay carriles especiales para las motitos que es el principal medio de transporte individual. La gente es amable. Solo puntualmente algún fanático atrapa-blancos hace aspavientos en medio de la calle para que nos detengamos ahí donde nos indica cosa, que por supuesto, no hacemos. Desde que hemos entrado en Burkina hemos vuelto a poner ruta al Oeste.
En Home Kisito, Lazaro, el chofer, nos acompaña hasta Carmen Kisito, un refugio de mujeres, donde concretamos con soeur Marie, su responsable, dar una conferencia para el día siguiente. En principio no está advertida de nuestra llegada. Nuestro contacto de la ONG catalana no la ha avisado directamente. Lo hizo a los del orfelinato, que tampoco se dan por enterados de nuestra presencia. Las cosas se aclaran al llamar a Barnápolis. A la vuelta al home Kisito, la otra soeur, Cristine, tras poner cara como si se le viniera todo el peso del mundo encima acepta que también pasemos la conferencia el siguiente lunes. Hay un momento en que volvemos a sentirnos como los encargados de preparar el sermón del domingo. Algo nos hace sentir como si estuviéramos pidiendo un millón de dólares a no devolver. Decimos que si hay algún problema por nuestra parte tampoco vamos a insistir. Francamente nos da igual dar las charlas como no darlas. No cobramos por ellas y en general en este tipo de centros ni siquiera tienen la idea incorporada de sistematizar un espacio cultural. En cuanto a nosotros como ambulantes solidarios ya estamos curados de cómo se nos pueda tratar ¿qué menos que agasajar a los transportistas de materiales solidarios con alguna clase de deferencia? Nos decimos. ¿Qué menos que mostrar el centro u ofrecer alguna clase de hospitalidad? Sin duda somos unos pequeño-burgueses incorregibles que nos enseñaron a esperar que nos dieran las gracias.
Kisito (1873-1886) fue un muchacho que sufrió martirio a los 13 años quemado por sus convicciones cristianas. Era paje de la corte del rey Mowanga en Uganda. Se le atribuye que quiso parecerse en todo a Cristo. Tras su asesinato se cuenta que muchas personas pidieron el bautismo. A saber lo que hay de verdad en su padecimiento lo mismo que en las virtudes atribuidas a todas las planas mayor y menor del santoral. No es un tema de nuestro estudio.
La conferencia en Carmen es ante una veintena de personas. Volvemos a tener la sensación que el personal asistente ha acudido a golpe de pito. También hay unos cuantos blancos. Explicamos nuestra teoría de la disfunción generalizada en las sociedades occidentales y longevas sacándola de la categoría estrecha del padecimiento de los cuerpos no estandarizados. Tratamos de provocar el debate pero el personal no está para tantas lisonjas. Una hora despues recogemos nuestra pizarrita, los ordenadores y nos vamos. Crear un espacio de palabra de grupo es lo nuestro. Poco o mucho es lo que hacemos en nuestra ciudad y poco o mucho se basa en el criterio de que a través de la discusión se crean coordenadas para la formación. Humildemente presentamos nuestros temas no como palabra intocable sino como ideas para la discusión. Los tics en el aula de escucha son parecidos como en todas partes. La primera hilera de sillas queda vacía sentándose en la segunda y tras un trato no excesivo de palabras aparecen bostezos o reposturaciones de incomodidad en las sillas. Lo hacemos mal, pero ¿tanto?

No estamos siguiendo un proyecto determinado en este viaje salvo el de hablar, el de recorrer, el de conocer, el de medir nuestra relación convivencial de a dos a veces en momentos casi extremos. África esta intensamente cruzada por intervinientes occidentales con ideas occidentales. No paramos de encontrárnoslos. Lo cierto es que los espacios culturales de registros ligados a nuestros orígenes nos dan de alguna manera un sosiego. Pero no es porque veamos blancos que nos sentimos más seguros. Cada cual va con su historia. Priorizamos, en la medida que nos es posible, la comunicación con la gente nativa. Además siempre nos toca preguntar por el país siguiente que tenemos previsto en lista. Todo lo que tenemos o lo más que tenemos es lo que nos proporciona el habla. En cierta forma nuestra seguridad personal también depende de nuestra extroversión. Todo lo que no hago en casa, en mi ciudad, con mi trabajo lo hago como viajero. Vic es más dicharachera que yo y más relacional cuando estamos en casa, pero viajando los dos somos callejeros y comunicativos por un igual.
A la vuelta a Home Kisito descubro una rueda posterior pinchada. Volvemos a estar de suerte. Nuestro ángel nos custodia. Un tornillito ha sido el responsable. Tras cambiarla nos trasladamos a un local Penumata con la categoría de los que tenemos en Europa. Por 1000Cfas cambian lo que es un doble pinchazo metiendo dos tapones de goma. Me intereso por comprar una segunda batería como auxiliar para conectarla en paralelo y fijarla entre los dos asientos. Hablo con el gerente del local, un sirio, que marca un talante distinto en la forma empresarial de llevar su negocio en relación a los africanos. Por cierto, él nos confirma que el fundido del fusible y el casquete de la opción complementaria de recarga de la batería desde el mechero terminal se debe a que el cable es demasiado fino.
Por la noche nos hemos instalado en un local de bebidas donde podemos tomar Flag. Se llama New Look. Hay varias camareras marcando sus tipitos. Estamos en la calle y nos alumbramos con nuestros frontales. Los mismos que usamos para ir con la silla de ruedas por la calle para evitar que nos arrollen. Cualquiera de nuestras escenas puede llamar la atención inicialmente, el primer minuto, pero luego es integrada en la escena sin que parezca nada extraña. A un par de chicos, que vienen con dos columnas de libros dándolos a la venta, después de un continuo paso de chicos ofreciendo de todo: tarjetas prepago de móvil, cacahuetes, juguetitos, palomitas de maíz, indigentes,…les elegimos tres. Cuando se van un gritito tonto: ¡vivre la culture!
Pasamos la noche en la furgo en el pequeño parking del orfelinato tras ser autorizados a eso por la apesadumbrada Soeur.

sábado 9 de febrero de 2008

Recurrencias

Kantchari Burkina 6 febero 2008-Fada 7 fe brero 2008
Burkina, es el 5to país del itinerario de ésta agenda aunque realmente el cuarto descontado Marruecos que en realidad contiene dos y que queda en la lista de los países conocidos con anterioridad a este año.
Hay gestos, actitudes, formas, objetos recurrentes en distintos países aunque crucemos fronteras. Los estados insisten en predicados contra toda lógica como de un solo pueblo, una sola idea, un solo propósito, que reza en Mali, o el de una pasión, un objetivo que reza en Níger. La gramática en manos perversas es altamente lesiva y siempre confusionista. Los estados inventan unidades a la medida de sus conveniencias. No hay continente que no tenga experiencia en eso. Y, ciertamente, cada país con nombre distinto tiene idiosincrasias diferentes aunque la lupa para advertir la consistencia de estas pasa por cada pueblo, cada lengua y, en ultima instancia, cada persona. El común denominador más sorprendente de los países que atravesamos es la comunicación humana. Cuantos más quilómetros llevamos en nuestro haber (tampoco tantos, poco más de 7mil hasta ahora) más nos dejamos penetrar por el ritmo africano. Hacemos vida de calle. Nos fundimos con ella. Trasladamos, en la medida de lo posible, nuestros hábitos a las nuevas circunstancias. Hacemos vida de despacho, si aún así se puede llamar, en la vía pública. Pedimos conectar nuestros ordenadores ahí donde vemos un enchufe. Hemos aprendido a compartir el ordenador con la gente que comparte nuestra mesa y con la que hablamos. En realidad estamos haciendo un viaje compartido en la medida en que contamos nuestra aventura y los demás nos cuentan la suya. Siempre hay terceros a nuestro lado. En la cabina de la furgo a nuestra derecha agente que nos pone la mano, en las mesas de los bares o ahí donde nos detenemos. Burkina nos da buenas vibraciones desde el primer momento. En Kantchari la chica del bar, una chica de 17 años con un cuerpo sensual completamente desarrollado, un culo de tobogán y que hacia mohitos a cada foto, nos dio la bienvenida a otras estéticas. Los niños ya no son tan pesados como en las anteriores latitudes. Nuestra experiencia con el papánoelismo va adquiriendo una precisión quirúrgica de máxima solvencia. Practicamos regalos personalizados en lugar de entregas por sistema. Eso lo hace injusto sí pero crea una relación distinta. Explicamos al mismo tiempo el significa del regalo y la potestad de hacerlo a quien lo da no como algo producido por quien lo pide. En el bar nos reconocen unos aduaneros. Cuando les decimos que pensamos pasar la noche donde tenemos aparcado la furgo o muy cerca bajo un árbol junto a un pozo de varias decenas de metros, nos ofrecen pasarla en su patio. En principio insisten en que utilicemos una de sus camas pero finalmente aceptan nuestras razones para usar la nuestra. La verdad es que no tenemos ninguna gana de cambiar la litera rodante por una cama, que aunque preciosa, hecha con ramas torcidas y unidas con alambre, lo mismo que las butacas, y que debe ser supe cómoda, pero que supone bastante ajetreo en nuestra micro realidad doméstica. Pasamos una velada bajo les etoiles. Estamos con Antoine, Fidel y Desiré. Ellos insisten en encargar pollo. Nosotros hacemos una cocina de campaña con nuestro fuego: tortellini con tomate a las hierbas. Usamos por primera vez agua que hemos recogido antes en Níger y hemos disuelto a dos tapones de lejía lso 5 litros. El resultado final tiene un sabor extraño que no sabemos a que atribuir pero gusta a todo el mundo y no queda el menor resto del plato. Yo pruebo por cortesía un muslito crudo de pollo. Pasamos una noche con absoluta tranquilidad y confianza. A la mañana siguiente nuestros anfitriones ya se han ido. Nos damos una ducha de cubos y repartimos un montón de gorros a un montón de niños que vienen a mirarnos. Regresamos al puesto de douane para decir au revoir a Fidel y comprar otro par de litros de miel, algo que nos ofrecieron distintos niños/as el día anterior a 1500 francos litro. Nos parece una ganga aunque el te mañanero con esta clase de miel no ha sido gran cosa.
En Fada nos instalamos a comer en una cuneta en uno de los muchos puntos de comida que hay en lugar de elegir un restaurant con mesas. Es la primera vez que lo hacemos. En Bamako estuve a punto de proponer hacerlo en uno pero en el ultimo instante me inhibí. Por tanto, sacamos nuestra mesa de aluminio y nuestra butaca. Por un plata exquisito de riz. haricots, espahetti –todo mezclado- y salsa, pagamos 150Cfas (los precios de lo supervivencial tienden a la baja según vamos mezclándonos más con lo popular aunque el gasoil y los auberge siguen igual de caros. El litro de la sopa de motor cuesta 640francos). Tras nuestra comida, uno de los muchachos que anda con una lata vacía de tomate atada al cuello con un cordel, junto a otros con algo parecido o una especie de cubitos de plástico para recoger comida (son niños de escuelas coránicas que venimos viendo desde otros países anteriores), y que ha recogido las sobras de mi plato, pagamos una comida de lo mismo que hemos comido a cuatro para que se la repartan, lo cual hacen con una absoluta solidaridad mutua. Mientras tanto hablamos con dos mujeres, una con su niñito al que le da una enorme teta para mamar y otra una chica joven que habla francés. A ésta cuando le decimos que andamos buscando un hombre africano para Vic y una mujer africana para mi, nos dice que somos muy viejos. A la mujer de las mamas enormes le regalamos un sujetador y a la chica joven de tipito muy bonito un top. Para nuestra sorpresa las afro negras son más desenvueltas que las magrebíes algo que ya advertimos en Mauritania y que no para de confirmarse. Lo que nos cuentan sobre su capacidad de decisión y elección de hombres no deja lugar a dudas. En algunas escenas hemos visto dar broncas descomunales a hombres que se achantan y aguantan la tormenta. Vic ha estado sentado en un banco junto al puesto de comida, justo al extremo, más allá de uno de los puntos de apoyo, al levantarse otro chico, ella casi se viene abajo. Esto ha sido motivo de una de las escenas de este tipo de broncas cuyas palabras ha repetido varias veces pidiendo deferencia a la madame. Hemos tenido que pedirle que parara ya de bronquear al muchacho.
Sin embargo antes de dejar Níger nos detuvimos ante un grupo de mujeres que llevaban cantaros en sus cabezas y que formaban un precioso conjunto, Un kilometro antes estaba el poblado y vimos la típica escena de un grupo de hombres ociosos en la sombra. Para hacer las fotos tuvimos que recular un poco. Las mujeres se dejaron fotografiar encantadas aunque una de ellas se había ido corriendo pero luego volvió, Mientras hacíamos las fotos los hombres vinieron a la carrera para interesarnos por nosotros y para tratar de ocupar el centro de nuestra atención.
Tras la comida en Fada hemos buscado un sitio fresco, un restaurantito con mesas junto a la Poste, que tiene un servicio de internet, donde trabajar con nuestros ordenadores. Pronto se ha organizado una tertulia más. Ha llegado Alexandre, un mochilero de la Rochelle del Atlántico francés y un lugareño, Lazare, con quienes hemos compartido parte de los temas que nos ocupan estos días: el interés de europeos viajeros por África, los distintos tipos de viajeros, y la condición discriminada del hombre blanco a pesar de las deferencias recibidas en suelo africano.
Si tiene algún sentido viajar pasa por el hablar con la gente de los lugares. Los museos, la geografía, los exotismos, los safaris, los otros extranjeros tienen desde luego interés pero nada supera al tú a tú con los residentes de los lugares.
Cruzar fronteras te obliga a comparar. Nos enfrentamos a una serie de recurrencias. Mujeres que usan la escoba sin palo con la consiguiente posición doblada de sus espinazos para sacar el polvo, hombres que llevan un tapabocas oscuro para librarse de la contaminación, la expectación que generamos ahí donde nos paramos, el bon jour-ça va continuos aunque la mayoría no sepa como siguen las siguientes frases en francés.
En los mercados venden bolsas de plástico de coloridos para cargar cosas, los boles, platos y vasos de acero inoxidable, las niñas esperando a la carretera con sus frutos para ofrecérselos a conductores. Cualquier cosa que hacemos despierta expectación, también que juguemos al ajedrez momento en el que bandadas de niños deciden ponerse alrededor nuestro siguiendo atentamente el movimiento de nuestras fichas. Hemos visto varios niños con una hernia de ombligo o con sobrantes de carne en esta zona que les caen a modo de trompas, también críos con elefantiasis con piernas tan enormes que necesitan valerse de sillas de ruedas.
En Níger es donde hemos hecho menos quilómetros y recorrido menso lugares (nos detenemos en Nyakatire. Ahí fuimos rodeados por niños y al atardecer reubicamos la furgo junto a la explanada de tiras de leña que esperaba a ser embarcada. Velada junto al fuego con los profesores. Tema recurrente: lso recursos expltoados de África por los colonialistas. Nuestra posición: la lucha por un nuevo tipo de auto organización africana pendiente. Algo que nos reconocieron es nuestro atrevimiento a convivir con ellos, algo que los franceses, nos dijeron, no se atrevían a hacer.
A la mañana siguiente fuimos a una de sus clases y hablamos a los niños que pusieron una cara muy atenta pero parece que no entendían nada. Desplegamos nuestro mapamundi en el encerado e hinchamos la pelota de plástico que representa la tierra para contar de donde veníamos. Luego hablamos de la importancia de los recursos de la enseñanza.
Retomamos la ruta hacia Burkina. Las diligencias de salida de Níger fueron rápidas. El hombre uniformado escribió rápido. Y el que puso los tampones me recordó que apenas quedaba sitio en mi pasaporte. Me temo que tendré que buscar una embajada española para renovarlo o hacer uno supletorio. Burkina ha sido el país hasta ahora más correcto en la forma de control burocrático. Todo va con recibos, los tipos uniformados son serios. La imagen de los policías malineses con los petroleros por todo adelanto y las mesas de despacho abolladas exigiendo un soborno queda atrás. Nada más cruzar la frontera se ven bidones serrados por la mitad como poubelles. Sacamos la visa por 7 días en la misma frontera por 10.000 francos una prorrogable a tres meses sin coste adicional en la dirección general de la police de la capital.
Nos instalamos en Kantchari, vemos un bar y nos metemos dentro. Comemos arroz con salsa y nos pasamos parte de la mañana y de la tarde con un montón de cervezas añadidas y alguna cocacola. Los precios también son mejores que en Mali. Compro un radio transistor ya que nuestra radio del coche no sintoniza emisoras locales y una llanta de aluminio de bicicleta para usarla como soporte de cortina para nuestras duchas. Encontrar agua es fácil pero no tanto espacios limpios donde asearnos. El aro se puede soportar en el portaequipajes y la cortina con pinzas. Es cuestión de probarlo y ver que pasa.
Kantchari está al lado de la aduana. Vemos un bar donde nos zambullimos sin pensárnoslo dos veces. Pasamos parte de la mañana y el resto del día hasta antes de anochecer.
Somos advertidos por una pareja que paran a tomar una cocacola, miembros de Amis de kantchari y que residen en Valance, ciudad donde por cierto me pasé medio año de esto hace mucho, precedentes de asaltos previos de bandidos con khalasnikov y la noticia de algún occidental herido de bala en la carretera hasta Fada. Al día siguiente la recorreremos a una mayor velocidad de la habitual. y hasta Fada no encontramos ningún control en ruta. A lo más dos soldados con un fusil ametrallador sobre el muslo y una motito de mentira patrullando. Pondré el carro a 110 de media y en algún momento advierto que la aguja del velocímetro marca los 130. No paramos en ningún momento hasta llegar. Hay varios pueblos por el camino y ningún bandido a la vista. Aun así hemos tomado precauciones guardando los ordenadores en el zulo mayor y las tarjetas de crédito en varios sitios. No precisamente por la prisa un pájaro que decide emprender el vuelo por el lateral de la furgo se confunde y a la altura del parabrisas decide cambiar de dirección y choca contra el cristal saltando por encima posiblemente destrozado. Otra muerte por nuestra causa. Me tiritan los dientes por un rato. Me siento fatal. El animal era de más colorido y envergadura que el anterior que maté. Me pregunto qué vamos a hacer si atropellamos un cabrito de los michos que pasan a la carrera atravesando el asfalto tras su mamá. Nos detendríamos, recogeríamos el cadáver y los daríamos en el primer puesto de comida que viéramos para que al menos aprovecharan su carne.
Cuantos más días estás en un mismo emplazamiento más conoces y más te conocen. La comunicación es un proceso, nunca un acto único. Posiblemente la visión africana del blanco es el de un individuo estresado y con prisas que salto de ciudad a ciudad y de hito turístico a hito turístico sin mezclarse con las gentes intermedias.
Estamos preguntando sobre Cote d’ Ivoire para guiar nuestro itinerario hacia allá y pescar los países que hemos dejado atrás en el oeste. En nuestro repertorio de preguntas tres clave: estado de las carreteras y estado de las relaciones entre un país y el siguiente. También, claro, peligros del nuevo país.

Fotos Burkina Fasso


Nuestros expectadores preferidos

Cuadro de un pintor que conocimos

domingo 3 de febrero de 2008

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Un Observatorio Ambulante




Niamey 3 febrero 2008
En los últimos tiempos la cultura más materialista y celosa de garantizar los beneficios nos ha acostumbrado a verificarlo todo. La palabra no es suficiente para contar con ella como garante. Es así que se la vincula al contrato, a la firma, al compromiso y, en el caso de su incumplimiento, a la amonestación, la crítica y la cancelación del acuerdo más la demanda de indemnización por daños y prejuicios. Grosso modo todas las relaciones humanas son transacciones que pasan por ese circuito.
Desde la sociedad civil, muchas organizaciones reivindicativas y planteamientos cautelosos han venido poniendo en duda los acuerdos entre estados que sirven de poco y los sondeos diplomáticos que quedan en el palmarés de las tentativas. Han exigido con justas razones históricas erigirse en observadores internacionales de los déficits en las realidades en las que intervienen, poniendo en tela de juicio las actuaciones de los gobiernos locales. Atendiendo a la avalancha de tanto intervencionismo de entidades y personas cooperantes se asiste a un fenómeno de una proporción tal extensamente diseminado y descoordinado que sugiere la necesidad objetiva de un observatorio de la solidaridad activa en los sitios de recibo. Al iniciar nuestro viaje pensábamos que una de las cosas que podíamos hacer era de observatorio ambulante de las ONG. No hacia falta hacer un itinerario previo de visitas o calendarizarlas. Basta/ba con estar atento a los numerosos carteles que las anuncian por la carretera y saludarlas y preguntar por su labor. De momento vemos carteles que indican puntos de reunión pero no hemos encontrado a nadie. En una gran carpa en Mauritania instalada junto a la carretera para enfermos e indigentes con una carpa militar al lado con un blanco dentro, nos dijeron que en aquel momento se habían ausentado. No nos esperamos. La verdad es que tenemos nuestro propio pudor en preguntar. Otro asunto es provocar conversaciones que vayan permitiendo las preguntas mutuamente consentidas. Tampoco nos hemos detenido suficientemente a esperar a la gente encargada. La impresión que de momento seguimos consolidando de las ONG es que forman parte de la élite de las empresas extranjeras. El chofer de un Land Cruisier de Oxfam que hacia de eso, de chofer, esperando a dos chicas de color despampanantes y a un hombre, que se sentaron detrás del vehículo, saliendo de uno de los restaurants elegantes o al menos caros de Niamey, chino por cierto con los farolillos rojos pero sin chinos a la vista en su gestión, lo mismo que otros; quiso animarnos a que la ONG del logo que aun llevamos enganchado en la chapa de la puerta y que un día de estos sacaremos, instalara un bureau en la ciudad. Le cuestioné su idea de acuerdo con la nuestra de que la cosa no pasa por aquí sino por la autoafirmación de los nativos con sus recursos y con su autogestión. Cada vez que planteamos esta idea más bien encontramos admiración aunque sorprendida en lugar de negación. Un trabajo de verificación exhaustivo de las Ongs en sus lugares de intervención posiblemente arrojaría datos de concienciación que pondrían en peligro la misma imagen de ellas y del estilo solidario hegemónico. No negamos su labor objetiva y su potencial de salvar vidas o curar enfermedades o ayudar en casos extremos de fatalidad, pero indirecta e involuntariamente el trabajo que hacen ellas sirve para engrosar una clase alta local generando puestos de trabajo privilegiados sin que las cosas fundamentales: mayor implicación de los gobiernos locales y regionales, modificación de la mentalidad y actitudes sociales profundamente arraigadas (ablación, explotación infantil, superpoblación, falta de higiene..) sean resueltas. Indirectamente y es muy duro decirlo, lo que pagan las Ongs por un lado a los mas necesitados de África permite que sus autoridades centren sus gastos en sus enfrentamientos militares. Una hipótesis bestial: si Europa dejara de enviar cientos de miles de voluntarios a África, ¿acaso es tan seguro que África iría a peor? Una cosa es la ayuda puntual ante las catástrofes y otra muy distinta es la sistemática de un emporio de empresas competitivas que se reparten el sector de la solidaridad, como un sector más del mercado internacional. Sorpende que entidades tan reconocidas como la Unicef seautopromocione editando y repartiendo camisertas blaugranas con el logo del Barça. ¿Cómo prentenden cambiar los agravios a la población in fantil si por otra parte alienan a los niños con los consumos de adiestramiento para no pensar como el futbol? El caso es que todo esto puedo escribirlo desde la comodidad de una isla confortable, el Restaurante Amandine, en medio de una ciudad sucia, sin tener que habitar una chabola ni tener que vivir con 45mil CFA al mes. No me sonrojaré por esto. A fuera esperan los grandes carros de los solidarios. Acción contra el Hambre y cosas por el estilo. En otros contextos son las limousine y los jaguar los que esperan fuera con porteros que llevan sombreros de copa.
La propuesta de un observatorio ambulante metódico y riguroso significaría articular un protocolo y enviar a un equipo entrenado, con el consiguiente presupuesto para costearlo en detrimento de sacarlo a otros presupuestos que pagaran medicinas y comida, para observar in situ el trabajo de cada ONG, la coordinación o no (más bien no) con las otras Ongs de la zona o localidad, la transmisión de los valores introducidos a veces con cargas mesiánicas o religioso-servilistas, la táctica de la entidad en implicar a sus áreas de necesitados en su sustento y desarrollo y por fin los intereses personales delos cooperantes y asalariados no siempre tan lícitos ni éticos como parecen. Bajo estos ítemes habría que medir un parámetro: el karma arrastrado por el europeo que desde su interpretación de la culpa los/nos catapulta hacia la obligación de tener que ayudar incluso en los extremos casos de que la ayuda objetiva es cuestionable (la medicina alopática sigue matando en los países desarrollados) y los necesitados se dejan manipular pasivamente con ella sin cambiar consecuentemente de actitud. La discusión mas absurda entre un africano que se toca las pelotinis y un europeo que va de paso pero que se muestra activo con su ordenador, sus libros, sus notas, sus mapas , sus informaciones o sus entusiasmos polémicos, es que aquel la justifica que está como está por culpa de lo que sucedió siglos atrás o que Francia todavía debería asumir las necesidades de toda el área francófona mientras que el europeo le argumenta que lo que él tiene se lo ha ganado con décadas de trabajo continuado y con esfuerzo sin que nadie le haya regalado nada. No me dejaré llevar por la simplificación y evidentemente hay algo de la culpa occidental perfectamente lógica pero no engloba todas las causas de las miserias del tercer mundo. Una parte de ellas son la consecuencia directa de la desidia de sus habitantes y de sus gestores.

Recibimos noticias de Héctor, el chico de Rabat que tenia una cita coordinada por internet con un camión que debería a llevarle a él y a otros que contactaron por este medio a una ruta parecida a la nuestra. Nos cuenta que el chofer resultó ser un capullo rematado, cambió el itinerario pactado y quiso deshacerse de un componente, un brasileño por no tener el visado para Senegal que no estaba previsto en el programa. Otros cuatro del grupo plantaron al conductor exigiéndole la devolución de la parte proporcional que le habían dado y se compraron un viejo mercedes para seguir ruta hasta Segou. Y es que hay de todo. El viaje es eso también, o sobre todo: los imprevistos y los cambios de planes.
El cuarto día en Niamey lo pasamos en este restaurant que hace de isla refugio con aire acondicionado y clientela solvente, dos agentes uniformados de seguridad en la puerta. Uno de ellos nos reconoce y nos recibe con grandes signos de alegría. Pedimos un espagueti carbonara que resultan ser macarrones, con un bacon que es mortadela y una tortilla española que resulta ser clara de huevo frita y una lasagna con carne que viene con un envoltorio de aluminio prefabricado. A cambio tenemos por wifi internet gratis coincidiendo en una semana que lo promocionan. Mis entrañas deciden revolverse y sufro la primera descomposición del viaje. La homeopatía no la ha contenido. No, no creo que se trate de las exquisiteces del local, sino de la pasta apelmazada hecha con agua de cloaca y una salsa horrible tomada en platos de plástico del día anterior en el camping. Aquello nos costo 200cfas los dos platos frente a los 7mil de la comida de este lugar a la europea. Nos pasamos la tarde en el establecimiento. Es un paréntesis de confort dentro de un África tórrida. Aquí vienen los blancos y también los negros más exquisitos, mejor vestidos y relacionados. Me siento como los comensales del tema de Boris Pasternak en Dr Zivago comiendo en un lugar elegante mientras la gente famélica y con frio les miraba con envidia desde la calle nevada. No, no es eso. No hemos encontrada gente famélica en todo el camino. Y aquí nadie se amorra a los cristales para vernos comer. Algo que sí nos ha sucedido en otras partes y que veíamos que los niños hacían en el punto turístico neurálgico de Hombori, no tanto por avidez de la comida como por espiar los gestos de los blancos o los nuestros.
En esta amalgama de sentimientos contra posicionados nos vamos moviendo. Todavía nos quedan once meses por delante para completar nuestra estancia. La verdad es que no tenemos prisa en cuantificar quilómetros. Desistimos de ir a Agadez, la zona más turística del país a causa de los Tuareg cuya simpatía novelera por ellos no nos da la excusa de cometer ninguna imprudencia, pero tampoco iremos a Zinder, en el Este, en cuyo caso deberíamos repetir la misma carretera de vuelta ya que dejaremos que los líos en el Chad prescindan de nuestra presencia. Siempre en todas partes del mundo la violencia ajena condiciona la libertad de la gente que no queremos involucrarnos en ninguna batalla armada. Los violentos deciden la falta de libertad de los pacíficos.
Quizás en otra época biográfica me habría atrevido más a ir a no importa donde priorizando mi derecho a ir a los posibles peligros que encontrara. Hoy sé que no hay ningún lugar en el mundo tan fabuloso que pueda justificar correr riesgos innecesarios.

Cuando nos contaron que Alexandra con Jean Bogé apenas salía del autocaravanning en su viaje conjeturé un caso particular de agorafobia con alguna complicación sociófoba. Despues de tener que enfrentarte a situaciones que no dejan de ser estresantes por someterte a prácticas continuadas de acoso no resulta nada extraña su actitud. Lo cierto es que la tendencia humana dominante es la de buscar referentes estables y eso pasa por tener lugarcitos seguros. Éstos pueden ir desde quedarte dentro de tu vehículo a no salir del alojamiento, como los recintos de campings, en el que te metes para descansar. Su endogamia objetada en otro momento de este discurso no siempre se cumple. En el de Niamey, no es hasta nuestra tercera noche que vienen otros huéspedes con un 4x4 supercargado. Es una pareja de un británico y una ghaniana. Han dormido en los asientos delanteros sin poderse echar. No los llamaremos bon vivants. Tanto el portaequipajes como toda la parte de atrás está supercargada de sus ensenres domésticos. Han decidido dejar Gambia por estar hartos de soportar tasas especiales para europeos. Montamos la mesa del desayuno y les invitamos a compartirlo y a usar nuestro fuego para preparar café.
No hay ningún explorador por más aventurero que sea que renuncie a esos segurizantes. Despues de un par de días de descanso nos volvemos a sentir frescos. Sobre la marcha son indispensables los puntos de sosiego, los lugares parapetados, los recintos más o menos seguros. En un registro poético podemos pensar en un viajero fuera de los perímetros pero en la práctica es difícil dar con uno que no pase por ellos. No hay nadie que no tenga sus límites. La conversación con el británico, un hombre jubilado con varios achaques, unos 10 años más que nosotros, sufriendo los resultados físicos de una vida sobre-esforzada dedicada al trabajo, confirma lo de otros varios europeos de estancias prolongadas en África: su agotamiento de los controles y precios africanos. Nos cuenta su viacrucis con la amantísima pasma cuando le robaron su coche, que nunca recuperó, que le exigieron que les pagara para dedicarse a investigar el robo.

He montado provisionalmente las dos plaquitas solares en el portaequipajes con estranguladores de nylon. Queda pendiente atornillarnos de un modo más seguro. Desde que amanece las placas son excitadas por el único astro-dios reconocido y cargan, aunque con una lentitud pasmosa, la batería. Cada vez que la batería tiene algo de corriente que nos enciende la lucecita del dormitorio y nos permite leer enviamos sendos mensajes de amor a Pere Badía por la una y a Paco Baldó por su instalación funcional.
Hemos dedicado tiempo a reorganizar el interior de la furgo subiendo unas cuantas cosas, que no son de uso diario, al cofre y a un bidón. La falta de espacio puede resultar agobiante en una convivencia y la decena de bolsas y bolsitas de Vic que necesita para su bienestar significa que cada noche hay que montar una barricada con todo ello junto a las ventanas de la puerta posterior. Hemos recolocado pues ropa de invierno, ropa sucia, un mecano de reserva y dos de los 5 bidones de gasoil arriba. No teníamos que haber traído tantos, tampoco de agua. Nos hemos deshecho de uno ya vaciado y seguimos deshaciéndonos de prendas nuestras según las vamos usando. Todos los viajes tienen algo en común: enseñan lo prescindible que son muchas cosas que a la hora de cargar con ellas solo cumplen el rol de la ficción segurizante. Eso lo aprendes tanto si haces el camino de Santiago a pie como si vas en avión o si vas en camión-vivienda. Sea cual sea el medio el exceso de cosas puede crearte problemas de organización en tu espacio.
Seguiremos caracoleando tranquilamente con las antenas puestas para que no se nos escapen los detalles de cada panorama. Tenemos tiempo para todo: para hablar con nativos, para hablar con otros viajeros, para preparar nuestros tés mañaneros (definitivamente los de las latas inglesas que traemos son mejores que los locales procedentes de China), para leer nuestros libros, los mismos que Federico nos pronosticó que no nos daría tiempo de leer, para escribir con nuestros ordenadores. (no somos los únicos: tanto en Vía-Via como ahora aquí en Amandine hay otras muchas personas con sus pantallitas dale que te pego. Muchos utilizan teléfono por internet. Nosotros tenemos un par de programas pero no los hemos articulado para hacerlo. Vivir con el móvil apagado forma parte de la aventura. El mío lleva un mes, el de Vic seguirá encendido. Seguimos pagando sin embargo todo este año por el contrato de ambos.

Contar lo Esencial



En la escuela Garmi, cerca de Hombori
Gao 30 ene2008
¿Cual es la diferencia entre recorrer geografías y verlas pasar desde el asiento de tu coche, tren o tu autobús y hacerlo desde el sofá ante el documental que pasan por el televisor? Seguramente la misma que hay entre tener un orgasmo y que te lo expliquen o la que hay entre experimentar un insight comprensivo y ver que alguien lo tiene. Pero una vez en los lugares son tantas las imágenes conocidas de ellos que tienes la sensación de que ya habías estado antes.
Lo esencial de un viaje no lo puede contar ni siquiera el viajero. Puede contar anécdotas, referir las tertulias que no se repetirán con la misma gente. Los riesgos que se han corrido o los criterios tomados para no correrlos. Las distintas clases de asedios por los que vas pasando.
La costumbre africana de abordar al extranjero es algo atorrante. Cuando eres sitiado por varias personas a la vez, hablando todas a la vez, peleándose por ser tu vendedor o tu guía, te obliga a resituarte en cada situación. En un momento u otro te descubres poniendo orden a los demás pidiéndoles que guarden su turno en el habla ya que no puedes atenderlos todos a la vez. Los comerciantes así como los cambistas así como los ofertantes de lo que sea se pisan entre ellos con tal de conseguir tu atención. La dignidad es tratada como lo que menos valor tiene. Pero eso no es cierto de una manera igual en todas partes. Cada persona es distinta y esto sigue siendo cierto para los negros. Si no miras en la profundidad de cada mirada no te enteras y hacerlo en los ojos de la negritud no resulta fácil para un blanco menos habituado a discernir entre matizaciones de lo oscuro.
En Hombori compro al fin un turbante que ya debía haber usado desde la entrada al desierto. El polvo se me mete en la garganta. El tipo que me mete en su envoltorio típico, de cinco metros, pretende cobrar por ello. Le digo que nasti de plasti y le pida la comisión al árabe que me lo ha vendido y con quien comparte un té. Lo he comprado a precio local. 500cfa metro aunque la tela no es una preciosidad y con la afirmación del vendedor que él es un árabe y solo tiene un precio y una palabra.
Juzgamos que al no entusiasta recibo en el Hospital le correspondería un fracaso de la conferencia preparada para el día siguiente. Nos sorprendió que la persona a la que llamara para su organización fuera el comandante en jefe de la zona a la que Yossuf definió como la primera autoridad y que fuera en su cuartel el lugar de la convocatoria. Afortunadamente no fue así. El lugar fue en una de las salas de la Mairie. Vic y yo nos preparamos para no encontrar a nadie. El día anterior estuvimos comentándolo a alguna gente del auberge sintiéndonos metidos en el gesto de los pastores de las películas americanas convocando a sus feligreses para el sermón del domingo, incluyendo la de Robert Mitchum. Para nuestra sorpresa la sala de reunión se llenó. Una trentena de personas, todos hombres menos una mujer con la cara semitapada y que es una concejala local. Relacionamos un doble tema: el de un nuevo concepto de solidaridad y el de la salud comunitaria. Nos repartimos el tema Vic y yo y fuimos más o menos seguidos en nuestro francés. Algunos tomaron notas. A la hora de la discusión surgieron un par de ideas principales: la de un nuevo colonialismo solidario y la de las entregas de cosas como si África fuera la poubelle de Europa. ¡Bravo!. Yossuf que el día anterior nos pareció apático en la reunión resultó ser un hombre brillante con espíritu crítico. Venir de 6 o 7mil kilómetros de distancia para cuestionar la solidaridad internacional a gente que se enfrenta a diario con la supervivencia basada en mínimos no será comprendido por la gente de nuestra procedencia cultural. Bueno, lo superaremos. Eso no nos hará renunciar al derecho de opinión. La defensa incondicional a todo indigenismo, tan extendida en la muchachada que practica turismo político y no se atreve a objetar nada, hace un flaco favor a los necesitados. La diferencia entre necesitar ayuda coyuntural o estructuralmente y convertirse en un menesteroso crónico es absoluta. Si el extranjero no pone la mirada crítica en eso va de tonto contratado. Si por su lado la gente no asume su destino y se agarra a las palabras solicitantes de la limosna no solo cae en una rotunda crisis de dignidad, además se cierra las puertas ante un destino distinto al que le va a determinar su pobreza. En el paseo por los alrededores del hospital el único adulto que me ha dirigido la palabra ha sido una mujer para mencionar la palabra no-mágica: l’ argent. Seguimos tratando de introducir otra actitud o de ajustarnos a la del viajero visitante desmarcada de la del turista económicamente más posicionado. Para el extranjero, viajero o turista, ser abordado únicamente para comprar algo o para donarlo por no decir para ser enredado con fantásticas trolas con precios exagerados es simplemente un insulto. Si tiene interés viajar y conocer gente es para pasar a un tú a tú en conversaciones de otros asuntos más comunicativos. El comerciante con tienda en el auberge ViaVia nos dijo que venir a Gao no era seguro y que era preferible que tomáramos un guía. También quiso sentarnos en su tienda para darnos una charla sobre el pueblo dogón para luego sacarnos pasta y nos pidió unos 15mil Cfas por un collar que se vende a 1500.En fin. Nos desambarazamos de él. Aun así hicimos compras de cosas innecesarias a precios mas altos que en Europa como tres bolsos de tela de colores. Vic tenía la mayor parte de las bolsas dentro de nuestro baúl (un baúl, sí de más de un metro cúbico) de bolsas y bolsitos, cuyo inventario tuve que reconocer cuando andábamos entre cajas de cartón y embalajes. Inconscientemente deseamos empaquetar el mundo y llevárnoslo fuera del sistema solar.

Nuestra pizarra que la hemos sacado de la furgo para usarla en la confe, tras volverla a colocar en su sitio ha cambiado de slogan: Africa a les paradises, Europe, la follie de l’ argent. La verdad es que locos por la pasta los hay en todos los rincones del planeta. Es el único dios verdadero, contante y sonante. Nos gustaría creer que cientos de miles de viajeros del futuro vendrán a África no a explotarla ni a estupidizarla con más caramelos sino a gozar de sus espacios y a establecer una relación de trato limpio y entre iguales con sus habitantes, dentro de lo posible `por el controvertido significado de la igualdad.
De camino a Gao, la carretera es más solitaria si cabe, que las anteriores. Nos hemos tenido que detener porque de los dos bidones del portaequipajes, el vacío ha saltado por no tener ya el sostén de la lona absolutamente deshilachada y que un muchacho me la pidió para usarla para el techo de su casa. Luego nos hemos detenido en la cuneta para comer. Uno de los pocos coches que han pasado se ha detenido por si necesitábamos ayuda. Mientras recorremos distancias sin ver un alma humana bromeamos de lo vulnerables que somos y de lo que haríamos en el caso de ser asaltados por tuaregs o por quienes fueran. Mali nos da mucha confianza aunque cuando llega la noche siempre andamos flotando un rato para ubicarnos convenientemente. En Gao hemos llegado hasta el aeropuerto donde un avión esta custodiado por un grupo de militantes. El jefe del puesto nos dice que nos podemos quedar y además nos sugiere que nos ubiquemos junto a la pista al lado de los tres soldados armados que están ahí de tertulia toda la noche. Nos sentimos seguros aunque eso sea un contrasentido ya que si hay un lugar estratégico para hacer un ataque en toda la ciudad para que tenga resonancia mediática debe ser éste. Gao es la ciudad mítica porque es otro de los puntos en los que el desierto termina o empieza según se vaya hacia el sur o hacia el norte. Aquí por fin hemos comprado fusibles de 10A, 3 por mil CFAs, la cuarta parte del precio pedido en Mauritania. La batería auxiliar se ha quedado a cero a la esperar de recargarla de nuevo.
En Niamey deberemos repensar nuestro itinerario. La perspectiva de Chad la deberemos consultar por internet aunque lo más probable es que nos dirijamos a Burkina Faso. El material para el orfanato de Kisito que es el otro porte que traemos de la ONG puede esperar. Es el contenido de un solo bidón. Antes de cruzar el Níger nuevamente (la anterior vez fue en Bamako) hemos pagado un peaje por el uso de la carretera o del puente. El espectáculo sublime. Una puesta de sol fantástica.
¿lo esencial? Me preguntaba antes. No lo sé. No estoy seguro de llegarlo a saber. Sé que no es posible explicar lo esencial sin detenerse en el relato de lo anecdótico y no es posible alcanzar aquello si uno se pierde en los detalles de esto otro.
Cierro el ordenador con las voces de los militares a unos metros de la furgo y las respiraciones estereofónicas de Vic desde la cama. Vamos viviendo este viaje como si solo fuera posible vivirlo así. Nos hemos empezado a preguntar si en lugar de volver para enero próximo no ponemos fecha límite. La cuestión es que las distancias parecen mayores de lo que habíamos estimado al principio. No tenemos ni idea de cómo cruzar o saltar Nigeria, tampoco como iremos de nuevo a la costa Oeste antes de bajar al sur. No tener un plan exacto puede ser el mejor plan pero te deja sin respuesta ante ti mismo sobre donde estarás la semana próxima.

Experiencias con el papánoelismo


Poblado camuflado en las montañas de Hombori
Hombori 29 enero 2008
Antes de dejar Sevaré tuvimos un contratiempo con la policía. (Sería que la encontrábamos a faltar). Pasamos tres veces por delante suyo, en uno de sus puestitos de marquesina metálica con motito; andábamos buscando la oficina del BNDA para cambiar o conseguir dinero. A la tercera, sin haber cometido ninguna imprudencia nos pidió la documentación. Encontró a faltar la visa policial del papel que tanto nos costó conseguir del borracho del tampón suspendido. Empezó diciendo que eso era una grave infracción y que era culpa nuestra no llevar este segundo tampón, que debíamos pagarle 6000cfas y que etc etcétera nuestro vehiculo quedaba inmovilizado. Traté con dulzura santolorenziana, el de la parrilla, al tipo, para minimizar el impacto del desarreglo. Se fue con su motito y el papelajo hasta la comisaria y volvió al rato con el sello faltante. Mientras tanto yo no pude cambiar euros porque el cambista oficial del banco los lunes se iba al aeropuerto a hacer una gestión semejante. Sugerí pagarle de alguna manera. El policiíto aceptó un par de gafas de sol, gafas que no dudo que deben ser fatales para la vista, en lugar de pasta despues de sermonearle sobre que llevábamos material solidario y gratuito para la gente de su país. A continuación compramos 50e, en euros, de gasoil cambiados a 640 en un cambista de al lado. Reemprendimos ruta hasta Douentza donde nos detuvimos a comprar huevos y comer haciendo de televisión para el personal que se arremolinó ante nosotros. A continuación fuimos a l’ Academie (hay una quincena de ellas en todos el país dependiendo del Ministerio de Educación. (son recintos tranquilos donde se estudia primaria y secundaria) a usar internet. Los tipos con los pies descalzos y las piernas sobre las mesas o butacas formaban parte de las imágenes épicas con las que nos venimos encontrando en África. En Bamako habíamos pagado 300cfas por una hora, aquí fueron 500, en todo caso la tercera parte de lo que nos pidieron en la sede de Radio Duentza. Saludamos también a Amidou Porbo el mécanico a la entrada de la ciudad (en realidad un pueblo) y le transmitimos el encargo del saludo de Txiqui. Le pedí un destornillador estrella corto para liberar el filtro de la camisa de nylon que traía desde Dakhla. Estaba llena de polvo. Luego él se ofreció a limpiarlo con aire a presión. Lo recoloqué sin poner de nuevo la funda de nylon ya que no deja respirar bien al motor y pienso que incrementa el consumo de combustible.
Antes de que cayera la noche nos detuvimos en una aldea, Theoguel que pronuncian Chinguel, junto a las soberbias montañas de Hombori. Se nos ocurrió proponer una película en nuestra pantallita de ordenador de 14 o 15 pulgadas. Improvisamos en la mitad de la noche, en la más absoluta oscuridad (la luna llena ya nos dejó noches atrás) una sesión de cine de campaña. Desplegamos nuestros seis taburetes y colocamos los adultos en ellos ya los niños delante sentados en el suelo. Una escena enternecedora, para grabarla. Nos acordamos de Jorge Lafuente e Ignacio en sus correrías por la Castilla profunda con una maquina de proyección a cuestas y pasando películas a los lugareños faltos de consumo de imágenes. Nos enterneció el cromo aldeano. La película era en cinemascope, la pantalla demasiado oscura, la lengua en castellano y el sonido bajo, a pesar de todos estos inconvenientes todos aguantaron la situación encantados con la reunión. Cuando empezó a hacer frio dimos por terminada la sesión. Con cuatro palabras en francés quedamos para el día siguiente porque donaríamos ropa a las mujeres.
No estamos preparados para el papánoelismo ni creo que lo vayamos a estar nunca. Seguimos sin tener una estrategia funcional para los gestos concretos de solidaridad. De un lado hemos decidido que el regalo hace un flaco favor, de otro creemos que de darlo tiene que ser espontáneo y selectivo; de otra, pensamos que si damos algo a alguien y no a su vecino o su amigo estamos discriminando. Nuestro galimatías es mucho más complejo que todo eso. El caso es que a la mañana siguiente armamos un pequeño alboroto. De nuestra gran bolsa empezamos a dar ropa. Todo intento del chef local en mantener un poco de orden entre niños y adultos fue un imposible, todos se pegaron a la puerta corredera abierta de la furgo como si fuera la boca de la ballena de Jonás. Tratamos de hacer algo con un mínimo de dignidad y nos salió un engrudo. Inevitablemente hubo quien repitió en regalos y quien se quedó con nada. Vimos la clásica escena de dos mujeres tirando de la misma prenda y los niños mayores que superaban con sus manos a los más pequeños. Nos consolamos pensando que al menos de toda la ropa usada que traíamos de nuestra parte al menos nos hemos deshecho de la mitad. En las montañas de Hombori las noches son frías y sopla el viento podemos pensar que al menos la ropa servirá para algo de abrigo pero seguimos convencidos que la solución no es esta, la de papá-noeles que van de buenazos repartiendo calderillas al personal necesitado. En cierta manera tenemos ganas de deshacernos de todo lo que llevamos para no tener nada que dar: ni ropa, ni stylos, ni gomas, solo palabras y sonrisas.
En Hombori, unos 15 kms antes de llegar, vemos el nombre de Garmi con una escuela de obra cerca de la carretera. Nos detenemos y hablamos con Fanta, su directora, y un grupo de gente de alrededor. Se da la coincidencia que el hombre que hemos recogido en autostop unos 70 kms antes es su tío directo. Nos enseña las aulas, la de los más pequeños y, la de los más mayores. Todos están perfectamente instruidos, se levantan cuando entramos a saludarles y nos aplauden, además esperan a que les digamos que se sienten y vemos que se cruzan de brazos. No puedo evitar recordar en mi niñez en que también me instruían para estos gestos de sumisión. Begoña nos había dicho que desde que hay esta escuela en Garmi se había reducido a cero la mortandad infantil. La inauguración de la escuela es del verano anterior. La directora y el profesor están encantados con nuestra visita, nosotros encantados con la caligrafía correctísima en los encerados. Nunca jamás hemos escrito tan bien nosotros, ni en las pizarras ni en los cuadernos de estilo gráfico, de cuando éramos niños. Damos la docena típica de gomas de borrar y enrollamos a unos turistas de esos que van con guía, es decir turistas-turistas, que se detienen en el lugar y miran a cualquier parte menos a donde hay gente. Me dirijo a dos de ellos para comentarles el problema que nos acaban de contar del lugar de la sequedad del pozo. En todo Mali hay unos pozos que funcionan con unas bombas de palanca. Una escena graciosa es la de las niñas accionándolas que las hace saltar como si estuvieran en una palanca de dos asientos de las que estamos acostumbrados a ver en los jardines de los parques en Europa. Veo que la turista ha reunido no sé si un billete rojo de mil CFAs o alguno mas y se lo da a la directora.
Nos vamos hasta el Hospital unos quilómetros más allá. Por fin podemos deshacernos de nuestra piedra de Sísifo. Tengo que organizar la ayuda con el guardián y con otro chico y alguien más porque el hombre con bata blanca al que nos presentamos no tiene las dotes organizativas esperables.
Hemos hecho suficientemente el capullo trayendo todo esto hasta aquí. Las 10 cajas de cartón descargadas y las tres bolsas quedan en el suelo de tierra, ni siquiera en el suelo de mosaico, junto a la puerta de la casa del médico. Ninguna prisa por almacenarlas o por ver su contenido. El Hospital es sucio, hay un rincón con plásticos. El grifo en el que me lavo las manos después del trabajo de descarga está perdiendo un hilo continuo de agua, todo un contraste con la falta de ella en Thenguel o con la sequedad de la colección de pequeños árboles alrededor del recinto que la necesitan. El espacio no estaría tan mal si fuera una casona vieja utilizada por ocupas en las muchas casas abandonadas de los alrededores de Barcelona. El lugar es sublime, las montañas se miran las pequeñeces y miserias humanas desde su soberbia altivez de gigantes inmutables. Es un lugar para venir a escalar, a hacer senderismo, a perderse con las propias meditaciones. Lo de ayudar lo dejaremos para quienes necesiten conseguir sus parcelas celestiales para la eternidad. En realidad la ayuda material no es la ayuda real. Tras el descargamento hemos de hacer nuestro balance de daños, las cuerdas y la lona con anillas de aluminio que se ha soltado ha rallado parte de la carrocería. No hay viajero sin marcas, ni soldado sin heridas, ni solidario sin su recuento de sus estupideces. La culpa es toda nuestra. Establecimos un compromiso y lo cumpliremos hasta su menor detalle aunque a priori sepamos que no va a servir de nada o de muy poco. De camino a casa de Musa, un chico al que le llevamos ropa y comida, la comadrona me dice si no hay un cadeau para ella. El problema sigue siendo la idea de regalo. Martillea a todas las cabezas y nos suena como una voz cacofónica ahí donde vamos. Ni siquiera distinguen entre solidaridad y regalos. Alguien que puede permitirse venir hasta aquí a más de 6mil kilómetros de su país es que es indiscutiblemente rico. Nadie que no lo sea emplea su tiempo y su energia para venir a ver sus parajes y miserias. No objetaré nada de los turistas-turistas que solo vienen a encontrarse con el Níger y se dejan mecer por unos días y sus noches por rincones románticos. Si los nativos no saben apreciarlo no es cosa suya. El turista-turista posiblemente es el ser más aséptico que existe. Es capaz de ir a todos los lugares del mundo sin tener que cargar con las inconveniencias con las que cargan sus residentes. Los que nos llamamos viajeros no somos mejores que ellos. Podemos jugar a la comunicación humana, a pensar en la hipótesis que alguna gente será capaz de salir de sus agujeros y se esforzará por un futuro mejor sin caer en los materialismos occidentales. Raramente existe este alguien. A Vic un niño, (sorpresa), le dice que no quiere ningún regalo y que quiere conseguir las cosas por su propio esfuerzo. Tal vez está recitando la lección dada por algún viajero.
Tras la descarga en el Hospital, las cosas han quedado en el suelo, he enganchado las pinzas de un porta contacto de mechero de coche y así el convertidor a 18v para el ordenador y he estado escribiendo esto. Del personal sanitario nadie nos ha venido a ofrecer nada en especial. Nosotros hemos cumplido con nuestro rol de papánoeles y ellos con el suyo de objeto de la soliudaridad recibiendo las cajas. Punto. Podriamos quedarnos una semana aquí para ayudarles en algo. No lo haremos. No queremos quitarles el trabajo y los pretextos a otros muchos que pasarán por aquí enviados o convencidos por su sensibilidad oenegera para hacerlo. La lectura de algunos de sus comentarios antes de dejar Barcelona me hizo pensar en la autoinhibición del occidental frente al nativo de un país necesitado. Un cierto culto al indigenismo lleva al silencio acrítico de los europeos. Si en un hospital hay salas de curas sucias o el patio lleno de plásticos tirados no es un problema de la pobreza sino de la actitud. Curar por una parte y no higienizar por otra es un absoluto contrasentido. Lo sabemos por lo poco desde Nostradamus. Si los europeos lo aprendimos también les toca aprender a quienes todavía no lo han hecho. No creo que tenga el menor sentido la ayuda sin la exigencia de resultados prácticos no solo en su buen uso sino sobre todo en la incorporación de nuevas maneras de funcionar. En Hombori, en principio hablamos de hacer un censo sobre la cuestión de la salud mental, como si hacer censos fuera cosas de cuatro días. Hemos coordinado una conferencia para explicar unas cuantas cosas sobre logística sanitaria y criterios de censo. Otro asunto es que hagamos el trabajo por ellos. Nuestro trabajo es seguir nuestra ruta aunque esto suene a priorizar nuestros intereses particulares. Sí, los priorizamos. Veamos: la imagen de la ociosidad es continua en los países atravesados. Lo que menos falta es fuerza de trabajo potencial y lo que más, la voluntad subjetiva de organizarla. Si alguien quiere ayudar a África y a los países subdesarrollados en general que aprenda a contactar con las manos desnudas en lugar de venir con el saco del tipo de los regalos. No sirve de nada ese razonamiento cuando nosotros también hemos caído en la actitud dadivosa. Lo mejor que puede ofrecer un europeo a un africano es su experiencia y su desengaño de la sociedad del consumismo que lo atornilla con impuestos y en una cadena de lujos innecesarios. Lo peor que puede hacer es traer todas sus mierdas, incluidas las medicinas que en sus metrópolis no curan pero entretienen además de ropa sintética y envoltorios de plástico difíciles de reciclar. Pero este argumento se viene abajo cuando tocas docenas de manos frías de niños o que los ves tiritar ante ráfagas de viento por que andan descalzos y mal vestidos. Si nadie se ocupa de ellos se supone que el europeo sensible que tiene una coincidencia con ellos ha de salvarlos de su miseria y de su destino condenado desde que nacen.
Una de las ideas que tenía ante este viaje africano era el de hacer una observación itinerante sobre la marcha de las ONGs. Estas se han acostumbrado a ayudar aspectos puntuales en realidades deficitarias, también han hecho de observadoras críticas de cumplimientos o no de acuerdos de gobiernos, pero no sé que hayan pasado por la observación sistemática de una especie de comisión generadora de la coordinación de ellas para evaluar sus códigos deontológicos y la aplicación de sus programas concretos. Tras el palio de la pobreza se esconden distintas formas subsidiarias sin cuestionarse la verdad o falsedad alternativa de las intervenciones.
Nos ha llamado la atención que el encargado de nuestra conferencia sea el comandante del lugar como máxima autoridad patata que le ha pasado el médico en funciones, un profesional a todas luces bastante apático. Posiblemente lo esencial del discurso que podamos decir en una conferencia tenga mucho que atacar a dos cosas: a los hábitos populares que mantienen en el ostracismo a sus protagonistas y a la parálisis del poder que no lo cambia. En tercer lugar no podremos callar que la relación de ayuda sin dejar saldos en la modificación de los comportamientos es una falsa ayuda. Hasta que no nos desprendamos de la última prenda de vestir, la última goma de borrar, el último bolígrafo que escribe mal y las últimas gafas de sol que dañan los ojos no recuperaremos nuestro genuino modo de viajar. Me temo que este viaje nos va a consolidar en nuestro análisis sobre el valor de la pobreza para el primer mundo y el factor predominante de la desidia capital de la gente en vivir como parias como una de klas determinantes del atraso no diré que la priemra pero tampoco que sea la segunda. Al entregar en mano una de los envíos a casa de Musa me he sentido doblemente mal. Un hombre que espera la muerte y apenas articula palabra rodeado de una familia que no da el menor signo vital ante tu visita. Son la excusa ideal para enviarles algo desde un arco considerable de grados globo arriba, ellos se prestan al rol de necesitados y nosotros al de salvadores. He escuchado las objeciones a esa consideración. El extranjero debe ganarse la confianza antes de opinar, tiene que escuchar antes de hablar, tiene que aceptar lo que hay antes de criticar. Pues no, el visitante, extranjero o no, tiene desde el primer momento de su visita multitud de ítemes que le saltan a los ojos como chinches explicándole la verdad de los hechos. No hay más descripción que la que describe situaciones concretas. El mojigaterismo solidario que se limita a entregar el bien y a no cuestionar su uso es eso, propio de mojigatos, y perdón por los gatos. El proindigenismo es una coartada que no se sostiene. Si los europeos han aprendido cuatro cosas ha sido después de discutir y discutirnos comportamientos obsoletos. De otro modo estaríamos con las secuelas de peste de la edad media.
Nos instalamos en el bar donde se concentran turis-turistas que ya toman vuelos directos desde Marseilla a la región. Mopti. Indicador de que la zona es atractiva. Despues de comer un par de platos de arroz almidonado únicamente salvable o comestible con un bol de salsa y hablar con algunos de ellos sigo con mi ordenador sobre la mesa. Solo soy un viajero con un ordenador. Años atrás lo era con un bloc de notas. Nada ha cambiado: las observaciones se repiten y el observador también.
Un chico viene a ofrecerme una videocámara sin el alimentador. Tiene una excusa increíble por esta falta. Le digo que la falta de esa pieza suele ser porque es material robado. Se va.
Ante la incertidumbre de las eventualidades que nos esperan nos sosiega la idea de William Faulkner cuando dice que se puede confiar plenamente en las malas personas ya que se puede tener la seguridad de que no cambian jamás o en Voltaire cuando afirmó que la ignorancia es la que siempre afirma o niega rotundamente las cosas mientras que la ciencia y la sabiduría pone en duda continuamente los dogmatismos. Filosofar es el único antídoto en el que podemos confiar.
Desde que la furgo está sin el toldo y las cajas no la reconozco. Ahora en el portaequipajes se ve un cofre de plástico del que también nos desharemos más adelante, la rueda de recambio sujeta con un par de cinchas y con un candado y los dos bidones con brida que compramos en Guelguime.
Durante todo el viaje nos aborda gente preguntándonos si queremos venderla. La escasez de máquinas rodantes tanto en Mauritania como en Mali como en los países próximos es notoria. Seguramente hay gente que costea sus viajes con negocios de este tipo bajando desde Europa máquinas usadas que aquí todavía pueden servir. La imagen habitual es de la de carros superutilizados participando de un concurso de abolladuras.

Destilando Imágenes

Trabajando en una sombrita del cámping


Espectadores viendo a dos turistas comer en una sombrita del camino
Niamey en el Camping touristique Yantala 2 Febrero 2008
Un diario de bitácora es para arreglarlo al final. Releerlo, corregirlo, reducirlo en sus repeticiones y ampliarlo en sus carencias, enriquecerlo con imágenes y sonidos. En el curso del mismo viaje los contenidos vividos son demasiado intensos como para detenerse a escribirlos o tener tiempo para reflexionarlos debidamente. Somos los hombres del saco que nos vamos llenando de impresiones, de multitud de voces e imágenes. En el ordenador aumentan los megas de las carpetas que las contienen, no así en el blog. La falta de puntos cyber y la demora en subir cada imagen junto a nuestros artículos determinada por la lentitud de la conexión nos crea una contradicción que no queremos alimentar: la de dedicar más tiempo a montar el blog que a vivir el viaje en todos sus ratos.
Tras el primer mes de recorrido podemos sacar algunos datos: el promedio quilométrico diario es de acuerdo con la previsión inicial pero no el número de países. No tenemos que batir ningún record. Hay gente que te dice exactamente el número de países que ha visitado. Los tiene exactamente contados, lo mismo que su edad. Es una especie de dato curricular sobresaliente. Más quilómetros no significa necesariamente mayor conocimiento. Cuando preparábamos este recorrido por África sabíamos que algunos países no era recomendable cruzarlos por tener zonas peligrosas y de bandidaje. Deberíamos consultar informaciones de otra gente que también ha recorrido el continente por carretera para ver su itinerario seguido. Hasta ahora no hemos leído nada de nadie aunque uno de ellos Jan Bogé de Catalunya que viaja con un autocaravanning compartido con una rumana: Alexandra, salió unos meses antes que nosotros y lo ultimo que supimos de él es que andaba por Botswana, Intercambiamos un par de emails y me quedé sin respuesta cuando le pregunté por donde iba a cruzar el mar Rojo no se si para esquivar Sudán o para recorrer Asia.
Probablemente una buena parte de informaciones que nos faltan está publicada en la red. La diferencia entre tener un sentimiento de seguridad o no tenerlo con respecto a los lugares que nos espera cruzar pasa por la información sobre ellos. Las informaciones deciden la influencia definitiva pero no hay una sola información que no necesite ser confirmada y computada debidamente. No nos podemos permitir el lujo de soportar el alarmismo de nadie.
Empiezo a tener nostalgia del mar y del baño diario. El Atlántico nos espera en Ghana, Togo, Benin… Quizás desde Burkina seguiremos al sur en lugar de volver hacia el oeste. Mientras los mapas de papel se nos van cuarteando en la medida que van aumentando las veces en que lo consultamos es posible que nos venza mas la idea de instalarnos en un lugar por una temporada que estar casi cada día en la carretera.
No tener claro el itinerario futuro que nos espera carga nuestro viaje con una dosis de ansiedad. De hecho la tenemos siempre antes de entrar en un nuevo país. Una vez dentro hay mucho de atractivo y de interesante. Aun así nos han dicho que no hace mucho ha estallado una bomba de pacotilla en las afueras de Niamey. El peligro tiene algo de subjetivo y cuanto más miedo tienes más proclive estás a padecerlo.
En este viaje hago bastantes fotos mientras conduzco. A ratos Vic toma el volante y yo puedo enfocar mejor la cámara con el cristal de mi lado de ventana bajado. Ninguna temeridad, a menudo rodamos a 70kms hora en interminables rectas y sin humanos a la vista. Las que hacemos a través del parabrisas cargan con los reflejos y suciedades adheridas.
Compartimos la carretera continuamente con manadas de bueyes y vacas de cornamentas enormes, con rebaños de cabras que son los más agiles en abandonar el asfalto en cuanto nos ven ¡a correr que nos pillan!, con asnos absolutamente impertérritos. Los camellos, menos en el Sahel que en el Sahara, todavía muestran algún signo de actividad. La viñeta típica de dos tumbados que giran la cabeza compartiendo coreografía en dirección al sonido de nuestro motor demuestra un alto nivel de energia al que no están dispuestos los asnos. Estos pasan totalmente del conductor. Lo más que hemos observado es que se paran al tocar asfalto si oyen un motor pero ni siquiera miran. Están un rato de meditabundos y cuando hemos pasado luego prosiguen su camino cruzando la carretera, Todos nuestros cuidados no han impedido que nos lleváramos por delante un hermoso pájaro de pico largo. Estaba parado en la carretera cuya falta de coches no lo entrenó para el peligro. Cuando levantó el vuelo era demasiado tarde y se incrustó en nuestro morro. En la siguiente parada encontré el cadáver reventado. Lo saqué de la rejilla y lo tumbé en el suelo. Un magnífico animal. Ser responsable de su muerte me hizo recordar un cierto numero de veces que me he repetido en ese rol: una vez atropellé con mi coche a un gato que salió disparado de la cuneta metiéndose bajo las ruedas, en otra ocasión disparamos contra un hermoso papagayo en la selva amazónica que nos merendamos entre seis y nos tocó a hueso y medio a cada uno, de adolescente disparé con mi escopeta de balines a un pájaro en el patio de mi casa paterna y le acerté. No soy inocente. Si digo que me pregunto qué justificación tiene el viajero de quemar miles de litros de combustible para un viaje de larga duración que desfavorablemente en los espacios que recorre movido solo por el placer de estar ahí estaría haciendo demagogia. El viajero antepone su inquietud viajera, sus ganas de ver mundo recorriendo rutas míticas o su móvil curricular de estar por los lugares por encima de cualquier razón objetiva. Los lugares pueden prescindir seguramente de la mayoría de viajeros que van a ellos. Claro que con esta óptica ¿qué harían países turísticos como Grecia o España, este con más de 50 millones de visitantes anuales, si estos prescindieran de venir por consideraciones medioambientales? Las diferencias ideológicas y de actitud que valoramos entre turistas y viajeros no impiden reconocer que ambos comparten el común denominador de venir con divisas y de generar emisiones de CO2.
Nuestro vehículo tan codiciado por lugareños francamente está más que sucio. Sobre todo cuando el derrame del aceite del cofre ha agregado una patina extra de polvo en algunas partes de la chapa. Nos hablan de mercaderes de coches y camiones que los traen desde Europa. Nos han hablado por repetido de un alemán que ha cruzado el desierto por Argelia y ha llegado por Agadez y que ahora está en Burkina. Tan pronto decimos que nuestra furgo es nuestra maison o lit roulante dejan de darnos la lata. Ante cada nuevo visitante o persona que nos aborda siempre nos toca preguntarnos de qué registro va. Si su móvil es el de intercambiar ideas y el placer de la comunicación o si quiere
Hacemos la mayor parte de las fotos posible. Podemos acumular cientos en la memoria de la nikon y la werlisa antes de descargarlas pero, francamente, somos más de letras que de imágenes. La mayor parte son espontáneas, para algunas pedimos permiso. Siempre hay quien se molesta ser fotografiado y descubierto in fraganti en sus miserias o en lo que sea. Son la misma clase de personas que se molestan si las observas atentamente. A lo largo de distintos viajes he podido notar que hay gente que se molesta tanto por ser fotografiada como por ser mirada. He llegado a la conclusión que quien tiene algo que ocultar tiene objeciones a ser observado. La única diferencia entre la cámara de fotos y los ojos humanos es que el soporte de la memoria es de orden distinto, pero en ambos casos hay una memoria biológica o física que las conserva. La mayoría de la gente sonríe cuando advierte que les hemos fotografiado y en ocasiones se coloca en posición de foto para que salga dentro del cuadro. En los mercados donde más. No hay descripción fiel posible de ellos. Hay que meterse en uno de ellos y mezclarse con la gente para pulsar la intensidad de los colores y los olores.
Los mercados son el corazón más vital de una ciudad. Lo que te da la dimensión más exacta de la realidad de una ciudad son sus mercados. Te enteras de los precios, de las costumbres locales, de los comestibles predominantes y de cómo encajan tu presencia.
Nuestra furgo con los dos bidones azules alineados en la parte posterior, el cofre en la anterior y eventualmente las dos plaquitas solares para las que todavía hemos de encontrar una solución definitiva de quita y pon, nos precede. Uno de nuestros visitantes al camping es el de alguien con un dedo corto que dice, en un inglés fluido, conocernos de Bamako, que viaja en su coche, que ha ido a Burkina, que nos ha mostrado media docena de tarjetas de managers, que nos ha ofrecido una dirección en Ghana y que si le pagábamos el taxi ya que ha venido expresamente a saludarnos. Otro visitante es el de un comerciante que va con una tienda de camping europea, probablemente robada, que quiere vendérnosla por 50e. Le ofrecemos 5,5. Al día siguiente de conocernos insiste. Al final acepta dejar de la lata. Una buena cantidad de gente que se nos aproxima es con el interés de sacarnos o vendernos algo, aunque no deja de ser. Desafortunadamente solo son hombres. La omnipresencia masculina significa el sesgo permanente para conocer estos países.
El camping emplea a mucha gente y es una especie de centro de reuniones. Las camareras son mujeres y andan con una especie de cestitas de plástico de la compra para llevar las bebidas a las muchas mesas que están repartidas por las explanadas de arena. Nos atrevemos a comer pate con salsa Rashid. 100cfa. Es lo único que ofrecen y lo más barato también una de las cosas más insípidas que hemos comido jamás.
El mánager ha venido a preguntar por si tenemos alguna medicina para su picor cutáneo. Me enseña el torso. Le sugiero que vaya a la farmacia y pase por un médico. El hecho de ser blancos nos convierte en doctores en medicina. Durante los días anteriores nos hemos encontrado con varias personas que nos piden medicamentos. El caso es que hasta ahora las ciudades recorridas están llenas de farmacias. En Nuadibú incluso retitulamos una de sus calles como la de las Farmacias por la cantidad de ellas, prácticamente tocándose. Un hombre en Hombori en el hospital hizo que le tocara el bulto de su costado. Con toda seguridad una calcificación espontanea produciendo un enorme callo óseo tras una fractura no tratada debidamente. En la aldea de la sesión de video para niños un par de ancianos también me consultaron por sus enfermedades. Lo más que pudimos indicarles es que fueran a visitarse al hospital y lo más que podemos hacer es proponer a este que haga medicina ambulatoria recorriendo las zonas cercanas.
La gente del camping nos ha integrado a su cotidianeidad. Nos dejan con nuestros ordenadores y rarezas. Al segundo día saben que no somos turistas tópicos. Dejan que tengamos nuestra propia vida en paz y nadie nos molesta. Las camareras nos parecen algo tímidas aunque cuando les hablamos nos hablan con total cordialidad. Mientras escribimos nos chutamos con música de Eva Cassidy. Hasta ahora no hemos comprado música africana en CD. Suponemos que la podemos descargar por Emule de internet y los precios de los mismos cds aquí son mas caros que en Barcelona.

Africa para masoquistas

El río Níger en Niamey


Calle de Niamey
Niamey 31 enero 2008
Por la mañana, en el aeropuerto de Gao, llega un vehículo con soldados estadounidenses: vestidos de camuflaje y armados. La maquina de matar que veo que sostiene uno de ellos deja en ridículo a los fusiles ametralladores desvencijados de los 6 soldados con los que hemos compartido vecindario nocturno, ellos tirados por el suelo, suponemos, y nosotros en la suite de la furgo. Observamos los detalles del evento. Personajes de civil, nos dicen que un embajador, suben al avión, un bimotor de hélices. Un vehículo de la policía local con la sirena puesta se apalanca a un lado, los americanos en otro extremo y los militares locales en su especie de sofá montando guardia. Y nosotros de observadores discretos como si fuera lo más natural del mundo que una furgo como la nuestra tuviera alguna razón de ser en el escenario. De haber sido saboteadores de aviones e imperialistas nos habría resultado la mar de fácil atentar contra los intereses estadounidenses. Al parecer tienen un acuerdo con Mali para explotar las bolsas de petróleo que guarda en el desierto. En su 4x4 un logo que no se diferencia en nada a los de las ONG: US Aid. Nadie cruza palabra. Mientras V se toma su hora larga diaria para ponerse los mecanos y colocarse en posición de vivir el día yo hablo con el cabo del puesto que es el que nos ofreció pernoctar a su lado para estar más seguros. Me entero que son vocacionales de las armas y que la mili en el país es de 5 años pero que él y sus soldaditos llevan muchos más con el uniforme puesto.
Damos otro paseo por Gao. Cambiamos otros 50e. Ponemos otros 15mil CFA de gasoil y tomamos la ruta para el Sur. Del país dejamos de visitar Tombuctú, Djenné y el desierto. El día nos dejará abatidos.
En Ansongo nos hemos quedado sin carretera asfaltada. Nos hemos metido por dentro de la ciudad por pista Hemos ido bajando con el rio a la derecha. Un cartel de la junta de Andalucía declara una colaboración para potabilizar las aguas con un tipo de plantas macrófagas. En la frontera de salida en Labbezanga el tipo que nos ha tamponado se ha equivocado de día y ha puesto la fecha del día anterior, con el que ha hecho el control del vehículo me he puesto a curiosear una ametralladora de trípode del año de la pera y las esposas colgando de un clavo en la pared. Despues de un rato de palabras su rostro ha expresado alguna semejanza a los humanos. Tras deshacerme del ultimo tipo que me ha entregado los pasaportes visados con fecha equivocada Kambé Mali.
Cruzar la doble frontera con 10 de los 14kms de separación entre ambas que son de pista, con todo el ajetreo de papeles, nos dejará exhaustos sobre todo a mi que cargo con las diligencias haciendo de pelota chutada de un cuartito guarro a otro y de un tipo malcarado a otro. En el control de pasaportes del lado nigeriano los vagos de la guarnición pretendían que jugara con ellos a la petanca.
No hay precio que pueda pagar mi dedicación al masoquismo. ¿Qué hace una personalidad tan anti autoritaria como la mía en una geografía tan poblada de autoritarios? El recorrido por las policíadas de una jornada exuberante como la de hoy puede constituir una docta asignatura por si mismo para estudiantes de criminología. Si la primera mafia constituida es la de un estado y esto reza con rotundidad para países europeos y con la instalación democrática más o menos supervisada, ¿qué decir de los estados que nos está tocando cruzar donde la corrupción está a la orden del día y es fácil que un tipo salte del quelque caudeau pour moi a tu dois me donner quelque chose?
Llegar a Niamey de noche desde el norte es lo menos recomendable. Viajar de noche no lo es en ningún caso cuando llegas por primera vez a un sitio. Pero las interrupciones por el camino por los controles y por las barreras de peaje de carretera nos han robado la diurnidad. Por un par de ocasiones hombres de la barrera, en realidad de los bidones (terminaré por introducir los bidones de metal abollados de los puestos de control como objeto draconiano para mis peores pesadillas) se han enfadado y me han hecho recular unos metros atrás para dignarse (cínica forma para conjugar la dignidad como verbo ahora y aquí) a revisar los papeles del coche y los pasaportes. En la duana de Níger por primera vez en todo este viaje hemos tenido una inspección más a fondo de lo que llevamos. El cajón entero de medicamentos para propio consumo, los bidones de gasoil, las piezas de recambio y hasta la silla de ruedas han sido objeto de comentario del agente de las molestias al cargo. Despues de pagar por otro Laissez Passer, pagar por una carretera como si fuera una autopista, tener que soportar a otro cretino que nos dice que África está como está por culpa de los colonialistas, y de hablarnos sobre la maravilla de los hipopótamos que no podemos perdernos y que él nos hará de guía por 15milCFA y de otras molestias parecidas hemos ido haciendo quilómetros. A la hora de comer nos hemos detenido en Namari Goungou, una localidad, en la que en seguida hemos sido rodeados por adultos y sobre todo por niños.
Hemos dado los recipientes vacios de algunas conservas que han aceptado reciclar y nos hemos hecho fotos. Un tema de interés recurrente de los hombres es sobre nuestro vehículo, cuanto cuesta y si queremos venderlo. Nosotros insistimos en la idea de que ellos son terratenientes, que tienen todo el espacio y lugares divinos. Ese discurso no les convence pero seguimos erre que erre con esta idea.
Algunas decenas de kms antes de la capital son de tierra. El último control policial en plena noche con la ayuda de su linterna y de la mía el tipo descaradamente me ha dicho que debíamos darle algo. He recogido los documentos y le he dicho: Venez a voir au vehicule notre pauverté. En el mismo momento en que subía con la intención de marchar inmediatamente, el autostopista que traíamos ha abierto la puerta de su lado justo cuando Vic lo hacia desde dentro produciéndose la misma clase de falla mecánica que ya nos ocurrió en Ceuta en el anterior viaje que hicimos, no en diciembre del 2007 sino en diciembre del 2006. En aquella ocasión pudimos arreglarlo rápidamente con un mecánico muy diligente que encontramos de un concesionario vinculado a la Fiat en Tetuán. En esta ocasión deberé arreglarlo yo y no recuerdo demasiado como hacerlo. El tercer susto técnico en tan poco tiempo. La puerta no puede ser cerrada, esto quiere decir que el cierre centralizado de todas las puertas no funciona y que nos toca dormir con ellas abierta lo cual es una falta de seguridad. La advertencia ha sido lo suficientemente fuerte como para no volver a montar a un pasajero al menos tantos quilómetros y con tantas paradas como hemos hecho con el último que en principio nos ha pedido ir a una localidad próxima a Namari pero que luego no ha encontrado y lo hemos traído hasta Niamey, Las razones para parapetarnos ante las solicitudes de ayuda más bien aumentan. Cuando vuelva a Europa tomaré como un insulto si alguien me dice de ayudar en el sentido económico o de desarrollo a África. África tiene paraísos sí, pero no los habitantes que los cuiden.
En Bamako, en el consulado de Níger, los dos visados por un mes nos costaron 40mil CFA. Al menos la falta de clientela facilitó la gestión. Mientras Vic me esperaba abajo sentada en la silla de ruedas en un lugar a la sombra yo me encargué en la oficina arriba. Como otras veces lo que cuentan son los documentos y sus pagos no contrastar si corresponden con las personas. Cualquiera que quiera cruzar el oeste de África con un pasaporte que no sea el suyo lo puede hacer sin la menor duda.
Hemos descartado ir a Chad. No tenemos noticias de la rebelión Tuareg pero preguntamos a menudo y parece que Agadez en Niger y Ndjamena en Chad son peligrosos en estos momentos. Como que necesitamos unos días de descanso tras unos días en Niamey volveremos a tomar ruta hacia el Oeste por Burkina F.
En Níger no hay embajada de Burkina. Hemos estado en el consulado francés que se ocupan de trámites burocráticos con representaciones de países francófonos de la zona. Los tramites del Visado son unos 40000CFA parece que en la frontera cuesta menos. Nos arriesgaremos a cruzarla sin llevar el visado previamente tramitado.
Despues de 1600 kms mauritanos y 2100 malineses sin poder usar duchas de agua caliente y de vuelta otra vez a las policíadas continuas tras cruzar la última frontera me pregunto si África merece nuestra dedicación de tanto tiempo. En lugar de estar contando encuentros sublimes con personas distinguidas, reuniones selectas o conversaciones interesantísimas, espectáculos culturales magníficos, todo lo que podemos referir es más de la mediocridad continua. No voy a precipitarme pero tampoco voy a traicionar a mi intuición e intuyo que en toda África hay una recurrencia de la desidia y el abuso del europeo. Dentro de las posibilidades que hemos manejado es la de quedarnos una temporada en un país que nos sintamos a gusto. La constancia quilométrica casi diaria y estar expuestos a los infortunios de las carreteras con la interminable lista de hombres de las barreras hace que veamos aumentadas las anécdotas por ese lado produciendo un inevitable sesgo de lo que es el continente del que esperamos contrapuntos a las insatisfacciones.
Desde Hombori la carretera la hemos encontrado aun más desierta si cabe. Apenas nos hemos encontrado europeos. En Gao vimos a una chica con bicicleta y casco que parecía una cooperante. Ningún viajero blanco. Tampoco en el resto del recorrido hasta Niamey. A partir de Níger definitivamente estamos más solos. Antes de la frontera hemos hecho unos 28 kms de pista en cuatro tramos y despues de ella otros tantos. El verano anterior en Georgia ya pusimos a prueba el significado de ir por pista en una llena de pedruscos salientes
, de unos 60 kms, mucho peor que las que hemos tenido hasta ahora. Las de aquí nos llenan de polvo. La furgo tiene sus muestras tanto por fuera como por dentro. El teclado y la pantalla de mi ordenador están llenos de polvo. Espero que sirva los siguientes meses para seguir aguantado este relato sin que se rompa con tanta presión metida dentro.
Hemos pasado la noche en el camping como únicos clientes del Turístico/hotel Universal con una cincha sujetando las dos puertas delanteras. No poder cerrar una significa que falla el cierre de todas las demás. Siendo la primera noche en el país tomamos las precauciones que toca tomar. A la mañana siguiente me enfrento a la maldita puerta. Desaflojo tres tornillos del apoya brazos que es indispensable sacar para acceder al mecanismo. Para los dos siguientes me falta una herramienta que no tengo. Inexplicablemente algún ángel de la guarda que debe andar ocioso me echa una mano porque el mecanismo se ha arreglado solo. Supongo que ha sido así por liberar de presión la plancha pero no puedo estar seguro. El tercer susto técnico ha sido otra falsa alarma. Suena a broma intencionada.
Niamey de día nos resulta más atractiva. La horrible imagen de llegar de noche se solventa con los primeros contactos. La gente es tranquila y menos agobiante que en Mali. Compramos algo de comida en el Petit Marché dada la escasa existencia de Restaurants. Los precios parecen mas baratos que en Mali aunque el litro de gasoil es 120cfas mas caro. Fotografiamos la salida en masa de hombres de la mezquita. Uno nos da un bufido al paso por hacerlo. Entro en la instalación de una sede del BIA donde hay un pequeño cuarto al final del pasillo del primer piso en cuya puerta pone VIP para la gente que tenemos tarjetas de crédito. Tras la puerta una sala de espera con unos cuantos blancos y su proverbial indiferencia. El hombre de la taquilla ha desaparecido. No me quedo a esperar. Un rato despues probamos en el guixet automatique del Banque Atlantique y saco 130mil CFA sin conocer la comisión que van a cobrar.
En el camping hemos dejado una ficha con nuestros datos pero no hemos pagado por anticipado. A la vuelta trabajamos con los ordenadores en una de los tejados de cabaña que hay repartidos. Somos dos pulpos en un garaje, perdón dos europeos zambullidos en la noche en un lugar con música donde las Flag grandes cuestan 600CFA, la mitad de lo que hemos llegado a pagar en el país anterior. En Niamey por primera vez en un mes unos nativos nos ofrecen algo espontáneamente: probar un vegetal harinoso que debe ser un tubérculo y que comen tras calentarlo a la brasa o hervirlo con algo picante.

Los otros nómadas

Sevaré 27 enero 2008
Poéticamente podemos identificarnos con los otros nómadas, categoría a la que algunos viajeros europeos creen pertenecer desde que huyen de la ubicación fija en el circuito de propiedad-trabajo al que entrampa la sociedad del consumo. En nuestras conversaciones de pasajeros de la geografía en contacto con otros europeos o americanos, la idea de la tribu de los viajeros ha salido varias veces. Hay una gran diferencia entre ir a los lugares llevados por una agencia de viajes a ir por cuenta propia. En la primera opción la mayor parte de decisiones están tomadas por los organizadores; en la segunda, los mismos viajeros deben ir decidiendo en ruta. A esta manera de viajar va llegando no poco gente de todo el mundo rico, harta de qué le diga qué hacer o cómo viajar. Aparentemente hacerlo por cuenta propia es menos seguro que hacerlo en un viaje organizado. No necesariamente es así. El peligro es siempre relativo y constante en todas partes del mundo, tanto fuera de la propia casa como dentro de ella. Viajar te hace repasar las nociones al respecto. Cada preaviso de cuidado que alguien te dice lo tienes que pasar por la batidora, distinguirlo siempre entre si se trata de una información directa del alarmista o de su victimismo por la resonancia mediática o por los enunciados exagerados de terceros. Encontrar gente de todas partes capaz de tomar su coche o su boleto de avión y presentarse a miles de quilómetros de su casa siguiendo su deseo de conocer o volver a ver aquello que conocieron años atrás, es por si mismo un motivo de gran interés. Hay algo inexplicable en eso que escapa no solo a quien observa el fenómeno sino también al mismo viajero. Es como preguntarle a alguien que está en un 7 mil del Himalaya por qué ha subido hasta allí. Sería más estúpida la actitud del periodista que subió con su preguntita, No hay respuestas para todo ni lógica para hacer todas las preguntas. Las cosas se hacen porque solo tienes la mitad de las razones para hacerlas, si las tuvieras todas ya no las harías. El caso es que las conversaciones entre viajeros saltan de las informaciones concretas; las objetivas: peligros reales, estado concreto de las carreteras o de las pistas, recursos de alojamientos, el cambio de dinero a la moneda local,..Las subjetivas: posibilidades de tiempo o de recursos para hacer el viaje, porque tomamos distancia de nuestros espacios familiares... a las digresiones más conceptuales: el sentido del viaje en la búsqueda de la dimensión humana perdida, las Ongs y sus mercados, las logísticas de la solidaridad y la perpetuación de la miseria,…
Los tribales de la tal tribu no se meten en el agregado común nada más verse. En realidad guardan sus distancias a la europea. Cada cual en su mesa y con la mirada esquiva para no cruzarse por error con la del otro hasta que algo o alguien o el más extrovertido crea el espacio comunicativo. Es entonces cuando dentro de cada inhibido surge un gigante cargado de experiencias e ideas que escuchar. También puede suceder lo contrario que el europeo que te salta a la yugular repleto de vida y anécdotas tengo poco de interesante que ofrecer. Creo que la mayoría de europeos que no están desplazados por razones de trabajo o por voluntariados solidarios comparten el común denominador de una escapada de lo conocido, de aquellos parámetros que tanto nos cansan de la incomunicación y la intoxicación en nuestros lugares de origen. África es volver a la naturaleza no solo en el sentido físico de los paisajes más vírgenes sino en el sentido humano de la gente tal vez más autentica.
Despues de pasar dos días en Ségou retomamos la carretera. Nos detenemos en el cruce hacia Djenné uno de los lugares históricos del país. Damos una vuelta sobre el puesto aduanero y uno de los empleados nos ofrece quedarnos a pernoctar. Lo hacemos sin la menor interrupción. El lugar ha dado lugar a un poblado, no tiene ninguna luz eléctrica y aparentemente está en la desolación. No es hasta la mañana siguiente que advertimos las casas de adobe que hay. Desistimos visitar Djenné y proseguimos hasta Sevaré hasta donde llevamos a alguien para quien nos lo ha pedido el aduanero. En Sevaré utilizamos la ducha y comemos en el restaurant del auberge Vía Vía cuyo propietario es un malinois pero tiene un mánager Belga. Hablamos con él y luego desplegamos nuestros ordenadores.
7 días despues de entrar en Mali sabemos que una semana es un periodo demasiado escaso para cualquier país especialmente para estos inmensos países que nos está tocando recorrer. Cada día añadido a Mali nos hace sentir más interesados por el país, sus panoramas y sus gentes y más seguros. La gente es amable y los niños una dulzura. Nos detuvimos, después de Brá, en Kuagala? para aprovecharnos de una sombra fueron viniendo varias tandas de niños hasta que finalmente se agruparon unos treinta despues de dar un paseo con algunos de ellos e interesarme por las chozas cuadrangulares ovaladas que usan como silos de grano. Antes de irnos dimos un caramelo a cada uno de ellos convirtiendo eso en una clase práctica de higiene. Contra otras experiencias en que los niños se peleaban entre ellos por el caramelo, en este caso todos mantuvieron una actitud tranquila y luego todos tiraron el papelito de plástico en la basura que les proporcionamos.
Hemos empezado a usar los dvd que nos grabó Álvaro, uno de los hijos de Augusto-Rocío. Sobre la cama vemos la pantalla, nos parece estar como en el gallinero de cualquier cine de barrio de los de antes.
Ante las nubes de comerciantes ambulantes que nos abordan con sus cds de música o sus telas tratamos de contraponer trueques. La ropa usada, de la nuestra, que traemos es tan mala que no la aceptan para cambiar. Sentí vergüenza un día que en Tantine en una tienda de telas llevada por mujeres les llevé cuatro prendas de mujer, se las miraron y las rechazaron. Es cierto la ropa europea, o mucha, no tiene color en comparación a la africana. Sigo arrastrando la idea de que cometemos un gran error trayendo cosas que nos sobran en Europa, mucho más las que son de pésimo gusto, hechas con tejidos y diseños insanos. Una de las imágenes más deplorables que recuerdo de la inmigración magrebí que conocí en Paris fue la de los árabes vistiendo pobremente los trajes de los europeos tras renunciar a su propia cultura del tejido.
Estamos siguiendo un ritmo de viaje tranquilo aunque hasta ahora no hemos pasado más de 3 días en una misma ciudad. Rodamos sin ninguna prisa. En Segou nos encontramos con un chico, Txiqui García de Gerona, que nos abordó al reconocer el logo de la ONG de st Sadurní, en la puerta de nuestra furgo. Él trajo unos años atrás una ambulancia, con quilómetros pagados por colaboradores y amigos, para donarla y que al poco tiempo se averió, parece que por ser conducida con poca corrección. Parte de la conversación inevitablemente discurrió sobre el sentido del oenegerismo y de la ONG común en particular. En Segou a finales de enero se celebra un recital de música sobre el Níger.-unos 70mil CFA los 3 días- al que no nos quedaremos. También nos hemos perdido el concierto de Tombuctú. Conocimos a alguna gente con rastas vinculada con la organización de alguno de los conciertos pero no nos quedamos para la efemérides. En Catalunya y España tampoco nos pirramos por los conciertos. Al último que fui fue al de Dylan en Donosti y francamente me lo podía haber perdido. Un concierto de alta expectación son dos cosas: la música y la concentración, una parte de la cual a veces se pierde la calidad de aquella tal como nos sucedió a algunas docenas de miles de asistentes tumbados en la arena de St Sebastián a los menos o no-idólatras de Bob.
En el restaurant de Via Via en Sevaré una de las mesas de una parejita de blancos que ha preparado te al modo tradicional con el infiernillo de alambre en el suelo, nos trae un par de vasitos (1/3 del vaso igual que en Mauritania) supe azucarados. Por cortesía lo aceptamos pero rechazamos la siguiente ronda. El azúcar es uno de los pecados capitales de los musulmanes. Mahoma se olvidó de prohibirlo, posiblemente porque aun se conocía en su forma refinada, junto al cerdo y el alcohol. El mánager del camping es afable. Es un belga que hace el asesoramiento de cómo llevar un negocio de estas características y nos cuenta lo que suelen contar los ingenieros que van a cumplir contratos al tercer mundo, lo mucho que cuesta cambiar de hábitos al personal lugareño. En realidad todo pasa por desarrollar el concepto de trabajo y de interacción con el medio. En el fondo un africano piensa que un europeo es rico o tiene más recursos porque en cierto momento de la historia algún dios le bendijo con muchos regalos. Olvida los duros trabajos durante muchos siglos que desde Escandinavia hasta el Mediterráneo tuvieron que hacer las gentes para instalarse ante la adversidad.

Hasta San llevamos a un autoestopista que iba a su iglesia protestante a hacer canticos o lo que fuera. Nos instalamos en un restaurante popular cuyos platos de plástico y la mujer enferma que no paraba de toser sin taparse la boca además de la pésima calidad de la comida nos quitó el apetito. Dimos nuestros platos a la gente del lugar. Invitamos a dos mujeres bien vestidas que nos saludaron y que una de ellas, Maria Keta Kulibali, era quien tenia en explotación aquello. Nos habíamos instalado con nuestra mesita tras pedir el uso de una sombra. Las mujeres con sus criajos a las espaldas o colgados de sus tetas eran empleadas del establecimiento o trabajaban para esos propietarios los cuales tenían un pequeño cuarto de lavabo bajo llave para su uso exclusivo.
Cada país tiene unos cuantos detalles que sorprenden nada más entrar en ellos. En Mauritania nos preguntábamos el significado de una buena cantidad de hombres, generalmente sentados, con palitos de los que colgaban ristras de papelitos. ¡¿lotería también aquí!? Dudamos.¡ No! son las tarjetas de móviles. El móvil se ha convertido en una enseña. Quien triunfa, lo hace con un móvil en la mano y con toda la parafernalia ritualística que le acompaña. En la década de los 80 ya tuve una curiosa experiencia con eso. En un microbús en una ciudad boliviana, en un momento dado la mitad de los pasajeros estaban hablando con sus móviles, sin que entre ellos hubiera el menor contacto verbal. En Europa las escenas inherentes a la comunicación inalámbrica se repiten en un curioso hecho: lo más importante a decir parece que siempre tiene por destinatario alguien lejos del momento y lugar en el que se hace. Por su parte la tecnología de la comunicación avanza a pasos agigantados en todos sitios, el mercado potencial es creciente y las empresas que levantan las torres alimentadas con placas solares que nos hemos encontrado a lo largo de miles de quilómetros ponen notas de modernidad en sitios que aún no han salido del Medioevo. A propósito de los móviles Carmen, la colombiana que conocimos en La misión catholique de Bamako, una mujer poderosa que ha dedicado un voluntariado como enfermera, nos refirió que abogaba por no hacer descuento en las consultas de sus asistidos que acudían en móvil quejándose de no tener plata cuando podían sostener el mantenimiento de estos.
Mali es un país que nos ha ido ganando día a día. Un país para recomendar a venir a pasar una temporada y Segoú como la más linda de las ciudades que hemos conocido hasta ahora. Es un país con criterios para tener una economía autosuficiente (Le Sahel peut nourrir aux saheliennes, cita aproximada de uno de los slogans dentro del programa de la securité alimentaire). A ratos hemos encontrado más quietud o más nerviosismo pero siempre amabilidad e interés por nosotros. Tratamos de dirigirnos a las mujeres aunque nos da la sensación que hablan francés en menor cantidad que los hombres. Ellas son las verdaderas magas de la economía doméstica. Raramente se ve a una mujer ociosa y sistemáticamente se ve a hombres tumbados aunque sea sobre sus instrumentos de trabajo, como los carros, o junto a ellos, bajo las sombras de sus camiones. Seguramente se me escapa la filosofía del hombre tumbado. Cuando mencionamos que son unos ociosos se limitan a aceptar y a sonreír. Seguramente todos los vagos del mundo están hechos de la misma cuerda y justificarlos por el exceso de sol o abatimiento por el calor es una pobre teoría que es inmediatamente desmontada al extender la obs3ervacion a la condición femenina que es la que más en activo está. Por los países conocidos hasta ahora y sus imágenes de mujeres con fardos (recuerdo las marroquíes cargando enormes paquetes de leña en uno de los primeros viajes que hice a Marruecos) si hay una revolución pendiente a hacer es la femenina. Las mujeres negándose a ser parteras casi de granja y obedeciendo a sus maridos ociosos cambiarían profundamente el panorama cultural y por añadidura el económico.
En Mali hay un tipo de lagartos por todas partes que son muy activos y no molestan. Es divertido ver como se persiguen entre ellos para hacer el amor o para juguetear al te pillo-te pillo. Hay características curiosas del país como las mesitas con tejadito llenas de botellas de cristal de mezcla para las motos que hacen de constante, junto a las bombas para sacar gasoil de los bidones y junto a hornos que se alienan en la calles. En éstos meten gruesos troncos por bocas para las que se usan llantas son características que saltan continuamente a la vista. La lengua dominante es el Bambará aunque hay otras.

La Elegancia de los Gatos

Con Xiqui, uno de los pioneros de la CC ONG a lacual llevamos material, en Segour


Bungalow del cámping de Segou
Ségou 25 enero 2008
Cualquier posición física de los africanos es elegante. Los hombres mauritanos y del desierto mean acachándose alejándose no mucho de sus coches, luego hacen el gesto de tapar la parte que mojan del suelo con la arena de al lado. Cualquier gesto es elegante incluso éste. También hemos visto como algunos se limpian con la arena como si se tratara de agua.
Nos rodean las miradas lánguidas en las que intuimos la pauta tranquila de los años pasados en los que no sucede nada ni nada se espera que suceda. Las mujeres son bellas, altas, arrogantes. Sus tocados con sus originales formas hace de una simple tela el mejor de los vestidos. Los culos femeninos africanos son enhiestos, elevados hacia un cosmos que no se va a ocupar de ellos. Tal vez guarden una conexión con sus escoliosis. Las mujeres son figuras ligadas a bebés que llevan a sus espaldas recogidos con el típico pañuelo atado a sus pechos. Además llevan a otro cogido de la mano que apenas se ha estrenado en el andar y algún tipo de cargamento sobre la cabeza. La cooperación masculina en la crianza infantil es aparentemente ausente. Las mamas de las mujeres anuncian regustos pecaminosos. El gesto de dar de mamar en cualquier espacio público es continuo. No hay ninguna inhibición en eso. Los continuos anuncios sobre el Sida nos recuerdan que en todo el continente es una de sus epidemias principales. La sensualidad es latente aunque no manifiesta. Los carteles proponen la abstinencia, la fidelidad o el preservativo. Algunas mujeres observan y sonríen, no bajan la cabeza si propongo una mirada sostenida. Pero raramente las mujeres son las que se acercan al vehículo a pedirnos u ofrecernos algo. Seguimos en una cultura esencialmente masculina donde los hombres son los que van de atrevidos. Hay una franja de edad para eso. Los jóvenes hacen lo que los niños solo que tratan de proponerte negocios o trueques o alojamientos supuestamente solidarios pero que luego quieren cobrarlos a precio más alto que los hoteles. Depende de cada zona y ciudad si somos más o menos asediados. En principio cada vez que llegamos a un sitio, a un nuevo lugar donde no hemos sido vistos al poco rato, o instantáneamente, alguien viene a ofrecerte lo que no necesitas, collares o una excursión turística. Lo mismo que en Marruecos o que en Mauritania en Mali también se repiten unos prototipos: que si el guía, que si el consejero, que si el que tiene un amigo que te puede resolver lo que necesitas, que si el que cambia dinero. Para no permitir que pierdan su precioso tiempo con nosotros aclaramos siempre que la nuestra no es la condición turística típica, que somos viajeros y que no vamos a comprar lo que ofrecen o a contratar un servicio que no nos interesa. Nos toca enfrentarnos al clásico argumento de no pretender nada pero tener el placer de mostrarnos lo que ofrecen, sea su carpeta o su artesanía. Uno de los guías nada más llegar al Auberge de Jeunesse en Bamako en seguida afirmó ser amigo de Miquel Barceló que tiene una propiedad en Mali. Es una constante en las aproximaciones que te digan que conocen a tal de tal ciudad de tu país o que te enumeren los nombres de los futbolistas más famosos. Tanto relatorio y tanta información nos abruma. En todo caso nosotros no podemos responder diciendo que tenemos muchos amigos en Mali o que conocemos a sus héroes deportivos. En el auberge no tienen demasiado que ofrecernos. Nos quedamos parte de la tarde hasta que anoche: comemos y hablamos con distintas clases de buscadores de favores o negocios. En la calle fuimos a buscar a uno de los cambistas. Hicimos un cambio más desfavorable que en las agences de change con la excusa de una comisión.
En ocasiones cuando abro la puerta de la furgo los niños agolpados se van a la carrera aunque al rato rehacen su conglomerado. Es lo más parecido al enjambre de insectos de cualquier especie. A cada nueva expectativa que generamos nos toca reubicar nuestra estrategia viajera. Es común que los chicos se abracen a los espejos retrovisores. Uno de ellos aguantado con pegamento ya se ha despegado a causa de eso. Se puede interpretar que esos abrazos no indican más que una necesidad de contacto físico y de cariño. Puesto que no pueden hacerlo directa e inmediatamente con nosotros lo hacen con nuestro vehículo. La proxemia y la distancia intercoporal es completamente distinta. Antes de que te des cuenta a través de las ventanas aun con los cristales semilevantados meten sus manos, sus brazos y sus cabezas. Junto a todo eso sus olores. En algunos momentos nos puede abrumar tanta pastosidad en otros las miradas de los niños, sobre todo de los más pequeños nos ganan inmediatamente. Siempre hay que repasar cualquier oferta o propuesta y discriminar pronto y rápido quien es quien en un planteamiento, el que sea. Nada más llegar a Segu a más de 200 kms de Bamako hacia el Este un chico nos ofreció poder usar su casa con patio por lo que le quisiéramos dar voluntariamente. Disfrazó su propuesta de gesto espontaneo. Nos llevó efectivamente a una casa particular que ni era suyo ni podía entrar nuestra furgo cargada por la puerta pero que sin embargo si tenia habitaciones libres sin absolutamente nada en ellas y que era de alguien que pedía de entrada el mismo precio que en un auberge. Me cansa entrar en la continua atención de esta clase de gente que vive del enredo permanente. Tras ubicarlos y sobre todo tras el hecho de que ellos ubiquen a ti sabiendo que no te van a timar las cosas vuelven a la distensión y a la tranquilidad. Sin embargo esa es una operación continuamente repetida ya que como viajero continuamente te estás moviendo, estas cambiando de decorados, espacios y nuevos repertorios de gente que te está esperando. El hola del recién llegado y su adiós al día siguiente o a los pocos días lo convierte en alguien permanentemente vulnerable. Otro asunto es cuando te ubicas en un mismo lugar varios días seguidos y la gente de este sitio te reconoce y sabe de lo qué vas. Es completamente distinto un viaje en movimiento continuo a una residencia de larga duración en una misma ciudad, barrio y calle. En principio el forastero blanco es más rápidamente conocido que para este los lugareños negros por razones obvias para destacarlo entre la multitud.
Vamos siguiendo la ruta hacia el Este para entrar en Níger por la ruta de Gao y desde aquí bordear el rio que da nombre al país. Gao es uno de los nombres que a mi me resonaba a mítico cuando pensé por primera vez venir a esta parte de Africa pero bajando por el desierto Argelino por la ruta de Tamangasser, Agadez y luego remontar a partir de Niamey. También recuerdo que las consideraciones eran relativas a las posibilidades de la pista no a los problemas con la violencia. Ahora Niger es un país con zonas peligrosas. Tras gestionar los visados y tenerlos enganchados en el pasaporte hemos consultado las zonas peligrosas donde no deberemos ir. La más que hipótesis del peligro es un condicionante permanente. A diferencia de las guerras de posiciones y netamente establecidas la violencia entre etnias y el levantamiento de los tuareg no crean líneas precisas entre enemigos. Nos consta que por la sola condición de ser blancos podemos pasar por enemigos para las miradas vengativas de algunos.
El adentro de este viaje recorre nuestros propios miedos. El espacio que le damos. Si no tenemos miedo puede ser que en lugar de ser valientes no seamos más que unos desconsiderados y temerarios, si le damos demasiada autoridad nos podemos quedar petrificados. Por de pronto la perspectiva de Níger-Chad la tenemos en revisión.

Al sur del Sahara, el territorio mauritano anterior al Sahel en Mali, lo llaman chark y turgé es la planta salvaje que crece espontáneamente. El cambio de paisajes y formas de viviendas y un aumento de la vegetación nos hace sentir más arropados. En Mali lo mismo que en Mauritania verné es el fueguito pequeño de carbón portátil, solo que aquí es de rejilla. Llaman mesuak al palito de dientes que usan para limpiárselos y que acaba haciendo de escobilla. Las dentaduras blancas contrastan con la negritud. A lo largo de las carreteras mauritanas se encuentran muchos animales muertos en la cuenta, algunos hinchados esperando reventar otros en los huesos y la piel completamente secos. Probablemente son víctimas nocturnas de los camiones En Mali hay mas de todo y la organización de los recursos es mas racional. Un constante tema de conversación es sobre el caos organizado de sus formas de vida versus la organización del caos que se da en nuestras ciudades.
En Mauritania recorrimos 1600kms. Empezamos a pensar que no hay ningún lugar de los que vayamos a recorrer que no esté exento de peligros aunque no haremos heroicidades poniéndonos en la boca o en la diana de ningún cañón o machete. En Nuackchott un muchacho con la pierna amputada al preguntarle me dijo que en la playa le exploto una mina un par de años antes.
Hasta ahora no hemos usado el dossier que nos facilitó la CCONG. La información la vamos renovando y ampliando con los mismos viajeros. Prácticamente no hay día sin que no tengamos contacto con viajeros blancos. En las carreteras solitarias, proporcionalmente, pasan más coches extranjeros que nativos.
En Bamako conocimos a una bonaerense, Analia Aramburu, que viajaba sola al día siguiente en nuestra misma dirección. Nos ofrecimos a llevarla. En Fana, a mitad de camino hasta Segú, coincidimos con François Ragon a quien conocimos en el auberge de Nuakchott y que estaba sentado en un restaurant limpio donde también paramos para comer. Recorrimos juntos el resto del camino, parando en un par de controles con bidones en medio de la carretera sin mayor interrupción. Tras Mauritania, de momento, Mali es una gozada por lo que hace a disminución de stop douannes. Conversaciones y filosofía de bar junto a un par de cervezas Flag. Luego fuimos a comer espaghettis a un bar popular. A la hora de dormir el se fue a la casa-alojamiento que nos habían ofrecido y nosotros tratamos de hacerlo a la cola de cuatro furgonetas de nuestro tipo en una calle principalmente. Nada mas estacionar vinieron bastantes, casi una docena de chicos del bareto de música de al lado. Inmediatamente se apoyaron en nuestra carrocería y alguno nos enseñó sus ojos vidriosos de tigre y su boca alcoholizada. Entre ellos se discutieron para dejarnos en paz. Puesto que no se iban decidimos instalarnos en el patio de un hotel donde pasamos una noche tranquila y parte del resto del día escribiendo y leyendo.
Estamos en la zona más turística del país. En Mali hay más de 11,5 millones de personas y en Segú se celebra el Festival del Níger que tiene mucha reputación.

Hasta ahora no hay problema para conseguir agua embotellada. En realidad llevamos más bidones de agua de los que estamos necesitando. También por lo que hace a los bidones de gasoil. Con un par de cada habrían sido suficientes. Nos sigue tocando vigilar con los mosquitos en la ducha. De momento voy con mangas largas y debería llevar los pies cubiertos con calcetines. El uso no permanente de las dos pequeñas placas solares hasta ahora apenas recarga la batería. Nuestros déficits técnicos por un lado los vamos supliendo con el convertidor a 12v-220v para pasarlo a la batería del ordenador y usando la red eléctrica en los establecimientos donde podemos hacerlo.
Por ahora mantengo el ritmo de seguir escribiendo prácticamente todos los días al ordenador.

Fragmentos y descripciones de viajes geográficos sobre una silla de ruedas movida por energias insospechadas. (Los textos pertenecen o a nuestro libro, en curso, el Viaje de la vida).

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